Deja que te sobe
Él solo quiere verla, pero ella decide que lo mejor es que otros la toquen. En la pista de baile, con el corazón latiendo a mil, él debe decidir si detenerla o dejarse llevar por el morbo de verla entregarse a un desconocido.
Mi mujer y yo tenemos una relación compleja, tiene una parte real y una parte imaginaria y eso es lo que la convierte en maravillosa.
Ella no es mi primera mujer ni yo su primer marido, los dos tenemos hijos pero ninguno en común. Los dos tenemos nuestras profesiones y estamos juntos únicamente porque nos queremos con locura.
Nuestra vida real es como la de cualquier matrimonio con niños, trabajo, casa, actividades, médicos, compras, etc
Los días pasan a la velocidad de la luz, cuando por fin nos acostamos por la noche, los dos resoplamos y con una sonrisa y una mirada que lo dice todo sin decir nada, nos dormimos con las piernas enlazadas y tranquilos de tenernos el uno al otro.
Los dos tenemos cuarenta y bastantes años, físicamente no estamos mal, sobre todo ella, nos conservamos sanos y resultones. Yo mido 180 y ella 175, apenas me queda pelo en la cabeza y ella tiene una melena riza preciosa, que se empeña en alisar cuando va a la pelu.
De vez en cuando nos escapamos un finde sin niños, dependiendo del presupuesto que tengamos más cerca o lejos pero eso es lo de menos, no tenemos la más mínima intención de hacer turismo, solo descansar, desconectar y disfrutar uno del otro.
En esta ocasión conseguimos un fin de semana en un pueblo de Mallorca a un precio razonable con vuelos directos de ida y vuelta y no nos lo pensamos 2 veces.
LLegamos por fin a la isla el viernes al mediodía, en nuestro equipaje había más juguetes que ropa, teníamos 2 días por delante en los que la intención era disfrutar de la playa, cañas y sobre todo conseguir el mayor número de orgasmos posible…mi mente enferma le había pedido que no metiera bragas en la maleta y solo vestidos, habíamos fantaseado con ello mientras follábamos en casa en silencio, esos polvos de casados que solían acabar en una paja mutua en la que nos susurramos fantasías. Ella sabía cuales eran mis favoritas, y me las susurraba mientras me masturbaba despacito, haciendo pausas en la narración para jugar con su lengua en mis pezones o introducirla en mi boca. Ella se follaba con su juguete y a veces yo con el mío, los dos nos retorcíamos de placer y morbo mientras me susurraba mis perversiones, en las que siempre era ella la protagonista, siempre vestida a mi gusto, siempre enseñando las braguitas por accidente a conocidos o desconocidos o con el coñito al aire debajo del vestido. Sabía mis gustos, mis fetiches.
Por supuesto que esos fetiches míos de exhibicionismo en los que ella no usaba bragas en público, se quedaban casi siempre en eso, en fantasías y en alguna pequeña travesura de quitarselas en un baño estando de copas, pero muy esporádicas. En nuestra maleta, muy a mi pesar, había metido bragas suficientes para los dos días de escapada, pero eso sí, al menos había un par de vestiditos ligeros a medio muslo que me ponen malísimo.
Nos pusimos los bañadores en el hotel, ella con un vestidito encima, y nos fuimos a comer algo antes de tirarnos al sol en la playa. Pasamos una tarde de cine relajados en la playa, las cervezas del chiringuito bajaban solas y cada vez nos buscábamos más para acariciarnos y besarnos, en el agua nos metimos mano como dos adolescentes.
LLegó el momento de marcharnos y mi momento favorito cuando voy a la playa con ella que es cuando se pone el vestido.
Comienza quitándose la parte de arriba del bikini, nunca hace topless por mucho que se lo pida pero no tiene ningún pudor en sacarse la parte de arriba para ponerse el sujetador, lo hace con naturalidad, sin prisa. Yo me pongo malo y ella lo sabe, creo que se recrea aposta para hacerme babear cuando veo sus pechos blancos al aire, aunque lo que más me excita es que lo haga en público, me excita muchísimo que la vean, que la admiren.
Lo siguiente, una vez con el sujetador puesto, se pone el vestidito y ahí es cuando quiero que se pare el mundo, cuando mete las manos por debajo del mismo y desliza la braguita del bikini. Me encanta que no se de prisa en ponerse las braguitas, antes llevaba 2 bikinis a la playa, pero desde que sabe lo que me pone que le vean la ropa interior, lleva unas bragas y un sujetador para cambiarse.
Cuando se agacha para guardar el bikini y coger la braguita en la mochila le pongo cara de pena para suplicarle que no se ponga nada, que se quede así desnudita debajo del vestido y siempre me llama enfermo y me saca la lengua. Coge las braguitas nuevas y se las pone con maestría sin que se vea nada.
Ya vestidos comenzamos a caminar hacia el hotel. De camino vimos una tienda de ropa ibicenca, me encantan esos vestidos así que le sugerí entrar a probarse alguno. Ella encantada de ver trapos así que para dentro, yo elegí uno, que me pareció precioso pero ella ya le había echado el ojo a un conjunto de short y top lencero, fue hacia el probador y yo llevé el vestido para que al menos se lo probara.
Se puso el conjunto y le quedaba como un guante, estaba radiante, el top le realzaba el pecho y combinaba partes con forro y sin él, jugando con las transparencias. El short le hacía un culo espectacular y le dibujaba las braguitas tanto por delante como por detrás.
Por insistencia mía se probó el vestido, lo hizo sin sujetador pq se lo había quitado para probarse el top. En cuanto se lo puso empecé a salivar, tenía la espalda al aire, no era demasiado corto pero tenía tanto vuelo que le pareció muy atrevido.
-Con este me van a ver las bragas desde la isla de enfrente!!
-Genial, contesté yo
-Ya estás con tus guarradas cariñito jajaja guardatelas para el hotel cariño que te van a hacer falta - Me susurró mientras me daba un mordisquito en la oreja
Se quedó encantada con el conjunto que había elegido y nos apresuramos al hotel a ducharnos.
Nos metimos juntos en la ducha y pude ver su vagina recién afeitada, no tenía ni un pelito. Ella lo lleva normalmente rasuradito pero nunca afeitado del todo, era la primera vez que se lo veía así.
-Te gusta? me preguntó con cara traviesa
No contesté, no hizo falta, me arrodille y me puse a lamerlo con tal ansia que me agarró la cabeza y se rió diciendo - Tranquilo cariño que no se escapa, va a estar así todo el finde, mojadito y a tú disposición.
La sensación era maravillosa, sin pelitos, suave, mojado, caliente. Introduje un dedo suavemente a la vez que le lamía el clitoris y arqueó la espalda para apoyarla en la pared de la ducha que ya parecía una sauna, no se si por el agua caliente o por nosotros. Empezó a gemir y cuando estaba a punto me apartó la cabeza de golpe y me incorporó, no quería correrse. Busqué su boca y nos besamos con pasión saboreando ambos sus jugos mientras me acariciaba la polla despacito con una mano.
Separó sus labios de los míos para susurrarme una de mis melodías favoritas, lo dijo con los ojos cerrados:
-quiero pis
-niña mala, tenías que haberlo hecho cuando te estaba comiendo el coñito.
-no tenía ganas, me vinieron ahora y quiero hacerlo así mientras me abrazas, encima de tu polla para que lo sientas calentito.
Me besó con pasión mientras me seguía acariciando la polla y vaciaba la vejiga encima.
-cerdito mío que ganas tienes de correrte verdad? -me susurró mientras ralentizaba los movimientos de su masturbación - querías que me comprara ese vestido para que todo el mundo me viese las bragas? siguió susurrando.
-mmmm claro que sí, me encanta que se te vean y con ese coñito sin pelos deberías ir sin ellas, asi mojadito todo el día - le contesté mientras la follaba con dos dedos al mismo ritmo que ella me pajeaba
-pues te voy a castigar por cochino, no te vas a correr de momento. Sal de la ducha, vístete y espérame abajo tomando una caña.
Me pongo malísimo cuando hace esos frenazos, me siento completamente a su merced, puede que sea mi parte sumisa que cuando la descubrí alcancé un placer y un nivel de morbo que no sabía ni que existía.
Me vestí con dificultad para meter mi polla en los pantalones y bajé para tranquilizarme con una cerveza fresquita en la barra del hotel.
A los 20 minutos apareció ella, estaba radiante, perfectamente maquillada, con el conjunto nuevo que le hacía resaltar los pechos y el culo de una forma espectacular. Las braguitas se le dibujaban por delante y por detrás para mi disgusto, siempre conservo la ilusión de que no se las ponga.
Me dio un pico y giró sobre sí misma exhibiéndose ante mi.
Nos fuimos a cenar a una terraza, pocas tapas y muchísima sangría, mis manos no paraban quietas acariciando sus muslos, mis ojos no se despegaban de su escote. Ella disfrutaba viendome tan caliente, sufriendo por no poder follarla allí mismo, encima de la mesa, delante de todo el mundo. Tenía las mejillas sonrojadas por el alcohol y un brillo en la mirada que me indicaba que estaba empezando a excitarse, hubiese apostado que ya estaba empezando a mojar las braguitas. Mejor porque seguro que iban a acabar en mi boca en algún momento de la noche.
-Estoy deseando llegar al hotel para que me sigas castigando -le susurré muy cerca de la oreja.
-no creo que haga falta llegar al hotel para eso. Pide un par de gintonics mientras voy al baño..
Cuando volvió yo estaba entretenido con las copas y el camarero y no me di cuenta que traía el puño cerrado, en cuanto se fue el camarero extendió la mano por debajo de la mesa y me dió sus braguitas diciendome que las guardara que estaban muy mojadas y se iba a resfriar…mi polla saltó como un resorte, las guardé en el bolsillo nerviosísimo y feliz de verla tan salida.
-te parece bien como castigo cerdito? tu esposa va como una putita y cualquiera que se haya fijado en mi culo al ir al baño y lo haya vuelto a hacer cuando salí de él se habrá dado cuenta que me las quité. Y a ti te va a explotar la polla de salido que estás y a saber cuando y donde dejo que corras.
-no sé cuándo dejarás que me corra, pero si se la de pajas que me haré recordando este momento.
Apuramos la copa y salimos, no veía el momento de sobarla y sentir su culo desnudo debajo de la tela del short.
Al doblar la esquina vimos un garito con buena pinta, parecía tranquilo, no había mucha gente, luz cálida y agradable y estaba sonando música latina.A ella le encanta bailar, fue años a clases de bailes latinos, yo soy arrítmico, si bailo es solo por sobarla y por acompañarla.
Aunque la idea era irnos al hotel, vi en ese garito una oportunidad de estar un rato más con ella así, semidesnuda en público, solo los dos lo sabíamos pero para mi era un morbazo.
Entramos bajo amenaza suya de una copa y nos vamos, y por ahí empezamos, había dos taburetes libres en la barra desde los que se veía la pista. Pedimos 2 copas, nos cambiamos a whiskey con cola, y después de brindar y besarnos para saborear la copa en la boca del otro, me arrastró a la pista a bailar.
Como siempre yo parecía un pato mareado, ella intentaba marcar el ritmo y los movimientos pero yo por más que me concentraba no pasaba de tratar de balancearme al ritmo de la música y de vez en cuando abrazarla sintiendo el calorcito de su cuerpo, sus pechos, acariciar sus caderas desnudas bajo la fina tela del short.
A nuestro lado había un grupo de chicos y chicas mulatos, más jóvenes, rondaban los 30, que bailaban de verdad. La verdad es que me daban envidia, como se movían, los cuerpazos de ellos y de ellas.
Mi mujer también los miraba con admiración y se le notaba la frustración de tenerme a mi como pareja de baile.
Volvimos a la barra a acabar la copa, yo me senté en el taburete y ella de pie se acercó dejando mi rodilla justo en medio de sus piernas mientras me abrazaba y me decía las ganas que tenía de llegar al hotel porque había un par de temas que solucionar…
En esas estábamos cuando una chica del grupo viene a la barra, a pedir una copa, le da un trago y girándose nos dice:
-Chicos me vigilais la copa porfa?
-por supuesto! si te llevas a mi mujer a bailar un rato, que yo soy un inutil bailando pero lo de vigilar copas se me da genial
-jajajaja claro que si!
Sin que a mi mujer le diese tiempo a opinar ni a contestar la cogió de la mano y en 10 segundos estaba en medio del grupo moviéndose como uno más de ellos.
Bailaba con chicos y con chicas, sonreía y se la veía disfrutar a lo grande. De vez en cuando me miraba y mandaba un beso, me guiñaba un ojo, en fin intentaba que no me sintiera desplazado.
La verdad es que lo que no sabía era el morbo que me estaba dando verla moverse de una forma tan sensual medio desnuda con un grupo de desconocidos.
Un par de canciones después vino a la barra a refrescarse, volvió a poner mi rodilla en medio de sus piernas y me besó con pasión.
-me encanta verte disfrutar
-te quiero con locura - me contestó mientras disimuladamente me sobó la polla por encima del pantalón - después te lo compenso.
-habrá que pedir otra copa no?
-jajajaj cualquier disculpa te vale para liarme no? pues tendré que seguir bailando un rato más.
Nos pusieron la segunda ronda, le dio un trago largo a su copa, un beso y se fue a bailar. Se la veía más relajada después de notar que yo también estaba disfrutando. Fue cogiendo confianza con el grupo y cada vez el contacto físico era mayor, ya no se cortaban de bailar de forma bastante sensual.
De vez en cuando venía a verme a mí y a la copa, estaba radiante. Yo estaba bastante excitado viendo sus bailes, viendo como las manos de aquellos chicos estaban pasaban de la cintura a la espalda de mi mujer. Alternaba el baile con varios chicos pero había uno con el que se la veía más compenetrada, conozco bien su mirada y su sonrisa y no me extrañó nada porque el tío era un portento físico. Debía de medir 185, ancho como un armario, musculatura definida y encima vestía una camiseta sin mangas de rejilla que dejaba unos hombros fuertes al descubierto en los que mi mujer apoyaba sus manos, imagino que derritiéndose por dentro.
Me estaba poniendo realmente cardiaco la situación, debería sentir celos pero realmente no se si por el alcohol o por el calentón de todo el día, no eran celos sinó morbo lo que sentía.
Creo que no era el único que se estaba calentando porque el chico bajó la mano de la cadera de mi mujer intentando sobarle el culo. Ella dio un respingo y le subió la mano, él paró pero a los 10 segundos lo intentó con la otra mano. El resultado fue el mismo, ella lo paró y por su expresión, me buscó con la mirada, empezó a preocuparse. Se escapó y vino a la barra como otras tantas veces esta noche.
-buffff no puedo más - me dijo creo que para justificar su cambio de semblante
No le dije nada, la abracé y la besé.
-estás disfrutando cariño? - le pregunté mientras la miraba a los ojos
-mucho, pero me preocupas tú, hay alguno por ahí que se le empiezan a ir las manos e igual es mejor que nos vayamos.
Le cogí la mano y la puse en mi polla. Nadie nos veía porque estaba de espaldas a la barra y ella me tapaba por delante. Se dio cuenta de mi erección, estaba a tope, me palpitaba.
Abrió los ojos con sorpresa, en sus quinielas mentales se esperaba celitos, que nos fuéramos rápidamente o cualquier otra reacción muy lejana a la de ver a su marido salido como un burro porque a ella la estaban sobando.
Nos reímos y me come la boca y ahí sí noto claramente su calentura, apostaría a que está chorreando.
Le doy un trago a la copa y le digo
-cariño, último baile?
-te está gustando mucho verme bailar no?
-ni te lo imaginas, lo que no me gusta es que le apartes las manos al pobre chico
-estás como una cabra! si no lo paro este me folla ahí en medio de la pista
-follar te voy a follar yo hasta que se haga de día pero es el último baile, deja que te sobe
-estás seguro?-me preguntó dudando de que lo que le estaba pidiendo fuese real o formase parte simplemente de una de las muchas fantasías que tanto nos gusta susurrarnos.
Como respuesta le volví a coger la mano y la llevé a mi polla que ardía dentro de los pantalones.
-completamente seguro. no lo pares, dejalo que te acaricie y disfrutalo que yo también lo haré
Su mirada brillaba, sus mejillas ardían. Apuró la copa y no dijo nada más, volvió a la pista.
Pronto estaba en sus brazos, esta vez lo buscaba con su cuerpo, no solo le iba a permitir tocarla, sinó que ella también quería sentirlo. Claramente él notó el cambio y no tardó en bajar suavemente la mano de su cintura y empezar a acariciar el culito de mi mujer. Pronto le siguió la otra mano y las caricias se hicieron más intensas, ya descaradas, la respuesta de ella era acercarse todavía más a él, tenía los pechos aplastados contra aquel armario de tío.
Me buscó con la mirada, vio mi expresión de calentura total, y me mostró la suya sin miedo, su boca entreabierta, cerraba los ojos y cuando giró pude ver que una de sus manos habían pasado de sus nalgas a su pubis. Le estaba sobando el coño por encima de la poca ropa que llevaba y como respuesta de mi mujer solo obtenía las uñas casi clavadas en sus hombros invitándole a no parar. La hizo girar y poniendo la espalda de mi mujer contra su pecho fue bajando una mano de su barriga desnuda hacia su pubis y siguió con sus caricias mientras la otra mano ascendió hasta acariciar su pecho.
Mi mujer tenía los ojos cerrados y la cabeza echada hacia atrás con la nuca apoyada en su hombro, estaba entregada. El giró la cabeza y mientras continuaba con sus caricias besó su cuello, ella abrió los ojos y me buscó con la mirada, necesitaba saber que todo estaba bien, me llevé la mano a pi polla creo que era la respuesta que esperaba porque por primera vez las manos de mi mujer buscaron la polla del chico que debía de llevar rato incrustada en su espalda y en su culo. Introdujo una mano entre los dos cuerpos y aunque no podía verlo sabía que las manos de mi mujer estaban sobando una polla delante de mi mientras me miraba a los ojos.
El subió la mano que tenía en su pubis e introdujo un dedo por la cintura de su short, las intenciones eran claras, ella se alarmó y suavemente se la retiró a la vez que retiraba la suya y girándose intercambiaron unas palabras que evidentemente no pude escuchar y se abrazaron como despedida dándose un rápido, suave y seguramente húmedo pico.
Caminaba hacia mi desencajada, creo que le temblaban las piernas, echó mano a la copa y mientras apuraba un trago, sin decir palabra me cogió la mano y me dirigió a la salida. Una vez fuera se paró en seco y me besó con locura, nunca la había visto así.
-Vamonos rapido al hotel, quiero correrme en tu boca y que me empotres hasta que no pueda más.
No contesté ni pregunté absolutamente nada aunque me moría pq me contara todos los detalles, sabía que lo iba a hacer pero preferí dejar que ella eligiera cuando hacerlo.
Nada más entrar en la habitación nos devoramos, le arranqué el top y ella buscaba desesperadamente mi polla. Cuando toque su coño aún con el short puesto lo noté empapado, al ser blanco no se notaba pero estaba chorreando.
-no me hice pis te lo prometo- me dijo cuando notó mi sorpresa al notar el pantalón mojado - de hecho no fui al baño en toda la noche, aunque me lo propusieron varias veces.
A eso me refería con que ella escogiera el momento de contarme los detalles, me conocía tanto que sabía cuando y qué decir en cada momento para tenerme a sus pies.
-pues ahora tampoco vas a ir al baño, la próxima vez que te lo propongan igual tienes que aceptar para no tener que mearte encima de tu pobre marido.
Me volvió a besar retorciéndose de placer mientras le bajaba el short y acariciaba su coñito sin pelos y absolutamente inundado. El clítoris estaba erecto y sus labios dilatados, nunca la había visto así.
Me empujó al suelo y sentó su coño en mi cara, sabía lo que quería, le encanta sentarse en mi cara y restregarse en mi boca que la recibe con la lengua fuera lamiendo con hambre todo lo que se le pone delante.
Estaba tan excitada que noté que movía sus caderas hacia delante poniendome su ano delante de la boca tambien, no lo hacía normamelmente, le encanta el sexo anal pero no me deja que se lo coma ni que juegue en exceso con su puerta trasera.
Ese día no, ese día ella buscaba mi lengua, buscaba ser lamida entera y vaya si lo fue, mi boca devoraba todo lo encontraba hasta que me agarró la cabeza y me hizo centrar mi atención en su clitorís y en la entrada de su vagina, sabía lo que necesitaba, quería correrse, probablemente estuvo a punto de hacerlo en medio de esa pista con otra polla en su mano y con otras manos en su cuerpo pero ahora era mi boca la que tendría el placer de hacerla acabar.
Aceleré el ritmo de mi lengua sobre su clítoris y no tardó en retorcerse y empezar a temblar, gritaba de placer y cuando estaba en el punto de no retorno dejó su clitorís para introducir mi lengua en su vagina y notar las últimas contracciones. En ese momento sucedió algo que llevaba pidiendole años y que nunca se atrevió, noté como mi boca y mi cara eran inundados por un líquido caliente, casi quemaba. Se estaba meando en mi cara, me tenía la cabeza aún sujeta y la apretaba contra su coño mientras vaciaba la vagina y gemía de placer como si otro orgasmo se hubiese producido 2 segundos después del primero.
-Era lo que querías no cerdito? ¿Te gusta el pis de tu mujercita, calentito en tu cara?
-siiiii hoy me estás haciendo completamente feliz
-pues ven a cama que esto solo acaba de empezar, cuando me aburra de correrme te voy a castigar por cerdito, enfermo y salido y ya veré cuando y donde dejo que te corras.
Nos revolcamos en la cama y la follé con todas mis fuerzas haciendo un esfuerzo sobrehumano para no correrme.
La bolsa de los juguetes estaba ya preparada encima de la cama, sacó un dildo para el culito y me lo metió en la boca para lubricarlo. Se lo introdujo despacito y volví a follarla. Nos encantaba la sensación de sentir sus agujeros repletos y los orgasmos se enlazaron hasta que cayó rendida.
Hicimos un pitillo y salimos al balcón, yo no me molesté en vestirme, era de noche y no me importaba lo más mínimo que me vieran, ella tampoco lo hizo y eso si que no era normal en ella, algo había cambiado aquella noche, definitivamente mi mujer había roto muchas barreras estaba gratamente sorprendido. Tenía aún el dildo en el culo, no parecía molestarle, nos abrazamos fuera de pie mientras compartimos un pitillo y una cerveza del minibar.
Me sobaba la polla muy despacio, me latía y estaba pidiendo a gritos que la dejaran eyacular pero no iba a pasar de momento. Me pasó el pitillo y se agachó a chuparmela, lo hizo muy despacio, era consciente que no estaba para prisas si quería que aguantara un poco más. Apuré el pitillo y nos fuimos dentro de nuevo. Se tumbó boca abajo y me dijo
-sácatelo y métetelo tú
Le ponía muy cachonda ver como me metía juguetes en el culo, era una barrera que hasta que la conocí no había traspasado jamás, juntos experimentamos el placer anal mutuo.
Así lo hice, se lo saqué, me puse un poco de lubricante en el ano y mirándola a los ojos me lo introduje. Se giró de nuevo quedando otra vez boca abajo y no hizo falta que me dijera nada, puse un poco de lubricante en mi polla y haciendo un poco de presión vi como su ano se comió mi polla entera. Dejé que se acostumbrara y cuando ella empezó a moverse comencé a bombear en su culo, despacio. Su respiración era cada vez más profunda.
Echó la mano a la bolsa de los juguetes y sacó el más grande que tenemos, levantó las caderas para tener espacio, me lo acercó para que lo chupara y lubricara con mi saliva. Siempre lo hacía, nunca le pregunté por qué,pero me mira con lujuria cuando me hace chupar un juguete antes de introducírselo.
Después de lubricarlo se lo fue metiendo, mientras yo seguía bombeando en su culo, lo notaba super apretado y de no tener el dildo en el mio no hubiese aguantado sin correrme.
-me vas a reventar cabrón!!
-como tú quieras- apretando la polla todo lo que pude se la metí con fuerza hasta el fondo golpeando con mis huevos en la entrada de su culo.
Gimió con fuerza y noté las convulsiones de su orgasmo dentro de sus entrañas, la saqué despacio y me fui a lavar. Cuando vuelvo me la encuentro con el arnés puesto y el pollón que se acababa de follar, con esa sonrisa de cabrona me señala la cama y me dice que lleve una toalla.
Me tumbo boca arriba con la toalla y me pone una almohada debajo de culo, me abre las piernas me saca el dildo del culo y acerca sus caderas para que vuelva a chupar el pollón, noto una vibración y le toco el coño por encima del arnés, se metió el vibrador y tiene en la mano el mando a distancia, me aparta la mano
-no me toques cerdito, ahora te estás quieto que vas a ver lo que es una buena polla en ese culo.
Sin esperar más me lo comenzó a introducir, menos mal que ya estaba bastante dilatado por el dildo, si no me habría roto el culo.
El morbo de verme así, a su merced, verla con esa cara de salida mientras bombea sin piedad esos 21 centímetros en mi culo y por dentro su coño vibra, hace que mi excitación mental y mi placer lleguen a otro nivel. Mi polla que está olvidada por todos se mueve con la inercia de sus embestidas y la presión de ese aparato en mi próstata hace que sienta que me estoy corriendo sin poder hacer nada para controlarlo, pero de mi polla no sale semen sinó pis. Es la misma sensación que correrse pero más larga
-mi cerdito se hace pis de gusto, meate cariño hazlo otra vez - me dijo ella mientras me agarraba la polla y empezaba a masturbarla sin parar de embestir mi culo.
Otro chorro salió disparado, ella aumentó el ritmo de su mano y esta vez sí que me corrí, fue como descorchar una botella de cava, salía a borbotones.
Sin sacar el pollón de mi culo, se agacha y la mete en la boca recogiendo los últimos chorros. Yo estaba a punto de desmayarme de gusto. Me libera suavemente de mi invasión anal y me besa sin darme tiempo a recuperar el aliento. Siento toda la leche que acaba de recoger de mi polla en mi boca, me la está pasando con el beso. Seguimos besándonos mientras voy tragando toda mi corrida, nos derrumbamos en la cama exhaustos y al cabo de un rato entre risas, ya de vuelta en la realidad nos duchamos y recogimos todo aquel estropicio.
No recuerdo haber descansado mejor que aquella noche, desnudos y abrazados, nos sentimos más unidos que nunca, en una noche hicimos realidad cosas que formaban parte de nuestras fantasías más oscuras. Y aún nos quedaba un día en aquella isla.
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