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Quiero ser cornudo (Cap. 18 - 1ra parte)

Lidia creía haber dejado el pasado atrás, pero al llegar a la casa rural, lo último que esperaba ver era a Miguel. Ahora, atrapada en un juego de verdades incómodas y desnudez forzada, siente cómo los celos y el deseo se desatan en una noche que promete cruzar todos los límites.

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NOTA DEL AUTOR:

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CAPÍTULO 18

DESPEDIDA DE CASADO

La mañana del 28 de mayo fue extraña, Lidia y Nando prepararon las maletas para irse dirección a Olot pero, apenas subieron al coche, se dieron cuenta que les faltaba una maleta y tuvieron que regresar.

La salida de Barcelona fue lenta y pesada porque a pocos kilómetros de ellos un coche decidió suicidarse chocando con la mediana. En condiciones normales hubieran tardado poco más de una hora y media de viaje pero, en esta ocasión, ya llevaban más de dos y aún no habían llegado a Granollers.

Por suerte desde hacía unos kilómetros ya circulaban a buena velocidad y pudieron terminar su viaje sin más complicaciones.

Dos horas más tarde de lo previsto llegaron a su destino. Aunque las penurias del viaje habían valido la pena porque el sitio era espectacular. Una casa rural típica de la zona con las paredes de piedra y un jardín verde y cuidado.

Cuando llegaron cargando las maletas ya estaban todos reunidos en una gran mesa en el jardín tomando cervezas, claras y refrescos.

–¡Mira quien ha llegado! – gritó Marta levantándose para dar dos besos a cada uno.

–¿Somos los últimos? – preguntó Lidia a lo que Marta respondió afirmativamente con la cabeza.

–Os toca la habitación 212, venga os espero con una cervecita fresca– dijo Marta.

Por dentro la casa era increíble, rústica, con vigas de madera, y paredes de piedra de casi un metro de ancho. Subieron al segundo piso por unas escaleras decoradas con herramientas antiguas de hierro colgadas en la pared.

El segundo piso era una buhardilla aunque con el techo alto con cinco habitaciones, un reloj de péndulo, una mesa de ping-pong y un gran ventanal desde el que se veía el jardín y en el fondo las montañas verdes.

Sin entretenerse en deshacer las maletas, las metieron en el armario y bajaron al jardín donde todo el grupo los esperaba.

Y justo cuando se acercaron a la mesa, Lidia vio que junto a Marta estaba sentado ¡Miguel! Se quedó petrificada y agarró la mano de Nando tan fuerte que se sobresaltó.

–Miguel está aquí– dijo en voz baja, –¿Qué coño hace este aquí? – preguntó tontamente.

–No lo sé, – respondió Nando, –pero no te quedes clavada aquí. Nos acercamos y ya nos lo explicará.

El grupo estaba formado por doce personas, Javi el organizador de la fiesta, Alba y Carlota con sus respectivas parejas a las cuales Lidia no conocía, Ricardo y José que como ella eran gestores y venían sin acompañante, Vanesa la chica de recursos humanos y sentados juntos Miguel y Marta.

Saludaron a todos y se sentaron alrededor de la mesa para integrarse en la conversación.

–Me sorprende verte aquí– dijo Lidia dirigiéndose a Miguel.

–Me ha invitado Marta, no sé cómo consiguió mi teléfono pero el caso es que se puso en contacto conmigo y me propuso venir.

–Una que tiene sus recursos– dijo seductoramente Marta.

Las cervezas empezaron a vaciarse y a medida que los invitados aumentaban su nivel etílico también lo hizo el volumen de la conversación ya que, en esos momentos, más que hablar, gritaban.

–¡Pásame una cerveza! – gritó Javi que ya estaba más bebido de la cuenta. Se levantó y se tambaleó ligeramente.

Por suerte el ritmo de ingesta de alcohol se redujo y pasaron el resto del día charlando, comiendo y bebiendo moderadamente. Incluso tuvieron tiempo de organizar una excursión a uno de los volcanes más emblemáticos de la zona cruzando un espectacular bosque de hayas.

Durante todo el recorrido pasearon en grupo aunque Marta no se separó en ningún momento de Miguel que a dos aguas deseaba perderse con Lidia. Pero Lidia quería mantener la compostura y que nadie pudiera sospechar que entre ellos había algo más que una relación laboral.

Aun así, verlo continuamente cerca de Marta la exasperó y estuvo todo el día refunfuñando por unos celos no reconocidos.

–Mira la mosquita muerta esta, no se separa de Miguel– le dijo a su marido entre dientes.

–Creo que intenta ligárselo – confirmó Nando.

–¡Pues lo tiene claro! – exclamó molesta más alto de lo que debiera.

Al finalizar el recorrido ya estaba oscureciendo y cuando regresaron a la casa rural encendieron un buen fuego y se acurrucaron todos a su alrededor. La caminata había sido más larga y agotadora de lo previsto así que todos estaban muertos de hambre; prepararon chorizos, costillas, pollo y botifarras locales a la brasa; las devoraron con avidez y, sin darse cuenta, habían vaciado tres botellas de vino tinto.

–¡Atención todo el mundo! – dijo Javi levantándose y tomando la palabra.

–¡Como todos sabéis, en la última fiesta de fidelización, mi exesposa Lourdes se folló a un cliente y la pillaron con las bragas bajadas y la polla en su coño!

Lo dijo alegre y todos aplaudieron. Era una escena extraña ver como todos aplaudían y vitoreaban a Javi en una situación tan desafortunada como esa.

Carlota que había sido testigo de la infidelidad asintió con la cabeza.

–Por eso, me proclamo, oficialmente, como el ¡CORNUDO DE ARIAS Y ASOCIADOS SL!

Al terminar con su proclamación, Javi se puso unos cuernos en la cabeza y todos se levantaron aplaudiendo. Los que estaban más cerca de él le zarandearon como a un campeón.

–¡Que empiece la fiesta! – gritó finalmente poniendo música y sacando todo tipo de bebidas.

Inicialmente, todos salieron a bailar con todos aunque poco a poco, se agruparon por parejas. Alba y Carlota con sus respectivos maridos y, para desesperación de Lidia, Marta y Miguel.

–¿Qué se supone que hace la fresca esta? – le dijo malhumorada a su marido que se tomaba aquella situación con buen humor. De algún modo, los celos de Lidia eran una indicación de que entre ella y Miguel había algo más que una relación laboral.

El resto formaron un grupo dispar de tres hombres, Javi, Ricardo y José para una chica Vanesa que no daba abasto.

Poco después, Carlota y su marido se despidieron.

–Nosotros nos retiramos, – dijo Carlota, –la excursión ha sido agotadora.

Después de despedirse, el resto de los invitados se agruparon alrededor del fuego.

–¿Qué tal si jugamos a algo? – propuso Javi.

–¿Verdad o acción? – dijo Marta.

–¿Con que reglas? – intervino Alba.

–El jugador que tiene el turno escoge a otro jugador y le pide que elija entre “verdad o acción”. Si elije verdad deberá responder a una pregunta y si elije acción deberá cumplir un desafío. Si el jugador miente, no responde o se niega a cumplir un reto deberá desprenderse de una prenda.

–¿Y cuáles serán los desafíos? – volvió a preguntar Alba dubitativa.

–Los típicos, dar un beso, bailar, hacer un masaje... lo que se le ocurra al jugador que tiene el turno.

Alba estaba especialmente dubitativa pero fue su marido el que, claramente incómodo, la convenció para retirarse antes de empezar.

–Demasiado fuerte para nosotros, – dijo levantándose, –que os lo paséis bien.

Finalmente, los ocho restantes, animados por el alcohol aceptaron la propuesta de Marta.

–¡Venga, vamos allá! – dijo Javi, –como organizador del evento empiezo yo. Haremos una primera ronda de preguntas y la siguiente será de desafíos. Va para ti Vanesa ¿Qué famoso te pone más?

Sobresaltada por ser la primera en ser elegida se lo pensó más de la cuenta.

–¿Qué famoso?... Ummm...!Gerard Butler! Sí, sin duda, es el más guapo.

–Me toca– intervino Ricardo, –va para Javi, ¿Perdonarías una infidelidad?

Inmediatamente se produjo un silencio atronador. Javi había organizado la fiesta para celebrar su despedida de casado porque habían pillado a su esposa follando en los servicios el día de la Fiesta de Fidelización.

–¡Que cabrón! – acabó sentenciando Javi y deshaciendo aquel incómodo silencio –sabes que sí.

Todos se lo quedaron mirando incapaces de entender porque se habían separado.

–Supongo que esto hay que aclararlo– añadió Javi, –después de que la pillaran follando regresamos juntos a casa; inicialmente tuvimos una discusión muy agria pero cuando se pronunció la palabra divorcio me arrastré por el suelo como una cucaracha. Le dije que le perdonaba la infidelidad, incluso acepté que tuviera un amante y asumí el rol de cornudo, lo único que le pedí a cambio era un poco de discreción para no ser humillado públicamente por mis amigos y compañeros.

–Pero me dijo que estaba enamorada, que ya no me quería, preparó una maleta y ese mismo día se fue de casa.

–Pues ahora me toca a mí– interrumpió José rompiendo el tenso ambiente que impregnaba el comedor, –va para Miguel, no te conozco, no trabajas en le empresa de modo que mi pregunta es ¿Qué haces aquí? ¿Estas interesado en alguna de las mujeres de esta sala?

–Me han invitado y, sí, estoy interesado con una de las mujeres de esta sala – respondió mirando de reojo a Lidia.

Casi todos, con la respuesta de Miguel, interpretaron que estaba allí por Marta, sobre todo ella que recibió la respuesta con una sonrisa. Por su parte, Lidia frunció el ceño y se quedó mirando a Miguel inquisitivamente.

–Me toca, – dijo Vanesa tomando el turno, –pregunta para Miguel, ¿es Marta la mujer que te interesa?

Entonces, Miguel, midiendo muy bien sus palabras, respondió: –Marta me ha invitado a venir.

Inicialmente los presentes dieron la respuesta por satisfactoria pero Vanesa no se dejó engañar.

–No has respondido la pregunta, ¿es Marta la mujer que te interesa? – insistió.

–Ummmmm... no puedo responder a esta pregunta – respondió Miguel acorralado ya que no podía decir que estaba allí por Lidia.

–¿Y eso? – dijo cavilando Vanesa que intuyó que algo no encajaba. Si le interesaba Marta no tenía ningún motivo para ocultarlo y allí solo quedaban dos mujeres más y si algo tenía por seguro era que Miguel no estaba allí por ella, entre otras razones, porque sólo hacía unas horas que lo conocía.

–¡Prenda! – gritaron todos y obligaron a Miguel a descalzarse.

Le tocaba el turno a Marta y le hubiera gustado preguntarle a Miguel si ella le gustaba pero no se atrevió porque en la pregunta anterior se había negado a responder.

Así que le preguntó a José: –Se rumorea por la empresa que hace unos años tuviste un lio con la mujer de Juan Medina, ¿es eso cierto?

–¡No! – exclamó José inquebrantable.

–¡Miente! – intervino Ricardo, – lo sé de buena tinta. No sé si llegaron a acostarse pero haber, algo hubo.

José habría querido fulminar a Ricardo con la mirada.

–Bueno sí, algo hubo, en las conferencias de Valladolid, coincidimos en la salida y fuimos a tomar unas copas y al regresar al hotel nos enrollamos en el rellano. Hasta que este “inútil” – dijo mirando a Ricardo, – nos interrumpió y, rota la magia, ella se separó y me dijo “¿qué quieres conseguir?” y se fue. Pero lo peor es que lo dijo como si enrollarme con la mujer de uno de los jefes fuera a servirme para ascender dentro de la empresa.

Y Ricardo se echó a reír... –le pillé metiéndole la mano por debajo del vestido intentando tocarle las tetas... ¡Como si tuviera! ¡Es la tía más plana que conozco! – exclamó estallando en una sonora carcajada.

–Pues ahora voy yo, – dijo Miguel cuando se calmaron las risas, – no os conozco a casi ninguno ni tampoco conozco los trapos sucios de la empresa así que lanzo una pregunta dirigida a todas las mujeres, ¿alguna se ha enrollado con un desconocido estando en pareja?

–¡Eso no se vale! – exclamó Lidia, – no puede hacer una pregunta a todas a la vez.

–Vale pues, – aceptó Miguel, –te hago la pregunta a ti.

–¡¿Cómo?! ¿Qué pregunta? – respondió atolondradamente Lidia.

–¿Alguna vez te has enrollado con un amigo estando en pareja?

Lidia se quedó helada, no sabía si responder la verdad o mentir aunque algo le decía que si mentía, Miguel o Nando la desmentirían. ¿Y si no respondía? No, no responder equivalía a aceptar que se había enrollado estando en pareja. Se sentía acorralada, con todos los ojos mirándola fijamente y cuanto más tardaba en responder más culpable parecía.

–Sí– acabó aceptando finalmente.

–¡A ver, a ver!, danos detalles– preguntó morbosamente Marta.

–No, no. La pregunta era de “sí” o “no”. Si quieres los detalles deberás esperar a tu próximo turno.

–Y ahora me toca a mi– dijo Lidia con una sonrisa, – la pregunta va para Miguel, ¿Ya te has enrollado con la mujer que te interesa?

Miguel recibió la pregunta sin aparentemente inmutarse, aunque sabía que dependiendo de su respuesta Marta podría deducir que le interesaba Lidia. Pero los demás, a excepción de Nando no podrían saber cuál de las tres era la mujer, así que optó por responder.

–Sí.

Inmediatamente Marta se giró y fulminó a Lidia con la mirada, “¡serás puta!, pensó aunque no llegó a decirlo en voz alta.

–Te toca – le dijo Lidia a Nando.

–La verdad es que yo tampoco os conozco y no sabría que preguntar. Creo que lo mejor es saltarme el turno.

–¡Hey, eso no vale, hay que preguntar! – exclamó Vanesa.

–De acuerdo, va para ti Vanesa, eso por obligarme a preguntar. ¿Te acostarías con alguno de los presentes?

–¡Wow! – exclamaron a la vez José y Ricardo.

Vanesa se lo pensó un poco y finalmente respondió.

–Puede.

–¿Puede? – preguntó Marta, –aclara eso.

–Pues que... si se diera el caso podría llegar a acostarme con alguno de los presentes.

Todos los hombres menos Nando y Miguel se la quedaron mirando; “¿se refiere a mí?” pensaron.

–Vale, primera ronda de preguntas completada– dijo Javi interrumpiendo el tenso momento, –y, ahora, toca ronda de prendas. Nos lo jugaremos a suertes, cada uno tirará una vez el dado y deberá quitarse la prenda que indique, como veis en cada cara hay un dibujo: pantalones o falda, calzoncillos o bragas, sujetador, camisa, zapatos y gorro.

–Todos debemos tener un complemento como un pañuelo, un gorro o una corbata.

–Si sale “zapatos” hay que quitarse los zapatos y los calcetines; si sale “gorro” hay que quitarse el complemento y si sale una prenda que ya no tenemos hay que volver a tirar el dado.

–Empiezo yo– dijo Javi lanzando el dado con fuerza.

–¡Sujetador! vaya, empezamos mal, vuelvo a tirar... “zapatos” – y sin dudarlo se quitó los zapatos, –me dejo los calcetines para no pasar frio – añadió pasándole el dado a Ricardo.

–¡Zapatos! – dijo Ricardo al ver el dibujo del dado y se los quitó dejándose los calcetines como antes había hecho Javi.

–¡Gorro! – dijo José satisfecho de librarse.

–Mi turno– dijo Vanesa tomando el dado y lanzándolo más alto de lo necesario.

–¡Bragas! – gritaron todos al unísono.

–Espera, espera, que voy con pantalones y no me voy a quitar las bragas aquí delante de todos– protestó Vanesa.

–Vale, entonces quítatelas en el cuarto de escobas y sales con las bragas en la mano – propuso Javi con la aprobación de todos los presentes.

Entonces, resignada, Vanesa se encerró en el pequeño cuarto y haciendo equilibrios para no caer se quitó los pantalones y las bragas. Luego, volvió a ponerse los pantalones y salió con las bragas en la mano.

–Aquí están– dijo mostrándolas pero se las guardó en el bolsillo para que nadie pudiera ver la notable mancha de humedad.

–¡Pantalones! – exclamó Marta al ver su dado sobre la mesa.

–¡Que se lo quite, que se lo quite! – cantaron a la vez los hombres del grupo.

Tímidamente, Marta se quitó los pantalones mostrando una braguita blanca de encaje que apenas podía ocultar su sonrosada vulva. Javi se la quedó mirando atónito y parecía que los ojos se le fueran a salir de sus órbitas.

–¡El gorro! – respiró profundamente Miguel que ya había perdido anteriormente el calzado.

–¡Mierda, la camisa! – exclamó Lidia consciente de que no le quedaba más remedio que mostrarles a todos sus grandes pechos encerrados en un minúsculo sujetador que había elegido, especialmente, para Miguel.

–¡Wow! – gritaron todos al ver aquellos inmensos pechos con los pezones claramente marcados.

–Te toca– le dijo Lidia a su marido pasándole el dado.

–¡Calzoncillos! – gritaron todos cuando el dado se detuvo.

Al igual a como había procedido anteriormente Vanesa, Nando se encerró en el cuarto de escobas y se quitó la prenda.

–Completada la primera ronda de prendas, ¡venga! esto no ha hecho más que empezar, vamos con la segunda ronda de prendas – sentenció Javi.

–Vuelvo a empezar yo– y, tras tirar el dado, –¡ostras los calzoncillos!

Javi, repitiendo lo que ya habían hecho otros antes, se quitó la ropa interior en el cuarto de escobas y salió alzando los calzoncillos y mostrándoselo a todos.

–¡Otra vez sujetador!, vuelvo a tirar, – dijo Ricardo lanzando el dado de nuevo, –el gorro.

José tomó el dado y lo lanzó al aire, –Gorro, ya me lo he quitado antes – y volvió a tirar, –camisa.

Y sin pensárselo dos veces se quitó la camiseta mostrando un pecho fuerte con mucho bello y los abdominales bien marcados.

–¡Camisa! – exclamó Vanesa que tras protestar un poco se quitó su blusa mostrando unos pechos bien formados aunque no muy grandes.

Marta tomó el dado y con la tensión de saber que podía acabar desnuda de cintura para abajo lo lanzó con tanta fuerza que cayó al suelo. Todos siguieron el recorrido del dado hasta que se detuvo.

–¡Las bragas! – gritaron exaltados.

–No vale, ha caído al suelo– dijo Marta agarrando el dado y volviéndolo a lanzar sobre la mesa.

–¡Las bragas!!!! – volvieron a gritar todos porque volvió a salir el mismo dibujo.

“Mierda” pensó Marta.

–¿Y si me niego? – protestó Marta con la esperanza de que le permitieran hacer alguna prueba o responder alguna pregunta.

–Si te niegas te expulsamos del juego– sentenció firme Javi.

–No se vale– protestó de nuevo Marta, aunque sabedora que no tenía nada que hacer, se quitó las braguitas intentando ocultarles a todos su depilado coño.

Miguel tomó el dado y lo lanzó de nuevo.

–¡Calzoncillos! – gritó Marta satisfecha,

Miguel, a diferencia de los jugadores que anteriormente habían perdido su ropa interior, en lugar de esconderse en el cuarto de escobas se quitó los pantalones delante de todos y con toda la calma del mundo se desprendió de los calzoncillos mostrando una polla inmensa a medio empalmar.

Todos lo miraron alucinados, ellos con envidia y ellas con deseo de poder disfrutar algún día de una polla como aquella.

Finalmente, se volvió a poner los pantalones y se sentó en su silla como si nada hubiera pasado.

Lidia que después de ese espectáculo se relamió los labios, tiró su dado.