Sin bragas y sin vergüenza
Bea nunca imaginó que entregar sus bragas a un desconocido en plena calle sería el inicio de su destrucción. Entre probadores de tiendas y baños de bares, el límite entre la vergüenza y el placer se desvanece cuando un hombre exige que se folle a sí misma bajo la mirada de extraños.
Este relato se puede leer solo o bien leer el relato anterior "Vendiendo las bragas". Puedes hacerlo antes o después. Disfrutad en cualquier caso.
Nadia pidió algo de beber mientras que nos recuperábamos, a mí me temblaban aún las piernas del orgasmo que ese desconocido me había provocado. Nadia y Fran me abrazaban y me acariciaban, mientras terminábamos esa última copa. Tan solo fue en ese momento cuando fui consciente de la montaña rusa que había vivido y por qué mi cuerpo necesitaba descanso. Nos terminamos la copa y decidimos que una retirada a tiempo es una victoria, como no podía ser de otra manera terminamos los tres en nuestra habitación y en nuestra cama, eso sí para dormir. No era que no quisiéramos jugar es que estábamos extasiados, por lo que cada uno se fue quitando la ropa y metiéndose en la cama. Al quitarme la chaqueta note que algo había en mi bolsillo, un papel con algo escrito, un nombre y un número de teléfono, debía de ser de mi descarado desconocido. A pesar de despertar en mí la intriga, el cansancio me pudo, mañana seria otro día.
Al día siguiente nos despertamos como una alegre pareja de tres, muertos de hambre y deseando ducharse para ir a buscar un sitio donde disfrutar de un extenso desayuno. Mientras todo ese ajetreo me rodeaba recordé el número de teléfono de mi desconocido, ya estaba duchada y lista, que mejor momento. Eso sí me sentía un poco extraña, no se lo había dicho a Fran, aunque por otro lado Fran le había visto clavar su polla en mí, es decir que poco me quedaba por esconder, pero a pesar de eso me sentí casi como una colegiala haciendo trampas en los exámenes. Quizás lo que me hizo sentir así más todavía fue el hecho de que deje la habitación y me fui a recepción con una excusa tonta.
- Hola, buenos días. Dije sin saber lo que decía y con una voz de idiota que ni reconocía.
- Vaya si eres la zorrita del bar, no me imaginaba que llamarías tan pronto. Dijo la voz ronca de hombre con un fuerte acento extranjero.
Era curioso, me había quedado en blanco, no sabía que decir y supongo que él lo noto, así que tomo las riendas de la conversación.
- Supongo que me llamas para follar, si eso es lo que quieres ya tienes mi número me llamo Hans, mándame una foto tuya que no me deje ninguna duda. Con lo guarrilla que eres no te costara mucho.
Se hizo un silencio sepulcral, que debía decir, por un lado esas palabras me estaban excitando muchísimo, un perfecto desconocido me está tratando como una zorra y yo en medio de ese vestíbulo lo hacía aún más denigrante y sensual. No sé cómo pero conseguí contestar.
- Quiero ser una buena putita, me siento una zorra. Dije mojada hasta la medula.
- Pues ya sabes mándame una foto tuya y voy a darte lo que te mereces. Dijo y colgó el muy cabrón.
Allí en medio del vestíbulo mojada y excitada quede, con ganas de casi hacerme allí mismo la foto y mandársela, quede completamente impactada.
Seguí en ese estado hasta que Nadia y Fran bajaron, hasta se me había olvidado que íbamos a desayunar, yo tan solo pensaba en ese cabrón sin rostro y en que me empotrara. Los tres en amor y compañía nos fuimos a buscar un sitio donde saciar nuestro feroz apetito. Mientras caminábamos Nadia y Fran recordaban lo vivido, y como no entre otras cosas nuestro vicioso desconocido del bar, eso no ayudaba a que mi cabeza se centrara para nada.
Nos sentamos en una cafetería y pedimos como si fuera nuestra última comida, dulce, salado, cafés. Una vez todo pedido casi como una sonámbula me fui al baño, puse el pestillo al entrar, y me mire al espejo. Tenía claro lo que iba a hacer, saque mi móvil y lo deje sobre la encimera, me quite las bragas de una, levante mi vestido por encima de mi cintura, me metí un dedo en la boca y lo bañe en mi saliva. Sin perder de vista mi propia mirada baje mi mano hasta mis labios y comencé a masajearlos, ya estaban muy mojados por las sucias palabras de ese hombre, mi dedo se deslizo hacia dentro sin tener que hacer mucho esfuerzo, puse mi pierna encima de la tapa de váter exponiendo mi sexo abierto y húmedo, y medio temblorosa por la emoción y la tensión tome el móvil con la otra mano. Mis dedos entraban en mi sexo mientras con las otra mano inmortalizaba el momento, me estaba masturbando para un extraño y lo estaba grabando, no fue un orgasmo brutal, pero si fue rápido e intenso. Mi cuerpo seguía temblando, ya no solo por el ese micro orgasmo pero de los nervios. Sin bragas, mojada hasta la medula, con las bragas en el suelo, en un baño de un bar le estaba mandando un video masturbándome a un perfecto desconocido, dios que morbo.
Me acicale como pude y salí de ese baño como alma que lleva el diablo, arrepentida desde minuto cero y con el morbo disparado.
Ni Fran ni Nadia parecían haber notado nada de nada, quizás porque estaban más pendientes de ponerse cachondo el uno al otro de otra cosa. Nadia tenía la mano en la pierna de Fran por decirlo finamente, debajo de su mano se podía notar como la polla de Fran estaba empalmada.
Conseguimos terminar el desayuno sin muchas complicaciones, eso si los manoseos entre los tres fueron subiendo de tono, y algún pico también cayó, salimos alimentados y muy motivados para el día y no eran ni las once de la mañana.
A Nadia se le había ocurrido una idea, nos iríamos de compras, la primera reacción de Fran era la de imaginar, vaya pesadilla. Pero la idea que tenía Nadia en mente no era la que se imaginaba Fran, y ella lo dejo muy claro.
- Fran te va a encantar, te voy a chupar esa polla tuya mientras Bea sujeta la cortina del pronador. Dijo sin más.
Ese plan si le apeteció, y era la primera vez que le veía ir de compras con una sonrisa de oreja a oreja. Aunque parezca sencillo no le es tanto, no todos los probadores valen, no en todas las tiendas los hombres pueden entrar a los probadores, pero el que la sigue la consigue.
La ropa de la tienda no valía nada, pero el probador era grande, concurrido y ellos podían acceder. Las dos tomamos prendas, hicimos el paripé de probarnos, dejábamos las cortinas medio abiertas para alegrarles la vista a los otros maridos sentados. Hasta que Nadia tomo a Fran por la mano y lo llevo dentro, y yo me quede de carabina. Mientras estaba de vigía aproveche para ver si mi video había causado el efecto deseado, y ya te digo. A Hans le había impactado mucho mi video, tenía varios mensajes escritos y varios audios, solo lei, poner los audios me parecía demasiado, pero me imaginaba lo que me podía estar diciendo. Su ronca voz sonaba en mi interior con ese acento rudo diciendo como me follaría y lo putísima que era. Por un momento casi se me olvida que Nadia le estaba comiendo la polla a mi Fran, mire a los caballeros sentados frente a mí y entendí que habían entendido la jugada. Pero quería ser más mala, mire a uno de ellos con una sonrisa pícara y acto seguido separe un poco la cortina y metí mi cabeza dentro. Sin mediar palabra le estaba diciendo al caballero lo puta que era, el solo se imaginaba lo que ocurría yo en cambio podía ver como Nadia de rodillas engullía la polla de Fran sin tabúes, comiéndole los huevos, tragando su polla entera y poniéndole los ojos en blanco, me recorrió un escalofrío.
Al sacar mi cabecita de detrás de la cortina, al que había mirando me estaba esperando y ahora era él el que me desnudaba a mí, podía notar como sus manos se metían bajo mi vestido como lo hicieron las mías en ese baño de la cafetería. Él sabía lo que pasaba en ese probador, él sabía que me gustaba mirar lo que había visto, él sabia lo cachonda que estaba, el sabia lo guarra que era, y todo eso sin mediar palabra ni hablar el idioma. Mientras que el caballero seguía aprovechándose de mí en su mente, yo seguía dándole vueltas a como encajar a Hans en nuestros planes, que por otro lado podría ser perfectamente el caballero que tenía delante y yo sin saberlo, todos podían ser Hans.
Fran salió con una sonrisa que iluminaba la calle, y esa misma sonrisa le dejo aún más claro al caballero que en ese probador le habían hecho una mamada memorable. Devolvimos las prendas y seguimos nuestro camino buscando la siguiente tienda.
Me moría de ganas de escuchar los audios, pero no sabía cómo, y cuantas más vueltas le daba más cachonda me estaba poniendo, era un terrible circulo vicioso. Nadia se moría por que le comiese el coño por lo que seguíamos de tienda en tienda, la verdad que era más facil meterse dos chics en un probador pero lo de que los hombres estuvieran aunque fuera sentados delante no parecía hacerles mucha gracia. La excusa más vieja del mundo fue la que me sirvió para poder escuchar mis audios, un bar y un baño.
- Eres una pequeña zorra de cuidado, mándame otro video pero esta vez metete un dedo en el culo puta mía. Ese fue el primero.
Con lo que había escrito ya me tenía ganada, este me desarmo, sin escuchar los restantes obedecí como una zorra sin remedio. Ni me baje las bragas simplemente las aparte a un lado, separe bien mis nalgas y le di al botón de grabar.
- Mira como me tienes le dije mientras metía un dedo en mi culo.
Grabar y mandar, más cachonda que en mi vida.
No sabía cómo iba a poder quedar con él, ni donde, ni cuando, lo que si sabía era que Nadia seria mía en la próxima tienda. De hecho nada más salir del baño le di un morreo incontrolado, hasta Fran se sorprendió.
- Vamos a esa tienda Nadia, le dije clavando mi ojos en los suyos. Te voy a comer entera.
Tomamos unas cuantas prendas para poder ir al probador, y sin apenas pararnos nos metimos dentro, por la hora no había mucha gente y menos en los probadores. Apenas hubo preliminares, querías hacerla disfrutar como te gustaría que te lo hicieran a ti. Mis manos estaban incontrolables, no sabían desnudarme o desnudarla, y la voz de Hans resonaba en mi cabeza. De repente pensé que podría tener una aliada, no era que quisiera hacerlo a espaldas de Fran pero quería un momento con ese Hans a solas, luego como siempre se lo contaría. El tener un plan y una forma me relajo algo, y mientras me quitaba la ropa para probarme esa ropa en mi cabeza maquinaba como se lo diría a Nadia.
- Tengo que contarte algo. Le susurre al oído mientras acariciaba sus pechos. He sido mala pero quiero serlo más, y te necesito.
Mientras iba sentándola en la banqueta del probador y abriendo sus piernas le iba narrando lo ocurrido. Como me había hablado, lo que me había pedido y como me había tocado para el en video.
- Si es que eres una putita encantadora. Decia Nadia tomando mi cabeza y llevándola hacia su sexo.
Mientras devoraba ese coño recordaba cómo me tomo Hans en ese bar, como Nadia pellizcaba mi clítoris y yo hacía lo mismo con el suyo. Mi lengua buscaba su calor, su sabor y el amargor de su esfínter. Podía sentir como Nadia se fundía en mis labios, mientras la chupaba le metí un dedo en el culo, tal y como me hubiese gustado a mí, y con dos dedos la masturbaba. Podía escuchar como ahogaba sus gemidos y eso me ponía aún más, sabía que si estuviéramos en cualquier otro sitio estaría gimiendo como una potra salvaje. Yo desnuda en ese probador, de rodillas comiéndome a Nadia, Fran como no iba metiendo su cabecita para no perder detalle de mi excelente comida de coño, y yo pensando que ya tenía cómplice para que ese rudo extranjero que follase de nuevo. Nadia se corrió como una perra en mi boca, todos sus jugos se derramaban en mi boca, esa mujer fuente me regalaba su placer sin contención.
- Eres una bruja sin remedio. Me dijo tomando mi cara y llevándola hasta la suya para sellar este polvo con un beso infinito.
Con la boca llena de su esencia y la mente llena de Hans salimos de ese vestidor, ella saciada y yo lista para poder serlo. No sé pero pensé que debía recompensar a la tienda por ese momento y el haber conseguido mi cómplice, por lo que me lleveuna de las faldas que había cogido.
Ahora los tres teníamos esa sonrisa en la cara, dos por lo ocurrido y una por lo que qué se anunciaba. Seguimos deambulando por la ciudad entre risas y ocurrencias, pero no veía el momento de poder apartare de ellos, y eso me ponía muy nerviosa, sobre todo que notaba la vibración de mi teléfono, seguramente anunciándome que estaba recibiendo instrucciones de mi vicioso extranjero.
- Bea no te lo tomes a mal. Dijo Nadia, te importa si te robo a tu maridito un rato, quiero prepararte una sorpresa y necesito su ayuda. No te preocupes no le hare nada que tu no le hicieras. Añadió guiñando un ojo a ambos.
A Fran le pareció mejor que bien y a mí ni te cuento, no sabía que me excitaba más si lo que iba a ocurrir, la complicidad con Nadia, el que fuese algo furtivo o todo a la vez.
Tomamos direcciones opuestas y nos habíamos citado allí mismo en una hora más o menos, de todas formas nos avisaríamos por mensaje si había algún cambio. Nada más doblar la esquina saque mi móvil y vi los mensajes de Hans, estaba igual de impaciente que yo por la cita, en su último mensaje me decía de hecho que me estaba esperando en un bar. Le pedí la ubicación y como una autómata me dirigí hacia allí, era un manojo de nervios. En mi cabeza todo giraba, como le reconocería, que me parecería, que le diría, que me haría, mis bragas estaban empapadas, mis pezones se endurecían a cada paso. Tan solo me quedaba doblar la esquina para llegar al bar, tome aire, me mordí los labios, coloque mi falda y con paso decidido doble la esquina y me deje llevar por mis deseos.
Entre y mire de izquierda a derecha, no había mucha gente pero tampoco estaba vacío, había ya gente comiendo en las mesas, aquí todo es como mucho antes. En uno de esos barridos vi a un hombre solo, ni mayor ni joven, de esos que no sabes realmente qué edad tienen, una mirada algo dura, una barba de tres días y con cara de estar esperando a alguien como yo. Me llamo con la mano y me saco de toda duda, sus ojos recorrían mi cuerpo mientras me acercaba, mis pezones se endurecían aún más a cada paso, mis bragas estaban para tirarlas, y en mi cara una sonrisa imborrable.
- Vaya, vaya, pensaba que me darías plantón putita. Dijo con esa voz y ese acento. La zorra quiere decir su nombre o prefiere ser simplemente puta.
Sus palabras malsonantes me excitaban, es verdad que me gusta que me hablen con cierta dureza, pero este hombre sacaba lo peor de mí.
- Soy, pensé debo decirle mi nombre real, Bea, nunca le volvería ver qué más da, pídeme una cerveza.
- Muy bien Bea la zorra, seguro que debajo de esa falda llevas unas bragas, quítatelas y dámelas, yo te pido la cerveza, tú te vas al baño de hombres y me esperas.
Mi corazón estaba a mil, no conteste tan solo le mire y sus ojos hicieron el resto, mis manos bajaron y se colaron bajo mi falda en medio de ese bar, buscaron las goma de las bragas y la atraparon, tome aire mientras le miraba a los ojos, mis manos guiadas por mis peores vicios tan solo ejecutaron su orden y llegaron hasta mis pies. En mi último resquicio de sensatez hice una bola con ellas y las metí dentro de mi mano, cerrada y bien cerrada la coloque sobre la mesa. No podía dar crédito a lo que había hecho, un hombre que había conocido follándome en un bar, con el había intercambiado mensajes obscenos y videos masturbándome, en nuestra primera cita me había pedido que me quitara las bragas en un bar y así lo había hecho. Sin mediar palabra alargo su mano dejando muy claro que las quería, muerta de vergüenza alargue mi mano y metí mi puño dentro del suyo, al rozar su piel un escalofrió me recorrió entera. Abrí mi mano y las bragas pasaron a la suya, pudo notar lo mojadas que estaban y me lo hizo saber con la mirada, las atrapo en su mano sin decir nada y se las llevó al bolsillo de su chaqueta.
- Vamos a qué esperas. Me dijo Vete al baño putilla.
Sin pensar, sin titubear y sin bragas, obedecí sus órdenes y me cole en el baño de hombres en uno de los cubículos, con el corazón en un puño y lista para ser dócil y sumisa. Es curioso como el tiempo varía según lo que te esté ocurriendo, se me hacía eterna la espera y cuando escuche la puerta abrirse fue como un alivio. Pero me di cuenta que no era el, ya que se metió dos cubículos más a la derecha. Y casi inmediatamente volví a escuchar la puerta, ahora si era Hans.
- Bueno putita mía vamos a ver si vales lo que pareces. Dijo
- Hay alguien Hans, no hagas ruido. Dije en voz muy baja.
- No me digas que a una puta como tú que folla en mitad de un bar le va a importar que le escuchen gemir como un animal. Dijo mientras levantaba mi falda levantaba una de mis piernas y me echaba hacia delante dejando mi sexo y mi culo a su merced. Además no te va a entender zorrilla.
Sin miramientos separo mis nalgas y metió su cabeza entre ellas, chupando mi culo y mi sexo, húmedos y abiertos. Gracias a dios que aquí en el cubículo había lavabo, si no habría terminado con la cara encima del váter. Hans no daba tregua, su lengua me mataba mientras sus dedos comenzaban a abrirse paso. Su dedo gordo se acomodaba en mi culo como si fuera un plug, mientras me masturbaba con su otra mano como si fuera un enorme vibrador y su boca me comía con un apetito feroz.
Mi vergüenza la deje a un lado y mi decencia también.
- Fóllame como una puta, haz que me corra cabrón, no se te ocurra parar. Gritaba sin control mientras Hans me follaba con boca y dedos.
Mis piernas temblaban con cada embestida de sus dedos, mi culo se contaría con cada presión de su dedo gordo dentro de mí, mi vagina temblaba y parecía que me iba a mear encima, miedo me daba todo lo que estaba notando. Estaba pasando de ser un ser racional a un ser animal, y mi cuerpo entregado enteramente al vicio.
Un rayo pareció atravesarme y sin poder controlarme de mi sexo empezó a manar liquido como si me estuviese meando, mi cuerpo era una convulsión descontrolada, y tan solo era capaz de rogar. Mientras me corría como una perra y sin tener ningún tipo de control sobre mi cuerpo, note como su dedo gordo salía de mi esfínter e igual que la noche anterior Hans coloco su glande contra mi esfínter.
- No mi culo no por favor. Dije intentando parar esa locura.
Ni el más mínimo caso, su tremenda polla entro en medio de ese brutal orgasmo dejándome sin aliento y sin honra. En el espejo que tenía delante podía ver como mi cara se desencajo con semejante polla clavada en mi culo. Pero eso fue solo el principio.
- Yo no te voy a follar el culo, te lo vas a follar tu solita zorra. Dijo Hans. Mueve ese culo y fóllatelo.
Si me quedaba algo de decencia, mi siguiente golpe de pelvis me la quito por completo. Todo mi culo empujo buscando ser follado por ese terrible miembro. Sus manos agarraron mis pezones con mucha fuerza.
- Mueve ese culo puta, Decía Hans mientras estrujaba mis pezones entre sus dedos.
No sabría decir que me turbaba más, si cuando apoyaba con todas mis fuerzas para esa polla entrase en mí, o cuando moví mis caderas hacia delante y ese miembro salía de mí. Mientras que una de sus manos seguía torturando mis pezones la otra bajo hasta mi clítoris, buscando lo mismo, un placer torturador.
Enculada, choreando jugos desde mi sexo, poseída por la lujuria, desbocada como un yegua me follaba el culo a mí misma como una leona. Alguna vez lo había hecho con algún vibrador con ventosa pero nunca con esa intensidad.
- Ahora como una buena zorra te vas a correr por el culo. Dijo Hans.
Yo me seguía follando pero el comenzó a follarme a la vez también, el muy cabrón tenía razón, después de unos cuantos caderazos de Hans otra vez note ese calambrazo, y mi cuerpo se volvió a descontrolar, mi sexo lloraba de placer, mi ano era poseído animalmente, mi clítoris parecía que explotaba, mis pezones dolían de lo duros que estaban.
Y me volví a correr como una puta, mi cuerpo entero se corrió, no solo mi culo, yo seguía temblando mientras que Hans se corría sobre mí, terminando de arruinar la falda.
No me podía sentir más zorra, después de ser follada, enculada, hecha trizas, abierta como nunca, y estar sin aliento en un baño de un bar con un desconocido a espaldas de mi marido, dificil seria sentirse más puta.
Pues si es posible, al salir del baño me cruce con un hombre, estaba claro que era el que entro antes que Hans, supongo que no entendía el castellano, pero el idioma era lo de menos, me miro dejando claro lo que era y por su sonrisa una paja seguro que se había hecho mientras me follaban. Al salir dijo algo en Holandes.
- Parece que no soy el único que piensa que eres un zorrón. Dijo Hans.
Me mire en el espejo, puta si que soy pero y lo que disfruto pensé. Eso sí parece que la falda que compre por compromiso iba a tener su utilidad, era imposible salir de allí con la falda mojada y manchada de aquella manera, una cosa es ser un puta y otra ir hecha un guarra.
Estaba claro que la cerveza no me la iba a tomar, y allí la deje en la mesa con Hans. Con mi falda de estreno, sin bragas, colmada hasta arriba, desquitada de esa espina y lista para lo que se viniera encima. Hans había sido de primera pero era lo que era, un desliz, una aventura, pero poco más y además seguramente no volvería a saber de él nunca más.
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
Empresaria de profesión, puta por vocación - 25
La casa se vacía y el juego comienza de verdad. Él no pide permiso, ordena. Ella se desnuda, no por vergüenza, sino por la promesa de un placer…
Comparte:Bdsm suaveInfidelidad consentidaVoyeurismo consentido
- Hetero: Infidelidad
Seduciendo a mi profesora del colegio 2
La Licenciada siempre fue intocable, pero esta noche, en la oscuridad de su departamento, Pablito tiene la llave.
Comparte:Infidelidad consentidaBdsm suaveRelacion profesor alumna
- Hetero: Infidelidad
Mi tía, compañera de piso ocasional
Inés llega a su casa con maletas y rabia, pero lo que realmente busca es descargar su frustración sexual en un cuerpo joven y vigoroso.
Comparte:Infidelidad consentidaBdsm suaveVoyeurismo consentido
- Hetero: Infidelidad
Mi esposa y su jefe
Nunca imaginé que la monotonía de mi matrimonio se rompería con el sonido de una puerta de oficina entreabierta.
Comparte:Infidelidad consentidaBdsm suaveVoyeurismo consentido
- Hetero: Infidelidad
De vacaciones con mi cuñado
Lucas no podía evitar mirarla. Y Marcela, cansada de fingir indiferencia, decidió darle lo que sus ojos pedían: su cuerpo, desnudo y dispuesto, justo…
Comparte:Infidelidad consentidaBdsm suaveVoyeurismo consentido
- Hetero: Infidelidad
Historia de mi tía política II
El hospital huele a antiséptico y a secretos viejos. Cuando el tío le ordena cuidar de su esposa, Víctor no duda: la viuda necesita alivio y él tiene…
Comparte:Infidelidad consentidaBdsm suaveVoyeurismo consentido