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Confesionesmay 2023

El espectáculo de lucha

El dinero era la excusa, pero el miedo era la realidad. Al cruzar el círculo, Sandra descubrió que no luchaba contra rivales, sino contra su propia dignidad, mientras miles de ojos juzgaban cada gesto de su desnudez.

Frank0225.1K vistas9.3· 6 votos

Me llamo Sandra, y os quiero contar algo que me pasó hace poco tiempo y quiero compartir con todos. Para comenzar os diré que tengo 22 años soy morena y poseo un cuerpo que, aunque esté mal que yo lo diga, está francamente bien. Para que os hagáis una idea, mido 1.73 y mis medidas son 89-60-88. Como bastantes jóvenes a mi edad estaba pasando un momento de crisis económica cuando leí un anuncio en un panfleto donde solicitaban chicas jóvenes para no se qué espectáculo deportivo. Yo siempre he sido muy amante del deporte, de hecho voy asiduamente al gimnasio, así que me apunté la dirección y fui a ver de qué se trataba. El lugar se trataba de un local que me pareció entre una discoteca y un teatro. Encontré un chico en la puerta al que le conté que venía por lo del anuncio. Me condujo al interior y me llevó a un despacho donde había el que supongo era el jefe de aquel tinglado. Era un tipo bastante feo, gordo y que me miraba con una sonrisa burlona.

- He venido por lo del anuncio

- ¿Sabes de qué se trata?

- No, por eso he venido a preguntárselo

- Mira nena. Lo que yo organizo es puro deporte y si te decides a participar puedes ganar mucho dinero.

- ¿De qué se trata?

- Aquí celebramos unas veladas de lucha, lucha femenina. A todas las participantes les damos 200 euros y deberán eliminarse entre si en combates singulares. Por cierto, ¿veo que estas en buena forma, no?. Pero sigamos..... Las dos mejores llegarán a la final y la que gane de ellas se embolsará otros 6000 euros limpios de impuestos. Normalmente participan ocho luchadoras que se emparejan por sorteo, así que como máximo deberías disputar tres combates en una noche.

Los 200 euros eran una buena perspectiva para tan poco tiempo pero creo que al oir mencionar los 6000 euros se me abrieron los ojos. Esto para mi era como una pequeña fortuna que financiaría todos mis caprichitos. A pesar de todo aún tenía dudas así que pregunté:

- ¿Pero como son los combates?

- Los combates son de cinco minutos, del tipo de lucha convencional, en el que no está permitido infringir ningún daño físico. Las acciones que supongan sacar ventaja sobre la rival van puntuando y al final del combate un juez dictamina quien ha sido la ganadora.

- Suena muy deportivo

- En efecto lo es. Una violación del reglamento supone la descalificación automática.

- ¿Hay algo más que deba saber?

- Bueno, debes saber que la indumentaria corre a nuestra cuenta y que los combates se disputan en top less.

Vaya! Al oir eso comprendí el porqué de tanto dinero. En realidad era un espectáculo-exhibición pero por ese dinero bien se podía hacer un esfuerzo......

- Muy bien, ¿que debería hacer?

- Todos los viernes por la noche tenemos combates. Si quieres participar debes presentarte aquí a partir de las seis. Piensa que hay muchas chicas que quieren participar y que si cuando vienes ya tenemos completa la participación tendrás que venir otro día. Tendrás a tu disposición la indumentaria y un camerino para cambiarte.

- De acuerdo pues, el viernes a las seis

- Toma, aquí tienes dos sobres uno con los requisitos que tiene que cumplir cualquier aspirante y el otro con todo el reglamento que rige los combates – dijo alargándome un sobre amarillo y otro blanco.

- De acuerdo

- Espero que hasta el viernes

- Aquí estaré

Salí del local pensativa. Yo nunca había hecho top less pero comprendía que eso no era muy grave. Hay chicas que enseñan las tetas en la playa y no pasa nada. A demás ese dinero me iría tan bien..... Mientras volvía a mi casa continuaba reflexionando. Estaba en muy buena forma, era joven y fuerte había practicado algo de lucha en el gimnasio y estaba convencida que podía ganar. Al llegar a casa me tumbé en el sillón y abrí uno de los sobres, era el se los requisitos que debe cumplir una luchadora y empecé a leer.

Se exigía una edad entre 18 y 35 años, no llevar gafas, no padecer ninguna enfermedad y no tener ninguna herida ni malformación en el cuerpo. No se podía tampoco llevar las uñas largas. A demás se obligaba a que la luchadora ¡tuviera depilado completamente el pubis! Pero, ¿porque demonios....? Un poco cabreada seguí leyendo el apartado donde describía el atuendo de la luchadora. Este consta únicamente de un tanga atado a ambos lados, de dos brazaletes y dos cintas para los tobillos todo del mismo color. También se suministrará una bata pero que deberá desecharse en el momento del combate. Los combates se realizarán con los pies descalzos

- Vale, ya sé – pensé – quieren estar seguros que no sobresale ningún pelito del tanga

Al final del documento se expresaba que cualquier incumplimiento supondría la no participación o bien la descalificación automática y la pérdida del derecho a la remuneración.

No había nada que no pudiera cumplir. Aunque llevaba el pubis bien recortadito nunca me había planteado rasurármelo completamente pero por ese dinero.....

Abrí el segundo sobre, el de las reglas. Empezaba señalando el tiempo de 5 minutos por combate y la prohibición de pegar o arañar, en definitiva, de infligir ningún daño físico. Las combatientes no se podían poner nunca de pié, como máximo de rodillas. Después señalaba toda una lista de posibles puntuaciones: sacar a la rival del círculo: 1 punto, inmovilización: 1 punto, sentarse encima de la cara de la rival: 3 puntos, magrear el pecho derecho: 2 puntos, magrear el pecho izquierdo: 2 puntos, pellizcar un pezón: 2 puntos, quitarle el tanga a la rival: 3 puntos, tocar el sexo de la rival: 3 puntos, meterle el dedo en la vagina: 5 puntos. Para ser válidos cada acción debía durar un tiempo especificado y una acción no puede repetirse más de una vez.

- ¡Dios mío! Esto no es una lucha normal ¡es una guarrada! – exclamé indignada

A pesar de la sorpresa seguí leyendo. La ganadora de cada combate es la que ha conseguido más puntos y como premio pasará a la siguiente ronda. Además la ganadora follará a la perdedora por el método que considere más oportuno pero eso sí, sin hacer ningún daño a la perdedora.

- ¡Horror! ¿Pero qué es esto? ¡Y yo que pensaba que era algo honrado! Es evidente que aquí nadie da dinero por nada

Así que bastante mosqueada me fui a dormir decidida a no pensar más en el asunto.

Al día siguiente, jueves no me podía quitar el tema de la cabeza. 6000 euros es mucho dinero y mi situación era desesperante. Además bien mirado tampoco era para tanto. Estaba convencida en ganar y por tanto no me pasaría nada malo. Veía claro que la victoria estaba en mantener el tanga puesto todo el combate y eso estaba convencida de poder asegurarlo. Estaba segura que ninguna chica podría conmigo.

Así que fui convenciéndome a mi misma durante todo el día y al llegar a casa por la tarde me fui directamente al baño para depilarme mi precioso sexo. Una vez había terminado me miré al espejo y me dio algo de vergüenza. ¡Quedaba todo tan visible, tan aparente sin nada cubriera mi parte más íntima! Al momento intenté tranquilizarme

- Tranquila, nadie te lo verá – me dije a mi misma

Al día siguiente por la mañana me fui al gimnasio y a las seis y dos minutos entraba en el local. Encontré al hombre gordo que me saludó

- Bien, bien. Sabía que vendrías. Tu camerino es el número 4, puedes irte preparando. El primer combate es a las ocho. Si deseas tomar algo, invita la casa.

- Gracias pero no bebo alcohol

- Perfecto, perfecto. Nos vemos al acabar la velada momento en el que recibirás el dinero.

- Vaya preparando los 6000.

- ¡Vaya con la mocita! No te preocupes nena. Estarán a punto para quien gane.

Me fui directamente al camerino. Antes pude observar la zona de lucha, un círculo de unos 3 metros de diámetro que quedaba un poco más alto que las localidades del público que lo rodeaban casi en su totalidad.

Al entrar en el camerino me crucé con otra chica, una rubia espectacular que no llegaría ni a mi edad. Hay que reconocer que todo estaba bien dispuesto. Había un pequeño tocador, un armario ropero y un par de sillas. En una de ellas me encontré una bata larga azul cielo, las cuatro cintas anchas para tobillos y muñecas y el tanga, todo del mismo color. Empecé a cambiarme. Dejé toda mi ropa guardada en el armario y me puse el tanga. Realmente me quedaba muy bien y tapaba perfectamente lo que tenía que tapar pero nada más. Era de esos normales triangulares, iguales por delante que por detrás, que van atados a ambos lados por un cordelito. Encima de la silla encontré un papel que indicaba como había que hacer el lazo.

Me ajusté las cintas a las muñecas y tobillos y me puse la bata esperando la hora.

Estaba empezando a ponerme verdaderamente nerviosa cuando un poco pasadas las ocho llamaron a la puerta.

- Es tu turno.

Salí de la habitación con pasos inseguros cundo de pronto me encontré caminando por la alfombra que conducía a la pista. Aunque estaba muy oscuro veía que el público abarrotaba la sala. Un speaker anunciaba las participantes.

- Con la vestimenta roja, con 23 años y 1.65......¡Anabí!. Con la vestimenta azul, con 22 años y 1.73..........¡Sandra!

Subimos ambas al círculo y nos despojamos de las batas. Pude oir los comentarios obscenos que sobre mis pechos hacía uno de los hombres que había en primera fila. Era la primera vez que los mostraba en público y creo que me ruboricé un poco. Nos pusimos de rodillas una delante de la otra y el árbitro dio por comenzado el combate. Rápidamente nos agarramos y yo conseguí ir empujándola hasta sacarla del círculo (ya tenía mi primer punto). Volvimos al centro y reanudamos la lucha. Intenté agarrarla por un brazo pero consiguió voltearse y tirarme de bruces. Luché para no ser inmovilizada y finalmente conseguí con un gran esfuerzo voltearme, de tal manera que tenía atrapado su brazo derecho. Viendo que estaba parcialmente indefensa empecé a sobar su pecho derecho. Cuando pasaron los cinco segundos forcé más la posición. Con las piernas le di la vuelta, sentándome sobre su espalda y con sus brazos inmovilizados por mis piernas. Ahora no debía tener piedad, baje mi mano derecha hasta su cintura y le desanudé los dos lados del tanga. Una vez desatado tiré fuertemente de él y lo lancé a un lado. Intenté tocarle el sexo con la mano pero la chica cerró fuertemente las piernas. Me estaba animando. La volteé totalmente agarrada mientras ella pataleaba para zafarse de mi. Alargué la mano para pellizcarle un pezón. Finalmente una sirena indicó el final del combate. El árbitro nos cogió de la mano y nos condujo a la parte más cercana al público.

- La ganadora del segundo combate de la noche es ¡Sandra! – momento en el que levantaba uno de mis brazos.

El árbitro se dirigió a mi.

- Ahora ya sabes que debes hacer. Tenemos todos los artilugios que puedas necesitar.

La chica me miró y yo le dije:

- Lo siento, tengo que hacerlo. Túmbate en el suelo y separa las piernas.

La chica lo hizo. Su sexo totalmente depilado estaba totalmente a la vista de todos. La gente jaleaba. Yo me arrodillé ante ella y le introduje un dedo en la vagina y ante el júbilo generalizado empecé a moverlo en su interior. Era la primera vez que tocaba la vulva a otra chica y su fino tacto no me desagradó. Al cabo de un par de minutos el árbitro dijo que parara. Me volví a poner la bata y entre aplausos volví a mi camerino.

Aproveché para refrescarme y beber un poco de agua pero antes de una hora volvían a llamar a la puerta.

- Tu turno

Rehice de nuevo el camino hacia la zona de lucha. Una vez allí pude comprobar que mi rival era la rubia con la que me había cruzado en el pasillo.

- Con la vestimenta verde, con 19 años y 1.76......¡Deborah!. Con la vestimenta azul, con 22 años y 1.73..........¡Sandra!

-

Subimos ambas al círculo y tiramos las batas a un lado. Mi rival esta vez era alta y fuerte pero esto no debía ser obstáculo para ganar. Nos pusimos en el centro y el árbitro dio por comenzado el combate. Empezamos girando una alrededor de la otra y no pude más que fijarme en sus grandes tetas que se bamboleaban con cada uno de sus movimientos. El público estaba dividido y gritaban a favor de una o de la otra. De pronto la rubia se abalanzó sobre mi y me tumbó. Yo intenté levantarme pero con su peso, bastante mayor que el mío, me lo impedía. Con los brazos intenté ayudarme pero esta no fue una decisión muy acertada ya que, a pesar de mis esfuerzos noté como una mano magreaba fuertemente mi pecho izquierdo. Me revolví pero sin mucho éxito y ahora noté como unos dedos estiraban mi pezón derecho. Yo no podía hacer mucho y ya perdía por cuatro puntos. De pronto noté como una mano bajaba a mi cadera para desatarme el tanga, momento que aproveché para revolverme de forma decidida y librarme de su peso. Empezamos de nuevo, nos agarramos pero esta vez yo fui más rápida y logré desequilibrarla, saltando inmediatamente encima de ella. No sabía el tiempo con el que contaba así que tenía que puntuar rápidamente. Intenté desatarle el tanga pero siempre lograba separar mis manos, así que cambié de estrategia. Me moví rápidamente y logré sentarme en su vientre y con una mano sujetaba sus brazos. Bajé la mano izquierda que tenia libre y, a pesar de sus pataleos, conseguí desatarle el tanga. No pude quitárselo del todo pero una vez desatados los dos nudos fue el árbitro el que, según el reglamento, se lo acabó de quitar. La chica continuaba pataleando pero yo conseguí posar mi mano derecho sobre su depilado sexo. El público me animaba. Al final el árbitro nos separó. La rubia, ya completamente desnuda, se abalanzó sobre mí pero yo aguanté bien la embestida. Después de mucho empujar me sacó del círculo pero ya era demasiado tarde, la sirena decía que yo había ganado. Nos levantamos y el árbitro nos condujo de nuevo a la parte más cercana al público.

- La ganadora de la segunda semifinal es ¡Sandra! – dijo levantándome uno de mis brazos.

Miré a la rubia que mantenía una expresión entre abatida y avergonzada.

- Ponte a cuatro patas y separa las piernas.

La chica, con lágrimas en los ojos lo hizo, enseñando enteramente su precioso trasero a toda la concurrencia. Él árbitro me dio un pene de goma de color negro que utilicé para follar a la chica. Empecé suavemente pero fui incrementando el ritmo con lo que conseguí sacar unos gemidos de la chica que fueron vitoreados por el público. Creo que la hice correrse por la cara de entera humillación que puso cundo la dejé. Yo, entre enfervorizada, y en parte excitada, saludé al público. Me puse la bata y me fui.

Ya había ganado mis dos primeros combates. Solo me quedaba uno y los 6000 euros serían míos. Al cabo aproximadamente de media hora oí de nuevo la puerta

- La final está a punto. Todo el mundo te espera.

Salí con más seguridad de la que yo me creía capaz de atesorar. Todas las reticencias iniciales habían pasado y ahora me encontraba totalmente decidida a ganar.

Al llegar al borde de la zona de combate vi por primera vez a mi rival, una chica bajita, con rasgos orientales que iba enfundada en su bata negra. El speaker nos anunció:

- A mi derecha, con la vestimenta azul, con 22 años y 1.73..........¡Sandra!. A mi izquierda, con la vestimenta negra, con 28 años y 1.60......¡Lee Chang!.

Subimos ambas al círculo y tiramos las batas a un lado. Mi rival era bajita y no especialmente fuerte así que no creí que tuviera problemas para ganar. Nos pusimos en el centro y el árbitro dio por comenzado el combate. Empezaron los primeros forcejeos. Yo me sentía muy superior así que me lancé al ataque. No sé como lo hizo pero con una velocidad endiablada me encontré prácticamente inmovilizada con sus manos detrás de mi nuca y sus piernas entrelazadas en mi cintura. Yo me debatía pero mi movilidad era nula. No sé de donde podía sacar esa fuerza. De pronto noté como uno tras otro mis pechos eran materialmente estrujados por una mano sin compasión. El árbitro nos separó. Ya perdía por 5 puntos pero estaba decidida a remontar. Volvimos a agarrarnos pero con las piernas logró desequilibrarme de nuevo y me encontré de espaldas al suelo. Fue casi visto y no visto y ya la tenía sentada sobre mi cuello, manteniendo con sus rodillas mis brazos sobre mi cabeza. Esto pintaba muy mal. Intenté liberarme pero era imposible. Ella tenía sus brazos libres. Se inclinó ligeramente hacia atrás y noté su mano en mi cadera. Yo intenté patalear pero pocos segundos después vi como mi tanga estaba en su mano. Mi pobre sexo se hallaba ahora a la vista de todos y el público jaleaba. Empezó a invadirme la desesperación pero no podía hacer nada más que patalear. De pronto noté una mano sobre mi sexo y lo que es peor, noté como algo penetraba mi intimidad. Intenté cerrar las piernas pero era inútil, ¡tenía su dedo en mi vagina!. Lo continuó moviendo en mi interior, bastante más tiempo del obligatorio. El público estaba entusiasmado. El árbitro nos separó. Yo creo que estaba roja de vergüenza y ella me miraba con una sonrisa en los labios. Volvimos a enzarzarnos pero yo ya estaba totalmente vencida. Me hizo una llave por la espalda, con las manos en mi nuca y sus piernas entre las mías. Yo ya estaba exhausta. Con sus pies me separó las piernas con lo que, mi preciado sexo quedó totalmente expuesto a la enfervorecida concurrencia y así me dejó un buen rato hasta que sonó la bocina. Yo quedé tendida, agotada y humillada. El árbitro me hizo incorporar y nos llevó hasta el público. Yo, excepto los brazaletes, iba totalmente desnuda así que instintivamente intenté taparme el sexo lo que provocó alguna risa

- ¡Tía buena!

- ¡Ya te lo hemos visto, nena!

- ¡Guapaaaa!

- La ganadora de la final es nuestra campeona ¡Lee Chang! – dijo levantándole uno de sus brazos.

Casi miré implorante a la ganadora. Ahora ya no era el dinero lo que me preocupaba sino mi dignidad.

- Túmbate en el suelo, de espaldas y con la cabeza dirigida al público.

Lentamente hice lo que me pedía.

- Ahora levanta las piernas, yo te ayudaré.

Levanté las piernas y ella me las cogió y me las levantó pero tirándolas hacia atrás. Fue empujando más hasta que quedé apoyada en el suelo por mi cuello y hombros y mis piernas colgaban abiertas hacia atrás hasta tocar el suelo. Yo casi lloraba. No era por lo incómodo de la situación sino porque comprendí que en esta posición presentaba mi culo en pompa a todo el público, mostrando impúdicamente abiertas mis partes más íntimas. No podía ver nada pero noté como que algo me estaba penetrando. Supongo que era un pene de plástico parecido al que yo usé pero este era manipulado con más violencia. Noté que la china me estaba violando salvajemente y unas lágrimas rodaron por mis mejillas. El público seguía animándola

- Vamos, ¡dale fuerte, que me ha hecho perder 500 pavos!

Tan fuerte me daba que al cabo de un rato noté un estremecimiento. A demás, la muy zorra, con la otra mano iba dándome golpecitos en el clítoris hasta que no pude resistir más y me explotó un orgasmo que me arrancó un chillido. El público seguía aplaudiendo, mientras yo, ahí tumbada y descompuesta lloraba a lágrima viva.

Recuerdo que tras esa humillación corrí a ponerme la bata y me fui al camerino. Allí no daba crédito a lo que me había pasado, había perdido el dinero y mi honor. Una vez un poco más calmada me vestí. Me dirigí al despacho del jefe que me recibió efusivamente:

- Gran velada si señor. Has peleado muy bien y tu cuerpo ha gustado mucho al público....y a mi.

- Deme mi dinero y listos

- Siento que no hayas ganado los 6000 pero nuestra campeona es buena, muy buena – dijo alargándome un billete de 200 euros. Cuando quieras organizamos la revancha.

- Ni lo sueñe

- Será una pena

No oí nada más ya que salí de la estancia precipitadamente. Volví a mi casa y me quedé allí, apesadumbrada. Los siguientes días fue disminuyendo mi frustración. Esos 200 euros se encargarían de parte del trabajo. Hace un mes de esa velada y no niego que cada vez que pienso en ello me entran más ganas de luchar contra esa campeona. Quizá algún día me decida y.........