Mi lindo cuñadito
La casa está llena de familia, pero la tentación vive en las sombras de la noche. Cuando el cuñado llega a quedarse, la frontera entre la hermandad y el deseo se desvanece, y ella decide que esta Navidad será diferente.
Y bien… Me estoy cogiendo a mi cuñado. Mi esposo no lo sabe, claro. Ya hubiera hecho una locura el muy idiota.
Bueno. Te lo cuento. Hace unas semanas llego el hermano de mi esposo de vacaciones junto con mi suegra. Llegaron por invitación de mi esposo, y es que con eso de que “mi mama está sola”, “que lo pasan muy tristes en navidad” pronto hubo una llamada y al día siguiente ya estaban tocando a la puerta de la casa.
A la bruja de mi suegra la recibí con un frio apretón de manos -nos odiamos cordialmente dice mi esposo- pero al cuñado le di un abrazo apretado y su besote. No pude evitar sentir como se estremeció su cuerpo durante el abrazo. Su carita se puso roja. De pronto, me di cuenta que ya no era un niño. Había crecido hasta casi mi tamaño, su voz era más gruesa y su aspecto era un poco más varonil. Me reí y le dije que no se avergonzara, que ya debía estar acostumbrado por tanta novia que tenía. Y luego luego, la bruja que dice que no le metiera ideas como esas, “que estaba muy chiquito”. Mi esposo entro al quite y les pidió que subieran a la recamara que les esperaba. Y que le planto otro beso más suave en su frente mirando a mi suegra a los ojos. Que se prende la vieja. Subió las escaleras casi a punto de reventar, seguida del cuñado. Mi esposo bajo luego con cara de que diablos haces y yo con mi cara de ella empezó.
Todo iba “normal” hasta la noche. Ya en la cama con mi maridito, me metí bajo la sabanas, le bajé el boxer y que le agarro su verga y se la empiezo a chupar suavecito, desde su cabecita resbalando mi lengua hasta sus huevos, bajando y subiendo mi mano cuando me dice que estaba su mamá, que nos iba a escuchar, que lo dejáramos para cuando se fueran. Que me encabrono. Le dije que se iban a quedar casi el mes, que no se la mamara. Y es que haz de saber que desde que nos mudamos aquí, cogemos por lo menos, tres veces por semana. Y nos damos duro, probando cosas, diciéndonos chingadera y media, bien intenso. Me acostumbro a mis tres orgasmos y a veces un squirting. Y de pronto la mamada de que su mamita nos iba a oír, me puso los pelos de punta. Que me tapo hasta arriba, que lo pateo a la orilla de la cama, y que le digo que eran las vacaciones más pinches que iba a tener.
Eran como las tres de la mañana cuando me despertó mi pancita. La “cena” de la bruja, te y fruta para estar saludable como en su casa, me dejo como en la cama su hijo: insatisfecha. Así que baje a la cocina a comer algo más, cuando veo al cuñado, cenando un tazón de cereal con pasas y frutas. Se disculpo quien sabe cuántas veces por tomar cosas sin permiso, ya le dije que se calmara, que no pasaba nada, que estaba en familia. Entonces que me acuerdo como iba. Como había querido un agarrón, solo traía puesta mi playera grande más vieja. Ni chonecito ni bra. Y mi cuñis al frente. Ya me iba a subir para ponerme algo extra, cuando me pregunta que si me servía un tazón con cereal como él. Y en automático que le digo que sí. Estábamos sentados en la cocina, frente a frente, cuando le digo que a mí me gustaba con mielecita y arándanos y que me paro para agarrarlos de la alacena. Fue ahí que me dio frio. Todo mi culito sintió una ráfaga de aire frio y yo, una mirada. Voltee lentamente y mi cuñis se había quedado congelado con su boca abierta. Me regrese sin mi miel y mis arándanos y terminamos el cereal en el más incómodo silencio que he tenido con un chico. Que me subo primero y, es que la costumbre de no tener visitas, hizo me olvidara del cuñis, otra vez. Ya le había regalado otra postal de mis piernas y mi culito. Ya en el pasillo para ir a las recamaras, le dije que descansara que iba a ser un día pesado, que su hermano había planeado muchas actividades para hacer, cuando me dice el cuñis que su hermano era un suertudo por haberse casado con alguien tan linda como yo. Me reí. Le regalé otro beso en su frente y sentí su respiración en mis tetas. Tenía mis pezones duros por el frío y se podían ver bajo la playera y mi cuñis los había visto de lejos y de cerca. Ya en la cama trate de recordar si había visto una erección bajo su pantalón de piyama. Que cabrona me dije, pero si era mi cuñis.
Ya por la mañana, almorzábamos unos chilaquiles rojos cuando dice la bruja “me voy a llevar a tu maridito para visitar el tianguis del viernes”, “voy a comprar la comida”, “vamos juntos para que escojas la fruta” y que volteo a verlo porque habíamos dicho que iríamos a conocer el parque con la tirolesa, me miro con su cara de hay que ser buenos con mamá. Que le sonrió con la mirada de “te pasas cabrón”. Les dije que iba a lavar la ropa pues era el día y hacia un sol bien bueno, que me quedaba. Mi cuñis me dice que el me ayuda. Le sonrió. Siempre había sido tan acomedido, ayudando en todo, desde que lo conocí cuando estaba en la primaria. Y se fueron. Y sí. Me puse a preparar la lavadora, mientras el cuñis bajaba con la ropa. En medio de la faena, se me antojo una manzana de esas con chamoy en lugar de caramelo; que le marco a mi maridito pero su teléfono sonó en la recamara. Andaba tan servicial con su mamita que no cargo su celular. Iba subiendo las escaleras cuando me dio el celular mi cuñis. Nos reímos un rato. Lo mire más de cerca: era un adolescente con unos granitos, flaquito, aún con cara de niño. Seguro que ya veía a las chicas como chicas, tal vez ya había visto su primera porno, su primera chaqueta, porque sus primeras piernas y culito ya sabía que las había visto; un quintito, sin nada de experiencia en la cama, prematuro. Me acorde de su hermano y de cómo me la metía en su casa cuando llegábamos temprano para estar solos. Me calenté de nuevo. Quería chupar esa verga tan rica, sentir su sabor, y de cómo palpitaba y resbalaba en mi agujerito, en mi boca y en mi agujerito de nuevo. Me empezaba a mojar cuando el cuñis me pregunta si me siento bien. Le conteste que si mientras imaginaba si él sería igual de caliente que su hermano, con su verga dura y gruesa. Ya cuando regresaron la bruja y mi maridito que le digo de su teléfono y se puso como loco, “que porque veía su cel”, “que si no confiaba en él”, y que le digo que su hermano me lo dio pues le había marcado antes. La bruja, claro que defendió a su crio. Me dijo que habían ido a comprar lo que dijo en la mañana. Le mente la madre con una sonrisa y a mi maridito le hice la seña de lo vemos después. Por la noche entre susurros le pregunte que que significaba esa actitud de la mañana, solo pudo contestar que yo me imaginaba cosas, entonces fui derecha y le pregunte si me estaba pintando el cuerno. Me miro y dijo que estaba loca. Me dio una rabia: este güey me estaba viendo la cara de pendeja.
Todo el día siguiente me sentí terrible; como si algo se hubiera roto y escurriera algo frio en mi pecho. Estuvimos viendo una película de esas de navidad gringas, salimos a caminar y terminamos jugando “Fall Guys” pero mi mente estaba en otro lugar. Quería hacerlo sentir lo mismo que yo, pero al mismo tiempo sentía que yo había fallado en algo y por eso estaba con alguien más. Otra vez, como a las tres de la mañana baje por algo extra para matar el hambre y, otra vez, estaba el cuñis. Ya había terminado su cereal y revisaba su teléfono. Me miro, se sonrió y sirvió otro plato con cereal, busco en la alacena y le puso miel y un puño de arándanos. Me hizo sentir tanta ternura que termine abrazándolo y llorando en su hombro. No pregunto nada. Me dejo llorar un rato y comer mi cereal. Le agradecí y lo tomé de la mano, “eres un chico tan lindo” y le di un beso en su cachetito. Nos subimos a las recamaras y a dormir, según yo. Seguí despierta por otro largo rato más, mirando el techo, a la ventana, al idiota que dormía como si nada. Me levanté, encendí la luz, y empecé a doblar y guardar la ropa. Entonces la sorpresa: me faltaba una tanga. Y bien, el único que había subido a la recamara por ropa era el cuñis. Pero si era un angelito. ¿Se iba a masturbar con mi tanguita? ¿Iría a decir mi nombre o me iba a decir cuñis? ¿Me iba a imaginar como la otra noche? ¿Se vendría en mi tanguita o solo la olería? ¿Cómo se iba masturbar? ¡Caramba! Me dio tanto morbo que quería verlo, oírlo quejarse hasta que se viniera, verlo arquearse justo cuando tiene su orgasmo. Salí despacito, muy calladita, y puse a oír en la puerta de su habitación, pero solo oí a la bruja roncar como oso. ¡Que pendeja! Si duerme en la misma habitación que su madre ¿Cómo le iba a hacer? ¿Y si se la jalaba durante la ducha? Entonces tendría que esperar hasta la mañana para poder espiarlo. ¡Pero que pendejadas estaba pensando! Fui a la cama, me asegure que mi maridito durmiera y baje mi short de piyama, abrí mis piernas y frote mi clítoris, suavecito, chupe mis deditos para que resbalaran fácilmente, un poquito más rápido, otros deditos mojados en mi boca, en mi coñito, adentro un poquito, más rápido, más adentro, más rápido, hasta que en mi cabeza parece que estalla algo caliente y me recorre, aprieto mi mano. ¡Quiero otro! Sigo moviendo mi dedito en mi clítoris y otro orgasmo viene… ¡Dios mío! Vuelvo a ver estrellitas mientras esa dulce sensación me recorre de nuevo. Ya sabía que quería. Ese cuñis tan inocente que se veía y tan pervertido… con mi tanga. ¡Y yo, con esa idea, me había calentado!
Al día siguiente, durante el almuerzo, seguía pensativa, bien distraída. La bruja pregunto que, si seguía enojada, que olvidara eso, que tenía una buena relación, que la cuidara. Le pregunté si ella había hecho sacrificios a costa de su dignidad y que me contesta que sí, que ella había pasado por alto las borracheras, las parrandas, las otras viejas, el idiota casi se atraganta con el taquito de huevo con jamón. “Nosotras sostenemos a la familia”, “debemos ser fuertes y aguantar porque ellos no van a cambiar”, dijo la bruja con una voz que no le conocía. El cuñis nos miraba y dijo que no era así, que las cosas podrían ser distintas. La bruja lo miro, suspiro, “eres muy joven, mi amor” le dijo, “ya verás cuando pase el tiempo tengas un amor, que no es fácil”.
Podía tener mi venganza y placer al mismo tiempo. Pero sentía pena por el cuñis. No quería herirlo. Había sido tan lindo desde que nos conocimos, tan tierno, que realmente mi cabeza estaba a punto de estallar, no quería lastimarlo; el idiota pudo haberme dicho que quería algo extra, pero prefirió buscarlo en otra.
Ya en navidad, hubo risas forzadas y abrazos falsos. Un brindis por una familia bonita y toda esa vaina. La bruja y el idiota bebieron para sentirse graciosos, diciendo puras estupideces. Entre el idiota y yo subimos a la bruja a su litera, luego, el cuñis me tuvo que ayudar con el idiota. Ya solos en la sala le pregunto si quiere ver una peli. Me dice que si mientras se sienta a mi lado y enciende la pantalla. Le dije que se preparara pues quería ver completa la última temporada de “Stranger Things” y que nos quedaríamos celebrando con palomitas y una cheve para cada quien. Me dice que no toma, “te lo cambio por un chesco”, me propone, yo digo va. Una hora después y tres chelas y un refresco, ya estaba bostezando, tirado sobre el sofá. Se acurruco como gatito. Moviendo su cabeza de un lado a otra, tan tierno, me acerque a darle un besito y termine en sus labios. Trague saliva, pero siguió dormido. Otro beso, uno más. Esa emoción de hacer algo prohibido y esa dulzura de sus labios era una combinación que me ponía a mil. Le di un beso más abriendo sus labios con mi lengua, mi corazón latía tan fuerte que casi podía sentirlo salir de mi pecho. Iba a seguir con su cuello cuando siento que me empuja. Estaba bien asustado, solo se levanta y lo detengo. Le digo que espere, que se siente, que no pasaba nada malo, me mira de nuevo, alcanzo a leer en sus labios “mi hermano”. Le dije que su hermano ya sabía que yo iba a hacer esto. Me acerque, me sigue mirando asustado -es ahora que la maldad se hizo presente- susurro a su oído: “sé lo que hiciste, cuñadito”. Baja su mirada y pienso que ya lo tengo. Lo beso suavemente cuando escucho que dice bien quedito que no le diga a su hermano, que va a hacer todo lo que pida, y yo pienso que sí. Asiento con la cabeza mientras sigo besando su cuello, su pecho, sus pezones, se ponen duritos; ya con su piyama abierta, abro la mía y restriego mis pechos en su cara, en su pecho, le pregunto si ha visto otras tetas, dice más bajito: “mi mamá”, que algunas veces no usa bra en su casa. “Vieja puerca” pensé. ¿Cómo le enseña sus tetas caídas? Le pregunto si le gustan mis tetas, que si son más grandes, que si están más duras, mientas le bajo el pantalón del piyama. Ya la tiene bien parada y si, está más grande que la del idiota. Me dice que soy muy bonita, que me parezco a una actriz porno que le gusta, y yo ya me estoy besando su glande, adentro y afuera, le pregunto si le gusta lo que ve, me la como, un poquito, adentro, su sabor tan distinto al de su hermano, la pongo en mi boca y la voy metiendo toda, ¡Ay güey! Casi me ahogo. Estaba bien caliente, la sigo mamando y mi mano me ayuda a que sienta más.
“¿Te gusta que te la mame?”
“Si, me gusta”.
“Quiero que lo digas más fuerte. Nadie, más que yo, te va a oír.”
“Si. Me gusta”
“¿Qué te gusta?”
“Me gusta que mames la verga”.
¡Dios mío! Eso hizo que me mojara más. Seguí chupando suavemente para que no se viniera, mirando su carita mientras mamaba. Tan tierno.
Me comencé a quitar el piyama. Justo frente a él y lo recuesto sobre el sofá. Estaba tan mojada que cuando lo monte, su verga resbala hasta bien adentro. Se sentía tan bien. Arriba y abajo, lento y luego golpeando sus caderas, me toco ahí, donde me gusta, comencé a mover mis caderas en círculos para que sintiera más. Tomé sus manos y las puse sobre mis tetas.
“Acarícialas paito”
“Si, amor”
“Jala suavecito mis pezones”
“¿Así?”
“Un poquito más fuerte. Así. Más papi”
Sentí cuando se vino. Todo caliente y para no perder la oportunidad, use mis dedos sobre mi clítoris y… un orgasmo casi con el de él. Le doy un beso largo de regalo. Bien apenado susurra que no quería venirse todavía, le comí a besos, pero sentía su verga; la tenía bien dura y parada como al principio. Lo seguí cabalgando hasta que volvió a tocar allí donde me gusta. ¡Puta madre! Me vine tan fuerte que casi me desmayé sobre él.
“Papi, me vine con tu verga tan rica.”
“¿Te gusto?”
“Quiero de a perrito, papi.”
Abrí mis piernas para que se pusiera en medio y le diera hasta el fondo. Solo puso sus manitas sobre mis nalgas suavecito, sin sujetarme y comenzamos. Pegaba tan fuerte que veía estrellitas, tenía ganas de gritar como cuando estaba con el idiota. Se me antojo tener a los dos hermanos… ¡Que puta!
Un momento más y yo ya estaba chorreando mis piernas, lo apretaba y lo soltaba cada vez que metía y sacaba esa dulce verga que no tarde en venirme un par de veces más.
Saque su verga y la chupe, con mucho cuidado, hasta dejarla limpiecita, como recompensa por ese regalo de navidad tan rico. Si lo entrenara sería mejor que su hermano y los dos, serian dinamita. Lo bese otra vez, largo y apasionadamente.
“¿Te gustó, papi?”
“Mucho.”
“Puede haber más. Y puede ser con tu hermano.”
Abrió tan semejantes ojos que me volvió a dar ternura. Nos vestimos y fuimos cada quien a su cama.
Por la mañana, el idiota y la bruja con dolor de cabeza susurraban que sólo íbamos a salir hasta la tarde que los dejáramos dormir a puerta cerrada. Mi cuñis me veía sin verme. Les dije que si, que durmieran hasta la tarde. Tomaron su cerveza y se fueron a dormir. Y le pregunte a mi cuñis si quería ver otra serie conmigo.;)
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