Y los sueños, sueños son. - Cap. 3
Joan siempre había mantenido sus distancias, pero cuando Nat cruza su camino, la prudencia se desvanece. Ella no espera permiso, no espera señales; simplemente toma lo que desea. Y esta vez, la tentación no se resiste.
Joan – (Avanzando hacia el amor)
Estábamos a finales de agosto del 84 cuando ingresé en la universidad. Para ese entonces, si bien no era un chico que sobresaliera extraordinariamente en su aspecto físico, la verdad es que mi presencia era buena en general, con una altura aceptable de 1.86m., que para ser un españolito de la época no estaba mal. Mi cuerpo no era especialmente musculoso, pero lo mantenía en buena forma por la práctica de ejercicio moderadamente activo. Unos rasgos faciales agradables donde destacaban mis ojos verdes de mirada intensa, añadidos a mi natural simpatía y un excelente don de gentes que había adquirido forzosamente al tener que espabilarme tras el abandono emocional de mi padre, hacían que el conjunto obtuviese una buena puntuación.
Mi adaptación a la universidad y a mi carrera fue simplemente perfecta, y no tardé en conocer a dos personas que formarían parte importante en mi vida hasta el día de hoy. Fue durante el primer curso cuando el profesor planteó elaborar un proyecto de desarrollo de software para la gestión de una pequeña empresa, se haría en grupos de tres alumnos y la mejor solución tendría como premio el aprobado directo sin pasar por el examen. La formación de los grupos era libre y acabamos juntándonos los tres que quedaron al final sin grupo. Supongo que a los ojos de los demás compañeros debíamos ser los más “raritos” por diferentes motivos, y nadie nos eligió.
El primer componente del equipo era un servidor, extranjero de España, un país que muchos de los de la clase situarían por Centroamérica, al que nadie conocía y algo más joven que el resto de los compañeros. Luego estaba Frank, un tipo de dos metros de alto y unas 250 libras de peso (unos 114kg) con aspecto de jugador de futbol americano, de hecho jugaba y muy bien, bastante feo de cara, pero con un corazón enorme y una simpatía desbordante. La tercera en discordia era la única hembra de la clase. Su nombre era Katy, siempre vestía como un chico, camisa muy holgada con alguna corbata mal anudada, ancho pantalón de camuflaje, corte de pelo militar, su padre fue un Marine condecorado hasta que una enfermedad degenerativa acabó con él. No se relacionaba prácticamente con nadie y desprendía ciertas dudas sobre su verdadero género. Tal como escondía las formas de su cuerpo, ocultaba sus ojos con unas horribles gafas oscuras que todos hubiésemos jurado que no se quitaba ni para dormir. Tanto podría ser un adefesio de mujer como un “pibón” impresionante. Tardé bastante tiempo en averiguarlo.
Pronto congeniamos los tres y nos distribuimos el trabajo en función de nuestras capacidades, trabajando codo con codo la mayor parte del curso. El resultado fue que nuestro proyecto resultó el mejor de todos y obtuvimos el premio prometido.
Paralelamente a los estudios, Michael empezó a compartir conmigo su sapiencia en el desarrollo de software y me daba pequeños trabajos para que ejercitase con varios lenguajes de programación. Una tarde a su lado observando como trabajaba era más provechoso que medio semestre de clases universitarias.
Al poco tiempo un elemento distorsionador hizo acto de presencia y amenazaba en interferir con mis estudios. A mitad de curso recibí una notificación de la embajada española en los EEUU en la que se me instaba a que, a mediados del 85, debería regresar a España e incorporarme a filas para cumplir con el servicio militar obligatorio. Aquello me preocupó realmente, ya que si no obedecía a ese mandato, podría tener serios problemas de imprevisibles repercusiones. Al comentarlo con Felipe y con Michael, rápidamente se pusieron a cavilar sobre una posible solución. Y la encontraron.
Dos días más tarde nos presentamos en la embajada española en Washington y tras una entrevista con el embajador (una vez más mi tío tiró de contactos y las estrellas de Hollywood tiene mucha influencia en según qué círculos), donde me declaré objetor de conciencia, se acordó que haría un servicio sustitutorio en alguna entidad de interés social. Concretamente propusimos hacerlo en la American Red Cross (Cruz Roja Americana) por un periodo de 18 meses mientras continuaba con mis estudios. La propuesta fue aceptada y consensuada con Cruz Roja Española, por lo que me libraría de volver a España para perder el tiempo haciendo de soldadito.
Mi época universitaria avanzaba con paso firme mientras me postulaba para ser un buen programador. Felipe y Michael se habían convertido en unos segundos padres para mí, al mismo tiempo que ejercían como grandes amigos en los que se podía confiar.
La relación con Katy y Frank también se había fortalecido convirtiéndonos en inseparables, tanto que el resto de compañeros de clase nos apodaban “los tres mosqueteros”. Íbamos a todos lados juntos, clases, proyectos, comidas, fiestas, etc., e incluso logré que se decidieran a aprender español con mi ayuda. A Frank le gustaba salir de juerga y a pesar de que no era un “Adonis” precisamente, estar a su lado era garantía de acabar pillando “cacho”. Costaba creer la capacidad de ligar que tenía ese grandullón. Allí donde estuviera se convertía en el alma de la fiesta, acaparando la atención de todas las chicas, y siempre había alguna (o varias) que acababan rendidas a su enorme pene. Y yo como buen escudero de Frank, aprovechaba la ocasión para recoger la fruta caída de su árbol para llevarla a mi cesto, quiero decir que terminaba follándome a alguna de las chicas que mi amigo no lograba atender. Katy, que también solía venir con nosotros, era mucho más discreta en lo referente a ligar, desaparecía de la fiesta y nunca sabías si se había ido sola o acompañada con algún tío o tía. Según Frank nunca se iba sola, aunque no sé bien en que se basaba para afirmarlo.
A Katy le hacía mucha gracia el que Frank tuviera más éxito que yo con las chicas y un día aparcó su habitual apatía para hablar de esos temas y me lanzó un puyazo:
- Joder Joan, con lo bueno que estás parece mentira que este “monstruo” se las lleve de calle y tú tengas que conformarte con las sobras.
- Vaya… muchas gracias por lo de monstruo – se quejaba Frank – me alegra que tengas tan buen concepto de mí…
- No te enfades “chiquitín”, ya sabes lo mucho que te quiero…
- Pues tampoco te veo a ti follando por los descosidos – respondí a mi amiga entrando en la disputa - que nunca te veo muy dispuesta por la labor.
- No te metas con Katy – me advertía el bonachón de Frank – que bajo esa apariencia de extraño cervatillo se esconde una loba feroz.
- Eso me gustaría verlo. – me reía yo -. Pagaría por verte follar con un tío o con una tía, lo que prefieras.
- Pues te vas a quedar con las ganas guapetón, si supieras como follo no podrías aguantarlo y tu micro pene estallaría por la excitación – seguía burlándose Katy -.
- Que sabrás tú de mi pene, ¿acaso me lo has visto?
- Bueno, seguro que no es más grande que el de Frank, que eso sí que es una polla como dios manda.
- Vamos chicos dejadlo ya – intentaba mediar Frank – joder Katy, deja de meterte con la polla de Joan que es de muy buen tamaño, y me consta que la sabe manejar bien.
- No sé… no sé… pero seguro que no es tan guay como la tuya…
- Espera… espera… - dije sorprendido - ¿acaso esta loca te ha visto la polla?
- Verla y catarla – decía orgullosa Katy – y puedo certificar que Frank folla de fábula, como los dioses…
- ¿Queeeé? – me dirigía a Frank alucinando - ¿te has follado a nuestra Katy y no me lo has contado?
- Joder Joan… esas cosas no se comentan, son muy personales – parecía increíble, pero Frank estaba rojo como un tomate -. Mirad, me largo porque esta conversación no va a ningún lado y no son cosas de las que me guste hablar. Aquí os quedáis los dos solitos, si Katy te lo quiere contar, que te lo cuente, pero yo no voy a abrir boca. – se marchó refunfuñando -.
- Bueno Katy, ¿no me lo vas a contar? – dije tras la airada marcha de Frank – joder, que somos los “tres mosqueteros”, y no hay secretos entre nosotros…
- Tan solo te diré que lo hicimos en una sola ocasión y que fue estupendo. Follamos todo un día sin apenas descanso y me reventó por todos lados, una pasada nuestro amigo Frank. Pero acordamos que no se volvería a repetir porque nuestra amistad es más importante que todo eso.
- Vale… lo comprendo. Pero a mí también me gustaría tener esa… experiencia… contigo…, quiero decir que si a ti te parece bien…, en realidad no sé si es buena idea… solo curiosidad - estaba nervioso y no sabía cómo expresarme y como salir de ese jardín en que me había metido. -. Perdóname Katy, solo digo estupideces, jamás me perdonaría el hacer algo que pusiese en peligro nuestra amistad. No he dicho nada… olvídalo… quiero fundirme… que vergüenza…
- Veo que he conseguido poner nervioso al “hombre tranquilo” - sonreía cariñosamente – No te preocupes, siempre estaré ahí para vosotros, sois los únicos que valéis la pena y que me aceptáis tal como soy sin forzarme a ser otra. – acercó inesperadamente sus labios a los míos y me dio un cálido beso que duró mucho más de lo que se consideraría un beso de amistad – Si algún día estás muy desesperado y necesitas eso de mí, no dudes que te daré todo lo que quieras. Pero solo si me necesitas de verdad.
- Yo… yo… también estaré para ti. Katy, eres una gran tía y estoy orgulloso de que seas mi amiga. – ese beso me había descolocado y, porque no decirlo, me había encantado -.
- Me alegra oír eso… y, ¿qué tal si nos dedicamos a preparar el examen de mañana?
Así era la relación entre los tres y nuestra amistad fue creciendo como un valor seguro de futuro, firme hasta el día de hoy.
El tiempo pasaba, las clases avanzaban y durante 18 meses estuve compaginando mi servicio sustitutorio a la mili en la American Red Cross. Tres fines de semana al mes acompañaba a médicos y a enfermeros para asistir a la inmensa cantidad de homeless y familias sin recursos que malvivían en los barrios más degradados en la periferia de Los Ángeles. Les atendíamos en sus enfermedades, curábamos sus heridas, les suministrábamos medicamentos, comida, ropa, y sobre todo compañía, haciéndoles sentir que había alguien que se preocupaba por ellos. Parecía increíble que la sociedad permitiera esos contrastes tan grandes y a tan poca distancia. De las enormes mansiones donde desbordaba la riqueza y la opulencia, a la miseria, el dolor, la deshumanización, la violencia y todas las lacras sociales existentes como la pobreza, la drogadicción, el alcoholismo, la prostitución, la muerte…
Cuando finalizó la duración del servicio sustitutorio en la Cruz Roja, volví con mi tío a la embajada para presentar los documentos que certificaban el cumplimiento del acuerdo y la cancelación de mi deber para con la patria. Al salir por la puerta sentí un alivio indescriptible y al volver a casa, fuimos junto con Michael a celebrarlo por todo lo alto. Luego continué la juerga con Frank y Katy hasta el día siguiente.
Regresé a casa ciertamente perjudicado por la ingesta etílica y por compartir con Katy alguno de sus habituales “cigarrillos de la risa”. Tras subir las escaleras camino de mi habitación con la sana intención de dormir la “mona”, pasé por delante de la suite de mi tío que estaba con la puerta ligeramente entreabierta. Se oían suspiros y jadeos, e inconscientemente la curiosidad me llevó a asomarme por la puerta.
La escena fue impactante a mis incultos ojos de sexo homosexual en vivo. Michael estaba sodomizando a mi tío que se incorporaba con la cabeza girada hacia atrás, comiéndole la boca a su amado. Estuve algunos segundos más observando sus acciones que no me resultaron para nada excitantes, pero que al momento me hicieron sentirme avergonzado por el hecho de estar profanando su intimidad. Me retiré de allí sin hacer ruido esperando que no se hubiesen dado cuenta de mi presencia.
Después de dormir durante todo el día, me encontré con la pareja feliz cocinando para la cena. Me miraban y se reían disimuladamente mientras yo preparaba la mesa.
- Vaya juerga que te debiste pegar para no levantarte hasta ahora – decía Michael -.
- La verdad es que fue divertido.
- ¿Y te follaste a alguna chica afortunada?
- Pues… esto… no… solo estuve bebiendo y bailando con Frank y con Katy. Luego se hizo tarde y…
- Y te quedaste un ratito a ver como se dan por culo estos maricones… - Felipe se partía de reír -.
- Jejeje... ¿y te gustó lo que viste? – ahora era Michael el que se burlaba -. Igual no eres tan hetero como te crees… jajaja…
- Ohh… me visteis… lo siento… perdonad, yo solo… fue un momento… que vergüenza…
- Jajaja. No te preocupes, es natural tener curiosidad – Felipe quitaba hierro al asunto – Tal vez algún día nos dejes ver cómo interactúas con alguna chica…
- Vale ya, dejemos al chaval – decía Michael al ver mi incomodidad – se ha puesto rojo como un farolillo chino.
- No hay problema, tenemos confianza para hablar de estos temas sin avergonzarnos. Nos gusta que nos hables con naturalidad de tus encuentros con chicas y también que conozcas como es nuestra relación. El sexo es intrínsecamente bueno para las personas, solo lo hacen malo la gente que quiere que sea malo. Sabes que te apoyamos en que tengas tantas relaciones como desees siempre que sean seguras, consentidas y sin engaños.
- Lo sé tío, pero aún me sorprende lo vuestro, como os queréis, os respetáis, y que yo sepa, vuestra mutua fidelidad. No es por generalizar, pero, creo que los gais tenéis fama de ser muy promiscuos, pero vosotros siempre estáis juntos.
- En primer lugar, nos amamos - decía Michael - y no necesitamos de otras personas. En segundo lugar, estamos comprometidos en ser fieles y hemos hecho de eso nuestra forma de vida, y somos felices siéndolo. Ya sabes lo que está ocurriendo ahí afuera en esta época. Desgraciadamente hemos perdido a varios de nuestros mejores amigos por culpa de esa maldita enfermedad.
Las palabras de Michael eran del todo ciertas. Desde su descubrimiento oficial en el 81 y a su difusión mediática en el 85 gracias al padecimiento del actor Rock Hudson entre otros, el VIH se había convertido en una pesadilla para el colectivo homosexual, acabando con la vida de miles de personas que morían sin comprender por qué se les castigaba con esa cruel enfermedad sin cura.
Ese día continuamos hablando libremente de sexo, de amor y de relaciones. La confianza alcanzada con esos dos me hacía sentir que estaba recuperando a algo parecido a los padres que perdí tiempo atrás.
A finales del 86, Michael se vinculó a una empresa llamada Next, ubicada en Reedwood City en la bahía de San Francisco, que se dedicaba a diseñar estaciones de trabajo con un sistema operativo orientado a objetos llamado Nextstep. El fundador de Next, un tal Steve Jobs (tal vez os suene el nombre), al que acababan de echar de Apple® porque no se entendía con su CEO, había convencido a Michael para que se uniera a su proyecto y les asesorase en el desarrollo de su S.O. Pronto necesitó de ayuda para esa labor y pensó que los tres mosqueteros encajaríamos a la perfección. Desde ese día estuvimos compaginando los estudios con el trabajo de programación que nos proporcionaba Michael, siempre bajo su supervisión. Este trabajo remunerado nos aportó bastante dinero a parte de una impagable experiencia que nos serviría en el desarrollo de nuestra carrera profesional futura.
A finales del 87 decidí mudarme a un pequeño apartamento cerca de la universidad. Me lo podía permitir gracias al generoso sueldo que recibía de Michael por mi trabajo. Mi tío me apoyó en todo momento y me ayudó con los muebles y la decoración y para mayor alegría mía, me sorprendió regalándome una fantástica moto para que pudiese desplazarme libremente. Intenté rechazar el regalo, pero conociendo a mi tío fue del todo imposible.
La vida independiente me sentó muy bien, fortaleciendo mi autosuficiencia y capacidad de afrontar los retos domésticos como lo hice antaño desde bien pequeño.
El sexo era frecuente ahora que disponía de un lugar exclusivo para mí, aunque no podía quejarme de que en casa de mi tío tuviese ninguna restricción que me impidiese nada. Hasta entonces podría decir que mi experiencia en el sexo era considerable pero totalmente carente de amor. Debía reconocer que nunca me había enamorado, aunque eso iba a cambiar en breve.
El último año de universidad conocí a Nat, una preciosa rubia de cuerpo espectacular y de simpatía desbordante. Nos topamos por casualidad en el comedor de la universidad, al girarme tropecé con ella y nuestras bandejas salieron volando con el consiguiente estropicio. Me miró con cara de quien ve a una cucaracha y está decidiendo si la aplasta contra el suelo o la deja vivir. Yo no sabía dónde ponerme, empecé a pedirle disculpas y a recoger torpemente la comida desperdigada por el suelo. Supongo que ella decidió no pisotear a la cucaracha y aceptó mis disculpas mientras se inclinaba para ayudarme.
Por el escote de su blusa aprecié unos hermosos senos envueltos de un sujetador de encaje muy bonito. Ella se dio cuenta hacia donde dirigía la vista y me regaló una sonrisa picarona.
- ¿Te gusta lo que ves? ¿necesitas que me incline un poco más o el ángulo ya es el correcto? A mí no me importa, me he gastado una pasta en este sujetador y me encanta amortizarlo alegrando la vista a los chicos malos y pervertidos como tú.
- Perdona… no era mi intención… no pienses que soy un pervertido, – yo balbuceaba intentando disimular la vergüenza que sentía por la situación y por lo que ella pensara de mí – te pido disculpas de nuevo.
- No te preocupes, ante el vicio de mirar… el placer de mostrar… jajaja… - se reía divertida mientras se levantaba y tendía su mano hacia mí –. Hagamos las presentaciones, yo soy Nat, ¿y tú eres?
Me levanté y estreché su mano mientras nos mirábamos fijamente. Realmente era muy guapa y su perfecto cuerpo no desmerecía a su belleza en absoluto.
- Me llamo Joan y como has podido comprobar, soy torpe por naturaleza además de ser merecedor de cualquier castigo que se te ocurra.
- Vaya, aparte de guapo eres simpático y veo que no eres de aquí. Hoy ya no tengo tiempo para comer, pero otro día podemos hacerlo juntos, sin tanto desastre a ser posible… jeje…
- Cuando tú quieras, será un placer…
Vi como dejaba su bandeja en uno de los carritos y se alejaba meneando su fantástico trasero. Me sentí extraño, esa chica me había causado un gran impacto y no me la pude sacar de la cabeza en todo el día. Hice averiguaciones con varios compañeros y descubrí que estudiaba un doble grado de matemáticas puras y aplicadas, lo cual demostraba que debía de ser muy inteligente y no la típica rubia de cuerpo espectacular con cerebro de mosquito. Lo que me acabó desmoralizando fue el enterarme que tenía novio, un tipo tan alto y fuerte como Frank, miembro destacado del equipo de karate de la universidad. Maldecí mi mala suerte porque esa chica me había gustado mucho, pero no sería yo quien interfiriera en una relación de pareja.
Al cabo de dos semanas salí de copas con Katy, que para ese entonces estaba dejándose crecer el pelo y empezaba a vestir de manera un poco menos “extraña”. Pude darme cuenta que bajo esas ropas holgadas se escondían unas curvas inquietantes, y que sus gafas oscuras ocultaban unos preciosos ojos color de miel. El caso es que estábamos hablando sentados en un rincón del local cuando por arte de magia apareció Nat frente a nosotros. Estaba preciosa con un vestidito ajustado que realzaba su espléndida figura, y mostraba una cautivadora sonrisa. Tras un primer momento de parálisis onírica, reaccioné presentándola a Katy que rápidamente se percató del impacto que Nat me ocasionaba. Estuvimos los tres hablando durante un buen rato hasta que Nat nos dejó solos momentáneamente mientras se acercaba a la barra para invitarnos a otra ronda de cervezas.
- Joder Joan, que buena está la tía – Katy decía admirada - si no te la follas tú, me la follo yo.
- Vaya, esta actitud depredadora es nueva en ti.
- Hay muchas cosas que no sabes de mí cariño, algún día hablaremos profundamente del tema, pero ahora vamos a sortearnos a esa preciosidad.
- Olvídalo, tiene novio.
- Pero mira tú por donde que yo no soy celosa…, - fijó sus ojos atentamente en los míos y su cara cambió – uyyy y uyyuuy… que me parece que tienes miedo de que te la levante…jeje.
- Que va, es solo que no me gusta pescar en rio ajeno – dije con cara de tristeza -.
- Hostia puta Joan… tú estás… tú estás… enamorado.
- No digas tonterías…
- Joan, nunca he visto esa mirada en tus ojos… a mí no me engañas… tú estás…
En ese momento regresó Nat, sentándose frente a nosotros. Katy se tomó su cerveza de un trago y soltó una absurda excusa para largarse y dejarnos solos. Pensé que Nat también se largaría, pero se desplazó para sentarse a mi lado y durante más de dos horas no dejamos de hablar. Cada palabra, cada gesto, cada mirada de esa chica me volvía loco. Quería abrazarla, besarla, desnudarla y fundirme con ella, recorrer su cuerpo con mis manos y mi boca. Pero la realidad de su situación situaba un muro frente a mis deseos, haciendo añicos ese sueño de tenerla para mí.
Ella se mostraba seductoramente coqueta, accesible y cercana, más de lo que podía permitirme si no quería lanzarme sobre ella para liberar todos los deseos que pugnaban por salir de mi interior. Me reprimía la idea de interferir en una relación formal y necesitaba salir de ahí inmediatamente. Entonces, sin previo aviso, Nat acercó sus labios a los míos y me besó suavemente. Fue un beso dulce al que no pude más que mantenerme estático, sintiendo la palpitante calidez de sus labios, cerrando mis ojos como queriendo eternizar el momento. Luego, se impuso mi lado racional y me separé de ella, que me observó extrañada por mi reacción.
- ¿No te gusto Joan? – dijo con cara preocupada -.
- Claro que sí… me gustas mucho, tal vez demasiado.
- ¿Entonces, porque no seguimos con el beso? Tú me gustas también, y… te deseo para algo más…
- Y yo también te deseo más de lo que te puedas imaginar, pero es que soy reticente a meterme entre una relación existente. Soy consciente que tienes novio y no quiero inmiscuirme entre vosotros.
- Vaya… eso sí que es una sorpresa – me miraba asombrada – pensaba que ya no quedaban chicos de tu especie…
- Pues, aunque te parezca estúpido, no puedo evitarlo. Te juro que en este momento quisiera que no fuese así… pero…
- No te preocupes, eres un encanto y no quisiera que cambiases por mí… en todo caso intentaré adaptarme a ti.
- ¿Qué quieres decir con eso? – pregunté intrigado al no entender la intención de esas palabras -.
- Pues que como la relación con mí… novio ya no es la que debería ser, voy a hablar con él para dejarlo.
- Nat, yo… no quisiera ser el culpable de…
- Para nada Joan, esto no va contigo, aunque seas el detonante. Hace tiempo que debería haber terminado con él, solo es que no encontraba el momento adecuado ni la motivación necesaria. Ahora ya tengo lo que buscaba y es gracias a ti. Me voy, te dejo tranquilo por ahora… pero ten por seguro que volveré a por ti.
Sin esperar ninguna respuesta por mi parte, se levantó y se marchó con determinación, mientras yo me quedaba sentado con cara de gilipollas sin entender exactamente que acababa de ocurrir. Tras dar un largo trago a mi cerveza, decidí que era el momento de regresar a mi apartamento a descansar y a reflexionar sobre las palabras de Nat. Estaba tumbado en mi cama cuando recibí una llamada de Katy, que intentaba disculparse por sus comentarios sobre tirarse a Nat.
- Perdóname Joan, no te tomes en serio lo que dije de Nat, solo estaba pensando con el coño y no me di cuenta de lo mucho que te gusta esa chica.
- No tienes que disculparte, ella y yo no somos nada, o eso creo…
- ¿Qué ha pasado cuando os he dejado solos? No me digas que os habéis enrollado – su voz parecía emocionada -.
- No, que va, aunque creo que a ella le gusto… me ha parecido entender que va a romper con su novio… por mí…
- No me jodas… eso es genial, ya no tienes excusa para probar con ella, nunca has tenido una relación que durara más de tres noches… creo que lo que he visto en tu mirada es amor… ¿tú cómo te sientes?
- Pues la verdad es que muy extraño, nunca me había obsesionado así por una chica, tal vez tengas razón y estoy enamorado… no sé. Creo que estoy cansado y dormir unas horas me sentará bien. Ya veremos que ocurre los próximos días, aunque no quiero hacerme ilusiones.
- Vale guapetón, te dejo descansar, nos vemos en clase. Buenas noches Joan.
- Buenas noches Katy… y gracias por estar a mi lado…
- Eso siempre, no lo dudes nunca… adiós.
La siguiente semana fue muy ajetreada con las clases y con las programaciones que nos pasaba Michael para su colaboración con Next, y apenas tuve tiempo de socializar fuera de estar encerrado en mi apartamento, dándole al teclado sin parar. El sábado volví al bar donde vi por última vez a Nat y tuve una pequeña decepción al no encontrarla por allí. Pensé que quizás se había olvidado de mí y me maldije por no haberle dado mi teléfono ni pedirle el suyo. Regresé a casa después de dos cervezas, sin ganas de juerga y renunciando a la fiesta en la que Frank me esperaba en la facultad de arquitectura.
Al llegar al edificio donde estaba mi apartamento, tuve la sorpresa más agradable de los últimos meses. Nat estaba sentada en la escalerilla de la entrada, evidentemente esperando mi llegada. Su sonrisa me recibió de la manera más alegre que podía imaginar, se levantó de un salto y vino a abrazarme. No pensé demasiado y correspondí gustoso a su abrazo, al que siguió un morreo de escándalo, algo que los dos deseábamos desde hacía tiempo y por mi culpa se había demorado hasta ese instante. Cuando nuestros labios se separaron ella dijo con una sonrisa preciosa:
- Ahora ya puedes estar tranquilo de no romper ninguna relación. He dejado a Edward, ya no tengo novio y soy una chica libre para poder follar con quien quiera, y eres tú con quien quiero. He tenido que investigar mucho para encontrar donde vives, y me gustaría conocer tu apartamento por dentro, tu habitación… y sobre todo tu cama.
- Pues ya estamos tardando, me encanta tener este tipo de visitas, vas a descubrir lo buen anfitrión que soy…
N. A.: Se agradecen vuestros comentarios y valoraciones – gracias por leer.
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