Mi problema (III)
El tratamiento prometía ser solo un trámite, pero Ana tenía otros planes. Cada sesión era más intensa, cada toque más provocador, hasta que el protocolo médico se rompió por completo. Ahora, la enfermera ha pedido entrar en su casa, y la barrera profesional ha caído para siempre.
Llegué a casa y me depilé como Ana me había indicado. Estaba listo para las siguientes citas.
Las siguientes citas fueron una repetición del primer día de tratamiento. Mucho morbo, algo de dolor y paja final para acabar. Yo me mantenía depilado todos los días, mi piel estaba suave para deleite de Ana que pasaba sus manos y dedos por las zonas delicadas siempre que tenía ocasión.
Las citas se intensificaban y al cabo del primer mes me logró descapullar con el pene en erección. Ahora comenzaba una nueva fase pero había un problema: los fines de semana debería continuar con el tratamiento por mi cuenta.
El primer fin de semana no logré avances, es más el lunes siguiente sentía mucho dolor. Con paciencia Ana recondujo el tratamiento hasta que el viernes mantuvimos una conversación sobre el fin de semana:
Andrés, el fin de semana deberíamos vernos en tu casa para darle continuidad a esto. Aquí no podemos venir ya que cerramos los fines de semana - me sugirió.
Era la situación soñada. La enfermera en mi casa. Los pensamientos iban y venían en mi cabeza. Yo estaba totalmente convencido que quería hacer algo más que un simple tocamiento y una paja.
Quedamos para sabado y domingo sobre la misma hora. Me encargué de que no faltara de nada en mi casa por si quisiera quedarse a cenar.
Al llegar el sábado, a la hora que habíamos acordado, tocó al timbre y le abrí. Iba vestida de calle, sin bata con un vestido algo holgado muy veraniego. Se notaba que iba sin sujetador ya que sus pezones se marcaban ligeramente.
Buenas noches Ana. ¿Qué tal te va? - la saludé.
Muy bien Andrés. Muy relajada, vengo de la playa que ha hecho muy buen día. - me contestó de manera muy extrovertida y relajada.
Pasa por favor, como si estuvieras en tu casa.
Gracias.
Al pasar delante de mi, la miré de arriba a abajo. Era una tía con un cuerpo espectacular. No pude enviar mirarle su prodigioso culo. Le pedí que se sentara y la invité a tomar algo o si quería comer algo.
Supongo que vendrás cansada de la playa. ¿Quieres tomar algo? Tengo de todo y tambien tengo para cenar si tienes hambre - le expliqué intentando que se quedara un rato más que para lo que venía.
Pues solamente un vaso de agua nada más muchas gracias, ¿el baño dónde lo tienes?
El pasillo la primera puerta a la izquierda.
Fue al baño y yo le preparé el vaso de agua. Al salir del baño me llevé una decepción. Se había cambiado al uniforme de enfermera. Mis esperanzas de hacer algo con ella acababan de tirarse por el váter y tirado de la cadena.
Oh Ana veo que te has cambiado. Voy a quitarme la ropa para que podamos empezar.
No hace falta te quites nada, ponte en la posición habitual y yo te bajaré el pantalón cuando sea el momento.
Me puse encima del sofá a 4 patas. No gocé mirarla ni un momento ya que estaba claro a lo que venía y mi polla no se había activado. Se me hizo eterno, hasta que se sentó detrás de mí y noté como me bajaba el pantalón. Yo tenía la cabeza agachada concentrándome y preparándome para aguantar el dolor que me fuese a producir.
Empezó a menearme mi miembro para pornerlo erecto. Cuando mi polla estuvo totalmente dura noté que algo me estaba rozando. Madre mía, ¡era su lengua! Me la estaba mamando.
Giré inmediatamente la cabeza y la vi agachada tocandome y chupándomela con suavidad.
¿ Te gusta Andrés?
Ana pero que me estas haciendo
Ay Andrés. ¿Sabes cuanto he esperado este momento?
No dije nada, me dejé llevar. Se fue quitando la ropa poco a poca mientras yo seguía a 4 patas. Continuó lamiendo el glande y tirando de mi prepucio hacia atras hasta que estuvo totalmente descapullado. Yo estaba excitadísimo hasta que de repente noté que su lengua se dirigía a mis testiculos y con lentitud hacia mi ano. Las sensaciones eran brutales. Estaba como loco por girarme, cogerla y empotrarla contra la pared pero el placer que me daba era inmenso e impedía mi movimiento.
De repente paró e hizo levantarme. Estando de pie siguió mamando y masajeando. Ninguno de los dos decía nada. Con su blusa de enfermera abierta sus tetas estaban al descubierto. Tenía unos pezones rectos con una areola de tamaño medio de color muy oscuro que no podía parar de mirar. Me descapulló por completo, sacó un preservativo y me lo colocó.
Fóllame aquí en tu sofá.
Se puso a 4 patas. Su coño era rosadito ain pelo alguno y su culo en esta postura se veía como nunca me imaginé. Engulló mi polla al instante, estaba muy caliente y mojada.
Nada más entrar se retorció y tuvo un orgasmo. Mi polla estaba como nunca la había visto. La metía hasta y la sacaba hasta que mi glande tocara con sus labios vaginales. Le sujetaba y magreaba las tetas todo lo que podía mientras no parabamos de dar gritos de placer. Se corrió dos veces seguidas pero yo no podía parar hasta que descargar la última gota de leche. Llevaba un mes esperando este momento. No era el momento de parar ni venirse abajo.
Eyaculé hasta vaciarme por completo y caí rendido a su lado con el preservativo lleno de leche y nos quedamos un rato en el sofá sentados sin decirnos nada solamente descansando.
Al recuperarnos me dijo:
Andrés follas como los ángeles. Ha sido impresionante. Desde que te vi la polla por primera vez supe que tenía que ser mía. Este mes en el tratamiento me he intentado mantener lo más fría y profesional posible pero después de descapullarte por primera vez no podía esperar más.
Yo estoy muy excitado cuando vengo necesito tu contacto y tus sesiones para que mi polla esté totalmente en forma. Lo de hoy ha estado muy bien me ha encantado.
Nos levantamos, nos vestimos y se fue a su casa sabiendo que nos volveríamos a ver al día siguiente por lo que habría más y mejor seguramente!
Continuará…
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