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La profesora de matemáticas 30

Para un cumpleaños, sus amigos le regalaron algo prohibido: una chica dispuesta a todo. Lo que empezó como un favor entre amigos se transformó en una noche de placer crudo que Alberto no podría ocultar a su pareja.

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Alberto entró en la cervecería donde ya le esperaban sus amigos y se pidió una jarra.

- Llegas tarde. - Le espetó Gabi.

- Te lo perdonamos por ser tu cumpleaños. - Dijo Ernesto.

- No les hagas caso que hace solo cinco minutos que estamos aquí. Mira, aún tenemos casi llenas las jarras. - Dijo Carlos.

Acabaron las jarras y pidieron otra ronda más la cena. El tema de conversación derivó hacia Nati.

- Yo me pajeo a diario viendo los videos. Como la echo de menos. - Dijo Gabi.

La conversación siguió con obscenidades e insultos a su labor docente.

- Que puta que era. - Concluyó Ernesto.

Acabada la cena salieron a la calle y se sentaron en un banco de un parque cercano. Los tres amigos sonreían y se miraban entre ellos. Habló Gabi, el más gamberro de ellos.

- Hemos recordado a la puta de Nati y los tres te agradecemos el buen rato que nos hiciste pasar, sobre todo después del curso que nos dio la muy puta.

- No hay de qué además ya me las distéis entonces.

- Es que hoy es tu cumpleaños y aún no te hemos regalado nada. Te queremos devolver el favor y hemos contratado a una chica que se vende y es puta. Te va a explicar Carlos.

- Pues muchas gracias.

Los tres amigos sonrieron y dejaron paso a Carlos.

- Es una chica de nuestra edad y que es del instituto al que va un primo mío, Julio, creo que le has visto alguna vez.

- Sí.

- Se ha cepillado, bajo pago, a medio instituto. Rumorean que incluso algún profesor ha pagado.

- ¿Y eso? - Preguntó curioso.

- La chica debe ser una viciosa, una puta, ninfómana o llámala como quieras. Pero cobra. Le saca partido. Dicen que para pagarse la universidad. A mi me es igual. Hace tres semanas me lo dijo mi primo y me la follé la semana siguiente. Luego se lo dije a estos y ya se la han follado la semana pasada. El anterior finde lo tenía completo. Anda solicitada.

- Está tan solicitada como Nati, ¿te acuerdas? - Dijo Gabi.

- Sí, las tutorías.

- Merece la pena. Sabe lo que se hace. - Concluyó Gabi.

- Bueno, el caso es que convenimos en que sería el mejor regalo que podíamos hacerte. Pagamos nosotros. Está muy solicitada pero nos ha hecho un hueco por ser un cumpleaños.

- Pues muchas gracias.

- Vamos a mi casa, mis padres se han ido al cine y luego a cenar y hemos quedado ahí con esta puta. - Indicó Gabi.

- Ah, se llama María. - Dijo Carlos.

Gabi vivía cerca y llegaron andando. Subieron a casa de sus padres. Los chicos se sentaron en el sofá y los sillones del salón.

- Vamos a mi dormitorio en cuanto venga. - Dijo Gabi.

- ¿A qué hora venía? - Preguntó Ernesto.

- Las 10 y media, debe estar al caer.

- La puta cobra 50 euros por servicio, mamada y polvo, no deja que le den por el culo, al menos por ahora. - Indicó Gabi.

- Es tan puta que no cobra ni desplazamiento, le saca partido al bonobús. - Dijo Carlos.

- Cada uno ponemos 15 euros y por ser tu cumpleaños ella nos descuenta 5 euros. Mira si es puta. - Dijo Gabi.

- Luego nos la follaremos nosotros, a nosotros no nos hace descuento. - Dijo Ernesto.

- Pero es tan puta que deja que se lo hagamos los tres a la vez. El finde pasado fuimos a turno. - Dijo Gabi.

Cinco minutos más tarde llamaron al interfono. Se pusieron todos en pie como un resorte. Un minuto más tarde aparecía una chica de pelo negro y piel blanca. De estatura mediana y cuerpo bien proporcionado. Su rostro era el de una buena chica. La saludaron todos cortésmente con dos besos en la mejilla.

- Hola, tú debes de ser Alberto, no te conozco, feliz cumpleaños.

- Muchas gracias, María.

- Seguro que lo pasamos bien y te queda un buen recuerdo.

- Vamos al dormitorio. Puedes colgar ahí la cazadora.

- Chicos, hemos convenido que primero estaría con el del cumpleaños y luego con vosotros. Me podréis follar el coño, os la chupo, cubana y paja. Pero ahora quiero estar a solas con el del cumpleaños.

- De acuerdo. - Dijo Gabi – Sacaré unas cervezas mientras esperamos. ¿Quieres algo, María?

- Un vaso de agua, por favor.

- Aquí tienes.

- Alberto, tú si quieres podrás mirar como me cepillo a tus amigos. Es tu cumpleaños. - Le dijo sonriendo pícara.

- Seguro que no les importa.

Todos negaron con la cabeza de manera algo exagerada y volvieron a sentarse. Pero María intervino antes de que llegaron al sofá.

- Cobro por adelantado.

Gabi le dio sus 50 euros y los 45 que habían reunido. Ernesto y Carlos le dieron sus 50 respectivos.

- Gracias, chicos. Os parecerá bien gastado al acabar. Vamos al dormitorio, encanto.

María fue sonriente y complaciente. Mientras Alberto ya iba con una erección.

- ¿Cómo quieres que me desnude? ¿O lo quieres hacer tú?

- Prefiero que lo hagas, tú, despacio y sensual.

- Muy bien. Además tienes la suerte de que eres el primer cliente del día. Luego tengo que ir a otro sitio. Pero he pospuesto alguno de la tarde, un cumpleaños es especial.

- Muchas gracias.

María sonrió y empezó a contonearse de manera sensual y provocativa sin perder la sonrisa. Se quitó el sweter mostrando un sujetador de color negro que contrastaba con la palidez de su piel. Se giró y se bajó lentamente el pantalón. Tenía un culo firme y redondeado, muy apetecible y morboso. Alberto se lamentó de no poder penetrarlo. La follaría por atrás.

- ¿No te desvistes, guapo?

Alberto quedó rápidamente en calzoncillos mientras María seguía contoneándose. Se paró y observó con agrado el bulto de su cliente.

- Te lo quitaré con la boca, servicio especial.

María se quitó antes el sujetador, que lanzó a Alberto. Dos tetas redondas con los pezones tiesos aparecieron a la vista. Fue insinuando que se lo quitaba varias veces, se puso de espaldas y se bajó las bragas. Enseñando su culo respingón. Puso el culo en pompa y finalmente se incorporó y giró, mostrando un coño depilado con el que le hizo un guiño con los dedos.

- Estoy mojada y con ganas de ver tu polla. Um, adivino que es grande por lo que se ve. Levántate.

María se puso de rodillas y con habilidad le quitó el calzoncillo. Sonrió de gusto al ver la polla tambaleándose ante ella, enhiesta.

- Grande y bonita, ya me dijeron tus amigos que me gustaría, que bien lo vamos a pasar.

- ¿Eso te dijeron? Joder. Eres muy bonita, María.

- Gracias. Oye, ¿es la primera chica con la que estás?

- No. - Dijo con una sonrisa.

- Debí suponerlo, eres guapo y bien dotado. Es una pregunta que hago siempre a chicos de tu edad. Por saber como comportarme más delicada o no.

- Ya.

- Vamos allá.

Empezó jugueteando con los huevos, besándolos y lamiéndolos suavemente, cosa que agradó a Alberto. María los succionaba con delicadeza. Empezó a pajearle suavemente con la mano, sintiendo la dureza y tamaño. Siguió besándole la polla, en toda su extensión. Pasó a darle lametones recorriendo el tronco y finalmente abrió la boca y se la introdujo de un solo movimiento. Se notaba que conocía bien ese oficio y era eficiente. Rítmicamente se introducía toda la polla y la embadurnaba de saliva. Todo ello sin dejar de mirar a los ojos a Alberto.

- Túmbate. - Le dijo mientras se incorporaba y le ponía dos dedos en el pecho.

- ¿Puedo comerte el coño?

- Encantada. No todos lo piden, ya sabes si has estado ya con alguien aunque te laves…

Los dos se rieron con el comentario y María se tumbó con gesto lascivo y abrió bien las piernas. Ofreciendo una magnífica panorámica de su coño sonrosado. Alberto se aproximó besando la parte interior de los muslos, acariciando la externa con las manos. María empezó rápidamente a gemir de placer.

- Um, que bien me comes el coño, que gusto me estás dando, debo dártelo yo a tí, jeje. Ummm.

A Alberto le halagó el comentario de toda una experta en el tema. Realmente le gustaba comer coños. En ese momento se acordó del tierno y jugoso de su hermana. Siguió centrándose en su clítoris y jugueteó metiéndole un dedo por el coño.

- Méteme, méteme la polla de una vez, no veas como me has calentado.

Alberto observó el rostro impaciente de María. Se incorporó y le mostró orgulloso su polla mientras ella miraba implorante por recibirla.

- ¿Cómo quieres que te la meta?

- Como tú prefieras, pero hazlo de una vez.

Alberto se la metió de un sólo golpe e hizo exhalar un grito a María. Empezó a follarla a un ritmo alto mientras le manoseaba las tetas y buscaba sus labios.

- Así como a una puta te follo, ¿así te follan tus clientes, zorra?

- Aaah, sí, sí, y yo también a ellos. - Algo sorprendido por la repentina brusquedad de Alberto.

María dejó que siguiera desfogándose, parecía que no había tenido sexo en varios días.

- Déjame que te folle. - Dijo melosa.

- Eso, gánate algo el sueldo.

María se dispuso arriba y se encasquetó la polla iniciando un folleteo más suave y cadencioso. Alberto disfrutaba de ello y de mirarle botar las tetas.

- Date la espalda.

María le complació y Alberto disfrutó amasando su culo. Redondo, firme y terso. Con una blancura sugerente.

- Ponte a cuatro patas.

María se dispuso y Alberto la folló de la manera más similar a si le estuviera dando por el culo. Culo que acariciaba y al que azotaba levemente. Le sacó la polla y la dispuso boca arriba. Empezó a refrotar su polla entre sus tetas y rápidamente María colaboró en ello.

- Servicio de cubana, tienes unas tetas preciosas, redondas y firmes.

- Gracias.

Alberto quiso saborearlas y se abalanzó sobre ellas lamiéndolas y besándolas con fruición. Finalmente empezó a pajearse y María abrió receptiva la boca, donde Alberto depositó la mayor cantidad de semen y el resto en su rostro. María se tragó profesionalmente el semen y limpió la polla de su cliente.

- Buen polvo me has echado, se ve que ya tienes experiencia.

- Gracias. Eres muy sexy y bonita.

- Gracias. Has aguantado bastante, se me suelen venir antes.

- Lo de llamarte puta ha sido el momento…

- No te preocupes, es muy normal. Bueno, voy a lavarme un poco. Llama a estos mientras tanto.

Alberto le acarició el culo y la besó en los labios al pasar a su lado. Ni se molestó en vestirse y con la polla aún morcillona fue a avisar a sus amigos.

- Vuestro turno, amigos.

- ¿A que ha ido bien? - Preguntó Gabi.

- De maravilla.

- Ya te decía yo.

Los tres chicos se desnudaron rápidamente y María vio tres pollas tiesas apuntándola cuando regresó. Sonrió.

- Ya veo que estás muy dispuestos.

- Sí. - Respondió Gabi. - ¿Puedes chuparnos la polla los tres a la vez?

- Um, - se quedó pensativa - de acuerdo. Pero lo acordado era uno a uno.

- Queríamos follarte a turno, un poco cada uno hasta corrernos.

- Lo hago porque quiero – pensó que ganaba tiempo para la siguiente cita realmente – pero deberíais respetar lo acordado. - Dijo con gesto serio.

- ¿Nos podemos correr en tu coño? - Preguntó Carlos.

- No, eso no, lo podéis hacer en mis tetas, ya sabéis, pero nada de en la cara ni mucho menos en la boca.

María se sentó al borde de la cama para estar más cómoda y los tres amigos se acercaron, mientras mamaba una polla pajeaba con sus manos las otras dos. Todo con gran habilidad. No se entretuvo en besar ni chupar suavemente los huevos como con Alberto. Alberto le había gustado físicamente y esos tres chavales solo eran tres clientes más.

- Empiezo yo. - Dijo Gabi.

María se tumbó en la cama y se abrió de piernas. Gabi le metió la polla y empezó a follarla con buenas acometidas.

- Sigue tú. - Le dijo a Carlos.

Carlos tomó el relevo y a su vez se lo cedió a Ernesto tras unas acometidas. Así se turnaron varias veces.

- Disfrutad de mis tetas antes de que me las llenéis de semen. - Dijo medio riéndose Maria.

- Joder, es verdad. - Dijo Gabi.

Fue a acercarse mientras la follaba Ernesto pero le frenó María, que quería mantener un cierto orden e integridad.

- No, encanto, de uno en uno.

Gabi apartó a Ernesto y empezó a disfrutar de las tetas de María. Luego lo hicieron Ernesto y Carlos.

- Ahora ya podéis acabar. - Dijo dulcemente – Yo cumplo en el servicio con todo lo que prometo.

Alberto contemplaba la escena y viendo todo aquello su polla había recuperado su vigor. Aspecto en que se había fijado María con disimulo. Disfrutaba viendo ese cuerpo blanco y sugerente siendo follado por sus amigos. Una polla tras otra.

Ernesto fue el primer en venirse, sacó su polla según lo acordado y derramó su semen sobre las tetas mientras María sonreía. El siguiente fue Carlos y solo quedaba Gabi que le seguía martilleando el coño. Pero poco después hizo lo propio. Las tetas de María quedaron enmascaradas bajo las tres copiosas corridas.

- Muy bien chicos, habéis cumplido vuestra parte. Espero que hayáis disfrutado. Ahora dejad que me lave un poco.

- Puedes ducharte. - Le indicó Gabi.

- Gracias. - Dijo sonriendo. - Espera un momento. - Indicó a Alberto.

Los tres amigos se miraron expectantes y se siguieron vistiendo en silencio. María regresó de lavarse las tetas y solo estaba Alberto que seguía desnudo. María le sonrió y cerró la puerta.

- Al dejarte ver como me follaban tus amigos te has vuelto a empalmar. - Dijo jocosa.

- Ya ves que sí.

- Yo tengo la solución, te haré una mamada. Tú me gustas, tus amigos sólo son clientes, pero a ti se te ve algo distinto. Que sea nuestro secreto. No les digas nada de este suplemento.

María volvió a sentir y disfrutar de esa polla en sus labios. Se esforzó en darle placer y consiguió que volviera a correrse en pocos minutos. Volvió a tragarse la corrida y limpiarle la polla.

- Esto te lo hago a ti y a quienes realmente me gustan. Ahora sí puedes vestirte.

Los cuatro chicos esperaron a que María saliera del baño y la despidieron con amabilidad. Luego siguieron la noche y Alberto les invitó a la siguiente ronda.

- Cuenta, cuenta. - Inquirió Gabi.

Alberto les contó todo salvo la segunda mamada, cortesía de la casa.

- Joder, te ha hecho más cosas que a nosotros la muy puta. - Dijo Gabi.

- Déjale, que es su cumpleaños. - Terció Carlos.

La noche la pasaron contando los detalles morbosos y alabando el bonito cuerpo y las artes amatorias de María.

- Desde luego que se va a pagar bien la universidad con su coño. - Dijo Gabi.

- Como haga igual con los profesores… - Observó Ernesto.

Todos rieron el comentario y siguieron su noche.

Alberto llegó a casa y se quedó pensativo antes de dormirse. Sabía que Clara le preguntaría cómo le había ido esa noche. Dudaba su decirle o no que había estado con una puta y como justificarlo, que era un regalo por haber dejado abusar a sus amigos de Nati. O si podía pasar solo como regalo de cumpleaños.

La pregunta llegó a mediodía del día siguiente. Clara le miraba encantadora y expectante.

- Bien. Bien.

- Anda cuéntame algo más.

- Es que… a lo mejor no te gusta.

- Pero si tenemos confianza para contarnos todo, bobo.

- Estuvimos con una puta.

- ¿Tú con una puta? ¿Eres un putero?

- Los cuatro.

- Joder. No me lo puedo creer. Si tú puedes estar con la chica que te apetezca.

- Baja el tono que nos van oír, por favor, deja que te explique.

- Perdón. - Dijo mientras inquiría con la mirada.

- Fue mi regalo de cumpleaños.

- Vaya regalo.

- No les podía decir que no.

- Y ellos se aprovecharon también.

- Cada uno pagó su servicio. No es una mujer mayor sino una chica de mi edad que necesita el dinero para ir a la universidad.

- No, si al final hicisteis una buena obra,

- A ver, no es por presumir, pero creo que le gusté, después de follar con mis amigos me hizo una mamada sin cobrar nada.

- ¿Ves lo que te digo? Gustas a las chicas.

- ¿No estarás celosa? - Preguntó medio riéndose.

- Para nada, pero es lo que te digo. - Dijo mientras seguía con gesto serio.

- Pero tu eres más guapa.

Clara por fin adoptó un gesto más relajado y esbozó una leve sonrisa.

- ¿Cómo es físicamente? - Preguntó con gesto curioso.

- Estatura media, pelo negro, piel muy blanca, guapa, con las tetas y el culo redondos.

- Anda, cuéntame qué te hizo en el servicio.

- Se desnudó de manera sensual, me hizo una mamada, yo le comí el coño, no veas como le gustó, me la follé y luego ella quiso ponerse encima, me hice una cubana y me acabé corriendo en su cara. Nos lo pasamos muy bien.

- ¿Folla mejor que yo?

- No, me lo paso mejor contigo. - Dijo sonriendo.

Clara se incorporó y se quedó en mitad de la habitación. No había tenido necesidad de preguntar si la puta se había dejado dar por el culo.

- Oye, ¿alguna vez has dado a una chica por el culo?

- Joder, vaya pregunta, sí a aquella novia de mal genio de la que te hablé, pero me gustaba más a mí que a ella.

Clara se acercó a la puerta del dormitorio.

- ¿No quieres follar?

- Um, quizá más tarde. - Dijo con la mano en la barbilla y gesto dubitativo.

Le enseñó el culo y le sacó la lengua burlona. A continuación salió de su habitación. Alberto respiró aliviado. Había pasado las preguntas de Clara sin tener que desvelar los abusos a Nati, aunque había acabado sabiendo que le había dado por el culo. Para qué querría saberlo. Estaba de nuevo empalmado después de haber tenido que narrar la noche anterior y su mente le llevaba a imaginarse taladrando el respingón culito de su hermanita. Decidió ir al baño a masturbarse y darse una ducha.

Por el camino se cruzó en el pasillo con Mariví, a la que dio un beso en los labios y le sacó una teta del camisón para agarrársela. Sin más explicación se metió al baño y se masturbó pensando en María y la noche pasada y en encular a Clara mientras la hacía gemir.

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