Zorra para uno, Santa para los demás II
El agua de la ducha cae sobre sus cuerpos mientras él la penetra contra la pared, borrando cualquier rastro de su vida marital. Pero el teléfono no para de sonar, y la decisión de volver a casa revela que el placer tiene un precio emocional que ella no esperaba pagar.
Mientras cabalgaba dándole la espalda, él me rozaba con sus manos mi espalda y eso me tensionaba y me daba más escalofríos y esas ganas locas de seguir cogiendo. Tocaba desde mi lugar sus piernas y jugaba con sus testículos acariciandolos, apretandolos suavemente y en cuanto subía tocaba su enorme pene. Él no soporto tanta excitación y se sentó a la par mío y comenzó a apretar con fuerza mis pechos y fuimos como un volcán en erupción con todo lo que salía de nuestros interiores. Me dio vuelta, me levantó y fuimos así pegados al baño. Allí continuo todo. Mientras el agua de la ducha caía mojaba nuestros cuerpos calientes, me sacó su pene de mi clitoris y di un gran gemido y me bajó la cabeza para que le practicara un buen sexo oral. No tardo en venirse y darme más de todo su semen. Me tragué todo mirándolo mientras tenía uno de mis dedos en la boca y con la mano besé mi yema del dedo y se lo puse en la punta de su pene. Denuevo comenzó a masturbarse y me hizo darle la espalda para penetrarme por detrás. Quedé contra la pared mientras él intentaba mantenerse bien parado para poder penetrarme más fácilmente y apenas pude suspirar que ya lo tenia adentro mio. Y me hizo dar un tremendo grito de placer. Nos duchamos, mientras nos besabamos y tocábamos nuestros cuerpos. Fuimos denuevo a la habitación y él pidió algo para tomar y poder tener un pequeño respiro. Conversamos un poco más mientras tomábamos un trago y él no paraba de sonreírme y cada tanto me robaba un beso. Miramos la hora y ya debíamos decidir si nos quedaríamos toda la noche o debíamos irnos. Mire mi móvil y tenía más de 20 llamadas perdidas de mi marido y cientos de mensajes de él, no parecía nada feliz. Así que tuvimos que parar para yo poder volver a mi casa y él (no muy gustoso) a la suya. Me acompañó a tomar el colectivo y cuando subí me envió un mensaje, diciendome: te dejo ir, solo porque tienes a tus hijos!
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