Xtories

El Trofeo

Elena siempre supo que su cuerpo era un territorio de placer, pero nunca imaginó que su esposo le entregaría la llave de su mayor fantasía. En la costa de Mar del Plata, la línea entre el matrimonio y la traición se difumina bajo la mirada cómplice de un hombre que decide regalarle el cielo, y el infierno, a su esposa.

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Hola chicos soy Elena y hace poquito tiempo leí sobre una pareja, donde el marido quería que su mujer fuera preñada por otro hombre. Luego de consultar con mi esposo, me decidí a escribir nuevamente, de como soy la feliz mamá de un niño negro parido por mí. Espero que este relato de mi vida sirva para que otras mujeres se animen a llevar adelante sus fantasías, dado que la vida son 2 días y ya pasaron 2.

Relataré a continuación lo que viví en la ciudad de Mar del Plata, Argentina: Comienzo a detallar como somos físicamente: Yo soy rubia de ojos verdes, delgada, portadora de un culo bien parado y muy tetona, altura 171 cm, mi marido físico normal, de cabello castaño y ojos verdes. Yo hija de italianos del norte y mi cónyuge nieto de gallegos. Ambos de piel blanca. Yo vivía en la ciudad de Santa Fé cuando conocí al que ahora es mi marido, el que se encontraba trabajando circunstancialmente en comisión.

Soy una mujer muy calentona y multiorgásmica, me encanta el sexo en todas sus variantes. Cuando me casé no era virgen, a pesar de mis escasos 21 años, había tenido muchas experiencias sexuales de todo tipo debido a mi carácter exultante en la materia. Por lo cual mi esposo no tuvo oportunidad de estrenar nada conmigo, ya había debutado por todos lados de mi cuerpo. Él sabía perfectamente que yo había tenido una vida intensa en lo que a sexo se refiere y así me aceptó. Nos casamos en Santa Fe, fuimos de luna de miel a San Carlos de Bariloche y Mar del Plata.

En Buenos Aires establecimos nuestro domicilio, en un departamentito de 2 ambientes en Barrio Norte. allí nació nuestra primera hija y cuando estuve embarazada del 2° nos mudamos a un departamento de 3 ambientes en el barrio de Palermo. Hasta allí todo normal. Teníamos sexo regularmente, una vez, según contó mi marido, rompí mi récord de orgasmos, teniendo 18 seguidos.

Cierto día estando de vacaciones en Mar del Plata, donde mi suegra tiene un departamentito de dos ambientes, sobre la avenida Colón, muy cerquita de la playa, y estando con mis hijos, yendo sola a una playa donde practicaba topless, me levanté a un flaquito, con el cual salí por la noche a bailar y con el cual tuve sexo con otra persona que no era mi marido por primera vez desde que me casé, pero esa es otra historia. Al año siguiente nuevamente de vacaciones en Mar del Plata, esta vez también fueron mis padres, alquilando un departamento cerca del nuestro.

Mi hermano había alquilado una casa amplia en Miramar (llamada ciudad de los niños). Luego de quince días de vacaciones mis padres me propusieron llevar a mis hijos a la casa de mi hermano. Ante la insistencia de nuestros hijos de ir para jugar con sus primitos, mi marido y yo aceptamos la oferta, así que nos quedamos solos en la ciudad y aprovechamos para mejorar nuestra vida sexual leyendo los relatos de Gus Becker y Marcel Milord en su blog https://gusbeckerelatos.blogspot.com. Una noche, estando yo bañándome, sacándome el salitre de la playa, mi marido salió supuestamente a buscar comida hecha, tardó un buen rato, que aproveché para maquillarme, arreglarme las uñas con esmalte, pues pensé que podíamos salir a tomar un café y tal vez ir a bailar, ya que hacía una enormidad de tiempo que no lo hacíamos. Estando en esos arreglitos, de pronto siento que se abre la puerta, yo estaba vestida únicamente con un conjunto de colaless y soutien negro y rosa muy bonito, ya que esperaba que a la vuelta del paseo tuviera sexo con mi marido.

La entrada al departamento, tiene un pasillo de aproximadamente 2 metros y de allí se ingresa directamente al living. En ese instante estaba en el dormitorio, por lo cual alcé la voz, preguntando la sonsera de siempre ¿Sos vos? Mi marido me respondió que sí, que traía pizzas de la mejor Pizzería de esa ciudad llamada La Mini y cerveza. Terminé de producirme y sin colocarme nada más encima salí al living, y allí la gran sorpresa, estaba mi marido y un moreno, que luego me enteré que era ghanés, vendedor de anillos en la playa.

Como salí apresuradamente, me encontré en medio del living en ropa interior muy sucinta a la vista de aquel desconocido. Volví rápidamente sobre mis pasos refugiándome en el dormitorio, desde donde llamé a mi esposo y le pedí explicaciones.

Muy suelto, me indicó, que siempre que teníamos sexo, mi fantasía era ser penetrada por un negro, especialmente chuparle la pija, regocijándome como brillaría el tronco con mi saliva. No sabía en ese momento como reaccionar, me vestí con una pollera cortona y una remera que traslucía bastante mi corpiño. Salí nuevamente al living, preparé la mesa, advirtiendo que mi entrepierna se encharcaba de mis líquidos. Estaba caliente pensando en que me iba a acostar con el negrito. Cenamos la pizza bien regada con cerveza y luego como postre tomamos bastante licor de huevo, con lo que mi calentura se exacerbó, perdiendo mi compostura de mujer casada y madre.

Me senté en el reposabrazos del sillón donde estaba sentado el ghanés pasando un brazo sobre su hombro, ya me estaba desinhibiendo mal. A todo esto, mi marido estaba sentado en el otro sillón enfrente del que yo estaba ubicada junto al moreno, no hablaba demasiado, pero con gestos inconfundibles animaba al moreno a poner manos sobre mí.

Este ante el aliento que recibía y mi pasividad, empezó a meter una mano debajo de mi falda, acariciándome los muslos, siguió adelante llegando a mi entrepierna, corrió mi colaless, y se puso a acariciar mis labios vaginales, mientras me morreaba introduciendo su lengua en mi boca. Busqué con los ojos a mi marido, como pidiendo permiso para desatarme, levantó su pulgar dándome vía libre.

Con los dedos metidos en mi vagina, el moreno me sacó varios orgasmos. Lo tomé de la mano y lo conduje al dormitorio, mi marido nos siguió y se sentó en una silla para ver como su mujer era cogida.

Saqué de la mesa de luz condones que le entregué al negrito, primero por una cuestión de sanidad y segundo porque había suspendido por esa época las famosas pastillas ya que habían pasado 4 meses tomándolas y el ginecólogo me recomendó tomarla por 4 meses y descansar uno, antes de volver a tomarlas por otros 4 meses. En esos días estaba ovulando y debía cuidarme.

Me desnudé totalmente y desnudé al moreno, tenía un muy buen instrumento y mucho atraso en el sexo, por lo cual me cogió desesperadamente, haciendo que yo hirviera en mi propio jugo. Con algún descanso por medio, tuvo tres señores orgasmos, yo infinidad. Ya saciado, pidió pasar al baño, se dio una ducha rápida y mi marido descaradamente lo invitó a volver, a lo que él respondió:

-Mucho gusto, pero para saciar a tu esposa se necesita más de un hombre.

Mi marido respondió más o menos así entre risas:

-Bueno la próxima vez que vengas, trae una ayudita jaja. Pero tené en cuenta que el domingo es el último día que estamos acá.

Se despidió dando un abrazo a mi cónyuge y a mí una apretada de ensueño. Todo bien, era un día jueves y mi marido debía estar el lunes en el trabajo en Baires, mientras que yo con el auto viajaría a Miramar donde me quedaría unos días y luego volvería a Buenos Aires, llevando a mis hijos y a mis padres.

Luego que se fue el moreno, mi marido me preguntó si había disfrutado el regalito. Mi respuesta fue:

- ¿Qué te parece? Me encantó como me cogió y quiero repetir.

Estaba él en ese momento tan caliente, que se abalanzó sobre mí y tuvimos sexo como hacía años no teníamos, me recorrió con su miembro por todos lados. Nos levantamos cerca de la nochecita, nos bañamos y fuimos a cenar. Cuando regresamos volvimos a tener sexo recordando todo lo que había hecho yo con el negro.

Siendo domingo, estábamos haciendo las maletas y charlando sobre que el ghanés habría quedado satisfecho, ya que no volvimos a tener señales de él, sonó el timbre, entre bromas dijimos que era el morocho y era este nomás, nada más que llegó acompañado de un coterráneo, siendo muy bien recibidos, especialmente por mí, que inmediatamente me puse cachonda.

Preparamos rápidamente una picadita con queso y fiambre, nuevamente cerveza. Apuramos la comida, ya que nos queríamos sumergir en el sexo. Sin mediar palabra y apenas unos toqueteos me desnudé totalmente y los llevé al dormitorio. Me encanta el sexo en la cama. Los ghaneses también se desnudaron, yo clavé la vista en los miembros que me penetrarían y me parecieron exuberantes. No sé si por ilusión óptica, pero hasta el que me cogió días antes parecía que tenía la verga más grande y el amigo no tenía un pene, tenía un monstruo entre las piernas, por lo que se me hizo agua la boca… y la concha también jejeje.

Mi esposo, igual que la vez anterior se sentó en la misma silla a ver como su mujer era follada por todos sus agujeros. Mi primer ghanés, luego de la franela previa a la cogida, se interesó en mi vagina, a la que chupó y luego con profiláctico me penetró, el de la monstruosa pija al cual le temía si quería hacerme el culo, me la metió trabajosamente en la boca. Yo estaba en la gloria, con un miembro trabajándome la vagina y un gran trozo de carne en la boca. Su juguito preseminal se derramaba en mi boca y corría hacia adentro a través de mi garganta, los tragaba con gran gusto. Luego de mi primer orgasmo el ghanés se puso a jugar con mi culo, con los dedos hasta que insertó uno, luego dos y al llegar a tres consideró que ya estaba bien dilatada, se acostó en la cama boca arriba e hizo que yo me empalara, cosa que hice lentamente para disfrutarlo mejor.

El monstruo se situó frente a mí, le puse con mis manos un profiláctico e introdujo con trabajo en mi vagina su gran pene. Pese a estar suficientemente lubricada, y que ingresó lentamente, sentí como si me desgarraba internamente, en ese momento me acordé del momento del parto de mis hijos.

Era impresionante la morcilla negra que me estaba deglutiendo, luego de un rato, donde le pedí que no se moviera, comencé a no sentir tanto dolor y di señales de goce, por lo cual le indiqué que avanzara hasta llenarme y se moviera. No tengo palabras para describir el goce que sentí. El calce de su verga en mi concha era perfecto, además tenía incrustado la pija del otro negro en mi ano, fifándome con tutti.

Jamás había tenido semejante goce y mentalmente le agradecía a mi marido por semejante regalo. En un momento sentí que el que me estaba haciendo el culo se había corrido y lentamente el miembro se iba encogiendo dentro de mí hasta que al fin salió. Se dirigió hacia mi boca, se sacó el forro y le limpié las últimas gotitas, saboreando esa poca de miel, que tragué. Pero lo más hermoso se iba dando en mi vagina.

El pene monstruo seguía cogiéndome haciéndome llegar infinidad de veces al orgasmo, los que se me daban uno tras el otro. En un momento, el pijudo empezó a dar muestra de estar al borde de un orgasmo, cosa que hizo dentro de mí. Cuando creí que todo el goce había concluido para mí, este hombre sin sacarla de adentro mío volvió a revivir y siguió en otro polvo.

Yo no cabía del gozo, otro sin sacar, que delicia. Pero este introito no lo terminaba más, yo quería que nunca llegara a su fin, ya que era enorme mi placer, jamás experimentado de tal magnitud hasta ese momento. Según mi marido, pues yo no estaba para tomar tiempos, duró en su consecución más de 40 minutos, que para mí fue estar en el cielo, estaba agotada de tantos orgasmos que tuve, pero bien golosa que soy, quería más.

Llegué al último con jadeos y a los gritos, y el negro de turno se quedó como diez minutos dentro de mío. Yo no quería que la sacara, estaba feliz de haber tenido ese nivel de sexo. El otro chico había acabado dentro de mi boca y había abandonado la partida, pero el que me estaba empalando, cuando ya la tuvo flácida totalmente, me destapó el agujero y ahí, en ese preciso momento, advertimos que el profiláctico del monstruo se había roto y que me había llenado mi maltrecha concha, de semen. Fui al baño corriendo, me hice lavajes en el bidé y esperé no hubiera pasado nada.

En medio de un ataque de nervios, siendo muy tarde terminamos de hacer las valijas, ya los negros vergudos se habían retirado, no tuvimos tiempo de tocarnos un pelo, llevé a mi marido hasta la terminal de ómnibus, abordó el bus a Baires y yo seguí en auto hasta Miramar, donde permanecí 10 días con mis hijos, mis padres, mi hermano, luego esta señora y sus hijos volvieron a Buenos Aires.

Me hice rápidamente un estudio de HIV, que salió negativo para nuestra tranquilidad. Pasó la fecha de mi período sin novedades, no me vino la menstruación como ya me imaginaba. Ya resignada (en el fondo estaba feliz) hablé con mi marido, me hice el Eva Test dos veces y me dio que estaba embarazada.

Consulté luego con mi ginecólogo el que me confirmó mi preñez. Le confirmé a mi marido, algo que él sabía, que estoy totalmente en contra del aborto. Siendo soltera y menor de edad quedé embarazada y mi madre al enterarse me llevó a un médico obstetra el cual me hizo abortar contra mi voluntad, quedé tan traumatizada en esos momentos que juré y perjuré que nunca jamás pasaría por otro momento como ese y que siempre que quedara embarazada, sea cual fuere la situación no iba a interrumpir la gestación.

Ya cerca de los cinco meses de embarazo, se me empezaba a ver la pancita, por ese entonces utilizaba ropa bien holgada que llamaba la atención a mis conocidos. Al sexto mes ya me era casi imposible esconder mi preñez, por lo que decidimos con mi marido que en quince días más viajaría a Mar del Plata, donde alquilaríamos un departamento, no iba a ir al de mis familiares por razones obvias. Comentamos que a través de mi marido había conseguido un trabajo temporario en Brasil que nos dejaría buena ganancia. Así fue que desaparecí de Baires, dejé a mis hijos con mi esposo y mis padres. Mi esposo viajó a Mar del Plata 10 días anterior a mi fecha de parto, para estar conmigo y parí un hermoso bebe.

¿A que no saben de qué color? ¡SI! Adivinaron, bien negrito, una preciosura, regordete. Estoy muy contenta con mi hijo negro, hoy tiene 5 años, supuestamente lo adoptamos en Brasil. ¿Alguien se lo creerá? No sé, pero hasta ahora ningún pariente o vecino, que yo sepa comentó algo sobre mi hijo. Es ¡MI HIJO! No reniego y estoy orgullosa de él, como lo estoy de los otros dos. A veces me acuerdo del padre con su monstruosa pija y como me la tragué toda y fantaseo que mi hijo es el trofeo obtenido por mi hazaña.

Hoy pensándolo no termino de creer que esa majestuosidad de verga entrara toda en mi concha y que lo gozara de tal manera, sin dolor, que hasta hoy lo añoro. Me encantaría encontrar nuevamente al ghanés con su terrible monstruo entre las piernas, quien sabe por dónde andará. Tal vez comentarle que tenemos un hijo, lo hermoso que es el mocoso y tener con él nuevamente sexo, aunque me preñe otra vez. Si segura que lo haría, ya que lo deseo sin medir consecuencias.

Gus Becker & Marcel Milord en colaboración con Elena X ®