Mi esposo, nuestro vecino y yo, MaryJo 4
No sabía que sus dedos eran más gruesos que los de su marido. No sabía que el hombre detrás de ella no era quien creía. Y cuando la venda cayó, el verdadero placer apenas comenzaba.
El movimiento de esos dedos a lo largo de todo mi culo me causaba un placer que iba creciendo, ahora yo no sólo era capaz de sentir sus ásperas caricias, sino también que estos dedos eran más gruesos que los de mi marido…
Me paralicé por un segundo, respiré hondo, abrí los ojos como platos y me di cuenta de que mi marido nuevamente había invitado a nuestro vecino a acercarse y tocarme. Ahora, lo hacía por detrás de mí, acariciando mi culo.
A nuestro vecino ya no le tiritaban las manos y él se sentía más seguro detrás de mí lejos de mi campo visual.
Busqué de reojo a mi marido, porque tampoco sentía sus manos.
Al menos habían sido astutos en no posar sus cuatro manos sobre mi cuerpo…
Eso habría sido muy evidente y los habría descubierto…
¿Entonces me pregunté dónde tenía las manos mi esposo?
Lo busqué de reojo y lo hallé sentado en el sofá desamarrando los cordones de sus zapatos, se estaba desvistiendo…
Entonces confirmé mis sospechas, era nuestro vecino quien manoseaba mí culo. Mi esposo y nuestro vecino en algún momento hicieron el cambio sin que yo lo notara…
Yo con algo de malicia para hacerlos sufrir y hacer más difícil la tarea a ambos, me giré al ritmo de la voz de Joe Cocker y el pobre vecino debió seguir mi giro tratando de mantener sus dedos acariciando mi culo y procurando no perder el ritmo de la canción.
Yo sólo sentía su grueso y áspero dedo deslizándolo por mi raja y me lo imaginaba tratando de no perder el contacto de mi culo y además de moverse al ritmo de la música. No pude evitar esbozar una ligera sonrisa de satisfacción.
En mi siguiente giro del baile, sin dejar de contornear mis caderas, busqué a mi marido en el entorno y lo hallé, ya estaba casi desnudo y ahora se sacaba los pantalones.
Estaba contorneando mis caderas bailando, burlándome de la trampa que habían planificado ambos, cuando de pronto sentí como uno de los dedos que ya reconocía de mi vecino, empezó a horadar mi ano.
Me gustó lo que sentí…
pero me gustó demasiado,
Mi esfínter anal me traicionó y se relajó dejando ingresar en mi culo ese grueso dedo extraño.
Creí desfallecer, un gemido se me arrancó, un shock eléctrico recorrió mi columna y una ola de excitación me hizo casi desfallecer.
Me sostuve apenas de pie, creí morir del placer que sentí, ahora ya no me importaba quién me estuviese taladrando el orto. Este placer, era lo más exquisito que había sentido desde mi ano.
Grité: -Ohhhh Ricardo qué rico lo estás haciendo, no pares por favor…, sigue…sigue- y me mordí los labios tan fuertes que al otro día recordaría la marca del placer en mi labio inferior.
El vecino fue obediente y siguió metiendo su dedo lentamente en mi ano y volvió a jugar y a dibujar círculos por el contorno de mi ano…
En forma casi automática abrí mis piernas y las dejé en forma de la letra A e incliné mi espalda para dejarle expuesto mi enorme culo y disponible todo mi ano para una mejor exploración.
Me afirmé poniendo mis manos en mis rodillas para así no cansar el esfuerzo de mantener mi espalda en posición horizontal.
Entonces animé a “Ricardo” a que continuara: -Por favor sigue mi amor-
El dedo del vecino me acariciaba el ano y yo sólo esperaba que me lo introdujera hasta adentro, de una vez.
Yo dejé caer mi cabeza y ésta colgaba de mis hombros embriagada por los estímulos. Abrí los ojos y confirmé visualmente que mi vecino era quien estaba detrás de mí hurgando mi culo. Lograba ver por una rendija de la venda sus zapatos y pantalones, estaba de pie tras de mí.
Ahora ya no me parecía tan torpe y brusco en sus caricias…
Al contrario, me excitaba su brutalidad.
Ansiaba que me estrujará mis nalgas y deseaba palmadas en mi culo…
Francamente deseaba terminar con este juego de las mentiras, sacarme la venda de los ojos y pedirle a mi vecino que por favor me hiciera suya frente al cornudo de mi esposo…
Yo estaba en esas cavilaciones cuando el grueso y áspero dedo de mi vecino comenzó a penetrar y explorar mi ano…
Interrumpió mis pensamientos y apenas me dio tiempo para con una de mis manos cubrir mi boca y evitar gritar tan fuerte.
Mis gemidos de placer resonaron en la toda la sala.
Lágrimas inundaron mis ojos, no de dolor, sino de placer.
Mi cuerpo tiritaba y espasmos de placer lo recorrían…olas de placer me inundaban y creí desfallecer…
Un par de brazos llegaron a mi rescate y me sostuvieron.
Mis lágrimas de placer inundaban el pañuelo que actuaba como venda. Con los movimientos de mi cabeza, se había soltado y ahora más me incomodaban que me cegaba…
Mi esposo, Ricardo, entonces procedió a desamarrar el pañuelo que había puesto en mis ojos a modo de una venda…
Dejé caer una vez más mi cabeza y ahora vi la escena completa, mis piernas erguidas y firmes en posición de la letra A. Tras ellas…, mi vecino
De pie manoseando mi culo y auscultándome mi ano con su dedo.
Desde mi posición no podía ver su rostro y sólo podía imaginar su cara de satisfacción
Levanté mi cabeza en un esfuerzo sublime para mira a los ojos a Ricardo.
Ricardo estaba en cuclillas frente a mí, totalmente desnudo, me afirmaba de los hombros y me cuidaba con tremenda devoción.
Ricardo besó mis lágrimas, tratando de brindarme tranquilidad.
Con ambas manos ordenó mi pelo que cubría mi cara y mis ojos, algunos de mis pelos mojados con mis lágrimas se resistían a despegarse de mis mejillas.
Supongo que estaba muy preocupado de cuál sería mi reacción, ya no era necesario seguir ocultando al vecino…
Ahora no sólo podía verle los pies y saber que estaba detrás de mí, sino también, sentía como disfrutaba de mi culo y en particular de mi ano…
Nuestro vecino estaba ahí presente y si bien había reducido el ritmo de sus embates con su dedo, su otra mano no dejaba de acariciar y apretar mis nalgas
Ricardo siguió besando y absorbiendo cada una de mis lágrimas, intentaba mantenerme en calma…y supongo que también temeroso de mi reacción al descubrir su plan.
Sin embargo, Ricardo no sabía que esas lagrimas eran producto del placer que me había brindado nuestro vecino y no de pena ni de dolor.
Pero ¿quién era yo para explicarle a mi marido que ahora se había titulado de cuckold?
Ricardo continuó despejando los pelos de mi cara, llenando mis labios de besos, mi boca la mantenía abierta dejando escapar mis gemidos.
Empecé de nuevo a mecer mis caderas en el mismo sentido que nuestro vecino ahora dibujaba círculos alrededor de mi ano.
Levanté mi cabeza y miré directo a los ojos a mi marido. El reflejó en sus ojos sorpresa y el pánico ante mi posible reacción…Sus ojos me miraban ahora aterrados.
Fueron instantes en que sentí a mi esposo diminuto, él estaba totalmente entregado a lo que yo decidiera, incluso podría ser el final de nuestro matrimonio…
Lo tenía a mi voluntad, yo podría hacer un enorme escándalo y terminar con todo en ese preciso instante, pero…
La excitación iba creciendo en mí y los ojos ansiosos de mi marido esperando mi decisión, fueron respondidos con mis ojos entornados, apreté los parpados, exprimí las últimas lágrimas, mordí mis labios y retrocedí mis caderas permitiendo que el grueso dedo de mi vecino penetrara mi ano de una sola vez…
Abrí los ojos sorprendida de sentir el grueso dedo de mi vecino, entero adentro mío…
La mirada de mi marido ahora ya no era expectante ni temerosa, sus ojos brillaban de lascivia y satisfacción.
Sabía que lo había logrado, por fin me compartía con otro hombre y se hacía realidad todas sus fantasías y propuestas que tantas veces rechacé y que él terminaba frustrado…
Sus besos ahora reflejaban una mezcla de felicidad y agradecimiento. Yo mientras sólo sentía un tremendo pedazo de carne en mi ano que giraba y entraba y salía en un juego que yo no quería que pusieran fin…
Ricardo ahora satisfecho de lo que había logrado y más seguro de si mismo, empezó a disfrutar de la situación. Entonces, además de llenarme de besos movió sus manos y manoseó mis senos.
Al principio suavemente, luego los estrujó y parecía que me estaba ordeñando. La sensación no fue grata al principio para mí, pero pasado unos segundos y cuando alcanzó con sus dedos mis pezones, dejé escapar un suspiro que le confirmó que yo lo disfrutaba y sus caricias iban por un buen camino.
Ricardo dejó un beso a medias que me estaba dando y acercó sus labios a mi oído y me susurró: ¿quieres conocer quién está detrás de ti ahora?
Cerré los ojos y me imaginé la cara de mi vecino babeando de satisfacción y mostrándome su dedo anular exitoso, esperando de mi parte un cumplido…
Pestañeé repetidamente como saliendo de un sueño y tratando de borrar esa imagen de mi cabeza.
Para que no quedara duda de mi respuesta, le susurré un largo nooooo y lo acompañe con un movimiento negativo de mi cabeza…
Sin dejar de acariciar mis senos, me susurró: ¿quieres que te vende la vista de nuevo?
Acepté, no alcancé a pronunciar el Siiii, porque en ese preciso instante, una de las manos de mi vecino, por primera vez se aventuraba a explorar mi vagina…
Ricardo alcanzó a ver mis ojos de sorpresa y mi rictus de placer que significaba que aceptaba de buena forma este nuevo atrevimiento de nuestro vecino.
Le devolvió una mirada de triunfo al vecino y le guiñó un ojo.
Entonces Ricardo recogió el pañuelo y se puso de pie, con una seña me pidió que me irguiera.
Yo me erguí y no pude evitar ver la camisa, el brazo y la mano del vecino hurgueteando mi pubis.
Miré al frente a los ojos a mi esposo y éste procedió a vendarme. Esta vez lo hizo mejor que la vez anterior. La venda ahora estaba firme y bien alineada, no me molestaba ni me permitía ver nada a mi alrededor ni siquiera a mis pies.
Moví mis brazos instintivamente hacia adelante buscando al tacto a mi esposo, aún no se había retirado lo suficiente y lo toqué. Entonces él me preguntó: ¿qué deseas amor mío?
Le respondí susurrando, quiero un Martini y quiero que cambies la música, deseo bailar, quiero bailar boleros…
CONTINUARÁ
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- Relato #206271— title-regex: contiguous parts (3 -> 4)
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