Cumpleaños para recordar I
Jaime creía que solo sería una fiesta más, hasta que sus ojos se cruzaron con los de Rosa. Lo que comenzó como una mirada furtiva en un probador se transformó en un juego de miradas y toques prohibidos, donde la esposa de su mejor amigo no solo lo invitó a mirar, sino a tocar.
Un cumpleaños para recordar I
Era el cumpleaños de Rosa y la mayoría de los invitados pertenecían a su entorno más cercano. La mayoría estábamos ya por los 32 años. Algunos años anteriores también habíamos sido invitados y siempre resultaba divertido. Corría el mes de Octubre cuando me llamó Rosa invitándome a su fiesta de cumpleaños. Había decidido preparar ella una fiesta para reunir a sus amigos de toda la vida acompañados por sus respectivas parejas. Aunque le agradecí la invitación y confirme mi asistencia, el plan no me emocionaba nada, siempre me han aburrido las fiestas de cumpleaños, el estar rodeado de parejas siempre es un aburrimiento, se me antojaba que sería un tostón. Más parecido a una boda que a una fiesta de cumpleaños.
Esa noche, cuando llegué pude apreciar que era el único que no tenía pareja, pues todos habían ido con sus correspondientes novias o esposas, pero yo había ido por negocios y había dejado a mi esposa en Madrid. Como pude, empecé a integrarme en aquel ambiente. Carlos y Rosa hacía poco que se habían casado. Ella había tenido mucha suerte al encontrar a Carlos, que disfruta de una muy buena posición social, ya que contaba con aquella casa en la que estábamos celebrando la fiesta, un todoterreno para circular por la finca y un descapotable para los desplazamientos de a diario, es lo que podía disfrutar dada su posición social de clase media alta.
Muchos de los allí reunidos los conocía aunque a sus parejas en muchos casos no me eran conocidas. Rosa, en su papel de anfitriona, me iba presentando como el amigo de Madrid de Carlos a quienes no me conocían, que había hecho la mili junto a él. Lo que provocaba los consabidos comentarios sobre mi viaje por parte de la mayoría de aquellas parejas.
Ya estaba cansado de oír siempre el mismo comentario de, “Que bien vives, siempre viajando” “Tú sí que sabes”, por lo que decidí despejarme un poco del ambiente cargado de la estancia y salir al jardín a respirar aire puro. En la terraza me encontré con Carlos, el esposo de Rosa, y me acerque para saludarle personalmente. Después nos acercamos a una pareja que estaba como nosotros tomando el fresco de la noche. Al parecer también le habían comprado un coche y desde entonces había surgido una amistad que les llevó a seguir los tratos comerciales.
Juan y Sofía, que así se llamaban, encajaban perfectamente en aquel grupo, él gerente de una empresa de transportes y ella administrativa en dicha empresa, era un negocio pequeño pero al que no le faltaba trabajo. No pasó mucho tiempo en que reclamasen la presencia de Carlos para el típico brindis de uno de los grupos de la fiesta. Como la conversación era agradable, me quedé hablando con Juan y Sofía sobre trabajo y de aventuras juveniles con Juan. Este me contó que había comprado un coche a Carlos y que desde entonces se había iniciado su amistad con Rosa. Me preguntó hasta que altura había llegado en mi relación con ella. La verdad es que con quien tenía más trato era con Carlos, por mi amistad con él y por los tratos comerciales que solía hacer de vez en cuando.
Poco a poco se fue alargando la conversación haciendo que pasara el tiempo más rápido.
Entramos de nuevo dentro y tomamos algunas copas, que hicieron que se animara nuestra conversación. Aquella noche no tenía esperanzas de entablar conversación con ninguna mujer, cuando me fijé en Rosa que cumplía los treinta y dos años y estaba en todo su esplendor, se le veía radiante y con aquél vestido blanco colgado de un solo tirante de su hombro derecho, que le llegaba hasta los tobillos, pero lo que le daba un toque sexy era la raja del costado que le llegaba hasta la cintura, dejando ver toda la longitud de su bien contoneada pierna derecha. Siempre me han atraído los vestidos blancos, pero lucidos por Rosa le añadían un toque mucho más sexual.
Tuve que esforzarme en disimular mi mirada para que no se notara mi interés por ella. Así transcurría la noche entre copas y conversaciones con Juan, cuando Rosa se acercó y cogiéndome de la mano me hizo que la acompañara hasta el jardín. Allí hablamos del negocio que me había traído hasta Barcelona y que había hecho que pudiera aceptar su invitación.
Quedamos en que me enseñaría catálogos de modelos que me podrían interesar, en el momento que pudiera pasar por la empresa de su marido.
Así transcurrió la fiesta hasta que se fueron marchando los invitados y me despedí de Carlos con un abrazo y dando dos besos a Rosa.
El siguiente lunes me reuní con Carlos tratando de nuestro contrato, quedando en lo mismo que ya había tratado con su mujer, que era enseñarme algunos modelos que me pudieran interesar.
Cómo al día siguiente no tenía nada que hacer, decidí darme una vuelta por unos famosos almacenes, con la intención de comprar algo de ropa.
Para subir hasta el departamento de ropa para caballero, hay que pasar por la planta de ropa de mujer. Como era temprano no había mucha gente comprando, pero al ir a utilizar las escaleras mecánicas, me llamó la atención una mujer que caminaba de espaldas a mí por la sección de ropa interior de señora y que llevaba en las manos un conjunto de ropa interior. Por su forma de caminar daba la impresión de buscar una empleada para pedir opinión sobre el conjunto que llevaba.
Siempre me ha gustado ver la ropa interior de las mujeres y es algo que me atrae mucho. Cuando me acerqué pude apreciar detenidamente la espectacular figura de esa mujer, que de espaldas no me había visto.
Allí estaba ella, de pie, mirando hacia el probador sin haber notado mi presencia, llevando un conjunto de ropa interior rojo en las manos.
Estaba absorto contemplando su perfecta figura desde detrás, comprobando como se marcaban sus bragas sobre la falda ajustada que vestía, estaba admirando el bonito conjunto de lencería, cuando se decidió a entrar en un probador. Me acerqué sin hacer ruido y por la abertura que quedaba en la cortina pude apreciar cómo se quitaba la falda y quedaba solo con las braguitas blancas que llevaba y después de quitarse la blusa, quedó únicamente con las bragas y el sujetador. Sin quitarse ambas prendas se puso por encima el conjunto que llevaba. La imagen de esa mujer en ropa interior era más fuerte que mí prudencia y aparté la cortina para verla mejor, quedando ambos sorprendidos, yo al reconocer a Rosa y ella al verme cuando ya estaba quitándose las bragas rojas y únicamente tenía las blancas puestas.
-Hola Rosa, vaya sorpresa verte aquí. – No sabía que eras tú y pensé que pasaba algo al estar tanto tiempo sin salir.
Ella se quedó perpleja agachada sujetando las bragas por los tobillos, ni que decir tiene que en esa posición con el culo ofrecido y las tetas colgando, era todo un espectáculo.
-Hola Jaime, menuda sorpresa.
Me dijo toda petrificada y sin reaccionar, por lo que agachándome, le terminé de sacar las bragas por los pies y le desabroché el sujetador nuevo.
Estaba muy tenso por la situación y por tener que disimular la enorme erección que tenía.
Me despedí de ella y caminé deprisa hasta las escaleras mecánicas sin volver la vista atrás. No podía quitarme de la cabeza la imagen de Rosa agachada con las bragas por los tobillos y las tetas colgando. A duras penas el sujetador podía sostener semejantes pechos. Los pezones de ella marcados sobre el sujetador blanco me quedaron grabados en la cabeza, así como el coño que se marcaba sobre sus bragas.
Hice mis compras sin conseguir olvidar su imagen, no quería tener pensamientos con Rosa, ya que era la mujer de un amigo y yo era uno de sus clientes.
Hacía una mañana de Octubre muy buena, por lo que decidí tomarme un café con leche y churros en una cafetería cercana a los grandes almacenes.
Estaba ensimismado en mis pensamientos, cuando sentí que alguien me llamaba.
-Hola Jaime.
-Hola de nuevo, vaya sorpresa.
-Por lo visto el destino nos vuelve a unir.
-Si, parece que me estás siguiendo
-No, únicamente he pensado en tomar algo, cuando te he visto sentado.
-Tranquila no pasa nada. ¿Estás sola?
-Si, - ¿Puedo sentarme? –Después de todo ya tenemos confianza, ya que me has visto desnuda.
-Puedes sentarte y te invito, es lo menos que puedo hacer para compensarte y disculparme.
Rosa ya daba la sensación de haber superado la sorpresa de nuestro encuentro en la sección de lencería y por sus comentarios parecía que ya estaba repuesta de la sorpresa. Se sentó a mi lado restando importancia a la situación.
Ella dejó la bolsa que llevaba sobre un lado de la mesa, junto a la bolsa que yo había dejado.
-Supongo que no es la primera vez que ves a una mujer con las bragas por los tobillos.
-Bueno, suelen llevarlas puestas
-Ah ¿sí?, ¿y cómo sabes que las llevan puestas?
Es lo que dijo ella mientras se llevaba el vaso a los labios.
No quise quedar como un tonto y seguí su juego hasta ver por donde salía.
-Lo normal es que las lleven puestas hasta que se las quitan.
-Claro, es normal antes de que acaben quitadas.
-No, lo normal es que pasen por mi mano antes de acabar quitadas.
- ¿Con esas manos?
- Claro, me gusta ser yo quien se las quite.
- Que chico más servicial.
-Ya no quedan hombres como yo.
-Suelo utilizar bragas muy caras y han de ser quitadas con cuidado para que no se me rompan. ¿Tú qué crees?
-Creo que tienes razón, pero hasta ahora ninguna se me ha quejado por habérselas roto.
- Menudo elemento tienes que estar hecho. Tus veladas tienen que ser de lo más excitante.
-No pienses mal, ya estoy mayor y al estar siempre viajando paso mucho tiempo de secano.
- Hace tres días que has llegado y ya me has visto desnuda y hablando de mis bragas. -Menuda sorpresa me has dado al verte en el vestidor. -Esperaba a una dependienta y como no aparecía decidí probarme el conjunto.
- Cuando te vi me quedé sin reaccionar por la sorpresa, eres a quien menos esperaba encontrar, me quedé con las bragas por los tobillos y sin saber qué hacer.
-Quiero que sepas que no sabía que eras tú y menudo corte me lleve al verte sujetando las bragas, agachada en esa posición. -Lo bueno es que nos lo hemos tomado a broma y es mejor que encontrarnos sin saber cómo reaccionar.
- Estoy de acuerdo pero mejor que quede como un secreto entre nosotros. ¿De acuerdo?
- De acuerdo, será nuestro secreto.
- Bueno ha sido un placer, pero mis bragas y yo tenemos que marchar, espero que nos volveremos a ver.
Le di dos besos y se despidió, pudiendo apreciar su figura alejarse hasta perderse en la primera esquina.
Dos días después me llamo Carlos para tramitar mi pedido, dándome una cita en su oficina. Ya casi se había pasado el mes de Octubre, se había pasado el tiempo muy deprisa y me acordaba de Rosa y de nuestro encuentro en el probador de los grandes almacenes, sonreí recordando el suceso pero al notar que me estaba poniendo cachondo, decidí apartar aquellos pensamientos, poniéndome a preparar la reunión.
Al día siguiente estaba allí a las 10 de la mañana y al entrar en el edificio me encontré a Rosa, que al verme me saludó con una preciosa sonrisa.
- Hola Jaime, volvemos a encontrarnos. -Mi marido, me pidió que asistiese a la reunión para dar mi opinión sobre el contrato.
- Me parece perfecto, una visión femenina vendrá bien
Las oficinas de la empresa de Carlos están en la segunda planta del edificio y cuando llegamos hasta las escaleras le cedí el paso, a lo que ella respondió con una sonrisa dándome las gracias. Al subir los primeros peldaños, no pude evitar una mirada furtiva a su trasero que en esta ocasión cubría una falda ajustada que cubría justo sus imponentes nalgas y dejaba a la vista sus impresionantes piernas, cuya imagen procure quitar de mi cabeza para concentrarme en la reunión.
- He visto tu pedido y me ha gustado, creo que puede ser una buena compra, aunque tengo algunas dudas que ya te plateare en la reunión.
- Adelántame algo
- No, prefiero decírtelo cuando estemos reunidos, el contexto me ayudará a platearlo mejor. -No te preocupes no es nada importante solo un par de sugerencias. -Ya hemos llegado, vamos que mi marido debe estar esperando.
- Vale como tú prefieras
Llegamos a la puerta de las oficinas, se giró hacia mí y me dijo:
- Casi se me olvida, llevo puesta la ropa interior que viste el otro día.
El corazón me dio un vuelco, mientras, Rosa siguió caminando por el largo pasillo de la forma más sexy de que era capaz, hacia la puerta donde nos esperaba su marido. Mi pulso se aceleró más de lo normal y más aún cuando me percate como se marcaban las bragas bajo su ajustada falda.
No sé si Carlos noto algo, pero al llegar a la puerta, yo estaba tan nervioso, que me dijo que tranquilo que estaba todo preparado. En la oficina pude apreciar lo que posteriormente me iba a poner de lo más cachondo durante toda nuestra entrevista, una mesa con el tablero de cristal.
Rosa y Carlos se sentaron frente a mí, con lo que cada vez que miraba la mesa lo que veía eran las imponentes piernas de ella y al fondo el triangulito rojo de tal forma que si bajaba la vista, tras el cristal de la mesa lo que veía eran sus muslos al final de ellos un pequeño triangulito rojo adornado con el borde negro.
- Ves Jaime, como no te mentí el rojo combina muy bien con el negro.
Dijo Rosa, mientras Carlos afirmaba a su lado, moviendo la cabeza.
- Si, Rosa me aconsejó cambiar el beige por el rojo. -El negro es un color que trasmite elegancia y buen gusto, el coche en negro queda muy bien y la zona acristalada hace que la mirada se dirija hacia esa zona, donde se ve perfectamente el acabado final. ¿No crees?
Dijo Carlos, con toda naturalidad. Me quede mudo, mirando su cara que esperaba expectante mi respuesta, después mire a Rosa. Que sonreía mordiéndose ligeramente su labio inferior y penetrándome con sus bonitos ojos color miel.
- ¿Jaime?, tío estás bien, ¿te gusta o no te gusta?
- Yo, esto, no sé, tendría que verlo mejor
- Pero Jaime, si lo tienes delante, fíjate bien
Dijo Carlos. Algo no me cuadraba, ¿qué me estaba diciendo? ¿Qué me fijase bien en las bragas de su mujer?
Por mi cabeza paso de todo, que eran dos salidos que me estaban calentando y que querían hacer un trío donde íbamos a acabar follando con Rosa en esa oficina.
Entonces vi encima de la mesa un catálogo donde se apreciaba un precioso coche de alta gama, color negro y que por sus ventanillas se apreciaba el tapizado de los asientos en color rojo.
Era el modelo que me mostraban para hacer el pedido y pedirlo a fábrica igual, con una lista interminable de opciones.
- Si, lo estoy viendo. -Es cierto queda muy bien y el fondo en rojo le da un toque perfecto al entorno negro de la carrocería.
- Cógelo, Míralo detenidamente. -No me digas, que no te gusta y una vez dentro podrás apreciar la textura de la piel y como te envolverá con una calidez y un ambiente exquisito.
Dijo Rosa, mirándome fijamente a los ojos, mientras Carlos asentía con la cabeza.
-Tienes razón, al cliente hay que complacerle y hacerle sentir las sensaciones que únicamente se sienten con una piel de calidad, que además de gustar a la vista, tengan un tacto que inciten a usarlo con placer.
Dije mirando para Rosa.
- Este coche está pensado para exprimirlo a fondo y disfrutar utilizándolo una y otra vez sin sentir cansancio.
Dije esto volviendo a mirar a Carlos, que sonriente afirmaba orgulloso con la cabeza.
Una vez cerramos las opciones a agregar al coche, la reunión se prolongó durante un rato más, en la que Rosa no perdía ocasión en mostrarme el rojo tapizado de forma disimulada y quedó completamente a la vista después de un cruce de piernas despacito, para dar tiempo a descubrir todos los detalles, antes de levantarnos dando por terminada la reunión.
- Jaime, ¿me harías un favor?,
- ¿Uno? – todos los que desees…
-Te importa acercarme a casa que he venido en taxi, y Carlos se queda a comer aquí.
- No, que va, Para mi será un placer.
Nos despedimos de Carlos en la puerta, yo con un abrazo y ella con un largo beso en la boca, y un “Hasta la noche amor”.
Salimos hacía el parking comentando algunas cuestiones de la reunión mientras a nuestras espaldas se cerraba la puerta automática de la empresa.
Cuando llegamos al coche, le abrí la puerta del acompañante y le cedí el paso, a continuación entre yo, puse el coche en marcha y me acerqué a ella diciéndole cerca del oído:
- Eres una putita deliciosa, -¿lo sabes verdad?
- Si estar caliente por tu presencia es ser una puta, si, es lo que me haces ser.
Apoye mi mano en uno de sus pechos, buscando la abertura de la blusa, seguí hasta que mis yemas tocaron el duro pezón por encima del sujetador de encaje, notando que estaba muy húmedo.
- ¿Qué haces?
Me dijo, mordiéndose el labio inferior.
Sin dejar de acariciar su pezón, lo fui frotando lentamente, para retirarlo y acercarlo a mi boca.
Mirándola a la cara me chupé el dedo, notando su sabor dulce.
-¿Qué es esto?
Continuará…
Espero vuestros comentrios.
Besiiiiiitos
Marirosa
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