Domando una gata
La habitación del hotel se convierte en su jaula dorada. Él tiene el control total, los juguetes están listos y el camarero acaba de subir a la habitación. Ella no sabe si será la dueña de la noche o simplemente el juguete de ambos.
Continuación del relato
Me encontré con una gata y caprichos de una dama de gatacolorada.
Después de la visita al sex shop y una vez ya en la habitación del hotel, la gatita quiso darse una ducha, para refrescarse y relajar su cuerpo. Yo me quedé esperando la. Llamé a recepción para encargar una botella de champán y me dispuse a alinear los juguetes sobre la cama.
Una fusta, no hay nada mejor para domar una buena dama.
Un huevo vibrador.
Un antifaz
Unas esposas.
Una mordaza, con una bola mediana.
Un collar
Lubricante.
Dos copas de succión de seno.
Y finalmente unas cuerdas de seda.
La gatita apareció envuelta en el albornoz del hotel. La atraje hacia mí y besé con pasión su boca. Le sujeté la cara y le volví a besar. Deshice el nudo de su albornoz dejándolo caer. Admire su cuerpo como la más preciada obra de arte. Acaricie sutilmente sus pezones. Recorrí con mi lengua sus labios y su cuello para detenerme en su oreja.
- Gatita, te voy a reventar. ¿Quieres conocer el límite del placer, hasta donde eres capaz de llegar, experimentar la pequeña muerte?
- Siiiii
- La coloque el antifaz. Con voz suave, ronca y lenta, le dije.
Ahora tapare tus ojos, así podrás sentir, ver, tocar. A todos estos que nos observan. ¿Te gusta que te vean, sentirte observada? ¿Te excita saber que tras estas líneas, te están mirando? Vamos a darles un buen espectáculo, algo no podrán olvidar nunca.
Coloque la mordaza en su boca, la ajuste. Después coloque un collar sobre su cuello.
- ¿Si quieres ser una buena putita, necesitarás un collar? Tu palabra de seguridad, será tete. Dimela.
- Teeeetee, teeeteee
- Muy bien, ahora empezaré mi sesión, te haré mía, serás mía para siempre. Serás mi puta.
La tumbé atravesada sobre la cama. Ate sus manos bien abiertas a las patas de la cama, deje que sus pies colgaran por un lado y la ate bien abierta. Mire mi obra, la gatita estaba tremenda, con sus pezones desafiantes y su coñito empezando a brillar por la excitación. Me alejé un poco, cogí el huevo vibrador, lo unte con lubricante y lo acerque al culito de la gatita, esta levanto la cabeza al sentir el frío del lubricante en su culito. Lo aprete y entró él solo, como si ese culito lo estuviese esperando. Desde mi móvil lo puse a media potencia. Mariela dio un respingo, esa gatita estaba bien caliente. Me moví por la habitación. La cabeza de Mariela me seguía, me buscaba, aún su respiración era casi normal. Recogí la fusta de entre los juguetes. Di dos fuertes fustazos sobre mi mano. La gatita tenso su cuerpo, levanto la cabeza e intento escuchar. Ajusté la fusta al interior de su sexo, recorrí el interior de sus muslos con la fusta. Pasee la pala por sus labios, la roce con ella y subí a sus tetitas, rodee sus pezones, alce la fusta y la deje caer sobre las sábanas con fuerza, para que hiciera un buen ruido. La gatita se tensó, dijo algo incalificable por la mordaza. Un gemido salió de su boca. Volví a dar otro fustazo ahora sobre el otro lado. La gatita tembló. Se agarró con fuerza a las ligaduras y una gotita brillo en su coñito. Seguí recorriendo su cuerpo con la fusta, acariciaba su coño arriba y abajo, haciendo sentir el cuero en ellos. Levante la fusta y la deje caer más suave que fuerte sobre su coñito. Se alzó y tenso su cuerpo. Subí por su vientre en círculos, rodeé sus pechos y fustigé levemente sus pezones. Alce la fusta y con golpes secos, fustigue sus dos pechos y su vientre, su coño. Un ronroneo suave emitió la gatita. Le estaba gustando.
Alzaba su cuerpo y se retorcía por la excitación. Me alejé, recogí las copas de succión del seno. Esto consiste en unos cilindros que con unas mariposas y un émbolo, van haciendo el vacío estirando los pezones. Puse la base de la copa, dejando dentro el pezón, di unas vueltas a la palomilla y observé como el pezón se iba estirando dentro de esos cilindros. Qué maravilla ver esos pezones que ahora tenían algo más de centímetro y medio. El cuerpo de Mariela se tensaba conforme daba vueltas a la palomilla. Cuando ya estaba muy tenso, pare.
¿te duele?
Ella negó con la cabeza, ahora recogí el otro e hice la misma operación. Retire el antifaz del rostro de Mariela, quería ver sus ojos. Tenía los ojos vidriosos por la excitación. Seguí recorriendo su cuerpo con la fusta. Azote su coñito viendo como cerraba los ojos de gusto. Abrace con mi mano la fusta y la sujete por la pala, dejando libre el mango. Di otra vuelta a la mariposa. Pase el mango de la fusta por entre los labios de mi gatita. Una y otra vez pasó entre ellos, la humedad ya se podía ver y el mango de la fusta estaba muy mojado de ellos. Sus ojos me miraban suplicantes, quería que le hiciera algo, la excitación le estaba matando. Seguí inexorablemente acariciando ahora con la pala ahora con el mango el coñito de Mariela. Me miraba con los ojos vidriosos, a punto de salirse de sus órbitas. Di otro par de vueltas a la mariposa, ya casi estaba al final. Fui dando golpecitos con la fusta sobre el cuerpo de Mariela, de vez en cuando descargaba un fuerte golpe cerca de su cuerpo sobre la cama. Mariela se retorcía y su coño lloraba otro poquito. Me miraba anhelante, quería ser penetrada.
- Tranquila gatita, tranquila. Luego me lo agradecerás.
Di la última vuelta a la palomilla. Mariela gimió. Sus pezones ya llegaban a los dos centímetros. Ahora formaban uno solo con la aureola y se veían realmente apetecibles. Esa succión y el huevo, seguro estaban volviendo loca a Mariela que no paraba de moverse buscando un roce, una caricia, unos dedos en su interior. Tire de una de las copas y Mariela dio un largo gemido, su coñito lloro, lloro mucho.
- Noooo gatita, nooooo, no puedes y no debes correrte.
Mariela se dejó caer sobre la cama. Deshice las vueltas de una de las copas y tumbandome a su lado, recogí ese pezón con mis labios. Estaba realmente duro y sensible. Mariela ronroneaba como la gata que era. Baje mi mano a su coñito. Estaba realmente mojada. La gatita gimió y me miró con pena. Acaricie esos labios una y otra vez mientras chupaba, lamía y mordía ese pezón. Lo estiraba y lo volvía a soltar. La gatita después de unos minutos así, había cogido la cresta de la ola y no la quería soltar. Echó sus brazos tras su cabeza y se dispuso a mantener esa cumbre de excitación máxima. La mire y me guiño un ojo. Un gruñido salió de su boca. Mis manos alcanzaron uno de los almohadones, lo puse bajo sus caderas y seguí acariciando muy suave y muy lento esos labios.
- Uhhmmmm, uuuhhhmmmmm, uuuhmmm
Los ronroneos seguían y ese coñito era un manantial. Baje mi boca y repase con mi lengua esos labios, impregnándome del salado líquido. La gatita movía su pelvis, se había apoyado en la tabla del somier y movía su pelvis buscando mi lengua. Yo seguía despacio y sin parar mi recorrido por esos labios que me regalaban tan preciado manjar. Alcé la vista y vi dos lágrimas surcar el rostro de Mariela. La excitación la estaba matando y no conseguía acabar. Quería el orgasmo, lo necesitaba. Me miraba suplicante. Me puse de rodillas entre sus piernas. Sujete mi polla y la acerque a su coñito. Repase mi capullo, duro como una piedra, por la humedad de esos labios. Mariela me miraba y lloraba, la gata estaba rabiosa y quería guerra. Puse mi capullo en su entrada y noté cómo a pesar de tener la bola abrió la boca, abrió los ojos y según iba entrando en ese húmedo canal, los iba cerrando para mantenerlos cerrados unos segundos. Segundos en los que note como mi polla era bañada por los jugos de esa encelada gatita. Que ahora si dejo sus manos atrás y se dejó ir.
Empecé un lento mete y saca, buscando la fricción que ahora no existía por la terrible humedad. La gatita levantó el cuello y me miró. Movía su pelvis, que yo pegue al colchón, quería más rapidez, pero yo no se la iba a dar. Me estaba costando mucho mantener ese ritmo. Coloqué mis manos en sus caderas y seguí con ese ritmo cansino. Cada vez me costaba más aguantar, la miraba a los ojos y sabía que ella estaba segura que me quedaba poco. Apreté con fuerza sus caderas, estaba a punto de explotar. Colocando mis pies bien sujetos sobre el suelo, clavé mi polla en lo más hondo de esa gatita. Gatita que, a su vez, clavó sus pies en el larguero de la cama y buscó mi polla con su pelvis para volver a bañarme mientras llenaba ese coñito con una buena cantidad de mi leche. La gatita cerró los ojos dejándose ir.
- Jodeeerjodeeerjodeeer, me has dejado seco jodeeer.
Le desate y quite la mordaza de su boca. Gesticuló unas cuantas veces hasta que su boca volvió a la normalidad.
- Cabrón me has vuelto loca, he perdido la noción del espacio y del tiempo. Nunca había estado tan excitada. Jodeeer que buenooooo. Aún estoy como una gata en celo. Bésame, abrázame.
Nos besamos y nos abrazamos, mientras la gatita caía en un sueño reparador. Yo me traspuse durante un poco más de media hora. Despertando acaricie a Mariela que dormía plácidamente. Me recreé con sus pezones que habían crecido, con las copas de succión, los acariciaba lentamente y los apretaba entre mis dedos. Mariela gemía en sueños y movía su culito buscando mi polla. Besé su cuello, fui bajando por su espalda besando y lamiendo su espalda hasta llegar a su culito. Ahí me recreé metiendo y sacando mi lengua mientras acariciaba su coñito.
- Uhhhhmmmm para, que estoy reventada.
No le hice caso y seguí lamiendo su culito mientras mi mano acariciaba sus labios y su clítoris. Mariela empezó a moverse, buscando que mi lengua encontrara su mejor ubicación. Gemía y me pedía parar, pero seguía moviendo su culito, buscando mis dedos y mi lengua. Subí por su espalda lamiendo despacio y besando cada poro de su piel. Llegué a su cuello acariciando sus pezones. Busque la mano de Mariela y la acerque a mi polla, ella gimió mientras la acercaba a su culito, puso mi capullo en él, movió su culito buscando la penetración. Mi capullo entró mientras ella gemía. Se retorció sobre sí misma, se paró unos segundos y volvió a apretar.
- Métela, métela entera, métela.
Empuje un poco y mi polla entró hasta tocar con mis huevos su culito. Pare buscando dilatar su culito, notaba como se cerraba sobre mi polla. Empecé a menearme despacio, sintiendo el roce de las paredes de ese estrecho agujerito. Lentamente fui acelerando el ritmo, sin llegar a ser muy rápido, el ritmo era continuo. La gatita gemía y sujetaba mis caderas para que la diese con más fuerza. Sujeté sus pezones con mis dedos y apreté, apreté con fuerza. La gatita se deshacía entre mis dedos. Notaba la humedad de las sábanas y aceleré un poco más el ritmo. La gatita echó la cabeza hacia atrás y busco mi boca. Se corrió regalándome su orgasmo, a los pocos segundos, yo descargue en ese precioso culito llenándolo de mi leche.
- Sos muy malo, me matáis.
- Hummm gatita, esto no hizo más que empezar.
Me miró como asustada, se echó a reír y miró la hora.
- Pero, si solo son las once y media.
- Por eso, ¿te apetece un poco de champán?
- Huuuuumm estaría muy rico eso.
- Tus deseos son órdenes.
Cogí el teléfono y llamé a recepción.
- Pedro, cuando quieras subes el recado.
A los pocos minutos sonaron unos golpes en la puerta.
- Mariela, ve a abrir.
- Perooooo.......
- Marieeeelaaa....... abre la puerta.
Mariela estaba completamente desnuda, se levantó y fue sinuosa para abrir la puerta.
- Mariela esas manos.
Quito las manos de sus pechos y abrió la puerta. Ante ella apareció un fornido muchacho, que le miraba con descaro.
- Pedro. Acércate.
Pedro entró y dejo una cubitera de pie con mucho hielo y el champan frente a una pequeña mesa. Mariela cerro, se sentó en uno de los orejeros que había junto a la mesita y observó al muchacho que era incapaz de quitar los ojos del cuerpo de Mariela.
- Abre tus piernas Mariela. ¿te gusta lo que ves, Pedro?
- Sii, siii, me encanta. Que pezones y que coñito.
El coñito de Mariela ya empezaba a brillar, se estaba excitando.
- Tócate gatita, tócate.
Mariela bajo las manos a su sexo y empezó a tocarse, muy lento. Sin desviar la mirada del muchacho. Metió sus dedos en su coñito y los volvió a sacar untados con su miel.
- Acércate chaval, chúpaselos.
El chaval, que no tendría más de veinticinco años, se acercó. Mariela le acerco los dedos mientras mordía su labio. el chaval saco su lengua abrió su boca y paladeo los dedos de Mariela.
- ¿Te gusta? Toca sus pezones.
Torpemente acerco su mano a los pechos de Mariela y los sobo mientras pellizcaba y estiraba sus pezones.
- ¿te gustaría follarla?
- Sisi, sí, sí.
- ¿Tienes cincuenta euros?
- Ehh, no
- Te llamare en una hora, si tienes los cincuenta euros te dejare que la folles. Ahora puedes irte.
El muchacho marcho mirando a Mariela mientras cerraba la puerta.
- Eres Un cerdo, ¿cincuenta euros? Valgo mucho más.
Abrí la botella y serví dos copas.
- El pobre no tendría dinero para pagar. Pero vi ese brillo en tus ojos y sabía que lo querías entre tus piernas.
- Huuuumm cabrón que bien me conoces.
- Por nosotros gatita y por esos cintazos que te vas a ganar.
- ¿ qué dices?
- Se que te gustan los cintazos, esta tarde te encantaron. Por lo que después de esta primera copa. Verteré un poco de champan en tu ombligo. - Si lo derramas te daré 15 cintazos. Yo mientras te comeré el coño y tendrás que aguantar el líquido hasta que Te corras una vez. Después de los cintazos llamare a Pedro.
- Muy seguro estas tú que lo voy a derramar.
- Gatita, estoy seguro.
- Ya veremos, chulito.
Tomamos tranquilamente esa copa de champan, ambos desnudos sobre los orejeros. Yo no quitaba mi vista de Mariela, de sus pezones y de su coñito. La miraba y me relamía.
- Mariela, mastúrbate para mi.
Mariela me miró, sonrió, llevo dos de sus dedos a la boca y los chupo metiéndolos y sacándolos con lentitud mientras los chupaba dejando sus babas bien impregnadas en ellos.
Bajó la mano lentamente entre sus pechos deslizándola con cautela hasta llegar a su coñito. Lo acaricio mientras me miraba y se mordía el labio. Acariciaba su clítoris buscando la humedad de su coñito para tener una fricción más suave. Me miraba fijo a los ojos mientras se acariciaba, se mordía el labio. A los pocos minutos empezó a gemir. Sus gemidos cada vez eran más fuertes, sus ojos vidriosos, los labios abultados.
Túmbate atravesada en la cama.
Mariela se tumbó, abrió sus piernas y me miró. Puse un poco de champán llenando su ombligo. Acerque mi boca a su clítoris y empecé a repasarlo con la punta de mi lengua. Lentamente pasaba la punta de mi lengua por ese precioso coñito. Sus jugos iban destilando cada vez con mayor cadencia. La gatita puso sus uñas sobre mi cabeza y me acerco a su coño. Sorbí ese clítoris con mis labios, repasando la lengua por el. Mariela se retorcía, intentaba mantener el líquido en su ombligo. Hasta que un fuerte orgasmo le atravesó todo el cuerpo, apretó su piernas sobre mi cabeza y se contorsiono. Todo el líquido salió de su ombligo escurriéndose por sus caderas. Subí lamiendo con mi lengua, lo recogí todo, seguí despacio hasta su cuello su oreja.
- Gatita, te has ganado quince azotes.
- Cabrón sabías que ibas a ganar.
- Lo tenía seguro.
- Ahora ponte de rodillas sobre el orejero.
Mariela puso sus rodillas sobre el orejero, le puse mirando a la cama, ate sus manos a las patas del sillón estirando sus manos y dejando su culo expuesto. Saque ese precioso y duro culito atando su cadera al sofá.
- Ahora llamaré a Pedro.
- Eres un cabrón.
- ¿Pedro?
- Si dígame.
- ¿Tienes los cincuenta euros?
- Si señor, si.
- Pues sube ahora.
- Voy.
- Eres un cerdo dijo Mariela, sabes que valgo mucho más.
- Esto no es cuestión de dinero, es cuestión de entrega. Te entregaras sabiendo que es mi placer.
- Siiiii, así lo haré.
Llamaron a la puerta.
- Pedro, pasa. ¿Tienes el dinero?
- Si, si. Aquí lo tiene.
- Ahí tienes a Mariela, es tuya. Trátala bien. Recuerda que no puedes correrte dentro.
Pedro se acercó a Mariela, bajo la cremallera de su bragueta, saco su polla que no era ni grande ni pequeña, sobre los quince centímetros. Apunto a su coñito y entro en ella hasta el fondo y de una sola estocada. La cara de mi gatita fue espectacular. Abrió los ojos y tiro de sus ligaduras mientras un quedo gemido salía de su boca.
Yo sentado en la cama la miraba fijo, con mi polla en la mano y mordiéndome el labio. Ella me retaba con su mirada elevando altanera su cabeza. Sacando desafiante sus pezones y babeando de gusto. Pedro le daba muy, muy fuerte, a ese ritmo no aguantaría mucho. Mi gatita, se relamió los labios, puso sus ojos en blanco y abrió mucho la boca. Se estiro levantando todo lo que podía su cuerpo recibiendo en el la corrida de Pedro, que se había pajeado sobre el culito de Mariela, dejándolo completamente blanco. Lo extendió con su mano hasta que desapareció sobre su piel.
- Siiiii, jodeeer que coño, hummm me has ordeñado muy bien,jodeeeer
- Siiiii, me alegroooo, que vigor chiquillo, que vigor. Me has destrozado el coño.
Pedro se dio la vuelta, queriendo meter su polla en la boca de Mariela.
- Muchacho, vístete, su boca es mía y tu dinero ya te dio de sobra.
Pedro se vistió y se marchó. Yo recorrí con mi mano el rostro de mi gatita, perfilé sus labios y metí mi dedo en su boca.
- ¿Quieres polla gatita? Aun he de darte tu castigo.
- Siempre quiero su polla señor, siempre.
Cubrí su espalda con el albornoz, no queríamos marcas. Saque mi cinturón del pantalón. Lo doble por la mitad y lo hice sonar. Mariela tembló. Sujetando por la hebilla le di cinco cintazos, con fuerza. Mariela me decía.
- Gracias por su castigo señor muchas gracias.
Pare y acerque mi polla a su boca.
- Abre bien la boca.
Mariela abrió la boca y yo metí mi polla sujetando su barbilla con una mano y su nuca con la otra. Entre hasta su garganta, me mantuve ahí unos segundos y saqué mi polla. Así lo hice cinco veces las mismas que los cintazos. Toque su coñito, estaba encharcado. Le di otros cinco cintazos que fueron cantados igual que los anteriores. Puse de nuevo mi polla en su boca y esta vez busqué y conseguí sus arcadas. Mi polla se puso pétrea de repente, quería mas. Retire el albornoz.
- ¿ qué haces, si marcas?
- Tranquila, no habrá marcas.
Pase mi mano por su culo y la azote con la mitad de mi fuerza. Esta vez no dijo nada, así que metí dos dedos en su coñito y le di bien fuerte, hasta que escuché.
- Gracias por su castigo, señor muchas gracias.
Volví a meter mi polla en su boca y esta vez, esperé hasta que sus ojos se hincharon. Me retire muy lento. Ella tosía y unos hilillos pendían de sus labios a sus pechos.
Volví a regalarle los cuatro azotes que me faltaban, le follé con mis dedos hasta sentir mi mano mojada. Le folle la boca hasta llenar su estómago. Solté sus ataduras, la abrace y bese su boca con pasión.
La senté en el sillón, con el coñito un poco salido.
- Ahora vas experimentar una sensación única, te sentirás llena y a la vez sentirás como miles de agujas se clavan en tu coño.
Vi el antifaz cerca y se lo puse.
- Pon tus manos tras tu nuca y saca un poco el coñito.
Así lo hizo. Batuqueé con fuerza la botella de champan la puse mi dedo a modo de tapón y la introduje en su coñito a la vez que besaba su boca. El champan salía a presión por su coñito a la vez que la gata sujetaba con todas sus fuerzas mi nuca y me besaba con pasión.
- Una duchita y a la cama.
- Joder tío, menudo final.
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