Xtories

Matrimonio Anti-Rutina 2

Ella sabía que cruzaría la línea, pero no imaginó que su esposo aceptaría ser el espectador de su propia humillación. Esta vez, las reglas las pone ella, y la rutina se convierte en un juego de sumisión donde el amor se mezcla con la degradación.

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Este relato es la continuación Matrimonio Anti-Rutina (él) [1], que encontraréis en el perfil de mi querido escritorX en https://www.todorelatos.com/perfil/1558931/.

Gracias amor, por revivir esta relación y despertar otra vez la pasión en mí, después de esto no hay vuelta atrás, mi perrito].Ver la mezcla de mi saliva y el sabor de su verga escurriendo por la cara de mi marido me calentó mucho. Volví a meterme la verga de mi amante en mi boquita, la sentía tan dura dentro de mí que mi lengua solo jugaba con su cabecita de manera muy rica.Yo me casé muy joven con mi esposo. Fue el único hombre de mi vida, y en mi mente todavía estaba la duda de si arrepentirme y terminar esto. Pero algo más fuerte me llevó a seguir con esto.

Me levanté de la cama y cogiendo la mano de mi amante y la de mi marido los acerqué a la cama matrimonial. El amante se sentó en el borde, mientras mi marido se quedó a un lado, mirando.Me acerqué a mi esposo lo volví a escupir en la cara.—Amor, estoy a punto de ponerte los cuernos —lo miré fijamente, él parecía excitado—. De ahora en adelante yo voy hacer la que decida quien me va a coger —añadí acariciándole la mejilla para seguidamente besarlo—. Quítame mi tanga, y como buena perrita obediente, te la vas a poner mientras veas como me voy a entregar a este hombre —dije seria, como si estuviera enfadada, para que quedase claro que se lo merecía, que me lo merecía.

Mi esposo solo bajo la mirada y asintió con la cabeza, me quito mi tanga y se la puso como buena perrita obediente, que era en lo que se estaba convirtiendo.Me recosté en la cama y mi amante empezó a comerme la panochita. Era la primera vez que alguien diferente a mi marido probaba de mí. Estaba muy excitada, su lengua jugaba alrededor de mi clítoris y bajaba hasta mi colita. Era una sensación que nunca había sentido en mi vida. Con sus manos apretaba mis tetas mientras yo le pedía más con la mirada. Busqué la mirada de mi esposo, quería estar segura de que viera como estaba disfrutando de esto. Nuestras miradas se cruzaron mientras yo contenía un gemido.

Mi amante poco a poco empezó a recorrerme con su boca, hasta llegar a mis tetas. Jugaba con mis pezones ya muy duros por la excitación y empezó a morder mis tetas salvajemente. Era algo que me estaba calentando mucho, con sus dientes empezó a marcar mis tetas mientras miraba a la perrita de mi marido, el amante me marcaba como si fuera su putita. Sabía que era mi dueño —aunque solo fuera por ese día—, mientras me chupaba mis tetas, metía sus dedos dentro de mi panochita. Quería explorarme, eso me tenía ardiendo, siguió con su boca hasta mi cuello, primero con su lengua y después con sus dientes, iba a seguir marcando su propiedad, nos fundimos en un apasionado beso.Yo ya no aguantaba de lo excitada que estaba, fue acercando su verga a la entrada de mi panochita, estaba listo para hacerme suya.

Yo estaba fuera de mí hasta que le supliqué:—Cógeme… ¡Cógeme, joder! —mientras miraba a la perrita de mi esposo para que lo viera. Observé como la muy perra tenía una gran erección que se veía a través de la tanga que traía puesta. Mí amante me empezó a penetrar lentamente. Estaba tan húmeda que no batalló para entrar. Era la primera vez que probaba otra verga que no fuera la de mi esposo. Empezó a acelerar sus penetraciones y, de lo excitada que estaba por la situación, tuve mi orgasmo. Fue divino. Me volví a sentir mujer. Me sentí su mujer mientras mi perrita solo veía.Mi cuerpo respondía a cada caricia que me hacía, a cada beso. Su aliento al lado de mi oído me calentaba, me sentía tan suya… Era un placer que tenía años que no sentía. Amaba a mi esposo, pero estar con mi amante en este momento era lo que más me importaba.Empezó a bombearme con un ritmo más intenso, hasta que finalmente me preguntó:—¿Dónde quieres la leche?

En ese momento la perra que tenía dentro de mí solo quería sentirla dentro, pero quería seguir con la humillación a mi esposo, así que lo miré mientras le dije al amante:—En la carita y en las tetas…Sacó su verga de mi panochita, se puso de pie y me arrodillé enfrente de él, empecé a masturbarlo hasta que aventó su lechita en mis tetas y mi cara. Lo que cayó en mi cara lo recogí con mi dedo y lo metí a mi boca.Llamé con la mirada a mi perrita a que viniera a probar la lechita de mi amante. Vino con el tanga puesto y con la verga dura. Lo besé con el semen de mi amante en la boca, Lo besé como llevábamos años sin besarnos. Vi como puso mala cara y sonreí, para ordenarle:—Besa bien, perra.Obedeció, y besó esta vez con pasión. Le pasé la lengua por toda la boca, echándole hasta la última gota de la lechita de mi amante. Al quitarme lo miré, y me excitó verlo tan cachondo y humillado. Ahora faltaba por limpiarme las tetas…