La Destartalá 4
En la comisaría, las apariencias engañan: mientras uno escribe informes y el otro busca análisis forenses, ambos encuentran su propia forma de investigar el placer. La forense espera en el depósito de cadáveres, y la amiga espera en el sofá; la pregunta es quién llega primero al clímax.
...
Álex conducía, a su lado, Soria.
-¿Nosotros que hacemos?- Preguntaba Soria.
-Que vamos a hacer, llevarle esto a la policía científica para que lo analice, la forense vamos, es la única policía científica que tenemos aquí.
-¡Ah! Vale, sabes que hay una forense nueva, llegó hace muy poco.
-No lo sabía.
-A mí me lo dijo un compañero.
-Mucha información tienes tú, seguro que está buena.
-Pues sí, por eso me lo dijo el compañero.
-Eres un sinvergüenza Soria.
Los dos reían.
Llegaron al hospital de la ciudad, el único que había. Bajaron al sótano, donde estaba el depósito de cadáveres. Una mujer, muy guapa como le había dicho Soria, con una bata blanca les miraba sorprendida.
-Somos de la policía.- Le decía Álex enseñándole la placa.- este es el subinspector Soria y yo el inspector Álex.
-Llegan muy tarde, ya me iba a almorzar ¿Qué pasa?- Le hablaba molesta la forense.
-Ya me dijeron que había llegado una forense muy guapa, pero te aseguro que se quedó muy corto el que me lo dijo, eres preciosa ¿Cómo alguien como tú puede ser forense?
-No sé… yo- Intentaba responder sorprendida la forense.
-Dinos tú nombre preciosa.
-Lita, me llamo Lita.
-Pues Lita, eres la mujer más hermosa de esta ciudad, de lejos.- Insistía Soria.
Álex le dio un golpe en el hombro.
-Para ya ¡Coño! Que estás casado y con hijos.
-¡Vaya! El casado es el simpático, porque tú eres más soso que la hostia.- Le decía la forense a Álex.
-Estamos aquí para trabajar, le traigo este pañuelo, necesitaría que lo analizase.
Le decía Álex, enseñándole la bolsa con el pañuelo dentro. Lita agarró la bolsa y la tiró encima de una mesa de despacho que había.
-¿Cree que habrá algo interesante? Será sangre, o eso parece, nada más.- Decía la forense sin hacerle mucho caso al pañuelo.
-Si aquí nunca pasa nada hombre.- Insistía Soria.
-Ya lo sé que nunca pasa nada, pero es la primera vez que puedo rellenar un informe para el comisario, me hace ilusión ¡Hostia!
-Así que usted es un forofo del trabajo.- Le acusaba la forense.
-¡Uff! No lo sabes bien.- Se cachondeaba Soria.
-Vale, lo analizaré por el subinspector, que es muy agradable.
-Mire, analícelo por lo que quiera, pero analícelo.- Le contestaba Álex caminando hacia la puerta para irse.
Soria se despedía de la forense con una sonrisilla, ella se la devolvía mirándole a los ojos. Los compañeros subieron de nuevo en el coche.
-¿Supongo que ya pararemos de ir para arriba y para abajo?- Preguntaba Soria.
Álex miraba el reloj.
-Sí, ya es muy tarde, vamos a la comisaría.
-Y tanto que es tarde, toda la puta mañana por un pañuelo de los cojones.
-Vale ya tío ¿Y el rato que hemos pasado en aquella bodega? ¿Eso no cuenta?
-Sí hombre sí, tengo que reconocer que me lo he pasado bien, sobre todo viéndole la cara a García.
-Que cabrón eres.
Los dos reían, Álex aparcaba en la comisaría, Soria se bajaba del coche de Álex y se subía al suyo.
-La mañana ha estado muy bien pero yo me voy, adiós tío.- Se despedía Soria.
-Yo voy a hacer un informe para el comisario.- Le decía Álex.
-Desde luego que estás enfermo tío.- Se cachondeaba Soria.
Álex entró en la comisaría, Mónica ya había acabado el turno y no estaba, sacó el móvil y la llamó.
-Hola Álex ¿Estás bien?
-Muy bien.
-Me ha explicado García lo que ha pasado esta mañana, debes estar contento.
-Pues sí, por fin algo que hacer. Escucha ¿Nos podemos ver? Tengo ganas de explicarte toda la aventura de esta mañana.
-¡Ey! Tú pidiéndome que nos veamos, eso sí que es noticia.
-Somos amigos ¿No? Eres mi mejor amiga, ya lo sabes.
-Claro, claro, estoy en mi apartamento, ven cuando quieras, no me moveré en toda la tarde.
-Vale, preparo un informe para el comisario y voy a tú casa.
-¿Un informe? ¿Quieres decir que es necesario, Álex?
-No creo la verdad, pero me hace ilusión escribir mi primer informe en esta comisaría.- Mónica reía.
Soria había vuelto al depósito de cadáveres, abrió la puerta, vio a Lita sentada en su mesa comiendo, entró y cerró la puerta por dentro.
-Hola subinspector ¿Se le ha olvidado algo?- Le preguntaba la forense con una sonrisilla.
Soria se acercaba, vio que la forense estaba comiendo alitas de pollo.
-Algo muy importante.- Le contestaba cuando ya estaba a su lado.
-Pues usted dirá.- Se seguía cachondeando Lita.
Soria la agarró por un brazo levantándola de la silla, se colocó detrás de ella.
-Antes me he ido sin cachearla, me tengo que asegurar que no lleve encima nada peligroso.- Le decía mientras le pasaba las manos por la barriga, subiéndolas a las tetas, amasándoselas.
Lita había cerrado los ojos apoyando las manos encima de la mesa, resoplaba excitada. Soria le agarró las manos, la apartó un poco, más que nada para no estirarla encima de las alitas de pollo. Le empujó suavemente por la espalda, esto hizo que la forense apoyara las tetas encima de varias carpetas que tenía encima de la mesa. Soria se arrodilló por detrás, le fue subiendo la bata lentamente, hasta que le quedaron las bragas a la altura de sus ojos, le levantó un poco el culo y le metió toda la cara en el coño, por encima de las bragas, a Lita se le escapó un pequeño grito. Soria le chupaba las bragas, por encima del coño y del agujero del culo, de un tirón le bajó las bragas a los tobillos. Ella separó lo que pudo las piernas, Soria, ahora sí, le comía el coño por detrás con ganas, le pasaba la lengua por todos los lados, subiendo al ojete mojándoselo también con saliva.
Cuando se hartó de pasarle la lengua de delante a atrás y de atrás adelante, se puso de pie, se desabrochó el pantalón, se lo bajó, después también se bajó los calzoncillos, se agarró la polla, que la tenía más dura que el cemento armado, le pasó la punta por el chichi para lubricarla. Lita seguía con las tetas apoyadas en la mesa, mirando para adelante, deseando que Soria se la metiera, cuando se levantó aquella mañana notó que estaba cachonda, no tuvo tiempo de hacerse una paja porque era muy tarde, pero en unos momentos le iban a compensar no habérsela hecho, pensaba la forense. Soria le apuntó la punta de la polla en la entrada de la vagina, notó que se introducía con facilidad, por lo mojado que tenía ella el coño y la punta de su polla. Empujó con todas sus fuerzas, le pegó un pollazo a la forense que ella pensaba que le iba a salir la polla por la boca, la mesa se movió de donde estaba, Lita pegó un grito, después otro, y otro, uno con cada embestida de Soria, que se la estaba follando a toda máquina, loco perdido, pensando que aquella mujer era la mujer más guapa que se había follado nunca. Con las manos le amasaba el culo, se lo abría, para poder penetrarla más profundamente, Lita gritaba más fuerte, él se la metía con más dureza, sonando unos golpes tremendos del cuerpo de Soria al chocar contra el culo de Lita. A la forense se lo pusieron los ojos en blanco y se corrió, con la boca abierta, dejando salir los gemidos y gritos del orgasmo.
Soria paró de darle caña al verla así, dejó que Lita recuperara un poco el resuello, mientras tanto se mojaba dos dedos con saliva, para pasárselos por el agujero del culo. Ella se giró, mirándole a los ojos, le parecía un poco atrevido que ese tío quisiera metérsela en el culo la primera vez que follaban, después pensó, con la follada y el orgasmo que me ha regalado, que haga lo que quiera. Y eso es lo que hacía Soria, lo que quería, le abría el culo, le apuntaba la polla en el agujerito, apretó un par de veces sin conseguir meterla, le metió un dedo dentro para dilatarlo un poco, volvió a probar, se le resbaló, la volvió a apuntar, intentando encajar bien la puntita de la polla con el agujerito, esta vez notó como empezaba a entrar, a abrirse el agujero, apretó hasta que le metió el capullo, entonces el agujero se cerró detrás, presionándole la polla. Lita suspiró, Soria apretó un poco más, le metió media polla, Lita volvió a suspirar, Soria le metió la polla entera, Lita se agarró con fuerza a la mesa. Soria se la sacó un par de centímetros, se la volvió a meter de un golpe seco, Lita dio un pequeño grito, se la volvió a sacar casi hasta la mitad, metiéndosela de nuevo con otro golpe seco, el grito de Lita fue más fuerte que el anterior, Soria le sacó algo más de media polla del culo, de otro golpe seco y duro se la metió, Lita se agarró con más fuerza a la mesa volviendo a gritar, esta vez se la sacó casi toda, le dejó dentro el glande, de otro golpe de cintura empotró a Lita contra la mesa, otro grito de ella, otro gruñido de él. A partir de ahí, Soria se perdió, volvió a enloquecer, ahora follándosela por el culo, escuchando los gritos de Lita, como en cada empujón, la polla entraba más suave en las entrañas de la forense, como ella se iba relajando y disfrutando, como los gritos se convertían en gemidos. Soria podía ver desde su posición como el agujero del culo de Lita se había dilatado una barbaridad, la polla le entraba sin ningún esfuerzo, lo que era un esfuerzo era aguantar sin correrse, y no aguantó mucho más, gruñó, gritó, gimió y le dejó el culo lleno de leche a la forense.
Lita se incorporó y se giró, se subió las bragas, miró a los ojos a Soria… y le dio un beso en los labios.
-Ha estado muy bien, llámame cuando quieras.
Le dijo Lita, recogiendo de encima de la mesa una de sus tarjetas dándosela a Soria. Cuando la forense volvió del cuarto de baño, Soria ya había desaparecido, Lita miró la puerta medio abierta con una sonrisa.
Álex llegó al apartamento de Mónica a media tarde.
-¿Has comido?- Le preguntaba ella preocupada.
-No, no he tenido tiempo.
-¿No has tenido tiempo? Lo que te ha pasado es que te has emocionado con lo de esta mañana y has disfrutado como un verraco haciendo el informe, que te conozco.
Álex reía. Mónica le sacaba un plato de comida y unos cubiertos de la cocina para que comiera, se sentaron los dos en la mesa, Álex, mientras comía le explicaba todo lo ocurrido.
-Ya me había explicado algo García, ha llegado a la comisaría con una cara de susto la pobre, tremenda.
-No ha sido para tanto, la casa por dentro es un poco tétrica eso sí.
-Por dentro y por fuera.
-Bueno, sí, es tétrica toda entera.- Volvía a reír Álex.
-¿Y lo del pañuelo con sangre?
-Parece sangre, pero puede ser por cualquier cosa, alguien que se cortó con algo, vete a saber. De momento lo están analizando.
-¿Analizando?
-Es lo mismo que me ha dicho Soria, que para qué, pues mira, así sabremos si es sangre o no, si es humana o no, yo que sé, nos distraeremos unos días.
-¿Te quedarás la tarde conmigo?- Le preguntaba cariñosa Mónica.
-No tengo nada que hacer.
Mónica iba vestida con un chándal para estar cómoda en su casa, Álex se descalzó y se tumbó en un sofá, Mónica a su lado apoyaba la cabeza en el pecho de Álex, él le acariciaba el pelo mientras miraban una película.
-Esto parece otra cosa, no solo dos amigos viendo una película juntos.- Opinaba Mónica.
-¿Somos amigos, no? No pasa nada si nos acariciamos un poco.
-Claro, claro.- Se cachondeaba Mónica.
Mónica se fue colocando de lado, Álex también, acabaron haciendo la cucharita, la mano de Álex le acariciaba desde la cadera hasta la pierna, arriba y abajo, abajo y arriba, ella sonreía mirando la tele, sabía que aquella mano acabaría haciendo algo. Y no se equivocó, en una de las bajadas se coló por dentro del pantalón del chándal y de las bragas agarrándole el culo, Mónica se colocó bien, para que Álex tuviera libertad para hacer lo que quisiera. Él fue bajando un dedo por la raja del culo, se entretuvo un momento acariciándole el agujerito, ella suspiró excitada, el dedo siguió bajando, llegó al coño, dio varias vueltas por el alrededor de la entrada de la vagina, se introdujo un poquito, Álex notó la humedad, la estaba poniendo cardiaca, pensó. Siguió acariciándole los labios vaginales, Mónica jadeó, el dedo le apretaba donde tenía que apretar, frotaba donde tenía que frotar, le acariciaba el clítoris con tranquilidad, realmente la estaba poniendo cardiaca perdida. Mónica cerraba los ojos y gemía, pudo escuchar un sonido, el ruido al desabrocharse un cinturón, Álex se iba a bajar el pantalón, lo confirmó al dejar de tocarle el chichi para utilizar las dos manos para bajarse y quitarse el pantalón y la ropa interior. Mónica sacó un poco más el culo, Álex se colocó bien, se agarró la polla, le pasó la punta varias veces por el agujerito del coño para lubricársela y… se la fue metiendo poco a poco.
Los dos resoplaron mientras entraba, Mónica se agarraba al sofá, que gusto le daba notar la polla de Álex penetrándola en aquella posición, al tener las piernas cerradas la notaba muchísimo, él también notaba que entraba más apretada y más tiesa se le ponía. Álex comenzó un pequeño vaivén con la cintura, metiéndole y sacándole la polla del coño, ella, colocando un brazo para atrás intentaba rodear la cabeza de Álex, mientras él le comía el cuello y la oreja, le gemía en el oído, ella se excitaba, le gustaba la voz de Álex, cantando y excitado, sobre todo cuando se corría, pero para eso todavía quedaba un rato, pensaba Mónica con los ojos cerrados, gimiendo en cada suave empujón de Álex.
Mónica, cambió la mano que rodeaba la cabeza de Álex, apoyándola en su culo, apretándoselo, marcándole adelante y atrás el ritmo, Álex lo seguía, veía a Mónica muy excitada, gimiendo, abriendo la boca, cerrando los ojos, disfrutando de cada momento de aquella bonita follada, se fueron excitando, aumentando el ritmo, hasta correrse los dos a la vez.
Respiraban profundamente, sin decirse nada ¿Qué se podían decir? Que ella disfrutaba cada momento que pasaba en la compañía de Álex, que le gustaba todo de él, pero que ella siempre había pensado en tener una pareja estable cuando fuera más mayor, que en esos momentos debería disfrutar de la vida sin ningún compromiso, sin ataduras, hacer lo que quisiera cuando quisiera sin darle una explicación a nadie. O él ¿Qué iba a decir? Que ella era una gran persona, una mujer por la cualquier hombre se cortaría un brazo por follársela, que la complicidad que tenían follando no era normal, que ella había conseguido lo que nadie había conseguido durante muchos años, que volviera a tener ganas de reír, de estar con ella, no, no le podía decir nada de eso, Álex necesitaba ordenar sus sentimientos para poder ser feliz con Mónica. La parte positiva para Álex, era que sentía que en algún momento podría conseguirlo, sentía que podría volver a ser feliz teniendo una relación.
Mónica se subió las bragas y los pantalones del chándal, él se puso la ropa interior, siguieron en la misma posición, muy juntos, ella de lado, Álex detrás, apretado al cuerpo de Mónica, abrazándola, dándole besitos en el cuello, ella miraba la tele, sintiendo el abrazo de Álex, sintiendo sus labios recorriéndole el cuello, Mónica miraba la tele con una sonrisa, que bien estaba en ese momento.
Pasaron varios días sin novedades, no pasaba nada relevante, lo habitual en la ciudad. El día treinta y uno por la mañana trabajaron, por la tarde descansaron un rato. Más tarde fueron a la casa de Soria y Susan, abrazos, besos para saludarse y muchas ganas de los cuatro por recibir el nuevo año con alegría.
-¿Y los niños?- Preguntaba Álex.
-Los hemos llevado con mis padres esta tarde.- Contestaba Susan.
-Me hacía ilusión verlos, deben estar muy crecidos ya.- Le decía Álex.
-Y a mí conocerlos.- Añadía Mónica.
-Mirar, ya los veréis otro día, así estaremos más tranquilos, podemos beber más de la cuenta o lo que sea sin preocuparnos.- Aclaraba Soria.
-Con ese ‘lo que sea’ no sé a qué te puedes referir Soria.- Se cachondeaba Mónica.
-Madre mía, de este cualquier cosa, hacer una o orgía o algo así, con lo pervertido que es.- Se cachondeaba Álex.
-Es que mi hombre tiene una mente muy calenturienta.- Reía Susan diciéndolo.
-La que me pones caliente eres tú cariño.- Le decía Soria agarrándole el culo a su mujer.
-¿Qué dices hombre?- Le recriminaba Susan a su marido.
-No te hagas la estrecha, que sé perfectamente que te lees los relatos del depravado ese de Akuaries, que hay que ver como describe el sexo el colega, que vicio, más explicito no puede ser.
-¡Escucha! Que eso son cosas íntimas tío, no las puedes ir diciendo así como así.- Se quejaba Susan, Mónica y Álex reían.
Cenaron con una buena conversación, hablaron mucho de la novedad en la policía aquellos últimos días, donde ellos dos habían sido los principales artistas, Susan les explicó algunos de los relatos de Akuaries, o más o menos, tampoco los iba a explicar con todo detalle. Se tomaron los postres y esperaron las campanadas para tomarse las uvas, brindaron con cava y le dieron la bienvenida al nuevo año.
Soria le señaló a Álex el piano que le habían comprado a su hijo mayor, Álex tuvo claro que le tocaba cantar alguna cosa esa noche. Les cantó ‘Sign of the Times’ de Harry Styles.
-Parece que canta canciones más animadas ¿Verdad?- Le decía Susan a Mónica al oído.
-Sí, eso parece.- Le contestaba Mónica, mirando y escuchando a Álex.
Después se tomaron varias copas, entre risas, anécdotas y mucho alcohol, acabaron la noche.
Mónica y Álex, volvían al apartamento de ella en el coche de él.
-Supongo que te quedarás a dormir, no son horas para volver a tu casa bebido.- Le decía Mónica.
-Mejor me quedo, sí.- Respondía Álex.
Los dos se sonreían, los dos pensaban lo mismo, mucho mejor despertarse el primer día del año acompañados que solos. No solo durmieron, ya que estaban allí, aprovecharon para pasar el día uno de enero juntos. Por la noche, Álex se fue a su casa, así el día siguiente se podría cambiar de ropa antes de ir a trabajar.
Se saludaron con Mónica en la comisaría, Álex se sentó en su mesa, repasaba el informe que le había enviado al comisario cuando lo vio entrar.
-Señor, le envié un informe de todo lo ocurrido en ‘La
Destartalá’.
-¿Un informe?- Le preguntaba el comisario.
-Se lo dejé en su mesa señor.
-Es que le hacía ilusión escribirlo, sabe.- Se cachondeaba Soria, que acababa de entrar.
El comisario reía, levantó la mano a modo de despedida y se metió en su despacho, buscó encima de su mesa, vio una nueva carpeta, el informe de Álex. Álex y Soria hablaban cada uno sentado en su mesa. Salió el comisario de su despacho.
-Álex ¿Has enviado a analizar ese pañuelo?- Le preguntaba el comisario.
-Bueno, sí, para tener más información.
-Me lo tenías que haber consultado, después me riñen en la central por hacer gastos innecesarios.
-¡Hombre! Por un simple análisis de un pañuelo, no será para tanto.- Defendía Soria a Álex.
-No sabéis como son esos de la central, unos cabrones, unos cabrones es lo que son.
El comisario se volvía a su despacho, Soria y Álex se sonreían. Fue pasando la mañana, sin nada que hacer claro. A última hora, Soria hacía un rato que se había ido, Álex estaba a punto de recoger para marcharse, sonó el teléfono de su mesa.
-Dime Mónica.
-Hay una llamada para ti, es la forense.
-Pásamela, a ver si tiene novedades.
-Hola Lita.
-Hola inspector, parece que hoy está más simpático, no me llama de usted ni nada.
-Bueno, es mejor tener buen rollo con los compañeros ¿No?
-Como tú digas. Mira, la sangre del pañuelo, me han confirmado que es sangre humana.
-Es decir, es de una persona…
-¡Hombre! Si es humana, será de alguien, desde luego, como se nota que eres policía.
-Perdona, perdona, es que me he dejado llevar por la emoción ¿Alguna cosa más?
-Nada más, solo que al ser humana, la he enviado al laboratorio central de la policía para que saquen el ADN, aquí no lo podemos hacer. Ya que jugamos, jugamos hasta el final, así podréis detener al gamberro que entró en la casa.
-Me parece bien, así alargaremos la intriga, espero noticias.
-Adiós inspector.
La forense colgó la llamada.
-¿Puedo continuar ya?- Le preguntaba Soria a la forense, estaba colocado detrás de ella, le había levantado la bata, bajado las bragas y estaba a punto de meterle la polla en el coño.
-Ya puedes seguir, tenía que hacer esta llamada antes, impaciente.
-Impaciente, te vas a enterar.
Soria, le pegó un pollazo tremendo, Lita gritó de gusto, se la volvió a follar con dureza, agarrándola por las caderas, sujetándola firmemente mientras la empotraba una vez detrás de otra.
Álex salió del trabajo para almorzar, se encontró con Mónica.
-¿Comemos?- Le preguntó Mónica.
-Comamos, le decía Álex con una sonrisa.
En ese momento salió de la comisaría García.
-¿Vais a comer?- Les preguntaba.
-¿No te has traído la comida hoy?- Preguntaba Mónica.
-Entre el fin de año y ayer con toda la familia, que quieres que te diga, no tuve ganas de prepararme nada para hoy.- Les explicaba la agente García.
-Hoy voy a almorzar protegido por dos agentes de la policía.- Se cachondeaba Álex al ir acompañado de Mónica y García vestidas de uniforme.
Fueron al bar que iban normalmente a almorzar el menú diario, estaban sentados comiéndose el primer plato.
-La forense me ha confirmado que la sangre es humana.- Les explicaba Álex.
-¡Joder! No sé si será por la casa o por qué, pero todo lo relacionado con eso me pone los pelos de punta.- Decía poniendo mala cara García.
-No será nada, mujer.- Intentaba animarla Mónica.
-Será la sangre de alguno de los críos que entraron a romper la casa, no puede ser otra cosa.- Les decía Álex.
Al día siguiente, Álex llamaba a la forense.
-Hola Lita ¿Sabes algo del tema del pañuelo?
-Mira, estaba a punto de llamarte, he recibido los resultados, y se me ha ocurrido enviarlo a los hospitales más cercanos para que lo comprueben con sus bases de datos, igual tenemos suerte.
-¡Ostras! Estás haciendo tu sola todo el trabajo, eso también lo había pensado yo, no sabía si hacerlo porque el comisario me da la vara si no se lo consulto.
-Pues mira, ya está hecho.- Reía la forense.
Soria se follaba a la forense, Álex y Mónica también follaban, pero de otra manera. Susan también follaba, pero empezaba a notar que a su marido algo le pasaba, no le ponía el mismo entusiasmo cuando follaba con ella que antes. Y García, García seguía sin follar.
Continúa en
- Relato #203067— title-regex: contiguous parts (3 -> 4)
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