La Destartalá 7
La sangre en el sótano no miente: Reme no ha desaparecido, ha sido asesinada. Álex y Mónica deben desentrañar los secretos de una casa antigua mientras sus compañeros de comisaria se dejan llevar por sus propios instintos en las sombras.
Álex fue a buscar el ordenador portátil, se sentó con Mónica en el sofá dejando el portátil en la mesita, los dos sentados en la punta del sofá miraban la pantalla. Álex escribió el nombre de la casa en el buscador, no salió ningún resultado, los dos se miraron.
-Es una casa muy vieja, en internet está claro que no hay nada, pero…- Le decía Mónica.
-En el Registro de la Propiedad ¡Claro hostia! ¿Por qué no lo habré pensado antes?- Se alegraba Álex.
-Lo que pasa es que es muy tarde, tendremos que ir mañana. Y antes pasaré por mi apartamento, quiero cambiarme de ropa.
-Mañana podríamos pasar por tu apartamento, recoges algo de ropa y estos días los pasamos juntos aquí ¿Te parece bien?
-¿Estás seguro Álex?- Se extrañaba Mónica.
-Mujer, yo lo digo porque si tenemos que investigar y eso, mientras no volvemos al trabajo, pues…
-Ya, es más cómodo hacerlo estando juntos.
-Claro, claro, por eso te lo pedía.
-Claro, claro.- Se le escapaba una risilla cachondeándose a Mónica.
Al día siguiente Álex acompañó a Mónica a su apartamento, ella recogió varias prendas de ropa, braguitas y sujetadores, metiéndolo todo en una bolsa, se puso algo limpio y volvieron al coche. De allí al Registro de la Propiedad, al identificarse como policías todo fue más fácil. Le dejaron el archivador con la información de la casa. Álex estudiaba cada hoja, Mónica apuntaba fechas y datos que les parecían interesantes de tenerlos, pasó una hoja, los dos leyeron con mucha atención, se miraron.
-José Valladolid Pisuerga, así se llamaba el propietario.- Decía Mónica.
-Sí, y como el Pisuerga pasa por Valladolid lo hicieron Marqués, Marqués de Ciudadseca, manda cojones.
Mónica fotografió con su móvil la hoja. Acabaron de mirar la documentación que quedaba, al final, los dos se miraban, parecía que faltaba alguna hoja. Volvieron a la casa de Álex, desde allí, sabiendo el nombre del sujeto, buscando por el ordenador encontraron más información. Descubrieron lo que Álex sospechaba, que mucha gente que hizo fortuna en aquellas tierras en aquellos tiempos, no lo hicieron con cosas normales, José Valladolid comenzó con una barca haciendo pequeños transportes, los transportes con la barca no debieron ser muy legales que digamos, porque a los pocos años tenía una flota de barcos atravesando el Atlántico, moviendo esclavos de África de un lado para el otro. El tío debía ser listo, le hizo a la corona española varios favores, dejándoles barcos sin cobrar y cosas por el estilo, eso le dio fama en la corte, hasta consiguió que le hicieran Marqués y todo el cabrón, pensaba Álex. El último lugar conocido donde vivió en ultramar fue en Haití, Mónica pegó un salto.
-¡Hostia Álex! Tenías razón, la chica de la foto tiene que ser haitiana, seguro.
-Y por lo que parece- Continuaba Alex.- cuando vino a vivir aquí fue un gran mecenas, ayudó a la gente y… ¡Hostia puta! Dio una gran cantidad de dinero para crear la universidad.
Acto seguido Álex buscó información sobre la universidad, todo lo que encontró era bueno, la buena labor que hacía ayudando a la gente necesitada y los premios que le habían concedido.
-Bueno, es verdad, eso ocurrió hace mucho tiempo, nadie de los responsables de la universidad tiene nada que ver con el Marqués.- Remarcaba Mónica al leer la web de la universidad.
-Creo que hemos descubierto bastantes cosas del tipo ese ¿Tienes hambre? Es hora de cenar.- Le decía Álex.
Cenaron tranquilamente, comentando las cosas que habían descubierto del Marqués, incluso sabían las fechas aproximadas de cuando abandonaron la casa. Pensaron que no fueron muchos años, por el motivo que fuera el Marqués y su familia se mudó, dejaron la casa allí, tal como estaba, no la vendieron ni nada y eso les sorprendía. Después de cenar miraron un rato la tele.
-Me voy a dormir Mónica, ha sido un día intenso y necesito descansar, sobre todo de la cabeza, eso de no ir a la comisaría lo llevo muy mal.- Le confesaba Álex.
-¿Quieres que duerma contigo o me quedo aquí en el sofá?
-¿Cómo te vas a quedar aquí mujer? Ya hemos dormido juntos algunas veces, no creo que sea tan raro ¿No?
Mónica se levantó de un salto, se agarró al brazo de Álex y caminaron hasta la habitación.
-No sé Álex, esto cada vez se parece más a estar emparejado, lo digo por ti.- Se cachondeaba Mónica.
-Esto es… pues eso… lo que está siendo entre nosotros.- Le respondía con una sonrisilla Álex.
-Sí, claro.- Respondía ella con otra sonrisilla.
-Y me gusta mucho, por cierto, me gusta estar contigo.
Le confesó Álex, ella lo miró con cariño.
-A mí también me gusta estar contigo Álex.- Le respondía Mónica.
Al día siguiente se levantaron sin prisas, a la hora que les dio la gana, estaban desayunando cuando sonó el móvil de Álex.
-Hola Lita.
-Álex, tengo malas noticias, me han confirmado que las muestras que saqué de encima de la mesa de la bodega son de sangre… y es la misma que la del pañuelo, así que…
Alex cerró los ojos y se puso la mano en la frente.
-¿Es posible que…?- Preguntaba Álex.
-No Álex, con esa cantidad de sangre perdida es imposible…
-Gracias Lita, ya te llamaré.
Álex colgó, muy serio, Mónica lo miró fijamente. Él le hizo un gesto con la cabeza, ella entendió lo que quería decir. A Mónica le empezaron a caer las lágrimas.
-No la conocía desde hace mucho, pero le había cogido cariño ¿Cómo le han podido hacer eso?- Se quejaba amargamente Mónica.
-Acaba de desayunar, nos vamos a ver al comisario.
-He perdido el apetito, Álex.
-Yo también, nos vestimos y nos vamos.
Se presentaron los dos en el despacho del comisario, este levantó la cabeza al verlos entrar.
-¿Qué coño hacéis aquí vosotros? No ha pasado ni dos días desde…
-¿No le ha llegado el informe?- Le decía Álex con mala leche.
-¿De qué informe me habla? Estoy de sus informes hasta los cojones.
En ese momento entró un agente entregándole un sobre.
-Ha llegado esto comisario, es de la policía científica.- Le dijo el agente, después desapareció.
-¿Qué es esto Álex?
-Esto es un asesinato señor, un crimen.
-Pero que dice hombre ¿En esta ciudad?
-La sangre del pañuelo coincide con la que estaba desparramada por todo el sótano, es de Reme, de Remedios Expósito, la víctima, tendremos que empezar a buscar el cadáver.
-Salgan del despacho por favor.- Les pidió el comisario.
-Señor, quería pedirle que la agente Mónica se incorpore a este caso…- Empezaba a decir Álex.
-A ustedes dos les tendría que haber suspendido de empleo y sueldo, pero viendo la gravedad del caso no lo haré.
-Así ¿Podemos estar por aquí?- Le preguntaba Mónica.
-No, siguen en activo, pero lárguense, no quiero verlos por la comisaria, den vueltas por las calles patrullando, hagan lo que quieran, lo que no quiero es verlos por aquí, tienen el poder de ponerme de los nervios cada vez que les veo, lárguense ya.
Mónica agarró de un brazo a su compañero para salir del despacho.
-Salgamos Álex, no ves que está muy afectado, no se esperaba que fuera lo que ha sido. Démosle un tiempo para que se recupere.
El comisario se quedó en su mesa, tapándose la cara con las manos. Soria paró a Álex cuando salió del despacho del comisario.
-¿Qué pasa? ¿Por qué está así el comisario?- Le preguntaba a Álex, intuyendo que algo grave había pasado.
-Lo del sótano de la casa, es un crimen, han matado a Reme.
La cara de Soria era un poema, no se lo podía creer ¿Cómo podía ocurrir algo así en aquella ciudad? Que lo más grave que ocurría, era que le desapareciera un gato a Catwoman.
Mónica salió al parking, se encontró con la agente García.
-¿Qué tal García?- Saludó a su amiga.
-Muy bien Mónica, no te lo puedes llegar a imaginar, me he vuelto a enamorar.
-¿Pero qué dices? ¿Y tú marido?- Se extrañaba Mónica, García reía.
-De él, de mi marido me he vuelto a enamorar, te hice caso el otro día, sabes, me compre lencería sexi y lo provoqué, tendrías que haberlo visto, bueno, mejor que no, que es solo para mí, se puso como una moto, pegamos un polvazo histórico, vuelvo a estar activa sexualmente.- Le explicaba García contenta.
-Me alegro mucho García.- Le contestaba Mónica sin muchos ánimos.
-¿Pasa algo? ¿Os han echado definitivamente?
-No, seguimos como agentes activos, lo que pasa es que… mira, sé que esto te va a impresionar, pero eres policía y tienes que saberlo, en el sótano de la casa… han matado a Reme.
García se puso las manos en la boca, le temblaron las piernas, como nadie en la comisaría, se esperaba algo así. Mónica la animó, después salió Álex y también habló con ella para tranquilizarla. García se quedó en la comisaría, Mónica y Álex se subieron al coche.
-¿Qué hacemos? ¿Damos unas vueltas en coche por la ciudad?- Preguntaba Mónica.
-No, vamos a seguir con el caso, visitaremos primero a la forense, a Lita, después iremos a la universidad, a ver si nos pueden ayudar en algo.
-No sé si al comisario le hará gracia que sigas investigando, ya has visto que no quiere ni vernos.
-Lo que quiera el comisario me lo paso por el forro de los cojones, se ha cometido un crimen, el cuerpo de Reme tiene que estar en algún sitio, no pienso dejar pasar los días y perder el tiempo en otras cosas con lo que ha ocurrido.
Salían con el coche por la barrera de la comisaría cuando los paró, colocándose delante, Catwoman. Álex bajó del coche.
-Señora por favor, que casi me la llevo por delante, no puede parar el coche así, mujer.
-Lo siento hijo, es que os he visto y he pensado en saludaros, venía a… bueno a eso…
-Se le ha perdido un gato.- Confirmaba Mónica, que también había salido del vehículo.
-Sí, por eso venía- Decía la señora sin mucha credibilidad.- ¿Ha pasado algo? Es que veo las caras muy tristes de todo el mundo aquí.
-Sí que ha pasado algo, pero usted no se preocupe. Nosotros daremos una vuelta con el coche a ver si encontramos a su gato.
Álex y Mónica volvían a meterse en el coche.
-Esperar, esperar.- Les pedía la señora. Álex abrió la ventanilla.
-¿Qué desea ahora?- Le preguntaba Álex algo impaciente.
-No sabéis que gato me ha desaparecido ¿Cómo lo vais a encontrar si no sabéis que buscar?
-Claro, claro, tiene razón ¿Cómo se llama?- Le preguntó Mónica, viendo que ha Álex se le acababa la paciencia.
-Sí, el que falta es… Donatello, sí Donatello.- Volvía a contestar la anciana con poca convicción.
-Muchas gracias señora.
Se despidió Álex, puso el coche en marcha, mientras se alejaban.
-Leonardo, Donatello ¿Le ha puesto a los gatos los nombres de las Tortugas Ninja?- Preguntaba Mónica.
-Yo que sé, no ves que la señora está pa’ ya’.
-Pues son bonitos.
-¿El qué?
-Los nombres, hombre, los nombres, tú también estás un poco pa’ ya’ ¡Eh!
-Es que tengo otras cosas en la cabeza, mujer.
-Ya sé que estás preocupado por el caso.
Le decía Mónica, intentando tranquilizarlo, aunque eso era imposible, se le veía tan interesado y metido mentalmente en lo ocurrido. Llegaron al depósito de cadáveres, Lita los fue a saludar cuando los vio entrar.
-Lo siento mucho, sé que la conocíais.
-Sí, yo la consideraba mi amiga, una buena chica.- Contestaba Mónica triste.
-¿Has podido descubrir algo nuevo?- Le preguntaba Álex.
-No, he pensado, creo que el cuerpo se lo debieron de llevar de allí en algo que no dejaba pasar la sangre, en un plástico o una caja. Las manchas estaba concentradas en la mesa y alrededores, si la hubieran trasladado de otra manera se notaría, habría descubierto un rastro de sangre.
-¿Y no había nada más? Marcas de suelas de zapato o algo así, el que lo hizo pisaría por allí ¿No?- Preguntaba Mónica.
-Seguro que pisó, había trozos del suelo que se notaban pisadas, pero ni una huella, es como si llevara zapatos o zapatillas con la suela totalmente plana, y con forma distinta a una suela normal…
-¿Cómo que distinta?-Preguntaba Álex.
-En forma rectangular, y muy grandes, o esa persona tenía los pies muy grandes o no lo entiendo, y que el zapato fuera tan rectangular lo entiendo menos.
-Pues habrá que seguir investigando.- Decía Álex.
-He hablado con Soria, me vendrá a buscar para volver a la casa, quiero procesarla entera.
-Vale, acuérdate de mirar en la buhardilla, les hice unas fotos a varios marcos, ya que estás mira bien por allí, puede que algo se me pasara.
Álex le enseñó las fotografías que había tomado en la buhardilla, Lita las miró.
-Unas fotografías muy antiguas.- Dijo Lita.
-Sí, así es, es la familia del propietario, un Marqués.- Confirmó Mónica.
-Bueno, nosotros vamos a preguntar en la universidad por Reme.
Dijo Álex, saliendo de la habitación con Mónica.
Mónica y Álex bajaron del coche en la universidad. A un lado se veía el edificio de la universidad, en el otro la residencia de estudiantes, en la puerta había varios chicos y chicas. Se dirigieron allí.
-Hola chicos ¿Conocéis a Reme?- Preguntaba Mónica.
-¿Reme?- Preguntaba uno de los chicos.
Mónica buscó en el móvil y les enseñó una foto que se había hecho con ella. Los chicos les dijeron que no la conocían. Mónica se acercó a otro grupo de chicos, Álex se quedó con el primer grupo.
-¿Habéis notado algo raro por aquí?
-Estos días son raros señor, estamos de vacaciones, mucha gente se va y los que nos quedamos intentamos pasar los días de la mejor manera posible.
Mónica les enseñó la foto al otro grupo, la mayoría de los chicos le dijeron que no la conocían.
-Yo salí una vez con ella, con ella, con su amiga negrita y más gente.
-¿Con su amiga Magui?- Preguntaba Mónica.
-No me acuerdo del nombre, me suena Magui, puede ser.
-Si era negra, era Magui.
-Sí, sí, era de raza negra, eso seguro.
-A Reme ¿La has visto por aquí?- Seguía preguntando Mónica.
-No la he vuelto a ver, creo que vive fuera del campus.
-Vale chicos, muchas gracias.- Les agradeció Mónica.
Se juntó con Álex.
-¿Alguna cosa?- Preguntó Álex.
-No, una chica salió una vez con ella y más gente, nada más, aparte que no la han visto por aquí ¿Y tú? ¿Tienes algo?
-Nada, que son días raros en la universidad.
Los dos miraban el edificio de la universidad.
Soria, acompañado de la forense Lita, paró el coche delante de la verja de ‘La Destartalá’, se miraron y se tiraron a besarse como locos, Soria la ayudó a ella a pasar al asiento trasero, después pasó él, sin perder tiempo le desabrochó el pantalón y se lo quitó, le apartó las bragas y se tiró a comerle el coño con ganas. Lita gemía.
-Podíamos haber ido después a mi apartamento.- Le decía Lita.
-No tengo tiempo, me apetece aquí y ahora.
Le contestaba Soria, mientras la giró, le levantó un poco el culo, le bajó las bragas, se desabrochó el pantalón, se lo bajó con los calzoncillos, se pajeó un poco la polla para ponérsela dura del todo, se medio estiró encima de ella y le pegó un pollazo penetrándola, que hizo gritar de gusto a Lita. Soria movía el culo, le sacaba la polla todo lo que podía del coño y se la volvía a meter de golpe, con dureza, ella gritaba, él gruñía y gemía. Con unos cuantos pollazos Lita se corrió, al oír como Lita se corría, lo hizo él, vaciándose totalmente dentro de ella.
Lita abrió la puerta trasera del coche, salió y se colocó bien las bragas y el pantalón, por la otra puerta salió Soria.
-¡Joder que frio! Se me va a congelar el chichi, tío.- Le decía riendo Lita.
-Vamos a trabajar anda.- Le respondía serio, muy profesional, Soria.
-Sí, claro, como ya has pegado tu polvete, te has quedado tranquilo.
Soria reía mientras cortaba la cinta de la policía de la verja, ella recogía del maletero del coche su maletín de trabajo.
Mónica y Álex atravesaron el césped que había delante de la residencia, atravesaron la calle, después el césped delantero de la entrada principal de la universidad, entraron y se pararon a mirar el edifico por dentro.
-Es bonito el edificio.- Opinaba Mónica.
-Sí, estos edificios tan antiguos, tan clásicos, con sus columnas y arcos, son bonitos, sí.
No veían a nadie por allí, que diferente debería ser aquello cuando los chicos tenían clases, pensaba Mónica, un sin parar de pasar gente para arriba y para abajo.
Rectoría 3ª planta, pudieron leer en un cartel. Se miraron los dos y empezaron a subir unas escaleras muy elegantes, con el pasamano de madera reluciente. Al llegar a la planta, justo delante de las escaleras, en una puerta, indicaba que era la Rectoría. Abrieron la puerta, vieron varias mesas con sus ordenadores, no había nadie, están todos de vacaciones navideñas, pensó Mónica. A la derecha vieron una puerta cerrada, Álex la abrió sin llamar, era un despacho muy amplio, al fondo había una mesa muy grande, una mesa de madera, muy trabajada por algún antiguo artesano. Sentado detrás de ella, un chico joven miraba la pantalla de un ordenador, hasta que entraron ellos, entonces los miraba sorprendido a ellos dos.
-Somos de la policía, yo soy el inspector Álex y ella mi compañera Mónica.- Se presentaba Álex enseñándole la placa.
-Buenos días, les saludaba educadamente el chico.
-La mesa es muy bonita.- Le decía Mónica para romper el hielo.
-Sí, y muy antigua, es la misma desde que se creó esta universidad.- Respondía el chico mientras la miraba.
-Verá, queríamos hablar con el rector, que desde luego no es usted.- Decía Álex.
-No, no soy yo- Respondía el chico riendo.- es mi padre, debe estar a punto de llegar.
-Su padre y el rector, ese soy yo.
Escucharon una voz detrás de ellos, se giraron, había llegado el rector.
-Buenos días rector.
-Buenos días Álex… y señora ¿O es señorita? creo que es la primera vez que te veo por la universidad.- Decía el rector mirando a Álex.
-Buenos días señor, es señorita.- Respondió Mónica.
-Es cierto, es la primera vez que vengo, por desgracia…- Respondía Álex.
-Tú, igual que mi hijo no sois muy tradicionales.
-Bueno papá, te dejo con ellos, tengo cosas que hacer.
El hijo se despidió y salió por la puerta, el rector se sentó detrás de su mesa, con un gesto con la mano les invitó a sentarse en las sillas delante de la mesa.
-Vosotros diréis.
-Verá rector, tenemos la denuncia de una desaparición, una chica que estudia aquí. Reme, Remedios Expósito.
-Aquí estudia mucha gente, no puedo acordarme de los nombres de todos los alumnos.
-Es una de las becadas, pero no vive en la residencia, vive fuera, en la ciudad, no creo que sean tantas chicas las que estén en esa situación.- Le comentaba Mónica, como había visto que Álex no le habló de un crimen, si no de una desaparición, ella le siguió la cuerda.
El rector tecleó en el ordenador, giró la pantalla y les enseñó la ficha de Reme.
-Esta es Remedios Expósito.- Les decía el rector.
-Sí señor, es ella.- Afirmaba Mónica.
-Pues está desaparecida, desde el día de los fuegos artificiales para finalizar las fiestas.- Le informaba Álex.
-¿Y quién dicen que ha puesto una denuncia?- Preguntaba el rector.
-Una amiga, quedó con ella, no se presentó ni la ha vuelto a ver.- Le hablaba Álex.
El rector pensaba.
-Mira Álex, en esta universidad tenemos a muchos chicos y chicas becados, eso ya lo sabes, que conste que estoy contento de poder hacerlo y ayudar a quien lo necesita, pero… esos chicos muchas veces no están preparados para las exigencias de una carrera universitaria, cada vez que tienen vacaciones o días de fiesta, desaparece alguno, o varios, aprovechan para irse, nos abandonan.
-No creo que sea ese el caso, ella estaba contenta de estudiar aquí.- Le decía Mónica.
-¿La conocía señorita?- Preguntaba el rector.
Antes que pudiera contestar Mónica, contestó Álex.
-No señor, no la conocíamos, pero hemos hablado con algunos amigos suyos.
-¿Tenía muchos amigos? Qué raro, no suele ser así.
-Pues parece ser que Reme si era así, tenía muchos y todos la querían.- Respondía Mónica.
El rector pensaba, ellos callaban.
-Bueno, en todo caso, cuando empiecen las clases de nuevo, podremos comprobar si se presenta o definitivamente nos ha abandonado. Ahora si me disculpan, tengo varias llamadas que hacer.
Daba por concluida la conversación el rector, Mónica y Álex se levantaron, se despidieron y se fueron.
Antes de ir a almorzar, pasaron por el apartamento de Reme, Álex sacó una ganzúa y entraron, estaba totalmente vacío, muy limpio, las estanterías estaban vacías, los armarios de la habitación también, estaba preparado para volver a ser alquilado. Mónica llamó a Magui.
-Escucha Magui ¿Tú has vaciado el apartamento de Reme…? Sí, está completamente vacío, ni libros ni ropa, ni nada.- Habló algo más con Magui y colgó.
-Ella no ha sido, alguien lo debe haber hecho.- Confirmó Mónica.
-¡Joder! Qué raro.- Se quejaba Álex.
Por la tarde, en la casa de Álex, seguían buscando información por internet. Lita llamó a Álex.
-Hola Lita.
-Hola Álex ¿No decías que en la buhardilla habían unas fotos? Pues no he visto nada.
-Sí ¡Coño! Las has visto antes en mi móvil, estaban en la estantería.
-Mira Álex, en la única estantería que hay no he visto nada, además, estaba llena de mierda, de polvo, allí no había nada.
-¡Joder! Se las deben de haber llevado…
-Que no, que te digo que la estantería estaba llena de polvo, si se las hubieran llevado se notaría el polvo movido o algo, allí nadie ha tocado nada durante mucho tiempo.
-¡Coño! Si yo le hice unas fotos, y antes cogí las fotos para limpiarles el polvo y poder fotografiarlas, el polvo tiene que estar movido seguro.
-Pues sería en otro sitio, porque no habían marcos de fotos ni polvo movido ni nada.
Confirmaba totalmente segura Lita, Álex no quiso seguir con aquella conversación, no tenía sentido nada de lo que estaba pasando. Volvió a mirar las fotografías de su móvil con Mónica, ella fue testigo como las fotografió, aunque en realidad, desde la posición que estaba, por no poderse acercar debido al mal estado del piso de madera, no las había visto, ella nunca vio esos marcos con fotografías, le creyó a él, confió en su palabra, pero no podría jurar que esas fotografías existían, pero… si las había fotografiado Álex, es que estaban ¿O no? Mónica se estaba haciendo un lio.
En otra ciudad, a más de doscientos kilómetros de allí, un hombre atractivo, con prominentes hombros por hacer mucho ejercicio, atravesaba una calle y entraba en un hotel. Saludó al recepcionista y recorrió la distancia hasta los ascensores, entró en uno, marcó la tercera planta, salió del ascensor, fue mirando en las puertas el número de habitación, hasta llegar a una y pararse delante, se puso bien la chaqueta y llamó con los nudillos. Una mujer, con un albornoz puesto le abrió, lo miró de abajo a arriba, con la cabeza le hizo un gesto para que entrara en la habitación. Ella se sentó en la cama, él se quedó delante, mirándola.
-Quítate la ropa.- Le ordenó la mujer.
-¿Así, tal cual, sin previos ni nada?
-Déjate de previos y pollas, desnúdate, ya te lo dije, si no me gusta lo que veo, te largas.
-Vale, vale.- Le contestó el hombre.
Se desnudó, completamente, se quedó delante de ella igual que había venido al mundo. Ella lo miraba seria, un vistazo general y con un poco más de atención en la polla.
-Está bien, cómeme el coño.
Le dijo quitándose el albornoz, ella también estaba totalmente en pelotas. El tío alucinaba, en todo el tiempo que se había dedicado a hacer de gigoló, no se había encontrado en una situación como aquella. Bueno, ella paga, ella manda, pensó, se amorró y le empezó a comer el coño, cuando llevaba un buen rato, y ella gimiendo del gustillo, se le cansaba la boca, intentó separarse, ella le empujó la cabeza para que siguiera.
-Si te cansas, te jodes, no pares, sigue que lo haces bien.
Le volvía a ordenar, le hizo estar un buen rato más. Cuando la tía se cansó, le estiró del pelo para que sacara la cabeza de en medio de sus piernas.
-Toma, ponte este condón, ahora te voy a follar.
-Los condones están incluidos en el precio.- Le decía él.
-No me fio de tus condones, prefiero usar los míos, póntelo ya.
El tío se lo puso, ella le dejó espacio en la cama para que se estirara, él intentó acariciarla, ella le dio un manotazo apartándole la mano.
-No me acaricies, no me toques, quédate quieto.- Volvió de nuevo a ordenarle.
Él se quedó quieto, ella lo montó, se movió cabalgándolo como le dio la gana y se corrió. Se salió de encima y se puso el albornoz de nuevo.
-Vístete y vete, en ese cajón tienes el dinero, no tardes.- Le dijo ella entrando y cerrando la puerta del cuarto de baño.
El tío, viendo la mala leche que gastaba la colega, no le dijo nada, pensó que le había pagado para estar toda la noche, esa era su tarifa, pero si lo trataba así, que le dieran por culo, un dinero fácil de ganar. El tío se vistió y se fue.
Ella salió vestida del cuarto de baño, se miró al espejo de cuerpo entero que había en la habitación, sacó del bolso una funda con una pistola dentro, se la fijó al pantalón por la parte de atrás, después, sacó una placa de la policía, se la colocó en la parte delantera del pantalón, se cerró la chaqueta para que no se viera ni la pistola ni la placa, luego abrió la puerta y salió de la habitación.
Continúa en
- Relato #203201— title-regex: contiguous parts (6 -> 7)
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