Xtories

Caperucita Roja 2a (segunda parte)

La mesa está limpia, pero el cuerpo de Caperucita está a la vista. Tres hombres la observan, pero ella no espera permiso: ordena, toca y exige. Esta vez, el bosque no tiene secretos, solo deseos cumplidos bajo la mirada de los demás.

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(continúa desde la primera parte "Caperucita Roja")

- Mira -le dijo el buenorro a su amigo, señalando el cuerpo que había quedado desnudo ante ellos- ¿ves por qué lo de Caperucita Roja? Ya te dije que lo entenderías...

Caperucita estaba depilada entera y tenía la piel muy blanca, y con las piernas un poco abierta se le veía la raja del coño, brillante de humedad, rojita como una fresa jugosa para comérsela mejor. Casi al unísono los tres tíos se habían quitado los pantalones y sacados sus miembros al aire, acumulando sangre con la vista que tenían delante. El rabo del maduro era corto pero grueso, aunque no estaba empalmado del todo. Los de los jóvenes estaban a cien, y si el del conocido era grande, el del amigo era recto y descapullado.

- Limpiad la mesa -ordenó Caperucita- que yo quiero saludar a este nuevo amigo.

Agarró con su mano el culo del joven, apretando su firmeza, y atrayendo su polla hasta su cara, se la restregó. El tipo apretó los músculos para que no se le aflojaran las piernas del gusto. La chica le olfateó la punta del nabo, y le dio un lengüetazo.

- Ohhh -gimió él.

Se tumbó de espaldas en la mesa y subió los pies.

- Cómemelo todo -dijo mirando al maduro-. La verdad es que lo hace fenomenal -explicó a los otros-. Tú arrímate por este lado.

El calvo se abalanzó entre las piernas de la chica y empezó a lamer. Tenía una lengua excepcionalmente larga y la sabía usar. Y como había humedad de sobra y como si supiera lo que podía venir, bajó también al culito y lo lamió metiendo la lengua y remojándolo todo.

La chica gemía mientras con cada mano agarraba una polla y las pajeaba lentamente.

- Así, chicos, os quiero a cien para que me las metáis por donde sea...

Se arrastró de espaldas como estaba hacia delante, hasta que su cabeza dejó de apoyarse en la mesa y cayó hacia atrás. El maduro avanzaba con ella para no perder el contacto.

- Tú ponte aquí delante -le señaló-. Y tú chúpame las tetas, a ver si lo haces tan bien como él.

No necesitó que se lo repitiera dos veces y se puso a magrearle los pechos, pellizcarle de los pezones y chupárselos y succionárselos alternativamente. Hubiera arrancado grititos de placer de la chica si el otro no le hubiera metido su tranca en la boca y estuviera haciendo un mete saca suave, así que sólo se oyeron sonidos guturales.

El maduro de vez en cuando se la cascaba con una mano, pero para no acabar pronto empezó a trabajarle el culito con un dedo, sin dejar de chuparle el clítoris, que tenía hinchado y rojito, haciendo honor a su apodo.

Caperucita se sacó la polla de la boca.

- Tú, ven a mis tetas, que chupas mejor. Tú, súbete y a ver si usas la polla mejor que la lengua... Y tú, sigue así

Cambiaron de puesto y el maduro pasó su lengua por todo el cuerpo de ella, desde el ombligo hasta el cuello. El otro, quizá ofendido por el comentario, se subió con las manos apoyadas en la mesa, apuntó el rabo tieso y lo empujó lenta pero firmemente hasta que ya no cupo más, como el que corta la tarta de cumpleaños, hasta el fondo.

Caperucita por poco se atraganta pero ya sabemos por qué no pudo decir nada. El otro le había cogido la cabeza con las manos y la estaba follando la boca. Zas, zas, zas. Cabeza y coño se batían al unísono. En algún momento (o varios), Caperucita se corrió y apretó con el coño la polla que tenía dentro, casi haciéndole correrse. Hizo gestos con las manos y los tres pararon. El tío sacó la polla con un ¡plop! como el que quita un corcho a una botella.

- ¿Estás bien? -preguntó. Eran buena gente, incluso cuando estaban a mil.

- Síii, sólo quiero cambiar de postura. Tú, túmbate ahí -le señaló al que se la estaba follando uno de los bancos al lado de la mesa. A Caperucita le gustaba mandar-. Sí que follas bien, cariño -le dijo dándole un beso en los labios-. Pero ahora te cabalgaré yo. Y tú déjame respirar y ven aquí.

Y tú no te toques más y espera que todavía te tengo que agradecer el trabajo, no te corras antes de tiempo.

Se puso de espaldas hacia el tumbado, que tenía el rabo como un mástil, lo apuntó hacia su culo, y se dejó caer clavándosela ahora ella misma. Como se la acababa de sacar del coño húmedo -y quizá porque la entrada ya estaba estrenada de antes- la entrada no fue muy difícil. Verla metiéndose la polla por el culo los puso a todos a cien, y en cuanto la tuvo dentro el otro joven consiguió meterla a su vez la suya por delante. No era una posición fácil, pero entre lo cachondo que estaba y que estaba en forma, se sujetó entre las piernas del amigo y apoyando los brazos y le clavó su rabazo sin dejar nada fuera.

- Puf! -se quejó Caperucita-. Madre mía, esto no me lo esperaba. Siéntate aquí -señaló al maduro.

Menos mal que la abuelita estaba fuera y no había nadie cerca, porque el espectáculo de Caperucita siendo perforada por delante y por detrás mientras le chupaba la polla al maduro era de escándalo público...

- Me voy a correeer! - gritó el que enculaba.

- Dale, no importa -atinó a gritar Caperucita. Y al poco notó que el de abajo la clavaba aún más fuerte si podía y luego dejaba caer los brazos, exhausto.

Mientras se le aflojaba la polla, el amigo por delante aceleraba el ritmo..

- Cuando yo... (zas, zas) acabe... (zas, zas) donde quieres... (zas, zas) la leche...?

- Encima mío. Espera. ¡Salte! -y con agilidad se soltó de ambas pollas y se subió a la mesa, tumbada otra vez boca arriba- ¡Echádmelo todo!

Y el maduro y el joven se pusieron cada uno a un lado y se acabaron de pajear para correrse encima de ella, que se manoseó la leche por encima, mientras la respiración de los cuatro iba pasando a ritmo normal poco a poco.

- Joder, esto sí que ha sido un buen cuento....