Xtories

Mis aventuras. Parte 1: Laura

Sergio creía que su verano se limitaría a la soledad y el café, hasta que Laura encendió su deseo. Pero cuando regresa a la cocina para consumar la fantasía, no es ella quien lo recibe, sino la mujer que lo ha estado observando en silencio. La verdadera tentación acaba de empezar.

Zaphyre5.7K vistas9.6· 5 votos

Comenzare mi historia presentadome, mi nombre es Sergio y vivo en una ciudad del sur de España.Todo empezó cuando tenía 33 años y estaba pasando por una mala racha. Resulta que me enteré de que mi pareja llevaba un tiempecito chateando con un tipo y hasta habían quedado para verse. Después de más de una década juntos, te puedes imaginar cómo me afectó eso. Vivíamos en un pisito de alquiler y en un abrir y cerrar de ojos, hice mi maleta, agarré a mi perro y salí por la puerta. Fue muy repentino y todo pasó volando, así que decidí refugiarme en la casa de mi padre mientras arreglaba mi situación y encontraba un nuevo lugar donde plantar bandera.

Los primeros meses fueron un bajón total. La verdad, solo hacía lo justo: ir al curro, estar en casa y sacar al perro a pasear. Mi padre vivía en un sitio con un paseo arbolado, un parque para los críos y justo en el medio había una cafeteria que solo abrían en verano.

Empezaba el calor del verano, así que, en mis mañanas libres, llevaba al perro a dar una vuelta y me paraba en la cafetería a tomar un café o a desayunar. Las camareras eran guapísimas, pero la que de verdad me volvió loco desde el primer momento fue la que se la siempre estaba en la cocina y de vez en cuando salía a recoger las mesas. Siempre tenía una actitud súper amigable, y aunque no lo hiciera explícito con su ropa, se notaba a kilómetros que tenía un cuerpo espectacular. ¡Y sí, lo diré sin tapujos, tenía unas tetas de infarto! A veces, me pillaba mirándole el escote cuando se agachaba a acariciar a mi perro. Él la adoraba y se iba directo hacia ella en cuanto la veía. Nunca puso mala cara, más bien parecía esbozar una sonrisita pícara y una mirada cargada de... digamos, lujuria. Su nombre era Laura.

Un día, después de currar, decidí hacer una parada en la cafetería antes de entrar en casa para tomarme algo fresquito. ¿Y a quién me encuentro allí? A Laura, por supuesto. Pedí algo de beber y me senté en la barra a su lado. El lugar estaba prácticamente desierto y nos pusimos a charlar. Al principio, echamos broma sobre el calor insoportable del verano y lo bien que vendría estar en la playa. Pero, claro, estábamos atrapados en el deber diario, así que reímos con complicidad.

─ Por cierto, tengo tres días libres ahora. Me vendría genial ir a la playa. ─ le solté.

─ Ay, ojalá pudiera escaparme, pero me toca currar en esta cafetería todo el fin de semana. ¿Y tú, qué tienes pensado para estos días libres?

─ De momento, no tengo planes. Supongo que solo descansaré en casa.

─ Vaya, ¡pareces un auténtico ermitaño! Aprovecha y sal a vivir un poco.

─ Bueno, no me siento demasiado animado últimamente. ─

Me preguntó qué me pasaba para estar así, y le conté un poco sobre mi ruptura, que había ocurrido hacía más o menos un mes. Ella expresó su simpatía y compartió conmigo algunas palabras reconfortantes. Luego, sinceramente, me confesó algo propio.

─ Sabes, también estoy pasando por un mal momento con mi novio. Hay algo que no encaja. No sé si es la rutina de llevar tres años viviendo juntos o qué.

Ahí es cuando me enteré de que tenía un novio, y déjame decirte que fue como una ducha de agua fría. En varias ocasiones, había sentido que coqueteaba conmigo, y por un momento, llegué a pensar que podría haber algo entre nosotros.

Seguimos charlando un buen rato mientras terminaba mi bebida y pagaba la cuenta. ─ Gracias por el refresco y la charla. Ahora subiré a casa a comer algo.

─ Las gracias te las doy yo a ti. ─ dejó la barra y se acercó a mí ─ Y, arriba, anímate un poco. Nadie se muere por nadie. ─ me abrazó y me plantó un beso en la mejilla.

Pude sentir sus perfectas tetas contra mí, y entre eso y el calor que hacía, en cuanto entré en la casa de mi padre, me metí en la ducha para refrescarme.

Unos días después, en plena noche calurosa, decidí sacar al perro a pasear mientras la calle aún estaba fresca. Con casi nadie en las calles, solté la correa del perro para que explorara un poco por sí mismo. Justo cuando pasaba frente a la cafetería, que ya había cerrado, mi perro se largó como una flecha por la puerta entreabierta de atrás que daba a la cocina. Claro, yo salí disparado detrás de él, y me encontré con Laura, agachada y acariciándolo.

─ Perdona, lo llevaba suelto y seguro te vio desde lejos. Se lanzó directo hacia acá. ─ traté de disculparme mientras la miraba a los ojos. Claro que no pude evitar echarle un vistazo a su escote, donde descansaban sus impresionantes tetas. Por supuesto, se dio cuenta, y en su mirada y esa sonrisa pícara, volvimos a encontrarnos.

─ Estoy a punto de terminar de limpiar la cocina y me largo a casa. ─ me explicó mientras me miraba.

Sujeté al perro y estaba por irme cuando me preguntó acerca de mi fin de semana. ─ ¿Cómo te fue en tus días libres?

─ Pues como te dije, me la pasé descansando en casa.

Justo en ese momento, se le resbaló una olla llena de agua de las manos, se estrelló contra el suelo y me salpicó por todas partes. Ella se apresuró a agarrar un trapo limpio y mientras se levantaba, resbaló en el agua y yo la agarré por los brazos, evitando que se diera un buen golpe. Eso nos juntó más de lo que debería, y con su cuerpo pegado al mío, sus pechos recorrieron mi cuerpo hasta mis rodillas. Luego, al levantarla, sentí cómo pasaban por mi poya, lo que me encendió por completo.

─ ¿Estás bien? ¿Te hiciste daño? ─ pregunté, intentando disimular mi calentura.

─ Jajaja, no, no, estoy bien. No pasó nada, jaja. ─ respondió, tratando de recuperarse. Pero lo que no sabía era que se le había escapado un pecho de la camiseta, y casi también del sujetador. Justo ahí se asomaba el comienzo de una aureola rosada y deliciosa. Me di cuenta y no pude evitar decírselo.

─ Al parecer, algo se salió de su escondite. ─ solté con una sonrisa, intentando quitarle hierro al asunto.

Se llevó las manos al pecho, rápidamente arregló todo y se puso colorada, riendo nerviosamente. ─ ¡Qué vergüenza, por favor, jajaja!

─ No pasa nada. Aunque te confieso que no pude evitar echar un vistazo.

─ Tranquilo, sé que te gustan bastante.

─ ¿Como?

─ ¿Crees que no notamos cuando alguien nos mira? Más de una vez te he pillado mirando embobado.

─ Jaja, la verdad es que tienes unos pechos espectaculares. Imposible no admirarlos.

─ ¿En serio? ¿Te encantan tanto? ─ su sonrisa traviesa volvió a aparecer, junto con esa mirada de lujuria.

Un momento de silencio lleno de tensión se apoderó de nosotros, hasta que nos acercamos más. ─ Me fascinan. ─ fue todo lo que dije antes de que nos lanzáramos a besarnos.

Empezamos con suavidad, nuestros cuerpos rozándose mientras el calor subía. Mis manos se atrevieron a agarrar su trasero, apretándola contra mí y dejando sentir mi miembro endureciéndose en su entrepierna, lo cual pareció encantarle. ─ Mmm. ─ gimió mientras mordía suavemente mi labio inferior y cerraba la puerta a sus espaldas.

Ella comenzó a moverse, su coño apretándose más con cada movimiento, su respiración volviéndose agitada. Llevé mis manos a sus pechos, subí su camiseta y saqué sus tetas del sujetador. Eran como las había imaginado, hermosas y grandes, con pezones y aureolas rosados.

─ ¿Te gustan? ─ preguntó.

─ Son increíbles. ─ apenas pude responder antes de llevarlos a mi boca.

Acariciándolos y jugando con ellos con mi lengua. Sus pezones se endurecían bajo mis caricias, y sus gemidos se intensificaban con cada movimiento.

─ Oh, qué rico. Chupa mis pezones así. Me estás poniendo muy caliente. ─ sus manos se dirigieron a mi polla, que ya estaba a punto de reventar el pantalón.

─ Parece que no solo mis pezones están duros, mmm ─ dijo mientras continuaba acariciándola.

La apoyé sobre el fregadero y sin dejar de lamer sus pechos, desabroché su pantalón y metí mi mano. Noté un poco de vello en la parte superior, pero estaba totalmente depilada en el resto. Mis dedos exploraron suavemente y se mojaron al instante, lo que hizo que soltara un gemido.

─ Pareces estar mojadita, ¿no?

─ Tú me has puesto así. ─ dijo mientras movía sus caderas, frotando sus labios con mis dedos.

Empecé a masturbarla suavemente, separando sus labios y deslizando un dedo, luego dos. Cuando noté que entraban sin dificultad, empecé a moverlos dentro y fuera, cada vez más rápido. Ella seguía moviendo sus caderas, sus gemidos llenaban la cocina.

─ Sigue, sigue. Vas a hacer que me corra, ¡ah, ah! ─

Sus palabras me incentivaron. Continué jugando con sus pliegues, sumergiendo mis dedos en su mojado coño. En un punto, ella agarró mi muñeca con fuerza, mis dedos aún en su interior, y apretó su clítoris contra mi palma, frotándolo intensamente. Luego, su grito se desató. ─ ¡Me corro, me corro! ¡Ah! ¡Ah! ¡Me estoy corriendo, me estoy corriendo! ─ su cuerpo se tensó por un instante y luego se relajó, temblando.

Mis dedos emergieron empapados de su coño, y rápidamente los llevé a mi boca para saborear sus jugos.

─ ¿Te sabe bien? ─ me preguntó con una sonrisa pícara.

─ Es lo más delicioso que he probado. ─ respondí, mientras ella se acercaba y sus manos se dirigían a mi entrepierna. Bajó mi pantalón, liberando finalmente mi polla que ya dolía de la excitación, y comenzó a acariciarlo.

Sus manos recorrieron mi erección con habilidad, acariciando mis huevos. Normalmente, en verano suelo mantenerme depilado o afeitado, y ella parecía disfrutarlo. Se sentó en un pequeño taburete y empezó a masturbarme cada vez más rápido.

─ Me encanta que estés tan suave ─ comentó, y sin perder tiempo comenzó a besar y lamer mis huevos mientras seguía acariciando mi polla. Mi cuerpo se estremecía con sus caricias. Cada lamida enviaba descargas de placer directo a mi miembro, que estaba a punto de explotar. ─ A ver si también sabes rico. ─ sin más preámbulos, lamió mi longitud desde abajo, abriendo su boca y engullendo la mitad de mi polla. Sus labios la rodearon y succionó lentamente, desatando una serie de gemidos por mi parte. Luego, su lengua trazó círculos en mi glande.

─ Sabes delicioso, verdaderamente delicioso. ─ volvió a meterlo en su boca, mamándolo intensamente por un buen rato antes de deslizarlo entre sus tetas. Hubo momentos en los que mi pene prácticamente desaparecía entre ellas, y yo luchaba por mantener el equilibrio, ya que mis rodillas temblaban. Finalmente, detuvo su acción.

─ ¿Tienes condones? ─ No, lamentablemente no tengo aquí. ─ dije con cierta resignación. ─ Entonces tendrás que contentarte con mi boca y mis tetas. ─ decidió, continuando con sus habilidosas caricias.

─ Quiero correrme en tus tetas. ─ No en mis tetas, no. No puedo ir a casa con manchas en mi ropa. Además, te dije que quiero probarte a ti. Así que la quiero en mi boca.

Nuevamente introdujo mi miembro en su boca, esta vez sorprendiéndome al llevarlo casi por completo a su garganta. Mis manos se posaron sobre su cabeza, impulsando ligeramente su movimiento.

─ Vamos dame tu leche, quiero que llenes mi boca ─ dijo tomando aire.

Esas palabras que salieron de sus labios encendieron algo en mí, y comencé a embestir su boca, entrando profundamente en su garganta, provocando algunas arcadas que solo avivaron mi deseo. Sus babas resbalaban por mis huevos, y ya no podía aguantar más. ─ Me voy a correr, Laura. ¡Me voy a correr! ─ solté su cabeza, pero ella no detuvo su mamada, permitiendo que me liberara todo mi semen dentro de su boca mientras continuaba su mamando lenta y sensualmente. Me sentía al borde del desmayo, ya que había pasado mucho tiempo desde la última vez que me había corrido de esa manera.

Ella agarró sus tetas y escupió un poco de mi leche sobre ellas, esparciéndola con sus dedos. ─ ¿No querías verlas cubiertas con tu leche?

─ Se ven preciosas así. ─ murmuré, mientras frotaba mi miembro ya flácido sobre ellas.

Se incorporó y tomó papel de cocina para limpiarme, acercándose para darme un beso suave. ─ Me encantó. La próxima vez, ven con condones y sin perro. ─ dijo, guiñándome un ojo.

En ese momento, mi corazón se detuvo. Me di cuenta de que había olvidado completamente al perro, que ya no estaba allí. Debió haber salido antes de que ella cerrara la puerta. En ese momento, el móvil de Laura sonó. Era su novio, preguntando si todo estaba bien, ya que no había vuelto del trabajo.

─ Deberíamos irnos ya. Tú sal primero con cuidado, y yo te seguiré. Lamento no poder ayudarte a buscar al perro.

─ No te preocupes, debe estar cerca.

─ Recuerda, la próxima vez, ven sin el perro. ─ dijo, sonriente.

─ Y con condones. ─ añadí yo, sonriendo también, antes de salir cuidadosamente, asegurándome de que nadie me viera.

Comencé a llamar al perro a lo largo del paseo, y para mi alivio, cuando llegué al portal de la casa de mi padre, allí estaba, sentado. Agarré su correa y entré a casa, pensando en todo lo que había sucedido, tratando de asimilarlo. Esa noche, me dormí pensando en la próxima vez que la encontraría sola cerrando la cafetería.

Al día siguiente, desperté con la imagen de Laura lamiendo mi polla en mi mente. Me vestí rápidamente, decidido a pasear al perro y, después de un desvío a la farmacia para adquirir condones, estaba listo para la próxima vez, sin más pretextos.

Los días pasaban y la espera era una tortura. Cada vez que nos cruzábamos en la cafetería, las miradas se cargaban de complicidad lujuriosa. Laura sabía cómo provocarme: se rozaba disimuladamente conmigo o, con descaro, dejaba al descubierto su escote, mostrándome sus tetas perfectas.

Una mañana, mientras desayunaba, no podía apartar los ojos de Laura. En ese instante, su jefa, Susana, le habló.

─ Laura, hoy tendrás que cerrar sola. Clara se irá un poco antes.

Casi me ahogo con un sorbo de café al escuchar eso, y Laura me lanzó una mirada juguetona que rápidamente se transformó en una expresión llena de picardía. Por fin, se presentaba la oportunidad de estar a solas otra vez.

Acercándose para recoger mi mesa, sus labios casi rozaron mi oído mientras susurraba:

─ Te espero esta noche.

El día se arrastró, me pareció una eternidad mientras ansiaba el momento de saborear el cuerpo de Laura y de finalmente follármela. Me asomé al balcón y vi que las luces de la cafetería se habían apagado. Respiré hondo, la espera había concluido. Comprobé que llevaba los condones, y sin demora, me dirigí a la parte trasera de la cafetería. La puerta estaba entornada, emitiendo una suave luz. Entré, pero no encontré a Laura. En ese instante, la puerta se cerró, y alguien me rodeó por detrás, pegándose a mi espalda. Una mano se deslizó dentro de mis pantalones, apresando mi polla.

─ ¿Buscas a alguien? ─ alguien habló, pero no era Laura.

Quedé momentáneamente petrificado, desconcertado por la situación. Me giré y reconocí a Susana, la jefa de Laura. Una mujer baja, morena, de unos 45 años, aunque algo rellenita, irradiaba sensualidad.

─ Yo... solo estaba... ─ logré balbucear.

─ Os vi el otro día, mientras Laura te chupaba la polla.

─ Verás... es que... ─ continuaba sin saber cómo responder.

─ Shh... tranquilo, no diré nada. Pero no he dejado de pensar en tu polla ─ susurró, aproximándose a mí, su mano regresando a mi miembro.

Me quedé inmóvil, sin saber cómo reaccionar. No esperaba lo que estaba sucediendo. Bajó mis pantalones, se agachó, y su mano envolvió mi polla, comenzando a acariciarla.

─ Mmm, de cerca se ve aún más apetitosa ─ y, sin más, su boca envolvió mi polla.

Me dejé llevar por su boca experimentada y ardiente, que engullía mi polla sin cesar. Sorprendentemente, no necesité instarla a meterla en su garganta, ella lo hacía sin problema.

─ ¡Aah!... Tu polla está tan dura, cariño. Me encanta ─ exclamó, extrayendola, cubierta de sus babas.

La alcé y comencé a desnudarla. Desabotoné su blusa, liberando sus tetas, grandes, aunque ligeramente caídas. Sus oscuros pezones parecían llamarme, y no resistí la tentación de lamerlos. Cuando estaban bien endurecidos, la coloque sobre la mesa y termine de quitarle la ropa. Su coño, totalmente depilado, tenía labios oscuros y finos. Separé sus piernas y me incliné para saborearlo. Un sabor intenso pero delicioso llenó mi boca. Con mis dedos, abrí sus labios y hundí mi lengua.

─ Oh, dios... Sergio, lo haces tan bien... ah... ─ dijo mientras ella elevaba sus piernas, agarrándolas por detrás de las rodillas.

Ahora su culo y su coño estaba a mi disposición, nunca lo había hecho, pero instintivamente abrí los cachetes de su culo y comencé a pasar mi lengua por su ano.

─ Uhh… que travieso…mmm ─ gemía mientras yo iba metiendo cada vez mas mi lengua para luego volver a recorrer su coño que chorreaba fluidos.

No aguantaba más, tenía que metérsela ya y creo que ella estaba también impaciente, así que busque mis pantalones y saque los condones, pero ella se incorporo y me los quito.

─ No te hará falta, tomo la píldora. Solo no te corras en mi coño ─ agarro mi polla atrayéndome hacia ella mientras se volvió a recostar en la mesa.

Comencé a pasarla por sus labios, hasta que empezó a introducirse. Se la metí hasta el fondo y comencé a follarla suavemente. Sacaba mi polla completamente hasta meterla de una estocada.

─ Uff… así… más fuerte.

Con que más fuerte me dije a mi mismo y le di una fuerte embestida y luego otra, sus tetas temblaban al compas de mis movimientos.

─ ¿Así de fuerte te gusta putita? ─ me sorprendí al usar ese lenguaje, pero su actitud me incitaba a ser duro con ella.

─ Si… folla a esta putita cabrón.

Me excito más aún si cabe y empecé a follarla con fuerza e intensidad. Podía sentir sus fluidos mojando mis huevos mientras golpeaba su coño con fuerza. Ella no paraba de gemir y decirme que no dejara de metérsela.

─ Joder Sergio… me voy a correr… me estas reventando…sigue por dios.

Cuando note que empezó a correrse le di unas fuertes embestidas dejando mi polla dentro unos segundos y se la saque lentamente.

─ Ah…─ gimió al sentirla salir ─ que dura la tienes todavía cabrón ─ me dijo agachándose y metiéndosela en su boca de nuevo ─ ¿Te gustó el sabor de mi culo? ¿Quieres fallármelo también?

─ Por su puesto, ponte ahí en el taburete ─ le dije acercando el taburete bajo a la mesa.

Ella obediente, se puso de rodillas y apoyándose en la mesa dejando su ano expuesto comenzó a pasar sus propios fluidos por él, lubricándolo.

─ Adelante, pero ve despacio ─ me dijo mientras abría los cachetes de su culo.

Me puse detrás, agarré mi polla y empecé a presionarla contra su ojete. La cabeza entro fácil, pero para el tronco de mi hinchada polla tuve que presionar un poco más.

─ Déjala así un poco… ─ me dijo cuando tenía la mitad dentro.

Unos segundos después, Susana tomó las riendas y empezó a moverse, mientras yo aferraba sus caderas y comenzaba a seguir su ritmo. Lentamente, su trasero empezó a ceder y mi polla entraba con mayor facilidad, adentrándose cada vez más profundo. Era simplemente impresionante ver cómo su culo se expandía con cada embestida, mientras mi polla se hundía en él.

─ Aaah…Aaah… si así toda cabrón… párteme el culo ─ gritaba la muy puta mientras la tenía completamente ensartada.

Sus palabras resonaron en mi mente como un llamado al desenfreno, y me lancé con furia contra su culo. Embestí con fuerza su agujero apretado, sintiendo la tensión y la humedad de su interior. Con cada embate, mi pelvis chocaba contra sus nalgas, haciendo que sus tetas rebotaran contra la mesa y sus alaridos llenaran el aire. No disminuí la intensidad; más bien, la incrementé, disfrutando de cada reacción y cada sonido que emanaba de ella. Me pidió que partiera su culo, y yo estaba más que dispuesto a cumplir su deseo.

─ Susana que culo más tragón tienes, quien iba a decir que eras tan guarra.

─ Ah… hijo de puta… ¡aaaaaah!… ¡me estoy corriendo!… ¡no pareeees! ─ gritaba y comenzó chorrear mi polla y mis huevos con sus fluidos.

Ya no aguantaba mas estaba a punto de correrme, la embestí con más fuerza aun si cabe hasta que se la hundí lo mas que pude y empecé a descargar mi semen. Me movía suavemente descargándome completamente en su recto.

─ Oh dios Susana que culo tienes, como iba a imaginar que eras tan puta. ─ jadeé, dejando escapar mis palabras entre gemidos de placer.

─ Mm… y tú que polla tienes cabrón… Uff, siento tu leche caliente llenándome por dentro.

Sacándola lentamente, su ano dilatado liberó mi semen, y con sus dedos jugó, trazando círculos alrededor de su entrada. Luego, recogió un poco de mi semen y lo llevó a su boca.

─ Delicioso ─ susurró, con una expresión perversa, mientras su culo aún permanecía ampliamente abierto.

Vaya follada increíble nos dimos, aunque había experimentado sexo anal en otras ocasiones, nunca como esto, de esa forma tan salvaje. Después de limpiarnos y volver a vestirnos, ella me ofreció un refresco y nos sentamos. Fue entonces cuando me reveló cómo había planeado todo. Ella se dio cuenta de que Laura me dijo que me esperaba a última hora, entonces poco antes de cerrar volvió a la cafetería le dijo a Laura que se fuera que ella cerraría.

─ Tenías que haber visto su cara de decepción, pero desde que vi cómo te comía la polla no he podido dejar de fantasear contigo y hoy tenías que follarme como fuera.

─ Me da un poco de pena Laura, pero la verdad que el cambio no me ha desagradado ─ le dije un poco burlón.

Terminé mi refresco y me fui diciéndole que esperaba repetir en otra ocasión ─ Mi culo estará encantada de recibirte de nuevo ─ me dijo con una sonrisa y dándose una nalgada.

Al llegar a casa, me di una ducha y me tumbé para ver una película antes de dormir, aunque apenas prestaba atención con la imagen de Susana con su culo dilatado aún en mi mente, y luego estaba Laura; aún quería follármela. Me preguntaba cómo reaccionaría si se enterara de la verdad. No sabía lo que significaba para ella lo que había ocurrido entre nosotros. ¿Era solo una aventura clandestina para ella, o había algo más? Mi vida rutinaria había dado un giro inesperado, con dos mujeres deseosas de mi polla. El futuro prometía ser interesante.

Continuará…

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