Vacaciones 5
Júlia creía que la noche sería solo para ella y Carlos. Pero en el bar, él la presenta como un trofeo a sus amigos, y su propia hija asiente con una sonrisa cómplice. Ahora, rodeada de miradas hambrientas y manos que no piden permiso, debe decidir si huye o se deja devorar.
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Sonriendo, Júlia pasó contoneándose entre el corrillo de maduros, pasó los brazos alrededor del cuello de su macho y le ofreció su boca, metiéndole la lengua hasta dentro, saboreando el acre sabor del cigarro negro y el áspero y amargo gusto del wisky, mientras notaba como sus pezones se ponían duros al roce con el peludo y duro pecho de su hombre.
Carlos posó su mano sobre la minifalda de la chica amasando fuertemente el cachete y levantando la poca tela que había, mostrando a sus amigos buena parte de este, dando la impresión de que no llevara nada debajo.
Sus labios se dirigieron a su oreja, tapado por el pelo que le caía a ambos lados de la cara.
- ¡Puta! Te dije que vinieras como una puta y vienes como una calientapollas con este atuendo de niña pija. Ya te daré luego el castigo que te mereces zorra.
La cogió por la cintura y la giró hacia sus compañeros mostrándola cómo un trofeo.
- ¿Qué os había dicho?
- ¡Joder! Menuda suerte tienes cabrón. ¿Dónde las encuentras? Es un bombón – El de la barriga panzona había hablado comiéndosela con los ojos, al igual que los otros dos. – ¿No nos la vas a presentar?
Carlos cogió de la cintura a Júlia y de dio el vaso de tubo.
- Bébetelo y acaba la bebida, que pediremos otra ronda
A pesar de no gustarle el wisky se llevó la bebida a los labios y sintió como el hielo los golpeaba, mientras el líquido bajaba por su garganta y notaba la quemazón, tranquilizando de paso sus nervios.
Satisfecho Carlos le cogió el vaso dejándolo en la barra y la morreo de nuevo mientras le decía – Buena chica. Mira te presento a mis amigos.
- Estos dos de aquí son los hermanos Durán, propietarios del local, Paco y Néstor, y el gordito panzón Julio. Venga, se buena chica y salúdales cómo se merecen.
Una fuerte palmada en su culo resonó haciendo que todos rieran y se vio lanzada hacia ellos.
Julio la abrazó entre sus brazos, notando la prominente barriga en la suya. Sonrió mostrando sus dientes irregulares y su bigote grueso y blanquecino del tabaco. Su boca se abalanzó sobre la suya violentándola e introduciendo su gruesa y morcillona lengua dentro, mientras sus manos abarcaban ambos cachetes magreándolos a gusto.
Júlia se dejo llevar, cerró los ojos y disfruto del apasionado y guarro beso de aquel maduro.
Oyo las risas del resto del grupo y las obscenidades que soltaban.
- Venga Julio, que seguro que hace tiempo que no tienes un yogurín así entre tus brazos – Se oyó decir a Carlos entre la música.
Los ojos de Julio devoraban el cuerpo de Julia mientras esta notaba como su entrepierna se humedecía.
- Joder putita, que bien sabes.
Los hermanos Duran la recibieron entre los dos. Una mano fue a cada cachete del culo mientras se alternaron para morrearla con igual cerdería.
Volvió al lado de Carlos y este volvió a rodearla con su cintura. Su mano jugueteaba con el nudo de su camisa hasta que diestramente consiguió deshacerlo.
- ¿Mejor así no? Que tus tetitas vayan libres. Poco que tienes al menos que no se vean aprisionadas.
Los cuatro rieron la gracia mientras Júlia sonreía estúpidamente.
- Dile a Cris que saque el culo de la barra y que nos traiga otra ronda de cubatas ¿no? – Dijo Julio que intentaba ver los pechitos de la joven tapados escasamente por la camisa entreabierta.
- Pero que dices coño. Para eso tenemos a Júlia aquí ¿verdad cielo? – Le dijo Néstor con una amplia sonrisa
- Venga nena – le soltó Carlos con otra cachetada en el culo, ves a la barra y pídele a Cris que te ponga en una bandeja lo mismo que antes.
- Espera - Dijo Néstor mientras la agarraba por el brazo. Volcó el vaso de tubo en su mano y recogió el hielo que había en su interior mientras la miraba con cara de sátiro.
Los otros tres esperaban impactantes que loca idea se le había ocurrido cuando vieron que el cubito lo empezó a frotar por la delicada tela de la camisa haciendo que se mojara y transparentara los pezones de Júlia. Cuando estuvo satisfecho, volvió a anudar la camisa más fuerte si cabe a fin de que se notara las transparencias.
- Al menos que los parroquianos de la sala se alegren la vista, y ahora apártate la tanguita una poco zorra.
increíblemente mojada y excitada, Júlia llevo su mano a su prenda interior y la apartó, notando como el hielo jugaba con sus labios menores y se introducía dentro provocándole un respingo que vino aplaudido por los cuatro maduros
Mientras se dirigía a la barra principal sorteando gente, la gran mayoría maduros que la devoraban con los ojos, sintió como el móvil le sonaba en el bolso. Intrigada lo sacó y vio, con sorpresa que era el número que aquella chica, Irene, le había dado en el ascensor del hotel aquella misma tarde.
Se lo llevó a la oreja
- Hola. Soy Irene. Menuda sorpresa me he llevado cuando he entrado en el local te he visto agarrada a mi padre. No sabía que tenía nueva putita. Te doy el visto bueno jajajaja.
- ¿Dónde estas? ¿Tu padre? Joder que casualidad
- Me gusta lo que veo. Estoy en la barra, y tu estas viniendo hacia aquí. ¿Me ves?
Júlia miro adelante y la vio. Apoyada en la barra, con una bebida en la mano y espectacular, con un vestido mini y escotado y zapatos de tacón de vértigo, con la melena recogida en un moño dando a su cara ligeramente maquillada una belleza increíble.
Guardó el móvil en su bolso mientras Irene daba un pequeño sorbo y la miraba de arriba abajo.
- Buff chica. Me pones a mil con ese atuendo de guarrilla jajajajaja. Veo que has conocido a los amigos de papa.
- ¿Qué haces aquí? – Irene se acercó y le dio un pico en los labios.
- He quedado para cenar con mi padre. Por lo que creo que esos tres pervertidos van a pasárselo bien contigo. – No te creía así de sumisa y colgada de maduros – Un dedo paso entre sus pechitos, mientras la gente alrededor miraba sin cortarse.
- No me ha dicho nada tu padre
- ¿Por qué tendría que decirte nada? – le soltó con una sonrisa pícara – ¿Vienes a pedir otra ronda?
Asintió con la cabeza mientras una chica de largo cabello ondulado y sonrisa indolente, con ceñídos pantalones de cuero y camiseta negra, alguna talla más pequeña que la suya, mostrando sus pezones erectos y anillados, la miraba. Guiñó un ojo a Irene y dejó encima de la bandeja cinco cubatas. – Ve con cuidado no te caigan cielo – Le dijo mientras la devoraba con la mirada.
- Vamos te acompaño – Le dijo Irene cogiendo su bebida y abriendo paso a una Júlia que intentaba cuadrar todos los acontecimientos que, en cascada, se iban produciendo a cada momento que pasaba.
Sentía su coño entumecido por el hielo y sus muslos mojados por el agua que resbalaba por ellos. Cuando llegaron hasta el grupo Irene se lanzó a los brazos de su padre mientras los otros tres se la comían con la mirada. De nuevo se repitió la ronda de besos, aunque estos mas recatados con la hija de Carlos.
- Venga coño, le soltó Carlos a Júlia – Ve repartiendo los vasos que solos de la bandeja no van a saltar. ¿Os conocéis? – Le soltó de repente a Irene mientras veían como iba uno a uno con la bandeja en la mano repartiendo las bebidas.
- Nos hemos conocido esta tarde. Menuda casualidad. Estaba con Claudia, hemos ido al hotel, que tenia que hacer ella trabajo allí y nos hemos cruzado en el ascensor. ¿De que la conoces? Veo que le va la marcha
- Jajajajaja. No lo sabes tu bien cielo. Te lo explico mientras cenamos – Miró su reloj, bebió medio vaso de cubata y lo dejó en la barra donde se encontraban apoyados. – Chicos, Irene y yo vamos a cenar que lo teníamos pendiente, pero os dejo bien acompañados. Tratádmela bien qué después de cenar vuelvo.
Julio aprovechó para traer hacia sí a Júlia y darle un lengüetazo en la mejilla mientras sonreía.
- Ya ves con que depravados te has juntado putita – Le soltó Irene guiñándole de nuevo un ojo
- Pasadlo bien, chicos, y tú… – la señaló con un dedo – Espero que no tenga ni una queja de tu comportamiento o cuando vuelva lo hablaremos.
Júlia, aprisionada por la férrea manaza del barrigón y las miradas lascivas de los hermanos Durán sintió como su coño se humedecía más aún ante lo que estaba por venir, aunque, por otro lado, sentía tristeza porque quería volver a sentir el pollón de aquel maduro que la traía loca y por el que haría lo que fuera.
Sintió envidia cuando la mano de Carlos acarició el culo de su hija mientras se perdían entre la gente, pero se giró y aceptó la lengua del maduro que la agarraba fuerte mientras sus manos manoseaban sus pechitos mojados y erectos por encima de la camisa.
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