La vecina del quinto (Cap. 3)
Pablo juraba odiar al viejo que acosaba a su esposa, pero cada palabra sucia de Carlos encendía su propia lujuria. Ahora, la rabia se ha convertido en un juego perverso: él le pide que lo excite, que lo deje al borde, para luego volver a él y follar con el sabor de la traición en la boca. ¿Hasta dónde puede llegar la fidelidad cuando el cornudo es el director de la obra?
NOTA DEL AUTOR:
Este es otro relato de cornudos consentidos.
Puedes encontrar la novela completa en Amazon:
https://www.amazon.es/dp/B0FQ34J5DB
CAPÍTULO 3
PABLO
Me llamo Pablo, tengo 36 años, y mi vida se ha convertido en un jodido torbellino. Desde que Elena me contó que el vecino del segundo la acosaba, no puedo dormir. Estoy furioso, ¡coño! Quien coño se cree que ese maldito viejo de 55 años, Carlos, con su barba gris y su aire de macho alfa para acosar a mi mujer en las escaleras como si fuera una puta cualquiera.
Elena es mía, la amo y aunque yo no estoy especialmente bien dotado para el sexo ella me es fiel. Adoro ver esas enormes tetas rebotando cuando la follo y agarrarme de su carnoso culo.
Pero joder, cuando me contó lo que le dijo, con detalles explícitos, mi polla se endureció al instante. Estoy enfadado, quiero partirle la cara al viejo, pero no puedo evitar excitarme imaginando la escena; Elena acorralada con sus pezones duros bajo el bikini y su coño mojándose con las palabras sucias de ese cerdo.
"Cornudo", dijo refiriéndose a mí y me cabrea pero también me pone cachondo. ¿Qué coño me pasa? Soy un hombre normal, un contable, un hombre de éxito, con un buen trabajo, un buen sueldo y aun así no puedo evitar excitarme cuando Elena me cuenta que se imaginaba la polla de Carlos metiéndose en su húmedo coño sin contemplaciones.
Esa noche, después de que Elena me lo contara en la cocina, no pude contenerme.
—Elena, ese hijo de puta no tiene derecho. Ahora mismo voy y le parto la cara —dije temblando de rabia mientras mi polla presionaba contra su pubis.
Ella me miró con lágrimas en los ojos y me sujeto del brazo.
—¡Pablo!, ¡No!... no hagas eso. Puedes meterte en un lio. Sólo es un viejo. Me ofendió, me faltó al respeto pero... no quiero problemas. Solo ignóralo.
Pero yo no podía ignorar la excitación que me quemaba.
—Cuéntamelo otra vez, amor. ¿Qué te dijo exactamente? ¿Te rozó con su polla? ¿Te mojaste de verdad? —pregunté, acariciando su muslo y rozando su coño a través de la tela. Sentí la humedad y mi verga palpitó.
Elena se sonrojó y mordiéndose el labio dijo:
—Dijo que mis tetas eran una obra de arte, que quería chuparlas, morder mis pezones hasta que gimiera. Que mi bikini dejaba transparentar mi coño y que me lo arrancaría para clavarme su polla hasta el fondo. Me llamó diosa reprimida, dijo que tú no me follas como merezco, que tu polla es... pequeña. Me rozó el brazo y sentí su erección contra mí. Pablo, me excitó mucho, mis pezones se endurecieron y mi coño se mojó. Me siento tan culpable...
Joder, oírla decir eso me enfureció y me excitó a partes iguales. Imaginé al viejo cerdo presionándola contra la pared, su polla dura rozando su muslo, mientras yo estaba en la oficina contando números.
"Cornudo", volvió a resonar la maldita palabra en mi cabeza, y mi polla se endureció más.
—Pablo... — me dijo Elena, — realmente ¿te excita eso? Dios, a mí también... pero lo rechacé. Soy tuya.
La llevé a la cama, arrancándole la ropa con una furia que nunca había mostrado y, haciéndole rebotar sus tetas se las chupé y mordí sus pezones tal y como Carlos había descrito.
—Toma esto, amor. Ese viejo no te tocará, porque soy yo el que te folla — gruñí penetrado su húmedo coño de una estocada. La embestí duro imaginándome a Carlos follándosela, humillándome y eyaculé rápido junto a Elena que también se corrió gritando y acariciándose el coño.
Al día siguiente, Elena me contó que Carlos la acorraló otra vez en el segundo piso.
—Me dijo que no pudo dormir pensando en mí, que deseaba azotarme el culo y follarme por detrás. Que tu polla es pequeña, que no me llenas. Me enfadé, lo empujé, pero... ¡Pablo!, me mojé otra vez.
Estoy enfadado, quiero confrontarlo, pero la excitación me consume. De nuevo, esta noche follamos y, de nuevo, me la imagino en brazos de Carlos.
"Cornudo", pienso y me excito más.
Los días pasan y Elena me cuenta cada uno de los encuentros; cada día Carlos le dice que quiere chuparle las tetas y que soy un cornudo, pero cada día Elena lo rechaza aunque no puede evitar que su coño se empañe. Luego, por la noche me lo cuenta, nos excitamos y follamos desenfrenadamente. Estoy furioso con el viejo, pero no puedo evitar masturbarme en el trabajo pensando en ello. Además, desde que ha empezado a acosarla, Elena, está más receptiva y cada noche hacemos el amor.
Al final no aguanto más. Esta noche, después de que Elena me contara su último encuentro decido confesarle mi más secreta fantasía.
—Elena, amor, he estado pensando... —digo acariciando su muslo tiernamente con una mano y frotando su coño con la otra.
—Estoy furioso con ese cerdo, pero... ¡joder!, me excita tanto que te diga esas cosas... Además, cuando regresas a casa follamos como cuando éramos adolescentes. ¿Qué te parece si juegas un poco con él? Solo para calentarlo, nada más. Déjalo que te roce, que te diga guarrerías pero, al final, recházalo. Que se joda, que sufra con la polla dura sin poder follarte. Sería nuestra venganza.
Ella me mira sorprendida pero su coño se humedece al sentir las caricias de mi mano.
—Pablo... ¿en serio? Me excita la idea, pero... soy fiel. ¿No te da miedo? Podría ser peligroso.
—Un poco sí, pero eso aún me pone más. Imagínalo: lo calientas, lo dejas cachondo, y vuelves a mí para que te folle. ¡Que se joda el viejo!
Elena gime aprisionando mi mano con sus piernas.
—Dios, Pablo... haré lo que me pides... lo haré para ti. Lo calentaré y lo rechazaré.
Esa noche, la folle imaginando la escena con mi polla embistiendo su coño mientras gritábamos de placer.
Ya relajado y sin el morbo de la excitación medité con lo que acababa de pasar y me entraron las dudas. ¿Ha sido buena idea proponerle eso a Elena?
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
Conmigo 1, historia de cornudo infidelidad y trios
Alfredo creía que tenía el control de su relación, hasta que Miguel reapareció para demostrarle quién manda realmente en la cama.
Comparte:Infidelidad consentidaTrio mfmVoyeurismo oculto
- Hetero: Infidelidad
Mi novia es cosplayer... Y puta. Fausto.
Él solo debía tomar fotos. Pero cuando la cámara se convierte en testigo y el camerino se cierra, el fotógrafo descubre que su papel no es solo…
Comparte:Infidelidad consentidaVoyeurismo ocultoTrio mfm
- Hetero: Infidelidad
Jugando con fuego (Libro 3, Capítulos 7 y 8)
Sabe que ella está con él, pero no puede apartar la mirada. La tensión en la terraza es un veneno dulce que Pablo bebe gota a gota, mientras su…
Comparte:Infidelidad consentidaTrio mfmDominacion masculina
- Hetero: Infidelidad
Domando una gata
La habitación del hotel se convierte en su jaula dorada. Él tiene el control total, los juguetes están listos y el camarero acaba de subir a la…
Comparte:Voyeurismo ocultoTrio mfmDominacion masculina
- Hetero: Infidelidad
Vida conyugal
La cena era solo el pretexto; el verdadero banquete estaba bajo la mesa. Lidia creía conocer los límites de su discreción profesional, pero la mirada…
Comparte:Infidelidad consentidaVoyeurismo ocultoTrio mfm
- Hetero: Infidelidad
Unas tetas de locura
La inversión era solo el pretexto. Lo que realmente buscaba era a Olga, y lo que ella realmente quería era perder el control.
Comparte:Infidelidad consentidaTrio mfmVoyeurismo oculto