Xtories

La chica del móvil

Ella le dice qué hacer con su novia mientras él escucha los gemidos de una desconocida en el auricular. El control no está en sus manos, sino en el teléfono.

Underwood13K vistas8.0· 7 votos

Normalmente, los relatos que escribo en este foro son pura ficción. Mi cabeza está llena de fantasías que van desde lo más turbio a lo más obsceno, y la mayoría no se llegan a cumplir nunca. Hay quien dice que estoy muy salido. Yo prefiero decir que vivo mi sexualidad con intensidad, sin atarme a los estándares sociales tan encorsetados y antiguos. Por desgracia, también me falta algo de arrojo para tratar de cumplir la inmensa mayoría de ideas que rondan mi mente.

Por eso empecé a escribir. Ya que no podía cumplirlas, quería al menos dejar constancia de ellas. Disfrutaba mucho redactando mis «locuras», por llamarlas de alguna forma. He llegado a eyacular tres veces mientras las escribo. Jamás me había excitado tanto yo solo. Pero además, escribir aquí me reportó, sin darme cuenta, un beneficio extra: la gente podía responder. Con mis primeros relatos, además de buenas valoraciones y comentarios, recibí un aluvión de correos electrónicos de personas que compartían la misma fantasía. En concreto, follarse a su hermana. Seguí narrando todo tipo de situaciones con todo tipo de personajes, la mayoría basados en gente de mi entorno a la que deseaba. La comunidad siempre los acogía de buen grado, y me encantaba excitar a los lectores tanto como me excitaba yo mismo. Nunca fui más allá de la literatura, hasta hace unas pocas semanas.

Todo cambió con uno de mis últimos relatos, basado en una serie de cuatro capítulos donde mi novia y yo compartíamos a nuestra compañera de piso. Sí, he fantaseado mucho sobre ello, pero nunca ocurrió realmente. Al poco de publicar el último capítulo, recibí un correo a nombre de Bella Durmiente. En él, una chica —ahora sé que era una chica, en aquel momento no podía asegurarlo al cien por cien— me explicaba lo mucho que le gustaba masturbarse leyendo mis relatos. Yo se lo agradecí, como hago siempre. Le dije lo mucho que me excitaba imaginarla tocándose mientras me leía. Ella respondió con lo último que podía esperar, un archivo de audio.

En él, una voz femenina, dulce y joven narraba de seguido los cuatro capítulos de mi relato. Lo hacía pausadamente, deteniéndose en los puntos clave. Entonaba como si me estuviera susurrando al oído. Como venía en el metro oyéndola a través de los auriculares, esa experiencia la completé yo mismo. Nunca sabré si se me notaba el bulto que iba creciendo dentro de mis vaqueros, tampoco presté demasiada atención a mi alrededor. Me daba igual. Incluso durante algún segundo llegué a acariciarme por encima, en un acto reflejo. Cuando el tren llegó a mi parada, salí a toda velocidad para llegar cuanto antes a casa. En mis oídos, la voz de Bella Durmiente empezaba a entrecortarse. Pude escuchar algún gemido ahogado.

Entré en casa directo al baño. Mi novia debía estar en su habitación teletrabajando, como de costumbre, y menos mal. Oí que hacía lo posible por saludarme a través de dos puertas, pero no pude más que ignorarla. Me bajé los pantalones para, por fin, poner mi pene, a punto de reventar, alrededor de mi mano derecha. Traté de acompasar mi masturbación a sus gemidos, ya evidentes, que iban sonando cada menos palabras. Ella llegó al clímax unas líneas antes de acabar la última parte del texto; sus gemidos atravesaron mi cerebro de una punta a otra. Yo también me corrí. Lo hice sobre el váter, mientras trataba de reprimir mis propios gemidos. Quedé exhausto. Hice una foto a las marcas de semen sobre el retrete y se la mandé, como prueba. Ella contestó con un escueto «me encanta».

Así transcurrieron las siguientes semanas. Yo escribía solo para ella. Le enviaba el relato, y un par de días después solía recibir un archivo de audio con el que me masturbaba. Con el tiempo fui perfeccionando la técnica. Empecé a detectar dónde solía arrancarle los primeros gemidos, para potenciar aquellas cosas que más la excitaban. Eso me proporcionaba cada vez audios más calientes, que solían terminar con corridas que impregnaban todo lo que hubiera por delante. Un día, sin previo aviso, me mandó un mail que solo contenía nueve dígitos. Como empezaba por seis, lo interpreté como un número de teléfono, así que la agregué a mis contactos como Bella Durmiente —nunca he sabido su auténtico nombre, ni ella el mío— y le escribí. La respuesta tardó muy pocos segundos en llegar.

YO: Hola:)

BELLA: Hola jeje he pensado que por aquí se puede jugar a más cosas

YO: Estás juguetona?

BELLA: Siempre jajaja desde que te leo, más todavía

YO: Bien:) porque yo no paro de estar cachondo todo el día desde que me empezaste a mandar audios

BELLA: jajaja ¿quieres jugar ahora?

YO: vale, pero dame cinco minutos, que estoy en el sofá con mi novia

Hubo una breve pausa en la que Bella no escribió. Empecé a pensar que la había cagado diciéndole que tenía novia. Me tensé, y la señal de «escribiendo» me asustó más que otra cosa.

BELLA: uy, entonces quédate donde estás. Vamos a incluirla en el juego

YO: cómo? Jajaja estás loca

BELLA: sigue mis instrucciones a cada paso que te diga. Lo harás?

Esta vez fui yo quien vaciló un momento.

YO: vale, dime qué quieres

BELLA: acaríciale el muslo suavemente

Así lo hice. Fui pasando las yemas de mis dedos a lo largo de su muslo, desde casi la ingle hasta la rodilla y vuelta. Ya hacía buen tiempo y estábamos solos en el apartamento, así que ella iba en tanga y una camiseta de tirantes sin sujetador. Cuando notó mi contacto me miró, a lo que yo respondí con una sonrisa pícara. Ella simplemente se acomodó y siguió viendo la televisión, sin saber muy bien por dónde tiraría la situación.

YO: qué más?

BELLA: dónde estás acariciando?

YO: arriba del muslo

BELLA: bien, baja un poco

Mi mano empezó a acariciar más abajo. Cuando subía del todo, mis dedos rozaban ligeramente el tanga. Noté algo de humedad. Las piernas de mi novia se abrieron unos centímetros. Su cuerpo se venció hacia mí, y me susurró al oído.

—¿Qué haces, tonto?

Al mismo tiempo, vi otro mensaje de Bella en la pantalla bloqueada del móvil que decía: «Tócala». Por suerte, solo lo vi yo. Mis dedos empezaron a trabajar directamente sobre el sexo de mi novia. Primero lo acariciaba por encima del tanga, y después aparté la tela. Ella estaba muy, muy mojada. Yo tenía la polla a punto de reventar. Fui aumentando el ritmo de caricias sobre su clítoris, pasando los dedos también por el interior y exterior de sus labios. Empezó a realizar movimientos circulares con la pelvis, cada vez más rápidos y rítmicos, también a gemir. Sutilmente, desbloqueé el móvil para grabar un audio que enviar a Bella. Cuando lo tuve en marcha, aumenté el ritmo y sus gemidos se volvieron más intensos. Agarró mi pene por debajo del pantalón de chándal, como si necesitara sujetarse a algo. Lo sacó, masturbándolo con suavidad. Yo me sentía en el cielo solo con ese leve contacto.

—¿Te gusta? —empecé a decir.

—Mucho —respondía entre gemidos.

—¿Sí? —insistía.

—Siiii —contestaba, obediente.

Arqueó la espalda, levantando la cabeza y soltando un aullido. No bajé el ritmo de la masturbación. Su mano derecha, que hasta entonces acariciaba mi pene, pasó a agarrarse a mi brazo en un gesto desesperado. Gritó, gimió y se retorció todo lo que pudo. En los últimos instantes de su orgasmo, apretó los muslos haciendo prisioneros mis dedos. Con la mano libre di a enviar el audio. Una fracción de segundo después, mi novia estaba agarrándome la cara para darme un beso profundo y largo. Mi polla volvió a ser agarrada, ahora con más fuerza.

—No sé qué te pasa, pero me encanta —dijo ella.

Me besó una vez más. Posteriormente empezó a bajar, levantándome la camiseta y besando todo mi torso. Cuando llegó a mi miembro, primero lo rodeó para besar mis testículos. Después lo fue repasando con la lengua, con delicadeza, hasta que por fin se lo introdujo entero. Ahí era yo quien suspiraba. Me la estaba chupando como nunca. Estuve a punto de dejarme llevar cuando la pantalla del móvil se iluminó, dejando a la vista solo una notificación: «Bella, mensaje de voz». Dudé si arriesgarme o dejarlo para después, pero el morbo me pudo. Cogí el móvil llevando mucho cuidado de que mi chica no lo notara, y reproduje el mensaje pegándolo a mi oído. Era Bella masturbándose, con gemidos fuertes. De fondo se podía escuchar incluso la humedad de su vagina, frotada con fuerza. A veces decía cosas como «Dios, me encanta tu novia» u «os quiero follar a los dos». No me di cuenta, pero mientras lo escuchaba y repetía, había empujado la cabeza de mi novia hacia mí, le estaba follando la boca. Me grabé otro audio, donde quien gemía era yo. A veces bajaba el móvil para que se escuchara la mamada. Mis gemidos fueron a más.

Mi novia detectó que me faltaba poco, y subió el ritmo. Acariciaba mis testículos mientras lamía mi miembro con pasión. Entonces volví a poner mi mano sobre su cabeza. No quería que se escapara en un momento tan perfecto. Volví a follarle la boca hasta que me corrí dentro. Ella tragó todo, y después se incorporó para besarme una vez más. Como acto reflejo, solté el móvil al instante, evitando ser detectado. Aunque el beso me lo dio físicamente mi chica, en mi cabeza estaba Bella. Aquella mamada me la había hecho la chica del teléfono.

Minutos después, pude quedarme solo y escribí a Bella.

YO: menuda zorra estás hecha jaja

BELLA: te ha gustado?

YO: no podía parar de pensar que en realidad eras tú la que estaba ahí todo el rato

BELLA: ojalá algún día pueda ser yo quien te la chupe

YO: me encantaría;)

BELLA: por ahora, me parece más divertido este juego. Pero deberíamos subir la apuesta.

YO: qué más quieres? Jaja

BELLA: quiero veros follar

Continuará….