Un fin de semana de locura (1)
A sus casi cincuenta años, ella creía conocer los límites de su vida conyugal, pero la noche en la discoteca borró toda prudencia. Con Fran y Abdul a solo un beso de distancia, la tentación no solo llamó a la puerta: entró sin pedir permiso.
Soy una mujer felizmente casada desde hace muchos años y lo que pasó aquel fin de semana en un viaje con unas amigas a una ciudad castellana lo defino como una locura casi de adolescente. Me conservo bastante bien para mi edad (no os la diré pero ya no cumplo los 50): pequeña, delgada, un buen culo y unas tetas atractivas. Nada espectacular, pero sí resultona.
Aprovechando que la hermana de mi amiga Julia tenía casa en esa ciudad castellana, nos pusimos de acuerdo para pasar un fin de semana de chicas, sin maridos ni plan establecido de viaje. Llegamos el viernes a la tarde, pasamos por la casa de la hermana (estaba en un pueblo a unos 15-20 minutos del centro) a retocarnos un poco y nos fuimos a tomar unas cañas, cenar y divertirnos.
Todo iba bien y en uno de los bares nos encontramos con unos amigos de Julia. Rápidamente me fijé en uno de ellos, Fran, de unos 35 años, musculado sin exagerar (no me gustan esos de gimnasio “inflados”), fuerte, alto (no menos de 1,85), lo suficiente para que a mis 1,55 le pareciera un gigante. Tenía un rostro atractivo y una sonrisa perfecta, acompañado de un buen trato. Enseguida hice buenas migas con él, creo que él también, y se “acopló” a nuestro grupo sin problemas. La cosa es que nos íbamos a ir ya a cenar con mis dos amigas cuando una de ellas, Julia, empezó a encontrarse mal hasta el punto de que su hermana y ella decidieron volverse al pueblo. Se disculparon conmigo porque yo también debería volverme cuando apenas se había iniciado la diversión. Entonces Fran se ofreció a llevarme hasta la casa más tarde, siempre que a mí no me importara. Me quedé dudando, pero estaba bastante cómoda con él y no pensaba que fuera a pasar nada. Era también un amigo de confianza de Julia y su hermana, y ellas le “encomendaron” que me cuidara y que no hubiera problemas, siempre desde esa confianza y con un poco de chufla también, la verdad.
Bueno, el caso es que yo me quedé en aquella ciudad con Fran como única persona conocida y me dejé guiar por él. Fuimos a cenar a un bar de tapas, no mucho porque tampoco tenía mucho hambre, en el que se ofreció a pagar pero me negué, aunque él insistió en que entonces la siguiente copa correría de su cuenta. Así fue, a eso de las once y media salimos del restaurante y nos fuimos a un bareto que conocía Fran en la zona de marcha de la ciudad. Allí sí me invitó él a mi primer gin-tonic que, junto con lo que ya había bebido anteriormente, empezó a subírseme a la cabeza. En ese bar nos encontramos con el compañero de piso de Fran, Abdul, un tunecino que llevaba ya dos años en España trabajando en una constructora. También alto, muy moreno, rasgos marcados y una boca de labios carnosos que también me resultó muy atractiva.
Una hora y media más tarde Fran me dijo si quería ya que me llevara a casa, pero le contesté que lo que me apetecía era bailar un rato. Pues nada, fuimos a una discoteca cercana en la que ponían música bailable, de la de mi época (qué viejo suena…), y, aunque Fran me volvió a invitar a la copa, yo ya no quise tomar nada más. Sólo quería bailar y sudar la cogorza que llevaba. Me fui a la pista y empecé a moverme como si no hubiera nada más. Todo me daba vueltas, pero estaba embriagada de la música (y de lo otro también). Pronto se acercó Fran a acompañarme en los bailes, cada vez más cerca de mí, pero no me importaba. Algún roce, algún acercamiento para decirme algo al oído,… todo condujo a que, en un momento dado, se atreviera a besarme en el cuello y, al girarme, también en la boca. No fue un beso largo, más bien de prueba, pero yo no me aparté, abrí mis labios y dejé que la cosa ya pasara a mayores. Lo siguiente fue ya un morreo con todas las de la ley, al tiempo que sus manos se posaban en mi cintura con intención de seguir algo más abajo. Me despegué un poco y, como último acto de defensa, le advertí en voz queda que estaba casada. Él me contestó franco pero decidido: “No va a pasar nada que tú no quieras”. Lo dejamos ahí y yo seguí bailando, a mi aire, con Fran y, también, Abdul cerca de mí. El africano había visto lo de su amigo e intentó repetir la escena, con parecidos resultados. No hubo rechazo por mi parte y la cosa acabó en otro morreo.
Seguimos en la disco otra media hora más, pero yo empezaba a estar cansada. Les dije que si nos íbamos y salimos hacia el coche que estaba aparcado relativamente cerca. Fran me preguntó: “¿Te llevo entonces al pueblo?”. “¿Hay otra opción, quizás?” le contesté. “Bueno, te puedo ofrecer mi casa, pero no sé si querrás…” “Pues prefiero quedarme en tu casa, si no te importa. Es ya muy tarde y voy a molestar a mis amigas. Les pongo un mensaje para que no se preocupen, ¿te parece?”. A Fran y a Abdul se les abrieron los ojos como platos, creo que atisbaron que esa noche quizás la podían rematar por todo lo alto. (Continuará)
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
Vuelo 69... Siempre nos quedará París. Capítulo 11
Marta juró que nunca volvería a ver a Nabil, pero el destino la tiene sentada en el asiento del copiloto, a solo centímetros de su polla, mientras su…
Comparte:Infidelidad consentidaTrio mfmTransgresion moral
- Hetero: Infidelidad
Tuve sexo con el burro
La fiesta era para ella, pero el regalo sorpresa no era lo que esperaba. Entre el whisky y la soledad de la casa, el hombre que llamaban 'burro' por…
Comparte:Infidelidad consentidaTrio mfmDeseo reprimido
- Hetero: Infidelidad
Lujuriosa Violencia
Luis sabe que su fantasía es prohibida, pero el deseo de ver a Sara con otro lo consume. Cuando el desconocido del chat aparece en la discoteca, la…
Comparte:Infidelidad consentidaTrio mfmDeseo reprimido
- Hetero: Infidelidad
Padre nuestro
Sabe que su esposo la ama, pero sabe aún más que su vecino la desea. Cuando la soledad y la tentación se encuentran en la cocina de su casa, la línea…
Comparte:Infidelidad consentidaTrio mfmDeseo reprimido
- Hetero: Infidelidad
Cambio de Planes
El ascensor se cierra y el tiempo se acaba. En el garaje, el riesgo es parte del juego, pero la verdadera trampa está sentada a su izquierda, bajo la…
Comparte:Infidelidad consentidaTrio mfmDeseo reprimido
- Hetero: Infidelidad
La convención 2: Carolina en la empresa
La oficina se vacía, pero la tensión sube cuando los mensajes privados de un compañero caen en manos equivocadas.
Comparte:Infidelidad consentidaTrio mfmTransgresion moral