Las consecuencias de Diálogo entre cornudos. 8.
Él sabe que su deseo es patológico, o al menos eso le dicen los foros. Pero cuando la imaginación de verla usada por otro lo consume, no hay fuerza humana que lo detenga. Esta noche, la oficina se vacía y él decide cruzar la línea que separa la fantasía de la realidad, sin saber que su esposa ya está esperando su regreso, cargada de semen y de una verdad que cambiará todo.
Las consecuencias de Diálogo entre cornudos. 8.
Reflexiones. Se inician las clases prácticas. ¿Necesitamos un médico? El octavo e mail
De: roberto s p [mailto: [email protected]]
Enviado el: miércoles, 25 de junio de 2022 21:18
Para: [email protected]
Asunto: Re: Enviando por correo electrónico: contestación.
¿Que qué tal val el tema?
Desde que empezamos a hablar del tema ella se ponía como loca. Y a mí me pasaba lo mismo. No dejaba de rondarme la idea en la cabeza.
Hacerlo. Hacerlo. Hacerlo. Cada día me convencía más a mí mismo: Iba a tener que hacerlo.
Estaba deseando, cada día miraba, hurgaba en su coño por si venia follada y con la corrida de otro dentro. Y me lanzaba a chuparla el chocho. Y ella lo hacía adrede. Me lo decía. Lo insinuaba…
Un día dijo que no había podido follar con él, pero que se dejó follar en un portal. Sí, se hizo la borracha y se dejó hacerlo por un desconocido, solo para traer su coño cargado de semen para que yo se lo chupara…
No sé.
No sé si lo que yo estaba deseando era hacerlo ya con su amante, verla a ella, meterme en sus juegos o sencilla y llanamente es que soy un marica. Sí gay, marica, maricón, homosexual.
Yo qué sé. Por lo que leo, en cuanto dices que te gustaría ver a tu mujer follada por otro te tildan de eso y de más cosas.… ¿Tú crees que soy un homosexual latente? Ya sabes que hay mucha gente que dice que todo cornudo consentidor, tiene la homosexualidad bajo la piel.
No, no creo. No me van los tíos. Las pollas no me atraen lo más mínimo. Cierto que muchos cornudos acaban buscando la humillación, la dominación por parte de ella. O de él, claro. Pero no sé si es exactamente mi caso. Creo que no. A mí me pone saber que ella está follada, verla follar, saber que está usada. Lo de las pollas me da igual. Solo me importan porque son las que se follan a mi mujer. Ver una polla no me motiva nada. Verla tiesa tampoco. Pero verla tiesa e imaginar que va a taladrar el coñito de mi mujer me vuelve loco.
Y ser ¿bisexual? No, tampoco. Hemos visto películas donde intervine un tercero, donde el marido ve como se la follan, como ella se deja hacer de todo humillando al marido mirón. Ni sensación. Tampoco me poner imaginármela a ella con otra tía. Al menos hoy por hoy no me motiva.
Tal vez lo único que tenga claro es que el ser cornudo conlleva una carga importante de masoquismo, y que lo que sostiene estas prácticas, es el morbo que nos causa. El contraste entre gozar y sufrir… Hay veces que me pone a mil. Los celos me matan, pero más me mata el morbo.
En serio. El saber que viene follada, que esa tarde ha estado con él, imaginar que dentro de unos días tendré que chupar su polla para que él se la folle… Me vuelvo loco. Pierdo el control de todo. Me altero. No sé ni qué hacer. Todo mi cuerpo lo pide a gritos. Exploto en unos orgasmos tremendos, agotadores, en los que me vacío del todo.
Para colmo, hoy me han cancelado la cita con el médico. Se postpone un mes. Cuando empiece a contarle todo esto no sé dónde voy a estar. Cada día me convenzo más de que lo mío, bueno lo nuestro, no es normal. O me encierran o hacen una tesis conmigo. Eso si no se vuelve loco al escucharme.
Hay días en los que la veo llegar. Se desnuda para mí y se tumba para que la vea. Espatarrada, con el coño irritado de follar con otro. No puedo negarlo. He pensado en el divorcio. Si creo que sería necesaria la separación, aunque sea temporal para nuestra salud mental. Pero ese pensamiento no me dura ni un segundo. Basta con mirar cómo se acaricia sus tetas llenas de chupetones, como se excita ella solita sus pezones… Y luego, lentamente, con la otra mano, separa despacio sus labios. Sabe perfectamente qué quiero ver… Si… sabe que quiero ver rezumar el semen de otro hombre, mirar absorto como comienza a resbalar… Mi polla manda y me tiro encima de ella. Me atrae como un imán y ya no me puedo despegar de ella.
La verdad, no sé ni qué pensar. Cada vez estoy más alterado y sé que voy perdiendo el control. Me he preguntado mil veces porqué lo hace. Sí, porque folla con otros, porqué me es “infiel”.
He leído que una de las causas de ser infiel por parte de la mujer casada, puede ser por el deseo de tener de nuevo una tensión emocional, el deseo de llamar la atención. Quieren ser el centro de atención del hombre otra vez, quieren reafirmar que son deseadas y con eso reafirmarse como mujer.
Pero ese no es mi caso. Yo la admiro, la colmo de atenciones, la quiero y ella a mí. Nos queremos de verdad.
Y en cuanto a sexo… hago y me dejo hacer de todo. Y ella lo mismo. Disfruta conmigo. Pero también dice que disfruta con otros. Dice que cuando tiene “el día” es fácilmente excitable, sexualmente hablando.
Y “metidos en harina” a los dos nos pasa parecido: perdemos completamente el control de nuestros actos. A ella la basta un roce en el súper para mojarse entera y dejarse follar en un portal. Sin ir más lejos lo hizo el otro día.
No creo que sea por volver a experimentar sentimientos de romance. No. No es el caso ni creo que se deje seducir por otro hombre que no sea su marido, porque haya un problema grave en su matrimonio. Ella solo folla por sexo. No ama a su profesor. Solo desea su polla. Verse sometida a él. Gozar con otro hombre. Y con otro. Y con otro. Aunque no sea yo.
Tú dices que puedes ser por la apatía, por la rutina, por el aburrimiento en la relación, que el aburrimiento las lleva a la infidelidad. No creo que se sienta sola y busque aventuras.
No creo que sea ni siquiera el deseo sexual hacia algún hombre determinado. No. No creo que sea eso.
Ella folla con Andrés, pero también con otros. Si no existiera Andrés sería Pedro, o Fernando o vete tú a saber quién. De hecho, me cuenta que más de un día se deja follar por cualquiera que le apetezca. Textualmente dice que “se deja porque la apetece. Sí, solo por sentir un rabo perforando su coño”.
Me dijo que no necesita escapar de la monotonía del matrimonio, porque hace y deshace a su antojo. No sé... Nunca lo he entendido,
Lo que si tengo claro es que no lo hace por vengarse de la “infidelidad de su marido”, porque nunca la he sido infiel. Aun sabiendo que ella me pone los cuernos, nunca me he acostado con otra mujer. Y ella me lo ha dicho más de una vez, no te creas.
Sí, me ha dicho que si quiero follarme a otra a ella no la importa… que me deja… incluso me anima probar qué siento con otra tía. Un día me dijo que, si quería que me pagaba una profesional del sexo, una prostituta, que me invitaba.
Sí me preguntó que si me gustaría meter mi polla en otro coño… sobar otras tetas… pero no. Yo solo la quiero a ella. Las demás mujeres no me excitan tanto como para hacerme perder el control. Y lo de pagar por sexo no va conmigo.
¿Por dinero? No, por dinero tampoco es. Ya sé que alguna mujer casada lo hace por dinero y para comprar cosas a espaldas de su marido… O guardarlo por si las cosas se tuercen. No es el caso. Ella gana lo suficiente y a mí tampoco me falta. Aunque… bueno por dinero lo hizo un par de veces. Quería saber qué se siente vendiendo su cuerpo y folló a cambio de dinero. Pero creo que fue más por morbo que por el dinero en sí. Les cobró, pero creo que lo hubiera hecho gratis. Si no la hubieran pagado no la habría importado.
Pero no. Insisto. No es nuestro caso. Ella solo quiere follar con otro. Y yo solo quiero verla follar con otro. Ella se excita con la idea. Yo cada vez me excito más. Y sé que acabaré pagando el precio que sea para conseguirlo. Y si el precio es ser el mamporrero de cualquiera de sus amantes lo seré. Estoy completamente decidido. Lo tengo claro.
Si. Lo tengo clarísimo. Lo mismo que tengo claro que lo mío no es normal.
Bueno, esto no es normal. No es el típico intercambio de parejas. No. A ella la gusta follar. Conmigo o con otros. La gusta el sexo con locura. Hasta aquí puede ser normal y comprensible. ¿A quién no le gusta el sexo? Vale, pero lo mío… a mi lo que me vuelve loco es que se la follen.
Te repito que no quiero follar con otras mujeres. Solo quiero ver como se la follan No sé qué tipo de parafilia será o si existe algún nombre para ello. Sí, hoy todo tiene nombre. No sé cómo se llamará ese deseo tan fuerte que se hace incontrolable de ver a tu mujer con otro hombre, de saber que ha estado con él, que la ha usado. En internet hablan de “candaulismo”, y hasta dicen que lo inventó un rey griego.
Es muy difícil de explicar. Yo creo que lo mío supera el fetiche de ver a tu pareja con otro. Lo mío va muchísimo más allá. Estoy obsesionado. Y francamente, me tiene preocupado. Sobre todo, porque estoy decidido a hacer cualquier cosa para verla ensartada en la polla de otro.
Antes de ayer, sin ir más lejos, pasé junto a un local “de ambiente”. Y me puse a pensarlo. ¿Qué tipo de hombre estaría dispuesto a…? A… A… Tomé aire. Y me dije a mi mismo asumiéndolo en voz baja: ¿Qué tipo de hombre estaría dispuesto a follarnos a los dos?
Obviamente uno dominante, como se dice en su argot, un “activo”. Yo sería su…bueno no sé cómo decirlo. Pasivo, creo que no, porque yo intervendría. No sería su esclavo, pero le obedecería y me dejaría hacer de todo. De todo con tal de ver cómo se la follan y poder estar delante. Eso lo tenía claro,
Pero ¿cómo hacerlo? No me cuentes que, por internet, que eso se me ocurrió luego, cuando ya estaba dentro del local y no había marcha atrás.
Sí, porque me puse a pensar que, a esas horas, ella estaría en clase de pintura, terminando. Y luego vendría lo que vendría: a follar con Andrés o con quien tocase. Y ya solo con pensar eso, empezó a subir ese cosquilleo… Mi polla empezó aponerse dura… A respirar deprisa. Los nervios…
Di la vuelta y entré. Lo que oyes, bueno lo que lees. Entré en el local. Buena música. Tal vez bastante discotequera para mí gusto. Algo oscuro “por zonas”. Bastantes grupitos y parejas. Aunque también empecé a ver a tíos solo. Algunos deambulando, curioseando… supongo que tratando de ligar.
Pedí una copa. Me quedé en la barra. Se me acercaron varios. Obviamente intentaban ligar conmigo. No me parecieron el tipo de hombre que…
Le vi entrar. Prepotente. Seguro de sí mismo. Estirado. Derrochando chulería a raudales. Miré su entrepierna con descaro. Parecía un buen paquete. Saludó a unos y al poco llegó el que parecía ser su pareja.
Esperé a que se sentara. Le miré. Él a mí también. Me hizo una seña. Estaban los dos en la mesa. Insistió: Ven aquí, no seas tímido, dijo. Y acudí sin decir nada más.
Se presentaron. Carlos el callado. Robert el chulito. -. ¿Qué quieres? Nunca te había visto por aquí.
El otro callado. Solo mirando con cara de picardía. Sonriendo.
No supe que decir. Otra copa. Esta vez casi de un trago.
Y aquí viene lo increíble. Agárrate porque yo aún no acabo de creérmelo. Ni lo que hice ni lo que pasó.
Arranqué. Lo solté todo de carrerilla. Creo que fui tan directo que se quedaron los dos en estado de shock. Lógico. No creo que sea habitual que un tío al que no conoces sin más, te diga que busca a otro hombre para que se folle a su mujer. Si, que él es su marido, y que quiere hacer de mamporrero y lo que haga falta. Que quiere aprender a chupar pollas para que, si el amante de su mujer se lo ordena, hacerlo y que él disfrute. Ah, y que la mujer está encantada con la idea. Si, la mujer le pone los cuernos, como mínimo una vez a la semana y él lo sabe y le gusta que ella se lo cuente al volver a casa.
Pensé que iban a explotar a reírse a carcajadas. O que me iban a echar a tomar por el culo a patadas. Pero no. Se miraron uno a otro. Desconcertados. Incrédulos. Alucinando. ¿Esto es una broma? ¿Una cámara oculta? Tuve que convencerles. Jurarles que era verdad. Les enseñé hasta la foto en el móvil. Varias, para que vieran que eran reales, que no era un montaje. Incluso les enseñé fotos de ella a medio vestir, haciendo top-less en la playa, o un par de ella desnuda sacadas cuando estaba dormida...
Uno, el más lanzado me cogió el móvil, se lo enseñó al otro y empezó a mirarla con detalle mientras me sobaba con disimulo el paquete.
-. ¡joder tío, se le está poniendo morcillona!, le dijo a su amigo mientras miraba unas fotos en las que ella estaba haciendo topless.
-. ¿De verdad te gusta que la veamos las tetas? ¿esto te pone?
Abochornado, agachando la cabeza y sin mirarle respondí que sí. Tuve que reconocer que sí, que cada vez estaba más excitado. No me estaba poniendo el que me tocara, sino el que viera sus fotos y sobre todo el imaginarme que me iban a usar, que iba a hacer lo que luego tendría que hacer yo a su amante. Cualquier precio era barato, poco con tal de verla follar en directo.
-. En serio, me excita que la veas. Seguí confesando avergonzado, abochornado por reconocerlo.
Se miraban estupefactos sin decir nada. Seguro que no sabían ni qué decir. El callado pidió otra copa, bueno una ronda. Entera.
Siguió mirando las fotos. Cuando la vio sentada en el WC esperando a su amante para desayunar y le expliqué la historia de las fotos me miró unos instantes. Se volvió hacia su compañero y me devolvió el móvil diciendo algo así como este tío está majara.
Otra vez pensé que me iban a mandar a tomar por el culo. Yo lo hubiera hecho. Pero fue cuando el otro me lo preguntó.
-. ¿Nunca lo has hecho? ¿De verdad eres virgen con tíos?.
Pasé de ser un majara, a un imbécil virgen del que se podía uno aprovechar.
Fue un prolongado interrogatorio. Lógicamente ellos preguntaban de todo. Normal que fueran tan curiosos. Cuesta trabajo creérselo. Si tu no m e crees lo veo hasta normal. Pero en serio, fue así.
Me mandaron a por otros cubatas.
Cuando volví me dijo uno muy serio:
-. Me voy a follar a tu mujer, si ella quiere, si le gusto claro, dijo el callado
Ese era el “bi”, el otro no. Mira tú por donde me equivoqué de cabo a rabo y nunca mejor dicho lo de rabo. En eso, en lo otro no. Acerté, aunque fuera de carambola. No solo iba a aprender a estar con tíos, sino que además uno de ellos se la iba a follar delante de mí. A lo mejor no tendría que esperar a que su profe accediera a ello.
Fuimos a su casa. Se pusieron cómodos. Desnúdate, me ordenaron riéndose burlones. Obedecí.
La imagen tenía que ser de los más patética. Desnudo, de pie y ellos mirándome con una copa en la mano sentados cómodamente en el salón.
Me sobaron. Me tocaron lo que quisieron. Se burlaron de mi “pitilín”. Le daban golpecitos para que se meneara. Nada. Seguía allí.
-. ¿Y tú quieres ser un buen cornudo? Dijo uno mirando otra vez sus fotos. No me extraña… si no te pone…
Para mí fue suficiente la palabra mágica: “cornudo”. Mi pito, como llamaron despectivos al colgajito, reaccionó.
Se miraron uno a otro.
-. Cornudo…
Un examen de anatomía, palabras soeces, burlas, risas… Siempre mirando sus fotos, comentando obscenidades de ella…
Sobeteos y más sobeteos. Era su juguete. Me tocaron entero. Me giraron y me dieron la vuelta. Separaron las nalgas. Escupieron en mi ojete. Empujaron con un dedo y metieron un poco. Es virgen, dijo uno. -.A este le peto yo… Más risas… No paraban de decirme que me iban a reventar el culito y cosas así. Estaba a punto de explotar a llorar, de irme de lo patético que me sentía, y justo en ese momento, como si lo intuyeran lo dijo:
-. Bueno, bueno, bueno… Pues vamos a empezar… En primer lugar, vamos a empezar las clases de cornudo mamporrero... Arrodíllate… Vamos desnúdanos…
Dos pollas a cuál más tiesa, aparecieron delante de mí.
Y empezaron las clases… Efectivamente. Era la primera vez que iba a tocar una polla que no fuera la mía. Bueno a tocar y a… porque estaba decidido a todo, a hacer de todo.
Las acaricié. Sentí su textura, la suavidad del capullo en contraste con la piel, con el tacto de sus testículos, unos casi depilados, los del otro, peludos. Había variedad.
No me disgustó. No me desagradó. Para nada.
Y cuando tuve que lamer sus capullos, no dije nada. Ni me dio asco ni me aparté. Sabía que lo iba a terminar haciendo y no dije que no. Simplemente saqué la lengua y lo hice. Sentí el tacto de su capullo y noté el sabor del líquido pre seminal. En cierto modo ese sabor me era familiar.
Luego ya lo demás fue fácil. Dejar que empujaran, rodear su glande con la lengua, dejar que invadieran mi boca… Lamer y lamer de principio a fin sus pollas mientras acariciaba sus huevos… Vamos hice lo mismo que ella me hacía a mí, o que seguramente hacia a su profesor siempre que él quería. Sí. Pensaba eso cuando lamía sus pollas. Me preguntaba si ella sentirá lo mismo cuando se la chupaba, cuando se la lamía o relamía sus cojones cargados de esa repugnante lefa.
Y me vi. De rodillas, con una polla en la boca, otra apuntando a mi cara esperando su turno… y la mía dura, durísima señalando al techo, lista para explotar.
Un solo roce, por pequeño que fuera y me correría chupando una polla. Sería la corrida más humillante de mi vida.
Llegué a casa. Aturdido. Algo por alcohol y algo por lo que había pasado. Ella ya estaba ya en casa.
Menuda bronca me estaba echando. Que dónde estaba, etc… Alucinante. Apestaba a alcohol, y se la notaba algo pasada de vueltas.
-. ¿Tú que vienes sin bragas me dices que de dónde vengo?... Ya lo sabes…
Y se lo solté de sopetón. Avergonzado, humillado, pero se lo solté: estaba con dos tíos…
Se quedó paralizada. De piedra. No dijo nada. Y de repente reaccionó. Simplemente me abofeteó. Por primera vez en la vida. Estaba celosa. Vi su mirada súper posesiva. Yo era su juguete. Solo de ella. Otro bofetón.
No sé cómo en ese momento se me ocurrió meter la mano bajo su falda. ¡Estaba calada!. Súper excitada. Empezamos a reñir mientras la toqueteaba sus pechos por encima de la ropa. Hasta que se los saqué: estaban llenos de moratones.
Rompió a llorar. Venía a casa follada, usada como una puta, con el coño lleno de semen… Se había dejado follar para mí. Lo había hecho por mí, para que disfrutara y yo no estaba en casa, y para colmo la soltaba una historia increíble…
Costó convencerla y tuve que contar todo lo que pasó. Todo. Desde el momento que entré en el bar hasta cuando me corrí de rodillas casi sin tocarme.
Me miraba ojiplática tocándome el paquete. Y de repente me besó: “sabes a semen. ¿de verdad te has estado comiendo sus pollas?” Si, asentí mirando al suelo.
Su voz estaba cargada de lujuria mientras me preguntaba todo lo que les había hecho. Hasta que me preguntó si también me lo tragaba.
-. Es la primera vez… dije avergonzado.
-. No me vengas con coñas, ¿te lo has tragado sí o no?
-. Sí…contesté más avergonzado aún.
Y empezó a morrearme como loca… Eran morreos obscenos, guarros… No paraba de darme lametones por la cara, por los labios… Era como si buscara los restos de sus corridas.
La giré, se dio la vuelta y yo intenté penetrarla apoyada las manos en la mesa de la cocina sacando el culo hacia afuera. No paraba de moverse. No entraba. Accidentalmente, yo desde luego no lo buscaba, mi polla rozó su ano. Bueno estuvo cerca, o eso creo.
Y se volvió hacia mi.
-. ¡¡¡¿Pe, pe, pero vas a darme por el culo?!!! ¿te lo han enseñado tus amigos maricones?
No supe ni qué decir.
-. ¡¡¿qué?!!
-. Que, si me vas a dar por el culo, por lo menos échate aceite en el rabo, joder.
Se dirigió a la cocina. Cogió una botella de aceite y me echo un chorrito. Miraba embobado cómo me la untaba con las tetas fuera de la blusa meneándose como flanes de gelatina locos. No sé por qué, pero es que las tetas fuera de la blusa por encima del sujetador me siguen poniendo muy verraco. Creo que es una de las cosas que más me pone, ver a una mujer con el pecho por encima del sostén y ya he perdido el control.
El caso es que mientras estaba frotando mi polla se me ocurrió preguntárselo…
-. Te… te… ¿Andrés te da por el culo?…
-. Si, ya sabes que si… Su respuesta fue sincera. Cargada de naturalidad. Para ella el que su amante la follara o la metiera la polla en la boca hasta la garganta era normal. Y el que la sodomizara también. Debía entrar en el menú.
-. Pe, pe, pe, pero tú y yo no habíamos hecho esto nunca… Me sentí patético. Si es que soné como gimoteante.
-. ¿Qué pasa? ¿te molesta? Tampoco me estrenaste el coño joder. Ya te dije la noche de bodas que tenía el chichi más usado que un trapo de cocina, y bien que te reías mientras lo hacíamos.
Se volvió a colocar en la postura. Apoyé el capullo en la entrada y claro que entró. Empujé un poco y hasta a dentro.
Un suspiro de gusto y un lascivo “Tócame el coño cornudo”. Y luego un “Joder qué soso eres” fue todo lo que dijo cuándo se la metí por el culo. Ni una sola queja, ni un gemido de dolor. Nada. Desde luego el chichi y su ojete estaban usados, muy, pero que muy usados.
La verdad es que estaba como en una nube, allí en la cocina, masturbándola y sodomizándola por primera vez en mi vida., y ella gimiendo y disfrutando…
-. Y a ti qué, ¿te han follado el culito tus amigos?
-. No… contesté jadeante.
-. ¿Y a qué esperas?… Cuanto antes te le follen mejor… A lo mejor Andrés quiere metértela en el culo.
Cuanto más me picaba y me decía qué me iba a hacer Andrés más excitado me ponía.
Las embestidas eran más y más fuertes, sus jadeos más intensos, sus palabras más obscenas…
-. Me corro cabrón, me corro, fóllame más cornudo, méteme el rabo chupapollas… me decía constantemente.
A mí me encantó el sodomizarla en la cocina, pero sobre todo lo que más me gustaba y me hacía disfrutar era el saber que él la daba también por el culo, que la usaba por todos los sitios, que era más suya que mía…
Ella se meo un poco mientras se corría. Lo vi luego. El pequeño charquito en el suelo.
Yo caí rendido, exhausto sobre su espalda. La polla ya fofa se salió resbaladiza. Tuve que tumbarme en el suelo de la cocina. Ni me tenía de pie.
Estaba preciosa. Despeinada, jadeante, con el maquillaje corrido. Completamente sudada. La blusa abierta, con las tetas aun por fuera del sujetador y sin nada en la cintura. Con su coñito al aire.
Se quitó la ropa que aun tenia puesta y la tiró al suelo.
Me ayudó a levantarme y nos fuimos a la cama. Nos besamos.
Sujetó mi cara entre sus manos. Te amo. Y yo a ti, respondí.
Empecé a llorar.
Me preguntó que qué me pasaba y entonces se lo dije. La dije que estaba muy preocupado, que lo mío no me parecía normal. Que tenía que hacérmelo mirar, incluso que había pedido cita para ir al médico.
Ya sabes, cornudo, maricón, enfermo. Si lees, si buscas, si comentan, lo dicen con frecuencia. Todos los tíos lo critican.
Se incorporó un poco en la cama y se me quedó mirando.
-. ¿Al médico? ¿Qué vas a ir al médico? Me dijo. ¿pero de dónde te has sacado tu esa bobada? Ni tu ni yo estamos enfermos.
A ver, cariño, ¿Te das cuenta de que ahora follamos muchísimo más y mejor?
Mira, yo te acepto como eres, y tú me aceptas como soy. Todo lo que hago, lo hago encantada. A mí me gusta y además sé que a ti también. Por eso disfruto. Mientras me está follando Andrés disfruto, claro que disfruto, pero también pienso que se va a correr dentro de mí y que tú vas a gozar lamiendo mi coño lleno de su leche. Sé que eso te hace feliz y me excito más. Y si no cumple Andrés, me tiro al barro y me dejo follar por cualquiera con tal de que tú, disfrutes viendo mi coño irritado.
Mi amor… No todos los matrimonios pueden decir lo mismo, ni presumir del grado de complicidad y cariño que nosotros tenemos.
Piénsalo… ¿Cuantas cosas haces tu por darme placer?. Eres capaz de hacer de todo.
Seguro que quien te llama cornudo, o enfermo maricón se mata a pajas imaginando hacer sus sueños, y tu y yo los hacemos. No sé dónde ni porqué lees esas bobadas…
Si, seguro que sus parejas no son tan felices como lo somos tu y yo. Y no te lo digo por consolarte o por levantar la moral.
A ver cornudito mío… ¿Sabías que Andrés, por ejemplo, el que me folla algunos miércoles, lleva tres divorcios? No le aguanta ninguna mujer. Sí, Me folla y me hace mil diabluras, pero mira es un tipejo infiel, lleno de secretos, que con su mujer es un traidor y en vez de vivir su sexualidad, la pone los cuernos, y luego critica a todo el mundo. Y para colmo se siente muy machote. Sí, porque muchos días… vamos que me tengo que ayudar para llegar a correrme… o meterme en una disco y dejar que venga el baboso de turno y me la clave en los W.C. o en un portal…
Mira mi amor… yo no quiero a Andrés ni a ninguno de los que me la meten. A Andrés le escogí por comodidad. Me pillaba “muy a mano”. Se me insinuó. Como a todas. Porque va de eso de machito conquistador. Un día me puso cachonda, me pilló el día tonto, ya sabes, me dejé invitar a una copa y con la excusa de que había bebido, acabé espatarrada en su coche. Para mí es muy cómodo buscar un tío que vaya de follador como el, con el que solo tener sexo. Si, solo sexo, sin ninguna complicación y usarle y tirarle cuando ya no vale. Es una polla de usar y tirar.
Para mí eso son los “machitos” que van de súperhetero. Los machotes. Los tipos normales aburridos de sus mujeres.
En cambio…. Tu y yo gozamos y disfrutamos a tope… Eres un privilegiado… No es fácil que su mujer acepte su sexualidad tal cual es, que los dos disfruten a tope. Y… sobre todo, que el cornudo maricón enfermo tenga lo que estos machotes de medio pelo no tienen: la felicidad y el amor de su pareja.
¿Quién será el infeliz? ¿el cornudo maricón enfermo o el machote que vive solo matándose a pajas? Ya sabes que estos tipos nunca son felices, nunca tienen bastante, por eso deben meterse en la vida de los demás, para tener aire fresco en sus vidas.
A mí me da igual lo que seas. Sí, me gustas y te quiero seas hetero, homo o bi. Yo creo que simplemente no te pones barreras a la hora de disfrutar del sexo, que gozas a tope con tu mente y tu cuerpo… que disfrutas de las situaciones sin importarte nada… solo el momento... Mira… Si hay alguien que te diga algo, pregúntale si tiene algo parecido.
Esa noche me contó su primer polvo con Andrés en el coche mientras me hacía una lenta y maravillosa pajilla. Luego, nos dormimos abrazados. Como cuando éramos novios.
Agradecimientos s L., J.C, Alf….
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