Mi vecina Inma, la mujer de mi mejor ... Parte 2
Inma es la novia de su mejor amigo y ahora su vecina. Cuando el calor y el alcohol rompen las barreras de la discreción, la línea entre la amistad y el deseo se desdibuja hasta convertirse en una fiesta de cuatro cuerpos sin límites.
Capítulo 6: Por fin vecinos
Pasado algún tiempo, llegó por fin el día en que Inma se convirtió, además de ser la novia de mi mejor amigo, en mi vecina.
Ese acontecimiento había que celebrarlo por todo lo alto: el sábado por la tarde noche la pasaríamos juntos en mi casa los 4, es decir, mi novia Vero, Jack, Inma y yo y como excusa, sería la “Fiesta de la Cerveza”, en la que degustaríamos muchas marcas diferentes de esta bebida que a todos nos gustaba mucho, si bien Inma prefería el vino.
Yo estaba bastante excitado porque sabía que la noche iba a ser muy interesante (tal vez Jack e Inma se quedaran a dormir en casa, con el morbazo de que muy posiblemente cada pareja echaría un polvo tras la ingestión de tanto alcohol), pero lo que no me esperaba en esa misma mañana del sábado.
Vero acostumbra a ir a correr y ese día, sin yo saberlo, Inma decidió acompañarla. Hacía bastante calor así que ambas se pegaron una buena sudada.
Cuando llegaron a casa me pillaron recién levantado de la cama con una buena erección mañanera, fruto de mi ensoñación inconsciente de lo que prometía esa noche, que ambas no se cortaron en disimular que estaban mirando. Abrí la puerta (Vero no se suele llevar llaves cuando sale a correr) y ambas entraron, vestidas con sus finas mallas. No lo pensé en aquel momento, pero claro, Inma le iba a enseñar a Vero los últimos muebles y decoraciones de su casa, a lo que me pidieron que subiera yo también.
Así lo hicimos. Entramos en su casa y Jack todavía dormía. Inma comentó que la habitación en la que guardaba los consoladores, los correajes y los látigos no nos los podría enseñar, que eso sería en otra ocasión, ya que, si no, despertaríamos a Jack.
Pasamos por el resto de las habitaciones y en la habitación central, a Vero le llamó la atención las vistas a la sierra, que eran mejores que las de nuestra casa, al ser un piso más alto. Delante justo de la ventana tenían un sofá, de tal forma que ambas mujeres apoyaron sus rodillas y sus brazos y se quedaron en una sugerente posición de perra alzada, que es como la llaman los practicantes de zoofilia, porque es la postura adecuada para que un perro se pueda follar bien a una mujer.
Yo, desde detrás, pude contemplar un panorama alucinante: claramente, Inma no se había puesto bragas y la carrera y el calor habían conseguido empapar completamente su entrepierna. Tuve que contenerme para no darle un buen repaso a ese culo y ese coño, totalmente marcado a través de la brillante malla. Su olor era más que palpable y lejos de ser desagradable, era muy excitante.
Traté de mantener ese momento lo más que pude, pero Inma, mirando hacia atrás desde su posición de cuasi-cuatro patas, me sonrió sensualmente y me dijo “acércate, ven a ver”. Aproveché ese momento para apoyar cada una de mis manos en sus cinturas, tocando ligeramente la parte superior del culo de ambas y para decirlas en tono simpático, “chicas, me temo que habéis sudado un poco, os toca ducharos y cambiaros de bragas”, a lo que Inma me respondió guiñando un ojo, ni hablar, no me pienso cambiar estas bragas en todo el día.
De ahí, Inma nos llevó al baño y yo comenté sobre la ducha que es igual a la de mi casa, que era enorme, perfecta para follar y comer pollas y coños allí mismo y le pregunté si ya la había estrenado con Jack. Inma contestó, a ti te lo voy a contar, cachondo.
Y llegó la tarde tras una buena siesta. Había que reservar fuerzas para la fiesta. Sonó el timbre y Jack e Inma pasaron entre risas, portando botellas en ambas manos. Ambos iban muy elegantes. Inma se había vestido casi de boda (algo que me encanta en ella): Zapatos de medio tacón, medias negras, traje escotado con transparencias, marcando sus grandes y apetitosas tetas.
Las botellas se fueron vaciando y nuestras cabezas llenando de alcohol. En un momento de la noche la conversación se empezó a calentar.
Yo: vaya, Inma, te has puesto muy guapa. Espero que te hayas cambiado también las bragas que llevabas puesta esta mañana. Las tenías completamente empapadas ¿verdad?
Inma: Pues no, cachondo. No lo he hecho, porque esta mañana no las llevaba y ahora si, mira.
Inma se levantó fugazmente el vestido y pude ver por un instante sus bragas negras de encaje, e incluso los pelos de su coño a través de la transparencia. Vi también que lo que llevaba puesto eran realmente medias y no pantys y comenté.
Yo: Bonitas medias, Inma
Vero: a ver, déjame verlas a mí.
Sin reparos, ambas se levantaron a nuestras espaldas e Inma se levantó la falta. Vero vió y tocó.
Vero: muy bonitas. A Antonio (ese es mi nombre, perdonad que no me haya presentado hasta ahora), le ponen muy cachondas estas cosas.
A lo que Jack intervino en mi defensa, como buen amigo.
Jack: No hay nada como saber que una mujer lleva puestas unas medias para ti... Siempre me da un impulso extra para poner más esfuerzo en follarmela".
Chocando nuestras botellas, asentí, entre risas, diciéndole que efectivamente, que ver unas bonitas piernas de mujer enfundadas en piernas me resultaba muy excitante, aunque sonara un poco a fetichismo.
Inma quitó hierro al asunto, indicando que era muy normal y que lo disfrutara que a ella le ponían también mucho otras cosas como los uniformes y sobre todo, los tíos con barba, a los que Jack añadió y las pollas grandes, sobre todo si son de chocolate, guarra, y le dio un beso cómplice metiéndole la lengua en la boca, respondiendo ella tragándosela entera.
Debíamos estar ya por la docena de botellas cuando Inma se levanta de la mesa, respira y dice sonriendo:
Inma: No aguanto más, me voy a mear o me mearé aquí.
Antonio: No, por favor, guapa, las lluvias doradas me parecen muy bien, pero mejor hazlo en la ducha.
Inma: ja, ja, no me hagas reír, Antonio, que entonces ya sí que veras como me meo aquí mismo.
Y llevándose la mano al coño, se marchó al baño.
Al verla andar con paso titubeante, me levanté y la acompañé al baño. Ella entró, se levantó la falda antes de cerrar la puerta y se bajó las bragas hasta las rodillas, manteniendo fijamente la mirada. Se sentó y comenzó a oírse el fuerte ruido de su orina chocando contra la taza y solo tras unos diez segundos, sacándome la lengua, cerró la puerta del baño, inclinándose un poco.
Al volver a la mesa, Jack hablaba con Vero sobre una serie sobre la que diferían en gusto y tan enfrascados estaban en la discusión que ni se percataron de lo que había pasado a lo que pensé, joder, tenía que haber aprovechado para sacarme la polla y haber meado yo también a continuación de Inma y devolverle la gentileza. Esa me la apunto para otra ocasión. Ahora que somos vecinos, no me faltarán.
Cuando regresó Inma, se percató de una estantería con varios DVD. Observando, le llamó especialmente la atención mi colección de cine erótico y pornográfico.
Inma: Joder, Jack, mira. Antonio también tiene la peli esta de Falling Angel con la zorra esa que tanto te gusta. E Historia de O. Ummm, muy sensual. Me encanta esa peli.
Jack: ¿de que zorra hablas? A mí la zorra que me gusta eres tu.
Ante esta muestra de afecto, y con la tasa de alcohol que llevábamos, la respuesta no nos extrañó (no era nada raro que, cuando yo estaba a solas con mi amigo, Jack se refiriera a su novia como la zorra de Inma o la puta de Inma, a veces con cariño, a veces más enfadado).
Inma se abrazó a Jack que empezó a sobarle primero y a comerle después, las peras a través de su gasa transparente.
En ese momento, pregunté a Vero (yo nunca llevo reloj y ella siempre), que hora era. Me contestó que las dos y venticinco a lo que yo respondí ¡¡¡ POR EL CULO TE LA INCO!!! ante los cual nos besamos muy calientes, observando como Inma se inclinaba sobre la mesa poniendo el culo en pompa y riendo por la gracia.
Ante la situación, Vero y yo decidimos irnos también a la cama para hacer lo propio, no sin antes decirles que no se cortaran y que el sofá era todo para ellos esta noche, que los vecinos no se iban a escandalizar. Jack se despidió levantandole la falda a su mujer, como regalándome un nuevo paisaje del culo de Inma y de cómo le metía la mano por debajo de la braga.
Y no se cortaron. En cinco minutos estábamos todos follando, cada uno en una habitación. Que gran fiesta para celebrar un día especial, con las imágenes que había tenido desde por la mañana con mi nueva vecina, que tan cachondo me pone.
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Gracias por los comentarios y las buenísimas puntaciones a la primera parte de este relato. Es impresionante que en menos de 1 semana más de 20.000 personas lo hayan leido. En el próximo episodio pasarán cosas intersantes en la piscina de la urbanización.
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