Xtories

Las consecuencias de Diálogo entre cornudos. 4.

Él espera en el coche, viendo las sombras moverse detrás del cristal empañado. Sabe exactamente lo que está pasando dentro, y en lugar de celos, solo siente un fuego creciente. Cuando ella sale y se quita la ropa bajo la lluvia, el juego termina y comienza el verdadero placer.

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Las consecuencias de Diálogo entre cornudos. 4.

Las pelis porno. El cuarto e mail

De: roberto s p [mailto: [email protected]]

Enviado el: miércoles, 6 de julio de 2022 08:05

Para: <[email protected]>

Asunto: Re: Enviando por correo electrónico: contestación.

El porno no es algo que me guste especialmente, las puedo mirar con mi marido o con quien esté en mi cama en ese momento, no me atraen porque la mayoría carecen de algún tipo de argumento.

Me dices en tu e mail que tú a tu novia la ponías videos porno en la que salían penes enormes y que a ella la gustaba ver esas pollas, que cuando salían escenas de varios tíos practicando sexo se ponía como loca y que tal vez por eso la entraron ganas de probar, que tal vez por ver porno se animó a ponerte los cuernos.

No creo que sea mi caso ni que tenga nada que ver. Eso de ver pelis ya lo hemos probado, ya te lo he dicho. No es nuestro caso.

Ya te he dicho que a mi mujer eso la da igual. Mi mujer no es como la tuya. No todas tienen que ser iguales, ni a todas las tiene que poner lo mismo. Lo de las pollas gigantescas como que no la causa sensación. Bueno, entiéndelo, la gustan como a cualquier mujer, pero no es lo que la vuelve loca. Lo que si la excita, y sale en algunas pelis, es la “rudeza del varón en la cama”, un hombre con personalidad, seguridad en si mismo y determinación a la hora de dominar. Eso siempre la ha gustado, es la forma de matarla de placer.

Por cierto, ahora que me acuerdo, tuve una novia, Aurora, que su sueño era que una polla “de caballo” la reventara el coño. Sí y la primera vez que se lo hizo con otro era lo que buscaba, una polla más grande que la mía. La encontró, claro que la encontró, pero no fue como ella pensaba. El chasco fue brutal.

Verás, se lio con su profe en la facultad. Ya sabes, subir nota, un vejete, calvorota, casado… presa fácil ¿verdad? Cuando le vio le rabo alucinó. El paquete anunciaba un buen tamaño, pero lo que vio la dejó deslumbrada. Era su sueño, una polla enorme, lo que ella quería. Y como una buena putita se dejó hacer. Fuera ropa, tetas al aire, unos buenos sobeteos y en un pis-pas, manos apoyadas en la mesa, y bragas abajo. Arrimó el ariete y hasta adentro. Dos dolorosos mete sacas y se terminó. Visto y no visto. Y luego, si te he visto, no me acuerdo. Ahí te quedas, espatarrada, con el potorro chorreando lefa, todo dolorido y sin enterarte de nada. Bueno, si, se enteró del dolor y luego del ridículo claro. “Señorita para trabajar de química hay que estudiar mi asignatura, para trabajar de puta es suficiente con hacer lo que usted acaba de hacer. Escoja cómo quiere aprobar la asignatura”. Suspendió y tuvo que aguantar las miraditas risueñas del profe en la recuperación y durante el resto del curso.

Bueno eso y algo más, porque un día muy borracha, me contó avergonzada que cuando suspendió el trabajo del último trimestre, el dichoso profe, don Florencio, la dijo: Señorita, ¿se acuerda usted de lo que hablamos un día en mi despacho? ¿Si? Pues ya sabe, no ha estudiado usted lo suficiente. ¿quiere aprobar ahora, dejar la asignatura para el año que viene y repetir, o…? Se quedó callada esperando con la cabeza agachada. Venga, que no tenemos todo el día. ¡desnúdese y métase debajo de la mesa! Allí la tuvo media hora a cuatro patas hasta que se sentó se sacó el enorme cipote y se lo dio. Se la tuvo que chupar hasta que se corrió encima de su cara.

Pero según me dijo eso no fue lo peor. Lo peor fue que mientras se la estaba chupando, entró otro profesor. Perdona que no me levante, pero tengo aquí debajo a una alumna que me está chupando la polla. Qué humor tiene usted don Florencio…Dijo el otro. Cuando salió “casualmente” se cruzó con el de química inorgánica. Seguro que estaba esperando a ver quién salía. Su único sobresaliente en la carrera fue el de química inorgánica, pero jamás la pregunté nada.

Pero vamos a lo que vamos. Eso de que las tías se vuelvan locas por un pene de gran tamaño no pasa siempre. Haya mucho de leyenda urbana en ello. El tamaño, como a todas, la importa, pero no hasta ese punto. Según mi mujer, las mujeres se excitan más por el oído y por el tacto y no tanto con la vista. Ya ves, al contrario que nosotros que con ver dos tetas nos ponemos como motos.

Tampoco la vuelve loca eso del sexo múltiple. No. Un tío que la folle bien y, sobre todo, que la mire a los ojos mientras la taladra con fuerza el coño.

Mira. Algunas noches ponemos películas de sexo. En más de una salen escenas múltiples. Combinaciones de todas las variaciones posibles: tíos con tías, tías con uno o varios tíos… de todo. Tenemos más que visto todo el catálogo, incluidas naturalmente todas las referentes a cornudos, mirones, maridos que ofrecen o directamente venden a su mujer... No es nuestra principal fuente de estímulos, aunque sí jugamos con ello y vemos alguna que otra película.

Mira nos tumbamos en el sofá. Ella delante. Yo la voy desnudando y sobando las tetas. Luego comienzo comenzar con unos suaves masajes hasta donde termina la espalda. Mi polla la siente perfectamente entre sus nalgas. La masturbo y la beso el cuello.

Mientras la meto mano en el coño vemos como follan y hacen de todo en la tele. Más de un día la meto la polla desde atrás y lentamente la voy follando.

Sí está mojada y excitada. Normal. Lógico. Entre lo que ve y lo que la toco, pues lógicamente. No es de piedra. Pero no es eso lo que de verdad la pone…

Lo que la pone incandescente soy yo. Cuando veo algo así que creo que la gusta, la digo al oído que me gustaría que ella fuera la protagonista, que me gustaría ver como tal o cual tío de los que salen en la tele se la cepilla. Más de un día busco alguna actriz que se la parezca en algo. Cuando la encuentro, se lo digo al oído.

-. Ves cariño, esa puta de ahí eres tú. Me encantaría ver como este (o aquel o quien sea) te folla, ¿follas así con Andrés? ¿te follan así? ¿haces esto o aquello? ¿te has llegado a comer varias pollas al tiempo? Normalmente empieza a jadear y ni me contesta. Se suele correr bastantes veces así. No veas cómo se pone. En dos minutos ya tiene el chichi encharcado y volvemos a lo de siempre. A follar como locos.

Lo más que hemos llegado “inspirados” por las pelis es a intentar alguna escena. Las posturitas hemos probado todas las que físicamente hemos podido hacer. Algunas son acrobacia pura… de esas cosas pasamos. De los guiones, si es que se les puede llamar así, alguno es interesante. Bueno son situaciones más bien. Alguna vez son muy morbosas.

Mira una de las fantasías de mi mujer era la típica de dejarse follar por un vigilante. Si ya sabes, el cuarto oscuro donde meten a la ladrona y todo eso. A otros les pone que su mujer se exhiba desnuda en los probadores de las tiendas. Cada loco con su tema. A mi mujer la puso lo del vigilante. Lo vimos en una peli. Detienen a la ladrona, la llevan al cuarto oscuro, la desnudan a la fuerza, prácticamente la arrancan la ropa y se la calzan allí mismo. La ladrona tuvo que dejarse sobar por todos y la metieron de todo. Desde las “porras naturales” hasta las artificiales… Obviamente se comió todos los rabos y coños de todo el cuerpo de vigilantes y vigilantas, cajeras de la tienda y de algún cliente que pasaba por allí.

Lo que la encantó fue cómo la sobaban y como la colocaban sobre la mesa. La recordaba a la mesa de Andrés, a como la solía colocar él con el culo en pompa para follársela bien follada. Luego lo del vigilante pues era un añadido. El vigilante de la película era el típico musculitos de gimnasio que la recordaba a un noviete que tuvo, un cachas que estaba buenísimo y que tenían un aparato de los buenos, pero con el que no hizo nada. El posturitas le llamaba.

Y decidimos probar. Si te atreves, te lo recomiendo. Díselo a tu mujer y me cuentas. Es una experiencia brutal. Te animo a que lo hagas. Con calma y eso, pero pruébalo.

Bueno a lo que vamos. Lo de robar algo como que no iban con ella. Además, yo la dije que podía salir muy mal el asunto. Mejor “seducirlo”. Ahí quedó la cosa.

Un día que llovía a mares mi mujer me llamó. Pásate por… y fui al centro comercial. Aparca junto a mi coche, dijo. Me dio instrucciones muy claras y me dijo dónde estaba aparcado el coche. Aparqué todo lo cerca que pude.

Y la vi venir. Bajo el paraguas. Un vigilante, el típico “musculitos”, cuadrado del gimnasio, la acompañaba cargado con las bolsas. Era ya la hora de cerrar. Me agaché y me escondí para que no pudieran verme.

Colocaron las bolsas dentro del capó. Se metieron al coche. Pasaba el tiempo. Y pasaba… Su teléfono debía estar en silencio. Y de repente vi como limpiaban el vaho de los cristales. Era ella. De lejos apenas había luz, pero la vi moverse. Estaba desnuda. Al menos sus pechos. De lejos vi una sombra. Estaba sentada a horcajadas sobre él en el asiento del copiloto. Le habían tumbado y él estaba allí. Ella encima. Vi una mano que desde abajo sujetaba las tetas y las meneaba. En medio minuto volvió a empañarse el cristal del coche.

Cada vez se parecía más a un juego de sombras chinescas. El coche de vez en cuando se movía. O eso me parecía a mí. Obviamente estaban haciéndolo. Una media hora después, se abrió la puerta. El vigilante miró hacia los lados, salió y se subió el pantalón. No me dio tiempo a ver su polla. Se colocó un poco y se marchó a paso acelerado.

Yo había manchado dos pañuelos de papel.

Por la ventanilla mi mujer me mandó un beso.

Un mensaje al móvil. ¿te has fijado lo que le colgaba de su porra? Le he regalado mis bragas. Arranqué y la seguí. La adelanté y paramos en el aparcamiento de un campo de deporte a las afueras de la ciudad. El típico sitio donde suelen ir a follar las parejitas.

Bajé de mi coche y monté en el suyo.

Me estaba esperando. La blusa estaba abierta de par en par. Sin sujetador. Con la que estaba cayendo y de noche es de suponer que nadie la habría visto. O se lo acaba de abrir. Qué más daba. El caso es que tenía las tetazas al aire y los pezones puntiagudos. De cintura para abajo nada. Solo una toalla para no manchar el asiento. Y su sonrisa. Su lasciva sonrisa.

Del asiento de atrás cogió unos sobres de embutido estuchados y me los enseñó.

-. Se me olvidó la cartera… y no me llegaba el dinero para pagarlo… Ya sabes… he tenido que pagar en especias.

Miró hacia los lados. Había más coches.

-. Ya no llueve… Cariño… ¿pasamos a los asientos de atrás?

Bajó del coche tal cual. Con el culo y las tetas al aire. No hizo falta nada más. Directamente empezamos a follar. Estábamos calientes, no. Ardiendo.

Luego ya tranquilamente, mientras acariciaba con suavidad mi polla, me contó cómo había pasado todo.

Llevaba un par de días planeándolo. Se había insinuado, coqueteado… Hoy había poca gente por eso de la lluvia. Decidió que hoy era el gran día.

Se hizo la presumida paseando delante de él varias veces. Hasta que empezó a hablar… Le provocó. Fue fácil. Blusa apretada. Un botón de menos que insinuaba bastante. El canalillo de los pechos, algo más abierto de lo normal. Como por descuido al coger un bote de conserva se soltó otro botón.

Luego ya sabes. Carita de niña tonta, de rubia idiota. De tía facilona. Muchas tías dicen “cara de caza bobos”. Y listo todo. El segurata se acercó a ella. La saludó… Se la comía con los ojos. Era presa fácil. No apartaba los ojos de las tetas.

Que qué hacía, que si estaba allí para detener a los ladrones… ji, ji, ji… ¿Y a las ladronas también? ¿Si? ¿Y qué pasa si me meto yo esto entre los pechos?, le dijo retadora y con voz cursilona. Vale me lo pides por las buenas y si me niego ¿qué? ¿Me lo tienes que quitar? ¿Me vas a llevar a un cuartito como en las películas? ¿Y si me lo escondo en el cuerpo? ¿Me vas a cachear? ¿vas a usar las esposas o la porra? ¿O las dos cosas a la vez? Uhiii qué miedo… Miró hacia los lados. ¿hay alguna cámara? Y el otro atontado, dijo que no.

Y lo hizo delante de él. Sí, se soltó un par de botones de la blusa, se la abrió enseñándole el sujetador y obviamente la mitad de las tetas. Con toda la tranquilidad del mundo, dobló los sobres y se los colocó dentro. Uno en cada pecho. No lo hizo con uno, lo hizo con varios sobres de embutido estuchado.

El vigilante no se lo creía. El musculitos, no sabía si era real o le estaba tomando el pelo. Lo que si sabía era que “la otra porra” se le estaba empezando a poner…

El caso es que la llevó al cuarto. Ella caminando delante, meneando el culito. Dentro cerró la puerta. Fue ella quien la atrancó con el pestillo. Se colocó las manos sobre la cabeza y se dejó sacar el primer paquete. Al segundo sobre agarró la mano y como quien no quiere la cosa le hizo tocarla las tetas. Para que comprobara si había más cosas le dijo.

Y empezó el juego. Un morreo, un me gustas. Un me vas a detener por ladrona… Un ya veremos,… Un ¿a qué hora sales?, Un ¿te espero? tocándole el paquete. Un vale, del vigilante cada vez más envalentonado y presumido. Y sobre todo más excitado.

¿Y si finjo que me duele la pierna y me tienes que llevar las bolsas hasta el coche? Está lloviendo… Y una buena clienta…

No esperó respuesta. Descaradamente vuelve a desabrocharse la blusa, pero ahora de arriba abajo, del todo. Con calma y sin dejar de mirarle a los ojos, vuelve a meterse cosas entre los pechos. Luego se gira y se levanta la falda. Coloca un sobre en su nalga y lo sujeta con las braguitas. Queda otro libre, le dice… Venga, métela… Es por si me tienes que volver a cachear… En el coche… Dijo acercándose descarada y sobando su paquete.

Se dejó morrear mientras bajaba la cremallera y metía la mano por dentro tocándoselo todo. Ummm que calentito está… Le decía… Colócame bien las cositas no se me caigan y tengamos problemas… Le decía invitándole a que sobara todo su cuerpo.

Salió y estuvo haciendo tiempo entre los pasillos. El “musculitos” no la quitaba ojo. No la perdió de vista ni un segundo.

Luego ya nada, no tuvo misterio. Entrar al coche y directo a follar. Ni juegos ni nada. La despelotó en un minuto y al ataque. Un poco burro si fue. Sí, tosco, sin encanto. Sin morbo. Según ella tenía que haber durado más, tenía que haber sido distinto. Estropeó la escena totalmente.

-. El musculitos tenía buena polla, no muy grande, normalita, pero muy, muy, muy dura, dijo. Eso si, me ha empotrado como un campeón y ha aguantado un buen rato metiéndome el rabo. En eso no puedo quejarme. Me he corrido un poco. Pero no es lo que esperaba. En lo demás ha estado muy soso. Este no repite. El próximo día pruebo con su compañero dijo riéndose.

[email protected]

Agradecimientos a varios e mail recibidos:

Las escenas o situaciones son 100% vuestras.

Agradecimiento al primer e mail. - Me preguntó si podría convencer a su mujer para que follara con otros enseñándola pelis porno. A ella la gustaban las pollas enormes, que la taladraran. Tal vez así se anime a probarlo. Creo que esto es cosa de dos, de hablarlo, y si los dos están de acuerdo, al ataque. Pero bueno. Por probar… contesté.

Agradecimiento al segundo e mail. - La idea del guarda de seguridad, un guiño al fetichismo de los uniformes.

Agradecimiento al tercer e mail. Al profe, a los estudios de Aurora y lo que pasaba en cierta facultad de químicas.

Agradecimiento al cuarto e mail. La mejor de todas las historias, la más morbosa, tal vez sea la del marido que aparca al lado del coche de su mujer un día de lluvia en el parquin de un centro comercial. Ella le ha avisado. Espera paciente. La ve venir. Es un homenaje a la especial complicidad entre marido-mujer. Ella limpiando el vaho de los cristales. El juego de luces y sombras, y sobre todo el saber lo que está pasando dentro del coche. Más morbo y más complicidad imposible.

Y, sobre todo, Y POR ENCIMA DE TODOS LOS AGRADECIMIENTOS, agradecimiento a mi asesora Laura, a la que la gusta que la miren a los ojos mientras se la están follando.