El precio del alquiler (8)
Juan creía conocer a Elena, pero la llegada de Begoña ha desatado una tensión que ya no puede contener. Mientras él busca trabajo, ellas buscan placer, y esta vez no planean quedarse solo con los deseos.
El viernes 14 de junio amaneció como cualquier típico día de junio en Madrid, seco, caluroso y agobiante. Me levanté temprano al igual que Elena, solo que ella fue directamente a su ordenador para teletrabajar y yo al mío para seguir buscando trabajo.
Por su parte, Begoña no se había levantado, ni lo hizo hasta las 10 de la mañana cuando entró en el salón donde estábamos Elena y yo con los dos ordenadores puestos, aunque, una vez más, su indumentaria fue en lo que nos fijamos antes que nada. Y es que había repetido el outfit del día anterior, pantalón corto de deporte, camiseta blanca con mucho escote y sujetador blanco debajo de esta para realzar aquellas tetazas que poseía esa mujer.
- Buenos días pareja, ¿qué tal habéis dormido?
- Muy bien, como unos bebés, tanto Elena como yo
- Jaja eso está muy bien, yo voy a desayunar y me voy a bajar un rato al gimnasio que me dijiste ayer Elena, estoy deseando que me acompañes algún día
- No lo dudes
- Por cierto, ¿hoy entonces vamos a por unos bikinis y a por algo de ropa?
- ¡Claro!
- Perfecto, me voy a por el desayuno entonces
- Elena, ¿te vas a ir de compras con Begoña?, pensaba que no te caía bien
- Calla Juan, que te va a oír
- Pero es la verdad
- No me cae mal, simplemente quería marcarle territorio y demostrarle quién soy
- Pues va a ser una guerra de egos entonces porque sois las dos parecidas
- Ya lo veremos
El resto de la mañana transcurrió sin incidencias, solo puedo destacar el outfit que se puso Begoña para ir al gimnasio, pantalón de deporte gris, muy corto y que le marcaba aquel culo grande y redondo y camiseta de manga corta roja que le marcaba las tetas, aunque cualquier cosa que se pusiera de cintura para arriba se las iba a marcar, la única diferencia era cuando sus camisetas tenían o no escote.
Así, llegaron las 2 y comimos los tres mientras nos seguíamos conociendo un poco más, pero lo bueno llegaría por la tarde. A eso de las 5 y pico y a pesar del calor que hacía, Elena y Begoña se fueron a un centro comercial cercano en nuestro Volkswagen Golf que teníamos de segunda mano y no regresaron hasta las 8 y pico.
Yo me había pasado la tarde sin hacer nada, aproveché para echarme un rato la siesta y luego hablé por teléfono con mi amigo Luis al que llevaba mucho tiempo sin ver a pesar de que vivía en Madrid, lo mismo que me pasaba con otros amigos porque llevaba un tiempo desaparecido del mapa desde que me habían echado del trabajo.
A las 9 menos cuarto Begoña y Elena entraron por la puerta, venían con una sonrisa de oreja a oreja, cosa que yo no entendía en absoluto, pero Elena entró y me plantó un buen beso en la boca, se la veía radiante.
- Hola cariño, ¿qué tal la tarde?, ¿has hecho algo interesante?
- Nada en particular, ¿y vosotras?, ¿qué tal ha ido la tarde?
- Nosotras nos hemos divertido mucho y hemos comprado varias cosas
- Ya lo creo que hemos comprado Elena, Juan se va a alegrar de que te haya acompañado
- ¿Por qué dice eso, Elena?
- Porque Begoña me ha convencido para comprarme unos bikinis muy sexys y algo de ropa también provocativa
- Jajaja te vas a pasar el día con la polla erecta Juan, a tu novia todo le queda bien
- Joder, ya me pica la curiosidad, ¿me dejas ver lo que habéis comprado?
- No, de eso nada, ya habrá tiempo para eso
- Sí, Juan, mañana por ejemplo Elena podría estrenar alguno de esos bikinis para bajar a la piscina, ¿verdad Elena?
- Jajaja ya veremos, ahora vamos a preparar algo de cena, que me muero de hambre
Elena fue a dejar todas las bolsas a la habitación y a cambiarse, lo mismo que Begoña, aunque, una vez más, nos sorprendió cuando salió de su habitación porque eligió como ropa para estar en casa una camiseta azul celeste bastante ajustada y un pantalón corto blanco de pijama que le quedaba de miedo.
Elena por su parte eligió un short gris bastante ajustado también y una camiseta del atleti rojiblanca porque, sí, Elena era bastante futbolera.
- Jajaja qué buen look Elena, me gusta mucho tu camiseta del Atlético de Madrid
- Jajaja me la pongo mucho para estar en casa
- Bueno chicas, la ensalada y el picoteo ya están, ¿cenamos en el balcón?
- Claro Juan, buena idea
Llevamos las cosas al balcón y nos pusimos a cenar, aunque yo no podía quitar la mirada del escote de la camiseta de Begoña, aquellas tetas me volvían loco y Elena se dio cuenta porque me dio con el pie por debajo de la mesa en plan “ya te vale”. No podía evitarlo, se me iban los ojos y a Elena le había molestado un poco, aunque intentó contrarrestar aquella ofensa un rato más tarde cuando recogimos todo y nos sentamos los tres en el sofá a ver algo en la televisión.
Llevábamos apenas 10 minutos sentados y Elena hizo algo que me dejó sorprendido.
- Begoña, ¿te importaría si me quito la camiseta mientras estoy aquí al lado de Juan?, tengo un calor que me muero
- Jajaja mira Elena, te voy a decir una cosa, estás en tu casa y aunque yo ahora vaya a vivir con vosotros tú puedes seguir llevando tu rutina sin ningún problema
- Gracias guapa
Ni corta ni perezosa, Elena se echó hacia adelante, cogió su camiseta por debajo y se la sacó por la cabeza dejando a la vista un sujetador blanco con puntos rosas que a mí me encantaba y le hacía unas buenas tetas.
- ¿Qué te parece el sujetador de tu novia Juan?
- ¿Qué puedo decir?, me gusta todo su vestuario, no lo dudes
- Pues más te van a gustar sus bikinis nuevos, te lo prometo
- Jajaja qué mala eres Begoña, déjale que todavía le provocas una erección y yo quiero ver la tele
- Jajaja es que eres muy guapa Elena y tienes un cuerpazo, me compadezco de Juan, el pobre tiene que sufrir viéndote así
- Pues no te digo nada si tú me imitaras y te quitaras también la camiseta con esas tetazas que te gastas
- Jajaja no me tientes Elena, que lo mismo le gustó más a Juan que tú
- Jajajaja ya quisieras guapa
¿Qué puedo decir?, aquella conversación no me la esperaba, Elena seguía sorprendiéndome con cada cosa que hacía y decía, pero había elegido mala compañera para ser más desinhibida porque Begoña nunca quería quedarse atrás, eso estaba claro.
- Pues mira Elena, si a Juan no le importa yo también me voy a quitar la camiseta porque es verdad que hace muchísimo calor
- ¿Qué dices Juan?, ¿puede quitarse la camiseta Begoña?
- Begoña puede hacer lo que quiera, además, ya somos mayorcitos, no nos vamos a sorprender por ver un sujetador
Aquello Begoña lo interpretó como una aceptación de su propuesta así que, imitando a Elena, tiró de su camiseta por abajo y se la sacó por la cabeza dejando a la vista un sujetador rojo de encaje precioso que a duras penas podía aguantar el peso y volumen de aquellas tetas.
- Joder, desde luego que tienes unas tetazas guapa, tienes que tener a todos los hombres detrás de ti
- No te creas que todo son ventajas Elena, a veces son muy incómodas
- Seguro que tienen más ventajas que desventajas
- Jajaja es posible pero bueno, basta de hablar de mis tetas, ¿vemos la película?
Y eso hicimos, dejamos la conversación ahí y vimos la película. Película que acabó sobre la 1 y tras la cual nos fuimos a dormir, aunque una cosa estaba clara, Begoña había entrado con fuerza en nuestras vidas.
A la mañana siguiente, nos despertamos sobre las 10 y yo no podía evitar pensar la suerte que tenía en mi vida a pesar de que en ese momento me encontraba en paro. Tener a mi lado a Elena era un regalo y si encima entra a vivir contigo una mujer como Begoña pues ya ni te cuento, mujeres ambas que me iban a dejar boquiabierto aquella mañana de sábado de 15 de junio.
- Buenos días guapo
- Buenos días guapa, ¿qué tal has dormido?
- Muy muy bien, encima hoy nos abren la piscina Juan, menos mal
- Menos mal, sí, menudo espectáculo vais a dar Begoña y tú, vais a ser el centro de todas las miradas, lo sabes, ¿verdad?
- Jajaja ya veremos, aunque creo que la que va a dar un espectáculo va a ser tu amiga Begoña con el bikini que se ha comprado
- ¿Para tanto es?
- Pues sí
- ¿Y los que te has comprado tú?, porque por lo que decía ayer Begoña también iban a gustarme mucho
- ¿Quieres verlo?
- Sí, póntelo
Con una sonrisa en la boca, Elena se levantó de la cama y cogió del armario una de las bolsas del armario para, a continuación, meterse en el baño. Baño del que salió 3 minutos después para dejarme completamente sin palabras ya que aquel bikini dejaba poco a la imaginación.
Elena llevaba puesto un bikini con una tela negra en el que el negro casi no se veía porque tanto el tanga, que era un auténtico tanga con la tela justa para hacerle un auténtico culazo a Elena, como el sujetador, sin tirantes y solo anudado a su espalda, estaban llenos de flores de rosas de diversos colores y tamaños que le hacían un auténtico cuerpazo a Elena. Además, el sujetador apenas estaba unido en su parte central por un fino cordón y las copas del sujetador tenían poca tela, dejando las tetas de Elena visibles por encima y por el centro ya que el hilo del centro no tapaba absolutamente nada.
Para rematar, el tanga del bikini llevaba nudo a ambos lados de la cadera así que sería fácil quitarle aquel trozo escaso de tela a Elena del cuerpo.
- Joder Elena, creo que nunca te había visto con un bikini tan sexy
- Jajaja lo sé, ¿entonces te gusta?
- Joder, me encanta
- Pues solo le falta un toque
Ese toque al que se refería Elena era un pareo que iba a anudado a su cintura y que era negro dejando en su parte superior únicamente el sujetador del bikini como prenda.
- Vamos a desayunar anda, que tengo hambre
- Desde luego Elena, sabes cómo provocarme, ¿por qué no nos lo pasamos tú y yo bien antes de ir a desayunar?
- Jajajajajajaja de eso nada Juan, ya habrá tiempo hoy
- Por favor Elena, estás demasiado buena con esa indumentaria
- Te jodes, tendrás que esperar
Diciendo eso, Elena se fue hacia la cocina a desayunar y yo detrás de ella mientras que, Begoña, aún no se había levantado, aunque, al rato, sonó su puerta y vino hacia la cocina con su ya habitual look de shorts y camiseta de tirantes ajustada.
- Buenos días chicos
- Buenos días Begoña
- ¿qué tal habéis dormido?, ya veo Elena que no te has podido resistir a ponerte el bikini eh
- Jajaja la verdad es que me encanta Begoña, hiciste una buena elección
- Te queda de miedo guapa
- El que te compraste tú seguro que también te queda muy bien con ese tono rojo rollo vigilantes de la playa
- Jajaja no te voy a mentir, yo también creo que me queda muy bien
- Con esas tetazas que te gastas, desde luego
- Jajaja anda que os vais a tostar las dos al sol, ¿verdad?
- Así es Juan, tu novia y yo nos vamos a pasar un buen día al sol, ¿contaremos con tu presencia?
- Esta mañana no, tengo que seguir mirando ofertas que han salido esta semana y, además, quería hablar con un amigo que hace tiempo que no veo pero esta tarde podéis contar conmigo
- Perfecto
Así se quedó la conversación, Begoña se preparó el desayuno y al rato, cuando terminó, se fue a cambiar a su habitación, aunque Marina se quedó conmigo en la cocina.
- ¿Entonces tienes ganas de estrenar la piscina Elena?
- Puff muchas Juan, con todo lo que nos ha pasado últimamente va a ser una buena oportunidad para desconectar un poco
- Sí, tienes razón, nos vendrá bien algo de desconexión
- Es una pena que esta mañana no nos puedas acompañar, pero bueno, es cierto que llevas mucho tiempo sin hablar con Carlos y que necesitas seguir mirando ofertas
- En ese aspecto, ¿tú has visto alguna oferta interesante?
- Nada de nada, ya sabes cómo está el tema del periodismo
- Sí, lo sé
En ese preciso momento, Begoña apareció de nuevo por la puerta de la cocina y yo me quedé mudo, llevaba un bikini rojo con un sujetador que iba anudado a su espalda y cuello y que apenas podía sostener sus tetas. Eran más impresionantes aún que embutidas en aquellas camisetas, se le salían un poco por las laterales del sujetador que no había cubierto con ninguna otra prenda, cosa que tampoco hizo en su parte inferior porque solo venía con el bikini puesto, donde se intuía en su braga que era también tanga igual que de Elena a pesar de que aun no se había dado la vuelta.
- ¿Nos vamos Elena?
- ¿No te vas a poner nada encima?
- ¿Para qué?, total vamos a la piscina del bloque, con mi bikini tengo suficiente
- Voy a pensar que eres un poco exhibicionista
- Ay si yo te contara Elena, pero bueno, tú podías hacer lo mismo, dejar el pareo en casa e ir igual que yo solo con el bikini, seguro que provocamos alguna mirada indiscreta, ¿no crees Juan?
- Eso seguro Begoña, seguro que todos con los que os crucéis os van a mirar esos cuerpazos que tenéis
- Vaya vaya,¿ así que ahora le echas piropos a nuestra compañera de piso, Juan?
- Venga ya Elena, ha sido un simple comentario
- Ya ya
- Déjale mujer, Juan no es de piedra y le gusta mirar a pesar del pibón que tiene para él solo, ¿verdad?
- No te equivocas Begoña
- Venga guapa, vámonos anda, que como me quede aquí todavía le pego un colleja a alguien
- Sí, vámonos, aunque todavía veo tu pareo puesto Elena
- Jajaja, ¿de verdad quieres que me lo quite?
- Sí, no tengas vergüenza
Y eso hizo Elena, con una sonrisa en su cara, se quitó el pareo, cogió las gafas de sol, el móvil y la toalla y se fue con Begoña. Una Begoña que me dejó brevemente una vista de aquel culo grande y tan bien puesto que tenía enfundado en aquel tanga rojo, un tanga que literalmente se perdía entre sus nalgas porque se lo comían no dejando nada a la imaginación.
Aquella visión de esos dos culos tan bien puestos me dejó una erección tremenda, no era para menos, esas dos mujeres iban a matarme el resto del verano como siguieran desfilando con tan poca ropa por la casa.
Superada aquella visión, encendí mi ordenador y seguí con la búsqueda de trabajo tal y como había hecho en el último mes, aunque no vi nada interesante en las ofertas. La cosa estaba mal, realmente mal, el pasado mes de mayo España casi es rescatada por la Unión Europea y el tema del trabajo estaba realmente difícil, incluso en Madrid.
Por esa razón, había pensado en llamar a mi amigo Carlos, ingeniero industrial que trabajaba para una gran empresa de la que no voy a decir el nombre. Era mi amigo desde mi época de estudiante aquí en Madrid y había pensado en llamarle para ver si me podía echar una mano en la búsqueda de trabajo, la necesidad era mayor que nunca.
- ¿Qué tal Carlos?
- Hombreee Juanito, llevas mucho tiempo desaparecido eh
- Ya tío, últimamente la cosa ha estado muy mal y no he tenido ganas de ver a nadie, me echaron del trabajo
- ¿No jodas?, ¿Y eso?
- Recorte de personal por la crisis o eso me han dicho
- Qué putada tío
- Pues sí, por eso mismo te llamo Carlos, ¿crees que en tu empresa podrían estar interesados en un ingeniero informático como yo?
- No lo sé, ya sabes que con lo grande que es hay muchísimos departamentos pero no te preocupes, tú pásame el curriculum y veré qué puedo hacer
- Gracias tío
- Bueno, ya hemos hablado de trabajo, ¿qué tal todo lo demás?, ¿qué tal el pibón de Elena?
- Siempre igual eh, solo te acuerdas de Elena por su físico
- ¿Y qué quieres?, te recuerdo que fui yo el primero en ligársela y en follársela
- No me lo recuerdes, no
Mi amigo Carlos tenía razón, tras haber terminado la carrera y el máster y haber empezado a trabajar, una noche conocimos a Elena y a unas amigas suyas y Carlos consiguió liarse con ella. Después de eso, estuvieron un tiempo juntos y luego se separaron a los 5 o 6 meses, ocasión que yo aproveché para llamar a Elena y liarme con ella y desde entonces estamos juntos, aunque Carlos siempre me lo recuerda, sobre todo lo buena que está Elena.
- ¿Todo bien con ella entonces?
- ¿Por qué no iba a estarlo?
- Jajaja tranquilo, solo preguntaba
- Ya, si por ti fuera volvería contigo, aunque solo fuera para follártela
- Jajaja no sé si volvería con ella, pero sí que me la follaría
- Desde luego Carlos, no sé por qué te aguanto esos comentarios
- Porque somos amigos, además, yo sé que no os vais a dejar y yo estoy muy bien soltero, las mujeres son para disfrutarlas Juan, estando en pareja te pierdes muchas cosas, a no ser que quieras echar una cana al aire de vez en cuando, ya sabes a lo que me refiero
- Sí, a ponerle los cuernos a Elena, cosa que no pienso hacer
- Jajajajaja si tuvieras la oportunidad no lo tengo yo tan claro y por su parte lo mismo, todas las mujeres están sedientas de sexo Juanito y una mujer como Elena no tiene bastante con solo una polla, te lo aseguro
- Bueno, ya está bien, vamos a dejarlo, tú gestióname lo del curriculum, ¿de acuerdo?
- Está bien, pero Elena y tú tenéis que venir algún día a tomar algo a mi casa y a daros un baño en la piscina
- Está bien, lo pensaré
- Jajaja bueno Juan, hablamos, cuando sepa algo te digo
Colgué el teléfono y me fui a por un café a la cocina, cocina que tenía una pequeña terraza que también daba a la zona de la piscina donde estaban Begoña y Elena. No había vuelto a pensar en ellas dos desde que se habían ido hacía ya casi dos horas, pero desde luego era un buen momento para ver qué estaban haciendo así que me asomé por la terraza de la cocina y miré hacia la piscina.
Y la visión no pudo ser mejor, enseguida visualicé a Elena y a Begoña, era imposible no fijarse en ellas, las dos estaban tumbadas boca arriba al sol con las gafas de sol puestas. Se habían puesto cerca de la valla de la piscina y no podían desprender una visión más erótica, Elena con ese bikini tan sexy estaba espectacular y Begoña…qué puedo decir, tenía cuerpo perfecto para la edad que tenía con aquellos dos tetones blancos.
Solo el sonido de la cafetera me sacó de mi posición de voyeur mirando a las chicas, así que volví a entrar en la cocina y me eché el café y me lo llevé al salón donde puse la tele, imaginaba que las chicas no tardarían en subir ya que era casi la una de la tarde y tendríamos que comer pronto.
Empecé a hacer zaping pero no había nada interesante en la tele así que, a la media hora más o menos, me asomé al balcón y casi me da un vuelco el corazón.
Elena estaba sentada en la toalla, pero a su lado no estaba Begoña, que se estaba dando un baño, sino que estaba sentado un chico que sería un poco más mayor que nosotros. El chaval estaba en forma, de eso no había duda a pesar de que estar en un séptimo piso, ya que se le veía bastante definido y con abdominales, además era moreno y diría que un poco más alto que yo a pesar de estar sentado.
Joder, no lo había pensado, pero dos mujeres como aquellas en una piscina, aunque fuera una comunitaria, eran un trofeo de caza demasiado cotizado como para dejarlo escapar, más si cabe con aquellos bikinis puestos las dos.
No sabía lo que sentir en ese momento, estaba claro que el chaval estaba allí sentado para intentar ligar con Elena, pero ella no estaba haciendo nada malo, solo hablaban así que seguí mirando un rato más. Y en ese rato, Begoña salió del agua y se sentó al otro lado del chaval, quedando este en medio de las dos bellezas.
El tío se tenía que estar poniendo las botas entre aquellos dos bombones y no perdió el tiempo, porque al poco rato de estar mirando, este sacó el móvil y les preguntó a ambas por sus teléfonos, cosa que sabía porque empezó a escribir en el teclado después de dirigirse a cada una, ¿era posible que Elena le hubiera dado el número sin más?, pronto lo averiguaría.
Las chicas tardaron un rato más en despedirse del chico, pero, sobre las 2, recogieron las toallas y se despidieron de él, momento en el que yo caí que no había empezado a preparar la comida, así que me fui directo a la cocina a prepararla.
3 minutos después entraron Elena y Begoña, muy sonrientes ambas, imagino que por la compañía que habían tenido del chaval, aunque ambas no dijeron nada, solo se limitaron a saludarme y se fueron directamente a la habitación a cambiarse.
Yo mientras tanto seguí preparando la comida y al poco tiempo ambas aparecieron en la cocina, Elena con una camiseta larga y con el bikini debajo y Begoña con un short deportivo y con el sujetador del bikini como única prenda en su parte superior.
- ¿Cómo va esa comida?
- Muy bien, le queda un rato
- ¿Te ayudamos en algo?
- No no, vosotras únicamente poned la mesa y quedaos en el salón
20 minutos después entré en el comedor con la comida y los tres empezamos a comer, aunque noté a las chicas un poco calladas así que fui yo el que rompí el hielo.
- ¿Qué tal la piscina y el primer baño chicas?
- Muy bien Juan, Elena y yo hemos disfrutado mucho, además, hemos tomado bastante el sol
- Ya ves Juan, no recordaba lo bueno que era tener una piscina en la puerta de casa, esta tarde vamos a volver, ¿vas a venir no?
- Claro, aunque bajaré sobre las 5 y media cuando no pegue tanto el sol
- Eres como un abuelo eh, pues nosotras a las 4 o así volveremos a bajar
- Jajaja pues nos vemos luego
No hablamos nada más en relación al baño ni a la piscina, de hecho, el resto de la comida no se habló mucho y a las 4 las chicas bajaron de nuevo a la piscina y otra vez solo con su bikini puesto y nada más.
¿Volverían a encontrarse con el chico de esta mañana?, era una duda que me mataba desde esta mañana, yo estaba seguro que si Elena le había dado el número a aquel chico era simplemente por no quedar mal y hacerle el feo. Ambos estábamos en un buen momento a pesar de todo lo que nos había pasado y yo estaba seguro de que ambos nos queríamos y éramos fieles, pero también era cierto que últimamente habíamos estado haciendo comentarios sobre intercambios y demás que no habían pasado de ahí y se habían quedado en pura anécdota.
Así que, en plan voyeur, me volví a asomar a la terraza para ver lo que hacían las chicas, que se habían situado exactamente en la misma posición que esa misma mañana. Durante un rato no pasó nada especial, las dos tomaban el sol tranquilamente exhibiendo sus cuerpos con las gafas de sol, pero al rato, el chico musculado volvió a aparecer y esta vez, ni corto ni perezoso, cogió su toalla y se situó al lado de las chicas.
En ese momento decidí hacerme cargo de la situación, estaba claro que aquel chaval quería ligar con aquellas dos bellezas y yo tenía que hacer acto de presencia si no quería que ocurriesen cosas raras, así que cogí la toalla, me puse el bañador y bajé a la piscina.
En lo que tardé en bajar a la piscina, no más de 2 minutos, el chico y Begoña se habían levantado de la toalla y estaban los dos hablando animadamente apoyados en la barandilla de la piscina así que yo fui a situarme con la toalla al lado de Elena.
- ¿Qué tal cariño?, ¿quién es ese chico?
- Se llama Marcos y ahí está intentando ligarse a Begoña
- ¿Y qué edad tiene?
- 32 años, le hemos conocido esta mañana en la piscina, aunque yo ya le había visto en el gimnasio algún día
- Ammm esta mañana no habéis dicho nada
- Mmm no pero tampoco es importante, ¿no?
- Supongo que no
- ¿Te pasa algo Juan?, ¿no tendrás celos porque haya hablado con nosotras, ¿no?
- En absoluto Elena
- Está bien, ahora te lo presento, ya verás cómo te cae bien
Aquella presentación tardó un rato en llegar porque tanto Begoña como él siguieron hablando apoyados en la valla durante un buen rato. Rato en el que el chaval aprovechó para pasar la mano por detrás del cuerpo de Begoña y apoyarla en medio de su espalda sin ningún tipo de problema, cosa que a Begoña le tuvo que gustar porque no le dijo nada.
Al rato, ambos vinieron a la toalla y las chicas me presentaron al famoso Marcos que, como ya he comentado, era moreno, ligeramente musculado y más alto que yo. Además, tenía una barba poco cuidada, al igual que su indumentaria, pero no había duda de que a las chicas les había gustado porque ambas no le quitaban el ojo de encima, cosa que a mi me molestó un poco.
Nos dijo que trabajaba para una empresa de animación con niños y personas mayores y que los fines de semana trabajaba en un bar de Malasaña poniendo copas. Además, le encantaba ir a la costa cada poco tiempo a hacer surf, en resumen, era el típico guaperas surfero sin apego a nada que le encanta ligar con todas las tías posibles.
Y era un guaperas creído porque apenas me saludó y no me prestó atención ya que se dedicó la siguiente hora a hacer gracias y a captar la atención de aquellas dos mujeres. Hora que yo aproveché para darme un baño debido a que sobraba en aquellas toallas y a que hacía el suficiente calor como para estar un buen rato a remojo.
Tras una hora y pico, aquel chaval se despidió de las dos mujeres y se fue, ocasión que yo aproveché para acercarme y volver a la toalla.
- ¿Qué, Fran de la jungla ya se ha ido?
- Anda ya Juan, no seas malo
- Sí, Juan, el chaval ha sido muy amable con nosotras y no lo hemos pasado muy bien
- Ya veo
- Me suena un poco a envidia esa respuesta Juan, aunque tengo que reconocer que ha intentado ligar con tu novia
- Begoña, no digas bobadas, a la que no ha quitado ojo de encima ha sido a ti, además, no le ha faltado tiempo para pasarte el brazo por detrás
- Jajaja la verdad es que el tío es un cañón, ¿sabes Juan que me ha dado su número?
- ¿Ah sí?
- Sí, de hecho, me gustaría pediros una cosa
- ¿El qué Begoña?
- Que me dejéis llevarlo a casa algún día, no me importaría tirármelo
- ¡Begoña!
- ¿Qué pasa Elena?, es algo que no hemos hablado, pero yo ya os he dicho que suele tener varios ligues y me gustaría poder follar en casa
Aquella mujer no tenía pelos en la lengua, no había duda de que le encantaba el sexo y disfrutar de su cuerpo así que quería convertir nuestra casa en un auténtico picadero.
- A ver Begoña, tú puedes hacer lo que quieras, ahora también vives en nuestra casa, aunque avísanos antes por favor
- No te preocupes Elena, yo os avisaré
- Gracias guapa, las que no tenemos pareja también tenemos necesidades
Ahí quedó la conversación, estuvimos un rato más en la piscina y luego subimos a ducharnos y a cenar, aquel fin de semana iba a ser tranquilo y no íbamos a salir.
Continuará
Continúa en
- Relato #205777— title-regex: contiguous parts (7 -> 8)
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