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Amor filialago 2023

La profesora de matemáticas 29

Alberto no se conforma con el placer prohibido de su hermana; su ambición es mayor. Decide que el siguiente escalón es su madre, una mujer de pudor y dulzura que cree conocer. Pero bajo la fachada de la maternidad se esconde una libido dormida que solo necesita el empujón correcto para despertar.

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Nati volvió a encontrarse con Juan en el portal de la casa de sus padres, justo al salir del ascensor. Le sobresaltó y desagradó la sorpresa negativa.

- ¿Qué haces aquí? - Le espetó con desdén.

- A acabar lo del otro día.

Le dio un empujón para meterla de nuevo al ascensor, inesperado por la fuerza empleada. Nati se trastabilló y no se cayó al suelo al darse con la pared del habitáculo. Intentó, como la vez anterior, reaccionar y darle una patada en los huevos. Pero no pudo, Juan parecía dotado de una fuerza desconocida y ella no podía hacer nada. Logró inmovilizarla contra la pared del ascensor.

- Esta vez no me pillas desprevenido, puta.

Pasó a besarlo los labios pero Nati cerró la boca. Juan le metió la mano bajo el vestido y le dio un pellizco en el culo. Nati gritó y aprovechó para meterle la lengua. Volvió a intentar zafarse sin éxito.

- Déjame, déjame.

Juan le desgarró el vestido de arriba a abajo con inusitada facilidad. Las dos tetas de Nati quedaron al aire y ella contuvo las lágrimas. No quería que le viera así.

- Eres tan puta que vas sin sujetador.

Juan se abalanzó sobre ellas a magrearlas y lamerlas a conciencia, llegando a mordisquearlas y hacerle daño. Lo que le provocaba un grito ahogado que parecía divertir a Juan, convertido en sátiro. Con su mano derecha bajó a palparle el coño. Primero encima de las bragas y a continuación se la bajó. Dejándola totalmente desnuda y a su merced. Su rostro era una mezcla de expresión de triunfo y sádica. Le introdujo en el coño dos dedos y los sacudió con brusquedad.

- Aún estás mojada, puta.

Sacó su pequeña polla y se la introdujo hasta el fondo follándola brúscamente.

- Por fin te follo, Nati, llevas de calientapollas desde el instituto. Aquí tienes tu merecido por chula y por puta. Toma, toma.

Nati ya se dejaba hacer viéndose resignada e impotente. Con facilidad, Juan le dio la vuelta y apuntó hacia el respingón culo de Nati, que se sintió humillada del todo. Aquel pobre diablo iba a catar su culo también. Ella que había disfrutado humillándolo desde el instituto. Ahora cambiaban las tornas.

- No me iré sin encularte como la puta que eres. Toma.

- Aaaaah.

Fue un grito más por la humillación que por el daño que le hacia esa polla pequeña en un culo acostumbrado, a su pesar, a recibir pollas grandes.

- Sí, sí, Nati, te estoy dando por el culo.

Juan lo aderezaba con palmadas fuertes en el glúteo que completaban la humillación. Inesperadamente cambió al coño y se corrió ahí. Nati lo sintió como el momento más humillante, tener en su interior el semen de aquel mindundi.

- Quiero que te vayas con un hijo mío, puta.

Nati despertó sobresaltada y sudorosa. Le salió una risa espontánea de alivio. Solo había sido una desagradable pesadilla. Aquel pobre diablo nunca le tocaría un pelo. Se quedó un poco pensativa con lo que le había dicho en el sueño sobre cómo se había portado con él. También sobre cuánta gente que abusaba de ella le decía lo de tener un hijo con ella. Se dio media vuelta y pensó que era jueves y recibiría a su amante. Fue ilusionada al instituto y se encontró a Felipe a la entrada.

- Hola, Felipe. - Le dijo sonriente manteniendo la compostura.

- Hola, Nati. Ven un momento a mi despacho, he de hablarte.

Nati le acompañó mientras Felipe iba con gesto algo serio.

- Nati, hoy no voy a poder ir, tengo un compromiso con Carmen, lo siento.

- Bueno, te entiendo. Tenía ilusión. ¿Mañana?

- No, no. Tiene que ser en jueves, es mejor.

- Pues nada, me voy a dar clase.

Nati salió algo decepcionada y cariacontecida. Se recompuso y se fue a dar clase. Tuvo que esperar a la semana siguiente y se tuvo que conformar con el consolador. Se atrevió a metérselo un poco por el culo, con precaución, pero quedó satisfecha de la prueba.

Alberto se despertó el sábado con una agradable sensación, la sensación de una felación, realizada con dulzura por su hermana Clara. Alberto sonrió, se incorporó con cuidado y acarició el pelo castaño de Clara.

- Feliz cumpleaños, hermanito.

- Muchas gracias, hermanita. Me despiertas de la mejor manera.

- Es mi regalo.

Alberto miró la hora y eran poco más de las 7.

- Sí que has madrugado.

- Así no nos molesta nadie.

Clara siguió mamando con mucha dulzura. Se había levantado y se había deslizado de manera silenciosa. Levantó con cuidado la sabana y bajó con cuidado el elástico del calzoncillo. Se quedó unos segundos contemplando el hermoso pene de su hermano antes de empezar la mamada.

- ¿Por qué no te desnudas? Me gustaría verte.

Clara sonrió complaciente y rápidamente se sacó el camisón.

- Hazme una cubana con tus tetitas.

- Ya no son tan pequeñas. - Dijo agarrándoselas.

A pesar de ello empezó a amasar el gran pene entre sus tetas, cosa que por otra parte le encantaba. Sentir su tacto y dureza entre sus tetas. Y a Alberto sentir la suavidad y tersura de las incipientes tetas.

- Ya lo sé, lo digo de modo cariñoso.

Clara sonrió dando por buena la explicación y siguió a lo suyo.

- Ya sabes qué viene a continuación y completarás el mejor regalo.

Clara sacó una risita contenida y se mordió el labio por el deseo libidinoso que ella sentía. Se situó encima de Alberto y con facilidad se encasquetó la polla y se la introdujo hasta el fondo, exhaló un suspiro contenido y cabalgó con suavidad. Haciendo contoneos redondos con la cadera.

- Que bien follas, hermanita. Vas a tener mi semen todo el día dentro de ti.

- Sí.

Poco después se estremeció y notó el cálido semen ascendiendo por sus entrañas. Volvió a contenerse la risita, satisfecha, se sacó la polla y enseñó su tierno joven antes de cerrarse los labios vaginales. Acabó el regalo con una limpieza de polla.

- Que pases un feliz día.

Hizo un gesto con la mano sonriendo y se colocó de nuevo el camisón antes de salir tan sigilosa como había entrado. Alberto sonrió satisfecho. Su hermana ya le había alegrado el día de su cumpleaños. Volvió a dormirse.

La siguiente en aparecer sobre las 9 por su dormitorio fue Mariví.

- Feliz cumpleaños, hijo.

Mariví le plantó dos castos besos en la mejilla y le abrazó unos segundos. Alberto vio inclinarse las tetas a través del escote. Alargó la mano y las acarició.

- Bueno, por ser tu cumpleaños. - Dijo complaciente Mariví.

Luego pensó que era un poco ridículo por cuanto se lo hacía prácticamente a diario. Alberto no se conformó y le sacó las tetas por el camisón para acariciarlas mejor. Mariví no decía nada y sonreía paciente. Alberto se animó a besar los pezones y luego toda la teta y pasar a lamerlas y chuparlas. Mientras Mariví notaba que se le endurecían los pezones y hasta empezaba a sentir abajo un hormigueo.

- Hijo, estoy algo incómoda así.

- Ah, pues siéntate.

Mariví se sentó al borde de la cama y Alberto siguió con su labor a placer. Le arremangó la parte inferior para acariciarle los muslos y verle el coño. El camisón solo le cubría ya una pequeña franja en el vientre. Acabó besándola en los labios y él mismo le recompuso las tetas bajo el camisón.

- ¿Ya?

- Por ahora sí.

Mariví se sorprendió de haber hecho esa pregunta que implicaba la dominación de su hijo sobre ella. Ya parecía haberla asumido y seguía notando un creciente placer en sus atenciones. Salió de la habitación para preparar el desayuno. Estuvo pensando en Alberto y le vino Clara a la mente. No había vuelto a pedirle nada pero seguía mostrándose despreocupada y desinhibida delante de ella.

Alberto volvía a tener la polla como un mástil y esperó a que se bajara un poco para levantarse. Pero el pensamiento que tenía en la cabeza no le ayudaba. Había detectado debilidad en su madre y pensaba que podía ser el día propicio para dar un paso más. Le encantaba follarse a la lolita de su hermana pero también echaba en falta follar con una mujer adulta. La oportunidad con Nati le había malacostumbrado. Sabía que con su madre sería obviamente distinto y no podría hacerle las humillaciones que hacía a Nati, pero era una mujer y su mejor opción en ese momento. Además que era toda una madurita sexy si se olvidaba de que era su madre. Cerca de las 10 se pudo levantar por fin. Su padre le felicitó en la cocina el cumpleaños con su habitual austeridad. Su madre le miró y le sonrió con algo de timidez. Clara le abrazó y felicitó el cumpleaños como si no le hubiera visto antes.

A media tarde su padre se fue con los amigos a ver un partido y Clara estaba en su cuarto y más tarde había quedado con las amigas. Estuvo cavilando si lanzarse antes o después de irse su hermana y calcular cuándo volvería su padre. También el tiempo que emplearía con Mariví. Finalmente se decidió por atacar pronto. Fue a comunicárselo a Clara para que no les molestara.

- Clara, esta tarde, esta tarde voy a lanzarme con mamá a algo más. Hasta que no acabemos, por favor, como si no estuvieras.

- ¿Te la vas a follar? Que degenerado. - Dijo con expresión burlona.

- Todavía no. Tengo un plan, poco a poco.

- ¿Y como sabré cuando acabas?

- ¿A que hora has quedado?

- A las 8, me iré 15 minutos antes, está cerca de casa.

- Perfecto, no hagas nada, para esa hora ya habré acabado.

- No te preocupes.

- Eres genial, hermanita, - Plantándole un beso en la frente.

- Suerte. - Dijo sacándole la lengua.

Eran las 18:20 y después de respirar hondo, Alberto fue a buscar a su madre. Había acabado de recoger la cocina y estaba leyendo un libro en el salón. Le sonrió con su dulzura habitual al verle.

- Hola, hijo, ¿te ha gustado la comida?

- Sí, estaba muy buena.

- Como me alegra. ¿Has quedado luego con los amigos a celebrarlo?

- Sí, más tarde.

- Celébralo bien pero ya sabes, no te pases.

- No te preocupes.

Su madre sonrió comprensiva y paciente. Mientras Alberto empezaba a sentir un hormigueo en la polla.

- Mamá, ¿puedes venir a mi cuarto un momento?

- ¿No me lo puedes decir aquí? Estamos sólos. - Dijo candorosa.

Aquella candidez no hacia sino excitar más a Alberto, unido a sus formas redondeadas y mórbidas.

- Mejor en mi cuarto.

Mariví se levantó y en ese momento pensó que quizá Alberto querría volver a verla desnuda. Su hijo quizá necesitaba una novia pensaba. Era su cumpleaños y quería complacerle, ese día no le iba a poner pegas. Total ya estaba metida. Al entrar en el dormitorio aún conservaba una leve esperanza de que fuera otra cosa. Alberto se sentó en el sillón y se giró hacia la puerta.

- Mamá, me gustaría verte desnuda, por mi cumpleaños.

- Pero hijo, soy tu madre. No me importa complacerte pero no podemos mantener esto mucho tiempo. No creo que sea bueno. Por ser hoy.

- Creo que no te desagrada cuando… ya sabes, sé ver la reacción y creo que te gusta.

- Hijo, a una mujer si la tocas y excitas pues… - Dijo con algo de pudor.

Mariví se sentía a merced de la libidinosidad de su hijo. Se sentía halagada como mujer y sabía que conservaba sus encantos. Pero era su hijo. Aunque admitía que le gustaba ver enhiesto el pene y que provocara esa reacción. Mariví se descalzó y se quitó la camiseta de maga larga. Sus dos tetas voluptuosas y redondas se adivinaban bajo el sujetador.

- Hijo, tu hermana está en casa.

- Está a sus cosas, luego ha quedado.

- Pero a veces me pide consejo.

- No te va a buscar aquí. Venga, has dicho que hoy era mi cumpleaños.

Mariví sentía una mezcla de morbosidad y pudor. Se bajó el pantalón de chandal y miró el rostro de satisfacción de Alberto. Suspiró y se desabrochó el sujetador liberando sus turgentes pechos, que su hijo miraba con atención. Esperó un poco y de desprendió de las bragas. Sabía el gusto de su hijo y se quedó enseñando su desnudo frontal y luego se giró para que contemplara su redondo trasero.

- Eres preciosa, mamá.

Mariví sonrió por compromiso.

- Mira como me pones el pene.

Mariví se llevó la mano a la boca instintivamente y pensó algo asustada que su hijo le quería follar ahí mismo. Pero no pudo evitar fijar su vista en el hermoso miembro viril que tenía delante.

- Acércate. Puedes tocarlo.

Mariví se acercó y lo palpó, le gustó su dureza, su forma de plátano, su vigor. Que bien dotado estaba su hijo y hasta sintió orgullo. Alberto la besó dulcemente en los labios, acariciándole suavemente una teta. Sentía el pene erecto de su hijo rozándole el muslo, peligrosamente cerca de la entrada de la vagina.

- Siéntate a mi lado.

Alberto se sentó al borde de la cama e hizo un gesto con la mano. Mariví se sentó entre resignada y complaciente. Alberto le acarició la parte interior de los muslos.

- ¿Te acuerdas de cuando me hiciste una paja?

- Sí. ¿Quieres que te haga ese regalo también?

- Sí.

Mariví iba a extender la mano, no le desagradaba en el fondo la idea. Pero Alberto se atrevió a meterle un dedo en la vagina y le provocó un respingo.

- Uuh. - Dijo sorprendida. - Hijo, eso se avisa.

- Perdona. Pero, pero estás humedecida, sé que te gusta.

- Bueno, es un pene grande y bonito.

- ¿Más que el de papá?

- Sí.

Mariví agarró el duro pene y lo empezó a acariciar con lentitud y suavidad. Su mano abarcaba a duras penas el grosor del pene. Quería disfrutar también ella de su tacto y dureza. Alberto se dejó hacer hasta que pasó a la siguiente fase.

- Te gusta, te gusta mi pene.

- Sí. - Dijo con una media sonrisa algo apocada.

- ¿Te gustaría saborearlo?

Mariví detuvo su mano en seco aprisionando con fuerza a la altura del prepucio. Sintió un escalofrío en el espinazo. Aunque pensó que era el siguiente paso lógico que le iba a demandar su hijo y que sería ingenuo pensar otra cosa. Estaba desnuda delante de él, también desnudo y con el pene erecto.

- Bueno, hijo. Eso, eso ya es más serio.

- No te pongas de rodillas.

Alberto se levantó y le acercó muy excitado y morboso el pene a los carnosos labios de su madre. Mariví veía delante de sí un pene enhiesto y mantenía la boca cerrada aún algo aturdida. Alberto le llevó la polla a la comisura de los labios y Mariví abrió un poco la boca. Dudó aún y se introdujo el glande. Alberto sintió en ese momento un placer indescriptible. Dejó hacer a su madre sin forzar ni apresurar nada. Se sacó la durísima polla y esbozó una sonrisa entre vergonzosa y encantadora. Pasó a lamerle lentamente todo el tronco de la polla. Alberto tampoco se atrevió a decir nada. Por fin Mariví se introdujo lentamente en la boca hasta la mitad de la gran polla de su hijo. Mamando despacio y dulcemente. Estaba disfrutando de mamar esa polla joven, grande y vigorosa, como palpitaba en su boca a cada movimiento de su lengua.

- Un poco más, mamá, solo un poco más.

Alberto lentamente le fue metiendo toda la polla en la boca. Tan fresca y acogedora. Mariví se dejó hacer, quería probarse a sí misma de poder engullir toda esa polla enorme. Hasta sintió cierto orgullo cuando ella misma hizo el esfuerzo final.

- Muy bien. - Dijo Alberto.

Dejó que fuera su madre la que marcara el ritmo cadencioso de la felación.

- Mamá, me voy a venir.

Mariví siguió mamando e hizo un gesto con la cabeza de que no sacara su polla de su boca. A Alberto le sorprendió gratamente y le produjo un enorme placer morboso y excitante que su madre se tragara su corrida y saboreara su semen. Sintió placer indescriptible de correrse en la dulce boca de su candorosa madre. Mariví recogió complaciente y con curiosidad la corrida. A ver cómo sabía el semen de su hija y cuánto eyacularía. Hizo un esfuerzo por recogerlo todo pero le pareció soez abrir la boca para demostrarlo. Era un incesto cariñoso, no sucio, pensaba. Se quedó con una media sonrisa un poco atónita por lo que acababa de suceder.

- Gracias, mamá. - Acertó a decir Alberto.

- Ya has tenido el regalo que querías pero me tengo que ir.

- Sí.

Alberto observó como su madre se vestía con algo de prisa. Salió un pozo azorada y dando muchas vueltas a la cabeza sobre lo ocurrido. Antes de girar el pomo de la puerta, se volvió.

- Hijo, esto, sabes que esto, en fin, repetirse… Adiós.

Alberto se quedó totalmente satisfecho de la dulce mamada de su madre. Por fin lo había conseguido. Esos labios dulces y carnosos le habían hecho una felación magnífica y muy placentera. Se quedó un rato sin vestirse recreándose. Pasado un rato casi salió desnudo al pasillo para ir a ducharse. Se dio cuenta y se vistió. Cerró con pestillo el baño para que no le incordiara su hermana. Poco después escuchó la puerta de casa. Fue a vestirse a su cuarto. Había quedado con sus amigos para celebrar su cumpleaños. Cuando salió su padre aún no había vuelto. Su madre estaba de pie pensativa y mirando por la ventana del salón a la calle. Alberto se acercó y le dio un beso en la mejilla, lo que la hizo sonréir levemente.

- Me voy, mamá.

- Cuídate. Tu hermana ya se ha ido.

- Sí, creo que antes he oído la puerta.

- Tu padre no tardará en volver.

- Creo – se quedó dubitativo por un momento - que lo de antes, a mi me ha gustado mucho y creo, creo que a ti también.

- Ha sido una vez, sí.

- Por como lo hacías digo, para mi es importante que tu lo hayas pasado bien.

- Tienes un pene apetecible para cualquier mujer – dijo sonriendo levemente y girando la vista a Alberto – Pero no te acostumbres. Es mejor que te eches una novia.

- Eso espero. Una que me guste y se parezca a ti.

- Anda, tus amigos te esperan.

- Mamá, una última cosa. - Mariví se quedó expectante - ¿Por qué te has tragado el semen? Me ha sorprendido.

- ¿Y no te ha sorprendido que tu madre te haga una felación? - Dijo casi riéndose. La reacción sorprendió algo a Alberto. - Si una se pone a hacer algo lo hace bien. Si me trago la de tu padre, me trago tu eyaculación. No soy tan inocentona.

- Ya.

- ¿Tu no has hecho un cunnilingus a una chica y ya sabes? Pues lo mismo.

- Se me hace tarde.

- ¿Te vas ahora? No me vas a decir que era la primera mujer con la que estabas, por como te portas no me lo creo.

Alberto seguía sorprendiéndose de la perspicacia de su madre, que no había supuesto.

- Bueno, tuve una novia hace poco pero tenía mal carácter.

- Lo siento. Seguro que encuentras una pronto. Pero recuerda que tu madre no puede suplir la falta de sexo. Por mucho que estés en la edad.

Alberto se fue algo sorprendido por todo lo que le había dicho su madre. Le había sonsacado su experiencia anterior con Nati, obviamente seguía sin saber nada de su relación incestuosa con su otra hija. Mariví pensaba que se había convertido en su única fuente de sexo y pensaba aprovecharlo, pensándolo más fríamente. Caviló sobre ello mientras iba en el autobús al encuentro de sus amigos. Iba tan absorto que no se dio cuenta de que le miraba una chica rubia de ojos azules. Cuando se bajó, la chica de ojos azules se había bajado en la parada anterior.

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