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Sadomasoago 2023

Internamiento cruel. venganza de la vieja señora.4

La libertad era una opción, pero el dolor era una certeza. Cuando la anciana le ofreció la llave de la jaula, él no buscó la salida; buscó la cadena más pesada.

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CAPITULO IV: PENETRACIÓN ANAL

Estuve dos interminable horas reteniendo la gruesa goma del enema dentro de mi culo. La señora cumplió su palabra y no regresó hasta que transcurrió el tiempo prometido. La vieja señora entró de nuevo en el lúgubre sótano y comenzó de nuevo a enfundarse sus inseparables guantes de goma. Inmóvil contemplaba a la señora, deseando me quitase lo antes posible el doloroso y largo enema. Se apiadó de mí y sacó la goma de mi ano, colocó un cubo en mi culo quedando completamente limpio en mi interior. Sentí un verdadero alivio.

- Espero que hallas disfrutado tu enema, a partir de ahora vaciaré tu interior de esta forma siempre que sea necesario. La próxima vez no seré tan delicada introduciendo la goma en tu interior, puedo ser mucho más dura, desobedéceme y lo comprobaras – Me amenazó la señora. Debía tener cuidado porque había comprobado que siempre cumplía su palabra.

Noté como la señora se colocó tras de mí y de pronto su frio guante de goma se acercó a mi culo. Acercó su dedo enguantado a mi ano y lo introdujo de un tirón. Sentí un fuerte dolor por la forma que introdujo su dedo en mi ano.

- Vaya… vaya…. Tienes el culo muy cerrado…. Tendré que ponerle remedio. Mi arnés te lo abrirá por completo. Tengo que confesarte que adoró penetrar a estúpidos como tú con mi arnés, puedo estar mucho tiempo haciéndolo. El problema es que no aguantan mi arnés, y salen corriendo…. Pero en tu caso atado y amordazado puedo penetrarte todo el tiempo que desee, me dará igual tus llantos. - La vieja señora se acercó hasta un armario del viejo sótano y sacó su preciado arnés. Contemplé sorprendido su arnés. Era enorme, lleno de tiras de piel para sujetarlo a su cuerpo. Su cintura era tan inmensa que el arnés debía ser muy grande y con muchas cintas para mantenerlo bien ajustado a su cuerpo. El pene que portaba su arnés también era de grandes dimensiones.

La vieja y voluptuosa señora se desnudó por completo a excepción de sus guantes de goma y comenzó a colocar su arnés en su cintura introduciendo sus pies por las aberturas. Subió el arnés hasta su cintura y comenzó a tensar todas las tiras de piel a su cintura y cerrar las hebillas. Tiró duramente de las cintas, deseaba que quedase bien ajustado el arnés a su cuerpo. Continuó cerrando las hebillas y finalmente su enorme arnés quedó ajustado a su voluptuoso cuerpo.

- He de confesarte que voy a penetrarte de una forma distinta. Yo voy a disfrutar mucho… tú…. Creo que no tanto. – Me dejó intrigado, ¿qué insinuaba, cual era esa forma distinta? Se colocó tras de mí y noté como pegó su cuerpo al mío por completo a mi espalda donde me encontraba encadenado. La punta de su arnés tocó mi ano y comprobé como la señora comenzó a echar vaselina sobre su pene de goma. Estaba asustado, en breve iba a penetrarme con su enorme arnés. La punta de pene de goma comenzó a entrar ligeramente en mi culo. La presión poco a poco fue aumentando y cada vez entraba más en mi interior. Llegó un momento que ya no cedía el pene dentro de mi culo cerrado y fue cuando la señora comenzó a ejercer más fuerza. El dolor comenzó a aumentar más y más mientras la señora forzaba su pene de goma sin piedad dentro de mí. Sin piedad forzó su pene de goma hasta que entro por completo dentro de mi culo. El dolor y la presión era muy fuerte, notaba su pene dentro de mí y el cuerpo de la señora pegada a mi cuerpo a mi espalda. La señora acercó sus labios a mi oído:

- Ahora vas a comprobar a que me refería cuando decía que tenía una forma especial para penetrarte…. ¿No lo adivinas, verdad?- Noté como la señora agarró con su guante mis testículos y los retorció con mucha fuerza, parecía iba a reventarlos. El dolor era insoportable, la presión de su mano estrujando y aplastando mis huevos entre sus guantes de goma. De esta forma la señora comenzó a cabalgar sobre mí con su arnés. El dolor de su pene aumentó a la vez que salía y entraba de nuevo en mi culo, su mano continuaba aplastando mis testículos sin piedad a la vez. El dolor era por partida doble. Aquel castigo era terrible.

El tiempo transcurría y la señora no cesaba de penetrarme una y otra vez a la vez que estrujaba mis testículos en su mano enguantada. Las lágrimas comenzaron a asomar sobre mi rostro, era terrible su castigo. Deseaba aflojase la presión de su mano, pero no podía suplicar de ninguna forma estando amordazado. La señora reía y envestía con dureza una y otra vez su arnés dentro de mí.

- Estoy disfrutando como nunca antes. ¡¡ Relájate ¡¡ voy a penetrarte durante mucho tiempo, puedo llegar a ser incansable -. La señora decía la verdad, era incansable y no paraba de penetrarme una y otra vez. Mis testículos me dolían mucho, deseaba aflojase la presión de su guante, pero ella no cedía en su empeño. El castigo estaba siendo muy estricto.

Estuvo más de una hora castigándome con su arnés mientras ella jadeaba de placer. Notaba como la señora comenzó a sudar por su esfuerzo. La presión de su guante no cesaba, me hacía mucho daño con tanta fuerza. Finalmente la señora quedó exhausta y sacó su pene de goma de mi culo y soltó mis testículos. Lloraba de dolor sin haberla importado tal como me prometió.

Se quitó sus guantes impregnados de sudor y volvió a guardárselos en su bolsillo. Antes de abandonar la habitación me advirtió de mi nuevo castigo. Agarró una fina vara de muy pocos centímetros. Desconocía que era aquella pequeña vara pero la señora me lo explicó aterrándome.

- Esta fina vara se introduce por tu pene, por la uretra. Puedo hacerlo delicadamente o de una forma más severa, eso dependerá de ti, de tu comportamiento. Siempre cumplo lo prometido como habrás observado. Cuando termine tu castigo volveremos a hablar. Te quitaré la mordaza y comprobaré si has aprendido la lección. Quizás te deje marchar, eso dependerá si has aprendido la lección. – Me explicó mientras abandono la habitación y me dejó aterrado pensando en mi nuevo castigo, la fina vara sobre mi pene.

FINAL: DESEO QUE NUNCA TERMINE.

La señora me aplicó su ultimo castigo tal como prometió, fue muy dura conmigo. Mi cuerpo estaba completamente dolorido, había castigado cada centímetro de mi cuerpo durante todo el tiempo que llevaba allí encerrado. La señora siempre cumplía su palabra y castigo. Tal como me prometió comenzó a quitarme la mordaza. Me iba a dar la oportunidad de disculparme y asumir mi error por todo mi pésimo comportamiento hacía las mujeres.

Reflexione como nunca antes lo había hecho. Vi pasar mi vida en estos últimos años. Mi trabajo, mi estatus económico me había generado muchos problemas, ansiedades y la forma de liberarme de ellas era causando dolor a las mujer y humillándolas. Aquel comportamiento no aliviaba mi ansiedad y volvía a humillar a otra nueva mujer, esperando que saciara mi sed, pero no era así, volvía a hacerlo una y otra vez sin encontrar resultados. Comprendí que ahora si había conseguido saciar mi ansiedad y dolor interior. Aquella vieja señora era espectacular, su sadismo, despotismo y crueldad hacia mí me había hecho olvidar todos mis problemas. Aquella vieja señora causaba en mí unos sentimientos muy fuertes de atracción hacia ella. Deseaba continuar a su lado. No necesitaba humillar a ninguna mujer, solo deseaba ser yo el humillado por aquella vieja señora. Había encontrado lo que buscaba. Era extraño, pero ella saciaba mi interior y me daba tranquilidad.

Si me disculpaba y pedía perdón me liberaría y quizás no volviese a verla nunca más. No deseaba separarme de su lado. Comprendí que ella era alguien especial para mí, la necesitaba. Necesitaba sus castigos, humillaciones y vejaciones. Comprendí cual iba a ser mi respuesta. La señora me quitó la mordaza y me dio la oportunidad de pedir disculpas por mi comportamiento hacia todas las mujeres de las que había engañado, embaucado y humillado. Estaba en juego mi libertad. No quería ser libre, quería seguir a su lado. Solo había una forma para que no me liberase y continuase a su lado. Escupiría por mi boca lo que ella no deseaba oír.

- Todas las mujeres de aquellas fotos que me enseñaste…. Eran unas auténticas putas… se merecían lo que las hice y lo volvería a hacer. Tú, vieja zorra eres la peor de todas, gorda, fea, vieja…no sabes ni castigar… todos tus castigos han sido cosquillas para mi…. ¿pretendías asuntarme? No lo has conseguido puta gorda vieja -. No pensaba todo lo que dije, solo quería que no me liberase. Mi lugar era junto a ella. Creo que me excedí en mis comentarios, no los pensaba realmente, solo fue una estrategia hacia la vieja señora.

La vieja señora no reaccionó, no daba crédito a mis palabras, no se lo espera en absoluto. Ella Creía que suplicaría y rogaría por mi libertad, pero no fue así. La incredibilidad de la señora comenzó a tonarse en ira y enfado. Me miraba fijamente frunciendo el ceño sin reaccionar. Tras un largo minuto mirándome fijamente sin mediar palabra, la señora reaccionó. Se dio media vuelta y se dirigió a un lado del viejo sótano donde agarró un orinal de plástico. Colocó el orinal en el suelo frente a mí donde me encontraba encadenado. Se sentó sobre el orinal sin comprender que pretendía. Introdujo las bragas sucias que había sacado de mi boca dentro del orinal y acto seguido comenzó a defecar sobre ellas. El olor impregnó la habitación, estaba haciendo sus necesidades sobre sus bragas impregnándolas de su mierda. No tuvo ningún reparo en hacerlo frente a mí.

La voluptuosa y anciana señora se levantó del orina y agarró sus bragas llenas de excrementos manchándose sus guantes. Se acercó a mí, agarró mi pelo y tiró con una fuerza brutal que creía que la goma de su guante me arrancaba el pelo. Su furia era terrible. Metió sus bragas completamente sucias y malolientes llenas de restos de suciedad en mi boca. Empujó con su dedo enguantado con dureza hasta introducirlas hasta el fondo de mi garganta.

- ¿Te acuerdas lo que te prometí?... Introduciría mis bragas cagadas en tu boca apestosa si volvías a desobedecerme o faltarme al respeto. ¡¡ Olvídate de salir de mi sótano ¡… Todos los castigos que has sufrido volverás a vivirlos…. Pero esta vez no tendré piedad voy a ser terriblemente dura. Todos los castigos se duplican en duración y en intensidad. Voy a ser una verdadera pesadilla para ti- La señora agarró un nuevo rollo de cinta americana de embalar. Se acercó a mí, volvió a meter sus dedos para forzar sus bragas por completo hasta el fondo de mi boca. Me daban arcadas, estaban demasiado introducidas en mi boca, tocaban mi campanilla y el hedor y sabor era insoportable. Cerró mi boca con un nuevo rollo de cinta americana, gastó más de la mitad del rollo de cinta en mi boca asegurándose que su mordaza no se moviese dentro de mi boca y no pudiese escupirla. El sabor y hedor era terrible, me sentía humillado por completo.

- Me he asegurado que no puedas abrir la boca, nadie va a escucharte.¡¡ Esta vez no voy a quitarte la mordaza bajo ningún concepto ¡¡. Voy a castigarte tan duro que se secaran tus lágrimas, nadie podrá oírte. – La señora una vez me amordazó se dirigió hacia la estantería y agarró de nuevo la correa fabricada por ella misma a base de la goma de neumáticos de automóvil. La agarró duramente entre sus manos y se colocó tras de mí.

- ¡¡ Esta noche va a ser muy larga para ti¡¡… voy a azotarte muy duramente y cuando terminé continuaré apagando mis cigarrillos en tu culo, ya sabes que cumplo todo lo que prometo… prepararé para vivir un auténtico infierno…. Aprenderás a obedecerme. – La vieja señora estiró sus guantes ajustando sus dedos a sus manos y levantó su correa con una dureza excepcional, utilizó toda su fuerza.

- Voy a disfrutar mucho contigo te lo aseguro, voy a darte una lección que no vas a olvidar. Duermo muy poco, no tengo problemas en pasar toda la noche castigándote. Después de azotarte te vas a comer todos mis restos del orinal… te colocaré un abrebocas no te preocupes…no podrás escupirlo y tragaras toda mi mierda. La goma del enema te limpiará después, esta vez voy a ser muy dura introduciéndola…. Y la voy a dejar durante horas metida en tu culo… no tendré piedad hijo de puta. – La señora levantó sus manos y comenzó a ajustarse los dedos a sus guantes mientras me miraba muy furiosa.

Conseguí lo que había deseado, pero el precio iba a ser muy alto aquella noche.

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