Mi amiga me atrae (III)
Sabe que su amiga duerme dos puertas más allá. Sabe que su esposo no debería notarlo. Y aún así, bajo el sol de la playa, deciden no detenerse.
CAPÍTULO 3 DE 4
Comimos el bocadillo y las patatas chips que habíamos traído cada uno de casa en medio de una conversación que había tomado otros derroteros.
Después de comer y charlar un ratito más, ya tocaba renovar la crema solar. Volvimos a darnos crema el uno al otro, esta vez con menos prisa aún, masajeando ambos sin reparo. Yo disfruté al volver a amasar su espalda y me atreví un pelín más, solo un pelín, al pasar mis manos por sus costados, acercándome un poco más que antes con la punta de mis dedos a sus pechos. No toqué nada que no tuviera que tocar, pero pude sentir los primeros cambios de pendiente que anuncian toda la gloria de la curvatura de los senos. Solo el perfil, muy por fuera, pero lo viví como si ya estuviera agarrando a manos llenas unos pechos prohibidos, completamente diferentes a los de Kate, pero con un poder de atracción indudable. También rocé esta vez la goma superior de su tanguita. Mis dedos solo rozaron la goma, pero mis ojos se comían su culo con descaro, bajo la máscara de seguridad que me daba el hecho de estar a su espalda. Si sus senos eran redondos y bien puestos per definitivamente pequeños, es difícil describir cómo me atraía su trasero. Sus nalgas eran tan redondas y llenas, sus caderas tan bien esculpidas. Su silueta se ensanchaba en sus muslos de un modo que a ella la hacía sentir insegura, yo lo sabía muy bien, pero justamente representaban el nacimiento de un culo de proporciones perfectas. Ni demasiado delgado, ni demasiado gordo; ni demasiado plano, ni demasiado graso. Una obra de arte. Mientras duró el masaje, y a excepción del tiempo que estuve cerca de sus senos, no dejé de imaginar cómo sería colocar mi mano en su nuca, hacer que se doblara desde su cintura y expusiera su culo, con esas bragas brasileñas tan puñeteramente sensuales, que me permitirían acariciar su sexo desde detrás hacia delante sin apenas apartarlas. Lo visualicé una y otra vez, como tantas veces en casa, pero esta vez con su culo allí mismo, pero, igual que en casa, no hice nada más que imaginar.
Una vez volvimos a estar embadurnados y protegidos, les pedimos a la familia que tenía sus toallas más cerca de las nuestras si podían vigilar nuestras cosas y nos fuimos los dos a caminar por la orilla y ver si se podía llegar hasta la siguiente cala por allí. Andamos con los pies en el agua, jugando de vez en cuando a darnos un empujón. Llegamos a la siguiente cala, que nos gustó mucho también. Nos dimos un chapuzón y nos sentamos a seguir charlando sobre unas rocas que quedaban perfectas para sentarse con el agua casi hasta la cintura. Se estaba tan bien... Su piel, tan tostadita, relucía resplandecía cubierta de perlas de agua. Su tanga metalizado también. Yo no quitaba ojo de su cuerpazo, tan discretamente como podía, pero en cierto momento en que cerré los ojos gozando de las sensaciones del mar y el sol, la sorprendí a ella echándome una mirada que no cabía considerar normal. Yo estaba sentado, con las piernas en el agua y los brazos apoyados en las rocas detrás de mí. Cerré los ojos y me estiré, echando la cabeza hacia atrás, tensando mis brazos y sacando el pecho hacia afuera. Cuando abrí los ojos, Berta me miraba de un modo que, si fuera soltero, me habría animado a atacar. Pero no estaba soltero, claro, así que lo dejé pasar...Pronto decidimos volver y quedarnos donde estábamos.
De vuelta a nuestra cala, la playa empezaba a vaciarse. Eran las cinco y media de la tarde. Menos preocupados ya por ser robados, decidimos bañarnos juntos.
Berta se acercó al agua delante mío. Me pare un segundo, dejándole unos metros de distancia, y luego, cuando ella tenía ya el agua hasta media pantorrilla, corrí hacia ella dispuesto a tirarla al agua. Berta se resistió entre risas, me cogió de los brazos a la vez que seguíamos avanzando juntos hacia dentro, y acabamos cayendo los dos juntos al agua, casi en brazos uno del otro. Siguió a esta escena un ratito de tímidos juegos de agua. Guerra de pies, impulsarla saltando desde mis palmas de las manos juntas, etc. Nadábamos lentamente en esa zona donde el agua no nos cubría del todo, nunca muy lejos el uno del otro, mientras bromeábamos y charlábamos. Me sentía captivo entre dos fuerzas opuestas: por un lado, algo me empujaba a buscar el contacto físico con ella; por el otro, y una vez nos tocábamos ligeramente, yo mismo me apartaba. Empecé a preguntarme qué pensaba ella, porque me parecía que ella hacía algo muy parecido. Buscaba maneras de justificar abrazarla o sentirla mucho más, pero no se me ocurrían, ya que no quería que pensara mal de mí. Jugábamos como dos delfines, cerca, muy cerca, pasando ahora yo por encima de ella, ahora ella por encima de mí, dejando que el agua nos meciera juntos y separados a la vez. Cada cuerpo independiente, pero captivo de la gravedad del otro.
En una de esas pasadas, por ejemplo, posé mi mano sobre su pancita, casi sin querer, sólo porque pasaba por ahí. Crucé mis brazos sobre su abdomen como si fuera a abrazarla desde atrás, pero sin acabar de hacerlo. En otra ocasión, yo estaba en posición de sentado dentro del agua, ella pasó flotando sobre mi falda y se quedó allí casi sobre mí, su espalda en contacto con mi tórax y sus piernas aguantándose sobre las mías, evitando ambos cerrar el contacto con los brazos. En otra, con sus piernas flotando detrás de su cuerpo, se abrazó a mí y sentí completamente, aunque muy brevemente, sus pechos contra mi cuerpo. El oleaje medio de ese día nos acercaba y alejaba tanto como se contradecían mis deseos. Qué dulce placer, qué dulce tortura.
Entonces vino una ola especialmente fuerte que la impulsó por sorpresa hacia la orilla. Berta cayó desmadejada sobre mí, con las extremidades echas un nudo y apuntado a cualquier parte. Se rió, se atragantó con el agua y se reincorporó como pudo. Luego vino la resaca, que me impulsó a mi hacia ella, aún desprevenida, así que, para no llevármela por delante, la agarré por la cintura y giramos los dos como si fuéramos un mecanismo. Nos reíamos los dos, de pie y abrazados como dos niños, dejando que corriera el aire entre los dos. Con la otra mano aún en su cadera, aparté un mechón de pelo de su cara. Aún nos reíamos cuando ambos suspiramos al unísono: Aaayyy...
Y entonces vino otra ola aún mayor que nos volvió a hacer soltar una carcajada y volver a perder el equilibrio, solo que en posiciones inversas respecto a la anterior. Y luego su correspondiente resaca, la llevó hacia mí, mar adentro. Berta cayó sobre mi regazo como un pájaro posándose sobre una rama. Con suavidad, casi con naturalidad, sus piernas por delante se posaron a cada lado de las mías, y a continuación sus brazos cayeron sobre cada lado de mi cuerpo, agarrándose delicadamente de mi cuello y quedando sentada sobre mí. Mis manos, también en un movimiento tan sencillo que se sentía natural, se posaron sobre su cintura. Sentada sobre mí, la sentía ligera, grácil, exquisita.
La miré a los ojos y encontré los suyos mirándome. La risa de ambos calló y devino una sonrisa. Las olas parecieron calmarse a nuestro alrededor. Mis manos no se apartaron de su cintura ni las suyas de mi cuello. Mantuvimos la mirada del otro captiva de la nuestra. Y la besé. Crucé la breve distancia entre nuestras caras y posé mis labios sobre los suyos, que se abrieron sutilmente para recibirme.
¡Coño! ¡Qué estaba haciendo!
J: Berta...
B:...
J: Yo...
Ahora fue Berta quien me besó, y yo no tuve más remedio que recibir su ofrenda. A la mierda todo. A la mierda el mundo. Mis manos presionaron ligeramente, atrayéndola hacia mí, cerrando ahora si el abrazo. Mientras nos besábamos, ahora sí podía sentir en plenitud sus senos presionando mi cuerpo, sus manos acariciando mi espalda, su sexo junto al mío. Y ya no pude aguantarme más: recorrí su espalda un par de veces, atrapándola fuerte, y luego bajé mis manos hasta más al Sur de su cintura y las posé, finalmente, sobre su trasero. Acaricié con suavidad y cariño su soñado culo mientras seguíamos besándonos con creciente pasión, y a medida que nuestro juego iba subiendo de intensidad, me atreví a, ¡por fin!, apretarlo y manosearlo con incluso algo de impropia rudeza.
B: ¡Oh!
J: Berta...
B: Dime, amor. -Ahora fue ella quien llevó una de sus manos a acariciarme el culo, y la otra la dejó caer sobre mi pecho, sin dejar de besarme
J: Qué ganas de sentirte... - Una vez más, de un empellón la presioné contra mí. Después de un par de minutos de juego, mi pene ya estaba bastante duro y, sin duda tuvo que sentirlo contra su pubis.
B: Ahá... ya lo veo... - Con un movimiento de cadera, ahora fue ella quien buscó el contacto entre nuestras partes genitales - Me encanta...
J: ¿Ah sí?
B: Mucho... Siénteme bien...
Seguimos apretándonos el uno contra el otro. ¡Qué locura, qué excitación! Le di media vuelta, o más bien la di yo alrededor suyo. Ella quedó mirando mar adentro, y yo detrás suyo. Volvía a pegarme a ella, situando, como siempre había soñado, mi duro falo en medio de su culo, abrazándola por la cintura y besando su cuello. Ella tomó una de mis manos y la subió hasta su pecho, invitándome a más.
B: Tócame, pellízcame... -Así lo hice- Oh, Juan, qué ganas...
J: Siénteme tú también, traviesilla. Mira lo que has provocado. - Tomé una de sus manos y la llevé hacia atrás para que palpara, por encima del bañador y por primera vez, mi pene endurecido.
B: Madre mía. Veo que mi nene tenía ganas de portarse mal, ¿eh?
J: Contigo. Quiero portarme mal contigo. - Volví a girarla para tenerla de cara y ver su expresión
B: Y yo contigo, Juan. Dámelo todo, lo quiero todo...
Mientras ella se restregaba contra mí, la tomé en volandas (qué fácil es dentro del agua), enroscando sus piernas alrededor de mi cintura y maximizando el roce de mi sexo contra su vulva, con mi mano izquierda sujetándola en posición del culo y la derecha jugando con su pezón izquierdo. Su lengua, mientras tanto, se colaba más y más adentro de mi boca.
B: Ufff, Juan, cómo me gusta esto que me haces. ¿Qué más me vas a hacer?
J: ¿Qué te gustaría que te haga, princesa?
B: Todo, Juan, quiero me que lo hagas TODO. No te cortes, amor, dámelo todo...
J: ¿Ahora? ¿Aquí?
B: Hahahahahahahaha... Aquí no... Y aquí tampoco...pero hoy sí... - y mientras empezaba a mover su mano arriba y abajo de mi enhiesta polla, añadió ¿No tienes ganas de jugar conmigo?
J: Lo vas a descubrir, no te preocupes... Por cierto, ¡creo que estamos dando un buen espectáculo a la gente de la playa!
B: Hahahaha, puede... Si miran es porque me tienen envidia. Pero hoy eres mío y de nadie más, ¿me oyes?
J: Eso es exactamente lo que quiero, princesa. Dártelo todo a ti y a nadie más, disfrutar de ti y olvidarme del mundo... Quizás deberíamos buscar un sitio más discreto, ¿qué te parece?
B: Me muero de ganas... Vamos.
Lentamente, salimos del agua. Obviamente, los bañistas que aún quedaban habían flipado con nuestro calentón, pero ya estaba hecho. Recogimos las cosas con tranquilidad e iniciamos el camino de regreso. Los 4 minutos de vuelta hasta el coche se hicieron larguísimos. El paseo entre pinos de bosque mediterráneo era bucólico, la suave melodía del mar en nuestros oídos lo hacía todo más romántico, pero ¡qué ganas teníamos ambos de lanzar al otro sobre una buena cama y cabalgarnos hasta la extenuación! Dándonos la mano para sortear rocas y raíces centenarias, nos entreteníamos sin darnos cuenta. En cada árbol que se prestaba a ello, la recostaba contra el tronco y yo encima de ella. Cada vez que el camino nos llevaba a un mirador sobre el mar, nos quedábamos hipnotizados por las olas, abrazándonos y diciéndonos cositas dulces.
Finalmente llegamos al coche.
J: Mierda, ¿Y ahora dónde vamos? - Tanto su casa como la mía estaba a 70 kilómetros, más de una hora en coche, y no me parecía muy realista pensar en conducir tanto tiempo con esta calentura y Berta al lado acariciándome.
B: Donde tú quieras amor, donde sea que me puedas follar bien
J: ¿Buscamos un hotelito por aquí?
B: Vale, sí... Bueno, no llevo bragas de recambio.
J: No las vas a necesitar mucho.
B: Hahahaha, vale, suena como un buen plan.
Nos cambiamos de ropa para no sentir la humedad de nuestros bañadores empapados, pues el sol ya estaba muy bajo y no secaba, nos sentamos en el coche y empezamos a buscar por Booking, Tripadvisor, etc. Pero encontrar alojamiento en la Costa Brava, en pleno verano, a las 20:00 de la noche es pedir mucho. Y a mí la suerte ya me había sonreído mucho ese día. Y además no podíamos dejar de besarnos y acariciarnos. Encontrar una aguja en un pajar mientras Berta se reclinaba sobre mí y me metía la lengua dentro de la oreja estaba resultando harto difícil, así que tras cinco minutos infructuosos, lo dejé.
J: ¡A la mierda! Vamos a casa o acabaremos tardando más solo para encontrar un sitio.
B: Ok... me gusta la idea. Ahora te daré una tregua porque no quiero que nos estrellemos, haha, pero en una horita y cuarto se acaba la tregua, así que ya puedes conducir rápido.
J: Vaya, vaya, vaya. Cualquiera diría que la dulce Berta tiene ganas de marcha.
B: Pues sí, para qué te voy a mentir, hahaha. Llevo una mala racha sin un "amigo" a mi lado, y ahora que el mejor "amigo" para los "juegos" que quiero jugar se ha dejado convencer...
J: Hahahaha. Tampoco es que lo hubieras intentado antes. ¡Creo que he sido muy fácil de convencer!
B: MMM, pues no sé qué decirte, Juan... ¿tú no sabes cuánto tiempo hace que tengo ganas de comerte y tenerte para mí, verdad?
J: ¿En serio que hace tiempo? ¿Desde cuándo?
B: Uf, yo diría que... bueno, desde siempre, haha. Siempre me has parecido muy guapo, y con nuestras conversaciones no me queda ninguna duda de que además de guapo, serás un gran amante haha. Aunque eso tendrás que probarlo, haha, pero ya verás que te voy a motivar muy bien.
J: ¿De verdad? Joder... Pues mira que yo te he tenido ganas desde el día que te conocí, literalmente. Cuando descubrí que tenías novio fue una putada, hahaha.
B: Hahahaha, pues ahora te podrás desquitar. ¿Pero en serio nunca te has dado cuenta de que flirteo contigo todo el rato?
J: Bueno, mujer, tú eres muy cariñosa y tocona con todo el mundo, así que...
B: Hahahahaha, tienes razón, pero te aseguro que contigo especialmente. Al menos siempre que Kate no mira, haha. Por cierto, esto tampoco se lo vas a contar, imagino...
J: ¿"Esto"? Hahahaha... ¿Qué es, "esto"?
B: Bueno, "esto" no es nada, pero lo de antes, de cómo te has morreado y restregado con tu amiga dentro del agua... y sobre todo lo de después, haha.
J: Vale... pues creo que quizás será mejor que no se lo diga, haha. No creo que aprobara este hobby.
B: Buena idea, amor. Será nuestro secretito.
J: ¿Secreto? ¿Qué secreto?
B: El cómo te vas a follar a tu amiga Berta, tonto.
J: Hahahahahahahaha, era broma. Ya lo creo que te voy a follar... te haré todo lo que me pidas, y más. Ahora solo tienes que decidir si vamos a tu casa o a la mía...
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