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Sadomasoago 2022

Confesiones del diario de Clara (4½)

Clara juraba no mentir en su diario, pero esta vez calló lo que realmente sintió. Mientras el mundo veía solo crueldad y vergüenza, ella no pudo evitar sentir cómo su cuerpo respondía al dolor ajeno. Lo que debería haberla repelido, la encendió hasta la locura.

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Confesiones del diario de Clara: Lo que realmente pasó aquella tarde en la piscina

No suelo mentir en mi diario. Desde que empecé a escribirlo, me esforcé siempre por recordar las cosas tal y cómo ocurrieron, pero alguna vez he hecho una excepción. Una de ellas fue cuando escribí acerca de la vez que fui con mis primos a la piscina el último verano. Gran parte de lo que puse por escrito es cierto, es verdad que mis primos estuvieron en mi casa desde que les dieron las vacaciones, es verdad que Susi es una muchacha curiosa que se parece a mí más de lo que me gustaría y que Guille es un chico introvertido que estaba coladísimo por la tal Cati. También es verdad que se hizo amigo de aquel tío mayor que él, Héctor, por quien tanto mis amigas como la Cati esa no paraban de suspirar. Y también es cierto que un día, a mitad del verano, fuimos todos juntos a un parque acuático… lo que no es verdad es lo que pasó allí. Y ojalá. Ojalá todo hubiera quedado en una inocente patadita en los cataplines. Una anécdota de la que ahora todos pudiéramos reírnos y hasta sacar una lección. Pero no fue así.

Mi prima estaba todo el rato moviendo las piernas y estuvo más de una vez a punto de darle… no voy a negar que me hubiera gustado que pasara. Solo con pensar en el pie de mi prima clavándose en su enorme paquete me ponía cachonda, pero no llegó a suceder. Creo que era también lo que ella pretendía, pero no se atrevió. Una pena. Además, hubiera servido para que nos fuéramos pronto de la piscina sin tener que pasar por lo que vino después.

Cerca de nosotros había otro grupito. Me llamó la atención desde el principio. Era un grupo de chicas, destacaba sobre todo una con pinta de punki, con un tatuaje de serpiente en el cuello, que estaba hablando casi todo el rato. Las demás tenían una estética similar, también con muchos aros en las orejas y tatuajes. La única que desentonaba era una chica muy delgada, con muy buen tipo, aunque con una cicatriz bastante fea en la pierna y con unos ojos muy verdes, que estaba todo el rato junto a la punki y no paraban de hacerse caricias. Parecía que eran novias. Hubo un momento en que Susi y yo pasamos cerca y escuchamos una historia que estaban contando, algo de un tío con el que se habían peleado o algo así. La del tatuaje de serpiente decía que tendrían que haberle cortado la polla y las demás se reían y le daban la razón. Susi se quedó parada con los ojos muy abiertos y nos reímos las dos.

Un rato después me quedé yo sola nadando y me dio la impresión de que Susi se acercaba a ellas, no sé si a decirles algo simplemente a curiosear. Héctor seguía ligando con mis amigas aunque de vez en cuando se iba aparte con Guille a hablar de sus cosas. Cuando salí de la ducha me estuve secando y me sorprendió no ver con el grupo ni a Héctor ni a mis dos primos. Tampoco las punkis estaban ya. No supe por qué, pero aquello me dio mala espina. Le pregunté a mis amigas y dijeron se habían ido a los vestuarios. Una de ellas dijo que le había dado la impresión de que la chica de los ojos verdes quería rollo con Héctor, que Susi había estado cuchicheando con él y con ella varias veces. ¿De verdad serían tan capullos de usar a una cría de intermediaria para eso? Me pareció totalmente de patio de colegio.

Fui hacia los vestuarios y en el de chicas vi desde lejos que había barullo. Empecé a oír gritos que venían de allí. Algo me daba muy mala espina, así que me acerqué corriendo. No me podría haber imaginado nunca la escena que me iba a encontrar allí. Las punkis estaban en corro dentro del vestuario, en el centro estaba la del tatuaje en el cuello, con la chica guapa de los ojos verdes y la cicatriz en la pierna a su lado. Los gritos eran de Héctor, tenía la polla y los huevos sacados por debajo de su diminuto bañador y la chica del tatuaje de serpiente se los estaba estrujando sin piedad. Junto a él estaba mi primo Guille, totalmente aterrorizado.

Me quedé de piedra. Había visto muchas cosas, pero nunca algo así. Aquella chica bajita estaba agarrando a un tío mucho más alto y fuerte que ella por sus huevos desnudos. Pero lo que más me impactó fue su absoluta fiereza. Ya de por sí el aspecto de la chica imponía, pese a ser un retaco, con media cabeza rapada, las orejas llenas de aros y aquel tatuaje, pero su gesto era de locura total, con los ojos desorbitados y enseñando los dientes. No paraba de insultar a Héctor, de llamarle maricón y de decir que le arrancaría los cojones. Su novia sonreía de placer y sus amigas aplaudían y jaleaban, totalmente histéricas, pidiéndole a coro que se los arrancase, mientras a Héctor se le desencajaba la cara y chillaba como un animal. Guille miraba la escena totalmente pálido, con los ojos tan abiertos como si estuviera viendo algo imposible.

Me acerqué a aquel grupo sin dar crédito. Entre gritos me dijeron que Héctor era un pervertido y que le iban a dar un escarmiento. La del tatuaje en el cuello dijo que una cría les había pillado colocando una cámara en el vestuario de chicas. Él lo negaba, entre alaridos de dolor. Mi primo estaba tan impactado que ni siquiera abrió la boca. El chico tenía las rodillas flexionadas y con las manos intentaba agarrar con impotencia el brazo de la punki, pero de nada servía. Su cara quedaba prácticamente a la misma altura que la de ella. Sus huevos eran bastante grandes, a la chica casi se le salían de la mano, los agarraba con tanta fuerza y tirando tanto que parecía que se los fuese a arrancar.

El vestuario se fue llenando poco a poco de gente, atraída por los gritos, casi todo chicas. Detrás de mí entraron mis amigas y Cati. Miré a mi alrededor y me sorprendió ver también a Susi en un rincón, no sé cuánto tiempo llevaría allí mirando. La mutltud se fue apiñando en torno al corrillo, para no perder detalle. Las amigas de la chica explicaron a todas el motivo de aquel tormento público, por lo que se oyeron voces indignadas y gritos de aprobación. Mis amigas se llevaron las manos a la boca horrorizadas y Cati se quedó totalmente helada, con los ojos y la boca muy abiertos, mirando fijamente a Héctor. Guille parecía invisible para todas, hasta que las punkis empezaron a tomarla también con él, llamándole de todo y preguntándole si quería que le pasara lo mismo que a su amigo. Guille negó con la cabeza y retrocedió unos pasos, a punto de llorar. La chica del tatuaje le decía a Héctor que de su amiguito dependía lo que le pasara a sus huevos y que o se quitaba el bañador delante de todas o se los arrancaba allí mismo. Al pobre Guille casi se le salen los ojos de las órbitas al escuchar aquello, pero la chica iba en serio, empezó a retorcerle a Héctor los testículos y él lloraba y se suplicaba a Guille que por favor hiciera lo que le pedían. El pobrecillo se bajó el bañador muy despacio y lo dejó en el suelo. Yo estaba paralizada, no podía creer lo que estaba pasando.

Las punkis estallaron en carcajadas, se reían sin control y señalaban con el dedo las partes íntimas de Guille, burlándose y haciendo gestos con los dedos para ridiculizar lo pequeña que la tenía. La chica del tatuaje le dijo que tenía suerte de tener unos huevos tan diminutos porque así sería más difícil que se los agarrase, no como le pasaba a su amigo. Una de las chicas rebuscó en su mochila, se sacó un tanga diminuto y se lo lanzó a Guille para que se lo pusiera. Él negó con la cabeza, ya con los ojos totalmente llenos de lágrimas, pero esas chicas no mostraron ninguna piedad. La del tatuaje siguió tirando y retorciendo las pelotas de Héctor mientras decía le decía a Guille que o se ponía el tanga o caparía a su amigo. Héctor lloraba y gritaba totalmente desesperado, con la cara toda roja, llena de lágrimas y de babas, sin prácticamente poder articular palabra, pero entre tirones, la chica le obligó a suplicarle a Guille una vez más que hiciera lo que le pedían. El pobre Guille ya no sé si actuaba por lealtad a su amigo o por puro terror, pero se puso el maldito tanga, obedeciendo como un autómata. Miré a mi alrededor y vi cómo las risas iban en aumento. Algunas chicas incluso estaban grabando con el móvil. El aspecto del pobre Guille, con sus piernas flaquitas, tan blancas y casi sin pelo no podía ser más penoso. Con aquel tanga parecía casi una chica. Me fijé que incluso a la puta Cati se le escapó una sonrisa. Juro que la hubiera aplastado la cabeza allí mismo. Aquello fue el colmo, la situación había ido ya demasiado lejos.

Me abrí paso a codazos como pudo hasta llegar a mi primo, que estaba quieto como una estatua. Le bajé el maldito tanga y le ayudé a ponerse su bañador. Al tenerle desnudo justo delante, comprobé que efectivamente tenía los genitales tan pequeños que casi ni se le veían, totalmente contraídos por el miedo. También Héctor tenía el pene contraído, pero aun así parecía bastante grueso, no pude evitar fijarme en cómo la chica le retorcía aquellos huevos enormes con sadismo, tirando de ellos como si fuera a separarlos de su cuerpo, tensando su escroto al máximo, mientras su novia de ojos verdes no dejaba de sonreír y relamerse, como si aquello la excitara mucho. Cogí a mi primo del hombro para irnos, pero las punkis nos cerraron el paso. La del tatuaje dijo que todavía no habían terminado y que como me lo llevara de allí, le arrancaría los cojones a Héctor. Pero a mí no me importaba lo que le pasara a ese pobre gilipollas, así que las aparté como pude, alguna hasta se llevó una hostia, y fue hacia la puerta. Agarré a Susi del brazo, que todavía seguí mirando petrificada desde un rincón y me los llevé a los dos de allí. Escuché cómo la punki del tatuaje de serpiente gritaba amenazas y obligaba a Héctor a suplicarle desesperado a Guille que se quedara. Salimos del vestuario y nos alejamos todo lo rápido que pudimos, sin dejar de escuchar los alaridos de dolor y desesperación de Héctor, que iban en aumento.

El trayecto hasta el coche fue eterno. Y el viaje de vuelta fue todavía peor. Tenía el pulso totalmente acelerado y apenas podía pensar en lo que acababa de pasar. Miré por el retrovisor las caras de mis primos. Guille tenía la mirada totalmente perdida, parecía en coma. Susi tenía los ojos muy abiertos y parecía muy concentrada, como si intentase entender lo que había visto, pero había algo en su mirada que me inquietaba.

Al llegar a casa, cada uno se encerró en su habitación. Por suerte mis padres no estaban en ese momento. Yo había estado tan nerviosa, que en cuanto llegué tuve una bajada de tensión y me quedé dormida. Guille debió llamar a su casa en algún momento, no sé qué diría, pero al día siguiente vinieron a por él temprano y se lo llevaron. Yo les dije a mis padres que había discutido con otros chicos, ellos se quedaron muy preocupados, pero no consiguieron que sus padres le dieran ninguna explicación por teléfono después. No hemos vuelto a saber nada de ellos desde entonces. En cuanto a Susi, fui yo quien le pedí a mis padres que llamasen a mi tía para que se la llevase también. Me incomodaba mucho seguir recordando lo que había pasado. Antes de que vinieran a buscarla, traté de hablar con ella de lo que había pasado, pero evitó el tema. Tampoco he tenido noticias de ella desde entonces, pero tengo una sensación extraña sobre el papel que tuvo ella en todo aquello.

Sobre Héctor no sé nada. Al día siguiente hablé con mis amigas, me contaron que al final alguien llamó a seguridad y las punkis salieron corriendo antes de que llegaran. Después hicieron salir a todo el mundo del vestuario y ellas ya no vieron más. No creemos que le pasara nada, porque si no hubiera salido en prensa local o algo, pero tampoco tenemos ninguna certeza. A ellas les resultó todo tan desagradable que evitaron volver a sacar el tema.

Yo misma he tardado en poder poner en orden mis ideas y poder escribirlo todo aquí tal y cómo fue. Me pregunto qué efecto puede tener una experiencia así de dolorosa y humillante en un tío. Y también me preocupa cómo pueda afectar todo esto a mi pobre primo Guille, que fue humillado de manera tan horrible y delante de tantas chicas siendo aún muy crío. Me gustaría saber también quién coño eran aquellas chicas, de dónde habían salido y cómo pudieron ser tan crueles. Hasta donde yo sé, por cierto, nadie encontró nunca ninguna cámara en los vestuarios.

Me gustaría poder decir que todo lo ocurrido aquel día fue algo terrible, que me siento avergonzada y horrorizada por lo que le hicieron a aquel chico. Pero eso también sería mentir, y me he propuesto no volver a hacerlo nunca en este diario. Me mentiría a mí misma si dijera que la imagen de aquellas manos con uñas pintadas de negro retorciendo sin piedad esos inmensos huevos de semental no me ha asaltado muchas noches desde entonces. Y me ha hecho masturbarme.