Posterior reunión privada
Silvia nunca imaginó que su amiga Estela terminaría acostada en su cama, ni que Juan, el amante de ambas, se convertiría en el puente entre sus fantasías más íntimas. Cuando la privacidad se rompe y la mirada de Estela se convierte en parte del juego, el límite entre lo privado y lo compartido se desdibuja.
POSTERIOR REUNIÓN PRIVADA.
Ya era tarde, ya las dos estábamos satisfechas, además de baboseadas de todo lo que éstos nos besuqueaban y nos llenaban de sus babas. Nuestros pechos los sentimos mojaditos, era una sensación bonita, indicaba que sí nos habían deseado y manoseado a su gusto. Olíamos a babas, además de algo de sexo, y a semen. Todo eso, así que en el hotel nos duchamos ligeramente, solo para enjuagarnos e irnos, nuestras vaginitas también tenían restos de esas batallas.
“Tomaremos un taxi que te lleve a tu casa y de ahí yo me sigo.” Le dije pero me explicó que era muy peligroso la vieran llegar sola a esas horas. Así que le propuse se fuera a dormir a mi casa y mañana saldríamos las dos temprano a nuestros compromisos.
“¿De veras, me puedo quedar en tu casa a dormir?” Me preguntó. Yo no sé por qué se me había metido en la cabeza el llegar a tenerla en mi casa. Se me estaba haciendo realidad esa idea o deseo.
“¡Claro, me va a dar un gusto enorme!” Le dije.
“Ya mañana que Juan pase por mí.”
“Dile que llegue antes, le preparamos algo de desayunar y nos vamos. ¡Ándale, Llámalo de una vez!” Le dije.
“¿Te hubiera gustado que él se quedara a dormir aquí, verdad?” Me preguntó, me sorprendió esa idea.
“¿Cómo crees que se podría, participarías tú también? ¿Te gustaría?” Le pregunté calculando que su respuesta iba a ser negativa, pero no.
“¿Estas ya muy cansada? ¿Podrías aguantar otro poquito estando los tres?” Me preguntó
“¡Ay muchacha loca, qué rápido te estas dando cuenta! ¡Claro que aguantaría y me moriría de ganas de estar juntos los tres! Él es al que tendríamos que cuidar para que nos aguantara a las dos.”
“¡Pero tú ya sabes cómo, ya me dí cuenta y yo tengo que aprender!” Me dijo.
Ya en mi casa, nos duchamos enjabonando una a la otra y ayudándonos a que se nos salieran, o despegaran los restos de semen que yo aún detenía adentro y por fuerita. Los traseros también los teníamos llenos de sus babas, a las dos nos lubricaron con saliva. Nos enjuagábamos, las dos teníamos bastante. Ya limpio se me ocurrió chuparle el ano y meterle la lengua. Le gustó y me hizo lo mismo, además le inserté uno, o dos deditos. Con esto, ya las dos nos habíamos iniciado en el sexo anal. Reíamos, nos mojábamos el pelo con la ducha de mano. Con la misma nos dejábamos que se nos metiera agua en nuestras vaginas. La dejábamos salir y seguíamos retozando.
“Te voy a enseñar un secreto mío.” Recogí de mi cajón esa pera que siempre me era útil para cualquier preparación de alguna posibilidad que se diera de un anal. Le preparé la cantidad de agua.
“¡Ven, quédate paradita, muy quieta! ¡Separa las piernitas!” Le separé sus nalgas y le inserté la cánula que ya estaba lubricada.
“¡OUCH! ¿Qué me haces?” No le puse atención y le fui insertando la cánula.
Le entró muy fácil y con suavidad. Se la vacié dentro y la volví a rellenar.
“¿Me vas a poner más? Ya con ésta la estoy sintiendo bien rica, nunca me había pasado por la cabeza lo rico que se siente.” Me dijo, pero le volví a insertar la cánula lo más profundo que se podía. Ella dio unos gemiditos, pero no protestó. Le vacié el contenido de la segunda pera. Hizo movimientos como retorciéndose.
“¡Qué rico siento! Aguantaría más. ¡Ay que rico!” Y seguía contoneándose. Aproveché para chuparle su vaginita, y más fuerte se movía.
“¡Ay, ay! ¡Que rico! ¡Qué rico! ¡Se siente muy rico que me entró esa agüita calientita! ¡Ya párale, no me cabe más!” Continuaba con el agua adentro, muy excitada y siguió preguntando qué más cosas sabía yo. “Eso que te hice con el agua me lo hago yo cada vez que hay posibilidad de sexo anal, así voy limpia. No es de mi gusto totalmente pero hay veces que es necesario saberlo hacer, ya verás.”
“Esto que te enseño es para que si te llega a ser necesario una cogida por el trasero, te hayas preparado antes. La última salvación sería hacer ese sexo anal haciendo que el amigo se pusiera un condón de esos que venden ya lubricados.” Le dije, pero ella continuó
“¿Te digo algo? El tío éste intentó metérmela por atrás, lo distraje pero insistió y lo dejé que me entrara un poquito, pero me lastimó.” Me dijo.
“¿Con Juan lo has intentado?” No me contestó inmediatamente, pero después me dijo la verdad que sí, varias veces, pero que siempre salían de pleito porque él es muy salvaje y brusco, “Yo soy mujer y lo tengo débil y delicado, ¿No crees?” Solo la miré y le contesté después
“Sí, la mujer es delicada y así la tienen que tratar, pero en la vida vas a tener que hacerlo analmente también, así que te diré cómo, te va a gustar.”
Salimos del baño y ya secas pero el problema ahora era qué con qué nos cubrimos, la temperatura en la casa no era como para seguir desnudas. Busqué un neglige, la quería ver y sentir muy femenina, pero ninguno me complació. Mientras tanto busqué unos pantis de los que aún estaban nuevos y se los probé. Le quedaban a la medida, son de esos que se detienen de los huesos de la cadera, que a ella se le notan muy lindos.
“Están muy lindos, gracias.” Se los puso y dio vueltas frente al espejo. De todas maneras le probé dos negliges, o ropita íntima para conquistar, pero no me parecieron. Yo la quería ver muy coqueta, conquistadora, provocativa y no sé para qué, en ese momento solo iba a ser mi muñequita.
“¿Qué te pondrás tú?” Me preguntó.
“¡Mira! Como siempre estoy sola solamente me pongo chones y una de esas sudaderas que me calientan y tapan hasta las rodillas.” Le dije pero me pidió le prestara una igual y se la enfundó.
Algo se nos antojaba para no ir a la cama con el estómago vacío, aprovechando a revisar lo que tendría disponible para hacer un buen desayuno para Juan. Jugueteamos todavía y fuimos a la cama.
“¿Qué te parece? Tú duérmete aquí para que te sientas reina y yo en la cama de visitas.”
“¡NO! ¿Te importaría si nos acostamos juntas? yo siempre estoy sola y sueño con tener compañía. Te prometo ser quieta y dejarte dormir.” Dijo imponiéndose.
“Bueno, pero yo sí doy lata y a lo mejor no te dejo en paz, pero si no tienes compromiso mañana tendrás que arriesgar pasando una noche inquieta.” Ja, ja, nos reímos y nos acostamos abrazándonos.
No sé cuál de las dos inició metiendo la mano por debajo de la camiseta. Yo recuerdo que sin decirle nada, le metí mi mano dentro del calzón y enredé mis dedos en esa linda melenita. Ella me levantó la camiseta y me mamaba mis pechos, así lo hizo hasta que se quedó dormida. Yo sentía mucho gusto, me encantó que me mamara, probables reminiscencias mías. Mi mano quedó atrapada dentro de su calzón. Al despertar fue cuando ya abusé al masturbarla un poco insertándole mis dedos. Así la desperté, ella se movía y me jalaba la mano para sentirla más, buscando inconscientemente su orgasmo.
Despertamos felices, reíamos y nos abrazábamos. Quedábamos colocadas en forma de tijera, uno de sus lindos muslos sobre mí cara.
“¿Sientes rico así?” Le pregunté.
“¡OH, SI! Como en los videos. Gracias, ¡Qué rico!” Y empezó a hacerme movimientos de copulación agitadamente. Le pasé mi mano y pude insertarle unos dedos en su vagina hasta que explotó.
“¡Ahora sí, a levantarse y echarse una bañadita para que el príncipe nos encuentre bonitas.” Le dije.
Después del baño el problema iba a ser el qué vestirnos. Mis brasieres no le quedan. Llegó a mi casa sin el suyo, su blusa no lo requería, su pecho había lucido casi en su totalidad, sin él. “Bueno, ponte un pully sin brasier y disfruta lucir tus lindos pechos con esas tetitas paraditas sobresaliendo.” Y le presté unos pants. Yo tuve que ponerme el uniforme del día, pantalones y una blusa medio suelta, color blanco.
Preparamos todo lo del desayuno y en eso apareció nuestro Juan. Estela lo recibió en la puerta. Se le presentó ya con la cintura del pants bajada hasta medias pompas, detenidos en sus huesos de la pelvis, adelante dejaba ver la orilla del pantis azulito que le presté. Se montó unos lentes oscuros míos que encontró.
“¡OH! ¿Y quién es ésta preciosidad?” Llegó preguntando Juan.
Fue muy bonito el saludo de Juan, las dos lo abrazamos con mucho cariño. Traía una bolsa con algo de fruta.
“¡Ya siéntate, Silvia tiene que llegar a su trabajo y el desayuno ya está listo!” Le dijo Estela y le asignó el asiento en la cabecera de la mesita del desayunador. Ahí nos íbamos a sentir más acogedores, más en familia. Le servimos a Juan sus tres huevos bien frititos, sobre unas tortillas untadas con frijolitos. Era lo que yo tenía en mi refri. Pero él lo tomó que fueron especial para él.
“¿Por qué tres huevos?”
“¡Uno por cada uno de nosotros!” Le contesté
Nosotras dos tomamos la fruta e intentamos completar con un cafecito y pan tostado con mermelada, pero parece que no nos lo permitió Juan.
En el momento en que él, por cortesía, me servía más café, yo con la tostada cubierta de mermelada en la mano, le puse la tasa a su alcance, yo detenía mi pan en la mano junto con la tasa. Inició servirme y en ese momento se me resbaló la tasa. Roció de café la mesa, pero lo peor fue de que el pan con mermelada me cayó, junto con el café, que goteaba, sobre mis pantalones del uniforme.
Rápidamente trataron de limpiarme con servilletas, pero ya mi pantalón estaba manchado y yo quería llegar con él al trabajo.
“¡A ver, dame acá los pantalones, trataré de limpiarlos!” Dijo Juan. Lo voltee a mirar y los dos explotamos en risas.
“¡Esa frasecita ya se me hace conocida! ¿No crees, mi amor?” Le dije a Juan, y seguimos riendo. Me quité los pantalones, mis pantis también estaban mojados.
“¿También esta vez los podrás limpiar a tiempo?” Le dije y nos reímos más.
“¿De qué se ríen? ¡Díganme. Por favor!” pidió Estela.
“Es una historia de un día en que él, después de un fenón y yo resbalé hasta el suelo de la camioneta se ofreció a limpiarme los calzones y no pudo, solo que intentó limpiármelos puestos. En realidad estaban limpios pero él me hizo otra cosa y no atendió a mis calzones, pero sí a esa otra cosa que ha traído estas consecuencias.” Y nos reíamos más.
Él me bajó los pantalones, ví que mis pantis estaba también mojadas, iba hacia mi recamara, pero los dos me siguieron. Ella sacó calzones limpios y me los dio, pero los mojados me los sacó Juan diciendo que iba a recuperar el café que se me había quedado, fue cuando me lamió todo mi pubis y se esmeró en mi vaginita ¿con la intensión obvia de recuperar ese cafecito que se me había quedado ahí?
Me vino una sensación muy placentera al estar dándome cuenta de que podríamos estar haciendo sexo frente de su hermana menor. Nos dimos un beso de cariño.
“¡Qué lindura! Me gusta verlos hacer sexo juntos los dos.”
“¿De veras?” Le pregunté.
“¡De veras! solo me vas a tener que dejar un poquito, como habíamos quedado.
“¡Órale, quítate la ropa, hazte un espacio y vente!” Le dije
“¿Pero, deberás, quieres?” Le volví a preguntar.
“¡Claro! ¿Qué te crees? Ahora me tocará ese poquito, al fin lo tendré otras veces más para recuperarme. Pero ahora quiero tener ese poquito de los dos, a la vez. Tú me dirás cómo. ¿Vale?” Dijo ya convencida.
Al entrar a mi recamara para recoger calzones limpios, Juan se dio cuenta de que la cama matrimonial dejaba ver que solo una persona había dormido ahí.
“¿Quién durmió aquí? ¿Y la otra, en donde? Preguntó.
Nos reímos. “¡Ahí dormimos las dos, tonto!” Le dijo
“¿Pero en ese pedacito solamente? Hizo la observación Juan.
“Más que suficiente, Tontín. Y ya no preguntes, solo abre los ojos e imagínate lo que quieras.” Le dijo Estela.
“Silvia me enseñó muchas cosas útiles. ¡Ándale, recuéstate y desordena la cama! Antes te quitas los pantalones y calzoncillos.” Le ordenó a su hermano, sentí que ella llevaba los mandos, lo que me alegró y sentí seguridad.
Yo me quité los pantis y ella terminó de zafarme la blusa.
“¡Qué bonito te queda el brasier!” Me lo desprendió, me tomó de la espalda y se puso a mamarme mis senos. Las dos estábamos felices. Me daba pequeñas mordidas en mis pezones, que se me paraban. Me coloqué en cuatro patas a la orilla de la cama a ella la tenía debajo de mí, recostada sobre su espalda, yo feliz mamándole sus pechos con muchas ganas. Bien fuerte.
“¡Qué bonitas las dos! ¡Les agradezco nos estemos dando esto!” Nos dijo Juan.
“¡Tú cumple, que nos tienes que dar gusto A LAS DOS!” Le advirtió Estela. No sé qué pensó pero me abrazó por detrás. Me detenía de mis caderas y empezó, con mucho cuidado, yo creo que calculando no se fuera a venir pronto al meterme su lindo pene, que me urgía sentirlo dentro ¿a ver que se siente hacerlo frente a su hermana? Se movió, yo sentía claramente que lo hacía con mucha precaución.
“¡Tú dale, no tengas miedo qué yo les ayudaré para que le cumplas también a ella, y tendrá que ser delante de mí. Al rato me tendré que ir, así que échamelo fuerte, terminas contento tú y ella, y yo también y ya se desquitan en la tarde. Se quedan aquí en mi casa todo el tiempo que quieran, les dejo el duplicado de las llaves.” Les dije
Sí sentí que Juan se relajó, pero su nerviosismo lo estaba empujando a venirse pronto.
“¡NOOO! ¡Te tendrás que venir dentro de ella, después de mí!” Le dije y logré aguantara. Cuando ya no creí que se detendría le pedí a Estela se pusiera de panza sobre la cama.
“¿Qué me va a hacer?” Preguntó Estela.
“Algo que te encantará. Recuerda que por delante solo con condón, en el segundo cajón hay algunos paquetitos.” Le di instrucciones. Ya se estaba haciendo tarde, el momento idílico iba a pasar y yo ya tendría que partir.
Le metí mi lengua en su culito y de paso le dejé saliva, se la unté con la lengua, pero para aumentarla se la deposité con los labios, de todas maneras ella ya estaba muy mojada. Yo ya sabía que lo primero que ella iba a probar era esa conexión anal, esa novedad.
“¡Ven, por favor, hoy sí por detrás, así como has querido muchas veces!” Le pidió a Juan que le separó sus nalgas y, lentamente fue dejando que su pene se le deslizara hasta llegar al fondo, en donde ya ví que sus huevitos le chocaban con sus labios y se impregnaban con sus jugos. Disfrutaron muy bien su postre.
“Pero quedamos que ibas a darnos gusto a las dos.” Le dijo a Juan, cuando todavía éste tenía su pene dentro de ella.
“¡Tú siéntelo adentro todavía más tiempo, que es lo más lindo. A mí ya me dio gusto dos veces, una antes al verte y ahora ésta, la segunda!” Le dije. Juan seguía dándole empujones fuertes y ella volvió a apretar su ano al sentir un nuevo orgasmo.
“¡Ay que rico, síguele hermanito lindo y te perdono las maldades que me haces. ¡DURO, DURO! ¡Dále más, papito, que tu hermanita te necesita!” Los dejé en calma para que siguieran disfrutando de esa relación novedosa. Yo me estaba arreglando para partir, ya era tarde para mí, pero Estela me llamó y me preguntó si lo que Juan le había dejado dentro se le iba a salir.
“¡Claro, lo de atrás todo se te sale solito, pero recuerda que no por delante, eso debes evitar te vaya a llegar a tu vaginita, o a tus vellos tampoco!” Le dije y salía pero me recordó que nos habían invitado al antro, a la noche. Era lo menos que yo deseaba, pero ella ha de haber querido asistir para probar. Sé que estaba feliz, se había quitado una atadura, no porque no hubiera hecho sexo antes, sino porque ahora se sentía libre, ya su hermano sabía de ella, de lo que era capaz.
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