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No Consentidosept 2023

Mi esposo, nuestro vecino y yo, MaryJo 5

La venda en sus ojos le quita la vista, pero no el placer. Mientras el bolero suena en la sala, su esposo la entrega a las manos de otro hombre, y ella descubre que su cuerpo responde con una intensidad que nunca había conocido.

mariajose24K vistas9.6· 23 votos
Este relato queda fuera de tus preferencias actuales. Lo mostramos porque llegaste por un enlace directo.

Mi esposo acercó sus labios a los míos y en un largo beso lleno de amor y pasión introdujo su lengua en mi boca y jugó con la mía, entonces me dijo: tus deseos son órdenes para mí… y me dejó sin antes tomar uno de mis senos y abandonando la mano como una despedida acarició la base de mi seno y la caricia la extendió hasta pellizcar mi pezón y soltarlo en el aire…

Mi esposo me dejaba sola, desnuda, y entregada a las manos de nuestro vecino. El silencio de la sala se vio interrumpido por los primeros sones de un bolero. La voz aterciopelada de la interprete me hizo recordar la letra y empecé a cantarla muy despacio moviendo a penas mis labios pronunciando algunas palabras y dejando escapar suspiros que me provocaba la expectación de sentir a mi vecino a mis espaldas.

Jaime, nuestro vecino, ahora estaba pegado a mi espalda, sentía su respiración a la altura de mis hombros, tenía una de sus manos manoseando mi culo y la otra empezaba a explora mi sexo…

Posó su mano en mi bajo vientre, parece que dibujar círculos con sus gruesos dedos era su fetiche. Su dedo anular, jugaba alrededor de mi ombligo haciendo grandes círculos que abarcaban todo mi vientre y a veces sumaba todos sus dedos y entonces se transformaba en una caricia. Así se acercaba poco a poco hasta mi monte de venus. Su otra mano no soltaba uno de mis glúteos…

El ritmo del bolero lo seguíamos y cada vez que yo balanceaba mis caderas, Jaime manoseaba mi culo y su mano por delante se aventuraba cada vez más hasta mi lugar secreto.

Un nuevo movimiento y la última estrofa del bolero intensificaron nuestros pasos…

Entonces se produjo lo esperado y predecible, mi vecino rozó mis labios mayores, apreté mis glúteos y me puse rígida…Mi vecino ante esa señal entendía que sus manos estaban haciendo un buen trabajo e iban en la dirección correcta, ahora empezó a hacer circulo en mi pubis y el placer que sentí fue mayor y por momentos sentir esos dedos tan gruesos tenían un efecto amplificador

Gemí nuevamente, no sé qué tan fuerte…

Sólo escuché a mi marido desde la cocina gritar: ¿Amor mío, estas bien?

No le respondí, estaba disfrutando como nunca lo había hecho hasta ahora y la fiesta estaba recién empezando…

Retomé mi danza al ritmo de un nuevo bolero, yo jugaba en mi cabeza tratando de adivinar el título del nuevo bolero. Mi vecino aferró sus manos a mi cuerpo y empezó a moverse al ritmo acompasado del bolero sin despegarse de mi cuerpo y sin dejar de hurgar en mi sexo.

El calor de su cuerpo traspasaba mi piel, sentía el ardor de su cuerpo que abrazaba al mío…

Obedeciendo al paso del bolero moví levemente mis caderas y di un paso a la derecha, esta fue la oportunidad que esperaba el vecino para meter toda su mano por delante y con la otra mano apretar una de mis nalgas. Sentí como un latigazo de electricidad…

Mi reacción fue inmediata, retorcí mi espalda y me estiré en forma tan brusca y sorpresiva, que el pobre vecino apenas pudo afirmarse, sacó sus manos de mi cuerpo y alcanzó a apoyarlas en mis caderas.

Creo que todos estábamos sorprendidos, esta noche estaba tremendamente sensible y no recordaba un momento anterior que me hubiese sentido tan excitada como esa noche.

Yo no sabía qué me brindaba más placer, si era el morbo de saber que mi esposo estaba preparándome un Martini mientras nuestro vecino aprovechaba su oportunidad, o sólo era el placer de sentir unas manos distintas que este hombre, mi vecino, me estaba brindando.

Jaime aprovechó esta oportunidad y con sus manos afirmado en mis caderas se agachó y lamió una de mis nalgas, luego con ambas manos apretó uno de mis glúteos, sentí como me lo estrujaba, acercó sus labios y lo besó, luego me lo empezó a chupar y finalmente abrió su boca y sentí sus dientes, fue cerrando de a poco su mandíbula atrapando con sus dientes parte de mi nalga, sentí la mordida como un nuevo umbral de placer…

Esta vez no gemí, grité no de dolor sino de placer…

Jaime pese al traspié, no me soltó y luego de morder mi nalga, se giró para ver mi sexo de frente…

Lo primero que sentí fue su lengua que sin dudar y sin preámbulos empezó a hurguetear con destino a mi vulva, sus manos en mis caderas me afirmaban y ya no bailábamos.

Sus manos en mis caderas me impedían moverme, pero creo que yo colaboraba pasivamente manteniéndome como una estatua esperando expectante que Jaime disfrutara de mí. La lengua de Jaime era larga y no alcanzaba a lamer por completo mis labios mayores…

Mi sexo estaba tan estimulado que emanaba y mojaba toda mi concha, de tal forma que escuchaba como la lengua del vecino succionaba mis jugos y chapoteaba como la lengua de un perrito bebiendo agua…

El placer que me causaba esta succión y la presión que ejercía el vecino con su cabeza tratando de introducir su cabeza entre mis piernas, me empujaron hacia atrás y me hicieron trastabillar y dar unos pasos cortos tratando de afirmarme y no perder el equilibrio…

El vecino en su desesperación y mis pasos hacia atrás lo hicieron perder el equilibrio y alcanzó a afirmarse con sus manos quedando en cuatro sobre la alfombra, delante mío.

La venda en mis ojos ahora me impedía completamente ver algo…

Supongo que la situación pudo ser graciosa para quien la pudiese haber visto en ese momento.

Supongo que la del vecino debió ser incomoda…

Oportunamente mi esposo estaba de regreso, me tomó de los hombros y puso en mi mano una copa que supuse que era el Martini que le había pedido.

Se acercó a mi oído y me dijo: -Brindemos por esta noche, tu primera noche de putita…

Justo en ese momento el tema del bolero terminó, mi marido hizo sonar nuestras copas…Yo en respuesta le esbocé una leve sonrisa, mientras acercaba la copa a mis labios y bebía un sorbo de mi Martini.

El silencio de la sala me permitió oír otros sonidos cercanos a mí, por ejemplo, el ruido de roces de ropa y hebillas de cinturón…y el ruido de zapatos que los dejaban caer al suelo.

Lo comprendí, era el vecino, estaba quitándose la ropa, sentado en el sillón. Me imaginé cosas absurdas para ese momento, ¿cómo olería el vecino?, ¿estará limpio?, ¿su cuerpo tendrá cicatrices?, ¿su piel será suave, grasienta? Y entonces una pregunta curiosa me asaltó, ¿cómo será su pene, grande?, pequeño?, ¿grueso?

Los primeros sones del bolero me distrajeron y me sacaron de esas cavilaciones, nuevamente esforzaba por tratar de identificar el nombre del bolero…

Tomé un nuevo sorbo de la copa, como si allí estuviera el nombre del bolero y retomé el movimiento cadencioso al ritmo de la música…

Mi esposo se acercó y me quitó la copa de mi mano y la dejó en alguna parte, en una acción previsora que me incomodara, me tomó una de las manos y con la otra rodeó mi cintura, me acercó a él y comenzamos a bailar…

Mi esposo se había desnudado y sentía los vellos de su pecho que me causaban cosquillas al rozar mi busto.

Está demás decir que su erección también era palpable y yo sentía como punteaba su pene mi bajo vientre.

Cada movimiento al ritmo del bolero era un roce con el cuerpo de mi esposo. Apoyé mi cabeza en su hombro buscando algo más de cariño y un ambiente más romántico. Mi esposo respondió a mi propuesta cobijándome en su regazo, pero apretándome más a él y nuestros cuerpos se fusionaron al ritmo de la música del bolero.

Sentí que la mano de mi esposo que tomaba mi cintura se desprendía de mí y hacía gestos con la mano que no logré advertir ni comprender…

Segundos después, tímidamente un nuevo cuerpo se pegaba a mí por mi espalda. Sólo me dio tiempo para comprender que allí estaban los gestos de mi esposo que respondían a mi inquietud e interrogante.

El nuevo cuerpo se adosó a mí con temor y nerviosismo, se entendía, pero lo que realmente me llamó la atención, fue el calor que emanaba, la temperatura de su cuerpo era superior a la mía y a la temperatura normal que solía sentir de mi esposo.

No era desagradable, al contrario, la temperatura de su cuerpo era acogedora y te invitaba a aceptarlo y cobijarte en él.Cerré los ojos y traté de hacer un registro de lo que mi piel detectaba. Sentía por delante a mi esposo, Ricardo tenía una de sus manos en mi cintura y la otra tomaba mi mano siguiendo el ritmo del bolero. Su pene ahora más erecto rozaba la boca de mi pubis. Hasta allí todo era normal.Luego desperté todos mis terminales sensoriales de mi espalda cuando nuestro vecino acercó más su cuerpo a mi espalda. Su respiración en mi nuca me desconcertó y me hizo perder el ritmo del baile, me detuve y mi esposo también debió hacerlo…

Yo estaba atenta esperando cuál sería la próxima acción de mi vecino, esos segundos me parecieron eternos…me refugié en los sones finales del bolero que en eso preciso instante terminaba… Parecía un escenario tomado de una película. El silencio de la sala, sólo se escuchaba nuestra respiración, tres personas en un mismo lugar estáticos y expectantes a las reacciones de uno y del otro, me estremecí cuando sentí que ponía sus manos en mis hombros…

Me endurecí, me puse rígida, apreté la mano de mi marido que aún lo sostenía en un baile inconcluso, no sé si clavé mis uñas en su palma, pero si estoy segura de que mi marido notó mi crispación.

Yo seguía estática, rígida, como una estatua, mis piernas juntas sintiendo por primera vez un trozo de carne que me rozaba a la altura de mis glúteos.

Mi esposo me atrajo hacia él y me cobijo en su pecho, bajó su cabeza buscando mis labios, un nuevo respiro del vecino en la base de mi nuca abrió mis labios de mi boca para recibir los besos de mi marido.

Abrí los labios de mi boca sintiéndome cómplice que estaba permitiendo a otro hombre disfrutar de mi cuerpo.

Ahora, en ese preciso instante nuestro vecino Jaime, recorría mis hombros, bajaba por mi espalda con besos y caricias. Mi vecino se había apoderado de toda mi espalda y ahora llegaba con sus besos a mis hoyuelos de venus. Aguanté la respiración…

Mi esposo abandonó mi mano que sostenía al bailar y también dejó la mano que rodeaba mi cintura, acercó su cara a la mía, me beso apasionadamente, le correspondí su beso, fue un beso profundo, nuestras lenguas jugaron en mí boca y luego en la de él.

Mi esposo separó sus labios de mí boca y los cambió por pequeños besos en mis labios y mejillas. Acercó sus labios hasta mi oído y me susurró: - qué le ofrecerás primero a Jaime? -

Cerré los ojos al comprender que el juego ahora pasaba a otro nivel y fue en el justo momento que mi vecino besaba mis hoyuelos de venus.

Mi esposo dio un pequeño paso hacia atrás alejando su cuerpo del mío y antes de dejarme en manos de nuestro vecino me preguntó: ¿quieres que te quite la venda?

Moví una de mis manos y le alcancé el brazo, deteniendo su alejamiento y acepté su propuesta con un movimiento de cabeza y un sí que apenas se escuchó en la sala…

Entonces mi marido tomó mi mano y la llevó hasta mi espalda y la puso en contacto con mi vecino. Al tocarlo, yo sentí algo de nervios, nuestro vecino interrumpió las caricias que hacía en mis hoyuelos, tomó mi mano con delicadeza, como si fuese un relevo, se irguió y al levantarse nuestros cuerpos se juntaron. Me agradó su calor y el cobijo que me brindaba. Este afecto contrastaba con el abandono que ahora sentía mi piel al no sentir el contacto con el cuerpo de mi esposo.

Mi vecino ahora de pie tras de mí, llevó sus manos hasta mis hombros, besó mi cuello con pasión y yo no pude evitar reaccionar abriendo mi boca y dejando escapar un suspiro.

Seguro de sí mismo, nuestro vecino desató lentamente el pañuelo sin dejar de besar mi cuello, mis hombros y ahora mi nuca…

Poco a poco se fue soltando el pañuelo y los detalles de la sala empezaron a aparecer a mi vista…Mi vecino me liberó de la venda y la dejó caer. Ahora sus manos volvieron al ataque y se posaron de nuevo en mis hombros, me acariciaba de tal manera que me tenía encendida, sus besos aumentaron la excitación que sentía. Extasiada de tantas caricias que me provocaban tanto placer, dejé caer mi cabeza al costado y mi hombro lo elevé en un acto reflejo de protección ante tantos estímulos. Mi vecino desde atrás posó su cabeza en mi hombro y dirigió sus besos en busca de mi boca…

Una de las manos de mi vecino por sobre mi otro hombro empujó mi cara al encuentro de nuestros labios. Cerré los ojos y al contacto de nuestros labios, abrí levemente mi boca, pero eso fue suficiente para permitirle a mi vecino que me penetrara con su lengua con apasionada desesperación.

Este hombre me estaba besando como nunca antes otro hombre me hubiese besado. No lo podía creer, abrí los ojos para cerciorarme que era verdad y no un sueño.

Claramente no era mi marido, a mi marido lo alcancé a ver de reojo, estaba sentado en el sofá desnudo y masturbándose.

Fue un beso infinito, luego mi vecino me giró y quedaron nuestros cuerpos frente a frente, con una de sus manos me rodeó mi cintura y acercó mi cuerpo al suyo.

Acercó su boca a la mía y continuó besándome, esta vez devoraba hasta mi respiración, sus ansias de hacerme suya me quitaban hasta el aire que respiraba.

El calor de su cuerpo era acogedor, mis senos quedaron prisioneros contra su pecho, mis pezones sensibles ante el contacto y presión se endurecieron y por primera vez sentía un trozo de carne, dura y caliente luchando por acceder a mi entrepierna.

No pude dominar mi curiosidad y moví mi mano para tratar de tocar ese pedazo de carne, pero nuestros cuerpos estaban tan juntos que no lograba alcanzarlo.

Entonces desde el sofá, la voz excitada de mi marido se escuchó en la sala: -Jaime, deja que esta putita te toque tu pene...

CONTINUARÁ

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