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El precio del alquiler (6)

Saben que cruzar la línea es peligroso, pero el morbo de ser vistos en medio de la naturaleza les resulta irresistible. Sin embargo, cuando la vida real los alcanza con la pérdida de sus empleos, la pasión se convierte en el único refugio contra la incertidumbre.

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Sería la 1 de la madrugada cuando llegamos casa, habíamos cogido un taxi después de salir de la casa de Sofía y no habíamos dicho nada por el camino, ambos sabíamos que aquello se nos había ido un poco de las manos, pero no habíamos sabido pararlo.

- Elena…

- No digas nada Juan, ya sé lo que vas a decir y creo que no es momento de hablarlo, ahora únicamente quiere ducharme e irme a dormir

- Está bien Elena

Ahí quedó la conversación, Elena se quitó la ropa, se quedó desnuda y se fue hacia la ducha. Lo mismo hice yo cuando ella terminó, me fui a la ducha y a los 15 minutos ya había acabado y me había metido en la cama junto a Elena, había sido un día de locos, pero solo sería el primero de muchos.

A la mañana siguiente, nos despertamos sobre las 9 y media de la mañana, los dos habíamos dormido muy bien después de la noche que habíamos tenido con Sofía y a los dos nos había gustado. Lo supe porque al abrir los ojos Elena me estaba mirando con una sonrisa en su cara angelical a la que nunca me podía resistir.

- Buenos días guapo

- Buenos días guapa, ¿has dormido bien?

- Como un bebé, hacía mucho tiempo que no dormía así de bien

- Jaja Elena, lo de ayer…

- Juan, vamos a hacer una cosa, no vamos a hablar de lo de ayer, a mí me gustó porque surgió así pero no creo que pudiera repetirlo

- Elena, a mí también me gustó mucho, pero creo que sí que podríamos repetirlo

- Jajaja ya te vale guapo, de todas maneras, no me extraña, nos tuviste a Sofía y a mí comiéndote la polla, estoy segura que lo disfrutaste como nunca

- Y no te equivocas, fue una fantasía hecha realidad

- Ya veo ya, pero, ¿qué hubiera pasado si hubieran sido dos pollas las presentes ayer?, ¿me hubieras dejado que se la chupara a otro?

- Puff no sé Elena, no pensaba que lo de ayer fuera posible, pero viendo lo que hicimos creo que sí que me hubiera gustado verte chuparle la polla a otro hombre

- ¿Lo dices en serio?

- Jajaja creo que sí, aunque admito que hubiera costado verlo

- Vaya vaya, tomo nota entonces, por cierto, estaba pensando que hoy podíamos salir a rodar unos kilómetros en bici, ¿qué te parece?

- Jajaja Elena, después de lo de ayer…¿quieres hacer más ejercicio?

- Idiota…

- Jajaja está bien, está bien, vamos a ordenar y a limpiar un poco la casa y esta tarde salimos, ¿te parece bien?

- Perfecto

Y eso hicimos, nos pasamos toda la mañana limpiando y ordenando la casa para, a continuación, comer temprano y echarnos una pequeña siesta. De hecho, serían las 4 menos cuarto cuando nos empezamos a preparar y a mí se me puso dura otra vez viendo a Elena cambiarse.

Se había desnudado por completo para ponerse un tanga blanco deportivo que se le metía en el culo marcándoselo de manera escandalosa, también se había puesto un culotte gris que le quedaba de escándalo y arriba había elegido un sujetador deportivo azul marino y un maillot blanco del equipo movistar, en resumen, daban ganas de quitarle la ropa y follarla allí de pie.

- ¿Qué, qué miras Juan?

- Lo buena que estás Elena

- ¿No tuviste suficiente anoche?

- En absoluto, además fuiste tú la que dijiste que querías un fin de semana de sexo

- Jajaja y lo quiero, pero todo a su tiempo, puede que te lleves alguna sorpresa

- ¿Cómo cuál?

- Si te lo digo no sería una sorpresa, ¿verdad?

- Mmmm pues no, aunque podrías hacer algo para ir animando la cosa

- ¿Qué quieres?

- Me gustaría que no te pusieras el maillot, que fueras solo con el sujetador

- Madre mía Juan…estás peor de lo que pensaba, ¿tú has visto el escote que tiene este sujetador?, en cuanto me incline en la bici todo el mundo me vería la tetas casi por completo

- Mmmm no estaría mal

- ¿Eso quieres, que me vean las tetas?, ¿te has convertido en voyeur o qué?

- Mmm no pero después de lo de anoche estoy muy caliente Elena, tengo ganas de hacer alguna locura

- Otra más querrás decir

- Otra más, sí

- Pues no vas a tener suerte guapo, me voy a dejar el maillot puesto pero sí que puedo hacer esto

Elena se refería a bajar la cremallera del maillot hasta la altura del escote de manera que las tetas se le marcaban bastante y dejaba ver el sujetador a través de la abertura.

- ¿Qué te parece así?

- Jajaja me tendré que conformar con eso, de momento…

- ¿Cómo qué de momento?

- Nada nada, cosas mías, vámonos anda, que luego se nos hace tarde

El día estaba medio nublado, hacía una temperatura estupenda, unos 25 grados, así que bajamos al garaje a por las bicis de montaña y pusimos rumbo a la zona del Pardo, paraje natural donde se encuentra el cementerio posiblemente más famoso de Madrid y que tiene innumerables caminos para perderse.

Serían las 5 y cuarto de la tarde cuando acabamos de rodear el pantano de El Pardo y llegamos al mirador de Valdelaganar. Se trata de una zona donde no hay absolutamente nada, estás rodeado de campo por todos lados y solo oyes el sonido de la naturaleza, zona que a mí me dio pie a jugar un poco con Elena.

- ¡Qué maravilla Elena!, hacía mucho que no veníamos por esta zona

- Sí, tienes razón, tendríamos que venir más, aunque reconoce que hay un buen camino hasta llegar aquí

- Pues sí, pero, ¿sabes qué?, que ahora mismo estamos solos en medio de esta maravilla de la naturaleza

- Juan… qué te conozco, no quieras hacer ninguna cosa extraña por favor

- No me has dejado decir nada Elena, ¿por qué dices eso?

- Porque te conozco…

- Está bien, está bien, soy culpable, te iba a pedir que ahora sí, te podrías quitar el maillot y quedarte con el sujetador

- ¡Lo sabía…! mira que eres pesado!, es solo un sujetador deportivo que me pongo también para ir al gimnasio, desde luego con que poco te pones caliente Juan

- Jajaja contigo siempre me pongo caliente Elena, da igual que estés vestida

- Mira que eres bobo eh

- Un poco sí

- Está bien, me quito el maillot, aunque solo sea por pesado

Cuando Elena cede en algo, lo hace con mucha elegancia y nunca queda por debajo así que, tras mi petición, se quitó el maillot y lo guardó en la mochila que llevamos a la espalda donde guardamos algo de comida, el móvil, las llaves y demás.

- Bueno, ¿y ahora qué?, ¿nos damos la vuelta a casa?

- No Elenita, había pensado en otra cosa…

- No Juan, espero que no sea lo que estás pensando

- Jajaja pues sí, lo es, podíamos salirnos un poco del camino y pasarlo bien tú y yo un rato, ¿no te parece?

- Juan…¿quieres follar aquí o qué?

- No me importaría, no

- Joder…habíamos salido solo a dar una vuelta en bici Juan

- Y lo estamos haciendo, pero podemos hacer las dos cosas a la vez

- Jajaja vamos anda

Había convencido a Elena, estaba claro que a ella también le daba morbo aquello así que cogimos las bicis y nos internamos entre los árboles, aunque apenas nos alejamos unos 50 metros del camino principal.

Nos ubicamos junto a un cercado de piedra que imaginamos hacía las veces de corral para meter animales, aunque en ese momento se encontraba vacío. No era el mejor sitio del mundo para echar un polvo, pero ambos estábamos muy calientes así que me acerqué hasta la pared del cercado y me apoyé en ella, porque era una pared de unos dos metros de alto. Elena vino hacia mí y me rodeó con sus brazos por detrás de mi cuello mientras se pegaba como una lapa a mi cuerpo.

- Juan, estamos locos…

- Jajaja locos no, estamos muy calientes

- Eso también, sí, aunque si tengo a una mujer tan sexy pegada a mí creo que lo suyo es hacer locuras, ¿no te parece?

- Mira que eres bobo eh

- Un poco, sí

- Calla anda y bésame

Nos fundimos en un cálido y profundo beso mientras yo metía mano por todos lados a Elena, estaba realmente caliente y quería follármela ya mismo, aunque seguimos un rato más así hasta que le hice la siguiente propuesta.

- Elena..

- Dime

- Date la vuelta por favor

- ¿Para qué?, ¿no querrás hacer lo que estoy pensando verdad?, ni se te ocurra Juan…

Me miraba a los ojos queriendo poner cara de reproche, pero la verdad era que estaba muy caliente, igual o más que yo así que me hizo caso y me dio la espalda para que yo pudiera quitarle aquel sujetador y dejar aquellas maravillosas tetas libres. Acto seguido, se dio la vuelta y se puso de rodillas, estaba claro cuál era el paso siguiente que iba a dar Elena, que no era otro que bajar mi culotte junto con mis calzoncillos y comenzar a chupármela.

De nuevo, como el día anterior, estaba en la gloria, pero esta vez el morbo era mayor porque a pesar de estar en medio de la nada cualquiera podría pillarnos, al fin y al cabo, aquel camino lo transitaba gente y aunque nosotros estábamos fuera de él, no quitaba la posibilidad de ser descubiertos.

Era una posibilidad que se transformó en real cuando, al rato de estar Elena chupándomela, oímos que se acercaba un coche y paraba cerca del borde del camino.

- Juan, se acerca alguien, vámonos por favor

- Tranquila Elena, no sabemos hacia donde van, además, si nos pillan que nos pillen

- Te has vuelto completamente loco, ¿quieres que nos vean mientras estoy chupándotela?

- ¿Por qué no?, así en plan voyeur

- Has perdido completamente la cabeza, pero conmigo no cuentes

No me dejó decir nada más, cogió el sujetador, se lo puso y agarró la bici para dirigirse al camino otra vez. Sin embargo, yo no hubiera parado, estaba muy caliente y me hubiese dado igual que vieran a Elena con las tetas al aire y chupándomela, era una situación que ya me había imaginado más de una vez y que me daba mucho morbo, pero Elena tenía más sentido común que yo y se negó en rotundo.

De esa manera, me había quedado con las ganas de follar en mitad de aquel lugar, aunque Elena tenía razón, los dos hombres que habían venido en el todoterreno se dirigieron hacia el cercado donde estábamos y nos los cruzamos. Los saludamos y ellos hicieron lo mismo, aunque se quedaron mirando fijamente a Elena enfundada en aquel sujetador y aquel culotte, no era para menos. Sujetador por otra parte que no había cubierto con el maillot, ni lo hizo cuando llegamos al camino cuando nos dirigimos de vuelta a casa, pero ella no hizo ni el amigo de volver a sacarlo de la mochila, hecho que yo le hice saber.

- Elena, ¿no te vas a poner el maillot?

- Mmm no, estoy a gusto así

- Vaya vaya, al final vas a ser una exhibicionista..

- Sí, bueno, tú querías que nos hubieran visto esos dos hombres medio desnudos mientras te la chupaba, no sé yo quién es el exhibicionista de los dos

- Joder Elena, nos han jodido un buen polvo

- Bueno, ahora cuando lleguemos a casa nos desquitamos

- No, Elena, vamos a buscar otro sitio por favor, no creo que pueda aguantar hasta llegar a casa

- No Juan, no pienso hacerlo, espérate y cuando lleguemos a casa echamos un buen polvo

Y eso tuve que hacer, no me quedó más remedio que esperarme hasta llegar a casa, pero cuando llegamos me desquité pegándole un buen polvo a Elena. De hecho, en cuanto entramos por la puerta no tardé ni dos segundos en quitarle el sujetador y en cogerla en volandas hasta llevarla a la habitación para, a continuación, tumbarla en la cama y quitarle el resto de ropa que le quedaba.

Empecé a comerle el coño como hacía tiempo que no lo hacía, hecho que provocó dos orgasmos en el cuerpo de Elena, y dejándola completamente deshecha sin siquiera habérsela metido. No era necesario, además, no me la follé en la cama, tenía ganas de hacer cosas distintas así que nos fuimos a la ducha y allí la follé contra la pared de la ducha como hacía mucho tiempo que no lo hacía, siendo un polvo rápido pero maravilloso y morboso.

Tras correrme dentro de Elena, ambos nos duchamos y nos tumbamos encima de la cama desnudos, estábamos reventados después de la salida en bici y la experiencia del día anterior.

- Joder Juan, no recordaba un día tan bueno como el de hoy

- ¿No decías que querías sexo este fin de semana?, pues…

- Jajaja la verdad es que ha sido mejor de lo que esperaba, la verdad

- Si me la hubieras seguido chupando esta tarde al lado de aquel cercado hubiera sido ya el día perfecto

- ¿Otra vez con eso?

- Sí, me hubiera dado un morbo tremendo

- Desde luego Juan…

- ¿Qué?

- Mejor no digo nada

- No, dilo por favor

- Es que no sé por dónde empezar, últimamente estás raro con lo de las fantasías, lo del voyerismo y demás

- Jajaja qué morro tienes, la que empezó con los vídeos porno y la que ha dicho lo de tener más sexo, especialmente esta semana, has sido tú si mal no recuerdo

- Jajajaja pero creo que me refería a otra cosa

- Sí claro, mira, vamos a cenar algo y casi que nos podemos ir a dormir, ¿no te parece?

- Será lo mejor sí

Y así acabó nuestro día, con cena a las 8 y pico de la tarde y durmiéndonos a las 10 de la noche, el cansancio era real. Cansancio que nos duró también el domingo porque no fue un día destacable ya que, entre seguir ordenando y limpiar la casa y estar tirados en el sofá el resto del día, no hicimos nada especial.

Lo especial vendría aquel miércoles 8 de mayo en el que mi vida tranquila se truncó. Serían las 12 de la mañana cuando mi jefe me llamó al despacho, cosa que no ocurría casi nunca, así que sabía que algo no iba a ir bien.

- Siéntate Juan

- ¿Ocurre algo Pedro?

- Lamentablemente sí, ya sabes lo mal que están las cosas Juan, la economía de España está a punto de quebrar y nosotros estamos igual, así que nos ha tocado hacer recorte de personal al 50%

Evidentemente, tras aquella frase, ya sabía lo siguiente que iba a decir mi jefe Pedro, pero no por ello se me hizo más fácil.

- ¿Y ese recorte me ha afectado a mí verdad?

- Desgraciadamente sí, Juan

- ¿No están contentos con mi rendimiento?

- Estamos muy contentos, pero desgraciadamente nos vemos obligados a recortar gastos, pero estoy seguro que te va a ir muy bien en otro sitio Juan, eres joven y con tu experiencia y habilidades seguro que encuentras pronto trabajo.

Aquello fue un mazazo tremendo, lleva un año y un mes en la empresa y me encantaba mi trabajo, aparte de suponer una fuente de ingresos. Tal y como estaba el país en aquel momento, aquella frase de ánimo de mi ya ex jefe no me iba a servir en absoluto, era como si te tocara el peor boleto en la tómbola y no te tocara ningún regalo.

- ¿Cuándo me tengo que ir Pedro?

- El viernes Juan

- ¿El viernes?, ¿no se supone que me tienen que avisar con más tiempo?

- Sí, por esa razón te vamos a compensar pagándote el finiquito y lo que queda de mes hasta el día 31, lo siento de veras

- Más lo siento yo

Y diciendo aquello, me levanté de la silla y me fui a mi puesto de trabajo, si ya lo podía llamar así porque total me quedaban dos días en él. Puesto en el que estuve hasta que dieron las 3 y me fui a casa, a la que llegué media hora más tarde.

Antes de meter la llave en la cerradura ya me estaba dando vueltas la cabeza a cómo le iba a decir aquella noticia a Elena, pero lo que yo no sabía es que ella tampoco traía noticias mejores que las mías, así que intenté hacer de tripas corazón y entré decidido a casa, pero me encontré a Elena cocinando con la cabeza un poco gacha.

- Hola cariño, ¿estás bien?

- Hola Juan, no te voy a mentir, no estoy bien, hoy me ha dicho Laura (compañera de trabajo de Elena en la cafetería) que van a hacer recorte de personal en la cafetería, dicen que no da tanto dinero para pagar a tantos empleados

- ¿Pero a ti te han dicho algo directamente Elena?

- No, pero tengo miedo

Aquello fue demasiado, no pude aguantar las ganas, así que me senté en una de las sillas de la cocina, me tapé la cara con las manos y empecé a llorar. Sentía una impotencia terrible además de una tristeza muy profunda que, unida a la noticia de Elena, hizo que explotara y que Elena se asustara un poco.

- ¡Juan!, ¡Juan!, ¿qué te pasa?, habla conmigo por favor

Pero yo no podía contestarle, solo podía llorar y por esa razón, tardé un buen rato en tranquilizarme.

- Elena…yo…

- Dime lo que sea, no pasa nada amor

- Me han echado Elena, la empresa me ha echado

- ¿Cómo dices?

- Lo que oyes Elena, han hecho recorte de personal y como yo no llevo mucho tiempo en la empresa, me ha tocado a mí

Elena se había quedado un poco blanca pero siempre sabía sacar el lado bueno de todo así que me agarró la cara y me miró como nunca lo había hecho.

- Todo va a salir bien Juan, ya lo verás, tú no te preocupes

Aquella frase me animó un poco y me hizo darme cuenta de lo mucho que me quería Elena, no había ni un reproche, ni un mal gesto ni nada que ella sintiera que yo hubiera hecho mal.

Era cierto que tenía cuatro meses de paro más lo que me iban a dar de mayo y que en teoría me iba a dar tiempo a encontrar algo sin que eso nos supusiera un trauma, pero estaba muy equivocado. Y tan equivocado que estaba porque, dos días más tarde, un viernes 10 de mayo de aquel fatídico 2013, Elena vino a cenar después de haber estado trabajando en la cafetería y no venía precisamente con buenas noticias.

- Buenas noches Juan

- Hola Elena, ¿qué tal el día?

- Mal Juan, se ha confirmado lo que ya me temía el otro día, en la cafetería también han hecho recorte de personal y me ha tocado a mí

Cuando crees que la vida no te puede ir peor siempre te equivocas, eso estaba claro, ya que nunca podría haber imaginado que los dos podríamos quedarnos en paro a la vez o semi en paro porque Elena seguía manteniendo las cuatro horas por la mañana en el periódico digital.

Comenzaba así un mes fatídico para nosotros, aunque los problemas siempre son transitorios, eso también es una realidad inmutable que todos deberíamos admitir.

Continuará

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