Jugamos borrachos a la botella borracha
La botella gira y apunta a Miriam. Jaime sabe que su novia es fiel, pero la curiosidad y el alcohol lo llevan a presenciar cómo la línea entre el juego y la traición se desdibuja. Esta vez, ella no piensa irse sola.
La situación empieza porque Darío mi amigo y yo llegamos a casa algo bebidos. Darío se lleva medio mal con mi novia Miriam. Darío nada más llegar propone, a saber porqué sabiendo que le van a decir que no, un juego tipo streppoker y yo como chiste vitoréo la propuesta y la apoyo, Miriam dice:
—¿Con Dario?, ni de coña.
—¿Con quién sí?¿Quien te gusta? ¿Con quién lo harías?
—Con nadie, con casi nadie.
—Lastima, podría ser haber sido divertido. Ya me dirás quién es ese casi. —Le hago señas a Darío que se ponga de pie y señalo su paquete.— Mira lo que te pierdes.
—¿Esa mierda? debe ser muy chiquitita y sin substancia, pero dejemos el tema que me da repeluz hablar de esa cosa insignificante...
—No hables sin saber, también puede ser hermosa y grande. Te vas a quedar en la ignorancia, te corroerá la duda.
—Pero que de tonterías hay que oír, sobre todo de Darío. —Era el que menos había hablado— Pero juguemos que ahí encontraréis la horma de vuestros... —Miró a ver que calzábamos— de vuestras sandalias.
—¿De verdad quieres que juguemos? —dije.
—Pero bueno, ¿no erais vosotros los que queríais jugar? ¡Qué tios!
—Vale, jugamos, no sé donde hay cartas. ¿Botella? —dije.
—¿Botella?
—Al que le apunte la botella se quita una prenda.
—Tú quieres que tu amigo me vea las tetas, pues nada, que me las vea. Se las puedo enseñar ya ¿Se las enseño? ¿Las quieres ver? —dijo mirando a Darío cogiendo los bordes de la camiseta haciendo como que se la quitaba— Así me ahorro el bochorno de ver ese pingajo. —dijo riendo.
—Cuando te toque. No seas exhibicionista. —dije, y acercándome a la nevera saqué un botellín de cerveza. —A parte de estar bebido tenía curiosidad de hasta donde llegaría Miriam.
—¿En serio vamos a jugar? —dijo Darío sorprendido.
—¿No querías verme las tetas? —Darío miró fijo las tetas cubiertas de Miriam.
—Vale. Serán poliédricas y algo bordes como tú, pero bueno. —El chiste no era tan malo porque Miriam estudiaba Ingeniería Industrial.
—Pues si de eso se trata, tú tendrás el pito como mucho dibujado —Darío estudiaba Bellas Artes— Ni siquiera, será una mancha. Jaja. —rió su chiste.
—Si jugamos, lo averiguaréis. —Y tiré la botella que estuvo a punto de caer de la mesa y que apuntó a Darío que se quitó las sandalias.
—Los zapatos no valen o nos moriremos de aburrimiento.
—Vale, —Se quitó la camiseta quedando el torso al desnudo. Tenía pequeñas manchas de pintura al óleo de varios colores.
—Lo dicho, terminaremos viendo una mancha erecta, si es que las manchas se empinan.
—Ja. Ja —dijo haciendo como que reía pero dejando claro que no tenía gracia— Tiro. —Dio vueltas para terminar apuntando a Miriam.
—¡Mira quien se va a empezar a desvestir! —Se quitó los pantalones tras una duda. Tenía bragas sencillas de color blanco.
Seguimos jugando entre insultos e indirectas de ambos. Yo ya no me acordaba porqué jugaba. A Miriam la tenía bastante vista aunque nunca es suficiente. Darío, por supuesto, no me interesaba, quizás me gustase, pensé, que Darío viese a Miriam..., puede que para ver la reacción de Miriam a la hora de enseñar las tetas o estaba haciendo el tonto como dijo Miriam, era lo más posible.
Llegó el momento en que Miriam tuvo que quitarse el sujetador. Yo ya estaba desnudo. Dario tenía el slip. Al quitárselo, Darío se quedó mirando las tetas.
—Pues no son poliédricas, aunque me pese decirlo, son muy bonitas. —Y eso que los pezones le apuntaron mirándole con mala cara— ¿En algún momento del juego podré tocar ese pezoncito? Así —hizo un movimiento con el dedo como si diese una toba, dedo corazón y pulgar en círculo y lanzando el corazón en el aire y quedando los dedos separados un rato. Aún te queda saber si yo tengo una mancha o sencillamente algo que te gustaría que te manchase, ya sabes, con lechecita.
—Darío, no seas bruto, que es mi novia.
—Perdona, es que me provoca continuamente— Miriam hizo girar la botella y volvió a salir ella, le tocaba quitarse las bragas. Cumpliendo el mandato se las quita medio tratando que se le viese lo menos posible, él la mira, como yo no ve nada. Ella está sentada en un sillón giratorio. El gira el sillón.
—¿A ver?. -Se queda mirando su coño con admiración, yo también fuerzo la cabeza para verla, me encanta verla el coño, me parece el coño más bonito que he visto nunca.
—Pero, que es esto? Qué derecho tienes de tocar mi sillón? —Algo desmentía sus palabras porque según miraba fijamente Darío, tuvo un movimiento involuntario de abrir algo los muslos y un brillo especial iluminó la vulva evidenciando el placer, manifestado en su vertiente húmeda, que le había provocado esa mirada, yo miraba los ojos de Miriam que se giraban disimuladamente a la polla aún protegida por el slip de él que empezaba a crecer.
—Perdona, no lo he hecho aposta. —Devuelve el sillón a su posición original, pero él adelanta su sillón para tener mejor vista sobre el coño, sin poder evitar disimuladas miradas.
—Qué significa que no lo has hecho aposta? Un sillón no se gira sin querer.
—No, tienes razón, pero tú lo hacías ocultándote y el juego es para que veamos.
—Pues cuando descubras tu polla yo voy a mirarla fijo a ver como te sienta. Volvió a tirar y justo, apuntó a Darío, que no hacía falta tirar porque era la única prenda de vestir que quedaba. —Dario cogió los bordes delanteros del slip y Miriam acercó a cabeza a un palmo. Darío en vez de quitárselos del todo y solo descubrió la tela que cubría la polla y los cojones, la polla estaba erecta y ambos, polla y Darío devolvieron la mirada a Miriam.
—¿Te gusta? —Realmente a Miriam le debió gustar porque se quedó como hipnotizada mirándola. A Darío le salió una gotita en la punta. Miriam no quitaba la vista. —Esto no es justo. —y volvió a girar el sillón de Miriam y como había cerrado las piernas, Darío colocó sus manos en las rodillas de Miriam y se las separó. Miriam le dejó hacer y mantuvo la separación. Ambos miraban los genitales del otro con una especie de magnetismo hipnótico.
—Os falta poneros a follar. —dije yo nervioso.
—Lo siento Jaime. —Me dijo Miriam lentamente y tras una pausa— Me gustaría meterme ese pene en la vagina aunque luego nos sigamos peleando. No quiero follar con Darío pero sí meterme esa polla.
—Jaime, déjame que se la meta en la vagina, luego si quieres me pegas un tiro o me pegas de puñetazos.
De pronto se levantaron y fueron hacia el sofá, ante mi estupefacción Miriam se tumbó y Dario se tumbó encima, entre los dos se las compusieron para colocar el pene ante la entrada de la vagina, quizás fuese la única vez que les vi colaborar en una acción común, ni siquiera intentaron un poco de juego amoroso, nada, una vez embocado el glande, Darío empujó insertando el pene hasta lo más hondo y se pusieron a meterla y sacarla entre grandes gritos hasta que se corrieron, Miriam arqueó su cuerpo que sufría contracciones, especialmente las caderas. Dario quedó tumbado encima de ella como muerto hasta que se echó de lado y se la sacó y se levantó.
—Imbécil. —dijo Miriam. Y se levantó y se sentó encima de mi, subiendo los pies encima de mis muslos pasando el brazo alrededor de mi cuello como protegiéndose de Darío. Mi cuidado hacia ella consistió en que cogí un trapo de cocina que estaba a mi alcance y con el limpié el semen que le empezaba a escurrir a Miriam entre las piernas.
—Cuadrada poliédrica. —contestó Darío.
—Son formas incompatibles, un cuadrado no puede ser poliédrico.
—...
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