Xtories

Y los sueños, sueños son. - Cap. 12

Joan creía conocer a su esposa hasta que vio lo que ella le ocultaba. Ahora, el dolor se ha transformado en una frialdad calculada que no dejará rastro de su matrimonio ni de su honor.

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Joan – mayo 2006 – (Decisiones)

Dejé a Marta totalmente descolocada después de mostrarle mi conocimiento de su infidelidad en respuesta a todos los reproches y ataques por mi supuesta traición con Katy. Había transcurrido un mes desde esa fatídica noche en la que todo me fue revelado, un mes de destrozo emocional y de sentimientos de que mi vida había sido una mentira desde que me casé con Marta. Todo lo que creía realidad se convirtió de la noche a la mañana en falsedad y traición.

Recogí a los niños en la escuela y los llevé a casa de Berta, mi encantadora suegra para que se ocupase de ellos durante el fin de semana. Se la veía preocupada y me preguntó si todo andaba bien entre nosotros. La miré a los ojos y no pude evitar pensar en que esa gran mujer no se merecía que la mentira siguiese instalada entre nosotros y opté por una solución intermedia.

- Berta, lo cierto es que no va nada bien.

- Por dios Joan, me estás asustando. – la angustia se reflejaba en su rostro - ¿Qué ocurre? Dime que tiene solución, por favor…

- Lo siento mucho, pero… creo que no la hay. Ahora es momento de que todos pongamos de nuestra parte para que lo inevitable sea lo menos traumático para los niños.

- No puede ser… os vais a divorciar… Pero… ¿qué ha pasado, ¿cómo es posible? Si sois la mejor pareja que he visto en mi vida…

- Son cosas que suceden, nadie tiene la culpa y todos la tenemos…

- No me lo creo, os conozco a los dos. ¿Hay alguien de por medio? ¿Quién es el infiel? Si no es así no me lo explico.

- Berta, tranquila que no es nada de eso, simplemente ya no hay entre nosotros lo que había hasta ahora, es mejor que cada uno siga por su camino.

- Pero sé que Marta te quiere con locura, entonces… ¿eres tú quien ya no la quiere a ella?

- Tal vez sea eso… en cualquier caso estamos trabajando en la mejor manera de hacerlo para que los niños sufran lo menos posible, son nuestra prioridad. Te ruego que nos dejes que tomemos las decisiones más adecuadas para todos y no te preocupes que mi relación contigo no va a cambiar y la de tus nietos tampoco. En realidad, te pediría que nos ayudes con ellos, ahora te necesitarán más que nunca.

- Por eso no debéis preocuparos, ellos son mi alegría y mi energía para seguir en este mundo, pero no puedo evitar el sufrir por mi hija y por ti.

- Lo sé, pero tienes que ser fuerte, por todos nosotros.

- Así lo haré…

Salí de esa casa con tristeza por el dolor que le estábamos causando a esa mujer, que se había pasado la vida luchando y dándolo todo por los demás.

Mientras conducía no paraba de pensar en cómo había cambiado la percepción de mí vida desde esa fatídica noche que salí por la puerta del apartamento de Toni tras el encuentro con Pilar. Al principio estaba cabreado por las falsedades que esa mujer me había escupido sobre Marta y enfilé dirección a casa para comentarlo con mi mujer. Entonces miré el sobre que reposaba en el asiento del copiloto y mientras estaba detenido en un semáforo lo abrí para ver su contenido. Mi sorpresa fue descubrir los dos discos rotulados con el nombre de mi esposa y que acompañaban al libro de lactancia.

Pensé durante unos minutos y decidí ir a mi despacho para ver el contenido de los dvd’s porque me carcomía la duda. Mi mente empezó a preguntarse si era posible que lo que decía Pilar fuese cierto y la sola idea de que así fuera me provocaba una insoportable sensación de angustia.

Al llegar a mi empresa me saludaron los chicos de seguridad que estaban en el vestíbulo. Eran más de las tres de la madrugada y mi presencia les sorprendió ya que no era nada habitual. Ya en mi despacho introduje el primer disco en mi ordenador. Lo que vi en esas imágenes, la traición de Marta con Pilar, simplemente me destrozó. No paré de llorar en silencio mientras el mundo se derrumbaba sobre mí. Si aquello me estaba matando, cuando puse el dvd nº 2 y apareció el menú de los videos, mi corazón se partió en dos.

- 1. NOCHE DE BODAS

- 2. PUTA BARATA

- 3. PERRA SUMISA

- 4. ESCLAVA PARA SER USADA

Los vi todos, de principio a fin. Y lo que vi hacer a mi esposa, lo que llegó a decir me provocó el vómito más nauseabundo de mi vida. Un cóctel de sentimientos se agolpó en mi pecho mientras todos esos hombres usaban a Marta, como ella les entregaba todo lo que tenía, les daba a todos ellos, a cualquiera, lo que me fue negado a mí, su amado esposo.

El nivel de depravada traición que acreditaban esos videos eran como puñales que atravesaban mi carne, mi corazón, mi alma. Ver a tu esposa vestida de novia simulando el día de nuestra boda follando con esos hombres, insultando mi hombría, ejerciendo de puta callejera con unos tipos asquerosos que le pagaban una miseria para hacer de todo con ella, arrastrada con una correa como una perra por su dueño hasta lamerle el culo a unos desconocidos, dejarse follar por ellos y recibir toda su lefa en la boca, sacando la lengua y ladrando, pidiendo más, como una buena mascota. Y finalmente follada por una incontable cantidad de hombres que utilizaban todos sus orificios como querían, lugares que me había negado a mí y que era capaz de regalar doblemente a otros, chillando que necesitaba más pollas para que yo aprendiera como se tenía que satisfacer a una mujer, que quería que la preñasen delante mío, y terminar tragándose todo el semen de esos hombres que rebosaba por su boca.

Creo que no existe peor tortura para un hombre que ama a su mujer que ver esas imágenes, esas acciones y esas palabras que Marta acometía con toda normalidad. Pero sobre todo el sentimiento de vejación, humillación y falta de respeto por parte de la persona que piensas que te ama incondicionalmente.

Primero incredulidad y estupor, acompañado de asco, rabia, odio, acabando por dolor, tristeza y pena. Pensé en la ironía de mi destino que me volvía a golpear con la traición de la segunda mujer a la que amaba con toda mi alma, la historia se repetía, pero en esta ocasión la devastación causada en mi era de proporciones bíblicas.

Esos sentimientos me acompañaron hasta la mañana del sábado cuando Katy, advertida por los de seguridad de que estaba en mi despacho, me encontró bañado en vómitos y lágrimas. Se asustó mucho por mi estado semi-catatónico y sin preguntarme nada me abrazó con un cariño que me llegó bien adentro. Llamó a Frank al que despertó sobresaltado en la habitación del hotel de la ejecutiva alemana con la que había estado follando toda la noche, y le explicó el estado en que yo me encontraba. Reventando todos los radares de tráfico que encontró por el camino, no tardó ni 20 minutos en aparecer por la puerta de mi despacho. Katy avisó a seguridad para que no dejasen subir a nadie del personal de los que trabajaban en sábado hasta nuevo aviso. En ningún caso quería que algún empleado me viera en ese estado.

Frank, visiblemente preocupado, me cogió en brazos como si fuese un muñeco y me llevó a uno de los baños de la planta que disponía de duchas. Entre los dos me desnudaron y ducharon para despejarme y Katy trajo ropa de recambio que tenía en mi despacho.

En una de las salas de reuniones, ya más despejado y calmado les conté lo ocurrido mientras alucinaban incrédulos el relato que les estaba contando. Luego recogieron los discos de mi ordenador, aunque no los visualizaron delante de mí para evitar que esas imágenes volviesen a afectarme. Frank envió un neutro SMS a Marta desde mi teléfono para excusar mi futura ausencia.

Avisaron al servicio de limpieza para sanear y ventilar mi despacho, y Katy me metió en su coche para llevarme a su casa evitando cualquier mirada indiscreta. Frank se ofreció a hacerse cargo de la empresa el tiempo necesario mientras Katy se ocupaba de mí y de mi recuperación.

Tras los dos primeros días en los que no dejé de llorar y de maldecir a Marta por su cruel traición, logré serenarme con la ayuda constante de Katy que no se separó de mi lado en ningún momento. Me alimentó, me lavó, me desnudó, me vistió y me abrazó hasta que recuperé el aplomo suficiente para afrontar lo ocurrido y decidir los siguientes pasos que marcarían el resto de mi vida y la de mi familia.

A los cuatro días del descubrimiento ya volvía ser persona, con la determinación suficiente para tomar decisiones. Lo primero sería centrarme en no perder el contacto con mis hijos, al mismo tiempo de ignorar totalmente a Marta, convencido de que ya no merecía que desperdiciara en ella nada de mi tiempo y energía. Sabía perfectamente cuál iba a ser el resultado final de nuestra relación, y con la ayuda de Katy contacté con una de sus ex parejas, una abogada especialista en temas de divorcio.

Establecí los términos del acuerdo de divorcio para que fuesen redactados por Magda, la abogada. Katy no estaba muy a favor con lo benevolente que el acuerdo era con Marta, según ella lo que se merecía es que la destruyese totalmente, pero me opuse a ello y acabó por respetar mi decisión.

Con respecto a mi “amigo” Toni desestimé el romperle las piernas por ser participante activo en la traición de mi mujer, aunque aparentemente habían pasado unos siete años de la grabación de esos videos, no sabía si a día de hoy la traición continuaba o no, aunque eso importaba bien poco. Era patente la relación amo/sumisa entre Toni y Marta lo que aumentaba la repulsión que sentía por ellos dos. En cualquier caso, la mentira y la burla se había mantenido hasta la actualidad, por lo que decidí que la mejor manera de hacer daño sería golpearle en el campo económico.

A parte de confiarle la gestión de las cuentas de mi empresa, había recomendado a muchos de mis grandes clientes que también utilizasen los servicios de su banco, abalándole como excelente gestor. Todo eso había ayudado mucho a Toni a escalar en su trabajo, ganando una gran reputación como gestor de cuentas importantes. Unas llamadas de los “Tres Mosqueteros” hicieron que todos nuestros clientes empezaran simultáneamente a retirar todos sus depósitos de inversiones fuera del alcance de Toni, moviéndolos a otras entidades sin ninguna explicación. Esto provocó que todas las alarmas del consejo de dirección del Banco se dispararan y empezasen a cuestionar a Toni como su gestor principal, ya que había desaparecido de un día para otro una cantidad importantísima de dinero al perder la gestión de esas cuentas “Premium”.

Al mismo tiempo le pedí a Frank que perpetrara un ataque de “hacking ético” a su banco, con la excusa de mostrar que sus medidas de seguridad no eran las adecuadas para una entidad de su nivel, demostrando sus vulnerabilidades y de paso, aprovechar para ofrecer nuestros servicios para mejorar su seguridad.

Frank era sin lugar a dudas el mejor para ejecutar esa labor, ya que Michael se esmeró en sus enseñanzas con nuestro “gigantón”. La cara oculta del plan era aprovechar el ataque para extraer toda la información relativa de los manejos de Toni, con el convencimiento de que encontraríamos algo con lo que joderlo. En tan solo dos días de trabajo Frank destripó la seguridad del banco y encontró los trapicheos que Toni ocultaba.

Si hubiésemos querido ser malos podríamos haber robado un montón de dinero del banco saqueando muchas de sus cuentas, transfiriéndolas a otras creadas en algún paraíso fiscal. Para cuando se hubiesen dado cuenta ya habríamos borrado todas las huellas de nuestra presencia. Pero evidentemente no lo hicimos y nos limitamos a confeccionar un informe para la dirección del banco, donde resaltábamos sus sistemas vulnerables a cualquier ataque hostil y las posibles alternativas para solucionarlo.

En cuanto a los trapicheos de Toni estos consistían en desviar una parte de los beneficios de las comisiones que se cobraban a los clientes por los servicios de gestión del banco. Frank copió y documentó todas las pruebas que inculpaban claramente a Toni, y en este caso sí que vació la cuenta oculta donde depositaba las ganancias de sus estafas, traspasando ese dinero a una cuenta fantasma de custodia, a la espera de decidir qué hacer con ella.

Durante ese tiempo estuve en contacto permanente con mis hijos, que eran mi prioridad principal y mi única preocupación era que no sufriesen por el cambio de vida que estaba por llegar en breve. Katy volvió a convertirse en mi tabla de salvación, no me dejó en ningún momento y aunque se ofreció a tener sexo conmigo si yo lo quería, lo desestimé agradeciéndoselo, explicándole que no me veía capaz ni que era eso lo que realmente necesitaba en ese momento. Vivimos durante un mes como una pareja de amigos inseparables que comparten casa, lo hacíamos todo juntos y de no ser por ella, no sé dónde podría haber terminado de haber estado solo.

Ahora me encontraba aparcando el coche delante de casa, donde en unos minutos me enfrentaría a Marta para poner fin a una relación que yo creía perfecta pero que la realidad me había demostrado que era todo lo contrario. Había esperado todo un mes para recuperarme del golpe, decidir qué haría, como lo haría y preparar todo lo necesario para hacerlo. Ahora tocaba dar el paso definitivo para dar un vuelco a mi vida y a la de mi familia.

Al entrar en el salón ella se levantó asustada al notar mi presencia y con el mando a distancia detuvo la reproducción de aquellos malditos videos, colocándose temblorosa delante de la pantalla como intentando tapar aquello que la condenaba. Su mirada era de terror absoluto y su rostro reflejaba el miedo al verdugo en el instante de dejar caer el hacha para cortarle la cabeza.

Marta – mayo 2006 – (Destrucción total)

Delante de la pantalla apagada miraba aterrorizada a Joan que acababa de entrar en la estancia. Parecía tremendamente tranquilo, al contrario de cómo me encontraba yo, sabedora que se avecinaba un final al que jamás creí que llegaría. Joan recogió los papeles del divorcio que aún estaban desperdigados por el suelo y los dejó bien ordenados sobre la mesita, se sentó en su sofá preferido y me indicó con un gesto que hiciese lo mismo en el de enfrente. Cabizbaja y con la lentitud forzada por mis agarrotadas piernas me senté en el sillón propuesto por mi esposo. Solo pude balbucear:

- Lo siento Joan – arrastré las palabras que sonaron como las de un agónico moribundo -.

- Bueno ya que los dos sabemos en esencia lo que ha ocurrido, será mejor que hablemos de futuro más que de pasado, es demasiado doloroso para incidir en él.

- Por favor Joan déjame explicarte – intentaba un último intento de no sé bien que – todo eso es terrible pero ya pasó hace muchos años, ahora es diferente, sabes que te amo…

- No Marta, para mí no fue hace muchos años, para mí fue “ayer”. Y no mientas diciendo que me amas, a alguien quién realmente amas no le haces lo que me has hecho a mí, ¿me amabas tanto mientras te tirabas a todo el mundo? ¿mintiéndome hasta día de hoy, ocultándome todo y negándome el derecho de poder tomar ninguna decisión? – su tono era puro hielo -.

- Joan, sé que no merezco tu perdón, pero te juro que te amo, que incluso en esos momentos te amaba… cuando no era yo… era, no sé… otra diferente a la que ahora está frente a tus ojos.

- Marta ya no sé quién eras entonces ni que eres ahora. La mujer a la que amaba ya no existe y ahora dudo si realmente llegó a existir.

- Por favor Joan… tratemos de arreglarlo, por nosotros, por nuestros hijos.

- No me hables de nuestros hijos, ¿qué maldito ejemplo le has dado a nuestros hijos? Por otro lado no sé si realmente son hijos míos. Dentro de unos días tendré los resultados de las pruebas de paternidad y eso podrá afectar mi relación de padre con ellos y respecto a nuestro acuerdo.

- Pero cómo puedes pensar que los niños no son…

- ¿Qué no son míos? ¿Qué cómo puedo pensar eso, maldita hija de puta? ¿Cómo te atreves a decirme eso después de lo que has hecho y tal vez sigues haciendo?

- Yo… Joan yo… - ya no pude contener el llanto – jamás volvería a hacerte nada de eso ni a mentirte…

- Claro que no… - su tono era burlón – cuando te reclamé en nuestra primera crisis me juraste y perjuraste que me eras fiel, y seguiste mintiéndome en la cara miles de veces más, mentiras que has mantenido por años. ¿Cuál de todas las rondas de tus versiones es la verdadera?

- Por favor Joan, confía en mí - mi desesperación estaba al máximo -. Soy consciente del daño irreparable que te he causado y conozco lo que la infidelidad representa para tus sentimientos, pero te juro que jamás volveré…

- Marta, no me hables de mis sentimientos, ¿qué sabrás tú lo que siento? ¿Que confíe en que no lo repetirás? No hay amor sin confianza y tú la has perdido toda y nunca la recuperarás. Escucha bien lo que siento y comprenderás un poco el dolor que me has causado. Siempre te he colocado en primer lugar de mis prioridades y tú me has relegado al último de las tuyas. Mi amor era sincero e inquebrantable, incluso en los momentos más oscuros, y tú necesitaste de otros que te validaran mientras mi validación era una mierda para ti. No sabes el dolor que me ocasiona el descubrir que no soy nada para la persona con la que compartí todo.

Me has demostrado que nunca seré suficiente para ti, solo te has preocupado de tu propia satisfacción. Siento una horrible sensación de pérdida cuando en realidad no tenía nada que perder ya que nunca fuiste mía.

- Por favor Joan, no sigas, no puedo soportar el daño que te he hecho… lo siento tanto, daría lo que fuese para que lo olvidases todo, que algún día pudieses perdonarme…

- No Marta, nunca podré olvidar lo que me has hecho a mí y a nuestros hijos y solo perdonaré cuando desaparezca el dolor, pero no sé si eso ocurrirá algún día.

Ya no pude decir nada más, el desprecio reflejado en su mirada era definitivamente insoportable. Tenía miedo de saber cuál sería el próximo paso de nuestra separación, qué términos contemplaría y mi capacidad para soportarlos.

- ¿Qué va a ocurrir ahora? – mi voz apenas se oía mezclada con mi hipado llanto -. Está claro que quieres divorciarte de mí – señalé los documentos -.

- Desde luego es imposible seguir juntos, no concibo la idea de enfrentarme constantemente a una vida de miedo, preocupación, ansiedad, de desconfianza, sin conocer la paz al lado de alguien desconocido que puede traicionarme en cualquier momento.

- Supongo que no sirve de nada decirte una y mil veces que lo siento…

- No te molestes que no me afecta si lo sientes o no. A partir de ahora simplemente ya no eres nada para mí, no me importas más que cualquier persona que pasa por la calle, aunque la realidad es que tu sola presencia me provoca náuseas. No voy a hacer penitencia por tus pecados, yo no he hecho nada malo.

Esas palabras pronunciadas con tal frialdad y desprecio acabaron por destrozarme. No me sentí capaz de rebatir nada de lo que decía y del sentimiento de asco que le provocaba a ese hombre que lo hubiera dado todo por mí, pero que ahora expresaba su repudio. Sin esperar ningún comentario mío continuó con lo que iba a ocurrir a partir de este momento.

- No sé si has podido leer el redactado del acuerdo, pero te voy a hacer un resumen. Todo lo que está aquí detallado no es negociable, si te opones voy a destruirte, delante de tu madre, de nuestros hijos, en tu trabajo, frente a nuestras amistades y te aseguro que no tendré piedad, a banda de arruinarte económicamente. En cambio, si aceptas este acuerdo más que generoso, nadie sabrá jamás de mi boca los motivos reales de esta separación. Soy capaz de asumir que todo el mundo sepa que mi amor por ti ha desaparecido y que prefiero que cada uno siga su camino, aceptando mi parte de culpa. Vamos a divorciarnos de inmediato, voy a permitir la custodia compartida al 50% porque estoy convencido que nuestros hijos te necesitan como madre. Aceptaré que sigas viviendo en esta casa para que los niños sientan que no cambia nada en lo referente a su hogar habitual. Yo viviré en mi antiguo piso, donde empezamos a construir aquel sueño que tus acciones han destruido.

Cada mes recibirás una pensión alimenticia para los niños, cubriendo todas sus necesidades que deberán ser satisfechas completamente. Ese dinero es exclusivo para ellos y tú no podrás en ningún caso utilizar ni un solo euro para tu disfrute personal. Si incumples esto, romperé el acuerdo y te destruiré. No quiero volver a hablar contigo a menos que sea imprescindible y siempre relacionados con la copaternidad. En esta libreta – Joan me tendió un cuaderno de tipo Moleskine® con tapas de color negro – escribiremos todo lo que tengamos que decirnos sobre la logística de los niños, repito, solo temas de los niños. También he creado dos cuentas de e-mail para la misma función. He hablado con tu madre sobre nuestro divorcio y no se lo ha tomado nada bien, aunque se ha comprometido en ayudarnos en todo lo posible. A medida que los niños tengan la edad adecuada, podrán escoger si quieren seguir viviendo exclusivamente con alguno de nosotros. Si me eligen a mí, tendrás que abandonar esta casa de igual manera que deberás hacerlo en el momento que se independicen.

Todo esto queda supeditado a los resultados de las pruebas de paternidad. Si indican que no soy su padre, la custodia será para ti al 100% y tendréis que buscar un lugar donde vivir, ya que no permitiré que viváis aquí. Aunque no querré ningún contacto con ellos, me comprometeré en pagar todo su crecimiento y educación hasta que puedan valerse por sí mismos. Nunca permitiría que les faltase de nada, pero no podría seguir con el desgaste emocional que me perseguiría el resto de mi vida al recordar tus traiciones. Deseo con toda mi alma que esto no sea necesario.

- Ten por seguro que son hijos tuyos – dije con rabia contenida -.

- Eso es lo que espero y deseo. De no ser así ya sabes cuál será mi proceder.

- Joan, por favor… entiendo que estés dolido por todo esto y reconozco que toda la culpa es mía por las decisiones tomadas, pero… no es necesario que perdamos el contacto entre nosotros, si bien entiendo que no podemos seguir siendo pareja… podríamos trabajar para volver a ser amigos.

- No Marta, te repito que no quiero saber nada de ti, no me importa nada de lo que hagas a partir de ahora, eres libre para hacer lo que quieras de tu vida, pero no tendrás ni un trocito de mí en ella. Si no nos queda más remedio que vernos en alguna ocasión por algo relacionado con los niños, te aviso que no quiero ni que me dirijas la palabra, y si puedes estar a 30 metros de distancia, mejor que a 10. Solo comunicación por la libreta o por e-mail.

- ¿Pero no te das cuenta que eso es una crueldad innecesaria? – mi mundo se derrumbaba sin remisión y no me quedaba ningún argumento para apuntalarlo -.

- Crueldad es lo que me has hecho tú maldita hija de puta – ahora abandonaba por primera vez el tono gélido mostrado hasta el momento para dejar escapar su rabia contenida -. Desde que lo descubrí todo no he parado de hacerme un montón de preguntas cuyas respuestas no cesan de torturar mi alma.

- Joan… pregúntame lo que quieras… prometo responderte con sinceridad… por mucho que me duela… que te duela… te lo debo mi amor…

- No me llames amor por que no quiero serlo… y si quieres que te pregunte lo haré, aunque si no me respondes tampoco es que importe demasiado. Solo con que seas capaz de responderte a ti misma ya me vale. Estoy seguro que esas respuestas te servirán para hacerte una idea del dolor que has causado.

- Por favor Joan… lo que quieras…

- Bien… entonces ahí va la primera… ¿Por qué?

- No lo sé, no he sido capaz de descubrirlo ni con la terapia… todas mis justificaciones de entonces eran falsas…

- ¿Te hice daño alguna vez para provocar eso?

- Jamás… nunca… ni lo más mínimo…

- ¿Qué hice mal?

- Nada…

- ¿Por qué con todos y no conmigo?

- A día de hoy no lo sé, mi tampoco como fui capaz…

- ¿Por qué disfrutabas humillándome, faltándome al respeto de esa manera tan cruel?

- Sé que es imperdonable y me he arrepentido de cada una de esas malditas palabras… supongo que me excitaban y aumentaban el morbo de la situación… pero jamás he pensado esas cosas de ti, aunque eso sirve de bien poco ahora…

- ¿No te importaba que pudiese infectarme de algo al hacerlo con tantos? Apenas he visto condones en los videos. ¿Y un embarazo?

- Tomaba anticonceptivos y todos pasábamos por un examen de ETS antes de hacer nada y el que no, con preservativos. Eso era rigurosamente sagrado.

- ¿Cuánto duró, si es que te detuviste alguna vez?

- Te juro por nuestros hijos que en el 99 se terminó todo, cuando fui consciente de lo estúpida que fui. Empezó con Pilar durante mi excedencia, lo hicimos en bastantes ocasiones hasta el 96. Dos años más tarde, en el 98, me reencontré por casualidad con Toni y volví a caer, supo tocar los puntos necesarios para convertirme en esa puta desfasada que has visto en los videos durante 9 meses. Luego se terminó todo y nunca más te fui infiel, te lo prometo.

- Supongamos que eso es cierto… ¿Por qué paraste?

- Pues… yo… que vergüenza Dios mío… paré porque fui víctima de una terrible violación… que soy incapaz de relatarte…

- Vaya… lo siento… nadie merece pasar por una situación así…

Su rostro cambió por unos instantes y pude observar que esta revelación le impactó de pleno, reflejando el dolor que con seguridad estaba sintiendo por mí. Por un momento pensé en aprovecharme de sus sentimientos y continuar recreándome en la violación, para seguir afectando y debilitando su firmeza. Pero lo desestimé de inmediato. Me sentía una mierda como persona y no podía añadir más vileza a mis acciones, las que me habían llevado hasta ese punto.

- Ya pasó y lo superé… fui yo quien se metió en esos juegos y uno de ellos no salió bien… Pero sirvió para abrirme los ojos sobre lo que estaba haciendo.

- ¿Debo pensar que si no hubieses sufrido esa violación… hubieses seguido con todo eso?

- Yo… yo… es posible… estaba en un momento en el que no podía parar… no puedo justificar lo injustificable…

- ¿Bien… y hay mucho más que lo que he visto en esos dos discos?, ¿sabías lo de las filmaciones?

- Joan… yo… sí… fueron muchos más, no sé con cuántos hombres llegué a estar…, pero fueron muchos más de los que has visto. Me arrepiento de todos y cada uno de ellos… pero eso ya no lo puedo cambiar… Respecto a las grabaciones, las desconocía y jamás las hubiese permitido de saberlo.

- Bien, no sé si quiero agradecerte tu sinceridad o maldecirla… en cualquier caso la acepto. Ahora debemos terminar. Mañana hablaré con los niños y les explicaré lo que te he dicho. Espero que tú hagas lo mismo y mantengas la misma versión que yo. Debemos conseguir que sufran lo menos posible y se acostumbren con rapidez a la nueva realidad.

- Pero Joan… podríamos hacerlo de otra manera menos… traumática… si se dan cuenta que sus padres no tienen ningún tipo de relación les dolerá mucho más.

- Tal vez sea así, pero es la única manera que quiero y puedo soportar, y tú lo tienes que aceptar.

- No sé si podré vivir así… sin ti ya no sé si tan siquiera quiero seguir viviendo...

- Pues tendrás que hacerlo por que tus hijos te van a necesitar y debes estar ahí para ellos. Haz lo correcto, aunque sea por una vez en tu vida… joder. – Joan casi me gritaba -. Olvídate de mí y concéntrate en los niños, ellos son lo único que nos debe importar.

- Por favor Joan, no me apartes completamente de tu vida… tan solo concédeme un pequeño espacio y te prometo que…

- ¡Basta ya!… No más promesas ni palabras vacías. Lo nuestro se ha acabado para siempre y no pararé hasta conseguir olvidar que alguna vez estuviste en mi vida. Borraré todo lo bueno que pasamos juntos porque me recordarán tu existencia, hasta eso me has robado. Has destrozado mis sueños de envejecer junto a la mujer que tanto amaba, con la que quería ver crecer a nuestros hijos y nietos. Ahora ya no hay más que decir. Adiós.

Se levantó y salió de la casa dejándome totalmente rota. Ya nada se podía hacer sino decidir si morir o continuar sobreviviendo, aunque las palabras de Joan sobre que debía continuar siendo la madre de mis hijos, despejaron cualquier duda al respecto de cómo tenía que proceder.

Una imagen ficticia vino a mi mente por un instante, en ella me veía matando a Pilar y a Tony de las formas más crueles que fui capaz de diseñar, por ser unas personas horribles que me habían traicionado con esos videos, con su entrega a Joan, destrozando mi vida. Recé para no encontrármelos nunca porque dudaba de mi capacidad de poder reprimir mi rabia hacia ellos. Desestimé ese pensamiento convenciéndome que no perdería a mis hijos por ir a la cárcel al cometer una locura por culpa de esos hijos de puta. Intenté centrarme en el ahora, aunque el panorama futuro fuese desolador.

Lo acababa de perder todo, a mi marido, a mi familia tal como hasta ahora la entendía. Nada volvería a ser igual, Joan me había dejado muy claro que ya no existía para él, que a partir de ahora solo sería una cuidadora de nuestros hijos a tiempo parcial, con la que solo pensaba relacionarse el resto de su vida mediante una triste libreta y un e-mail.

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