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Las aventuras de una dama que saco las uñas

Mariela prometió ser suya, sin límites ni condiciones. Pero cuando él decide compartirla con sus socios más cercanos, ella no solo acepta, sino que se entrega con una lujuria que lo supera a todos.

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Este relato compendia los relatos:

Me encontre con una gata.

Caprichos de una dama.

Domando a una gata

Caprichos de una gata

El ronroneo de la pantera

Vicios de una gata lujuriosa.

y.

Las aventuras de una dama que sacó las uñas.

Mariela se había marchado, posiblemente no volvería a verla. En mi había dejado marcado su carácter, su fuerza, su determinación. Igualmente había dejado un reguero de lujuria y satisfacción una verdadera GATA, que supo estar a la altura en todas y cada una de las situaciones. Tatuando su nombre, su esencia y su personalidad en mi piel. Aún recuerdo nuestros primeros escarceos por ese Madrid de los Austrias, paseando nuestro deseo. Sus preciosos pezones que me vuelven loco, marcándose, sutil y sugerentes en la tela de su pulcra camisa blanca.

Ese primer día cuando le invité a comer con la esperanza de que después tuviésemos una tarde movidita. Esa mujer me subyugo, me volvió loco, me encandiló desde el primer momento. Sus miradas, su cuerpo, ese aire de inocencia y perversión. La comida fue muy placentera, no podía ser de otra manera. Mariela es una gran mujer, culta, con una buena conversación y encima un cuerpo para pecar. Sus ronroneos me atraían como el canto de las sirenas de Ulises.

Después de la comida subimos a la habitación de mi hotel, en el ascensor ya sabía que sería mía.

Recuerdo que le llevé a la terraza y ahí, bajo una incipiente lluvia, le devoré su sexo hasta que el cielo y la tierra se juntaron en una delgada línea. Sus gritos, sus uñas, se clavaron en mi atrayéndola más hacia mí. Creo que pasamos a la habitación e hicimos el amor tiernamente, lento, como dos enamorados. Gustándonos y saboreándonos despacio, sintiendo nuestros sexos frotarse. Yo el mío apretado por su coño, intentando estrangularlo, mientras su ronroneo incesante me llevaba a no parar nunca. Aún siento como gemía abrazada a mí, como pedía más, como quería todo, lo quería todo. Después de ese preciso momento recuerdo que terminamos dormidos y abrazados. Al despertar, ella quería más. Llamó a su marido y le dijo que pasaría la noche con una amiga. Ya estaba, ya era mía, la tenía entera para mí. Fue maravilloso volver a disfrutar de su cuerpo, de su deseo, de sus ganas.

Hicimos el amor, muy lento y como termine haciéndome una paja sobre su cara, ella no apartó sus ojos en ningún momento y abría su boca sugerente para que la llenase entera. Estaba preciosa con mi semen sobre su cara y sus tetas.

No recuerdo por qué le prometí unos azotes, pero se los prometí y se los di. Es más, ella me pidió esos azotes. Los disfruto, los gozo y algo cambió en ella. Desde ese momento, su entrega fue incondicional. Pasamos por un sex shop donde compramos unos juguetes y donde Mariela se exhibió para mi gozo y mi disfrute. Recuerdo que le folle con ganas mientras el dependiente participaba a su manera. Yo soy incansable, pero Mariela no se queda atrás. Una hembra de verdad, de las que ya quedan pocas.

Tras el sex shop llegamos al hotel, ahí le infringí el castigo prometido. Todo era más un juego que algo real y prueba de ello es que terminamos follando otra vez, quedando complacidos y exhaustos sobre la cama. Los castigos daban mucho juego y Mariela se prestaba muy bien a ello. Los dos disfrutamos con los juegos, entregándonos a esa pasión sin límite.

El huevo vibrador y los demás componentes adquiridos en el sex shop nos proporcionaron unos momentos únicos y llenos de lujuria, de pasión y diversión.

El momento en que la entregué al botones y se enfadó por pedirle poco, pero después disfruto de su polla como una loca. Yo también le di lo suyo y lo acepto de buen grado.

Al día siguiente me sorprendió atándome a la cama. Ahora era ella la que mandaba. Se recreó atándome y amordazándome y sobre todo comiéndose el jamón y el queso sin darme nada, maldita sea jajaja. Una preciosa morenita me azotó para su placer y el mío. Después la gatita me montó y me follo hasta rendirse sobre mi pecho. Joder que ganas me tenía. Fue algo fantástico, morboso, vicioso, lujurioso. Ella es una dama, quería dejarlo bien claro. Pero se había entregado a mis caprichos que terminaron siendo los suyos.

Resarcida de sus pequeñas dudas me soltó y pidió para mí un poco de jamón y queso, ¡¡¡que condescendiente!!!... Por suerte la morena lo trajo.

Le susurre a Mariela en la terraza lo que haría si era la morena quien traía el jamón. Até a Mariela a una silla, con su coño expuesto y ya húmedo por la excitación. Convencí a la morenita para que le hiciera una espectacular comida de coño, mientras yo la follaba con fuerza. Mariela gozo sin límites y me miro agradecida. Mi perversión la volvía loca

Salimos a cenar, había que recuperar fuerzas. La cena fue amena y divertida. Al final me encendí acariciando su suave piel hasta llegar a sus labios totalmente limpios, expuestos y húmedos. Volvimos al hotel, henchidos de lujuria. Nos comimos y juntamos nuestros sexos, dándonos todo el placer posible, disfrutándonos y llenándonos de nosotros.

La entrega de la gata fue total. Cuando le comenté que tenía una reunión muy importante y que debería de ser mi puta, ella sabía que si todo iba bien sería entregada como premio del buen hacer. Cuando se lo dije, me sonrió y besó mi boca.

- Soy suya, haga conmigo lo que usted desee

Ahora mismo tengo la polla a reventar, recuerdo sus palabras y me excito, estoy en mi hotel, casi desnudo. Me miró al espejo, me veo mi polla dura, gorda, brillante. Mojo mi mano con mi saliva, mientras la sujeto con fuerza por el tronco. Pienso en ese día en que Mariela entró en la sala de juntas, con ese precioso corpiño del que apuntaban sus dos pezones cual misiles. ¡Hummm esos pezones! Su majestuoso pecho desnudo, su lampiño sexo desnudo. Moviéndose grácil por la habitación repartiendo champán en las copas de mis socios, con una sonrisa radiante, sin despegar sus ojos de los míos. Esos zapatos de tacón inmenso que le hacían unas piernas espectaculares y ese culito redondo que pedía una buena follada. Como grácilmente se apoyó sobre el sofá, donde fue follada con ganas por mis tres socios, para terminar, cabalgándome regalándome su orgasmo.

Aprieto mi polla con fuerza, mientras recuerdo cómo su coño apretaba y rozaba mi polla, mientras está entraba muy lenta en su coñito, centímetro a centímetro lo conquisté con su beneplácito.

Subo mi mano lentamente sobre el tallo de mi polla, notando como late. Sigo pensando en cómo Mariela se mueve sobre mí, como sus ojos buscan mis ojos y como lentamente se mece sobre mi polla.

- Jodeeeer, jodeeeer.

Ella aguanta sin correrse, pero noto que le cuesta, yo también estoy a punto y muerdo mis labios para aguantar. Me ve, sonríe y se deja ir. Mis compañeros se vacían sobre sus tetas que ella gustosa les expone para que se derramen ahí. Me mira, se clava en mi polla y se corre en un largo y prolongado orgasmo que me arrastra con ella.

Jodeeeer, he de parar mis movimientos, estoy muy cerca de correrme ahora también.

Mi mano sube y baja sobre mi polla, la veo de rodillas frente a mí, mirándome, suplicándome que se lo dé, que le dé mi leche. Bajo el ritmo de mi paja. La veo mirarme con fijeza, sus ojos me buscan. Me mira golosa y ronronea.

- Fóllame, fóllame.

Subo el ritmo de la paja, sintiendo en mi mente su calor, su humedad. Sigo con mi mano en rápidos movimientos, me levanto, me acerco al espejo. La veo de rodillas mirándome con la boca abierta y me vacío en ella.

Uno, dos, tres reguerones y otros tres más. Ella se lo traga todo y me mira. Ha sido fantástico, seguro que volvemos a encontrarnos.

Gracias por estos momentos.