Xtories

Y los sueños, sueños son. - Cap. 11

Marta creía tener el control de su vida y su matrimonio, hasta que un sobre en la mesa le reveló una verdad que no podía negar: Joan lo sabía todo. Los videos no solo mostraban su traición, sino una degradación que ella misma había permitido. Ahora, con el divorcio en el aire y el miedo la consuma, debe decidir si confiesa o si sigue fingiendo ser la esposa perfecta mientras su pasado la persigue.

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Marta – mayo 2006 – (Miedo)

Estuve vacilando sobre la mejor forma de contrarrestar el impacto de la historia de Pilar en la mente de Joan, sin dejar de banda la rabia que sentía por su segura traición con Katy.

¿Podía aceptar como mal menor que esa infidelidad con la norteamericana fuese provocada por despecho y venganza, influenciada por las palabras de Pilar? Claro que podía aceptarlo.

Me sentía plenamente capaz de revertir su historia, alegando que el odio y envidia que ella me tenía por el amor que mi marido me procesaba y que sus infructuosos intentos para seducirlo, la habían llevado a mentir descaradamente sobre lo de mi infidelidad. Era cuestión de situar el foco convenientemente sobre lo que me interesaba iluminar y añadir sombras hacia aquello que me perjudicaba. Al fin y al cabo, era su palabra contra la mía.

Observé con curiosidad el abultado sobre que Joan había dejado en la mesa y recordé sus palabras de echarle un vistazo a su contenido. Lo cogí y abriendo la solapa superior lo vacié sobre la mesa. Lo primero que cayó fue el maltrecho libro que años atrás le había prestado a Pilar, pero había más objetos en su interior que se evidenciaron al desperdigarse por la mesa. A parte del libro de lactancia, se deslizaron dos discos dvd enfundados en sus cajas transparentes, y otro sobre de tamaño folio cuyo interior parecía estar repleto de documentos. Aparté el libro y saqué los documentos del interior del sobre. La bofetada emocional que sentí me impactó de pleno.

En el título de la primera página se leía claramente “ACUERDO DE DIVORCIO”.

Las manos que sostenían aquellos documentos empezaron a temblar al tiempo que mi vista se nublaba de tal manera que me era imposible leer correctamente el complicado redactado de esos papeles. Solo recuerdo palabras concretas como “acuerdan, domicilio, hijos, custodia, pensión alimenticia, educación, restitución, mayoría de edad, bienes, patrimonio, separación…” y otras palabras que de forma inconexa mi voz pronunciaba en voz alta, y que mi mente no era capaz de procesar.

Los papeles cayeron al suelo ya que mis dedos temblorosos no eran capaces de soportar su liviano peso. Me desplomé sobre la silla mientras mis pulmones parecían estar a punto de colapsar por falta de oxígeno. Joan quería divorciarse de mí. Ni en la peor de mis pesadillas había imaginado que el confrontarlo por su infidelidad con Katy condujera a esta resolución. Desde el primer momento estaba dispuesta a perdonarlo por su engaño, evidentemente con la preceptiva penitencia, pero en definitiva, acabando por perdonarlo.

Esos documentos situaban nuestra relación familiar en otro nivel para el que no estaba preparada. Mi ansiedad había llevado a olvidarme de los dvd’s y estos llamaron de nuevo mi atención. A través del plástico de sus cajas se veía escrito con rotulador permanente “Marta 1” y “Marta 2”. Reuní las fuerzas necesarias para levantarme y colocar el disco nº1 en el reproductor de dvd y al poco rato, en la televisión apareció oscilante un título con letras rojas sobre un fondo azul claro. Decía: “Marta – Sitges 95-96” y tras 10 segundos empezó a reproducirse un video.

- No…No… no es posible… - es todo lo que pude decir -.

Las imágenes del video estaban tomadas con una cámara situada en la habitación de matrimonio de Pilar de la casa de Sitges, enfocada lateralmente hacia la cama. La calidad de la imagen no era especialmente buena y mostraba sobreimpresionada en pantalla “s-vhs” y la fecha de un día concreto del año 95. En escena se me veía claramente comiéndole el coño a Pilar, que lanzaba jadeos de placer de lo bien que lo pasaba por el oral que le estaba haciendo. De fondo se oía a Pol y a Edgar jugando y chillando felices en la habitación contigua. El video estaba editado y al poco rato cambió a otra secuencia en la que ahora se nos podía ver a Pilar y a mí en un perfecto 69 que acababa en unos orgasmos casi simultáneos. Seguía con diferentes acciones lésbicas donde se evidenciaba como lo estábamos disfrutando las dos. Sin pausa apareció otro video distinto fechado en el año 96, donde Pilar y yo volvíamos a tener sexo en su cama y esta vez se oía como Joan y Toni nos gritaban para que las dos bajásemos a bañarnos a la piscina con ellos y con los niños. La imagen continuaba hasta que una vez cobrado el premio de nuestros orgasmos, salíamos de la habitación para ir a reunirnos con nuestros hijos y maridos. Fundido en negro…

Estaba lívida, aquello sí que era la sentencia definitiva de mi matrimonio, Joan lo había visto y ya no tenía excusa ninguna. Una cosa era negar todo lo que decía Pilar aduciendo que era una mentirosa y otra era enfrentarme a la evidencia gráfica e irrefutable de mi traición. Aunque argumentase que aquello sucedió hace más de 10 años a Joan le importaría una mierda, para él una infidelidad era una infidelidad y jamás lo aceptaría.

Pensando en lo que eso supondría para mi familia no pude más que llorar amargamente. De nada servirían todos estos años de amor incondicional que le dediqué para aplacar mi culpa, para reiterarme que Joan era lo mejor que me había pasado en la vida y que nunca encontraría un amor como el que me ofrecía cada día y que yo también sentía por él con toda mi alma.

Maldije a mi supuesta amiga por grabar esos videos sin mi conocimiento ni consentimiento, sentía mi intimidad ultrajada y le deseé lo peor por mostrárselo a mi Joan, provocando la destrucción de mi familia sin remedio.

Como una autómata coloqué el dvd nº 2 en el reproductor y esta vez los títulos eran muy diferentes en su edición que los del disco anterior. Decían: “Marta – apartamento Barcelona – 1998/99”. Luego apareció un índice numerado con el enunciado de los cuatro videos que debía de contener el disco. Tan solo con leer esos títulos, antes de empezar la visualización de esos videos, adiviné su contenido y… colapsé.

Debieron pasar unos 20 minutos cuando recuperé el conocimiento tendida en el suelo, y en la pantalla del LCD seguían los textos del menú, esperando a que alguien apretase el botón del play.

- 1. N*

- 2. P**

- 3. P***

- 4. E****

Tragué saliva, respiré profundamente y me dispuse a soportar la visualización de esas escenas que había intentado olvidar durante los últimos siete años, relegándolas al rincón más oculto de mi mente. Evidentemente Joan las había visto, por lo que el daño era irreparable. Seleccioné el video 1 y comencé a digerir esas escenas de sexo depravado en las que yo era la feliz protagonista. Fue impactante recordar la lujuria con la que acometía sin complejos esos actos sexuales, tanto por lo que era capaz de hacer, como por las palabras que llegué a soltar por mi boca. Las imágenes eran algo mejores de calidad que las del disco anterior, todas estaban grabadas en aquel apartamento, mayoritariamente en la habitación y en el gran salón-comedor. Se habían utilizado al menos dos cámaras fijas (y ocultas) en cada ocasión y los videos estaban bastante bien editados, ajustando su duración a la capacidad del dvd.

Mientras avanzaba el metraje, comencé a rememorar cuando fue que empecé ese camino de descenso hacia la destrucción. A día de hoy sigo sin comprender como fui capaz de tomar esas malas decisiones sin que ninguna circunstancia me forzase a ello.

Marta – 1995 – 1999 – (La verdad)

Después de nuestros partos, Pilar y yo iniciamos una gran amistad, por nuestros hijos y la forma de criarlos como principal nexo de unión. Como Joan en esa época necesitaba salir de viaje por motivos laborales con frecuencia, aprovechaba muchos de esos días en que estaba sola con mi hijo para quedarme en casa de Pilar. Eso duró prácticamente hasta los dos años de nuestros hijos, disfrutando de mi baja por maternidad y de la larga excedencia en el trabajo acordada con Joan. Fue allí donde empezó todo, debido a la estrecha relación que me unía a Pilar me dejé influenciar por los cantos de sirena de esa bella mujer, abducida por sus íntimas confidencias donde me contaba las excelencias de su vida sexual que le proporcionaba su matrimonio abierto, de lo fantástico que era explorar cosas nuevas, y sin darme cuenta, en una de esas noches de complicidad femenina tendidas en la cama de su habitación mientras los niños dormían, me besó.

Aquello fue un shock para mí, pero no me opuse a sus avances. Sin darme cuenta, me encontré colaborando con ese beso mientras sus dedos se abrían paso apoderándose de mi sexo hasta provocar mi orgasmo con sus hábiles movimientos. No tardó en descender su boca hasta mi coño, previa parada para lamer y succionar mis duros pezones. Sus labios y su lengua trabajaron sin descanso sobre mis labios vaginales, con especial dedicación a mi clítoris que crecía por la excitación de tal fantástico oral que recibía. Pese a la negación que salía de mi boca diciendo que parase, que aquello estaba mal, que no podía serle infiel a Joan, mi cuerpo se rebelaba a esas palabras y cedía sin oposición a las maniobras de Pilar, que solo querían obtener el trofeo de mi clímax sin importarle nada más. Después de eso ya no pude evitar lo que siguió a continuación, Pilar colocó su sexo a la altura de mi boca solicitando el retorno del placer que acababa de regalarme. Ya estaba perdida y opté por corresponderle con un oral inicialmente inexperto, pero que a través de mi creciente excitación y de sus expertas instrucciones, llegué a culminar proporcionándole a Pilar un buen orgasmo.

Después de eso vinieron los lloros y el remordimiento por haber sido infiel a mi marido, consciente de que no se merecía lo que le acababa de hacer, y que de descubrirlo, significaría el final de nuestro matrimonio. Pilar me calmó relativizando lo ocurrido y perjurando que Joan jamás se enteraría por ella.

A partir de ese día y durante los dos años que duró aproximadamente nuestra relación de amistad, el sexo con ella se repitió unas 20 o 30 veces, pese a mis intentos de no volver a serle infiel a Joan. Pilar sabía excitarme con sus historias de sexo con Toni y con Lucas, además de con otros acompañantes esporádicos, a lo que yo respondía con una lívido desatada cuando pillaba a mi marido por banda, consciente de que el sexo con él era muchísimo mejor que con Pilar.

Luego empezaron las continuas conversaciones en las que Pilar quería que convenciese a Joan de que se uniera con ellos a experimentar los intercambios de pareja y que aceptase participar en sesiones de sexo grupal con ellos y con otras personas. Me confesó que estaba loca por follarse a Joan y que yo disfrutaría como una perra siendo follada por Toni y por Lucas, que ellos le habían expresado que yo les atraía mucho, aunque jamás se atreverían a hacer nada conmigo sin mi predisposición ni mi consentimiento. No podía negar que esa idea me excitaba, pero también tenía presente que sería del todo imposible que Joan aceptase nada de eso jamás.

Sabía cómo Joan tenía de cruzada a Pilar y que el solo hecho de proponerle algo con ella, algún intercambio o cualquier variante con otras personas, sería la ruptura definitiva de nuestro matrimonio. Con solo mencionarle a Joan mi interés de protagonizar alguna de esas cosas, mi marido se lo tomaría como una declaración de que él no era suficiente para mí y automáticamente daría un paso al lado y rompería conmigo. Sería diferente si esta propuesta viniese provocada por la hipotética circunstancia de que yo no me sintiese satisfecha con nuestra relación sexual y que le manifestase su incapacidad de hacerme sentirme plena por su culpa, solo bajo esta premisa veía a Joan capaz de permitirnos explorar con otras personas, y lo haría por amor hacia mí. Pero nada de eso correspondía a nuestra realidad ya que el sexo entre nosotros era prácticamente perfecto, por lo que cualquier otra opción a la exclusividad entre nosotros caía por su propio peso.

Le advertí a Pilar que Joan nunca aceptaría nada con ella y la prueba de ello fue el desprecio total de mi marido a cualquiera de las muchas y descaradas insinuaciones de Pilar y a sus inapropiadas provocaciones. Tras varias discusiones con Joan al respecto del comportamiento de mi amiga, le pedí a Pilar que dejase de acosarlo y aparentemente dejó de hacerlo. No por ello dejamos de tener sexo lésbico de forma esporádica y continuaron las confesiones de su vida de matrimonio liberal.

El día de máxima excitación a la que me arrastró conscientemente Pilar fue cuando fuimos a aquella playa nudista, donde pretendía humillar a Joan frente a los penes de Toni y de Lucas, cosa que no consiguió. Pero lo que sí provocó en mi con la visión del tamaño de las pollas de esos dos fue que esa noche me calentase de tal manera que me follé a Joan como la mayor de las zorras, imaginando que estaba con los tres, queriendo ser su puta a la que podían hacerle cualquier cosa que quisieran. Al día siguiente me sentía una mierda por esos pensamientos de traición a mi Joan y la actitud infantil de Pilar acabó por cabrear a mí marido, y pensé que mi relación con ella se terminaba en ese momento.

Transcurridos unos meses Joan aceptó que volviésemos a relacionarnos, aunque de una manera menos intensa. No estaba entre mis planes, pero volvimos a tener sexo entre las dos y todo pareció estar más o menos controlado hasta el día en que el encoñamiento de Pilar con mi marido, la hizo perder la cabeza y decidió comerle la polla a mi Joan. Cuando todo explotó, al verlos desnudos en la cama y ver su mirada orgullosa y desafiante, sentir como Pilar incumplió las promesas de dejar en paz a Joan, no pude controlarme, los celos se apoderaron de mí y la golpeé con toda la rabia que sentía en ese momento. De no ser por Toni estoy convencida de que la hubiese matado. Y allí acabó nuestra relación para siempre, aunque dos días después la llamé para amenazarla con contarle a Toni todas las veces que ella se saltó las reglas establecidas en su matrimonio abierto, si se le ocurría contarle a Joan mis deslices con ella. Volvió a jurarme que jamás lo haría y yo la creí.

Pasaron casi dos años en los que me convencí de que aquella etapa de infidelidades con Pilar jamás se repetiría, y me sentía feliz de que aquello fuese difuminándose en el pasado y que ya nunca pudiese afectar a mi matrimonio. Pero todo no suele salir como queremos.

Debía ser a mediados del 98 cuando ocurrió. Era un viernes en que había podido salir temprano del trabajo para comer un “tente en pie” y aprovechar para hacer algunas compras en un centro comercial antes de recoger a Pol en la escuela. Joan no regresaría hasta la mañana del sábado y me dispuse a disfrutar de ese pequeño tiempo para mí misma.

Fue por casualidad que nos encontramos a la entrada del restaurante que ambos escogimos para comer. No había vuelto a ver a Toni desde que rompimos la amistad con Pilar unos dos años atrás y nos distanciamos de ellos. Joan sí que mantenía alguna relación laboral con él esporádicamente, ya que había traspasado las cuentas de su empresa al banco de Toni, las cuales gestionaba personalmente. También se reunían una vez cada tres o cuatro meses para jugar juntos a golf.

Estaba tan guapo como siempre y nos saludamos afectuosamente mientras nos sentábamos para compartir mesa. La conversación durante la comida fue muy amena y la alargamos con los cafés. Hablamos de su divorcio con Pilar por lo difícil de su carácter y por romper demasiadas veces las normas pactadas en su matrimonio abierto. Ellos compartían siempre sin secretos sus experiencias sexuales con otros y acordaron la no implicación sentimental con terceros. Por desgracia, Pilar omitía contarle a Toni muchas de sus aventuras y alguna que otra relación más emocional que sexual, dado lo enamoradiza que era ella por naturaleza.

Pese a todo esto mantenían una gran amistad, la custodia de su hijo Edgar era compartida al 50% aunque era su cuidadora de siempre la que se ocupaba de la crianza del niño mayoritariamente. También continuaban confiándose sus experiencias con otros, incluso follaban de vez en cuando y organizaban algún trío con Lucas, su amigo de la infancia. Al mencionar lo del trio con Lucas, no pude evitar el recordar la vez que estuvimos en aquella playa nudista y la visión de los enormes penes de los dos que tantos sueños sucios me provocaron entonces. También recordé las calientes historias que Pilar me contaba de los encuentros con esos dos, como la penetraban haciéndola sentir doblemente llena y en los orgasmos que la llevaban al paroxismo.

Esos recuerdos me estaban excitando mientras Toni seguía hablando con su voz melódica y sensual. Intenté pensar en Joan, en lo que lo amaba, evitando recordar mis infidelidades con Pilar años atrás, pero mi sexo se estaba humedeciendo por culpa de la imaginación.

El tiempo transcurría y la conversación fue derivando a temas más picantes, y Toni empezó a expresar lo mucho que siempre le había gustado desde que me vio desnuda en la playa. Me ruborizaba de la naturalidad con la que se expresaba acerca de mí, de mi cuerpo, sobre lo mucho que me deseaba desde esos días y lamentaba no haber sido lo suficientemente valiente para intentar algo conmigo.

Le recordé fingidamente ofendida que estaba casada, que amaba a Joan y jamás le sería infiel, a lo que él me contestó.

- Tal vez jamás… no es la palabra correcta. – sonreía irónico -.

- ¿A qué te refieres? – le contesté temiendo la respuesta -.

- Venga Marta, ya sabes que entre Pilar y yo hay pocos secretos. Sé que follaste con ella al menos en 20 ocasiones y que Joan nunca se enteró. Mucha fidelidad no me parece a mí.

- Yo… yo… aquello… fue un error… yo… nunca más le he engañado…- estaba nerviosa por como transcurría la conversación -.

- Tranquila mujer… no te preocupes que no te estoy juzgando. Solo digo que esas cosas pasan y lo importante es no hacer daño a la pareja, y si para ello hay que ocultarlo, pues se oculta y punto.

- Joder Toni… no sé lo que pensarás de mí. Aquello pasó y ya no puedo cambiarlo, pero nunca volverá a suceder.

- Marta, Marta… nunca digas de esa agua no beberé – se reía simpático -.

- Toni, no seas malo…

Seguimos hablando en confianza y con una complicidad como la que solo alcanzaba con Joan. Me convenció de ir a tomar una copa a otro sitio y seguir con la conversación. La verdad es que estaba muy a gusto con él y acepté encantada. No sabía por qué me estaba dejando arrastrar por Toni hacia un terreno pantanoso, pero al mismo tiempo lo estaba deseando.

Llamé a mi madre para que fuese a recoger a Pol a la escuela con la excusa de las compras, que llegaría a la hora de cenar y nos quedaríamos a dormir en su casa. Mi madre aceptó encantada mientras Toni y yo subíamos a mi coche para dirigirnos a tomar esa copa.

El local estaba bastante concurrido a pesar de lo temprano de la hora, básicamente eran ejecutivos y oficinistas que se relajaban del estrés de la jornada laboral y contentos por el inicio del fin de semana. Nos sentamos en la barra muy cerca el uno del otro para poder escucharnos por encima del ruido ambiental. Toni siguió con la clara intención de seducirme y la verdad es que su táctica estaba causando efecto en mis defensas, disparando mi excitación de forma insospechada.

Ya llevábamos bastante tiempo sentados en la barra con las copas en la mano y con una tensión sexual que necesitaba de una pronta resolución. De repente pareció que el tiempo se detenía a nuestro alrededor, dejamos de hablar mientras nuestro silencio nos alentó a mantener la mirada fija en el otro. Entonces me besó, suave al principio, pero rápidamente su lengua venció mi falsa resistencia y la mía se unió a la suya para prolongar ese excitante beso.

- Esto no está bien – dije separándome de él colocando una mano sobre mi boca, como intentando edificar una barrera para impedir que repitiera el beso -.

- Al contrario preciosa, esto es perfecto, y ahora vendrás conmigo para terminar juntos lo que hemos empezado.

No dije nada asumiendo sus palabras como si de una orden se tratase, simplemente dejamos las bebidas sobre la barra, caminamos juntos cogidos de la mano hacia el exterior del local hasta subir a mi coche. Permanecimos en silencio mientras yo conducía hacia su apartamento en la zona alta de Barcelona. En mi mente aparecía la imagen de Joan y oía su voz suplicándome que no lo hiciera, y yo no paraba de decirme a mí misma que debía de detener eso de inmediato. Pero no hice nada.

Desde el parking cogimos el elevador hasta su planta. Durante el ascenso no nos tocamos, solo nos miramos como dos extraños que se encuentran cada mañana sintiendo la típica incomodidad de no saber que decir.

Entramos en su lujoso apartamento que ya conocía por que tiempo atrás ambas parejas habíamos cenado un par de veces allí. Pareció como si al traspasar esa puerta desaparecieran todos los temores y remordimientos, sintiéndonos a salvo del resto del mundo. Nada más entrar, se desató la pasión, las bocas, las manos, nuestros cuerpos liberados de sus vestimentas empezaron una danza lujuriosa que nos acompañó hasta la habitación. Toni se tumbó desnudo en la inmensa cama, con su polla erecta, enorme, majestuosa, la más grande que jamás había visto en ese estado y que me hipnotizaba ordenándome que me arrastrase hacia ella para engullirla.

Y eso es lo que hice. Me la comí toda, y también me bebí todo el néctar que me ofreció para saciar mi sed, sin desperdiciar ni una sola gota.

Luego siguió todo lo demás, durante dos horas follamos como locos, como si no hubiese un mañana, me llenó con ese pene creado y adiestrado para dar placer a una mujer, me folló muy duro, pero asegurándose de que lo disfrutase al máximo, provocándome unos orgasmos increíbles, con su boca, con sus manos, y sobre todo con esa maravillosa polla que invadió mi ser sin límite alguno.

Cabalgué desbocada sobre su miembro que se adentraba hasta lo más profundo de mis entrañas y fui percutida sin miramientos hasta arrancarme los chillidos de placer más salvajes que recordaba. Me entregué toda, sometiendo mi cuerpo al suyo de principio a fin.

Salí del baño secando mi piel fuertemente con una toalla, como intentando limpiar mis remordimientos por la traición cometida. Comencé a vestirme a medida que recogía mi ropa desperdigada por el suelo de la habitación. Él seguía desnudo semi-incorporado en la cama mientras observaba el nerviosismo de mis movimientos. Le miré con cara seria y dije:

- Esto no se va a volver a repetir Toni, amo a mi marido. Él y mi hijo son lo más importante de mi vida y no estoy dispuesta a perderlos por un polvo cualquiera. Lamento lo que acabamos de hacer, no debería haber ocurrido nunca.

- Tu di lo que quieras, pero esto no ha sido un polvo cualquiera. Te has corrido un montón de veces en dos horas. Mi polla te ha vuelto loca, reconócelo, nunca habías probado una como esta – Toni agarraba su miembro y lo balanceaba estúpidamente de un lado a otro -.

- Lo he pasado muy… bien…, - reconocí - pero… el sexo con Joan también es fantástico y no se merece que lo engañe de esta manera, no debió ocurrir…

- Eso no te lo discuto preciosa, Joan es un tipo estupendo y estoy seguro que el sexo con él es genial, pero yo estoy hablando de sexo en mayúsculas. Escucha bien lo que voy a decirte porque esto es lo que va a pasar a partir de hoy. Vas a ser mi puta, hoy te has comportado como tal, y lo vas a ser más cada día, como te has entregado hoy me lo demuestra. Te voy a convertir en una zorra sin paliativos, te haré descubrir el sexo como no lo imaginaste en tu vida y me suplicarás más y más cada vez. Aprenderás y disfrutarás conmigo cosas que no imaginas que se pueden hacer en el sexo. Me he dado cuenta de tu vertiente sumisa, que te gusta que te dirijan y obedecer en el sexo, y yo te mostraré la mía como dominante. Seremos la simbiosis perfecta, el amo y su perrita obediente. El juego ha comenzado y aceptarás todo lo que te pida, sea lo que sea. Lo primero que vas a hacer en nuestra próxima cita es entregarme ese precioso culo, te lo voy a romper con mi rabo – volvió a agitar su polla con la mano - y te va a encantar, y me pedirás que nunca más deje de follártelo.

- Estás loco si piensas que te voy a dar algo que le he negado a mi marido, ¿te crees que soy de tu propiedad? No voy a permitir que me domines ni con todas las drogas del mundo.

- Bueno, eso ya se verá – decía con una sonrisa burlona -

- Se acabó, me voy… - estaba enfadada por su prepotencia, pero añadí suplicante -. Por favor Toni, esto no ha ocurrido nunca… si se descubre… destrozaría mi vida.

- Por eso no te preocupes… no seré yo el que le cuente a Joan lo puta que es su preciosa mujercita y lo que vamos a disfrutar poniéndole los cuernos, que van a ser muchos. Pronto tendrás noticias mías, estate preparada para cualquier cosa.

- Vete a la mierda.

Acabé de vestirme en el salón y salí de su casa sin mirar atrás, dando un portazo del cabreo que llevaba. En el coche iba maldiciéndome de cómo había sido capaz de entregarme a Toni sin oponer resistencia, traicionando otra vez al amor de mi vida sin justificación alguna. Otra vez me había dejado dominar por un hombre como cuando estaba subyugada con mi antiguo novio. Tuve que detenerme en el aparcamiento de una gasolinera para llorar. No podía llegar a casa de mi madre en ese estado para cenar con ella y con Pol. Debía serenarme, no podía permitir que mamá y mi hijito notasen que acababa de comportarme como una autentica zorra, entregándome sin reparos a otro hombre que no era su padre.

Ese fin de semana fue una tortura por los remordimientos que sentía frente a mi marido y mi hijo. No me atrevía a mirarlos directamente a los ojos, y tuve que inventarme burdas excusas para negarle la intimidad a Joan, que regresó de su viaje con ganas de darme un buen revolcón.

El lunes siguiente intenté sumergirme en la vorágine del trabajo para no pensar en lo ocurrido el viernes anterior con Toni, pero no dejaba de pensar en todo lo que disfruté con él en contrapartida al sentimiento de culpa por mi engaño. A primera hora de la tarde me avisaron desde recepción que un mensajero había dejado una caja para mí. Al llegar a mi cubículo de trabajo la dejé sobre mi escritorio, intrigada por la sorpresa y por su posible contenido. Era de un tamaño bastante grande, estaba envuelta con un precioso lacito de regalo y no llevaba ninguna tarjeta visible que diera pistas de su remitente. Pensé que mi marido me enviaba un detalle como tantas veces hacía sin necesidad de que fuese un día especial, simplemente porque me amaba y me lo demostraba continuamente. Joan estaría de viaje por 10 días, por lo que no regresaría hasta el jueves de la semana siguiente. No pude evitar que me entraran ganas de llorar por haberle engañado la semana anterior. Pensando en cómo le amaba me dispuse a abrir la caja.

El interior de la caja estaba compuesto de:

- Una caja desprecintada con un teléfono móvil

- Un sobre tipo carta

- Un sobrecito tarjetero

- Una caja un poco más grande que una de zapatos.

Empecé por leer la tarjeta que decía lo siguiente:

- Hola Marta. Estas son las instrucciones y algunas de las cosas que vas a necesitar para ser mi puta sumisa a partir de hoy. Un beso TONI.

No me lo podía creer, el “regalo” no era de mi marido sino de Toni, que anunciaba claramente sus intenciones dirigiéndose a mí como si fuese un objeto de su propiedad. Alucinaba con la desfachatez de ese tío, pero al mismo tiempo me excitaba mucho la situación.

La caja del celular contenía un NK 5110 nuevo, idéntico al mío de uso particular. Al levantar la tapa de la caja más grande, me quedé con la boca abierta y sin poder reaccionar. En su interior había un estuche que indicaba que era un kit de preparación anal, compuesto por una especie de pera con cánula para enemas, un tubo de lubricante, y lo que me parecieron tres consoladores de diferentes tamaños. Inmediatamente cerré la tapa y miré a mi alrededor por si alguien había visto el contenido de la caja. Estaba sofocada de la vergüenza y tuve que abanicarme con una carpeta para rebajar ese sofoco.

Solo me quedaba por leer la carta del sobre, y al acabar me dejó de lo más alucinada. Decía esto:

- Querida Marta, todo esto es para ti. Sigue estas instrucciones al pie de la letra para que todo fluya como es debido. Este teléfono será a partir de ahora nuestro medio de comunicación, solo tiene grabado un número en los contactos, es el de tu amo, o sea… el mío. He comprado un terminal idéntico al tuyo para que no levante sospechas si alguien o el cornudo te ve hablando. Debes guardarlo siempre en el trabajo o en tu coche, no te aconsejo que lo lleves a casa o en el bolso. En el celular recibirás las llamadas y mensajes para concretar los encuentros, ya te adelanto que van a ser muchos.

El próximo viernes será el día en que te romperé ese culazo que tienes, nos encontraremos en mi apartamento a las 16h., se puntual que tenemos mucha labor por delante. Ten presente que pasarás todo el fin de semana conmigo y no volverás a casa hasta el domingo por la noche, organízate como puedas con tu familia, esto no es negociable.

No debes tener miedo a que te haga daño, te prometo que tendré mucho cuidado. Para que vengas con la adaptación necesaria, debes utilizar correctamente el kit de preparación. Verás que hay tres plugs anales de tamaños diferentes. Empieza por utilizar el más pequeño asegurando una buena lubricación, llévalo toda la noche y lo que puedas durante el día. En los días siguientes, pásate al mediano y luego al más grande. Una o dos horas antes de la cita del viernes hazte un enema para estar bien limpita para mi polla. Esto deberá ser así siempre, limpia y preparada para el sexo anal. No sé si con Joan lo hacéis con condón o tomas anticonceptivos o lo que sea. El otro día follamos sin protección y no dijiste nada. Te informo que yo siempre follo a pelo y me corro donde quiero. Te aconsejo que para no estar pendiente de eso te acerques a esta consulta-laboratorio *** para que te pongan Cyclofem® o similar, es un anticonceptivo inyectable que dura unos tres meses y así no hay peligro de olvidarse alguna toma de la píldora. Desde luego no queremos un embarazo no deseado. También quiero que te hagas una prueba de ETS/ITS cada semana. Te lo pueden hacer en el mismo sitio y no tienes que pagar nada si vas de mi parte. A los propietarios les facilité un crédito cuando pasaban por dificultades económicas y estoy cobrándome el favor con estos “servicios”.

Cuando hayas leído y asimilado el contenido de esta carta, destrúyela

Estaba alucinada con lo que acababa de leer, tanto por lo que decía, como por lo que significaba, por la prepotencia y superioridad que desprendía ese capullo al creerse dominador de la situación, de mi cuerpo, de mí misma. Estuve a punto de coger todo lo de esa caja y tirarlo al primer contenedor de basura que encontrase. Pero en mi fuero interno algo me decía que no lo hiciera, que tal vez debería darme una oportunidad para explorar algo nuevo y excitante. Recordé todo lo que hicimos el viernes pasado, como disfruté hasta el límite de los orgasmos que obtuve, como entregué mi cuerpo para que Toni lo utilizase a su voluntad, alcanzando el premio de un placer indescriptible.

Tomé el celular poniéndolo en marcha con la poca carga que acumulaba la batería desde fábrica. Comprobé que realmente solo había un numero en los contactos, escribí un mensaje y lo envié.

- Ni lo sueñes…

- Te espero el viernes, no te arrepentirás. – no tardó ni 30 segundos en contestar a mi SMS -.

Aún no sé porque lo hice, pero obedecí sus órdenes como una imbécil, preparándome durante toda la semana con los plugs anales y limpiando mis intestinos para él. Y el viernes a las 16h en punto estaba llamando a la puerta del apartamento, dispuesta a entregarle a ese hombre lo que le había negado a mi amado desde el principio de nuestra relación. Y tan solo en nuestro segundo encuentro, por el simple hecho de que él me lo había ordenado, asumiendo su papel de amo y yo aceptando el de sumisa obediente. No podía entenderlo, pero era así.

La primera vez que su polla estrenó mi culo fue menos doloroso de lo que había imaginado. Su enorme polla trató mi esfínter con mucho cuidado, tomándose el tiempo necesario para que me adaptase a su grosor, avanzando poco a poco hasta entrar completamente dentro de mí por esa puerta inexplorada hasta el momento por ninguna carne. Esperó inmóvil hasta que le confirmé que podía continuar y empezó a moverse lentamente, atento a mis señales.

Acabé gozando de esa primera vez y después… ya no paró de sodomizarme al tiempo que trabajaba en mi clítoris, haciéndome descubrir un placer desconocido que me volvió loca hasta el desmayo.

Me arrepentí de no haberle permitido a Joan que me follase el culo y del tiempo perdido que desaproveché al prohibirle hacerme sentir semejante gozo.

Tres días antes del regreso de Joan de su viaje, recibí un nuevo mensaje de Toni en el celular oculto bajo llave en un cajón de mi escritorio.

- Este miércoles - 14 horas – Sorpresa, dos penes para ti sola – tu primera DP de muchas que vendrán – jueves vuelve Joan – nada de sexo con él hasta que te dé permiso. Un beso.

Y acudí con obediencia a la cita con grandes expectativas, que se reforzaron nada más llegar y comprobar que el tercer participante era Lucas. La excitación de ser poseída al mismo por dos de los tres hombres que más deseo habían despertado en mí, disparó mi lívido a cotas indescriptibles.

Si el descubrimiento del sexo anal me había llevado al cielo, sentir una doble penetración de dos penes como los que calzaban Toni y Lucas me transportó a través de la galaxia. El placer que sentí fue bestial, me daba igual que polla estaba en mi culo y cual en mi coño, cada una de ellas aportaba generosamente el 50 % del placer que sentía y deseé que aquello no terminase nunca. Me sentí completa, rellena de su carne erecta y palpitante.

Me fue fácil acostumbrarme a atender una polla con mi boca mientras la otra se movía indistintamente por mis otros dos orificios. Disfruté de la diferencia de sabores de su semen, de alimentarme de la cantidad ingente de leche que esos hombres producían para satisfacer mi sed.

Acabamos los tres rendidos en la cama, besándonos cariñosamente. Pronto me di cuenta de lo diferentes que eran entre si esos dos amigos de la infancia. Mientras a Toni le encantaba mostrar su faceta dominante y perversa, Lucas pese a follar tan duro o más que Toni, mostraba una actitud especialmente respetuosa, diría que hasta tierna hacia mí como mujer. Estaba claro que Lucas no me veía solo como un objeto del que obtener placer, sino como persona, como un igual, lo que me excitaba tanto como el trato humillante que le permitía a Toni.

Después del primer trio con Toni y Lucas, estaba loca por repetirlo. Dos días más tarde volvimos a encontrarnos de nuevo los tres, y el sexo fue incluso mejor que en la sesión anterior si cabe. Aquello fue el pistoletazo definitivo para lanzarme sin frenos a mi total perversión.

La siguiente semana, después del sms habitual con las instrucciones, Toni me esperaba en el apartamento acompañado de dos desconocidos, que fueron presentados como amigos suyos.

- Esta es Marta, mi putita personal que voy a compartir con vosotros. Está casada, tiene un hijito precioso y le encanta ponerle los cuernos a su marido. ¿verdad zorrita?

Aquellas humillantes palabras me golpearon en la cara como si de una bofetada se tratase, en ese momento debería haberle mandado a la mierda y marchado de ese lugar, pero una tremenda excitación me invadió, el deseo que vislumbré en la mirada de esos desconocidos me hizo humedecer mis bragas, e incomprensiblemente contesté:

- Claro que soy tu puta… estaré encantada de ser también la vuestra, de que me folléis los tres para hacer crecer los cuernos de mi maridito… - dije con la mejor voz de zorra de la que fui capaz -.

- Pues no perdamos más tiempo y rellenemos todos los agujeros de esta mami… No te preocupes por los condones, tengo los certificados de que están sanos a tu disposición – Toni señaló una carpeta que estaba sobre la mesa – vamos a la habitación…

Esa fue mi primera vez con tres pollas para mi sola. Me sentí repleta al ser doblemente penetrada y mamando un pene al mismo tiempo, y los orgasmos no cesaron en las tres horas que estuvieron intercambiando sus falos por todos mis agujeros.

A partir de entonces ya nada fue igual en mi vida. Cumpliendo las órdenes de Toni empecé a evitar totalmente la intimidad con Joan, utilizando un amplio catálogo de excusas, aprovechando sus frecuentes ausencias por trabajo, ya que estaba en una etapa muy importante para el despegue de su empresa. También comencé a desatender a mi hijo Pol, aprovechando frecuentemente a mi madre para que se ocupara de él.

En el trabajo las cosas no funcionaron mejor, si ya me sentía poco valorada en mi empresa, mi comportamiento errático y descuidado en los proyectos a mi cargo, incumplimientos reiterados de mi horario laboral, sumados a errores en mis tareas y no cumplir con plazos de entrega comprometidos, empezaron a dificultar mi posición en la empresa a ojos de mis superiores.

Si durante los dos primeros meses los encuentros sexuales en el apartamento de Toni se producían una o dos veces por semana como máximo, a partir del tercer mes se incrementaron a tres y hasta cuatro por semana. En ocasiones pasaba el fin de semana follando sin parar, si coincidían con algún viaje de Joan. El sexo se convirtió en mi única motivación, relegando todo lo demás al último lugar de mis prioridades.

Toni no tardó en convertirme en participante de unos juegos en los que escenificábamos determinadas situaciones morbosas y guarras como si de una película de porno barato se tratase, representando ridículos papeles con disfraz incluido. Lo cierto es que todos ellos eran excitantes y me encantaba ser la “actriz protagonista”. Los demás “actores” los proporcionaba Toni, amigos suyos, clientes del banco, amigos de amigos, y en alguna ocasión, tipos que acababa de conocer por la calle que le servían para satisfacer todas las perversiones que cruzaban por su mente. Pero a mí todo eso ya no me importaba, solo quería, necesitaba, deseaba entregarme a esos hombres que se desvivían por dejarme satisfecha. Con ellos me sentía el centro del universo al acaparar toda su atención en mí, obteniendo de ellos un placer extremo que recíprocamente les devolvía gustosa.

El patrón que seguía Toni era casi siempre el mismo. Enviaba el mensaje para la cita avanzándome algunas pistas del juego que tocaba en cada ocasión, del papel que representaría. Cuando llegaba al apartamento ya me esperaba con las instrucciones finales y el disfraz escogido para la actuación que su calenturienta mente había diseñado.

Hice de “enfermera” que se follaba a cuatro de sus pacientes, de “monja” que pasaba por las tres pollas de unos sacerdotes, de “stripper” que recogía los billetes de cinco de los clientes del club y acababa follando con ellos, de “perrita sumisa” que Toni paseaba a cuatro patas con una correa al cuello, llevándome hasta donde cuatro tíos estaban ofreciéndome su culo en pompa para que se lo chupara y metiera la lengua dentro de sus ojetes, para luego follarme a discreción por todos mis agujeros, acabando de rodillas con las patas delanteras levantadas y la lengua fuera para que llenasen de leche la boquita de la perra hambrienta.

También hice de “puta barata”, vestida como tal, a la que cuatro obreros de la construcción, los más feos, sucios y sudorosos que encontró Toni en una obra cercana a su casa, pudieron follar como les dio la gana por tan solo 1.000 pesetas cada uno, alucinando de la suerte que habían tenido ese día. Otra actuación fue hacer de “Novia” recién casada en su noche de bodas, follando con los cuatro padrinos del novio mientas este dormía (imaginariamente) en la habitación de al lado. El vestido de novia era precioso y no llegué a sacármelo del todo en ningún momento.

El papel más salvaje que realicé fue el de “esclava atada” a la cama con una venda en los ojos, para ser utilizada por un montón de hombres. Uno me follaba el coño mientras dos pollas luchaban por entrar en mi boca y otros dos hombres chupaban y estrujaban mis pechos. Durante un día entero disfruté de una cantidad incontable de orgasmos, fue lo más morboso y desatadamente guarro que había hecho hasta la fecha, una verdadera pasada.

Toni no paraba de decirle a esos hombres que me utilizaran a placer, que era su esclava y estaba ahí para ser usada por todos. Me decía que había más de 40 tíos en la casa y que tenía que satisfacerlos a todos, me ordenaba no desperdiciar ni una gota de su semen, quería que fuese su contenedor de esperma particular. Aún con los ojos tapados, sabía perfectamente que era imposible que hubiera tantos hombres en el apartamento, aunque solo fuera por un tema de espacio físico, pero me excitaba la idea de que en realidad estuviesen todos allí. Hubo un momento en que Toni me gritó que el cornudo de mi marido estaba en la habitación, sentado con lágrimas en los ojos viendo como todos esos hombres hacían conmigo lo que querían y lo mucho que yo lo gozaba.

Esas lindezas que soltaba Toni para excitarme conseguían claramente su objetivo y yo me ponía como una burra al oírlas. Empecé a gritar insultos contra Joan, humillándolo con mis palabras, que viera lo puta que era su mujer, que aprendiera lo que eran hombres de verdad y no un cornudo impotente y pichafloja como él, que ninguno usaba condón porque quería que me preñasen para que nuestro hijo tuviera un hermanito de padre desconocido. Pedí que fueran a buscar a más hombres, por la calle, donde fuera, que llamaran a sus amigos, que no había suficientes pollas para mí en la casa. Mi nivel de bajeza moral había llegado al máximo faltándole el respeto a Joan con esas imperdonables expresiones que sin rubor salían de mi boca, producto de una enfermiza excitación.

Cuando Toni creyó conveniente, desató mis brazos y me quitó la venda de los ojos. Tras un tiempo de adaptación visual pude ver que en realidad eran 11 los hombres que me estaban follando y a partir de ese momento continuaron con dobles penetraciones y hasta alguna triple, dejándome totalmente exhausta. Pero si hubiesen sido 40 hombres en lugar de 11 no me hubiese importado en absoluto. Para ese entonces yo ya había probado todas las combinaciones “dobles” posibles, dos pollas en la boca, dos en el coño, dos en el culo y también la “triple” con un pene en el coño y dos en el culo simultáneamente.

Como ocurría habitual en estas sesiones acabé con el coño y el culo rebosantes de semen, y como fin de fiesta bajo las instrucciones del anfitrión, todos esos hombres se corrieron en mi boca o en mi cara. Toni con su pollón a modo de recogedor, empujaba la leche que inundaba mi rostro acompañándola hacia mi boca para que me la tragase toda. Si alguien se pregunta cuanto semen pueden soltar 11 tíos de un tirón simplemente diré que muchísimo. Aquel día como tantos otros regresé a casa con el culo exageradamente dilatado y mi coño irritado al máximo de tanta fricción sexual, pero ya me había convertido en una experta en ocultarlo a mi marido mediante excusas, falta total de intimidad o simplemente aprovechándome de sus prolongadas ausencias.

Cuando finalizaban las contiendas sexuales, los hombres solían felicitarme con cariño y me agradecían respetuosamente mi entrega para con ellos. La mayoría se disculpaban por los improperios que soltaban en los momentos de máxima excitación, asegurando que en absoluto pensaban esas cosas de mí y que me respetaban como mujer una vez terminaba el juego. En general todos tenían buen rollo conmigo y entre ellos.

Había varias cosas que excitaban especialmente a Toni durante todas las sesiones que organizaba. La principal era humillar a Joan delante de sus “invitados” y le encantaba que yo me apuntara a ese juego de comentarios redoblando la humillación de mi marido. Siempre dejaba bien claro a todos los presentes que yo estaba casada y que era madre, que yo era su puta sumisa que obedecía todos sus deseos y que disfrutaba de ponerle los cuernos a Joan. Se aseguraba de llamar a mi marido por su verdadero nombre, para dejar bien clara su posición dominante sobre mí. Otra obsesión que tenía es que todos los participantes necesariamente tenían que follarme el culo, además le encantaba que atendiera el máximo número de penes simultáneamente, utilizando mis orificios, manos y boca, si eran cinco, mejor que cuatro. Y lo que no perdonaba nunca era la gran corrida de todos en mi boca, supervisando personalmente que aprovechase el máximo de semen emitido. Incluso en ocasiones vaciaba en mi boca los condones de los hombres que los usaban, la norma es que debía usar obligatoriamente preservativo todo aquel que no aportaba un certificado limpio de ETS del laboratorio, fechado el día anterior al acto, en eso era muy riguroso.

Toni era un enfermo sexual y yo no le iba a la zaga. En realidad no podía culparle por su capacidad de someterme a sus caprichos, yo era plenamente consciente de mis acciones y de lo que podía ocurrir si algún día se descubriesen, pero todo aquello me gustaba, el peligro, el riesgo, el morbo y el placer, me gustaba ser la más puta, follar con todos esos hombres, que me llenasen completamente, los sabores dispares de su semen, ser el centro de todo…

No todas las sesiones eran “temáticas”, en ocasiones había hombres que venían, follaban, daban las gracias y se marchaban. A mí me gustaba más participar en las “historias” ya que contenían un plus de morbo y excitación, pero no le hacía ascos a casi nada que me plantease Toni. No me importaba demasiado si los participantes eran guapos o feos, si estaban buenos o no, si sus penes eran grandes o pequeños, siempre me lo pasaba bien. En realidad, los únicos hombres que realmente me gustaban eran Toni y Lucas, y por supuesto sus pollas.

Tan solo en una ocasión me sentí mal con la experiencia. Fue cuando Toni trajo a un tipo gordo y asqueroso llamado Álvaro, que vino acompañado de su hijo para que lo desvirgara en su cumpleaños. Era uno de los clientes más importantes de Toni y quería tenerlo contento. El tipo fue muy desagradable y estuvo incitando al chaval para que también lo fuera. El chico era muy tímido, pero le hice disfrutar mucho y el pobre se corrió varias veces. El cerdo de su padre siguió insultándome sin parar, y al final quiso que abriera bien la boca para que él y su hijo se orinasen en ella y que me lo tragara. El hijo se quedó paralizado por la petición de su padre y me miraba sin saber si podía hacerlo o no. Evidentemente tenía mis límites sobre ciertas prácticas, por lo que me levanté de la cama, le di un beso al chico felicitándolo por su cumpleaños y envié a la mierda a su padre que se quedó despotricando en la habitación mientras yo me metía en la ducha.

Debo aclarar que Lucas únicamente participaba en sesiones con su amigo Toni y ningún hombre más, a excepción de una vez que me compartió con una compañera policía, la única mujer con la que tuve sexo en esas citas. Fue muy divertido y placentero jugar con ellos ejerciendo de policías y yo de delincuente, arrestada, esposada, interrogada y bien follada. Creo que Lucas era para mí lo más parecido a Joan, el contrapunto de sexo “sano” frente a la perversión sexual que me proponía Toni. Con Lucas podía salir a tomar algo después de haber follado, sentarnos en una cafetería para hablar de cualquier cosa, siempre insistía en que no descuidara a Joan ni a mi hijo, se preocupaba por si estaba segura de necesitar toda esa explosión de sexo descontrolado, que tal vez era mejor parar y reflexionar si realmente era eso lo que quería. Cuanto me arrepiento de no haberle hecho caso.

Al inicio de esta vorágine lujuriosa me autoconvencí de que todo ese torbellino sexual acabaría por satisfacerme en un par meses, al alcanzar el objetivo de probar muchas de las cosas que no había podido experimentar en mi juventud, y que ahora, con la madurez que me otorgaban mis 31 años, me permitía a modo de homenaje personal. Estaba segura de que una vez finalizada la experimentación lo dejaría para volver a mi vida de buena madre y esposa. El caso es que ya llevaba nueve meses de desenfreno total y no me veía capaz de parar, era una droga para mí y cada vez necesitaba de más y más dosis.

Todo el disfrute sexual que me volvía loca, evidentemente tuvo como contrapartida el inevitable deterioro de mi relación con mi esposo y mi hijo. Y no fue la única consecuencia de mis actos, ya que las continuas faltas de asistencia al trabajo y negligencias reiteradas acabaron con mi despido a los cuatro meses de comenzar esta locura. Esto me sirvió de excusa durante algún tiempo frente a Joan, ya que con esto justificaba mi mal humor, estado de ánimo, mis desprecios hacia él, la total ausencia de intimidad entre nosotros y la actitud distante con mi hijo.

Luego vinieron las falsas entrevistas de trabajo, las inexistentes jornadas de capacitación, las salidas nocturnas con supuestas amigas para desconectar de lo que me estaba pasando, la necesidad de espacio personal, el encontrarme a mí misma, y toda esa mierda que se suele argumentar para encubrir y seguir manteniendo la falacia en la que se estaba convirtiendo mi vida. Si añadimos a todo eso el momento crucial para el crecimiento de la empresa de Joan, los meses iban pasando y me sentía intocable en mis acciones, convencida de que jamás sería descubierta ni de tener que afrontar las consecuencias por mis actos.

Estábamos a finales de marzo del 99 y ya no hacía tanto frio como dos semanas atrás. Me miré al espejo antes de salir de casa, orgullosa de lo bien puestas que estaban en mi cuerpo las tres décadas vividas, me sentía poderosa y capaz de volver loco a cualquier hombre. Una tarde más acudiría al piso de Toni ansiosa e intrigada por la sesión de sexo que me tendría preparada en esa ocasión. Era viernes, Joan estaba de viaje en Bruselas y no volvería hasta dentro de 4 días. Iba un poco justa de tiempo porque tendría que recoger a Pol en la escuela sobre las 5 de la tarde y hoy no podía contar con mi madre que estaba fuera de la ciudad visitando a una amiga.

Al entrar en el apartamento miré contrariada a Toni al ver que estaba junto a Álvaro, aquel gordo desagradable que me folló junto con su hijo primerizo. También estaban con ellos tres chicos negros guapos y musculosos, y automáticamente me excité ante la idea de follar con ellos, sería una nueva experiencia ya que jamás lo había hecho con nadie de esa etnia. Fantaseé pensando en cuál sería la morbosa historia de hoy para jugar con esos hombres.

Toni vino a mi encuentro y me dijo que no se quedaría con nosotros, pero que me dejaba en buenas “pollas” que me harían disfrutar como la puta que era. Le dije que no me hacía ninguna gracia que estuviera Álvaro, pero me contestó que solo quería mirar y que si quería participar en algún momento, que le dejara y que me portase bien con él, que era su cliente más importante en el banco y necesitaba de mi buen hacer para convencerlo de que invirtiera dinero o algo parecido.

Por un instante pensé en cómo había caído tan bajo dejándome prostituir gratuitamente, sometiéndome a los perversos deseos de Toni sin oponerme a nada de lo que me pedía, pero no tardé en apartar esos pensamientos para sustituirlos por la lujuria y el deseo de placer que con seguridad me iban a dar esos chicos dentro de unos minutos.

A una señal de Toni los jóvenes de color se desnudaron rápidamente al igual que Álvaro. Yo también lo hice delante de ellos sin vergüenza alguna. A esas alturas, después de tener sexo con tantos tíos en los últimos meses, no me ruborizaba por nada.

Cuando Toni se fue, dejándome con esos chicos musculados y el baboso de Álvaro, pensé que lo mejor era aprovechar las pollas de esos dioses de ébano y disfrutar de ellos hartándome de orgasmos, hasta la hora de recoger a Pol en la escuela y regresar a casa bien satisfecha para el resto del fin de semana.

Mientras el cerdo seboso de Álvaro se sentaba en un sillón, desnudo y con su ridículo pene rodeado por su mano, yo miraba con cierta inquietud a esos hombres desnudos que me observaban como un plato suculento del que iban a dar buena cuenta.

- Vamos puta blanquita… arrodíllate a chupar estas pollas negras, que hoy te vamos a reventar entre los tres…

Decían esto mientras el más alto de ellos me cogía del pelo obligándome violentamente a clavar mis rodillas sobre la alfombra del salón. Ahí me di cuenta que estaba recubierta con un plástico como también lo estaba el resto del suelo de la estancia.

No me dieron tiempo a mirar más ya que me rodearon con sus enormes pollas, las más grandes que jamás había visto, y empezaron a turnarse metiéndola ansiosos en mi boca, al tiempo que llevaban mis manos a las dos que estaban libres para que las pajeara. La polla que me estaba follando la boca llegaba hasta el fondo de mi garganta, provocándome arcadas y asfixiándome, quería sacármela, pero sus manos sujetaban con fuerza mi cabeza impidiéndolo.

Si los penes de Toni y de Lucas eran enormes y me había costado aprender a engullirlos en su totalidad, los de esos chicos era imposible tragármelos enteros por su grosor y por su longitud.

Me sentí forzada por la brusquedad injustificada de su proceder, dándome cuenta de que la situación no era para nada como la había imaginado. Aquello no era un juego excitante para disfrutar de un sexo fantasioso en la que todos estábamos de acuerdo en jugar. Momentáneamente conseguí sacarme ese monstruo de mi boca e intenté levantarme diciendo que parasen, que estaba incómoda y que me quería ir, pero una tremenda bofetada hizo girar violentamente mi cabeza dejándome paralizada y dolorida. El miedo me invadió en ese momento atenazando mis músculos, y cualquier brote de excitación y lujuria desapareció al instante. En todos mis encuentros anteriores jamás me habían agredido con violencia, aunque hubo mucho sexo duro siempre fue consentido y nadie me hizo nada que yo no permitiese con agrado.

- Maldita puta de mierda, de aquí no te mueves hasta que esté satisfecho – gritaba Álvaro que se levantó del sillón para cogerme del pelo con brusquedad, acercando su asquerosa cara a la mía – les he pagado un pastón a estos negritos por el espectáculo y quiero ver cómo te destrozan hasta convertirte en la basura inmunda que eres. Le dije a Toni que traspasaría la gestión de todas las cuentas de mi empresa y me prometió que aceptarías cumplir todos mis deseos sin problema. Si no es por las buenas, será por las malas. Venga tíos, dadle caña a esta zorra, destrozarla sin piedad que hoy quiero correrme muchas veces a su costa, hoy vale todo…

A partir de ese instante, lo que iban a ser unas horas de sexo placentero con tres hermosos y dotados jóvenes se convirtió en una horrible pesadilla. No sé cuánto tiempo fui usada como un trozo de carne al que se le puede hacer cualquier cosa. Álvaro los iba dirigiendo en todas las salvajes acciones que ellos ejecutaban con obediencia y extrema crueldad, no sé si lo disfrutaban, pero yo me quería morir por el insoportable dolor que me infringían sin piedad. Al cabo de un tiempo ya ni dolor sentía, solo rezaba para que aquellas atrocidades acabasen cuanto antes.

No puedo detallar toda la humillación y vejaciones extremas que recibí, me avergüenza recordar todo lo que me hicieron frente al cerdo de Álvaro que reía desquiciado mientras se pajeaba alentando a los chicos en sus barbaridades. De nada sirvieron mis lágrimas, las súplicas, las veces que con voz desgarrada grité no…no… no… Fui violada y vejada al extremo y no hubo misericordia hasta que terminó el suplicio. Cuando Álvaro se sintió satisfecho del todo, sonriente como una hiena, me escupió en la cara antes de que todos saliesen por la puerta.

Me quedé tirada en el suelo hecha un ovillo sobre mis vómitos y toda su nauseabunda porquería. Era incapaz de moverme por lo agarrotada que estaba, sentía mi sexo arder y a mi esfínter irradiando dolor por toda esa zona. Sin la noción del tiempo transcurrido, solo pensaba en mi hijo y en mi marido, en cómo había llegado a ese punto de bajeza en mi vida. Odié a Toni con toda mi alma por permitir y ser cómplice de lo que me habían hecho esos hombres, y a mí misma al ver en lo que me había convertido al consentirlo.

Cuando logré que piernas y brazos respondieran, me arrastré hasta el bolso para coger mi teléfono, pero al instante me bloqueé pensando a quien pedir ayuda. Estaba claro que a Joan no podía por razones obvias y tampoco pensaba llamar al cabrón de Toni después de todo esto. Me sentí sola, desamparada y solo se me ocurrió llamar a Lucas.

Me contestó al tercer tono con su simpatía habitual y solo pude decir con un sollozante hilo de voz:

- Estoy en el piso… necesito ayuda… por… favor…

A los veinte minutos la puerta se abrió, apareciendo Lucas vestido con su uniforme de subinspector. Nada más verme en ese estado se acercó a mí con el rostro desencajado de preocupación. Me cubrió con lo primero que encontró a mano, creo que fue el mantel de la mesa del comedor. Se sentó detrás mío sobre la hedionda suciedad del suelo y me abrazó con sus fuertes brazos mientras yo lloraba desesperada, totalmente rota.

- Tranquila preciosa estoy aquí contigo – me susurraba para calmarme – ya pasó todo, no tengas miedo, estoy contigo, no me moveré de tu lado.

Estuvimos así al menos quince minutos, con Lucas abrazándome, meciéndome como si fuese un bebé y hablándome cariñosamente hasta que logré calmarme un poco. Entre sollozos le expliqué todo lo que había ocurrido mientras su rostro iba cambiando y evidenciaba sus esfuerzos para no estallar de ira.

- Esos hijos de puta te han violado, tienes que denunciarlos a todos, me ocuparé de que lo paguen con la cárcel por muchos años. Voy a llamar a mis colegas y a una ambulancia para que te lleven al hospital para un reconocimiento. Necesitamos todas las pruebas posibles, no te preocupes que todo saldrá bien.

- No… no… por favor… nada de denuncias – el terror me invadió al instante – esto no puede saberse jamás, si Joan se entera de lo de hoy y de lo que he estado haciendo todos estos meses, será el fin de nuestro matrimonio y de mi familia… por favor ayúdame, ahora no puedo perderlos… no podría superarlo y menos después de lo de esta tarde…

- Pero Marta, esto no puede quedar impune, no permitas que se vayan de rositas después de lo que han hecho. Y de Toni ya me encargaré yo personalmente.

Tenía claro que no podría demostrar que me habían violado, a excepción de cinco o seis bofetadas fuertes, tirones bruscos de mi pelo, nalgadas y algunos moratones en el cuello y en los brazos, no presentaba ninguna otra señal de violencia salvo el estado de mi vagina y mi ano, que bien podría justificarse con una sesión de sexo duro grupal consentido. Cualquier testimonio de los hombres de mis anteriores sesiones de sexo durante los últimos meses podrían confirmarlo tan solo relatando la naturaleza de esos encuentros. Y fueron muchos.

- Por favor… no hagas nada… lo olvidaré todo, pero tienes que ayudarme a esconder lo ocurrido a Joan, ayúdame a recuperar a mi familia, a mi antigua vida… te lo suplico… si los pierdo… no podré seguir viviendo…

Conseguí convencerlo después de muchos ruegos. Al cabo de un rato, me llevó en brazos hasta el baño, llenó la bañera con agua caliente, se desnudó y se metió conmigo dentro del agua, procediendo a limpiarme con mucho mimo. Entonces caí en el tiempo trascurrido y volví a entrar en pánico.

- Lucas, ¿qué hora es? – había perdido completamente la noción del tiempo -.

- Son las 23h.

- Oh dios mío… mi hijo Pol… debía recogerlo a las 17h.

Salí de la bañera goteando agua por doquier y fui corriendo a recoger mi teléfono en el salón. Siempre lo silenciaba mientras duraban los encuentros sexuales. Había un montón de mensajes en el buzón de voz, de la profesora, de la directora de preescolar, de Joan desde Bruselas furioso preguntando donde estaba, que le habían llamado de la escuela porque nadie había ido a recoger a nuestro niño de 4 años, que estaba buscando un vuelo para regresar a casa. Me quedé temblando sin saber qué hacer, todo lo ocurrido en ese día me superaba. Le conté a Lucas y él se hizo cargo de la situación. Llamó a su compañera Silvia, con la que dos meses atrás habíamos tenido un fantástico trio.

Silvia llegó en apenas 15 minutos con ropa limpia para Lucas cuyo uniforme estaba hecho un asco. Le contamos la situación y una vez puesta en antecedentes, de inmediato diseñó junto con Lucas la estrategia de los pasos a seguir.

Lo primero fue localizar a la directora, que se había llevado a Pol a su casa ya que nadie lo había recogido en la escuela. Silvia le contó que yo había sufrido un desvanecimiento y me encontraba en observación fuera de peligro. Se comprometió en pasar a recoger al niño de inmediato pero la directora, muy amablemente le dijo que ya estaba dormido y que ella misma lo llevaría a mi casa al día siguiente por la mañana.

Después llamó a Joan que estaba lógicamente histérico, haciéndose pasar por una nueva amiga mía y le explicó que esa tarde había tenido un desvanecimiento por un ataque de ansiedad debido al estrés acumulado, que había estado en observación, atendida por algún golpe sufrido al desplomarme, pero que ahora ya estábamos en casa, que yo estaba sedada durmiendo en nuestra habitación y que el niño estaba perfectamente soñando con los angelitos en casa de la directora. Joan insistió en hablar conmigo, pero Silvia le convenció que lo que necesitaba ahora era descansar, que la doctora había diagnosticado un episodio de estrés y que con medicación y reposo mejoraría con rapidez, que mi estado de salud era normal y que no corría peligro alguno. También sugirió que para trabajar en los motivos que ocasionaron de esa crisis, sería conveniente contactar con algún psicólogo e iniciar terapia.

Joan dijo que dejaría las reuniones y que iba a coger un avión para regresar mañana sábado, pero Silvia nuevamente le convenció de que ella estaría en todo momento a mi lado y cuidaría del niño, que continuara con lo previsto de su viaje hasta regresar el próximo martes. Joan aceptó a regañadientes y le hizo prometer que le llamara cada día para ver como evolucionaba.

Me llevaron a casa donde ya nos esperaba la doctora forense de su compañía en los Mossos d’Escuadra, que era muy amiga de ellos dos. Tendida en mi cama de matrimonio la doctora me efectuó una completa exploración, en la que concluyó que no había desgarros en mi ano ni en la vulva, y que aunque todo estaba muy irritado y exageradamente dilatado, con aplicación de unas cremas y una cuidada higiene, los músculos retornarían a su estado habitual.

Muy preocupada, le pregunté cuanto tiempo necesitaría para que esas señales evidentes a la vista desaparecieran. Ella calculaba que en una semana todo volvería más o menos a su lugar, pero recomendaba no tener relaciones sexuales por esas zonas en al menos 20 o 30 días. Tenía cuatro días para “curarme” en primera instancia antes de que volviese mi marido, e intentar que Joan no se me acercara en los próximos 20 días. Estaba segura de conseguirlo ya que durante los últimos 9 meses había evitado tener intimidad con él, a excepción de un polvo rapidito y un par de mamadas.

La doctora me entregó unos antiinflamatorios, ansiolíticos y antidepresivos, me puso un collarín para ocultar las marcas del cuello y unos vendajes compresivos para las de los brazos. Emitió un certificado médico para sustentar la historia del desvanecimiento y unos partes falsos de asistencia médica en el domicilio y en el hospital. Tuve mucha suerte de contar con ellos tres para el “apantallamiento” de lo sucedido.

Otra cosa sería lograr estabilizar mi estado psicológico después de la situación vivida, ese trauma no iba a desaparecer de mi mente así como así.

Silvia se las arregló para cambiar sus turnos de trabajo con otros compañeros para estar conmigo hasta el regreso de Joan, y Lucas dijo que pasaría por casa cada vez que el trabajo se lo permitiera.

El sábado Silvia atendió a la directora cuando trajo a Pol por la mañana. Nada más oír cerrar la puerta de casa, salí de mi habitación con ganas de besar y abrazar a mi hijito. Al verme se puso a llorar y rechazó mi abrazo. El abandono al que sometí a mi pobre hijo durante esos meses ahora me pasaba factura, y el no recogerlo por el colegio el día anterior, fue la gota que derramó su vaso.

- Me dejaste solo mami, no viniste a recogerme… no me quieres… no quiero estar contigo… quiero que venga papá…

- Pol, amor mío lo siento – sus palabras me desgarraban el corazón – mamá te quiere más que a nada en el mundo… por favor… perdóname mi vida…

Pero mi hijo salió corriendo a encerrarse en su habitación y Silvia fue tras él mientras yo me quedaba destrozada en el comedor. Los pensamientos de ser una mala madre, una esposa infiel, como me había portado con mi familia los últimos nueve meses me dolió en el alma. No solo los había traicionado, sino que los había tratado de una forma terrible, descuidando a mi hijo que ahora se alejaba de mí, maltratando a mi marido pese sus intentos de acercarse, de intentar ayudarme en lo que fuese que me estuviese pasando.

Tuve la necesidad de hablar con Joan, de oír su voz, de tranquilizarlo, de prometerle que volvería a ser la misma, que me perdonara por mi actitud… Le llamé, pero saltó su buzón con el mensaje de que estaba reunido. A los 30 minutos me llamó él y empezamos a hablar, en realidad la que habló mayormente fui yo.

Le solté toda la retahíla de excusas y disculpas, que si el estrés, la ansiedad, la depresión… que el perder el trabajo, no ser capaz de encontrar otro, de ser una inútil, que si el sentimiento de ser mala madre, una mala esposa, no sentirme digna ni merecedora de mi familia, encontrarme a mí misma… bla… bla… bla… Luego llorar, pedir perdón, prometer trabajar para cambiar, más lloros, más disculpas etc. En fin, todo según el manual.

Me reconfortaron sus palabras cariñosas, cuando me dijo que me amaba, que me ayudaría a superarlo, pero mi inquietud se disparó cuando soltó que necesitaba clarificar muchas cosas y que dependía de mi voluntad y sinceridad el continuar con lo nuestro. Aquello fue una clara advertencia de que estaba llegando a su límite. Terminamos la conversación despidiéndonos con besos y palabras de amor, pero el miedo se apoderó de mí una vez más.

Lucas vino a comer con nosotras y con Pol al que Silvia tenía medio convencido de que yo le quería muchísimo y que si le dejaba, su mamá se lo demostraría.

Entonces sonó el timbre y Silvia fue a abrir la puerta. Por sorpresa apareció un Toni con el rostro compungido. Lucas se levantó de inmediato para irse a por él, pero se detuvo en el último instante al acordarse de la presencia de mi hijo.

Silvia se llevó a Pol a su habitación para jugar con él, mientras me quedaba con los dos amigos en el comedor. Tan pronto desapareció el niño, Lucas le soltó tal puñetazo a Toni que voló dos metros hasta estrellarse con la mesita de centro del salón haciéndola añicos al caer sobre ella. Se quedó en el suelo inconsciente y llegué a pensar que lo había matado. Lucas se acercó para examinarlo y luego fue hasta la mesa a coger una jarra con agua que utilizó para despertarlo.

Al cabo de un par de minutos recobró el conocimiento, con el labio partido pero sin ningún otro desperfecto, al menos en apariencia.

- Debería matarte por hacerle esto a Marta – Lucas le hablaba enfurecido a su amigo de la infancia – como has podido…

- Lo… siento… - balbuceaba Toni – de verdad Marta… jamás pensé que Álvaro se atreviese a tanto… Me ha contado lo que te hicieron… el cabrón se ha pasado dos pueblos.

- No vuelvas a dirigirme la palabra en tu puta vida, cerdo – estaba furiosa – se acabaron para siempre los encuentros de sexo, jamás debí aceptar todo esto – me puse a llorar -.

- Perdóname Marta no sabía que…

- Y una mierda no sabías – Lucas lo cogió por la camisa manchada con la sangre de su boca – es escenario estaba muy bien preparado para acometer… esas… salvajadas… ¿pensaste que Marta aceptaría toda esa mierda alegremente?

- No sabía que llegarían tan lejos, creí que Marta lo aceptaría… no sé… has hecho muchas cosas desde que empezamos… te has portado siempre como una… una… bueno ya sabes…

- Como una puta – estallé – eso quieres decir maldito cabrón… he sido todo lo puta que me ha dado la gana hasta el momento que he decidido que no quiero serlo más. Yo marco los límites de lo que quiero hacer y lo que no. Por muy sumisa que me haya comportado, siempre ha sido por decisión mía.

- Y siempre lo hemos respetado – añadió Lucas – los que hemos participado en todos esos juegos para disfrutar del sexo, del morbo, de la lujuria, siempre consentido por todas las partes, hemos tenido bien claro cuáles eran las reglas. Todo lo que se hace y se dice en esos encuentros se termina cuando nos vestimos y nadie es obligado a nada. Joder Toni, desde que éramos jóvenes ha sido así y nadie ha resultado lastimado nunca. Y tú te lo has cargado para siempre al no saber controlar tu mente enfermiza y depravada.

- Vamos chicos, intentad relativizar lo ocurrido…

- Pero qué coño estas diciendo – me puse a gritar histérica – me han violado, me han hecho… no quiero recordar lo que pasó ayer…. ¿Y tú dices que tengo que relativizarlo? Vete a la mierda, desaparece de mi vista, y por Dios te juro que si mi marido llega a saber nada de todo esto, te arrancaré los ojos, aunque sea lo último que haga en este mundo.

- Ahora es mejor que te vayas y no vuelvas a acercarte a Marta ni a mí el resto de tu repulsiva existencia. Nuestra amistad está muerta. Y procura no cometer ni una simple multa de aparcamiento porque iré a por ti y te juro que te destrozaré la vida. Y más vale que no te vuelvas a relacionar con esos hijos de puta porque te aseguro que te va a salpicar su sangre – el tono de Lucas daba miedo -. Advertido estás.

Toni se marchó renqueante de casa, estuve un buen rato llorando abrazado a Lucas. Luego, ya más calmada, fui a la habitación con Silvia y Pol, uniéndome a sus juegos. Lucas se encargó de recoger los destrozos de la mesita y de limpiar la zona.

Pasé los días en compañía de Silvia hasta el regreso de Joan. Pol aún estaba en la escuela y Silvia fue de gran ayuda explicando con detalle como perdí el conocimiento sobre la mesita del salón, rompiéndola, la estancia en urgencias, el informe de la doctora, la medicación, las recomendaciones de terapia etc. Por suerte ella estaba conmigo y pudo actuar rápido con las asistencias.

Joan agradeció efusivamente toda la ayuda desinteresada de Silvia, que no tardó en despedirse para dejarnos solos.

Yo tenía mucho miedo de cómo afrontar la situación y solo se me ocurrió abrazarlo con fuerza, como si quisiese fundirme con él, llorando y pidiendo perdón, que necesitaba de su ayuda, que haría lo necesario para salir de esta depresión, le supliqué que tuviese más paciencia conmigo.

Joan inicialmente se mostró empático, fue cariñoso y me dio varios besos y caricias en mi rostro. Pensé que lo peor había pasado, pero entonces empezó a exponer sus sentimientos de forma sincera.

- Marta, quiero entender por todo lo que estás pasando y llevo ya muchos meses intentándolo, pero no lo consigo.

- Amor yo…

- Por favor déjame explicar lo que siento y luego juntos encontraremos el camino para salir de esta situación… si es que tú estás dispuesta.

- Claro que si mi vida – esas últimas palabras condicionales no me tranquilizaron para nada – estoy dispuesta a todo.

- Vale, pero déjame continuar. No sé exactamente que te está ocurriendo para que hayamos llegado a este punto. Entiendo que el trabajo te estresaba mucho y el que acabases perdiéndolo no ayudó precisamente, pero tu actitud de evidente abandono hacia mí y a hacia nuestro hijo, me cuesta digerirlo y justificarlo. Me he sentido maltratado y en ocasiones despreciado por ti sin motivo, tus salidas frecuentes sin contar conmigo, la desaparición total de afecto, de sexo entre nosotros, eso tampoco es normal. Si no fuera porque confió en ti, diría que hay otra persona en tu vida, has marcado muchas de las casillas que alertan de una infidelidad.

Mi cara en ese momento era una mueca de terror y mi corazón latía a una velocidad difícil de sostener. Mis peores temores afloraban a cada palabra que salía de los labios de Joan. La venda en mis ojos había caído y la realidad me abofeteaba con toda su crudeza.

Durante mucho tiempo no quise aceptar lo que mi actitud narcisista y de egoísmo había erosionado y dañado nuestra relación, a mí familia. Lo supe desde el principio, pero me negué a verlo, auto justificándome con que lo merecía, que ese derecho de explorar nuevas sensaciones y experiencias placenteras sin Joan, era totalmente legítimo, que tenía el derecho de experimentar con otras personas e iniciar un camino hacia el autodescubrimiento.

Y no me importó el daño que le pudiera causar, solo estaba yo y solo yo. Me olvidé de mi familia y todos fueron relegados a un segundo plano, incluso llegó a molestarme su sola presencia, para mí solo existía la excitación, el morbo de la perversión, la lujuria y el placer que recibía. Era lo más importante para mí y lo buscaba desesperadamente sin importarme nada más, solo someterme a Toni y al sexo perverso que me proponía y que aceptaba sin oposición.

Había estado corriendo feliz directamente hacia el precipicio pensando que la valla final detendría mi caída al vacío, pero la realidad era que esa valla de salvación solo existía en mi mente y ahora la caída parecía inevitable y solo me quedaba seguir mintiendo para ajustar el control de daños.

- Por dios… Joan… eso ni lo pienses… como puedes… soy incapaz de serte infiel… - mentía por enésima vez -.

- ¿Qué quieres que piense entonces? Ponte en mi lugar, ¿Qué pensarías tú si fuese a la inversa?

- Pues… claro…tienes razón – en ese momento mis lágrimas brotaban sin freno -. Por favor, dime que quieres que haga, lo que sea para demostrarte que estás equivocado.

- Cálmate Marta. Lo que necesito no son palabras, necesito hechos. Si no eres capaz de demostrarme con tu actitud que lo nuestro puede continuar, tal vez deberíamos pensar en la mejor manera de dejarlo. Yo ya no puedo seguir así, lo he intentado contigo, pero no has hecho más que rechazarme.

- ¿Te quieres separar de mí? – ya no podía contener mi desesperación y empecé a temblar -. ¿es eso lo que quieres?

- No necesariamente, depende de ti. Tienes que cambiar muchas cosas, estoy cansado de remar solo contra la corriente. Sabes que te amo con locura y haría lo que fuese por ti, pero necesito ver un cambio, y tiene que ser radical, debo saber que la mujer con la que me casé aún está conmigo.

- Joan, pídeme lo que sea, te daré mi teléfono móvil para que compruebes mis mensajes, mi registro de llamadas, las claves de mi correo electrónico personal y del de mi anterior trabajo. Pero tienes que creerme, no hay nadie más que tú y nunca lo ha habido… es mi falta de autoestima, la ansiedad, la depresión… no sé, todo junto. Pero por favor no me dejes, prometo hacer todo lo necesario para ser la misma de antes y merecer tu amor y el de nuestro hijo.

- No voy a revisar nada de eso, siempre he confiado en ti y voy a hacerlo una vez más. Si quisieras engañarme no serías tan estúpida como para tener pruebas comprometedoras en tu teléfono o en tu correo electrónico, eres mucho más lista que todo eso.

- Pero yo te juro que…

- Déjalo… ya te he dicho que no pienso perder el tiempo en eso. Pero se han acabado muchas cosas. Para empezar, buscarás un profesional e iniciarás terapia para establecer lo que sea que te está pasando y trabajar para sanarte. También tendrás que cambiar la actitud con respecto a mí y a nuestro hijo. Basta de las continuas salidas nocturnas para encontrar tu propio espacio, a partir de ahora ese espacio será el compartido con tu familia. Buscarás y encontrarás un trabajo acorde a tu preparación, para volver a sentirte útil. Respecto a la intimidad conmigo, estoy dispuesto a esperar lo necesario para que te encuentres cómoda y preparada. Tómate tu tiempo, pero piensa en mí y en mis necesidades, llevo muchos meses sin sexo y quiero recuperar a la mujer apasionada que me entregaba su amor y me daba el mayor placer con el sexo, si te soy sincero estoy harto de hacerme pajas. Para eso no te impondré ningún plazo, siempre y cuando me demuestres que estás trabajando activamente para volver a ser la misma de antes en todos los sentidos. Te ayudaré en lo que necesites, y si tengo que dejar temporalmente mi trabajo para estar a tu lado, lo haré, pero ya sabes lo que espero de ti a cambio.

Sus palabras me hicieron ser consciente de lo que me estaba jugando y la enorme estupidez con la que me había estado comportando durante esos meses desapareció al instante. Había visto la luz y sus palabras, aunque claramente eran un ultimátum, me estaban dando una pequeña ventana de oportunidad para revertir mi comportamiento y recuperar mi vida con ese maravilloso hombre y con mi familia. Y en ese mismo instante me juré que no iba a desaprovechar esa oportunidad que un milagro divino me estaba facilitando.

- Joan, mi amor. Te prometo que voy a cambiar desde este momento y te demostraré con hechos lo agradecida que estoy por esta oportunidad. Mañana mismo buscaré un terapeuta, saldré a encontrar trabajo, me dedicaré por completo a recuperar tu amor y el de Pol, vais a ser mi única prioridad a partir de ahora. Gracias por ser tan comprensivo conmigo con lo mal que os he tratado en estos meses. Te juro que sanaré y os recompensaré con amor todo el malestar que os he causado.

Joan aceptó darme esa nueva oportunidad y durante los últimos siete años me convertí en la mejor esposa que un hombre puede desear y me sentí tan feliz de poder hacerlo.

Hice terapia durante dos años, explicando a mi psicólogo absolutamente todos mis deplorables actos, mis traiciones, mis depravaciones y mi conducta sexual desmesurada. Mostré mi profundo vacío tras darme cuenta de mis terribles acciones. Allí encontré un espacio seguro para explorar las motivaciones que me llevaron a esos patrones de conducta. También trabajamos en el trauma provocado por la brutal violación, de cómo llegué hasta ese punto, de cómo debía de salir. Adquirí con su ayuda las herramientas y mecanismos para, primero asimilar la dimensión de mis terribles actos, segundo la asunción de la plena culpabilidad, y tercero el canalizar mis remordimientos en conductas positivas para que jamás volviese a repetirse y convertirme en merecedora del perdón de mi familia. Lo hice todo para sanar a excepción de confesárselo todo a Joan, ya que eso me era imposible de hacer por las consecuencias que irremediablemente conllevarían.

A través de Silvia me enteré que un “ladrón” había entrado en casa del cerdo de Álvaro y tras ser descubierto, el asaltante le había dado tal paliza que actualmente estaba ingresado en la UCI y que se temía que jamás volviera a caminar. La policía estaba preocupada por el nivel de agresividad innecesaria del asaltante contra la víctima y patrullaba por el barrio para disuadir cualquier intento de cometer un nuevo ataque.

Así mismo se produjo un caso con cierta repercusión mediática, donde tres jóvenes de color, conocidos strippers que trabajaban en un local donde se celebraban despedidas de solteras, habían sido golpeados en la trastienda del local por un solo hombre enmascarado, cuando en ese instante estaban teniendo sexo los tres con una de las novias que había acudido al local en su despedida. Según testimonio anónimo de la joven que presenció aterrada los hechos, el enmascarado neutralizó a los tres chicos con rápidos golpes, posiblemente de algún arte marcial y los dejó inconscientes. El hombre le pidió su documento de identidad a la pobre chica y la advirtió de que no chillara y que volviese a casa sin decir nada hasta el día siguiente.

El caso es que al cabo de 30 minutos se recibió una llamada anónima en emergencias indicando que había tres hombres inconscientes con el pene amputado e introducido en sus bocas. Los servicios de asistencia que acudieron rápidamente los encontraron tal como indicó la llamada, además de con un vendaje compresivo en la zona afectada que evitó su muerte por desangrado. Se descubrió que antes de la imputación se les había anestesiado localmente la zona y posteriormente a la castración, se les había administrado una inyección con antibióticos de amplio espectro para evitar una posible infección, los frascos y jeringuillas estaban al lado de cada víctima, limpios de cualquier huella.

En declaraciones a la prensa del subinspector de los Mossos d’Escuadra responsable del caso, explicó que la línea de investigación apuntaba a algún novio despechado por la habitual práctica de prostitución que ejercían esos chicos cuando los tres ofrecían sexo a algunas clientas del local que lo demandaban, previo pago por sus servicios. La realidad es que nunca se detuvo al culpable y el encargado del caso, que casualmente era el subinspector Lucas, acabó por archivarlo.

Siempre supe que el responsable de esa “venganza” había sido Lucas y la verdad es que no sentí ninguna lástima por lo que les hizo a esos cabrones. A través de Silvia me enteré que se había marchado a Francia para volver a integrarse en la Prefectura de Policía de París, donde ya estuvo de joven tras salir de la academia catalana de policía. Nunca más tuve noticias de él, lo cual me entristeció, pero por contrapartida gané una gran amiga en la persona de Silvia.

Tal como me comprometí con Joan no tardé en encontrar un buen trabajo, con horarios que me permitían ocuparme de Pol, y con la ayuda de mi madre, me esforcé en recuperar el amor de mi hijo, que viera en mí a esa mamá que tanto deseaba y que jamás le volvería a fallar.

Dediqué todo mi tiempo a ser una mejor madre y esposa, buena profesional en el trabajo y compañera, amiga y amante de Joan. Tardé unos tres meses en sentirme preparada para volver a intimar con él. Joan en ningún momento me presionó para tener sexo y fui yo la que un día, a la vuelta de uno de sus viajes, le esperé con la mesa preparada con la mejor de las cenas y luego le confesé las ganas de hacerlo que tenía después de tanto tiempo de abstinencia.

Joan se puso de lo más contento al ver mi actitud y me llevó en brazos hasta nuestra cama, donde besó y acarició cada rincón de mi cuerpo, haciéndome sentirme amada de verdad. Le correspondí con una felación como aquellas que le encantaban, disfrutando cada segundo de contacto con su pene, saboreando cada gota de su simiente como sedienta tras una travesía en el desierto. Hicimos el amor como ya no recordaba y lloré de felicidad al sentirlo de nuevo dentro de mí. Él se asustó creyendo que me hacía daño, pero le supliqué que no parase de follarme en toda la noche, que me sentía la mujer más feliz del mundo al entregarme él y al sentirme amada. Joan no me decepcionó, como jamás lo había hecho anteriormente y no cejó en su empeño de entregarme todo su amor y darme el placer del que tan necesitada estaba. Pensé tristemente en lo estúpida que había sido buscando en otro lugar lo que ya tenía en casa.

En todas mis tropelías sexuales había experimentado un placer inmenso, pero ahora me cuestionaba si ese placer obtenido de tantos otros realmente era superior al que siempre me ofrecía mi marido. Creo que la respuesta era que no, que con seguridad valoraba y me satisfacía la diferencia, la variedad, lo inexplorado, el morbo de desear y ser deseada, la validación de todos esos hombres, sentirme la protagonista. Pero el placer intrínseco por sí mismo, no superaba al que Joan me daba, y mucho menos si ese placer venía acompañado de amor en mayúsculas. Ese amor que lamentablemente no supe valorar al colocarlo en la misma balanza que mis erróneas decisiones.

A partir de esa noche nuestra vida sexual volvió a dispararse a unas cotas que me parecían inalcanzables, al igual que nuestra amistad y recíproca confianza. El tiempo avanzaba y la felicidad no hacía más que crecer hasta culminar en el 2001 con el nacimiento de nuestra hija Paula. Pol ya tenía siete años y recibió a su hermanita como un regalo caído del cielo y se desvivía por cuidarla y protegerla.

Y ahora estaba devastada y sin fuerzas en el salón de casa, mirando sin llegar a ver esos malditos videos que se reproducían en bucle en la pantalla del televisor, y que sentenciaban la destrucción de mi vida y la de mi familia. Deseaba que Joan no volviese a casa como había prometido, que todo aquello fuese tan solo una pesadilla que desaparecería al despertar por la mañana, abrazada al hombre que tanto amaba y que los niños viniesen corriendo a nuestra cama para jugar con nosotros antes de empezar la jornada. Pero lamentablemente eso no iba a ocurrir y la prueba de ello era el sonido del coche de Joan aparcando frente a nuestra casa.