Xtories

Mía por despecho

Él sabe que ella se acuesta con otros, y ella sabe que él hace lo mismo. Pero cuando los celos dejan de ser un juego y se vuelven carne, la línea entre el amor y la posesión se vuelve peligrosamente delgada. ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar para mantenerla suya?

rom1915K vistas8.8· 33 votos

Capítulo 2

-Mira Eva, cariño, espero que no le hayas pedido disculpas por mis palabras de antes de marcharse.

-No, eso no.

-Está bien, supongo que esa será vuestra última conversación a solas.

-De eso puedes estar seguro.

-¿Todo bien entonces?

-Sí, solo me preocupas tú, cielo. No sé si estás molesto conmigo.

-No me gusta que vuelvas a verte a solas con ese cabrón y espero no tener que arrepentirme por consentirlo. Eva, es que creo... déjalo, son cosas mías.

-No Gonzalo, ¿Qué me ibas a decir?

-Que pienso que todavía sientes algo por él y que si eso fuera así, lo nuestro no tendría ningún sentido.

-Solo es amistad, Gonzalo, no hay otra cosa y después de ese último encuentro no habrá más contactos entre nosotros.

-¿Y no crees que una llamada telefónica sería suficiente? -Le propuse deseando que ella lo aceptara.

Ya no me respondió a eso y no lo iba a hacer, pues su amiga Rocío venía a salvarla de tener que pronunciarse. Mis nervios me estaban jugando una mala pasada y más ahora que las dos llevaban casi un cuarto de hora enfrascadas en otra larga charla, muy parecida a las que tenía con su ex. Me estaba poniendo de mal humor y creí que lo mejor sería quitarme de en medio, así que le pedí a mi amigo Carlos que se quedara en la disco hasta que Eva decidiera irse y que entonces la acompañara él a su casa y yo me fui a la mía.

Más tarde me llamó Carlos para decirme que ella no aceptaba que él la acompañara y que luego la vio marcharse con su amiga Rocío y otro chico más que creía que venía esa noche acompañando a su amiga.

Nosotros no habíamos quedado para el domingo, por lo que fui yo el que quedé con mis amigos para jugar otro partido de baloncesto y tampoco fui el lunes a recogerla a su casa. En la Uni nos vimos de lejos pero ella apartó su mirada y yo no fui a su encuentro. Estaba claro que nuestra relación estaba a punto de romperse, si es que no estaba rota ya.

Sentía más rabia que dolor por esta situación, pero es que no me entraba en la cabeza el empecinamiento de ella por tener esas charlas con su ex y hasta quise aparentar ser un novio moderno, que no me importaba esa proximidad que seguía existiendo entre ellos, suponiendo que en ningún momento ella cruzaría esa línea roja que pudiese acabar en un desliz amoroso, o incluso en una infidelidad, pero no, yo no era un novio despreocupado con las andanzas que tuviera a bien disfrutar Eva, mi novia.

Por otra parte, había que tener en cuenta que tampoco es que nuestra relación fuese de años, o que viviésemos juntos desde hacía algún tiempo, nada de eso y ahora los dos éramos libres para seguir con nuestra vida de estudiantes, ella en su primer año universitario y yo en el tercero. Ella la más bella de la Uni y yo el más gilipollas. Me cachis...

Pasaron dos semanas y todo seguía igual, ninguno daba su brazo a torcer para enviar un simple mensaje y mucho menos para hacer una llamada al otro o a la otra. El colmo fue otra de las que me hacía Carlos.

-Oye tío, que esto... que he estado espiando un poco a esos dos... bueno a Eva y Raúl... y no veo que tengan ninguna relación entre ellos. Yo creo que ahora ni se hablan ya.

-Y a ti quien te ha dicho que los espíes, preocúpate de tu chica mamonazo y deja a la mía en paz. -Le respondí y es que llevaba dos semanas detrás de una de las chicas del grupo que le había pedido que la ayudara con los estudios.

-Joder, Gonzalo, si solo te he hecho un favor, bueno, pues piénsatelo y eso. -Me dijo aguantando otras risas el muy cabrón.

Al día siguiente me estaba preparando para otro de mis numerosos partidos de baloncesto cuando alguien me dio unos toques en el hombro, pensaba que era el cabronazo de Carlos a meterme otra mosca cojonera, pero cuando me volví me encontré con una sonriente Eva que me dejó sin palabras.

-¿Se puede saber que es lo que te pasa conmigo? -Me decía ampliando aún más esa sonrisa.

-Yo... no me pasa nada... es que... -Pero no me permitió terminar.

Enseguida se abrazó a mí y sin importarle que estaba con el resto de jugadores a nuestro alrededor, me dio un muerdo que me dejó patidifuso y supongo que provocando más de una erección entre aquellos cabrones.

-¿Me llevas a casa luego? -Me pidió.

-Claro que sí, guapísima, aunque mejor te llevo a otro sitio antes. -Le respondí con mi primera sonrisa desde que ella me abordó.

-Anda, pues vete con éstos que te están esperando, nos vemos luego. Adiós, mi vida. -Me dijo y yo solo asentía mirándola a los ojos mientras ella se marchaba volviendo la cara hacia mí.

Ni que decir tiene que yo no estaba para nada en eso de las pocas tácticas que empleábamos en nuestro equipo y al final me tuve que centrar en el juego porque nos estaban dando una paliza. Luego a la hora de irnos, ella me estaba esperando junto a mi coche jugando con la llave del apartamento en su mano.

-¿Es eso lo que creo que es? -Le pregunté señalando la llave, al tiempo que nos dábamos un pico.

-¿Te pilla bien? Si quieres pagamos la gasolina a medias. -Me respondió con una gran sonrisa.

-Mira qué graciosa estás tú hoy, -le respondí-, la gasolina y la cena la pongo yo y tú pones la cama.

Ambos nos acomodamos en el vehículo y enseguida tomé el camino de la playa. Durante esos tres cuartos de hora tuvimos tiempo de hablar más seriamente de lo que nos había pasado.

-¿Pero porqué te fuiste de la disco sin mí? -Me preguntaba.

-Porque no te veía muy conforme con lo que le dije a Raúl y luego, tú vas y quedas con él un rato después. Sentí que me ponía de mal humor y no quería tener ningún tipo de enfrentamiento contigo en esas condiciones. Solo fue eso.

-Me podrías haber llamada más tarde o el domingo y no lo hiciste.

-Eva, dejé a Carlos con el encargo de que te llevara a casa y te negaste en redondo y él me dijo que al final te fuiste con Rocío y un chico. Después no me atreví a llamarte más porque no quería saber si te habías vuelto a reconciliar con Raúl, me dijiste que habías quedado con él.

-¿Porqué no me lo preguntas ahora y yo te lo cuento? A lo mejor sigues temiendo todo eso que dices. -Me ofrecía esa manzana del árbol prohibido, pero llevaba todo el rato haciéndome esa pregunta yo mismo.

-Tengo miedo por tu respuesta, pero también tengo la necesidad de saberlo, así que date por preguntada. -Estaba impaciente por su respuesta, pero tal como se estaban desarrollando las cosas, tenía un cierto presagio de que todo iba a ir bien.

Ella no me respondió de inmediato, sino que buscó una canción melodiosa en la música de mi móvil y la dejó sonando en la radio del auto por los altavoces muy bajito de volumen. Se trataba de Collage cantando Poco A Poco Me Enamoré De Ti, de una lista de canciones románticas.

-No llegué a tener esa última charla con Raúl, ni ninguna otra, solo le envié un mensaje diciéndole que la cancelaba y ya está.

-¿Lo hiciste por propio convencimiento o porque yo te forcé? -Quise que me lo aclarara también.

-Fue un poco de cada uno de los tres. -Me dijo mientras bajaba algo más el volumen de la canción.

-¿También por parte de Raúl? -Lo expuse algo incrédulo conmigo mismo.

-No, cariño, un poco de mi parte, otro poco de la tuya y varias regañuzas de Rocío, incluida la que me estaba echando cuando me dejaste sola en la disco, que eso no se hace con una novia... cabrón.

Los dos reímos a carcajadas con ese calificativo que me dedicó al final de su explicación y luego terminó subiendo el volumen de la canción a tope para que la cantásemos los dos al mismo tiempo que Collage y terminamos por reírnos más todavía al no saber ninguno de los dos la letra de la misma.

Ya era la cuarta vez que visitábamos el apartamento y allí estuvimos haciendo de todo hasta que nos tuvimos que ir a cenar porque estábamos famélicos, de hambre y de exceso de polvos. Creía que esa tarde me dejaría follarle el culo, pero no teníamos a mano ningún tipo de lubricante y lo que se iba a meter no se podía hacer con un poco de crema corporal. Al menos me prometió que lo intentaríamos en la siguiente ocasión a la que iríamos mejor preparados.

Recrearme nuevamente en ese maravilloso cuerpo era algo sublime para mí y la prueba estaba en que me atraía tanto, que con ella no necesitaba el tiempo de recuperación que normalmente tardaba con las otras chicas con las que tuve relaciones y tal como me prometió a la vez siguiente fuimos bien dispuestos con todo lo necesario y por fin le estrené su culo, por fin conmigo quiero decir. También llevábamos una crema para mitigar el escozor que le quedó en el culo, pero todo fue normal dentro de lo que cabe y desde entonces y siempre con todos esos preparativos, tuvimos sexo anal de vez en cuando.

Todo nos iba bien y poco después de terminar mi carrera y con la ayuda de mi padre, monté una empresa de exportación de productos derivados del campo, sobre todo del aceite y aceitunas, que eran los que más beneficios me reportaban. Los inicios fueron muy duros y le dedicaba una gran cantidad de mi tiempo de cada día, pero poco a poco aquello fue prosperando y supe incorporar a la empresa a personas que conocían bien este mercado, de modo que esa prosperidad fue en aumento en línea con mis ganancias.

Eva terminó también sus estudios y ya hacía tres años que vivíamos juntos, incorporándose ella misma a la empresa para ayudarme en la gestión administrativa, donde demostró tener una gran capacidad en esa tarea.

Eran muchas las horas que dedicábamos a gestionar la empresa, era algo irremediable y al mismo tiempo nos suponía unos estupendos beneficios. Ahora me dedicaba más a viajar al exterior en busca de nuevos clientes que nos compraran nuestros productos. Desde luego que eso tenía dos consecuencias, una buena como era el aumento de nuestros ingresos y otra menos buena debido a que Eva y yo pasábamos más tiempo alejados el uno del otro, incluso había veces que mis desplazamientos se extendían por más de diez días.

Eva seguía teniendo como mejor amiga a Rocío, que ya se había casado, pero que se comportaba como si no lo estuviera, según me confesaba mi propia novia en ciertos momentos de más intimidad entre nosotros, pues al parecer no se cortaba un pelo en sus salidas de noches de chicas en las que las dos, junto a algunas amigas más, se lo pasaban en grande y Rocío no tenía ningún problema en acabar la noche en alguna cama distinta a la suya.

-Hace tiempo que no me cuentas nada de Rocío y lo que hace en vuestras salidas, -le decía a mi novia después de echar un buen polvo-, ¿Es que acaso ya no se va con algún ligue antes de volver a casa?

-Ahora parece que elige mejor a sus amantes de una noche, osea que si no le llama mucho la atención, prefiere irse a follar con su marido.

-¿Y las demás, que tal? -Quise saber.

-Alguna que otra va a lo suyo y si encuentra con quien pasar un buen rato, se despide de nosotras y se va, pero siempre nos presentan al ligue por lo que pudiera pasar, o bien, si pueden, se juntan con otras para formar varias parejas. Es una regla de seguridad que tenemos entre nosotras, vamos las que hacen esas escapadas.

-Supongo que también algunos de ellos serán ya conocidos de vosotras. -Le dije.

-¡Claro que sí! E incluso algunos ex de ellas, que también los hay.

-¿Y tú? Supongo que siendo la más atractiva de todas ellas, también serás una de las más solicitada por esos cabrones. -Le respondí.

-¿Tú que crees? Pues claro que me lo piden. -Me aclaró sin ninguna dilación en su respuesta.

-Ya... pero me imagino que sin ningún éxito por parte de ellos. -Le dije muy convencido.

Ella ya no me contestó a eso, por lo que supuse que mi afirmación estaba equivocada. A ver, eran muchos los días en los que vivíamos separados y yo tengo que reconocer que había echado bastantes canas al aire, sospechando que Eva estaría disfrutando de otras tantas, teniendo en cuenta con quien iba de chicas y lo que hacía su amiga Rocío, además que seguro que ella sabía también de lo mío, pues las mujeres encuentran pruebas donde nosotros creemos que no las hay, algo en la ropa, un olvido en algún bolsillo, alguna insistencia de una clienta para que yo fuera a visitarla, en fin, todo eso que nosotros no sabemos que ellas captan más pronto que tarde. Pero Eva nunca se molestaba conmigo por esos amores de un día, o más bien de una noche, todo lo contrario, siempre me recibía bien abierta de piernas para que yo le sofocara esos calentones, los cuales sufría por no haber tenido mi vergón en su interior tantos días.

Ahora estaba intrigado por conocer quiénes eran esos afortunados que se follaban el hermoso cuerpo de mi novia, con qué frecuencia lo hacían y si solo eran tíos para un polvo o para muchos, que eso sí que me preocupaba de veras. El problema era que no sabía como hacerlo con tantos viajes que no paraban nunca y tampoco era un experto como para sabotearle el móvil, empezando porque ella nunca me lo dejaba ni para ver una foto, lo que fuera me lo mostraba ella y ya está y las claves de acceso, ambos las manteníamos como el mayor de los secretos.

Hablé con mi amigo Carlos, ahora director de una gran empresa, cargo muy merecido por su valía y por haberlo elegido él entre cuatro ofertas que le llegaron de otras tantas firmas.

-Sí, Gonzalo, -me respondía a mi requerimiento-, no hay que ser un lince para saber a quien se tira tu novia cuando sale con las amigas y a veces sin compartirlas siquiera.

-¿No será a Raúl? -Fue mi respuesta más lógica según mis razonamientos.

En principio solo tuvo que negar con un movimiento reiterativo de su cabeza, pero luego me aclaró algo más.

-Ese no creo que se la esté follando, pero el que sí lo viene haciendo con más frecuencia es Vicente y un chico joven más de tarde en tarde, puede que también con algún otro una solo una vez. -Me aseveró.

-¿Te refieres a Vicente Lobera? -Le insistí porque no me podía creer que el gilipollas ese fuera un fornicador habitual de mi novia.

-El mismo que viste y calza, el musculitos de la Uni y amigo de Raúl a ratos. Ese que no llegó a aprobar ni dos asignaturas del primer curso. Ahora es uno de los instructores del fitness adonde acude ella.

-¿Pero tú como es que sabías todo eso y no me lo habías dicho? -Le pregunté algo enfadado.

-Estuve saliendo con una de sus amigas y me lo contó todo, después la tuve que dejar porque a mí me hacía lo mismo la muy puta, aunque veo que a ti no parece que te importe mucho conocer todo lo que te he contado yo.

-Sí que me importa, ¡Joder Carlos! Claro que me importa, lo que pasa es que me suponía que pasaba algo así, porque Eva debe saber lo que yo hago por ahí y nunca me ha acusado de nada. -Me quise justificar ante su acusación.

Más tarde nos despedimos con un fuerte abrazo como siempre hacíamos. Lo jodido es que cada vez que me acostaba con una de esas chicas, después sufría una serie de remordimientos por haberle sido infiel a mi amada novia, sí, porque yo la amaba como el primer día, si no más todavía y hasta estaba a punto de pedirle matrimonio y mientras regresaba a casa yo mismo me estaba convenciendo de que debía proponérselo lo antes posible. Otra cosa era que los dos pusiéramos más de nuestra parte por ser más recatados de aquí en adelante.

Ese viernes me quedaría en casa y aunque ella había quedado para su noche de amigas, o de follarse a su amigo Vicente, que vete tú a saber, yo le pedí que fuésemos los dos a cenar a uno de los mejores restaurantes del centro de la ciudad y después de varias llamadas de teléfono a sus amigas, llegó a aceptar mi propuesta.

Le pedí que se pusiera guapa para mí porque el sitio lo merecía, aunque la verdad es que ella sin necesidad de maquillajes o simples retoques, ya estaba para comérsela enterita y es que cada día estaba más buena, seguramente por el fitness de los cojones y por lo bien que la atendería el cabrón del Vicente. Ella me hizo caso y los dos muy bien arreglados y compuestos nos fuimos a ese estupendo restaurante donde cenamos opíparamente y luego nos encaminamos por el paseo marítimo a la zona de discotecas.

-Mi amor, tú conoces mejor que yo los lugares de ocio de por aquí, elige tú la discoteca y nos tomamos unas copas antes de volver a casa. -Le ofrecí y ella me guió a la que le parecía más apropiada para nosotros.

¿Pero qué cojones? Allí se encontraban las amigas de Eva, precisamente a las que menos conocía, pues Rocío ya no estaba con ellas. Tampoco mi novia esperaba encontrarlas allí y solo lo hacían porque una de ellas esperaba encontrarse en ese lugar al ligue de esa noche, motivo que al parecer Eva desconocía. Entonces mi novia quiso que nos fuésemos a otro lugar, pero yo alegué que esa discoteca me parecía fenomenal y lo único que teníamos que hacer era ir esa noche por nuestro lado y ellas por el suyo y mi novia no tuvo más argumentos para disuadirme de mi convencimiento.

Esa noche ella estuvo más habladora que nunca, seguramente intentando distraerme para que no viera lo que se estaba cociendo al otro lado de la sala, donde un montón de tíos se iban acercando para sacarlas a bailar, invitarlas a una copa o incluso saludar a su conocida de turno. El asunto es que en poco más de una hora el grupo de seis chicas que llegué a contar cuando entramos, se había reducido a dos, después de que las otras cuatro se marcharan con sus ligues de esa noche y seguramente que a esas dos les esperaba la misma suerte un poco más tarde.

El colmo fue que los que se les acercaron eran precisamente Raúl y el gilipollas de Vicente y ahí mi novia sí que dejó de hablarme como una cotorra, fijándose más que yo mismo sobre lo que sucedía frente a nosotros.

-¿No son esos Vicente y Raúl? -Le inquirí haciéndome el despistado.

-Sí, son ellos. -Me lo confirmó secamente.

-Creía que Raúl tenía novia, no sé si incluso ya su esposa. -Le decía como si fuese algo que yo mismo ignoraba.

-¡No! Tiene pareja, pero no está casado. -Me aclaró casi saliéndole un gallo en su exclamación.

En esos momentos la chica a por la que él se interesaba le dijo algo al oído, al tiempo que dirigía su mirada hacia nosotros y él siguió esa mirada y se quedó alucinado al vernos a los dos allí a escasos metros de él y yo mismo con un gesto de mi mano le envié un saludo que Raúl correspondió, pero estaba claro que sus ojos se centraban más en mi novia que en mí mismo, a pesar que había sido yo el que le había saludado.

-¿Tú no le saludas? -Le pregunté.

-¿Y porqué le tengo que saludar? Que se vaya a hacer puñetas con la puta de Reme, ya ves, seguro que ha venido a por ella. -Me respondió siguiendo con su sequedad de antes.

En eso Vicente que también nos vio, se vino al momento hacia nosotros.

-Hola Gonzalo, ¡Coño! Cuánto tiempo sin verte, hola Eva, a ti sí que te veo dos veces en semana, -rió él la gracia-, sabes que soy su instructor en el fitness.

-No sabía que trabajabas en el que va mi novia. Espero que la trates bien y que no le des mucha caña. -Le bromeé.

Él pegó una carcajada y me contestó que no tenía compasión con nadie, que solo pretendía que todos sus alumnos mejoraran físicamente y luego de darle dos besos a mi chica en las mejillas apoyando su mano en la cintura de ella, se despidió de mí con un fortísimo apretón de manos, antes de marcharse alegremente con el cabrón de su amigo de correrías y las dos chicas.

Por supuesto que el otro no se dignó a cruzar la pista para saludarnos y poco después de compartir una copa con ellas, se marcharon los cuatro más pareciendo un cuarteto que dos parejas, al menos esa fue la impresión que me dieron.

-Estos se van a hinchar de follar esta noche, -le afirmé a Eva-, al final todas se han ido con algún tío a echar un polvo o varios, claro, y al parecer Rocío también se fue antes de que llegáramos nosotros.

-Es lo que hay, algunas veces eso es lo que suele ocurrir. -Seguía respondiendo con sequedad e incluso ahora con algo de enfado.

-Es que no ha quedado ninguna, -le respondí-, no sabía que tu ex también se acercaba a tu grupo. Qué raro se me ha hecho verle otra vez después de tanto tiempo, cariño y encima con el Vicente, lo que hay que ver.

-Últimamente se le ve por aquí de tarde en tarde, al parecer su novia es enfermera y en cuanto tiene un turno de noche, éste cabrón se va de juerga por ahí y como sigue teniendo amistad con Vicente...

El rostro de mi novia en aquel justo momento, me hizo recordar al que tenía el día que me pidió que la llevara a su casa, después de que Raúl, su novio por entonces le pusiera los cuernos besándose con otra chica.

-Relájate que parece como si la cosa fuese contigo y que yo sepa Vicente solo es tu entrenador ¿No?

A ésto último ya no me contestó, pero es que ella era así, cuando algo no le convenía comentar, terminaba por ignorarlo. Tenía la cajita con el anillo en el bolsillo de la chaqueta, pero dado el nivel de cabreo que ostentaba Eva, seguro que por usurparle su amiga Reme el puesto esa noche con su amante habitual, o con el otro, que no sé porqué me parecía más real que el propio Vicente, opté por dejar la pedida de matrimonio para mejor ocasión.

De todos modos en cuanto entramos a la casa, le solté un polvazo allí mismo a la entrada contra la pared, cargándonos de camino una figurita que estaba sobre el mueble con espejo a la que ella le tenía mucho cariño y que a mí me caía fatal sin saber porqué.

-!Vaya¡ -Exclamó ella-, me la habían regalado en el fitness.

Con razón me caía mal aunque solo fuera por una intuición mía, además que posiblemente fuese un regalo de Vicente por todos los polvos que habían echado. Si eso era así, qué poco valoraba ese cabrón al pibón de mi novia.

En nuestra cama no tuve otra que darle bien por el culo, lo hice como una compensación a lo que me dieron a mí en la puta discoteca.

Pero no podía esperar más y el domingo por la tarde fuimos al cine y luego a una cafetería a tomar una copa y allí fue donde hinqué la rodilla y le pedí que se casara conmigo y ella aceptó con lágrimas de verdad en su rostro, después del fin de semana que disfrutamos a tope en la cama, tenía que hacerle olvidar al cabrón de Vicente y hasta creo que lo llegué a conseguir.

Tres meses después y con toda la familia presente y un montón de amigos y algunos conocidos, incluidos Vicente y Raúl, nos casamos en la parroquia a la que Eva pertenecía de toda la vida y nos prometimos ser fieles en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad y así amarnos y respetarnos todos los días de nuestras vidas hasta que la muerte nos separase. Luego nos besamos con mucha alegría en el cuerpo y nos dejamos avasallar a abrazos y besos por todos los asistentes, que le vamos a hacer.

Nuestro viaje fue a las Bahamas que tenía un agua de un color turquesa increíble en sus magníficas playas y allí solo hicimos eso, ir a la playa y follar como monos, luego regresamos por varios países y mejores ciudades, hasta que un mes más tarde entrábamos de nuevo a nuestra casa. ¿Habría echado de menos mi esposa a su Vicente? Esperaba que no, o al menos que lo hiciera muy poco, pues mi polla no paró ni un solo día de atizarle a modo, con solo un descanso obligatorio de tres o cuatro días.

Pero fue llegar un martes y para el viernes ya tenía programada con sus amigas la primera noche de chicas después de casada y con toda probabilidad acompañada también de su primera infidelidad, así que le hice caso a mi asesor en la relación con los clientes y planeé mi primer viaje a Londres para ver a la más exigente de mis clientas, pues con ella era fácil incrementar las ventas, solo bastaba dejarme ir unas horas en su casa, para incrementar su compras en un par de toneladas más de lo previsto hasta la fecha.

Con mucha pena por parte de los dos, el mismo jueves por la noche nos despedimos con sincero pesar por esos diez días de separación, osea, dos fines de semana completos tanto para mí, como para ella, con la seguridad de que ambos lo aprovecharíamos debidamente.

En el mismo aeropuerto ya me estaba esperando Charlize acompañada de su marido, el cornudo Sterling que me dio el mismo abrazo que su mujer, a pesar de que sabía que yo sentía repulsión por ese tipo de manifestaciones de aproximación. En su auto, él mismo conducía mientras su esposa se apretaba contra mí en el asiento trasero, siendo su mayor preocupación perderse lo menos posible de los besos y tocamientos que nos íbamos dando, aunque para su peor disgusto poco podía mirar, por culpa del tráfico que estaba imposible. La casa de ellos estaba en una de las mejores zonas de Londres y hasta tenían personal de servicio y todo. Charlize era un bomboncito de mujer, de unos 35 años, buenos pechos y culo, alta, rubia y una boca echa para perderse en ella tres horas seguidas sin respirar. Sterling tenía buena pinta a pesar de aparentar tener casi quince años más que su esposa, seguro que se cuidaba más que ella por eso intentar que los años no pasasen por él. Estaba claro que Sterling era el que partía el bacalao en las decisiones que se tomaban en sus empresas, sin embargo bastaba una observación de Charlize para que se desviviera por darle el debido cumplimiento.

El servicio ya nos tenía preparado el almuerzo a nuestra llegada y tuve que justificarme comiendo un poco de todo, a pesar que no estaba acostumbrado a hacerlo a las doce del mediodía. Por todo postre me pedí un café con un poco de leche, que me sabía fatal como siempre y un día les tendría que explicar como se debía preparar un café cortado, que en realidad era lo que yo acostumbraba tomar para rematar el almuerzo cada día.

Luego pasamos a la biblioteca que era donde nos tomábamos una copa de licor, sirviéndonos para entonar nuestros cuerpos antes de lidiar la acostumbrada batalla sexual. Charlize se sentó en mi regazo y me pasó su brazo derecho por detrás del cuello, postura que le facilitaba mucho mejor el besazo que me dio en esos momentos y yo se lo devolvía con todas mis ganas, al tiempo que me hacía con sus tetas por encima de su camisa y de su suave sujetador que casi ni se detectaba.

Fue Sterling el que con su ansiedad de siempre, comenzó a desnudar primero a su mujer para hacerlo conmigo a continuación y ya ni se lo reprochaba como hacía al principio, con muy poco éxito por cierto y ahora sabía que a continuación me daría unos buenos refregones tanto en la polla como en mis testículos y por todo el tiempo que su esposa y yo mismo, aguantaríamos antes de comenzar a follar como salvajes. Me encantaba acariciarle sus preciosos muslos hasta llegar a su entrepierna y allí subir un poco más para poner las yemas de los dedos encima de ese pequeño triángulo de vello, que en realidad era un capricho que yo les pedía a todas mis amantes.

-Como siga así tu marido te vas a quedar sin mi descarga, -le susurré a Charlize en su oído, con la seguridad de que el cabrón lo estaba oyendo también-, entre los dos me tenéis a punto de caramelo.

-¡Sterling...! -Le regañó ella con esa pequeña exclamación.

Pero el muy cabrón no se amilanaba, todo lo contrario, pues al parecer quería quedarse con esa leche para él solo y su esposa tuvo que cruzarle la cara con un guantazo de los que hacen época.

-Te he dicho que te pares, querido... -Quiso ella amilanar el oprobio ante la cara de bobo que se le quedó-, después me limpias si quieres.

Por fin paró de sobarme la polla y ayudando a su esposa a colocarse debidamente a horcajadas sobre mí, buscó que se la clavara sin más dilación, pero los tres sabíamos que sin una pequeña lubricación aquello sería hasta doloroso.

-Ensalíbala, -le pidió ella para el mayor regocijo de su marido- y luego me la metes, mi amor.

Esta vez la orden fue obedecida de inmediato y no tuvimos ningún problema para clavársela hasta los huevos en cuanto la puso en posición.

-Espera, déjala ahí... así... uhmmm... qué bueno Sterling... es la mejor polla que nunca me han metido... ve moviéndote... ufff... qué locura aaahhh... regula un poco másss...

Así iba ella guiando mis ansias por penetrarla de una vez a todo ritmo, pero la cabrona necesitaba toda esa ceremonia cada vez que iniciábamos una de nuestras folladas. Sabía que ya me estaba apremiando a que le diera su merecido y no tuve ningún problema en arremeter con ganas en su caliente coño, una y otra vez, sin el más mínimo descanso, contando además con la ayuda de Sterling que cooperaba con el ritmo que yo imponía, agarrando su culo para hacerla subir y bajar por todo mi tallo, haciéndolo con gran maestría, pues nunca se llegaba a salir mi polla por cerca que estuviera de producirse este hecho.

-Un poco más Sterling... -Le pedí, sabiendo que esa mínima aceleración la iba a llevar al huerto.

No tardó ni un minuto más en correrse gritando como una posesa, dándole pábulo al servicio que seguro que no andaría muy lejos de esa estancia y luego se quedó inerte intentando que sus últimos espasmos no se acabaran, pero lo hicieron y la pobre se quedó sin fuerzas para seguir agarrándose a mi cuello, por lo que con la ayuda del cornudo, la dejamos tendida de costado sobre el asiento del sofá y allí reposó unos minutos sin dejar de esbozar unos pequeños gemidos.

-Hoy tengo ganas de follarte el culo, ¿Que te parece? -Le pregunté.

-Sterling, ve a por el plug de metal y el lubricante, no tardes querido. -Aceptó ella de esa manera el envite que le hice y el Sterling de los cojones no se demoró esta vez y la obedeció con celeridad.

Todo el trabajo de preparación lo hizo el propio cornudo y hasta fue él quien untó el lubricante por mi gruesa polla, por último también se encargó de abrirle los glúteos todo lo que pudo con tal de que su esfínter quedara lo más dispuesto posible a ser traspasado. A mí solo me quedó el placer de follarle el culo, primero otra vez con mucho tiento, pero luego me harté de darle a tope hasta que ella volvió a correrse como un putón verbenero y yo me salí de su culo y le solté toda la lechada en sus espalda, sus nalgas y un buen chorreón que se llevó también su puto marido.

Sterling había colaborado también en darle fuerte en el clítoris y por supuesto que ella permitió que se cobrara su recompensa sorbiendo toda la leche que intentaba resbalar hacia abajo. ¡Qué tío más ansioso! Es que lo estaba viendo y no me lo podía creer. Y mientras yo me tomaba el resto de mi copa, el cornudo se pajeó no más de quince veces, antes de soltarle dos chorritos de esperma muy transparentes y licuados sobre la nalga más expuesta de su esposa.

Más tarde firmamos los nuevos pedidos y me fui en taxi al hotel más próximo al aeropuerto para no tener problemas al día siguiente, pues mi vuelo a Roma salía bastante temprano. Aunque lo que menos me esperaba era la llamada de Rocío, la mejor amiga de mi mujer.

-¿Rocío? Son las tres de la madrugada, ¿Qué ocurre?

-Gonzalo... a tu mujer la han agredido y está en el hospital.

.../...

Queridos amigos, gracias por valorad cada relato.