Historias del complejo. Segunda serie. (22)
Entre el secreto de un hijo que ama y el deseo de un compañero de trabajo, Florencia descubre que el amor no tiene horarios ni reglas. Cuando el pasado se cruza con el presente, la decisión de vivir sin máscaras cambia todo.
La historia de Florencia
Capítulo 6
Al día siguiente desayunamos y me llevó hasta casa, él se fue para el trabajo, y yo lo hice luego de cambiarme.
Ese día tan solo nos cruzamos en un pasillo, no hicimos nada raro, hay cámaras en los pasillos, pero a la hora de irme, pasé por su oficina y como estaba solo, me quedé a tomar unos mates con él.
Conversamos un rato, le dije que me iba para el gimnasio, y antes de irme, detrás del mueble me abrazó y me dio un beso, un hermoso beso.
Esa noche mientras comía, me llamo Santino por teléfono y me contó que ya tenía las llaves de su departamento.
Hablamos un buen rato, y me dijo que seguramente se mudaría el fin de semana siguiente, de casa se llevaría todas sus cosas, y le pregunté qué más le hacía falta para su casa.
Me dijo que el padre le había comprado una heladera y un lavarropas, y que la casa tenía cocina, en ese momento le dije que le daba mi cama, y que yo dormiría en la que era de él.
En un primer momento me dijo que no, pero le dije que en algún momento iba a necesitar una cama más grande, se rió y me terminó diciendo que sí.
Su idea era llevar sus cosas el sábado en la mañana, vendría a La Plata el jueves, y prepararía todo para la mudanza.
En esos días también fui preparando varias cosas para que se llevara, sábanas, frazadas, toallas y toallones, fui embalando toda su ropa y le compré varias cosas más, cosas de limpieza, para su aseo personal, un tender para colgar su ropa y cuando viniera ya le preguntaría que más le hacía falta.
Luego de hablar con Santino, lo llamé a Hugo para contarle, y le dije que esa semana iba a estar con poco tiempo.
También pensé que quizás me podría ir con Santino a Buenos Aires el día que se mudara, y ayudarlo a acomodar todo, pero lo haría si no iba su padre, no tenía intenciones de cruzármelo.
Esas noches durmiendo sola en casa, me sentía rara, ya extrañaba su compañía, sus atenciones y las conversaciones que teníamos.
El jueves llegó Santino antes de que yo llegara el trabajo, y cuando llegué a casa, estaba guardando sus libros y carpetas en cajas, se llevaría su escritorio y una mesa pequeña que había en su dormitorio.
Le pregunté si el fin de semana iba a estar su padre en el departamento, y cuando me dijo que no, le dije si quería, lo podía acompañar el sábado para ayudarlo.
Me dijo que sí, pero que en la noche del sábado, irían sus amigos de aquí de La Plata, para hacer una fiesta de inauguración del departamento.
Le dije que en ese caso luego de ayudarlo con la mudanza me volvía para casa, y así quedamos.
No eran tantas cosas las que tenía que cargar, contratamos una camioneta, el sábado bien temprano cargamos todo, y fuimos con el señor del flete, llegamos antes del mediodía y descargamos todo.
Le dije que buscáramos un lugar para comer y que luego lo ayudaba a acomodar todo.
Fuimos a un local de comidas rápidas que había a la vuelta de su casa, y luego volvimos, mientras el acomodaba los muebles, yo le hice una limpieza a fondo en el baño y en la cocina, luego le preparé la cama, y acomodé todas las cosas de la cocina.
Le hacían falta cortinas para el comedor y para su dormitorio, tomamos la medida y le dije que yo se las compraría, también la cortina del baño, solo le quedó sin conectar el lavarropas, pero me dijo que seguramente lo haría su padre en unos días.
A eso de las seis de la tarde ya habíamos terminado de acomodar todo, me tomé unos mates con él, le deje algo de dinero para la fiesta de esa noche, y le dije que ya me iba para casa para llegar de noche.
Nos despedimos y me tomé el subte hasta la estación de retiro y allí me tomaría un colectivo hasta La Plata.
Mientras esperaba el colectivo, lo llamé a Hugo, le dije dónde estaba, me dijo que me iba a buscar a la terminal de ómnibus, y qué si quería nos íbamos para su casa.
Cuando llegué a la terminal de La Plata, Hugo ya me estaba esperando, cuando bajé le di un abrazo como si hiciera meses que no nos veíamos.
Le pedí que pasáramos por casa necesitaba cambiarme y llevar algo de ropa.
En el camino le conté todo lo que habíamos hecho, y lo contento que lo había visto a Santino en su nuevo departamento.
Cuando llegamos a su casa me dijo que me diera un baño y que descansara, que él mientras tanto, prepararía la comida.
Cuando salí del baño, el pollo estaba en el horno, y mientras se cocinaba me secó el pelo.
Terminamos de comer y nos fuimos para la cama, yo estaba reventada y me dormí con sus caricias y sus besos.
Como siempre, el domingo me despertó con el desayuno, tomamos el mate en la cama, y luego nos hicimos el amor, ya había descansado, y extrañaba mucho sentirlo dentro de mí.
Nos quedamos en la cama hasta el mediodía, nos levantamos y entre los dos preparamos algo para almorzar, y luego de comer y ordenar todo, salimos a dar una vuelta caminando.
En varias ocasiones pensé que en alguna de nuestras salidas podríamos cruzarnos con alguien conocido ya que no nos escondíamos, y llegado el caso, ¿qué diría, como lo presentaría? ¿Mi qué? ¿amigo, pareja, amante?, o tan solo como el hombre que me da todo, incluido el mejor sexo de mi vida, bueno, creo que así no me animaría a presentarlo.
Santino ya había comenzado las clases en la Facultad de Buenos Aires, y trabajaba de lunes a viernes, venía a verme a La Plata, fin de semana por medio, y en esos días no nos veíamos con Hugo, pero los fines de semana en que estaba sola, me quedaba en su casa.
En una de las juntadas mensuales con las chicas, luego de la cena y cervezas mediante, como siempre empezaron a hablar de hombres.
Por supuesto salió el tema de Hugo, y todas decían que no sabían nada de su vida, sí estaba saliendo con alguna mujer, si había vuelto a la vida de soltero, o si lo suyo era el celibato.
En ese momento pensé, si supieran! Pero solo acoté que quizás no sepan nada porque Hugo es muy reservado de sus cosas privadas.
El tema hombres siguió por un momento más, hasta que una de las chicas me preguntó cómo iba mi vida de soltera, no les conté nada, pero se me escapó una sonrisa, lo que fue suficiente, para que me empezaron a interrogar, preguntándome con quién estaba saliendo, que suponían que lo hacía con alguien, sobre todo porque había cambiado mi vestuario, y además porque se me veía más relajada, una de las chicas fue más allá en su comentario, y me soltó, "tenés cara de bien cogida!".
Mi reí ante esa frase, pero les dije que nada que ver, aunque creo que no me creyeron, pero ese viernes después de la reunión, me fui para casa de Hugo, ese fin de semana Santino se quedaba en Buenos Aires, y le di la razón a las chicas, estaba mucha más que bien cogida.
Era el mes de mayo, los primeros días, cuando uno de los directores me llamó a su oficina.
No era la primera vez que lo hacía, él era el contador que manejaba las cuentas de la institución.
En un par de ocasiones, había tenido algunas frases fuera de lo laboral, diciéndome cosas, que yo dejaba pasar por no considerarlas inapropiadas, cosas como que me veía muy bien, algunas frases con doble sentido, y algunas indirectas.
Pero esta vez, luego de decirme lo que me tenía que decir, me empezó a decir que se había enterado de mi divorcio, pero que a pesar de eso me veía muy bien, y mirando mi cuerpo casi con descaro, me dijo, cada vez mejor.
Yo ya quería volver a mi oficina, de muy buena gana lo hubiera mandado a la mierda, pero era un superior.
Le pregunté si necesitaba algo más, y sin ningún reparo me dijo, "estaría necesitando que nos encontremos fuera de aquí y pasemos un buen momento".
No quería ser demasiado frontal, y le contesté que eso no pasaría. Pero decidió insistir, me dijo que la podríamos pasar muy bien.
Le dije que si no precisaba nada más, volvía a mi trabajo, pero no conforme con eso, fue un poco más allá, y me dijo, "escúchame Florencia, esto que te estoy proponiendo, podría significar un beneficio para vos, sobre todo en lo laboral, no me gustaría que tuvieras problemas, pensalo!"
Ya me había enojado, pero para no tener un problema le dije, "no tengo nada que pensar, aquí solo vengo a trabajar! Hasta luego".
Salí tan mal de su oficina, qué me saltaron las lágrimas, ¿me estaba amenazando?
No quise entrar a mi oficina llorando, y me fui a la oficina de Hugo.
Al verme entrar con los ojos llenos de lágrimas, me hizo pasar directamente a su despacho y cerró la puerta.
-HUGO: ¿Qué pasó Flor?
-FLORENCIA: Vengo de la oficina de Néstor, y me dijo montón de cosas que no me gustaron!
A Hugo se le transformó la cara, y le conté con detalles lo que me había dicho.
-HUGO: Eso sonó a amenaza! Algo así como aceptás o la vas a pasar mal!
-FLORENCIA: Así lo entendí yo! Por eso me puse mal!
-HUGO: Ya lo voy a agarrar al boludo ese!
-FLORENCIA: No Hugui, no quiero que tengas problemas, no le doy pelota y listo!
-HUGO: Creo que con una conversación de hombre a hombre lo puedo hacer entender!
-FLORENCIA: Déjalo así! Es un boludo!
-HUGO: Y encima está casado!
Luego de hablar con él me calmé y volví a mi oficina.
Unos días después, el director me envió un mail, desde su cuenta de correo personal, pidiéndome disculpas por lo que había ocurrido, y que no sé volvería a repetir.
Esa misma tarde al salir, pasé por la oficina de Hugo, le conté del mail, y le pregunté si había tenido algo que ver.
-HUGO: Por casualidad el otro día cuando se iba, nos encontramos en la playa de estacionamiento, y como estábamos solos, aproveché para conversar con él. Le dije que nosotros éramos amigos desde hace años, y que te había caído muy mal lo que había pasado, con palabras sutiles, le dije que se había ido a la banquina, creo que Florencia se merece una disculpa. Espero que entiendas, como para que no tengas problemas, y que me extrañaba ese comportamiento de él siendo un hombre casado, ¿qué diría su esposa si se enterara de una denuncia por acoso contra él? Agachó la cabeza y no dijo más nada.
-FLORENCIA: No quiero que tengas problemas con él!
-HUGO: Tranquila que es un cagón, la va de galán, pero es bastante salame!
Me salió abrazarlo y agradecerle con un beso, por suerte nadie entró en ese momento en su oficina.
Un par de semanas después, un fin de semana que Santino vino a casa, me contó que había empezado una relación con una chica, compañera de la facultad, y que quizás no podría venir todos los fines de semana.
Lo miré con una sonrisa y le dije que no se hiciera problema, que entendía sí quería pasar tiempo con su novia, pero a manera de broma le dije, que aunque no viniera se acordará que tiene una madre.
Me abrazó y me dio un beso, y por supuesto, el domingo cuando se volvía para Buenos Aires, le dije que me gustaría conocerla, pero me dijo que aún era pronto, recién estaba empezando.
Cada vez me costaba más pasar la semana sola, me gustaba tanto amanecer con Hugo, qué cuando dormía sola en casa, lo extrañaba mucho.
Desde hacía un tiempo, me había empezado a cuestionar a mí misma, lo que sentía por Hugo, y siempre llegaba a las mismas respuestas, compartir el tiempo con él era lo mejor que me ha pasado, me pregunté una y mil veces si estaba enamorada de él, y mi respuesta era que si querer estar con él, extrañarlo, desearlo, querer pasar buenos momentos y pensarlo todo el tiempo, es estar enamorada, pues entonces estaba enamorada.
Me daba cuenta que cada vez que estaba con él, mi vida era otra, disfrutaba cada momento, y cuando tenía que volver a casa, solo estaba deseando el próximo encuentro.
No sabía muy bien lo que sentía Hugo por mí, los dos veníamos de relaciones de muchos años, y no estaba segura si Hugo estaba en condiciones de encarar una nueva relación.
Creo que por el momento seguiría así, queriéndolo en silencio y disfrutando al máximo, cada vez que estábamos juntos.
Con el correr de las semanas, me di cuenta que a él también le pasaba algo parecido, el estar juntos solo un fin de semana por medio, le parecía poco, y un par de veces, me dijo que me quedara en su casa entre semana.
Pasaron algunos meses, y en cada encuentro mensual con las chicas, siempre salía el tema de Hugo, cuando ya estaban bastante picaditas, algunas de las chicas seguían fantaseando con la posibilidad de tener alguna aventura con él, pero yo sabía perfectamente que eso no ocurriría, aunque no decía nada, varias veces me tuve que morder los labios para no contar lo que estaba viviendo con él, y muchas veces pensé que en el momento que lo supieran, me dirían de todo por habérmelo callado.
Se acercaban las vacaciones de invierno, y le pregunté a Santino qué haría, y me dijo que una semana se iría a pescar con su padre, y que en la otra semana se iría a algún lugar con su novia.
Hablamos con Hugo de las vacaciones, y me dijo que él tenía ganas de tomarse unos días, cuando le conté lo de Santino, me dijo que viera la posibilidad de tomarme vacaciones, quizás los podríamos hacer alguna escapada a algún lado los dos solos, y por supuesto me entusiasmó mucho la idea.
En verdad me daba lo mismo donde fuera, el solo hecho de pasar una semana o más días sola con él, me ilusionaba.
Él pidió sus vacaciones y yo las mías, y un fin de semana antes de las vacaciones, solos en su casa, nos pusimos a pensar a dónde podríamos ir.
Lo único que quizás podría complica nuestro viaje, era la salud de la mamá de Hugo, andaba con algunos problemas de salud, y quizás en un tiempo tendrían que operarla del oído.
De todos modos empezamos a buscar algún lugar para irnos, vimos varias posibilidades, la provincia de Córdoba, Bariloche, o algún lugar en la costa.
Hugo tiene una hermana más grande, y entre los dos se ocupan de su madre.
Hugo habló con su hermana para decirle que quizás se tomaría una semana o diez días en las vacaciones de invierno, y su hermana le dijo que no había problema, que ella se ocuparía.
Hugo me dijo de irnos, pero si fuera posible no muy lejos, por si había alguna complicación con la salud de su madre, y aunque era invierno, decidimos irnos a Mar del Plata por siete días, la segunda semana de vacaciones.
Ya de vacaciones los dos, preparamos todo, nos levantamos ese viernes bien temprano y con todo cargado en el auto en la noche anterior, salimos a la ruta con el mate preparado.
No podía sentirme mejor, en el momento más pleno de mi vida, con la persona que mejor me había hecho sentir, estaba camino a un viaje que estaba absolutamente convencida de que sería el mejor viaje de mi vida.
Y por supuesto no me equivoqué, pasé los días más lindos, Hugo es un amor de hombre, siempre atento, siempre haciéndome sentir muy bien, en todos los aspectos, es muy compañero, le gusta que lo compartamos todo, me hace reír, nuestras conversaciones son interminables, y por sobre todo, me siento plena en el terreno sexual, donde estaba por lejos, en el momento más pleno de mi vida.
Salimos a caminar, a cenar, recorrimos lugares que no conocía, aunque era invierno, nos gustaba ir a la playa a tomar mate mirando el mar. Y en las noches, nos disfrutamos plenamente, no perdonamos ni una sin darnos placer. ¿Qué más puedo pedir?
Es el día de hoy que no entiendo a la ex esposa de Hugo, no creo que él sea de esta forma solo conmigo, estoy segura que así es su forma de ser, de tratar y de preocuparse por los demás, ¿cómo pudo dejarlo ir?
Pero como dice el dicho, todo lo bueno dura poco, esa semana se me pasó en un abrir y cerrar de ojos, pero lo bien que lo pasé, quedará en mi recuerdo por siempre.
Terminaron las vacaciones y tuvimos que volver al trabajo y a nuestros encuentros de fin de semana por medio, cuando Santino se quedaba en Buenos Aires.
A mediados del mes de septiembre, Santino llegó de su departamento un viernes por la nochecita, ya me había avisado y lo esperé con su comida favorita, milanesas con puré de papas.
Esa noche mientras cenábamos, decidí blanquearle mi relación con Hugo, aunque por supuesto, no le contaría todos los detalles.
-FLORENCIA: Santi, quiero contarte algo!
-SANTINO: Contame ma!
-FLORENCIA: Desde hace algún tiempo, me estoy viendo con un hombre!
-SANTINO: Epa! Me lo suponía, pero no sabía si preguntarte!
-FLORENCIA: ¿Y por qué lo suponías?
-SANTINO: Porque desde hace un tiempo te veo bien, no sé, más alegre, más tranquila, no sé, me dio por pensar que estabas con alguien! ¿Cómo se llama? ¿Lo conozco?
-FLORENCIA: Se llama Hugo, es un compañero de trabajo, creo que no lo conocés, trabajamos juntos desde hace muchos años, el también estaba casado y se divorció el año pasado. Nos fuimos acercando por diferentes temas y bueno, una cosa llevó a la otra, los dos estábamos solos, y hace un tiempo, empezamos a vernos fuera del trabajo.
-SANTINO: ¿Estás bien con él? ¿Te trata bien?
-FLORENCIA: Si hijo! Re bien! Es un hombre excelente y en verdad la paso bien con él!
-SANTINO: Me alegro mucho ma! Sos una mujer joven y tenés todo el derecho de vivir tu vida de la mejor manera, y si elegís estar con Hugo, si te hace bien, eso me pone muy contento, lo que más me importa es verte feliz!
-FLORENCIA: Hace tiempo que quería contártelo, pero no sabía cómo lo ibas a tomar!
-SANTINO: Si vos estás bien, eso para mí es lo importante!
-FLORENCIA: Gracias hijo!
-SANTINO: ¿Y cuando creés que lo pueda conocer?
Y usando la frase que me había dicho él cuando quise conocer a su novia, le dije:
-FLORENCIA: Aún es pronto, recién estamos empezando!
Y nos reímos los dos.
El habérselo contado a Santino, me dio cierta tranquilidad, sobre todo por si algún conocido nos veía juntos, Santino lo tenía que saber y prefería que fuera por mí.
El domingo en la noche, luego de que dejé a Santino en la terminal de ómnibus para que volviera a Buenos Aires, lo llamé a Hugo para contarle, dije dos palabras y me cortó, diciéndome que mejor se lo contara personalmente, que me esperaba en su casa con una rica cena, que le dijera que quería comer.
Dios! No podía estar más enamorada de ese hombre!
Llegué a su casa, me recibió con un abrazo y un beso y subimos.
Mientras preparaba la cena, le conté la conversación que había tenido con Santino, y por supuesto me dijo que también le gustaría conocerlo, que yo decidiera cuando y nos encontraríamos.
Esa noche también me quedé a dormir en su casa, aunque al día siguiente teníamos que ir a trabajar.
Llegó diciembre y ya sabíamos la fecha de la fiesta de fin de año del trabajo, esta vez sería el viernes veinte de diciembre, también en el camping del sindicato.
El viernes anterior a la fiesta, nos reuniríamos para despedir el año con las chicas de la oficina, pero el miércoles al irme del trabajo, pasé por la oficina de Hugo y me dijo que me esperaba en su casa a cenar esa noche. No era la primera vez que lo hacía entre semana, pero antes de que me fuera, me abrazó, me dio un beso y me hizo recordar que ese mismo día del año pasado, habíamos pasado nuestra primera noche juntos, que tarada no me había dado cuenta.
Por supuesto le dije que sí, y al irme fui a comprarme ropa para esa noche, una minifalda y una camisita de manga tres cuarto, me pondría las sandalias de taco alto y un conjuntito nuevo que Hugo no conocía.
Salimos a cenara a un lindo restaurante y luego nos volvimos para su casa, nos hicimos el amor muy dulcemente, disfruté mucho esa noche, me parecía mentira que ya hubiera pasado un año, sin dudas el más feliz de mi vida.
A la mañana siguiente, mientras desayunábamos en la cama, le comenté a Hugo de la reunión con las chicas del viernes, y que no sabía si contarles o no.
Hugo me abrazó, me besó y me dijo que hiciera como yo lo sintiera, no teníamos que ocultar de nadie, y en el trabajo, tarde o temprano se iban a enterar.
Ese viernes, nos fuimos con Hugo para casa y nos quedamos hasta la hora de irme a lo de Ana, allí nos juntaríamos esa noche.
Me di un baño, Hugo me secó el pelo y me fui a cambiar.
Que diferente me sentía a un tiempo atrás, me puse la minifalda y una remera ajustada y Hugo me decía que estaba hermosa, sin cuestionarme nada. Incluso esa noche fui por primera vez a una juntada con tacos altos.
Y como si fuera poco, me dijo que si yo quería, me llevaba y me iba a buscar a la hora que yo dijera, para que no tuviera que volver de madrugada manejando y pudiera tomar lo que quisiera.
Lo abracé y lo besé, le dije que sí, que me llevara y me fuera a buscar.
Llegué a lo de Ana, y ella fue la primera en comentar mi cambio de vestimenta.
-ANA: Epa! Flor con tacos altos y minifalda! ¿Qué está pasando acá?
-FLORENCIA: No pasa nada!
-ANA: Dale! Contá!
-FLORENCIA: Después les cuento!
Fuimos al quincho y ya estaban allí dos de las chicas, que también hicieron mención a mi vestuario.
A medida que iban llegando, todas me fueron diciendo algo de mi cambio de look.
Cuando ya estuvimos todas, arrancaron las cervezas, desde hacía un tiempo que estos encuentros, eran otra cosa para mí, me sentía más relajada, y cada vez con más afinidad con las chicas.
Terminamos de comer, ya con varias cervezas encima, y las chicas, como de costumbre empezaron a hablar de hombres, solo esperaba que no hablaran de Hugo, pero en un momento de la charla, Ana las hizo callar y mirándome, me dijo:
-ANA: Bueno nena! Ya es hora de que cuentes!
Todas me miraron, y aunque con algo de vergüenza, les dije:
-FLORENCIA: Chicas! Estoy con alguien!
Varias se sorprendieron, algunas ya lo imaginaban, los comentarios fueron muchos, pero hubo uno que causó mucha gracia.
-SOFIA: Se te nota a kilómetros que estás bien cogida nena!
-ANA: Yo diría que más que bien cogida! Me atrevería a decir que Florcita está enamorada!
-LUJAN: Contá Flor!
-FLORENCIA: Ana traeme otra cerveza!
Todas se rieron, y ya con la nueva cerveza les dije.
-FLORENCIA: Les voy a contar, pero no quiero que lo anden contando por ahí!
Todas estaban tan ansiosas que me dijeron que no dirían nada.
-FLORENCIA: Estoy con alguien! Desde hace un tiempo! No le ponemos nombre a nuestra relación, tan solo la pasamos bien! Hasta hemos hecho viajes juntos! Y sí chicas! Estoy mucho más que bien cogida! Por lejos, lo mejor que he vivido!
Todas se reían y aplaudían!
-FLORENCIA: Es un hombre fuera de serie! Por lejos el mejor que he conocido! El que mejor me ha hecho sentir en mi vida! Y sí Ana, tenés razón, fue imposible no enamorarme de él, lo tiene todo!
Todas se alegraron, se acercaron a mí, me saludaron con besos y abrazos! Por supuesto las cargadas comenzaron, hasta que en un momento una de las chicas dijo:
-MARIANA: Debe ser una especie de Hugo!
Y en ese momento, creo que la cara me vendió, todas me miraron, como interrogándome.
-SOFIA: Jodeme que es Hugo!
-FLORENCIA: Es Hugo chicas!
Y ahí se desmadró la noche, todas empezaron a los gritos, diciéndome que me lo tenía calladito, que era una zorra ocultadora, que con razón andaba tan contenta y mil chorradas más, hasta que Ana las volvió a hacer callar!
-ANA: Silencio chicas! Ahora viene el interrogatorio! Nos vas a tener que responder o no te vamos a dejar salir de acá!
-FLORENCIA: Está bien! Pregunten pero no se zarpen!
-SOFIA: ¿Desde cuándo?
-FLORENCIA: Este miércoles hizo un año de la primera noche que pasamos juntos!
-SOFIA: Que zorra! Nos ocultaste esto durante un año!
-FLORENCIA: Perdón chicas! Decidimos no contarlo!
-MARIANA: ¿Es verdad?
-FLORENCIA: ¿Qué cosa?
-MARIANA: ¿Qué va a ser? El tamaño boluda!
-FLORENCIA: Cosas íntimas no chicas!
-SOFIA: Dale Boluda!
-FLORENCIA: Bueno! Sí!
-ANA: Lo que te estás comiendo nena! Con razón esa carita de satisfecha!
-MARIANA: ¿Cogen seguido?
-FLORENCIA: Pará Mary! No te voy a dar el parte sexual de mi vida!
-MARIANA: Dale boluda! Contá! ¿Cogen mucho?
-FLORENCIA: A lo que estaba acostumbrada, puff! muchísimo!
-ANA: ¿Cuántas veces por semana?
-FLORENCIA: No estamos todas las noches juntos, el vive en su casa y yo en la mía!
-MARIANA: Danos el promedio! En diez noches juntos, ¿cuántos polvos?
-FLORENCIA: Chicas, me da vergüenza!
-ANA: Dale boluda! Qué vergüenza ni vergüenza! Queremos saber!
-FLORENCIA: En diez noches, no sé, no llevo la cuenta, pero algo así como doce o quince, depende el fin de semana! No sé… nos fuimos a Mar del Plata siete días, y lo hicimos todas las noches, bueno… también algunas tardes!
-PAULA: Que envidia la puta madre! Comerse semejante pija y a cada rato!
Todas se rieron de ese comentario.
-SOFIA: Ahora respuestas sí o no! ¿Dale?
-FLORENCIA: Depende chicas! Están muy zarpadas!
-ANA: Dale boluda! No seas cagona!
-PAULA: ¿Lo hicieron en el trabajo?
-FLORENCIA: Ni! Casi pero no!
-MARTINA: ¿En el auto?
-FLORENCIA: Sí!
-ANA: ¿En la calle?
-FLORENCIA: Ni! Casi, solo tareas manuales, lo terminamos en el auto!
-SOFIA: ¿Por atrás?
-FLORENCIA: Chicas!
-SOFIA: Dale!
-FLORENCIA: Bueno! Sí!
-PAULA: ¿En la boca?
-FLORENCIA: Sí!
-MARIANA: ¿En lugares extraños?
-FLORENCIA: Sí!
-ANA: ¿Dónde?
-FLORENCIA: En el medio del campo, por ejemplo, en el bosque una madrugada!
-PAULA: ¿Juguetitos?
-FLORENCIA: Sí!
-ANA: ¿Juegos?
-FLORENCIA: Uff! Sí!
-ANA: Contá zorra!
-FLORENCIA: Basta chicas! Me da vergüenza!
-ANA: Dale boluda!
-FLORENCIA: No sé, por ejemplo, sacarme la tanguita en un restaurante, quedarme en pelotas en el baño del trabajo y mandarle un foto, mandarle videítos cuando no estamos juntos, esas cosas!
-ANA: Ay nena! Te envidio! Pero me alegro mucho por vos!
-PAULA: Chicas, ya no vamos a poder fantasear con Hugo! La zorra esta nos cortó las ilusiones!
Nos reímos todas a carcajadas!
-MARIANA: ¿Viniste en auto?
-FLORENCIA: No, me trajo Hugo y también me viene a buscar!
-SOFIA: ¿Y a qué hora?
–FLORENCIA: A la que yo le diga!
-ANA: Eso quiere decir que de acá te vas a dormir con él! Bueno a dormir es una forma de decir! Te vas a ir a coger guacha!
-FLORENCIA: No sé chicas! No sé qué pinta la noche!
Casi a las cuatro y media de la mañana, las chicas dijeron que ya se iban, en ese momento le mandé un mensaje a Hugo para que me viniera a buscar, un momento después me contestó que ya venía, y también le dije que las chicas ya lo sabían.
Ya pasado el furor de la novedad, me desearon que me fuera muy bien con él y que me lo merecía, y sobre todo que lo disfrutara.
Estábamos todas en la puerta cuando llegó Hugo, que al verlas, bajó a saludarlas.
También a él le desearon que nos fuera bien, y entre risas Paula dijo que de a poco me había ido domando!
Con un poco de vergüenza, Hugo saludó a las chicas y nos subimos al auto.
De camino a casa le conté todo lo que les había dicho, aunque le pedí perdón por ventilar ciertas intimidades, lejos de preocuparse, Hugo me dijo que estaba todo bien, que no pasaba nada.
Por supuesto al llegar a casa, nos hicimos el amor, me dijo que le gustaba mucho la minifalda y tan solo me sacó la tanguita y el corpiño, con la ropa puesta, lo hicimos en el sillón del comedor.
Las primeras luces del día, nos sorprendieron aún dándonos placer, y luego de mi cuarto orgasmo con sus palmaditas y su eyaculación en mi interior, nos fuimos a la cama.
Pasamos ese fin de semana juntos y dijimos de ir juntos el viernes a la fiesta del trabajo, sabiéndolo las chicas de mi oficina, era cuestión de días en que el resto también lo supiera.
En la semana me fui a comprar ropa, quería verme linda para él, pero no le dije nada, lo quería sorprender.
En esa semana me quedé a dormir en su casa el miércoles, y cada vez se me hacía más difícil dormir sola.
Llegó el viernes y Hugo me dijo que me pasaba a buscar por casa, le dije que viniera a las ocho y media.
Ya estaba lista, me había comprado un vestido color hueso largo hasta los tobillos, amplio pero de tela de verano, con un escote algo pronunciado y con finos breteles en los hombros, para no ir sin corpiño, ya que se me marcarían mucho las tetas, me compré un corpiño sin breteles.
En esta ocasión, llevaba unas sandalias sin taco, me puse un collar largo, pulseras, me recogí el pelo y me maquillé sutilmente.
Puntual me tocó el timbre y bajé, ni siquiera le di tiempo a que terminara el cigarrillo, cuando me vio salir, me encantó su cara, claramente le gustaba como iba vestida.
-HUGO: Esplendida Flor! Está hermosa! ¿Cómo hacés para estar cada vez más linda?
-FLORENCIA: Gracias corazón! Es culpa tuya! Vos también estás muy lindo!
Nos dimos un lindo beso en la boca y nos subimos al auto.
Hugo iba con un pantalón marrón, una chomba amarilla y zapatillas de cuero marrones, estaba realmente muy lindo.
Llegamos a la fiesta y al bajar del auto, caminamos de la mano hasta el salón, varios compañeros se nos quedaron mirando sorprendidos, aunque me daba un poco de vergüenza, me gustó ir de su mano.
A pesar de haber venido juntos, yo me sentaría con las chicas, y Hugo con los chicos de la oficina y los de la mesa de entradas.
La fiesta estuvo realmente hermosa y por supuesto en el momento de bailar, lo hicimos juntos, y no tuvimos reparo alguno en besarnos sin importar si alguien nos estaba viendo.
Volví a disfrutar de esa fiesta, bailamos, nos reímos, bebimos, fumamos, nos abrazamos, nos besamos y bailamos más.
Varios compañeros se acercaron y nos saludaron alegrándose de nuestra, para ellos insipiente relación.
Llegamos a su casa casi a las cinco de la mañana, cansados pero felices, aunque eso no impidió que la luz del día nos encontrara haciendo el amor en el sillón del estar, no habíamos llegado ni a la cama.
El sábado me desperté pasado el mediodía, esta vez yo lo hice primero, las ganas de ir al baño me habían hecho abrir los ojos, Hugo dormía plácidamente y decidí despertarlo yo esta vez con el desayuno.
Cuando volví a la habitación con la bandeja, Hugo abrió los ojos y me miró con una sonrisa.
-FLORENCIA: Hola lindo!
-HUGO: Que lindo es despertar y ver tan bella flor!
Apoyé la bandeja y le di un beso en la boca.
Mientras desayunábamos, comentamos la fiesta, contándonos como nos habíamos sentido al blanquear nuestra relación.
Por supuesto, ninguno de los dos nos habíamos sentido incómodos, lo único que esperábamos era que la situación en el trabajo, siguiera de la misma manera.
Conversamos sobre las vacaciones, y decidimos tomarnos los dos, la segunda quincena de enero y buscar un lugar para irnos unos días.
Mientras seguíamos con el mate, Hugo se puso a buscar algún lugar en la costa, no queríamos irnos muy lejos, y encontró un complejo en La Lucila del Mar que tenía una unidad disponible, miramos todas las fotos y a los dos nos encantó.
Hugo me miró y me dijo:
-HUGO: ¿Las dos semanas?
-FLORENCIA: Dale! No tengo problema! Pero la estadía la pago yo!
Y en ese momento hizo la reserva, entraríamos el quince de enero y nos iríamos el primero de febrero y eso me puso feliz.
Me sentía tan enamorada de él que necesitaba decírselo, aunque no hablábamos de sentimientos, yo sabía que estaban, lo que nos estaba pasando a ambos era inocultable, pero decidí respetar sus tiempos, como estaban las cosas entre nosotros, ya le daba pleno sentido a mi vida, y si me preguntara que más podría pedir, creo que nada más.
Se acercaban las fiestas y hablamos en lo que haríamos para la navidad y para el año nuevo.
Al igual que el año anterior, Santino pasaría conmigo la noche buena, pero el veinticinco iría con su novia, y el fin de año lo pasaría en Buenos Aires con su padre.
Hugo estaría en Navidad con su madre y en año nuevo, volveríamos a estar juntos.
El fin de semana anterior a la Navidad, Santino me dijo que vendría para casa con su novia, y yo le dije que me encantaba poder conocerla, y fue en ese momento que se me ocurrió que quizás podría aprovechar para que conozca a Hugo, incluso los podría dejar a ellos dormir en casa y yo irme a lo de Hugo.
Cuando le conté que Santino venía, no hice a tiempo a contarle lo que tenía pensado, fue él mismo quien me dijo si quería que ese fin de semana se conocieran. Creo que no podíamos estar más conectados.
Santino llegaría el viernes por la tardecita y le dije que si le parecía bien, esa noche cenáramos con Hugo y con su novia, me dijo que sí y me puse a preparar todo, quería que sea una linda cena y sobre todo que nos sintiéramos cómodos.
Eran casi las siete de la tarde cuando lo escuché la puerta de casa, entraron los dos, me presentó a Valentina y los saludé a los dos con un abrazo.
Estuvimos charlando un rato y me pareció una chica sencilla y muy agradable.
Santino me dijo que por fin lo conocería a Hugo, y lo que me dijo me hizo emocionar, que quería conocer al hombre que hacía sentir tan bien a su madre.
Hugo me dijo que llegaría a eso de las ocho y media, y para qué negarlo, estaba un poco nerviosa.
Cuando sonó el timbre, se me aceleró el corazón, le abrí y subió, lo esperé en la puerta y nos saludamos como siempre con un abrazo y un beso.
Entramos y les presenté a Santino y a Valentina.
Nos sentamos los cuatro en el estar y por un momento, el ambiente estaba algo tenso, pero Hugo le preguntó a Santino como le iba en la facultad, y mi hijo de muy buena manera le fue contando, de las materias, de lo que podría hacer una vez recibido y otras cosas más, hasta que en un momento, comentó que tenía problemas con su notebook, yo no recordaba si le había contado a Santino sobre la ocupación de Hugo, pero en ese momento, Hugo le preguntó si la tenía acá, Santino le dijo que sí, y le pidió que se la trajera.
La sacó de su mochila y se la entregó, Hugo la encendió y estuvo un momento mirándola.
Dijo que iba hasta el auto y bajó con mis llaves.
Volvió con su mochila y sacó el estuche de los cd, lo colocó en la notebook e hizo un par de cosas que no entendí.
Le explicó a Santino, que aparentemente el disco rígido tenía algunos sectores defectuosos y que ese programa intentaría corregirlos, si todo iba bien, al reiniciarla, funcionaría correctamente.
Como eso llevaría tiempo, fui trayendo la picada, y la bebida.
A partir de ahí, el ambiente se distendió y la conversación fue muy amena entre los cuatro, incluso Valentina que en un principio estaba algo tímida, poco a poco se fue soltando y nos contó cosas de su vida y de su familia.
Antes de sentarnos a cenar, Santino miró su compu y al ver que ya había terminado el programa se lo dijo a Hugo. Le dijo que quitara el cd y que la reiniciara.
La cara de Santino lo dijo todo, la compu arrancó y anduvo perfectamente, lo miró a Hugo le dio las gracias.
La cena estuvo más que amena, en verdad la pasamos bien, creo que los cuatro.
Luego nos sentamos a tomar un café mientras seguimos conversando.
Pasadas la una de la mañana, le dije a Santino que le dejaba mi dormitorio, para que estuvieran cómodos con Valentina y yo me iría a lo de Hugo.
Al despedirnos, Santino y Valentina me dieron un abrazo, y le dije que me había encantado conocerla, que podían venir los dos cuando quisieran.
Y me sorprendió el abrazo que le dio Santino a Hugo, agradeciéndole y diciéndole que había sido un gusto conocerlo.
De camino a casa de Hugo, fuimos comentando el encuentro y yo en verdad me sentía muy bien, Santino y Hugo eran las dos personas más importantes para mí en ese momento y que se llevaran bien, me ponía más que feliz.
Al día siguiente también estuvimos los cuatro y volvimos a pasarla muy bien.
Incluso con Hugo los llevamos a la terminal el domingo por la tarde cuando se volvieron para Buenos Aires.
No había tenido oportunidad de hablar con Santino sobre Hugo, pero fue él mismo quien me llamó esa noche para decirme que Hugo le había parecido un buen tipo, que le había caído muy bien y que estaba muy contento de que yo estuviera tan bien con él.
No pude evitar las lágrimas, que lindo hijo tengo!
En la cena de Nochebuena, también conté en casa de mi madre que estaba en una relación desde hacía un tiempo con un hombre, y lógicamente, mi madre dijo que quería conocerlo.
Ya lo habíamos hablado con Hugo y me dijo que le encantaría conocer a mi madre.
A eso de la una de la mañana, cruzamos mensajes, le dije que se lo había contado a mi familia y que mi madre lo quería conocer, me dijo si quería que me venía a buscar, así lo conocían.
Le dije que sí y veinte minutos después, me avisó que estaba en la puerta.
Creí que quizás estaría nervioso, pero todo lo contrario, saludó amablemente a mis hermanos y cuñados, con un abrazo a Santino y por último a mi madre, que le dio una escaneada de novela.
Estuvimos casi una hora más allí, y luego nos llevó a Santino y a mí hasta casa.
El fin de año lo volvimos a pasar juntos y volvimos a cenar al restaurante donde lo habíamos hecho el año anterior, y recibimos el año haciéndonos el amor hermosamente en su casa.
Comenzó el año y ya quería que los días pasaran rápido para que llegara el quince de enero para irnos a la costa.
En esos días, me fui a comprar algunas cosas para mí y también para Hugo, me compré una bikini nueva, unas sandalias playeras y para Hugo un short de baño, una remera, y unas gafas de sol, que me había dicho que le hacían falta.
Llegó el catorce de enero y con todas mis cosas fuimos con Hugo para su casa, Hugo había comprado y colocado el soporte sobre el techo del auto para llevar también las dos bicicletas.
Esa noche nos acostamos tempranito, pero de todas formas hicimos el amor, aunque durante poco tiempo, nos queríamos que levantar temprano.
Nos despertamos a las siete de la mañana, nos vestimos, cargamos todo en el auto y antes de las ocho, ya estábamos camino a la ruta.
Al subir al auto, le entregué el paquete bien envuelto de las gafas que le había comprado, y cuando lo abrió, se le dibujó una hermosa sonrisa, me dijo que le encantaban y ahí mismo se los puso, agradeciéndome con un beso en la boca, que si no nos estuviéramos por ir, hubiera terminado en algo más.
Compramos facturas de camino y fuimos desayunando en el auto.
No podía sentirme más feliz en ese momento, sabiendo que compartiríamos dos semanas los dos juntos.
Llegamos a la costa antes del mediodía, buscamos un lugar para almorzar, y luego de comer fuimos para el complejo que habíamos reservado.
Nos recibió Gabriel, su dueño, dándonos la bienvenida y nos indicó cual era nuestra unidad, Hugo acercó el auto y descargamos todas nuestras cosas, Gabriel nos dio todas las indicaciones y nos dejó el control remoto del portón para entrar y salir cuando quisiéramos.
La unidad era realmente hermosa y súper cómoda, no le hacía falta nada.
Hugo hizo el comentario de que por suerte todas las ventanas tenían cortinas, si estábamos desnudos dentro, nadie podría vernos.
Nos reímos los dos, y dijimos de descansar un rato, la cama era inmensa y creo que no hizo falta decirnos nada, nos desnudamos, sacamos el cubrecama y nos hicimos el amor deliciosamente, luego de eso sí, nos dormimos una linda siesta.
Al despertarnos, preparamos el mate y mientras lo tomábamos, Hugo me dijo que estaba preocupado porque por dos semanas no me despertaría con el desayuno.
Nos reímos los dos y mateamos un rato más.
Nos vestimos y caminamos por el complejo conociéndolo, nos llegamos hasta el restaurante y preguntamos si había posibilidad de cenar allí esa noche, nos dijeron que sí, y nos reservaron una mesa.
Recorríamos el parque, cuando nos cruzamos a Gabriel que estaba regando las plantas, conversamos un rato con él y le dijimos que nos encantaba el complejo.
Nos dimos juntos un baño, nos cambiamos y nos fuimos para el restaurante.
El lugar es hermoso y cenamos maravillosamente, luego de un café y un trago, me dijo de ir un rato a caminar por la playa, me gustó la idea y caminamos por la senda de madera hasta la arena, nos descalzamos y fuimos hasta la orilla.
Era una noche hermosa, aunque la suave brisa del mar, me había erizado la piel, Hugo me abrazó y nos besamos suavemente con las frías olas mojándonos los pies.
Luego de ese beso, tomados de la mano caminamos un rato por la orilla.
Cuando estábamos volviendo para el complejo, Hugo se detuvo, me abrazó y me volvió a besar, me miró a los ojos y me dijo:
-HUGO: Flor, desde hace un tiempo necesito decirte algo, me siento muy bien con vos, siento que mi vida vuelve a tener sentido, es más, creo que estoy viviendo con vos, los mejores momentos de mi vida, disfruto plenamente cada momento que pasamos juntos.
-FLORENCIA: A mí me pasa lo mismo! Me siento plena, nunca en mi vida me sentí tan bien!
-HUGO: Pero desde hace tiempo estoy sintiendo algo, algo que no sabía que sentiría, te has convertido en algo tan importante en mi vida, estás en mi cabeza todo el tiempo y de a poco te fuiste metiendo en mi corazón, ya no puedo seguir callando lo enamorado que estoy de vos! Cada vez que estamos juntos necesito decirte mi amor, creeme que así lo siento!
No pude evitar las lágrimas, sus palabras me llegaban directo al corazón y sabía que eran de verdad, lo sentía desde hacía tiempo.
-FLORENCIA: Mi amor! Desde hace tiempo muero por decírtelo! Hace meses me di cuenta que te amo, te amo como nunca he amado a nadie, desde que estamos juntos me has hecho la mujer más feliz del mundo y ya no puedo imaginar una vida sin vos a mi lado!
-HUGO: Quizás suene apresurado, y entendería si así lo sintieras, pero quisiera despertar a tu lado cada mañana, sería el hombre más feliz del mundo si aceptaras que vivamos juntos!
-FLORENCIA: Claro que acepto! Me mata cada noche que no estoy con vos, deseo tenerte a mi lado todo el tiempo, me haría feliz, muy feliz que compartiéramos nuestras vidas viviendo juntos!
Secó con sus pulgares mis lágrimas de emoción y me besó tiernamente.
-HUGO: Te amo mi vida!
-FLORENCIA: Yo también te amo corazón!
Nos volvimos a besar amorosamente y caminamos por la arena volviendo al complejo.
Entramos en la cabaña y entre besos nos fuimos desnudando.
Eran casi las dos de la mañana, y esa sí que fue una noche larga, nos hicimos el amor durante horas, en cada pausa nos seguíamos acariciando y besando, para luego volver a empezar.
No sé la cantidad de orgasmos que le di esa noche, estaba feliz, feliz de verdad y me encantaba demostrarle también con el cuerpo cuanto lo estoy amando.
Hugo dormía plácidamente desnudo junto a mí, seguramente estaba extenuado, tres veces había acabado esa noche y como una docena de orgasmos me había sacado.
A pesar del trajín, no me podía dormir, lo que estaba viviendo y lo que vendría de aquí en adelante, me tenía muy entusiasmada, creo que tanta felicidad no me cabía en el cuerpo.
Me levanté al baño y al mirar por la ventana, vi que estaba amaneciendo.
Desnuda como estaba me puse el camperón largo, salí de la cabaña sin hacer ruido para no despertarlo y caminé hasta la playa.
Me senté en la arena y no pude evitar las lágrimas, pero eran de felicidad, de ilusión, de agradecimiento por haber puesto a ese hombre en mi camino, por permitirme este presente que nunca imaginé que llegaría a vivir.
Si hace un par de años alguien me hubiera dicho que mi futuro sería este, sin lugar a dudas le hubiera dicho que estaba loco.
Luego de un rato volví a la cabaña, me saqué la campera y desnuda me acosté junto a él, que al sentirme, me abrazó contra su pecho, y así me quedé dormida.
Al día siguiente nos perdimos el desayuno, me desperté como a las dos de la tarde.
Hugo tenía el mate preparado y había comprado unos sándwiches en el restaurante.
-HUGO: Buenos días amor mío!
-FLORENCIA: Buen día mi cielo!
Esas dos semanas fueron maravillosas, los dos estábamos felices y no dejábamos de hablar de nuestra nueva vida al volver a La Plata.
Por supuesto disfrutamos cada momento, y también hicimos nuestras pequeñas locuras, una noche nos hicimos el amor en la playa, una tarde que salimos a pedalear lo hicimos en un bosque cercano, también lo hicimos en el auto una madrugada volviendo de San Bernardo y por supuesto un montón de veces en la cabaña.
Durante esas dos semanas, hablamos muchas veces con Mora y con Gabriel, y nos resultaban tan amables, que les contamos nuestra historia una noche de lluvia que nos invitaron a cenar en su casa.
Volvimos a La Plata, también al trabajo, en el siguiente fin de semana que vinieron Santino y Valentina, les contamos que nos iríamos a vivir juntos, Santino se alegró por nosotros y eso me terminó de dar la paz que siento en este momento.
Me mudé a la casa de Hugo, aunque estamos buscando una casita más cómoda para comprarnos, ya hemos visto varias, pero aún no lo definimos.
Estamos muy bien, la pasamos muy bien juntos, valoro cada momento que paso junto a él, nos encanta hacer planes, para lo que sea, pedalear, caminar, viajar o tan solo sentarnos abrazados a mirar las estrellas.
¿Qué más puedo pedirle a la vida?
Creo que nada, ya me lo ha dado todo!
Fin
Epílogo
Esa tarde que los vi llegar y les indiqué la unidad que les correspondía, al verlos ya me di cuenta, últimamente suelo no equivocarme, sin dudas esa mujer y ese hombre estaban enamorados.
Nos cruzamos varias veces, charlamos un poco y en esas, al principio pequeñas charlas, lo terminé confirmando.
Alguna vez he dicho que no todos nuestros turistas son de la misma manera, y en el caso de Florencia y Hugo, primero a mí, y luego a Mora, nos resultaron tan sencillamente agradables, que nuestras charlas se fueron dando casi sin pretenderlo, en el parque o luego del desayuno, tanto es así, que luego de unos días, Mora me propuso invitaros a cenar esa noche de lluvia.
Nos terminaron contando cómo se fue dando su relación, y que en esa primera noche en el complejo, habían decidido compartir sus vidas viviendo juntos.
El día que dejaron el complejo, ambos nos saludaron con un sentido abrazo, agradeciéndonos por los hermosos días que habían pasado, y por lo increíble que les había parecido el complejo.
Les dijimos que los esperábamos en alguna otra ocasión y nos dijeron que sin dudas volverían.
Ay… el amor…, el amor…., creo que ya lo he dicho! Dios! Cómo me puede!
jejen
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