Xtories

En una boda.

A sus cincuenta años, Natalia aún siente el calor de aquella noche en la boda. Un encuentro fugaz entre dos coches, sucio y prohibido, que nunca imaginó que volvería a cruzarse con el hombre que ahora comparte su vida con su marido.

Hansberville25K vistas7.6· 14 votos

EN UNA BODA

El calor era insoportable en el dormitorio hacía que Natalia sudase y se calentara más. Era la tercera noche tropical en que no podría descansar. A su lado, Sergio, su marido, parecía inmune a aquella masa de aire sahariano que llevaba azotando la región los tres últimos días. Por un momento pensó en despertarle y echar un polvo pero inmediatamente lo desechó.

A sus cincuenta años hacía mucho que habían evolucionado de manera muy diferente en cuanto al sexo. Ella era una mujer muy activa, con una libido desbordante, capaz de excitarse con el mínimo pensamiento. En cambio, su marido, hacía tiempo que el sexo no era más que una actividad de obligado cumplimiento quincenal. Algo que a ella le resultaba tremendamente aburrido y poco excitante.

Por eso su mente comenzó a recordar situaciones morbosas de su vida y viajó casi 30 años atrás. Con 23 años ya salía con el que hoy es su marido y uno de sus primeros eventos juntos fue la boda de un primo de Sergio. En un pueblo perdido de la Sierra de Cazorla, un mes de Julio y en plena ola de calor, también.

Sergio y su primo habían estado muy unidos desde niños y ahora, pese a que cada uno tenía una vida diferente, en una ciudad diferente, su relación seguía siendo igual de estrecha. Los novios formaban una de esas parejas que se conocían desde la adolescencia. Criados en el mismo pueblo, de familias conocidas y “condenados” a vivir juntos hasta que la muerte los separase. Sergio conocía a Pepi, la novia de su primo y a su familia. Natalia, en cambio, era la primera vez que los veía.

La ceremonia se celebró a las 12 de la mañana en una antigua iglesia del pueblo. Entre las dos familias se agrupaban más de 200 invitados de todas las edades y condición socioeconómica. Natalia había ido con un traje sencillo pero elegante en un color verde agua. La tela, algo vaporosa, caía sobre su bonito cuerpo juvenil haciéndola sentir sexy. Sus pechos de dureza casi virginal y tamaño considerable, se mantenían erguidos y desafiantes. Sin duda, unido a su anonimato dentro del pueblo la hicieron ser el centro de atención de hombres y mujeres invitados a aquella ceremonia.

La celebración se alargó durante muchas horas. Nada más terminar la boda fueron a un salón de celebraciones donde esperarían a los recién casados tomando un aperitivo. Así se abría la veda de la bebida. Posteriormente fueron sentados en una mesa redonda junto a distintos primos de su novio Sergio. Tras las pertinentes presentaciones Natalia se sintió un tanto fuera de lugar ya que algunos de aquellos individuos era auténticos cazurros sin modales que abusaban de los chistes machistas.

La sobre mesa se alargó en exceso regada con mucho vino. A estas alturas Natalia había superado el choque cultural y soportaba mejor las bromas de aquellos tipos. Pero llegó un momento en que su vejiga iba a estallar. Pidió información a uno de los camareros por los servicios. Tras seguir las indicaciones, la mujer se vio ante un baño unisex en el que la limpieza lo hacía bastante desagradable. Como pudo se levantó el vestido. Se bajó las bragas y haciendo equilibrios logró vaciar su vejiga. Fue entonces cuando comprobó que no había papel higiénico. Haciendo un esfuerzo se subió las bragas y dejó que la tela secase las últimas gotas.

De vuelta al salón comentó con una de las primas de Sergio la desagradable experiencia que había supuesto mear en aquellos servicios de mala muerte. La mujer que la oía con media sonrisa le comentó que este lugar era conocido por su falta de higiene en los servicios. Y que la solución más fácil era evacuar entre dos coches en la zona de aparcamiento que había a la espalda del local. Natalia tomó nota.

La celebración seguía bastante animada y Natalia también así que estuvo bailando con alguno de aquellos cazurros que le habían causado tan mala impresión al sentarse en la mesa. Alguno de ellos la agarró por la cintura y la juntó a su cuerpo más de lo deseado. Tanto que tuvo que zafarse mientras notaba el paquete del tipo crecer contra su pierna. A pesar de todo, la mujer se lo estaba pasando bien.

Eran las 11 de la noche cuando la necesidad fisiológica forzó a Natalia de nuevo. Ante la posibilidad de volver a mear en un váter de mala muerte le preguntó a la prima de su novio por la ubicación de la explanada de los coches. Ésta le dio las indicaciones y le advirtió que tuviese cuidado con la oscuridad y con esconderse bien que algunos chavales aprovechaban esta circunstancias para espiar a las mujeres.

A ella le hizo gracia este hecho y buscó un lugar que entendió bastante escondido. Se fue hacia la zona más alejada del aparcamiento de tierra rojiza, Se colocó entre dos coches todo terreno. Miró hacia ambos lados levantó su vestido de tela vaporosa mucho más arriba de su cintura para evitar mancharlo y se quitó las bragas. Literalmente quedó desnuda de cintura para abajo. Durante casi un minuto un chorro de orina salió de su coño totalmente rasurado provocándole un gemido de satisfacción a medida que se evacuaba su vejiga y formándose un charco entre sus pies.

Una vez había terminado la puerta de uno de los todo terreno se abrió asustando a Natalia. Bajó un tipo de unos 55 años con aspecto de terrateniente. Alto, trajeado, con pelo blanco peinado hacia atrás y corpulento. La mujer quedó paralizada ante el tipo que la miraba. Ella seguía mostrándose desnuda con su vestido enrollado por encima de la cintura y las bragas en una mano. Fue consciente de que había mirado a todos los sitios menos dentro del vehículo y aquel hombre la había visto mear.

El tipo de pie muy cerca de ella, se bajó la bragueta y se sacó una polla morcillona de buenas proporciones. Natalia seguía inmovilizada mirando al desconocido. El hombre se la agarró con los dedos y un potente chorro de orina golpeó el suelo justo al lado de la mujer, A medida que terminaba se la comenzó a acariciar haciendo que creciera ante la atenta mirada de la joven.

Cuando alcanzó la erección total Natalia quedó asombrada. El tamaño era increíblemente grande. Nunca en su vida había visto nada igual y nunca lo volvería a ver. La polla debía medir unos 25 centímetros y su grosor asombroso. El hombre le hizo un gesto con la cabeza incitándola a que se la chupara. La mujer negó con la cabeza pero como si fuese una barra imantada se acercó al cuerpo del hombre. Luego alargó la mano de manera casi instintiva y se la agarró. Apenas podía abarcar el grosor del miembro de aquel invitado desconocido con el que ni siquiera había cruzado una palabra. Comenzó a pajearlo, notando el grosor, la dureza y lo caliente que estaba aquella descomunal polla.

Sin saber muy bien como, el hombre llevó su mano derecha a la entrepierna rasurada de Natalia, que seguía totalmente expuesta con el vestido remangado, y comenzó a hacerle un dedo. La mujer sintió como los dedos del hombre comenzaron a hurgar y abrirse camino entre sus labios vaginales totalmente empapados de flujo hasta centrarse en el clítoris. Ella aceleró la paja de la polla al tiempo que él la follaba con sus dedos.

Entre suspiros y gemidos la mujer sintió una descarga eléctrica recorrer su columna vertical hasta estallar en las terminaciones nerviosas de su clítoris. Tuvo que apoyar su cabeza en el hombro del desconocido y ahogar un grito cuando el orgasmo la asaltó. El hombre hacía sonidos guturales mientras su polla escupía chorros de esperma blanquecino que caían en el mismo lugar donde habían meado ambos. Luego le pidió las bragas que ella mantenía en una de sus manos y se limpió el capullo de los restos de lefa que colgaban. Natalia miraba toda la operación apoyada en le todo terreno del tipo aun con las piernas temblando por el orgasmo.

Sin decirse absolutamente nada, el hombre se largó de allí hacia el salón de celebraciones, unos minutos después y tras colocarse las bragas manchadas con los restos de corrida del cincuentón, Natalia, se iba también en dirección al salón de celebraciones. Sergio le preguntó por la tardanza a su novia y ella lo justificó con la oscuridad y el haberse perdido entre los coches. Sin prestarle demasiada atención, Sergio cogió de la mano a Natalia y la llevó hacia una mesa. Allí le presentó a unos primos de su madre. Eran Herminia y José Francisco, el mismo tipo al que había pajeado minutos antes.

El hombre le sonrió antes de darle dos besos en la cara a Natalia mientras Sergio, su novio, le contaba que de era su padrino y de niño había pasado muchos veranos en casa de ellos dos. Era una finca en Jerez y que de vez en cuando, José Francisco se lo llevaba a navegar con el barco que poseía en Rota….

Natalia tuvo que ahogar el grito de su orgasmo mordiendo la almohada de su cama para evitar que Sergio, que dormía junto a ella, se despertase. Se había masturbado con el recuerdo de la paja que le hizo, 30 años antes, al padrino de su marido. Sin duda era el momento más morboso de su vida y aún hoy era un secreto.