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Reconciliación

Diez años sin verlo, pero el recuerdo de sus besos adolescentes aún ardía en su memoria. Laura solo buscaba distraerse de una discusión con su esposo, pero el destino la cruzó con Carlos. En un hotel frente al mar, la tentación de revivir lo prohibido fue más fuerte que la lealtad, y la noche prometió ser una reconciliación con su propio deseo.

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Reconciliación

L: YA BASTA! SE ACABO LA DISCUCIÓN – Subí las escaleras y entre a la habitación cerrando la puerta y tirándome en la cama sollozando.

J: DE ACUERDO, ME VOY A TRABAJAR – Saliendo de la casa.

Esa mañana habíamos tenido una fuerte discusión por nimiedades. Que si deje el cajón de los trastes abierto; que si dejaste las herramientas en el comedor y no las guardaste, etc. Supongo que teníamos estrés a flor de piel y esa mañana hizo explosión, liberando así toda la energía acumulada de las presiones cotidianas.

Por cierto, mi nombre es Laura, tengo 26 años y Jorge, mi marido, de 29. Tenemos dos años de casados, aún sin familia, aunque planeamos “tramitar” ese asunto en un año.

Después de haber desahogado un poco mi enojo me levante y me fui a darme una ducha. Al terminar me envolví en la toalla y salí de del baño. Me senté al borde de la cama pensando que me tomaría el día, no me sentía con ánimo de ir al negocio que tengo de cosas que no sabías que las necesitabas hasta que las ves en ese tipo de establecimientos y las compras, además de ser baratas. Así que le llame a Alicia, quien es la encargada de la tienda cuando no estoy presente.

L: Hola Alicia, cómo van las cosas?

A: Hola! Bien todo tranquilo.

L: Bien, te llamo para avisarte que hoy no iré a la tienda, no me siento muy bien que digamos, así que te encargo el negocio.

A: Sin problema. Nos veremos mañana…

L: Gracias. Hasta mañana. –Colgando y aventando el celular sobre la cama.

Me quede pensando unos minutos pensando que haría durante el día, hasta que se me ocurrió ir a un centro comercial a ver aparadores. Me incorporé, me quite la toalla y me vi al espejo. Sigo estando delgada de pechos medianos, trasero pequeño, pero redondeado. Me dirigí al armario y abrí el cajón de mi ropa íntima, tome una pantaleta tipo bikini y un brassiere los cuales me coloque. Saque unos jeans, y una camisola de tirantes y unos zapatos tipo sandalia de tacón medio. Después del ritual de vestirme me hice un maquillaje bajo, sólo resaltar mis pestañas un poco de rubor y labial rosa. Me cepille el cabello largo, el cual lo tengo más debajo de los hombros. Y ya estando lista salí de casa.

Subí al auto y me dirigí al centro comercial, durante el trayecto aún pensaba en la discusión. Ya no estaba tan enojada, pero sí molesta con la situación, por lo que trataba de distraer mi atención en el manejo del auto y en las tiendas que visitaría para distraerme.

Como a las 12 del día ya me encontraba caminando por los pasillos deteniéndome en los aparadores que me llamaban la atención, sobre todo de ropa como faldas, vestidos, pantalones, zapatos. En algunas tiendas entraba para ver más de cerca la ropa, tomaba alguna prenda e iba a los probadores para mirar cómo se me veía puesta. Aunque salía del local con las manos vacías, pues aún no estaba bien conmigo misma.

Así pasaron un par de horas y me fui a sentar en unas de las bancas frente a una pequeña fuente. Todavía me sentía incómoda. Sin embargo, el sonido del agua cayendo me dio cierta tranquilidad, no obstante seguía irritada. Ahí estuve cerca de media hora, cuando me disidí ir a otro lugar, en ese momento escuche una voz masculina mencionando mi nombre.

C: Laura… Laura, Que milagro. Tanto tiempo sin verte…

Al voltear de dónde provenía la voz, cuál fue mi sorpresa al ver al hombre que se acercaba.

L: Eres Carlos… Carlos, que gusto verte. – Diciéndolo con alegría.

Carlos fue mi primer novio cuando ambos éramos adolescentes,. Fue una bonita relación mientras duro. Que lindos recuerdos, dicen que el primer amor no se olvida y, pues pienso que así es. No lo he olvidado, a pesar de estar muy en el fondo de mis recuerdos. Mis primeros besos y caricias obviamente fueron con Carlos sin llegar a más. Rompimos nuestra relación cuando él entró a la universidad. Lógico, cambiaron sus intereses. Y ahora estaba frente a él diez años después.

L: Qué haces por aquí…

C: Vine de negocios, te cuento que vivo en provincia…Y tú qué haciendo…

L: Pues a recorrer tiendas, pero ya me voy…

C: Qué te parece si te invito a comer, que ya es hora, y nos ponemos al tanto de nuestras vidas…

Por un momento medité en la propuesta, no sabía que hacer, pero la curiosidad de saber que ha sido de su vida fue mayor, por lo que acepte.

L: De acuerdo, vamos…

C: Vamos entonces…

Nos dirigimos a l restaurant de comida italiana. Nos dieron una mesa junto al ventanal y pedimos un aperitivo. En el transcurso de la comida nos enteramos que ambos somos casados, sin hijos, Carlos trabaja en una empresa automotriz, etc. Sin embargo, yo no hablaba mucho. Ya al final de la comida tomando café. Me dijo.

C: Laura, te noto algo distraída…Te sucede algo?

L: Sí? No pasa nada, ya sabes, las dificultades diarias.- Mentí.

C: Esta bien… Salgamos de aquí…- Pagando la cuenta.- Vámonos…

Salimos del establecimiento y me propuso tomar una copa. Invitación que acepte. Por qué? No lo sé, tal vez estaba a gusto con esa compañía hasta el momento. Entramos al bar y pedimos las bebidas que nos trajeron enseguida y brindamos por el reencuentro. Sin embargo, no lograba animarme del todo. Me sentía vulnerable.

C: Sé que tenemos muchos años de no vernos y en algo hemos cambiado, pero algo tienes, me lo dice tu mirada. No eres tan callada- Se acercó y me abrazo dándome un ligero beso en la frente. Haciéndome sentir protegida- Qué tienes?

L: Nada, sólo que estoy estresada, ya te dije situaciones de la vida…

Apretó el abrazo y me dio un par de besos en la frente. Ya habíamos bebido media copa cuando soltó un obús directo a mi línea de flotación.

C: Laura…- mirándome fijamente- me gustaría que hiciéramos el amor.

En mi cerebro retumbaron esas palabras: Que hiciéramos el amor… Me dejó petrificada, no sabía que responder.

C: Vamos, me estoy hospedando en el hotel de en frente. Vamos y si en la habitación no te sientes con deseos de hacer el amor, sin problema lo dejamos por la paz.

Respondiendo en voz muy baja, no porque me fueran a escuchar, sino por no tener las fuerzas suficientes para contestar.

L: Mmmmsí, vamos…

Salimos del bar y me empeñé en llevar mi auto a pesar de que el hotel estaba cruzando la avenida.

Llegamos al hotel, subimos al ascensor y al cerrarse las puertas y apretar el botón del piso al que iríamos se acercó para besarnos, situación que hizo que se vinieran en avalancha los recuerdos de cuando éramos unos adolescentes. Se abrieron las puertas y salimos. Llegamos a la habitación, entramos y nos volvimos a besar. Cruce mis brazos en su cuello mientras nuestras lenguas jugueteaban en ambas bocas. Carlos al principio sus manos acariciaban mi espalda, después se fueron a mis nalgas. Las sobaba con vehemencia, subió una de sus manos y frotó mis senos, lo que hizo que mis pezones reaccionaran poniéndose erectos. Me llevo hasta la cama y me recostó. Siguió con el manoseo de mis tetas. Posteriormente puso sus manos en el botón del pantalón desabrochándolo y abriendo la cremallera del mismo, metió su mano sobre mi pantaleta y comenzó a frotar mi vulva. Para ese momento gemía a cada caricia y me ponía caliente.

Decidí abrirle el pantalón y bájalo hasta que pudiera agarrar su pene, que inicie frotándolo

C: Laura, que deliciosa estas. Quiero comente.

L: Y tu estas muy parado y duro…- Suspirando a cada restregón.

Me incorporo para despojarme de la camiseta, mis pantalones, dejándome en ropa interior. Yo también le ayude a quitarse la camisa el pantalón y su bóxer dejando ver en todo su esplendor aquella verga muy firme y dura. Me acerque a darle de besos a su glande y lamerlo desde la base hasta la punta para después meterlo en mi boca y mamarlo haciendo los movimientos de entrada y salida de boca apretándolos con mis labios. Lo miraba a la cara y se le veía que gozaba con la chupada que le estaba dando. De pronto me detuvo y se fue a lamer mi clítoris y mis labios vaginales. Me sentía en las nubes. Jadeaba, hasta casi la sofocación. Me arqueaba de la deliciosa sensación y excitación que tenía en esos instantes.

L: Mmmmm! Carlos, que me haces… siento- Suspire- delicioso.

Carlo seguía en su tarea hasta que ya no pude más y le dije.

L: Penétrame ya…

Se sentó a la orilla de la cama frente al espejo de había al frente de la piecera me levantó me colocó de espalda a él y me pidió que ensartara la verga en mi vagina. Tarea que hice y me puso más cachonda al verme en el espejo brincando sobre su falo. Me agarro las tetas magreándolas a su gusto. Besaba mi cuello.

C: Que deliciosa estas, me encanta estar así contigo…

L: Carlos, estoy muy caliente…- Tuve un orgasmo que hizo vibrar mi cuerpo.

Después de unos segundos que no me movía por el orgasmo me levanto y me colocó en la cama de tal forma que quede pompa al aire y mi cabeza sobre la cama. Me volvió a meter su palo y a sacar y meter con fuerza y rapidez. Tenía sensaciones extremas de excitación que apretaba con mis manos las sábanas y el jadeo era más fuerte y constante. Que rico es coger alcance a pensar en un fugaz momento.

L: Carlos, coges riquísimo… Me tienes a punto de… - No termine la frase pues me llegó otro orgasmo.

C: Se trata de que disfrutemos el sexo… -dijo casi sofocándose.

Unos minutos después se salió y se recostó pidiéndome que lo montara. Le agarre la verga y la coloque en la entrada de mí vagina y me fui deslizando hacia abajo hasta que se metió completamente dentro de mí. Inicie la cabalgata mientras él me sobaba las tetas, me daba de pellizcos, acercó su cara a mis senos para succionar mis pezones haciendo que se pusieran más erectos y duros. Tenía pequeños destellos de lucidez pensando en el placer que sentía. Cuando ambos dijimos casi al mismo tiempo.

C y L: Me vengo, me vengo…

C: Puedo venirme dentro de ti?

L: Sí, hazlo… dame tu leche… dámela…

Ambos con movimientos agitados e involuntarios de nuestros cuerpos llegamos al clímax. Carlos eyaculó y yo llegue a mi tercer orgasmo. Fue delicioso. Quede tendida sobre él, aún agitada de la extraordinaria sensación del orgasmo y de recibir el semen de este hombre que me llevó a recordar el tiempo que ya se había ido.

C: Laura, quiero que sepas que fue maravilloso.- Dándome pequeños besos en la mejilla, frente y boca.

Esa demostración de “cariño” lo agradecí, porque no me sentí usada, pues sabía por algunas amigas de que tenían sexo, ellos llegaban a la eyaculación y ni una caricia les daban.

Media hora después vi la hora y le comente.

L: Carlos es hora de que me vaya, ya es tarde- Eran las 6:30 de la tarde.

C: Esta bien, aunque no me gustaría que te fueras.

Nos vestimos y me acompaño al auto. Ya estando ahí me dice

C: Laura, dame tu número de celular para llamarte la próxima ocasión que venga para vernos.

L: No Carlos, esta fue la primera y la única vez que estuvimos juntos. Me la pase muy bien y espero que tú también.

C: Claro, por eso te pido me des tu número para comunicarme.

L: No, ya te dije… Que todo quede así, una hermosa experiencia y que quede el recuerdo.

C: De acuerdo Laura, respeto tu decisión.

L: Adiós Carlos. – Dándole un beso en la mejilla me dispuse a subir y arrancar el auto para ir a casa.

C: Adiós Laura, Gracias…

En el trayecto a casa iba pensando en lo sucedido en la mañana con Jorge. Al encuentro con Carlos a lo que me llevó a pensar que nos lo debíamos desde jóvenes como justificación a la infidelidad. Llegando a casa entre y lo primero que veo es un gran arreglo de flores con una tarjeta cuya leyenda era:

Discúlpame. Te amo. Jorge.

Me llenó de emoción, voltee a buscarlo y estaba en la sala sentado en el sillón. Me acerque, le di un tierno beso en la boca. Y le dije.

L: Discúlpame también.

Lo levante del sillón y lo guie a la habitación para tener una reconciliación con Jorge y conmigo misma.