Una nueva ciudad
Llegó buscando una nueva vida, pero encontró algo mucho más excitante: dos hombres desnudos y una libertad que nunca había imaginado. Ahora, cada noche es una nueva revelación y cada rincón de la casa se convierte en escenario de un espectáculo que la tiene al borde del clímax.
.......
La puerta de la estación de autobuses se abrió despacio, al otro lado me esperaban todo un mundo de nuevas experiencias.
Una nueva ciudad, para mí una nueva vida. El verano aplastante hacía que arrastrara mi maleta por el hirviente asfalto. Cubierta solo por un vestido ligero vestido de tirantes y mini faldero. Mis pies casi cocidos en las chanclas.
Sudorosa y cansada llegué a la dirección que me habían dado. Otra puerta, esta de un piso en un bonito barrio.
- ¿Alquilas una habitación?
- Eso ponía en el anuncio,
Me contestó el chico que me abrió la puerta con una gran sonrisa y apenas vestido con un pantalón muy corto. Me condujo hasta lo que iba a ser mi nuevo hogar.
Con su cama, su ropero, su estantería y una mesa de ordenador la habitación podía convertirse en mi refugio. El chico me enseñó el resto de la casa en la que no había más que otro dormitorio con una cama de matrimonio enorme y su propio baño. Además de una habitación más que usaban como despacho. Yo tendría el otro casi para mí y derecho a usar la cocina.
- ¿Como te has decidido a compartir piso?.
- Cosas que pasan, ha sido una decisión conjunta.
Cansada por el viaje y el paseo desde la estación aquí le dije si podía darme una ducha y se limitó a decirme donde estaban las toallas.
- Necesito una ducha.
- En el armario del pasillo hay toallas. y tienes lo demás en ese baño.
Pude relajarme y refrescarme en el baño y cuando salí apenas cubierta con una toalla anudada sobre los pechos me di de bruces con otro chico. Era un desconocido, muy guapo por cierto, con el mismo atuendo que el dueño del piso, unas apretadas y cortas bermudas.
- Hola, guapa. Tú debes ser la invitada.
- Creo que no se me puede llamar así. Me ha alquilado esa habitación. Me ha acogido en su casa.
- Soy Genaro y vivo aquí también.
Eso me sorprendió un momento. Pero lo dejé pasar.
- ¡Ah! Bien.
Se presentó como Genaro y supuse que era un amigo de Juan. Fui a mi habitación a ponerme algo por encima, un pijama de verano formado por un mini short de tela ligera y una mínima camiseta de tirantes.
Fui al salón a ver un rato la tele con ellos. Juan estaba cocinando y olía de maravilla. Genero también se había puesto más cómodo con un ajustado cullote de lycra que marcaba su cadera como si lo tuviera pintado sobre la piel. Marcaba una bonita polla, no podia dejar de mirarla.
Me acerqué a la cocina a ver que se cocía por allí.
- Eso huele de maravilla.
- Pues pon la mesa, que no le falta nada.
- Pero yo no he preparado nada.
- Hay de sobra, no te preocupes.
Yo empezaba a sospechar que aunque fuera en pelota picada no conseguiría arrancar una reacción en aquellos dos. No tenían pluma pero su forma de comportarse el uno con el otro no era de simples amigos, sino de amantes.
- Somos pareja, la cama grande es nuestra.
- Lo había deducido, sola.
- ¿No te importa?.
- No claro. No soy quien para juzgar a nadie.
Mientras estábamos cenando pues por ser mi primera noche me invitaron ellos. Me sacaron de mi pequeño error y por fin me contaron que los dos vivían allí como pareja. Sabiendo que no había más cama que la mía y la grande era fácil deducir que ellos compartían el dormitorio grande.
Sus roces, sus sonrisas, sus miradas me lo dejaron aún mas claro. Y ya por fin a los postres un apasionado beso con lengua que les sorprendí a la puerta de la cocina terminó de ponerme caliente, ups de convencerme.
Yo iba cargada de platos sucios y los dos se me quedaron mirando y sonriendo.
-¿No te escandalizas?.
- En absoluto, me parece genial que os queráis.
Y con eso zanjamos el asunto por el momento aunque viéndoles allí plantados tan guapos y con esos cuerpazos casi al descubierto me excité. Pensando en lo que harían en esa cama King size se me estaba mojando el chirri.
En el salón yo me senté un rato en un sillón a ver la tele y ellos en el sofá. De pronto Juan se tumbó y puso los pies sobre los muslos de su amigo.
Este lo aceptó con toda naturalidad y se puso a masajearlos. Los veía por el rabillo del ojo y la verdad es que me apetecía que fueran mis pies los así acariciados.
Las suaves manos no se quedaban en los pies, subían por las pantorrillas, la rodilla, el muslo y se acercaban a la tela del short. Cuando vi que bajo la tela esta empezaba a crecer y ponerse duro el pene que guardaba ambos se levantaron y dándome las buenas noches se retiraron a su cuarto.
Allí mismo en el sofá del salón sin esconderme hice a un lado el pantaloncito que llevaba y me masturbé con furia.
Clavé mis dedos en el húmedo interior de mi vulva gimiendo como la gata en celo que me sentía.
Me saqué los pechos entre los finos tirantes de la camiseta y retorcí los pezones hasta casi hacerme daño. No tenia celos de ellos, solo estaba muy excitada. No hubiera sabido con cual de los dos quedarme. Si ellos lo hubieran aceptado, no voy a violar a mis hospedadores.
Los deseaba a los dos, quería verme emparedada entre sus cuerpos masculinos y fuertes. Mi excitación solo subía más y más mientras metía y sacaba cada vez más deprisa dos dedos de mi coño. Hasta correrme pensando en los dos chicos desnudos acariciándose.
Los días siguientes estuve ocupada estableciéndome, ordenando el cuarto, empezando en el nuevo trabajo y haciendo algunas compras. A la vez ajustaba la convivencia con ellos aunque me los crucé poco.
Y cada noche a solas en mi cama o en el mismo sillón me masturbaba imaginándolos desnudos, lamiéndose la piel y las pollas incluso follándose, no sabía cual de ellos ponía el prieto culito o quizá lo hacían los dos. Mi mente divagaba.
Aunque no servía de nada para excitarlos y ante el calor reinante y su ejemplo me acostumbré a ir con lo mínimo por la casa. A veces unas bragas o un tanga y una corta camiseta, o salía del baño con los pechos al aire o desnuda del todo. No nos gastábamos mucho en ropa de casa.
Ellos tampoco se cubrían gran cosa, lo tomaban como algo natural y no se molestaban con mi desnudez.
De los pantalones cortos pasaron a boxers y slips ajustados. Siempre andaban con los torsos musculosos y fuertes, poderosos, desnudos. Incluso salían del dormitorio en bolas para ir a la cocina o a su despacho donde me los cruzaba. Todo eso me ponía aún mas burra si eso es posible.
Pero ellos lo tomaban como algo completamente natural. Parecían disfrutar con el jueguecito de exhibicionismo aunque no parece que se excitaran conmigo. Lo que parecía lógico. Llegué a pensar que lo que les daba de renta por la habitación no les importaba mucho. No parecían tener problemas de dinero. Y si les excitaba mostrarse desnudos ante otra persona.
Así fue cómo la ropa empezó a disminuir aún mas, yo empecé a estar por allí solo con las bragas y ellos cada vez más veces sin nada de nada. Los imité y terminamos los tres desnudos del todo casi siempre.
- Joder, tíos, no os cortáis por nada.
- Estamos más cómodos así. Y no parece que tú te lo tomes a mal.
- Buenooooo, no me importa mucho. Estais muy bien y veros así es un bonito espectáculo.
Un día tuvieron el descuido de dejar la puerta de su dormitorio abierta. Desde donde me encontraba sentada en el sillón de la sala, solo girando la cabeza, por fin pude contemplar lo que todas esas noches había imaginado. Nunca me confesaron si la habían dejado abierta adrede.
Así, desnuda del todo, con un muslo sobre el brazo del sillón pude acariciarme a mi misma viéndoles follar. Viendo sus cuerpos que deseaba, cómo se lamían, se besaban, se tocaban y cómo al momento siguiente la polla de uno estaba dentro del otro.
Oía sus jadeos, suspiros y palabras de cariño. Yo también gemía, perro intentaba hacerlo bajito para no interrumpirlos. Aunque ni eso les hubiera molestado.
Incluso cuando cambiaron y el que había follado se tumbó boca arriba con los muslos bien abiertos para que el que tenía el culo abierto se la clavara. Así descubrí como en mis mas locos sueños tenia razón los dos eran versátiles, ambos eran follados y follaban. Y yo podía verlo al natural, ese delicioso espectáculo.
Desde entonces ya no se cortaban delante de mi y lo hacían según les pillaba. A veces los veía en el sofá con uno de ellos a cuatro patas. O llegaba a casa y encontraba a uno haciéndole una mamada al otro en la cocina en la cocina. Me levantaba y estaban frotándose juntos en la ducha, en mi ducha, mientras se comían las bocas con ansia. Estaba viendo porno en vivo.
Supongo que el tener una espectadora los excitaba. Sacaba cierta vena exhibicionista. Puede que ellos dieran mejor espectáculo cuando yo me masturbaba cachonda al verlos. Aunque ellos no me prestaran ninguna atención.
Sabían perfectamente el efecto que tenían sobre mí. Andaba cachonda todo el día y eso me gustaba. En cuanto podía me hacía un dedo y los orgasmos eran innumerables. Estaba siendo una época muy interesante en el aspecto sexual.
Cuando lo comentábamos todos estábamos contentos con la situación. Como buenos amigos éramos capaces de compartir esos ratos.
...........
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