Xtories

Vacaciones 6

En la penumbra del reservado, Júlia no tiene control sobre su cuerpo ni sobre su dignidad. Tres hombres maduros la observan, la tocan y la usan a su antojo, mientras ella descubre que la humillación desata una excitación que no puede contener. ¿Hasta dónde llegarán sus manos cuando la puerta se cierre?

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A pesar de la semi penumbra del local, no hacía falta ser ciego para ver lo que pasaba en el reservado donde se encontraba con los tres maduros. La excitación y el sentirse tan guarra le hizo perder la vergüenza que había sentido la ir a buscar las bebidas momentos antes.

La lengua de Julio hacia estragos en su boca y el bigote le rozaba la comisura de los labios provocándole cosquillas. Entre risas y magreos a sus menudos pechos, ahora ya completamente fuera de la camisa abierta, sentía los pezones erectos torturados por los gruesos dedos del maduro que no se cortaba al retorcerlos y estirarlos sin cesar.

La otra mano le subió la mini dejándoselo en un cinturón arrugado alrededor de su estrecha cintura. Los hermanos Duran tuvieron una visión perfecta de su culo, donde se perdía el hilo del mini tanga dando la sensación de que no llevara completamente nada.

Paco y Néstor, sentados delante de la pareja, observaban extasiados la mano de gruesos dedos de su amigo recorriendo y amasando los turgentes glúteos de la joven. El dedo corazón apartó el finísimo hilo de la chica y busco su orificio anal jugando con él unos instantes, antes de introducirlo en su interior, ocasionando que la joven se pusiera de puntillas sobre sus sandalias, marcando sus gemelos y emitiendo un gemido de queja, mientras Julio la cogía con el resto de la mano abierta, y la levantaba del suelo unos centímetros sin dejar de morrearla.

Júlia frunció el ceño cuando sintió el dedo del maduro profanar su ano. Sintió como jugueteaba con él y al rato como se introducía hasta hacer tope. Noto el interior de su culo lleno y como abarcaba el resto de los dedos la agarraban fuertemente alzándola del suelo. Gimió de dolor, de excitación, de sentirse usada como un simple objeto. Sus tetitas rozaban el pecho de Julio y su coño tapado por el escueto tanga rozó la hebilla del pantalón bajo el panzón que rozaba su barriga.

Sus brazos se agarraron al cuello y sus piernas a sus muslos mientras el dedo entraba y salía violentamente de su esfínter. Dejaron de morrearse y gimió mientras se sentía violentada bajo su atenta mirada. Una amplia sonrisa se mostraba bajo el bigote mojado por la saliva de ambos. Sus dientes torcidos y marrones por el tabaco se encontraban fuertemente cerrados.

- ¿Te gusta puta? – La dejó en el suelo y se llevó el dedo a su boca y lo lamio hasta el fondo, dándoselo también a ella a probar.

Con las piernas temblando y el ano dolorido le cogió la mano y se llevó el dedo a la boca sin dejar de mirarlo. Sabía que se encontraba prácticamente desnuda ante la mirada de los dos hermanos y quien quisiera verla.

El dedo húmedo de Julio salió de su boca y le dio una bofetada suave. La miró de arriba abajo, con la camisa abierta, sus pechitos erectos desafiando la gravedad, la mini enrollada en su cintura y la poca tela del tanga tapando su depilado sexo.

Llevo su mano allí y se lo apartó. Su mano abarcó su vagina y se la frotó varias veces, jugando con sus dedos en la inflamada y mojada raja.

- ¡Estas mojadas, cerda! Menuda puta se ha buscado el cabrón de Carlos, ¿eh, chicos?

Los hermanos Duran sonrieron palpándose sus abultados paquetes bajo la tela de los pantalones de pinzas.

- Dale caña a la zorra que se le nota que le va la marcha – se oyó a Néstor entre carcajadas.

La mano de Julio jugó unos segundos más con el coño de la joven, cogiéndola del cuello y volviendo a morrearla, mientras de nuevo su dedo corazón, buscaba el orificio y se lo metía bruscamente dentro empezando un duro mete y saca.

Júlia no podía dejar de gemir. Por suerte la tenía bien cogida a pesar del daño que le provocaba, pero esa sensación de dolor más la excitación que sentía con cada empujón del grueso dedo en su interior hizo que se corriera en cuestión de segundos agarrándose a sus brazos sintiendo como le fallaban las piernas.

Los aplausos de los hermanos Duran resonaron a sus espaldas mientras Julio lamia los jugos de la corrida entre sus dedos y después se los limpiaba en los faldones de la corta camisa de la joven.

Júlia sentía los muslos húmedos y cerró los ojos mientras los últimos espasmos de la corrida recorrían su menudo cuerpo. Nunca en su vida se había sentida usada de esa manera.

- Estas hecha toda una putita coño. Si con los dedos te pones así de perra, no te imagino con una polla dentro de ti zorra.

En ese momento sonó el móvil de Julio y con cara de fastidio se lo sacó del bolsillo mientras su mano jugaba con el pezón derecho de la chica.

Estuvo oyendo unos instantes y su cara de fastidio vino acompañado de un fuerte estirón del pezón de Júlia que se encogió sobre si misma para mitigar el dolor.

- Joder. Tengo que irme. Me ha surgido una urgencia en la fábrica. Os dejo a la puta para que la disfrutéis, pero antes me haces un apaño rápido, ¿no?

Se bajo la cremallera y se sacó una polla de unos 13 cm, gruesa y con un glande descapullado totalmente húmedo y morado.

- Venga pajéame rápido que tengo prisa. Me gustaría una mamada, pero ya habrá tiempo que me ha dicho Carlos que estarás aun unos días por aquí.

Júlia se la cogió con la mano derecha y se pringó la mano al instante.

- ¡Coño!, primero agáchate y limpia un poco esto zorra.

No sabía el porqué, pero los insultos la excitaban aún más. Se puso de cuclillas con las piernas abiertas mostrando sus redondeados glúteos y el bulto de su coño a los hermanos Duran, y se llevó la polla a los labios entreabiertos. Se la metió dentro y chupó rápidamente el glande recogiendo el líquido preseminal del glande. Era una polla pequeña pero gruesa y le costó abrir la boca para que le entrara toda. Olía a meado, pero no le importó, la hizo sentirse aún más cerda. Cerró los ojos y le dio tres largas mamadas a todo el tronco. Después la cogió con la mano y empezó a pajearla rápidamente, pringándose al instante la mano de nuevo.

Julio observaba a la joven aplicarse y sonrió. Le acariciaba la cabeza y la animaba a darle mas rápido y mas fuerte, que cerrara con fuerza su mano sobre el tronco de su polla endurecida.

- Vamos zorra, menéala bien y pásale la lengüita de vez en cuando y recoge lo que salga que estas en edad de crecimiento.

Con la mano y la muñeca dolorida iba pajeando y llevándosela a la boca de vez en cuando, hasta que, en una de ellas, sintió las manos del maduro sobre su cabeza y metió la polla bien adentro soltando tres lechazos largos y espesos que bajaron por su garganta. Para no caerse, sus manos se agarraron al fofo culo de Julio que soltó un bufido de satisfacción. Aún continuo un rato con la polla en su cálida boca hasta que esta se desinfló y le instó a que se la limpiara con mimo hasta que estuviera reluciente.

Satisfecho, se la guardó y se subió la cremallera mientras la cogía del pezón y la ayudaba a levantarse.

- Ostia nena. Hay que ver lo bien que trabajas. Te ganarías muy bien la vida así, ¿sabes?

Júlia le sonrió a pesar del dolor del pezón y un simple gracias salió de sus labios.

- Chicos – dijo Julio dirigiéndose a los hermanos Durán – os quedáis con la puta, pero id con cuidado de que no os chupe hasta el tuétano jajajajajaja.

Le dio un cachete a su culo desnudo y se fue riéndose escandalosamente perdiéndose entre la oscuridad de la sala.

Aún estaba limpiándose la boca, con el agrio sabor del semen del maduro en su garganta cuando Néstor le ofreció su vaso de ginebra mirándola con cara de pervertido.

- Toma nena. De un trago, así te quitas el gustito de la leche del gordito.

Su hermano le río la gracia mientras veía la cara de circunstancias al verla tragar el liquido y como su nuez subía y bajaba. Le dolían los huevos al verla prácticamente desnuda, con parte de la redondez de sus menudos pechos semi tapados por la camisa, la mini enrollada y el tanga corrido mostrando gran parte de su coño. El moreno de su piel y las tiras de las sandalias enrolladas en sus pantorrillas le pusieron burro perdido.

Cuando chocaron los cubitos de hielo en sus labios bajo el labio pensando lo asqueroso que era tomarse el alcohol a palo seco. La garganta le escocia por la ginebra y se quedó mirando a los dos hermanos que la observaban con caras de cerdos salidos.

- Arréglate un poco y ven a sentarte con nosotros - le dijo Paco golpeando con la mano el sofá de eskay mientras se apartaba un poco para dejarle espacio entre los dos.

Se recompuso el tanga y se bajo la mini haciendo. Se volvió a atar la camisa por debajo de los pechos y se sentó entre los dos.

Néstor le sonrió acariciándole la cara con el dorso de la mano y Paco puso la suya en su rodilla masajeándole el muslo mientras con la otra mano pedía a Cris en la barra otra ronda de consumiciones.

- Joder, nunca habíamos estado con una calientapollas como tú – Le decía Néstor cogiéndola de la cabeza y atrayéndola a él metiéndole la lengua bien adentro en un profundo y lascivo beso.

La mano de Paco subía y bajaba por su muslo mientras la otra jugaba con su pezón que se marcaba en la tela de la camisa después de jugar un rato con él. La camisa ya estaba casi seca del juego anterior con el hielo.

Cris apareció con una bandeja y tres tubos largos, uno de ginebra y dos de wisky. No pudo evitar mirar a la chica que parecía disfrutar con el juego de sus jefes. Paco le guiñó el ojo y le sonrió.

- Llévate las bebidas al despacho y espérate allí que vamos en un ratito. Veo que le tienes ganitas a la zorra también.

Cris sonrió y asintió feliz mientras se giraba y se dirigía a una puerta al fondo de la sala balanceando su redondo culo dentro de sus pantalones de cuero.

Néstor miró a su hermano y le sonrió observando también a la chica que abría la puerta y entraba dejándola entreabierta. Júlia por su parte, extasiada se dejaba sobar. Había visto como la camarera le sonreía, sus pezones anillados que resaltaban en su escueta camisa, y la mirada de lujuria que le había echado.

Nestor y Paco se levantaron cogiéndola de la mano e incorporándola. La mano de Paco paso por su cintura y la de Néstor por sus hombros dejándola caer sobre su pecho y volviendo a aprisionar y torturar su pezón.

Ya veras que bien lo vamos a pasar los cuatro, puta. Cuando vuelva Carlos a buscarte te va a encontrar destrozada.

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