El precio del alquiler (2)
El metro se vacía, pero la tensión se densifica. Juan la empuja contra la barra y Elena susurra una amenaza que suena a promesa. En casa, el vídeo enciende la mecha y las barreras caen una a una.
Serían las seis de la tarde, acabábamos de montarnos en el metro y nos quedaban mínimo 45 minutos por delante de viaje. Bajamos a la parada de metro de La Latina, esperamos un par de minutos hasta que llegó el tren y nos montamos en el último vagón quedándonos de pie y agarrados a una de las típicas barras que hay en el metro.
A pesar de ser un día festivo, el metro no iba muy lleno, lo cual se agradecía por no ser agobiante y a mí me dio pie a jugar un poco con Elena. De hecho, el tren había emprendido la marcha y Elena estaba justo delante de mí y yo detrás de ella así que, sin ella esperarlo, la empujé un poco contra la barra y me pegué de tal manera a ella que podía sentir la erección que ya estaba creciendo en mi polla.
- ¿Se puede saber qué haces Juan?, ¿te has vuelto loco o qué?
- Estoy muy caliente Elena, tengo ganas de llegar a casa y follarte
- Pues tranquilo vaquero, yo también estoy caliente, pero modérate que esa señora de ahí nos está mirando
Era cierto, una mujer de unos 65 años, que estaba sentada delante de nosotros a la izquierda en el mismo vagón con el pelo bastante canoso, nos estaba mirando como diciendo “no seáis guarros, tened un poco de decencia y esperaros a llegar a casa”, pero yo estaba muy caliente y no quería esperar, más si cabe después de comprar el vibrador e imaginarme lo que le haría sufrir a Elena en público con él.
- Venga Elena, no me digas que no te da morbo por favor
- Te he dicho que te estés quieto Juan, cuando lleguemos a casa te voy a castigar por malo
Aquella frase la había dicho susurrando y sin mirarme para que el resto de personas que iban en el vagón no se enteraran, pero sabía la cara que estaba poniendo Elena. Una cara de falso enfado y de estar ya bastante caliente, estado en el que estábamos los dos últimamente desde que habíamos añadido los vídeos porno a nuestra relación porque, al contrario de lo que se puede pensar, nos habían ayudado a darnos ideas, ponernos a tono y tener varias fantasías.
Aquellas fantasías eran tríos, orgías, intercambios de pareja y cosas por el estilo, cosas que antes no se nos hubieran pasado por la cabeza ni siquiera como fantasía, pero ya digo que llevábamos un tiempo con aquellos vídeos que nos habían despertado un apetito sexual que antes no teníamos a pesar de haber sido siempre una pareja bastante activa en la cama.
- Está bien Elenita, me voy a estar quieto, pero cuando lleguemos a casa te vas a enterar
- Eso ya lo veremos gallito, mucho ruido y pocas nueces. Además, últimamente me tienes un poco abandonada así que espero que te portes como debes
- Con que esas tenemos eh, mañana no te vas a poder poner de pie, te lo garantizo
Entre bromas como esas seguimos el trayecto hasta que llegamos a la parada de Begoña y nos bajamos del metro. Los dos íbamos muy sonrientes sabiendo lo que nos esperaba, tanto que Elena me había cogido de la mano y me iba mirando sonriendo en plan “desafío”, lo que a mí me estaba poniendo a cien. De hecho, en cuanto cruzamos el portal de casa me empujó contra la pared y me besó con mucha pasión agarrándose con fuerza a mi cuello.
- ¡Dios Juan!, estoy muy caliente, de verdad, has hecho que me entren unas ganas terribles de follar. Además, lo del jueguecito de comprar el vibrador me ha puesto muy cachonda, aunque al principio me he enfadado un poco porque has dado por hecho que lo podías comprar sin mi consentimiento cuando voy a ser yo la que se lo va a poner
- ¡Ah!, ¿entonces quieres ponértelo?
- Mmm, tengo ganas de probarlo, sí
- Vaya vaya con Elenita, no voy a tener piedad contigo, te vas a correr cuando a mí me dé la gana y no vas a poder hacer nada
- Eso espero…
Tras decir aquello, Elena me cogió la mano y fuimos hacia el ascensor para llamarlo. No tardó ni un minuto en llegar y en cuanto se abrieron las puertas, Elena me empujó dentro y pulsó el botón del séptimo, tras lo cual se lanzó a mi cuello para comérselo con pasión mientras me agarraba con la mano derecha la polla por encima del pantalón.
Decir que estaba en la gloria se quedaría corto, Elena es muy pasional en la intimidad y se transforma en una auténtica loba cuando tiene ganas de follar. Loba que aprovechó para romper todas mis barreras y quedar a su merced porque, en cuanto se abrieron las puertas, volvió a cogerme de la mano y tiró de mí hasta nuestra puerta.
- Abre Juan por favor, ¡estoy que me subo por las paredes!
- ¿Tantas ganas tienes de follarme?
- Todas y más, no te creerías hasta donde llego
- ¿Y si yo ahora decidiera no abrir y no follarte?
- Me iría en busca de una polla que sí quisiera follarme y dejarme satisfecha
- O sea, que me pondrías los cuernos, ¿no?
- Mmmm no, sólo haría que mi cuerpo disfrutara un rato y luego volvería contigo
- Vamos, que te irías a que te follaran bien follada y luego volverías como si nada
- Juan, estoy de broma, abre la puta puerta de una vez o te juro que sí que me voy en busca de una polla que me folle
- Está bien, está bien, no voy a dejar que ningún desgraciado por ahí te folle
Y eso hice, abrí la puerta y entramos los dos a trompicones porque las ganas nos podían, aunque yo quería hacer sufrir un poco a Elena a pesar de que otra vez se había vuelto a abrazar a mi cuello mientras lo devoraba y con la otra mano me estaba bajando la bragueta en busca de mi polla.
- Espera un momento Elena, dame un segundo
Me había separado de ella y había dado dos pasos hacia atrás con una sonrisa en la boca
- Juan, te juro que te mato como no me folles esta tarde, lo digo muy en serio, tengo el coño chorreando y como no me hagas gritar y tener dos o tres orgasmos te destrozo, te lo prometo.
- Vamos a hacer una cosa Elena, voy a ir a por el ordenador así que tú vete mientras al salón y ponte cómoda
Elena, con cara de pocos amigos, se fue hacia el salón y yo hacia la habitación. Habitación que se encontraba hacia el pasillo de la izquierda porque nuestra casa estaba distribuida de la siguiente manera: según entrabas desde la puerta, te encontrabas de frente con la puerta de la cocina y a la derecha con la puerta del salón, ambas estancias daban hacia la zona central y común que tenían todos los pisos que nos rodeaban y donde se encontraban la piscina y las pistas de pádel.
Hacia la izquierda, se encontraba el pasillo y al final de este, de frente, se encontraba el baño y su puerta, puerta que flanqueaba dos de las habitaciones. En la pared de la derecha se encontraba nuestra habitación, la cual tenía baño propio, y en la pared de la izquierda se encontraba una habitación más o menos grande donde había una cama de matrimonio y diversos trastos que habíamos ido acumulando, entre ellos una bici estática que utilizábamos a veces.
Por último, en la pared de la izquierda, entre la puerta de entrada y la habitación donde se encontraba la otra cama, había otra habitación bastante pequeña donde teníamos montado un mini despacho con una mesa para el ordenador, una estantería y un armario pequeño porque la estancia no daba para más. Además, las dos habitaciones de la pared de la izquierda daban a un patio interior que a su vez conectaba con las habitaciones de nuestros vecinos de la planta, siendo estos los únicos vecinos ya que solo había dos pisos por planta.
Así, tras ir hacia la habitación, coger el ordenador y buscar los cables, volví hacia el salón en busca de Elena y ese polvo maravilloso que me esperaba, aunque sería mucho mejor que eso. Y sería mucho mejor porque, al llegar a la puerta, me quedé de piedra al ver cómo se había puesto de cómoda Elena siguiendo mi consejo al pie de la letra.
Estaba recostada en el sofá, se había quitado los pantalones quedándose en bragas, bragas pequeñitas de color blanco y puntos rojos al igual que los bordes que a mí me volvían loco. También se había quitado el sujetador negro y se había puesto otra vez la camisa verde ya que se le notaban bien los pezones, sin olvidar que se había dejado los tacones puestos.
Me quedé mirándola unos segundos sin reaccionar, tenerla delante con ese vestuario provocaba siempre en mí ese tipo de reacciones a pesar de las veces que la había visto desnuda y me la había follado, pero seguía quedándome paralizado cada vez que la veía así de sexy. Elena siempre había provocado esa reacción en mí y ella lo sabía ya que, al ver mi reacción, se levantó y vino hacia mí moviendo esas piernas largas y bien entrenadas complementadas con esas tetas tan bien puestas que tenía y esa cara angelical con el pelo a media melena.
- Veo que como siempre te gusta mucho lo que ves, ¿verdad?
- ¡Joder Elena!, no había visto la lencería que te habías puesto hoy, pero sin duda has acertado
- Jaja, sé que te vuelven loco estas bragas y verme sin sujetador así que lo he hecho para que no te puedas escapar de follarme como debes
- Y lo haré, aunque quiero que pongamos algún vídeo para darle el toque perfecto al polvo
- Pues ya puede ser bueno, porque estoy a punto de correrme sin ni siquiera haberme tocado un pelo
- Mmm Elenita, voy a poner el vídeo de las parejitas que nos gusta tanto
- Jaja, está bien, siéntate en el sofá y vete poniéndolo
Eso hice, enchufé el ordenador a la luz y lo encendí, aunque Elena no perdió el tiempo mientras se encendía porque se arrodilló delante de mí, me bajó la bragueta y los pantalones hasta las rodillas y empezó a chupármela. Esto hizo que tuviera que coger el ordenador y ponerlo sobre el sofá mientras acababa de encenderse para poder facilitar la tarea a Elena.
Como ya he dicho, Elena en el ámbito privado se vuelve muy guarra y caliente y le encanta ponerme a mil así que, mientras me la chupaba, empecé a buscar el famoso vídeo como buenamente pude porque el roce de la lengua de Elena con mi polla me dejaba pensar en muy poco, aunque fui capaz de encontrar el vídeo.
Ese vídeo lo habíamos descubierto hacía poco tiempo y lo habíamos visto tres o cuatro veces. Era una escena donde dos parejas, que estaban en un velero grande, hacían un intercambio y acababan follando durante media hora entre los cuatro haciéndose de todo los unos a los otros, aunque la escena que más nos gustaba era la del principio, donde los dos hombres estaban de pie y sus parejas desnudas se las chupaban hasta que, en cierto momento, las dos chicas se movían y cambiaban de polla.
Nos ponía a cien la escena, pero a Elena aún más porque, según empezó el vídeo, ella aumentó el ritmo de la mamada y yo tuve que recostarme en el sofá de lo que estaba disfrutando. Disfrute que gocé hasta que en la escena hacían el intercambio de pollas, ya que Elena dejó de chupármela y se puso de pie delante de mí sin dejar de mirarme.
- ¿Ahora qué quieres que haga Juan?, ¿quieres follar o quieres hacerme disfrutar a mí un rato con la lengua?
- Mmmm Elena, estoy muy caliente, pero vamos a hacer una cosa, quítate las bragas y desabróchate la camisa sin llegar a quitártela.
Y eso hizo, se dio la vuelta y de una forma muy sexy, girando la cabeza para mirarme, se agarró los laterales de las bragas y se las fue bajando muy despacio dejando al descubierto ese culo redondo, sin grasa, terso y de tamaño medio que tenía junto con aquel coño rosado tan maravilloso.
Eso me volvía loco y ella lo sabía, pero quería ponerme más caliente aún así que, girando la cabeza de nuevo y dándome la espalda por completo, empezó a desabrocharse la camisa lentamente hasta llegar al último botón. Y tras desabrochar ese último botón, lentamente se dio la vuelta y dejó al descubierto ese cuerpazo perfecto que tenía y que cubría únicamente con la camisa por donde sobresalían sus pechos.
- Bueno guapo, creo que ha llegado la hora, o me comes bien el coño o me follas, pero no me hagas esperar más.
- Ven aquí y móntame Elena
No perdió el tiempo, pasó ambas piernas a ambos lados de mis piernas y, agarrándome la polla para dirigirla a su coño, se dejó caer sobre mi polla para ensartarse por completo mis 15 cm y empezar un vaivén que a mí me encantaba. De hecho, aproveché para agarrarla bien del culo y facilitar el movimiento mientras que ella, se abrió un poco la camisa y dejó a la vista sus preciosas tetas.
Estaba en el auténtico paraíso, follar con Elena era una delicia y siempre nos lo pasábamos muy bien los dos y más desde que veíamos ese tipo de vídeos porno. Vídeo que había continuado su progresión mientras que nosotros habíamos empezado a follar y que ahora mostraba a las dos parejas intercambiadas follando a lo perrito y a las chicas aguantando las embestidas de los dos hombres.
En nuestro caso, Elena siguió cabalgando encima de mí durante un rato hasta que la paré y le hice el gesto de que se pusiera a cuatro patas sobre el sofá.
- ¿Quieres follarme como follan ellos en el vídeo?
- Mmm puede ser, aunque ellos están desnudos así que creo que es hora de que te quedes desnuda por completo
- Jaja, tienes razón
Tras decir aquello, Elena se quitó la camisa y los tacones y se puso a cuatro patas mostrándome aquel coño rosado y estrecho que ya me esperaba para ser penetrado así que me puse detrás de ella y en dos golpes se la metí hasta el fondo.
- Auuuu, ¡ten cuidado bestia!
- No mereces que tenga cuidado contigo zorrita, te gusta demasiado que te follen como la perra que eres
- Mmmm, ¡!azótame Juan!!
- Plasss, plasss, plasss
Le di dos o tres nalgazos más o menos fuertes como a Elena le gustan, así como el lenguaje un poco obsceno que estaba empleando con ella. Era algo habitual en nosotros ya que nos encantaba meternos en el papel y ser un poco sucios, aunque nunca habíamos llegado más allá.
- Plass, plass, te gusta eh, ¿o no zorra?
- Ahh, ¡serás cabrón!, ¡sigue dándome fuerte!
He de decir que aquella posición nos gustaba a los dos, pero sobre todo a mí ya que podía disfrutar del culo, la espalda y el pelo de Elena cayendo por los laterales de esta así como de su cabeza mirando hacia abajo y mordiendo a veces sábanas o cojines del placer que la estaba dando. Placer que me iba a llegar dentro de poco en forma de orgasmo como siguiera mucho tiempo así, cosa que no quería, por lo que paré e hice que Elena se volviera a poner de rodillas delante de mí.
- ¿Tienes ganas de correrte no?
- Jaja, exacto, chúpamela un poco para que pueda seguir follándote y no correrme
- Está bien, aunque te voy a pegar dos o tres lametones y luego me vas a comer el coño que quiero ya un orgasmo
Y eso hizo, me la chupó durante un minuto o menos y luego se sentó en el sofá abriendo bien las piernas y esperando que yo le chupara aquel coño que tanto me gustaba. Tarea que comencé mientras que en el vídeo se veía a la chica rubia siendo follada a lo perrito por uno de los hombres y el otro le metía la polla en la boca. La otra chica esperaba su turno sentada, abierta de piernas y frotándose el clítoris, pero aquello fue suficiente para que Elena tuviera su primer orgasmo a pesar de que apenas había empezado a degustar y chupar aquel manjar.
Estaba siendo un polvazo, los dos lo sabíamos y no queríamos que terminara, así que seguí un rato mi tarea para acto seguido indicar a Elena que se tumbara boca abajo en el sofá y poder follármela en aquella posición. Me encantaba clavársela así y a ella también, por lo que dirigí mi polla a su coño y dejé que mi peso hiciera el resto para ir metiéndosela hasta que mis huevos chocaron contra su culo y empecé el mete saca mientras que me apoyaba con los brazos estirados a ambos lados del cuerpo de Elena.
- ¡Fóllame Juan!, sigue así por favor
- Me encanta tenerte así Elena, eres mía joder, te voy a follar ese coño de puta que tienes
- Ahhhh, sí, sí, sí, sigueee
Estábamos los dos llegando al éxtasis, era increíble lo burro que me ponía Elena en aquella posición ya que disfrutaba de lo esbelto de su cuerpo y de su culo y coño a la vez. Disfrute que hizo que empezaran a entrarme unas ganas terribles de correrme, por lo que avisé a Elena y saqué mi polla justo a tiempo para correrme sobre su culo y acto seguido quedarme tumbado encima de ella mientras la besaba el cuello.
- ¿Qué te ha parecido Elenita?
- Me ha encantado Juan, como siempre, deberíamos intentar encontrar huecos para follar más
- Lo sé, me encantaría, pero ya sabes que entre semana es muy difícil
- ¿Por mis horarios verdad?
- Por tus horarios y porque estamos más cansados y tenemos que levantarnos temprano
- Joder, estoy cansada de esta vida Juan, llevo así más de un año y aunque los fines de semanas podemos hacer planes, me gustaría tener más vida el resto de la semana
- Por eso mismo he comprado el vibrador Elena, podemos jugar a distancia los dos
- ¿Y crees que será suficiente Juan?
- Ya veremos, primero vamos a probar, ¿no te parece?
- Está bien, probaremos
Continuará
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