Historias del complejo. Segunda serie. (25)
Manuel siempre supo que Lorena era diferente, pero nunca imaginó que su pasión por escribir la llevaría a cruzar la línea entre la observación y el peligro. Lo que comenzó como un romance prohibido por la edad se transforma en una vida plena, hasta que la última entrevista de Lorena lo deja sin aliento. ¿Qué esconde la nota que encontró en la cocina?
Gabriel
Hubo momentos en algunas de nuestras charlas, donde su cara se iluminaba, sus gestos cambiaban radicalmente, los lindos recuerdos de algunos momentos de su vida, me hacían ver que había sido un tipo lleno de vida, de ilusiones, de proyectos y con muchas cosas para dar.
Pero según cambiaba la dirección de su relato, la tristeza lo volvía a embargar, su semblante volvía a ese que tantas veces había visto, su mirada volvía a apagarse.
La historia de Manuel
Capítulo 3
En pocos segundos pensé sí era ahora o luego de la cena, pero creo que la ansiedad me pudo, y sin pensar en las consecuencias, lo solté...
-MANUEL: Lore!
Había tomado carrera para dar el salto, pero ella lo cortó en la primera palabra.
-LORENA: Me gusta que me digas Lore!
Pero acto seguido, tomé aire y volví a la carga.
-MANUEL: Ayer cuando hablamos te dije que no se me da bien mentir, tampoco se me da bien ocultar, y en esta oportunidad no quiero ocultar, no puedo ocultar. Ya lo oculté por mucho tiempo, el mismo día en que entré a la clínica y te vi, mi corazón lo supo, desde ese momento no he podido dejar de pensar en vos, tengo tu mirada y tu sonrisa grabadas en mi retina, me enamoré de vos en ese mismo instante, y desde ese momento mi corazón no ha parado de ponerse como loco, cada vez que te he tenido frente a mí. No sé en qué puede resultar todo esto, y entendería perfectamente, si me dijeras que no sentís nada por mí, pero necesitaba ser consecuente con lo que estoy sintiendo, me llevó semanas tomar la decisión de buscarte para volver a verte, tengo perfectamente en claro cómo son las cosas y las consecuencias, pero necesitaba hacerlo, necesitaba decírtelo!
Su mirada estaba clavada en la mía, y en ese pequeño silencio, una leve sonrisa asomaba en sus labios, realmente el corazón estaba por salírseme del pecho, hasta que sin dejar de mirarme a los ojos me dijo.
-LORENA: También me enamoré de vos Manu, aunque en mi caso, no fue tan inmediato, aún recuerdo lo nerviosa que me puse cuando supe quién eras, y con el correr de los días lo supe. Nunca te hubiera dicho nada mientras estaba trabajando en la clínica, no me parecía correcto, además, no quería parecer la empleada que intenta enganchar al jefe, y me lo callé. Por eso me puse tan feliz ayer cuando te vi, estaba hecha un flan de los nervios ni bien te reconocí, pero que me hayas ido a esperar a la salida de la facultad, significaba algo, algo que esperaba, porque yo no me había animado a volver a verte en la clínica.
En ese momento tomé su mano con la mía y la seguí mirando a los ojos.
-MANUEL: No puedo explicarte lo que estoy sintiendo en este momento, nunca antes me pasó algo así con una mujer, en todo momento fui consciente de la diferencia de edad entre nosotros, y eso hizo que me costara tomar la decisión, pero ya no pude contenerme más.
-LORENA: También lo pensé, y creí que nunca te fijarías en mi, justamente por eso! Aunque eso a mí no me importa!
-MANUEL: Marcelo me conoce mucho, él se dio cuenta lo que me estaba pasando, y cuando lo hablamos, me hizo entender que la edad no es lo importante, lo importante es lo que se siente, y lo que siento por vos, es mucho más profundo, mucho más innegable de lo que hubiera creído, cada día que pasaba, esa necesidad, al menos de expresarlo, iba creciendo cada vez más, hasta que ya no pude contenerla dentro de mí.
-LORENA: Y me hace feliz que lo hayas hecho! Creí que nunca pasaría, llegué a sentir que lo que había empezado a sentir por vos, era un imposible!
-MANUEL: No es un imposible! Aquí estamos, frente a frente, y en mi caso feliz de que así sea!
-LORENA: También estoy feliz! Súper nerviosa, pero feliz!
Y en ese momento, me acerqué a ella lentamente, aparté el mechón de su cabello y tomándola suavemente de la cabeza, acerqué mis labios a los suyos y la besé con todo el sentimiento que afloraba por cada poro de mi piel.
Un instante después, sentí su mano en mi nuca y el beso se potenció, abriendo nuestras bocas, dejando que nuestras lenguas se encontraran por primera vez.
No podía estar más feliz, no podía dejar de agradecerle a mi corazón, el haberme dado el impulso necesario para llegar a este momento, el que sentí que era el comienzo, el principio de algo a lo que estaba dispuesto mi ser, de que sea algo maravilloso para los dos.
El beso fue interrumpido por el mozo que se acercó a nuestra mesa con la comida que habíamos pedido.
Nos miramos con esa complicidad que me decía que era cierto, que no era un sueño, que entre nosotros dos estaba naciendo una nueva vida, una vida compartida.
La cena estuvo más que deliciosa, en mi caso, disfrutada en la seguridad de que todo lo que sentía por ella no sería en vano, que el camino se iba despejando de dudas para poder intentarlo, y yo estaba más que dispuesto.
Terminamos de cenar, pagué la cuenta y salimos del restaurante, si alguien en ese momento me hubiera preguntado cuál era mi deseo, sin dudarlo un instante, hubiera contestado que quería llevarla a mi casa y que se quedara allí para siempre.
Caminamos hasta el auto y antes de subir, nos volvimos a besar, abrazados, sintiéndonos, queriéndonos.
Subimos al auto y salimos en dirección a su casa, no quería invitarla a la mía tan pronto, no quería parecer un desesperado por dormir con ella, aunque en ese momento quería hacerlo, al punto que ni me preocupaba hacer el amor o no esa noche, eso ya llegaría en su momento, tan solo moría por tenerla a mi lado y despertar viendo sus ojos.
Unas cuadras después, y viendo que tomaba en dirección a su casa, me preguntó:
-LORENA: ¿Estamos yendo para mi casa?
-MANUEL: Así es hermosa! Salvo que usted desee lo contrario! No me atrevería a pedirle que pasara la noche conmigo! Intento conservar las formas!
-LORENA: Atrévase caballero! Quizás le sorprenda la respuesta!
-MANUEL: En ese caso, no me resta más que decirle que me encantaría despertar junto a usted en la mañana! Nada sería más hermoso que amanecer en sus ojos!
-LORENA: Es usted tan caballero, que no puedo dejar de decirle, que me encantaría dormirme en su pecho!
Mientras conducía, acaricié su mejilla con el dorso de mi mano, y ella se apoyó en ella cual gatito mimoso buscando la caricia.
Lógicamente cambié de rumbo y fuimos en dirección a mi casa, entramos y le ofrecí un café. Lo aceptó y lo tomamos conversando un buen rato, sentados en el sillón del estar.
Luego de caricias, besos y abrazos, ni recuerdo a qué hora, y tampoco viene al caso, nos fuimos a mi dormitorio.
Nos volvimos a besar abrazados frente a la cama, los besos y las caricias fueron aumentando en intensidad y no pude evitar la erección, que sin dudas pudo notar contra su cuerpo en ese abrazo, y que luego del beso, su pícara sonrisa me lo confirmara.
Nuestras manos fueron poco a poco buscando nuestra piel, tímidamente al principio, pero cada vez más intensamente a medida que el termómetro de la pasión, nos introducía en ese espiral de sensaciones del que ninguno de los dos quería salir.
Lo primero fue su vestido, que desabrochado lentamente y luego deslizado por sus hombros llegó hasta la alfombra de mi habitación.
No pude sino quedar maravillado ante la belleza de su cuerpo, de su piel, cubierto tan solo por ese conjunto de ropa interior de color blanco, normal, de algodón, que tan solo cubría sus zonas prohibidas.
Los botones de mi camisa fueron desprendidos lentamente por sus delicados dedos, que luego la abrieron y sorteando mis hombros, cayera también al piso.
Mis zapatillas abandonaron mis pies, y poco después mi pantalón llegaba a mis tobillos, levantando cada pie para terminar de sacarlo.
Ya tan solo ambos en ropa interior, nos volvimos a abrazar, a besar y a acariciar. Mis manos buscaron el broche del corpiño en su espalda, desprendiéndolo, previo a las caricias que recorrieron su espalda.
Fue ella quien se separó un momento de mí, y moviendo sus brazos lo dejó caer, para quedar frente a mí sus hermosas tetas, más bien pequeñas, coronadas por un hermoso pezón que claramente ya estaba enervado por la situación.
Nos volvimos a abrazar sintiendo su pecho contra el mío, sus dos manos fueron de mi espalda descendiendo, introduciéndose dentro de mi bóxer, que poco a poco comenzó a bajar, y yo por supuesto, facilité la maniobra.
Quedó unos instantes después, frente a mi hombría en todo su esplendor, aunque no soy un portento de filmes triple equis, tengo un cierto tamaño que me hace portarlo con orgullo.
Fue tan solo un momento después, que mis índices buscaron el borde de du bombachita para comenzar el descenso que la dejara completamente desnuda frente a mí, tan desnuda como estaba yo en ese momento.
Ya desnudos los dos, nos recostamos en la cama entre besos cada vez más apasionados, mi boca comenzó a recorrer su sedosa piel, centímetro a centímetro, deteniéndose un momento en cada unos de sus inhiestos pezones que parecían pedir ser succionados. Y no los defraudé, alternando de uno al otro, haciéndola gemir cada vez más audiblemente.
Mi mano acarició su panza plana, descendiendo hasta su pubis de bellos prolijamente recortados.
Mis dedos buscaron delicadamente el calor de su entrepierna, pero al llegar, no era solo calor lo que irradiaba su vulva, la humedad se había hecho presente, haciendo que mis dedos se deslizaran fácilmente por toda su intimidad.
En ese momento, y pese a estar embriagado por su cuerpo, tuve un instante de lucidez para recordar en que no tenía preservativos, qué imbécil! ¿Cómo no pensé en eso? Y como si mis pensamientos estuvieran tatuados en mi frente, y ella pudiera verlos claramente, en mi oído, un murmullo agitado por la situación, su aterciopelada voz dijo:
-LORENA: No hace falta preservativo Manu! Tomo pastillas! Necesito sentirte así!
-MANUEL: También deseo sentirte! Nada me haría más feliz!
Y acto seguido, su mano buscó mi erección, la acarició en toda su dimensión, como sopesando lo que en breve estaría en su interior, y que creo estaba deseándolo tanto como yo.
Sabiendo que estoy sano, no lo dudé, confiaba en ella plenamente.
Entre besos apasionados, mi cuerpo se fue acomodando entre la abertura que sus piernas habían dejado para recibirme.
Sin ayuda de ninguno de los dos, mi hombría frotó suavemente su vulva, haciendo más audible sus gemidos, hasta que ubicándose en el portal de su intimidad, fui entrando en ella lentamente, suavemente, sintiéndola, haciéndola sentirme.
El ritmo fue lento, suave, era la primera vez y no pretendía ser demasiado intenso, ya nos iríamos conociendo.
Mi cuerpo se juntó con el suyo, ya todo mi sexo estaba en su interior, ella tenía los ojos cerrados y abrazaba mi cuello, pegándose a mí.
Los movimientos fueron de menor a mayor, al compás de sus jadeos, no quería apresurarme, quería que ella lo gozara, que ella lo alcanzara primero, quería expresarle con el cuerpo, lo que sentía mi alma.
Sentí sus dedos presionar cada vez más intensamente la piel de mi espalda, y un momento después, una exhalación seguida de un temblor en su cuerpo, me anunciaban la llegada de un espectacular orgasmo.
Casi me detuve por completo para permitirle disfrutar ese momento, mi boca buscó la suya y la pasión nos desbordó.
-LORENA: Si Manu! Qué locura lo que me hiciste sentir! Te amo Manu! Te amo como nunca creí que amaría a alguien!
-MANUEL: Te amo con todo mi ser princesa!
Pero no terminó ahí, luego de nuestras palabras de amor, volví al ataque incrementando de a poco la intensidad de mis embestidas, hasta que un momento después, su cuerpo todo me volvió a mostrar su placer, tembló, me apretó contra su cuerpo y vació sus pulmones con un jadeo animal, que me estremeció, haciéndome eyacular inevitablemente en su interior.
Nuestras bocas siguieron en contacto, nuestros cuerpos pegados y nuestras manos acariciando suavemente nuestros cuerpos, casi como al principio.
Solté su boca tan solo para decirle al oído que la amaba, que me hacía el hombre más feliz del mundo.
Con su respiración aún agitada, me decía una vez tras otra que me amaba.
Abrazados y entre caricias mutuas, nos quedamos dormidos.
Abrí los ojos, estaba boca arriba y antes de mirar al costado, pensé si todo había sido un sueño, pero bastó girar levemente la cabeza para verla ahí durmiendo plácidamente, desnuda aún, y mi corazón se volvió a acelerar.
No sé cuánto tiempo estuve viéndola dormir, feliz de tenerla allí, recordando lo vivido la noche anterior e imaginando los tiempos por venir.
Por supuesto no iba a despertarla, que durmiera hasta cuando su cuerpo así lo decidiera.
Sus ojos se abrieron casi una hora después, y todo ese tiempo había estado mirándola, imaginando, lo que podríamos hacer al levantarnos, pero también, el resto de nuestras vidas.
Por mi mente pasaron un montón de cosas, viajes, paseos, salidas, hacer lo posible para que terminara sus estudios, poner todo de mí para que fuera la mujer más feliz del mundo, intentando que no se arrepintiera de haberme elegido, que pudiera lograr todo aquello que sus deseos le propongan, y porque no, pensar en casamiento, familia, una casa nueva, hijos, más viajes y todo lo que se nos ocurra, lo que sea que nos guste y nos haga felices.
-MANUEL: Buenos días princesa!
-LORENA: Hola amor mío!
-MANUEL: Pudiste descansar?
-LORENA: De maravillas!
Y ese viernes catorce de octubre de dos mil doce, quedó grabado en mi corazón y mi alma para siempre.
A partir de ese momento, y aunque no nos poníamos ese título, comenzamos una relación como de novios.
Casi un mes después conocí a su madre, y le debo haber parecido un buen candidato para su hija, porque quedó encantada conmigo.
Pasamos la Nochebuena y la Navidad con su madre, y para el fin de año nos fuimos una semana a Punta del Este, donde recibimos el dos mil trece, más enamorados que nunca.
Poco a poco nos fuimos conociendo, en todos los aspectos de nuestra vida, en la forma de pensar, de actuar, en los sueños, los deseos, los proyectos, y por supuesto en el terreno sexual, donde la fogosidad de los dos, estaba a flor de piel a cada momento, bastaba tan solo un roce en el lugar y momento adecuado, y nuestra pasión se desataba exquisitamente.
Los primeros días de marzo, le pedí que se viniera a vivir conmigo, creo que los dos lo deseábamos, y creo que Lorena estaba esperando que se lo pidiera.
Su madre lo aceptó de buen grado, y una semana después ya estaba instalada en casa, donde desde hacía tiempo, pasaba varias noches a la semana.
Ese año Lorena comenzaba el ante último de la carrera, y lógicamente le dije que no era necesario que buscara trabajo, con mis ingresos era más que suficiente, para solventar sus estudios y nuestra vida juntos.
La relación con Marcelo y Viviana, se estrechó tanto, qué armábamos muchos planes los cuatro juntos, incluso imaginamos muchas veces algún viaje o unas vacaciones, pero por cuestiones de la clínica, no solíamos estar los dos al mismo tiempo de vacaciones.
A Lorena siempre le gustó escribir, lo supe desde que la conocí, escribe cuentos, novelas breves, algún ensayo sobre algún tema que le interesa, poemas, e incluso en algún momento, comenzó a escribir una obra de teatro.
En verdad se le daba muy bien, siempre que tenía algo escrito, me lo leía pidiéndome mi opinión, y en todas las ocasiones, sentía admiración por su forma de escribir, aunque siempre me decía que tan solo eran escritos para ella.
También le gustaba mucho sacar fotos, iba a todos lados con su pequeña y antigua camarita digital, y fue entonces que pensé para ese tres de abril, día de su cumpleaños número veinticuatro, regalarle una Notebook y una linda cámara fotográfica.
Estaba tan enloquecida con sus regalos esa mañana, que se colgó de mi cuello cual koala, y me besó apasionadamente.
Como es lógico, ese día llegué un poco tarde a la consulta, ni tiempo tuve de desayunar, me agradeció su regalo con dos hermosos orgasmos mañaneros.
A mitad de ese año, por su amigo Ariel, consiguió la oportunidad de escribir un artículo semanal en un portal, sobre diversidades sexuales, un tema que a ella le interesaba, supongo que a raíz de su amistad con Ariel, y comenzó hacer entrevistas, y a contar historias de vida de gays, lesbianas, transexuales y otras diversidades sexuales.
Antes de enviarlas para su publicación, siempre me las hacía leer o me las leía ella misma, para que le diera mi opinión, y en verdad todas ellas eran historias de vida muy duras, donde la segregación o la discriminación por las divergencias de género, eran moneda corriente.
Sus artículos fueron muy bien recibidos, sobre todo por lo bien escrito que estaban, y por el respeto a esas personas que ponía en cada una de sus líneas.
Hizo muchas entrevistas, incluso en casa, donde esas personas, sabiendo el trato que ella le daba a sus historias, abrían sus vidas, mostraban sin tapujos sus dolores, sus deseos, sus sueños, sus frustraciones y en muchos casos, la valentía de enfrentar a una sociedad tremendamente obtusa, que no quiere o no puede entender que haya personas con orientaciones sexuales diferentes.
Sus notas en el portal tenían cada vez más visitas, cada nota tenía más y más comentarios y yo me sentía orgulloso de ella, de su talento al escribir y de su sensibilidad en el trato de cada historia.
Para mediados de octubre, comenzó a escribir un libro, con estructura de novela, pero contando historias de la vida real, vivencias recogidas en las entrevistas con todas esas personas.
Cada parte que iba escribiendo me la iba leyendo y yo le daba mi opinión, me encantaba la pasión que ponía cuando quería hacer algo que la entusiasmaba.
Al año siguiente, cursó el último año de la carrera mientras seguía con sus notas en el portal y escribiendo cuanta cosa pasaba por su cabeza, también tomó un curso de fotografía, quería mejorar su técnica para conseguir mejores fotos para sus notas.
Por supuesto, la sentía feliz haciendo lo que le gustaba y yo, era feliz viéndola.
Nuestra relación era cada día mejor, disfrutábamos cada momento en que estábamos juntos, aunque en ocasiones ella estaba escribiendo mientras tanto, pero a mí no me importaba, ella era feliz haciéndolo y eso para mí era suficiente.
A cada viaje que hacíamos, siempre llevaba su notebook y su cámara, si algo aparecía en el camino, que le inspirara a escribir, lo hacía incluso mientras viajábamos en el auto por alguna ruta.
Ese fin de año, terminó su carrera, llegó a su tan ansiado título de licenciada en comunicación social.
Hicimos una fiesta ese mismo viernes por la noche y los primeros días de diciembre, nos fuimos veinte días a Europa, unos días en Madrid, otros en Paris y otros a Londres para volver desde allí.
No podía sentirme más feliz, más enamorado, mi corazón siempre lo supo, y sin temor a equivocarme, sentía que nuestra vida era una hermosa vida.
Me sentí amado por ella desde el primer día, me hacía partícipe de cada cosa en su vida, me trataba siempre como a un rey, se desvivía por mí a cada momento, nos entendíamos a la perfección, nos complementábamos de tal manera que por momento parecíamos uno.
Durante ese viaje, le conté la idea que venía teniendo desde hacía un tiempo, construir nuestra propia casa, a nuestro gusto, donde quisiéramos. No es que el departamento donde vivíamos no era amplio y cómodo, pero quizás, pensando en un futuro, en ese momento en que quizás nuestra familia se agrandara, nuestros hijos tuvieran un lindo lugar para crecer, un parque, una pileta, un quincho, en definitiva, una casa donde nos sintiéramos cómodos y a gusto.
A Lorena le encantó la idea, y por primera vez hablamos de tener hijos, aunque decidimos que no sería en el corto plazo, entendía que Lorena necesitaba desarrollarse profesionalmente antes de la llegada de un hijo, y aún era joven.
Ese mismo año, compramos un terreno en una linda zona de San Isidro y contratamos una arquitecta que nos diseñaría nuestra casa.
Tuvimos varios encuentros con Noelia, así se llamaba la amable arquitecta, incluso fuimos los tres a visitar el terreno.
Casi dos meses después nos presentó el proyecto, no queríamos nada extravagante, ambientes amplio, bien iluminados, tres dormitorios, y un ambiente que funcionaría como escritorio para los dos, pero principalmente para Lorena, que pasaba muchas horas al día escribiendo en su notebook.
Antes de finales de ese año, nuestra casa estaba casi lista, solo faltaba terminar de pintarla, instalar los artefactos y las plantas y el césped del jardín.
En los casi treinta metros que quedaban al fondo de la casa, hicimos una pileta, no muy grande y a un costado un quincho cerrado con parrilla y un baño y vestuario para usar durante el verano para no tener necesidad de entrar a la casa.
Para el mes de febrero de dos mil quince, ya estábamos completamente instalados en nuestro nuevo hogar, felices por supuesto, más felices que nunca.
Recuerdo esa mañana de verano, que luego de haber pasado la noche por primera vez en nuestra casa, sentados con el mate en el parque, volvimos a hablar de hijos, aunque volvimos a pensarlo para dentro de un tiempo, un par de años quizás.
El trabajo en la clínica seguía creciendo y tuvimos que ampliar la casa contigua, hicimos más consultorios con sala de espera, secretaría y baño y contratamos más profesionales que poco a poco fuimos capacitando.
Con el tiempo y casi sin pretenderlo nos habíamos convertido en un lugar de referencia a nivel nacional en el tratamiento y rehabilitación de deportistas, incluso habíamos conseguido varios convenios con clubes de la primera división, para el tratamiento y recuperación de sus futbolistas lesionados.
Con Marcelo siempre tuvimos en claro que la clínica había crecido mucho más de lo que alguna vez habíamos imaginado, pero siempre tuvimos en claro, que no queríamos que nuestro trabajo nos quitara nuestra vida, no queríamos vivir para trabajar, tan solo trabajar para vivir.
Así fue que no atendíamos todos los días de la semana, Marcelo no lo hacía los lunes y yo no atendía los viernes, así nos quedaba el fin de semana de tres días a los dos, salvo por supuesto, alguna operación de urgencia o la visita de algún paciente internado.
Tanto a Lorena como a mí nos gustaba mucho viajar, y lo hacíamos muy seguido en esos fines de semana, y también dos o tres veces en esos años, nos tomábamos una semana o diez días y hacíamos algún viaje más largo.
No podía sentirme más pleno, cada día estaba más enamorado de Lorena, y ella de mí, no parecía que hubiera pasado el tiempo que ya llevábamos juntos, para mí era como si recién hubiéramos arrancado, sé que para muchas parejas, el pasar de los años, el trabajo, las obligaciones y la rutina, va retrayendo algunos aspectos de sus vidas en común, pero en nuestro caso, sentía que era todo lo contrario, cada vez me colmaba más compartir cada día junto a ella.
Ese año, para el mes de abril. Lorena consiguió trabajo en una editorial, como correctora, no trabajaba todos los días, lo hacía cuando la editorial se lo pedía, y la mayoría de las veces, lo hacía desde casa.
No era quizás el trabajo que a ella más le gustaba, pero le permitía estar en contacto con el mundo de la escritura y las publicaciones.
También ese año decidimos casarnos, no es que necesitáramos estar dentro del marco de la ley, en verdad nos daba lo mismo, pero quisimos formalizar nuestra relación delante de todas nuestras personas queridas.
Lo hicimos tan solo ante el registro civil ese viernes veintitrés de mayo de dos mil quince, casi al mediodía, y esa misma noche, hicimos una pequeña fiesta en casa.
En esa época, Lorena retomó ese libro que tenía empezado y que por cuestiones de tiempo, de inspiración o de tener otros proyectos en mente, había ido postergando, y buscando material para seguir escribiendo, volvieron también las entrevistas.
Intercalando con su trabajo en la editorial y con sus otros escritos, le iba dando forma a ese libro que venía escribiendo desde hacía tiempo, calculaba yo, hacía más de un año.
En los últimos días de noviembre, ya con el calor sobre nosotros, pusimos en funcionamiento la pileta de casa, y era normal llegar de la clínica, y verla con su bikini, sentada a la sombra de la Santa Rita, en una de las reposeras y escribiendo con la notebook sobre sus piernas.
Esos días de calor, al llegar me sacaba toda la ropa, me ponía el short de baño y me daba un chapuzón, ella me esperaba todas las tardes con el mate preparado, y cuando salía de la pileta nos sentábamos a tomar mate con alguna macitas, budines o tortas que ella misma cocinaba.
Cada tarde me ponía al tanto de lo que iba escribiendo, y a mí me encantaba que lo hiciera.
Algunas tardes me mostraba algún artículo, las notas para el portal, y otras, lo que había escrito para su libro.
Una de esas tardes, mientras tomábamos unos mates, me dijo que le iba dando forma final a su libro, pero que necesitaba tocar un par de temas más, era un común denominador en parte de su historia, el tema de la prostitución, y quería tener la oportunidad de hablar con alguna de las chicas que la ejercían.
Pero me dijo que no sabía cómo poder llegar a lograr algún contacto con las chicas que se comerciaban con su cuerpo.
Fue entonces que le comenté, que en algunos barrios como el Once o Flores, alguna vez había visto chicas paradas en alguna esquina ofreciendo sus servicios.
Y se me ocurrió decirle, que recorriéramos esas zonas, y tratar de encontrar a alguna chica, que quisiera contar su historia.
Lo hablamos durante varios días, ella era bastante conocida por sus notas en ese portal, y quizás al hacerse conocer con alguna de esas chicas, podría conseguir que le contaran su historia.
Unos días después, se me ocurrió comprarle una tablet, al hablar con alguna de ellas, podría explicarle quién era, mostrándole sus publicaciones en el portal.
Esa tarde al llegar, y entregársela, se puso loca de contenta, al punto que dejando la tablet y la notebook a un costado de la reposera, me comenzó a sacar toda la ropa, dejándome desnudo a la orilla de la pileta, ella se quitó su bikini, y desnudos los dos nos metimos al agua.
Abrazados en la pileta, me comió literalmente la boca, agradeciéndome todo lo que hacía por ella, salimos del agua, y sin secarnos hicimos el amor sobre una de las reposeras.
Me encantaba su forma de agradecerme, nos pasamos un buen rato sobre las reposeras, cambiando de posiciones, hasta un sesenta y nueve hicimos sobre una de ellas y a punto de tener su tercer orgasmo, me pidió por favor que acabara junto con ella.
Cómo iba a resistirme a esa petición, ya sabía perfectamente el momento en que sus orgasmos llegaban, y aceleré mis embestidas sobre la reposera, hasta que acabamos juntos.
Después de un rato abrazados y acariciándonos, nos tomamos los mates, desnudos los dos al borde de la pileta.
Le propuse salir ese viernes en la tarde noche, a recorrer las zonas donde alguna vez había visto a las chicas trabajando.
Primero fuimos a la zona de Flores, cerca de avenida Avellaneda, alguna vez las había visto por allí.
Después de un par de vueltas, encontramos a una chica, de piel negra, dominicana quizás.
Paré el auto y la chica se acercó, al ver que estábamos los dos dentro del auto, se acercó del lado de Lorena.
Lorena le explicó lo que estaba buscando, pero la chica creo que sintió cierto temor, tan solo le dijo que había llegado al país hacia unos meses, y que no quería tener problemas con el hombre que las manejaba, Lorena entendió perfectamente y le agradeció de todas formas.
Hicimos un par de cuadras más, encontramos una mujer de unos cuarenta y dos o cuarenta y cinco años, de buena figura, con una minifalda que dejaba ver gran parte de sus piernas, y una remera ajustada remarcando sus enormes pechos.
Lorena bajó con la tablet y se acercó hasta ella, estuvieron hablando un momento, le enseñó la pantalla de la tablet, y hablaron un momento más.
Lorena sacó su teléfono del bolsillo de su pantalón, supuse en ese momento, que para agendar el teléfono de esa mujer.
Hablaron un momento más, se despidieron con un beso y Lorena volvió al auto.
Al ver su cara sabía que lo había conseguido y al subir al auto me dijo:
-LORENA: Listo amor! Conseguí una entrevista con esta chica, su nombre para el trabajo es Laura, cuando le dije quién era y le mostré la pantalla, me dijo que había leído muchos de mis artículos, ya sabía quién era, pero me dijo que agendara su teléfono, para encontrarnos en un momento en que no estuviera trabajando, ahora no podía.
-MANUEL: Qué bueno amor! ¿Cuándo se van a encontrar?
-LORENA: Me dijo que para ella es mejor por las mañanas o temprano en las tardes, que la llame o le mande un mensaje mañana después de las once de la mañana.
Volvimos para casa con una Lorena muy entusiasmada, y ya en casa le pregunté si ya tenía pensado editar su libro.
Me dijo que hacía un tiempo lo venía pensando, pero que una vez que estuviera terminado, vería qué hacer.
El encuentro fue al día siguiente a las dos de la tarde, en un café cerca de la casa de Laura.
Cuando regresé esa tarde a casa, Lorena ya había regresado, y por supuesto la encontré sentada y escribiendo en su notebook.
Mientras tomábamos unos mates me contó de la charla con Laura, que su verdadero nombre era Marina Ríos, le contó de la difícil vida que había tenido, una familia complicada, una pareja violenta, sin posibilidades de estudiar, y con dos niños pequeños por mantener, luego de que el padre de sus hijos, los abandonara para nunca más volver a verlos, se dedicó a la prostitución para poder criarlos.
También me contó que ella le conseguiría otras chicas, también prostitutas amigas de ella, para entrevistar.
También le contó aunque no con todos los detalles, cómo se manejan las cosas en ese mundo, donde muy pocas chicas, pueden trabajar de manera independiente, pero en la mayoría de los casos, están regenteadas por un proxeneta, que con la excusa de darles protección y un lugar seguro para los encuentros, se llevan poco más de la mitad de los honorarios de cada "servicio".
La vi tan entusiasmada escribiendo, qué le dije que yo prepararía la comida, y con esa sonrisa pícara, me dijo que luego me lo agradecería.
Por supuesto ya sabía su forma de agradecérmelo, y vaya si me lo agradeció, esa noche después de cenar nos fuimos a la cama tempranito, y nos hicimos el amor por un par de horas. Amo su entrega en cada encuentro, amo el placer que me da y su forma de gozar, cada orgasmo suyo es una delicia, ese placer expresado con cada parte de su cuerpo, la forma en que me mira mientras lo hacemos, no hace más que confirmarme, que es ella la mujer con la que quiero vivir toda mi vida.
Los días siguientes, tuvo varias entrevistas con otras chicas, y en la semana siguiente, quería ver a unas chicas que trabajaban en un departamento con citas pre acordadas, me dijo que con todo ese material, ya estaría en condiciones de redondear la historia de su libro.
Su entusiasmo era contagioso, cuando puede llevar a cabo lo que tiene pensado o proyectado, es feliz, y yo con ella.
Durante varios días estuvo entrevistando a varias de las chicas de ese lugar, pero fue con una de ellas, llamada Karina, que tuvo un feeling especial, por su forma de ser, la forma de expresarse, y que a pesar de lo que era su vida, era una chica alegre y optimista.
En esa charla Karina le había dicho, que su intención era dejar esa vida, conseguir un trabajo “normal”, y volver a estudiar y poder terminar su carrera de nutrición.
Le dije a Lorena que quizás hablando con alguno de los colegas médicos, podría ver de conseguirle algún trabajo como asistente o secretaria, y un rato después hice varias llamadas.
También me contó, del hombre que las manejaba, un moreno colombiano, pero qué hacía ya varios años que vivía en el país.
Le contó que se sentían bastante cuidadas por el tipo, que nunca las había maltratado, era muy amable con ellas, aunque claro se llevaba buena parte de sus ingresos.
Las chicas allí trabajaban relativamente tranquilas, siempre con citas previas, a diferencia de cualquier tipo que las levantaba en la calle, que ya no trabajaban de noche, se van turnando entre las diez de la mañana hasta la diez de la noche, y además todo el tiempo había dos hombres, la mitad del tiempo cada uno, qué hacían las veces de hombres de seguridad del lugar, por lo que si había problemas con algún cliente, ellos estaban para protegerlas.
Unos días después, un médico amigo me llamó para decirme que su secretaria se había casado y había dejado el trabajo, qué le haría una prueba a esa chica, y si andaba bien la contrataría.
Al volver a casa se lo conté a Lorena, y se puso muy contenta por Karina.
Aunque tenía su teléfono, decidió decírselo en persona, ofrecerle alguna ayuda para la entrevista, ropa, la forma de manejarse y otros consejos, y al día siguiente fue a verla a ese departamento.
Al volver a casa, Lorena me contó de su visita, que había conocido al colombiano que las manejaba, no estaba todo el tiempo allí, pero iba al menos una vez por día a controlar todo y seguramente a retirar el dinero.
Karina estaba en ese momento en un servicio, y la esperó en la cocina con las otras chicas, fue en ese momento que llegó el tipo, como no la conocía, Lorena le dijo que era amiga de Karina, y el tipo le preguntó si estaba buscando trabajo.
Le dijo que no, que solamente tenía que hablar un momento con ella, y el tipo le dijo que no había problema y se fue a otra de las habitaciones.
Un momento después volvió a la cocina para despedirse, diciéndole a Lorena que había sido un gusto conocerla.
Cuando Karina terminó con su cliente y volvió a la cocina, se sorprendió de verla, y cuando Lorena le contó el motivo, se puso más contenta aún, dándole un abrazo y agradeciéndole.
-MANUEL: Amor, ¿qué te pareció el tipo?
-LORENA: Si no supiera a lo que se dedica, tranquilamente podía pasar por empresario, es moreno pero no negro, casi de tu altura, muy bien vestido y amable en el trato. Las chicas me contaron que también es él, quien consigue las chicas y las pone a trabajar allí.
Lorena se sentía muy bien con lo que había conseguido para esa chica, y me dijo que esa noche me lo iba a agradecer ella misma, y me encantó, como siempre, su pasional forma de agradecerme, con cuatro orgasmos tremendos, antes de acabar en su interior.
Los días siguientes, se la pasó escribiendo, me decía que estaba embalada, y quería terminar el libro.
Estábamos cenando un viernes, cuando le pregunté si se había decidido a editarlo, aprovechando que trabajaba en la editorial, yo le dije que, de ser necesario, podríamos financiar la publicación.
Me dijo que no había pensado en eso, pero que luego de terminarlo, lo volvería a leer completo y allí decidiría.
En la semana siguiente hizo otra entrevista, y se enfrascó de lleno a escribir.
Mi médico amigo me llamó para decirme qué le había salido un viaje a un congreso en Centroamérica, y que por favor le diga a Lorena, para que le avise a Karina que la entrevista se posponía una semana o diez días.
El jueves por la tarde, volví a casa, y la cara de Lorena me lo dijo todo.
-MANUEL: Esa carita me dice que terminaste de escribir el libro!
-LORENA: Sí mi amor! Y quiero que lo leas vos primero y me des tu opinión!
-MANUEL: Por supuesto mi vida!
-LORENA: Cielo, tengo que decirte algo que no te conté, la última entrevista que hice para el libro, fue a Walter, el moreno que maneja a las chicas, perdón por no habértelo dicho, pero necesitaba la visión desde el otro lado, y tenía miedo que me dijeras que no.
-MANUEL: No te hubiera dicho que no, tan solo quizás te hubiera acompañado! Sabes que siempre te apoyo!
-LORENA: Ya lo sé mi vida! Perdón! Se me ocurrió a último momento, como para terminar de cerrar el libro, y lo hice sin contártelo! Perdón mi vida! Te lo tendría que haber contado!
Después de todo me lo estaba contando, no me preocupé, tan solo me hubiera gustado saberlo.
Para que sintiera que no estaba enojado, le di un abrazo, un beso y le dije que luego de cenar nos íbamos tempranito a la cama a leer el libro.
Volvió esa sonrisa qué tan loco me tiene, me volvió a besar y se fue para la cocina a preparar la comida.
Mientras cenábamos, me contó que por mail, le enviaría el libro a su amigo Ariel, quería también su opinión, y le pediría que fuera él, quién escribiera el prólogo.
Y luego de la cena nos sentamos en el sillón y comencé a leer el libro en voz alta.
En verdad no dejaba de sentir admiración por la forma de escribir de Lorena, entre esa noche y el viernes, terminé de leerlo.
Y no pude más que felicitarla, si bien yo no era un erudito en las artes literarias, lo que Lorena quiso transmitir, se entendió perfectamente y en una forma clara y concisa, y sobre todo escrito de una forma atrapante, que en cada página, invitaba a seguir leyendo.
Sin duda, cada una de las personas que aparecían en el libro, se sentirían satisfechas por el resultado.
El sábado por la mañana luego de desayunar, le envió el libro a su amigo, y por teléfono le dijo que quería que le escribiera el prólogo.
Esa noche salimos a cenar a un lindo restaurante, aunque aún el libro no se había publicado, quería festejar su trabajo y el empeño que había puesto en él.
Esa noche al volver a casa, nos hicimos el amor por mucho rato, fue en verdad una noche larga y llena de amor y pasión, perdí la cuenta de sus orgasmos, entre mis dos eyaculaciones.
El domingo cerca del mediodía, Ariel la llamó por teléfono, diciéndole que estaba entusiasmadísimo con el libro, que se lo había devorado junto con su pareja, y que sin duda sería un éxito, y por mail le envío también, el prólogo que había escrito para su libro.
Por supuesto lo leímos y a Lorena le encantó, y en ese mismo momento lo agregó al archivo del libro, junto con una página con el párrafo de agradecimientos en las primeras hojas.
La vi tan entusiasmada, qué le dije que el lunes mismo fuéramos a la editorial, no haría falta trabajo de corrección, ya que ese es su trabajo.
Se puede decir que ese fin de semana lo disfrutamos a pleno, el domingo Lorena le dio descanso a sus dedos y a la notebook, y pasamos un hermoso día en casa, asado al mediodía, pileta, siesta, bueno en realidad no dormimos mucho, hicimos el amor esa tarde maravillosamente, sin apuros, disfrutándonos mutuamente.
Después un poco de sol, más pileta, y por la noche cenamos lo que nos había quedado del mediodía.
Lorena estaba pletórica y esa noche volvimos hacer el amor.
El lunes por la tarde fuimos al editorial, y luego de hablar con el director de las publicaciones, qué sabiendo las cualidades de Lorena, y que nosotros correríamos con los costos de la primera edición, puso en marcha la publicación, sería una primera tirada de diez mil ejemplares.
Lorena habló con Ariel esa misma noche, él le dijo que le armaría las promociones en redes sociales y en varios portales donde era conocida.
El libro se llamaría, "Vivir en la diversidad, una odisea en estos tiempos”, y por supuesto lo publicaría con el seudónimo con el que era conocida, Loreley Solís.
El diseño de la tapa también lo había hecho Lorena, y a la editorial les había parecido perfecto.
En ese momento la editorial no estaba haciendo ninguna publicación, el libro se mandaría directamente a la imprenta y podría estar listo en quince o veinte días, y aún costo razonable, para que pudiera vendarse más fácilmente.
Ariel armó un Instagram y un Facebook, comentando el libro y la pronta fecha de publicación, y se le ocurrió, como para ver qué interés había en el libro, armar una pre venta con un descuento y el ejemplar, firmado por la autora.
Alguien podría pensar que después de semejante logro, Lorena descansaría de la escritura, pero su cabeza no para, y eso me encanta en ella, esa intensidad que pone en cada cosa que le interesa, doy fe de eso, cada día que pasó junto a ella.
El libro estaría publicado en quince ó veinte días, un mes a más tardar, y una semana después, en la preventa del libro, ya se habían vendido mil ciento cinco ejemplares.
En una llamada telefónica, Ariel le dijo a Lorena, que fuera pensando en una segunda edición, y con una amplia sonrisa, Lorena me dijo que estaría varios días firmando libros.
No podía sentirme más orgullosa de ella, el tiempo y el esfuerzo que había puesto en ese libro, comenzaban a dar sus frutos.
Un par de semanas después mi amigo médico, me llamó por teléfono para decirme que ya había vuelto al país, pero que iría unos días a su pueblo a visitar a sus padres, y qué diez días después, le haría la entrevista a Karina.
Ese mismo día Lorena hablo por teléfono con Karina, y le dio la fecha para la entrevista.
Unos días después, al llegar a casa en la tarde, me encontré con un montón de cajas en el estar comedor, y a Lorena firmando libros que iba apilando sobre la mesa.
Además de firmarlos, luego había que enviárselos a cada persona que lo había comprado, y le propuse que para ese trabajo, podría contratar a alguien, la preventa se había cerrado ese veintitrés de octubre de dos mil dieciséis, fecha en que salió el libro, y habías llegado a mil trescientos veinte libros, y quien terminó haciendo ese trabajo, fue Adrián, el novio de Ariel.
Efectivamente unos días después, la editorial le comunicó que evaluaban hacer una segunda tirada del libro, esta vez de veinte mil ejemplares.
Lorena no cabía dentro de sí misma de la felicidad que tenía por el éxito de su libro, y sería ella misma, quién les llevaría personalmente un libro a cada una de las personas que había entrevistado, y contado las historias de vida que estaban plasmadas en esas páginas.
A pesar de esos días de entusiasmo y felicidad que vivía Lorena, y como siempre con tantas cosas en su cabeza, esa mañana mientras desayunábamos, me recordó que ese día, Karina tenía la entrevista con mi amigo.
Cuando me iba para la clínica, me dijo que ese día iría a entregarles a los protagonistas de su libro que aún no había podido hacerlo.
En la hora del almuerzo, Lorena me sorprendió apareciéndose en la clínica, y saludándolos a todos, me esperó para almorzar juntos.
En ocasiones suelo pedir comida y comer mientras me pongo al día con las historias clínicas de los pacientes, pero ese día salimos a almorzar a un restaurante que hay a dos cuadras de la clínica donde se come muy bien, me dijo que había entregado dos libros y que le faltaba solo uno, que seguramente lo entregaría al día siguiente.
Después del almuerzo, yo me volví para la clínica, y ella me dijo que haría algunas compras y luego se volvería para casa, para estar allí cuando yo llegara y esperarme con el mate preparado como todas las tardes.
Cuando llegue esa tarde a casa, encontré a Lorena con su bikini amarilla, esa que le deja casi todo el culito al aire, y qué tanto me gusta, tirada boca abajo en el parque, con su cámara, sacándole fotos a un caracol, que se movía lentamente entre los pastos.
Me causó gracia la situación, sin que me viera, me acerqué lentamente desde atrás, me arrodillé en el pasto y le di un beso en el culo, se asustó tanto que pegó un salto, y al darse cuenta que era yo, nos reímos los dos.
Apoyó su cámara en el pasto, y se giró quedando boca arriba, llevé mi cuerpo sobre el suyo, y la besé con todo el amor que le tengo.
Demás está decir, que unos minutos después, estábamos los dos desnudos, y haciéndonos el amor en una de las reposeras, yo acostado boca arriba, y ella moviéndose sobre mí, de esa manera tan sensual que me vuelve loco.
Con sus manos apoyadas en mi pecho, movía sus caderas yendo y viniendo, de adelante hacia atrás, y levantando su cuerpo para volver a clavársela completamente.
Llegó su orgasmo, con mis dedos jugando en sus pezones, sin sacársela, apoyé mis piernas el piso, tomando su cuerpo para que quedara sentada sobre mí, y ahí fui yo quien empezó a moverse, percutiendo su interior, cada vez con más intensidad, tanto que explotó en un nuevo orgasmo que la hizo temblar.
Abrazada a mi cuello me besó con pasión, mientras yo teniéndola tomada de su culo, levantaba y bajaba su cuerpo.
Unos minutos después, me miró a los ojos fijamente, como quien ve algo inesperado, y tuvo un orgasmo arrollador, y luego de seguir con mis embestidas, y acariciando su culito mientras le comía los pezones, le llegó otro más, tanto que ya no pude aguantar más el mío, llenando su interior con mi semen.
En ese momento, en que nuestras respiraciones aún estaban agitadas, me dijo una y mil veces lo que me amaba, no me quedé atrás, dándole un beso lleno de amor, le volví a repetir una vez más, que era el amor de mi vida!
Nos quedamos un rato tumbados en la reposera, el momento había sido de mucha acción, y en esa sensación, pos orgasmo, la llené de suaves besos y caricias.
Después en un rato de reposo, nos dimos un chapuzón, y nos quedamos un rato en las reposeras, conversando a la sombra, para luego ir para la cocina y entre los dos preparamos la cena.
Cuando terminamos de comer, nos fuimos otro rato al parque, ese día fue especialmente caluroso, y después de conversar un rato en las reposeras, nos desnudamos y nos metimos en la pileta.
Jugamos salpicándonos, nos reímos, y cuando salimos del agua, mojados como estábamos, nos volvimos a hacer el amor en la reposera.
Terminamos extenuados pero felices, nos bañamos juntos en el vestuario de la pileta, y desnudos como estábamos, nos fuimos a la casa, conversamos mientras Lorena se secaba el pelo, y luego nos fuimos a la cama, ya era la madrugada, y al día siguiente tenía consultorio a partir de las nueve.
En la mañana, como todos los días, desayunamos juntos y me fui para la clínica, Lorena me dijo que tan solo quería entregar ese último libro que le faltaba.
Ese día tenía consultorio por la mañana, y a las trece y treinta horas, programada una cirugía de tobillo.
Siempre que puedo intento programarlas para esa hora, para terminar más o menos a las cuatro o cuatro y media de la tarde.
Esta vez hubo una pequeña complicación, que por suerte pudimos resolver, pero la cirugía se extendió un poco más.
Eran las cinco de la tarde, cuando pasé por la internación a ver al paciente, y como aún no había despertado de la anestesia, decidí esperar un rato más.
En ese momento le mandé un mensaje a Lorena, avisándole que estaba un poco retrasado, siempre me pedía que lo hiciera, para no preocuparse.
Todo había salido bien, incluso ya le había dado el parte médico a sus familiares, pero me gusta hablar con los pacientes luego de la operación, explicarles como había ido todo, y cómo sería su recuperación de allí en adelante.
Ese también había sido un día de tremendo calor, y estaba deseando llegar a casa, para meterme al agua con Lorena.
De camino a casa, le envié un mensaje, diciéndole que en diez minutos llegaba, no había tenido respuesta del mensaje de las cinco de la tarde y tampoco me respondió este, supuse que con tanto calor estaría en el agua, y no tendría el móvil cerca.
Llegué a casa y al entrar dejé mis cosas sobre uno de los sillones, caminé hacia el jardín sacándome la ropa, creí que allí encontraría a Lorena, pero no fue así.
Fui hasta su escritorio, y tampoco estaba allí, debía estar en nuestra habitación quizás durmiendo una siesta, pero allí tampoco la encontré.
Tan solo con el bóxer, recorrí el resto de la casa, para darme cuenta que Lorena no estaba por ningún lado.
Fui a buscar mi teléfono, para ver si había contestado mis mensajes, pero no había respuesta suya.
Nunca fui controlador de sus horarios, ni de sus salidas, ni de las personas con que se veía, pero estaba tan acostumbrado a encontrarla al llegar a casa, que decidí llamarla por teléfono.
Al marcar su contacto, me dio apagado o fuera del área de cobertura, no quise preocuparme, quizás se había quedado sin batería.
En ese momento pensé que quizás estaría haciendo algunas compras. Con el calor que tenía, camino a la pileta me saqué el bóxer y me tiré al agua desnudo.
Estuve en el agua media hora, quizás un poco más, cada tanto miraba hacia la casa, para ver si la veía aparecer.
Salí del agua, me sé qué, me volví a poner el bóxer y miré la hora en mi teléfono, eran las siete y media de la tarde, y ya me empezaba a preocupar.
Volví a llamarla, y volvió a darme apagado, por las dudas le mandé un par de mensajes, diciéndole que ya estaba en casa, y que si necesitaba que la fuera a buscar a algún sitio, qué tan solo me avisara.
Eran casi las ocho de la noche y ya estaba más que preocupado, estaba muerto de sed, entré a la casa, fui a la cocina a buscar una botellita de agua fría, y cuando entré, vi sobre la mesada, bajo un vaso con un poco de agua, un papel doblado al medio.
Me acerqué y lo tomé, era una nota escrita de puño y letra por Lorena.
Continuará…
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- Relato #200726— title-regex: contiguous parts (24 -> 25)
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