Años 70: Estudiando en Alemania 10+1 Epilogo
Jorge creyó que el amor podía sobrevivir al caos de una estudiante alemana que folla con media universidad. Pero cuando la pasión se convierte en rutina y la libertad en indiferencia, el único lugar donde encontrar paz será el silencio de una relación monógama en Valencia.
Capítulos anteriores. Vacaciones en Alemania 1 a 6 y Estudiando en Alemania 1 a 10
En el guateque de fin de año de 1973 se juntaron en casa de Fernando 20 personas, como mínimo. Bailamos sueltos, como siempre. Luego pusieron música lenta y sólo baile con Pili y una vez con Amparo y otra con Carmen. Pasamos la noche abrazados, bailando, con Pili colgada de mi cuello. En un momento, me acerqué a su oído y le dije
- Si fueras mi novia, ahora ya no estaríamos aquí
Me dio la mano y nos fuimos al cuarto de Fernando e hicimos el amor, con pasión, en todas las posturas que quisimos, corriéndonos ambos varias veces, pero varias más Pili que yo. Luego nos dormimos juntos. Cuando nos despertamos un par de horas después, ya se habían ido casi todos, pero Fernando y Carmen estaban enrollándose con otra pareja y nos llamaron para participar y declinamos el ofrecimiento. Estábamos bien solos. A las 7 la llevé a su casa.
Los siguientes días salimos juntos, paseamos, fuimos al cine, organizamos tardes con Roberto para cantar en casa de Fernando y no dejamos de besarnos y de hacer el amor. Disfrutamos de unos días sencillos y divertidos, sin tener que hacer sexo en grupo, pero sin cerrar la puerta a hacerlo, simplemente supimos divertirnos sin ello, y no surgió la ocasión, pero sabiendo, que, si hubiera surgido, no hubiese habido problema en hacerlo.
A primeros de enero estaba en Munich, en casa, esperando la llegada de Karin. La fui a recoger a la estación y nos fuimos a casa. Ella llegó en el tren procedente de Bremen junto con otro grupo de estudiantes. Me dio un gran beso y luego se estuvo despidiendo de los otros compañeros de viaje, quedando para verse otro día. Luego nos fuimos a casa. Se fue a duchar y salió en pelotas, como solía hacerlo. Le pedí que se sentara, que había estado pensando y necesitaba hablar con ella.
- Karin, he estado pensando y tu forma de disfrutar la universidad, de estudiar con final feliz y de relacionarte con tus amigos, no la entiendo bien. Para mí, lo que haces, es divertirte, vale, pero follando, y encima no dándole más importancia que si jugaseis a los dardos. Pero follar a lo bestia siendo soltera es perfecto, pero teniendo pareja, no me parece bien, salvo que tu pareja lo haga y también le guste, y, sobre todo, no le importe o no le de valor, que no es mi caso. No soy así.
- Cariño, yo te quiero, y quiero vivir contigo, pero todos lo hacen, nos lo pasamos bien corriéndonos en grupo, como algo divertido. Yo contigo hago el amor, y tengo polvos memorables. Lo otro es simplemente divertido, no hacemos mal a nadie, disfrutamos de nuestro cuerpo. Ya te dije que es como lo que tu sueles hacer con mamá. Es divertido, nada más.
- Vale, pero yo con tu madre lo hago tres veces al año y tú lo haces tres veces a la semana o más. Si tienes relaciones con un tío, porque surja estando de fiesta o saliendo con amigas, y eso pasa varias veces al año, podría entenderlo, pero es que vosotros programáis que vais a follar en grupo cada tarde que quedáis a estudiar juntos.
- Antes tú y yo lo hacíamos.
- Si, pero juntos.
- Y ahora te llamo también
- Pero cuando llego, ya te está follando otro. Y a mí eso no me gusta. Sufro viéndote follar con otros, aunque te lo estés pasando bien. Tampoco sé muy bien por qué, pero es así.
- Me parece injusto que me pidas que no haga lo que hacen todos mis compañeros de clase. Sólo nos divertimos, incluyendo sexo en ello. No tiene mayor importancia.
- A ver. Yo lo veo así. Mi novia folla tres veces a la semana con otros y lo considera normal. Y no me digas que no es follar, porque meterte la polla en el coño y llenártelo de leche corriéndoos los dos a la vez, en mi tierra, es follar.
- Visto así… Yo no lo veía así.
- Ese es el problema. Tu concepto de follar es diferente al mio. Y tu concepto de vivir en pareja también. Para ti el sexo no es una función exclusiva de la pareja.
- ¿Y que me quieres decir?
- Que yo no te puedo prohibir que hagas lo que quieras, pero yo no puedo ser pareja tuya así.
- ¿Y entonces, me estas dejando?
- No lo veas así. Pero te estoy dando dos posibilidades. O sigues estudiando como ahora y sigues teniendo tu final feliz, y no somos pareja, sino solo compañeros de piso, o lo contrario, somos pareja y solo follas conmigo, y con alguno más, digamos un tío cada dos semanas, que ya me parece una pasada. No hay más opciones.
- Jorge, no me puedes pedir que pase por la Uni sin vivir toda la vida universitaria completamente. Formo parte de ella. No pueden empezar los demás a divertirse y yo quedarme mirando. Eso es encerrarme en casa.
- Perfecto, entonces vívela. Y yo también lo haré. Y para que no haya problema ni celos, no somos pareja, sino compañeros de piso que se quieren y se enrollan de vez en cuando. ¿Qué te parece?
- Si seguimos viviendo juntos, me parece bien. Ya me encargaré yo de que no te escapes – me dijo, y yo me di cuenta de que ella ya había perdido ese tren.
Por eso era absurdo intentar cambiarla. Habíamos disfrutado juntos varios años extraordinarios, pero todo se acaba. Éramos dos líneas rectas que se cruzan. Nos habíamos conocido cuando se acercaban, habíamos vivido y amado apasionadamente mientras se cruzaban, pero luego se estaban separando cada vez más y cada vez estábamos más distanciados. Dos rectas nunca se volverían a cruzar, e intentar cualquier otra cosa, era hacernos daño. Había sido feliz con ella. Me había ayudado a desarrollarme como hombre. Me dolía dejarla frente a esa jauría, pero esa jauría era su sociedad y ella formaba parte de ella y se sentía feliz. Que yo no la entendiera, era bastante normal. Intentar cambiarla era intentar acercar esa recta que se alejaba. Los alemanes vivían a tope la universidad para después trabajar como locos, como a mí me habían hecho trabajar ese verano.
- Pues entonces, Karin, solo somos compañeros de piso que se enrollan y, además, se quieren un montón, pero no coartan la libertad del otro. Así tendrás la libertad de hacer lo que quieras. Y cuando acabe el curso y viendo cómo nos ha ido, nos sentamos y evaluamos seguir juntos el año que viene o no.
- Vale. ¿Podemos tú y yo follar ya?
Las siguientes semanas mi casa se siguió convirtiendo en el folladero de la Universidad, o eso me lo parecía a mí. Con gran dolor de mi corazón, porque en el fondo aún quería mucho a Karin, tuve que soportar ver cómo vivía la vida universitaria, como follaba con media universidad, totalmente desmadrada, pero disfrutando como loca, riéndose, bailando y divirtiéndose, siendo feliz, como todos sus compañeros de la Uni. En cambio, en la universidad técnica (TU) las cosas no eran así, allí se estudiaba como si ya se estuviese trabajando.
En muchas ocasiones me unía a ellos, porque tanto ver follar a mi alrededor me tenía muy salido y excitado, y eso era malo para mi rendimiento académico. No sé con cuantas muchachas estuve, porque perdí la cuenta al pasar de cincuenta. Incluso hicimos camas redondas en nuestro dormitorio con más de ocho personas follando como si no hubiera un mañana. Este desenfreno sexual trajo también una cosa buena, Karin casi se olvidó de sus gustos de sumisión, no le daba tiempo a pensar en otras cosas, de tanto follar.
Karin y yo seguíamos viviendo y, claro, durmiendo juntos y hacíamos el amor muchas veces. Eran más las veces que ella lo iniciaba conmigo, porque yo estaba muy bien servido. Me despertaba por la mañana chupándomela y subiéndose encima, ordeñándome hasta que llegábamos los dos. Pero ya no sentía lo mismo y, poco a poco, fui sintiendo que me acostaba con una persona a la que no conocía; las rectas habían ya divergido demasiado.
La diosa fortuna me salvó de una enfermedad venérea u otra más grave, a excepción de alguna que otra ladilla que creo me contagió una chica polaca.
Todo lo que pasó me ayudó a confirmar mi decisión de abandonar Alemania, donde me sentía solo sin Karin, porque aquello no era tenerla. Franco estaba en las últimas. España debía cambiar. Tenía que volver a España y vivir mi libertad sexual y social en la clandestinidad y tratar de luchar por cambiar las costumbres españolas, incluso metiéndome en política, porque las costumbres alemanas, se me quedaban grandes o demasiado diferentes, sobre todo sin Karin. O sería que me había dejado el corazón en Valencia.
En Pascua no fui a Bremen como todos los años anteriores. Llamé a Renate y le conté que ya no estábamos juntos y los motivos, suavizados.
- Renate, te llamo para decirte que Karin y yo ya no estamos juntos. Desde el verano pasado y más desde que Karin va a la Uni, tenemos costumbres muy diferentes. Por eso no voy a ir a tu casa en Pascua.
- Eso ya lo veía yo venir – dijo Renate – estaba seguro de que una persona española, por muy liberal que fuera, no podría soportar el ritmo de vida de mi hija. Bueno, seamos claros, el ritmo de folleteo que mi hija tiene con todo aquél que se le acerca.
- Pues eso es lo que ha pasado. Veo que sabes todo.
- Jorge, sé todo y lo veo todo. He intentado ayudarte a comprender y soportar a mi hija. Ella es así. Ya te dije una vez que tu actitud era muy generosa, pero para ser pareja de Karin hay que ser un descerebrado como ella. Siento hablar así de ella, pero es así. Te entiendo. Si te sirve de consuelo, te diré que no sé cómo mi hija ha dejado escapar a un chico como tú, a cambio de un par de cientos de polvos echados con prisas y a lo loco.
- Acabas de definir con claridad lo que ha pasado. Renate os voy a echar de menos. Bueno, te voy a echar mucho de menos especialmente a ti, por eso te he llamado. Quiero agradecerte todo lo que has hecho por mis estos años, sois mi familia también y me da mucha pena perderos.
- No nos pierdes. Aquí tienes tu casa siempre - dijo seriamente, para luego añadir de broma y riéndose - y si vienes y no estas con mi hija, siempre podrás acostarte conmigo. Ahora, en serio. No te olvides de nosotros.
- Si venís a España, llamadme y nos veremos.
- Así lo haremos. Ahora empiezan a ir alemanes de turismo a España. Iremos y te llamaremos, seguro.
- Adiós Renate, por cierto, Karin seguirá viviendo conmigo hasta fin de curso y yo cuidaré de ella lo que pueda, o, mejor dicho, lo que ella me deje.
- Adiós Jorge. Gracias por todo. No te olvides de nosotros.
Y así lo hicieron, años después vinieron de vacaciones a España y nos juntamos todos. En varias ocasiones vinieron Karl, Renate, y Karin con su novio. En otra ocasión vinieron Hanna, Otto y sus hijos. Estuvieron viniendo muchos veranos a Gandía, a nuestro chalet y les recibimos mi esposa y yo. Y se iban al final de la playa, a la zona que ya habían hecho nudista, porque España había cambiado tanto, que había montones de playas así. Pero esa es otra historia que contaré cuando tenga tiempo y ganas.
Volví a Valencia en Semana Santa de 1974. Una vez llegué a casa, estuve con mis padres contándoles todo y poniéndoles al día de mi decisión de volver a España. Luego llamé a Pilar. Le pedí el coche a mi padre, la recogí en su casa y volvimos al Saler a pasear y volvimos a las dunas frente al mar, junto al campo de golf. Allí sentados los dos y cuando el sol estaba a punto de hundirse a nuestra espalda entre los pinos, mirándola a los ojos, y con cierto cargo de conciencia por haber tardado tanto en darme cuenta de mis nuevos sentimientos, dije.
- Pilar, te quiero, ¿quieres salir conmigo y ser mi novia?
- Si
- ¿No dices nada más?
- Me sobra y me basta con saber que me quieres.
- Aun no puedo quedarme. Pero también te digo que Karin y yo llevamos tres meses separados, aunque compartamos casa.
- Me gusta oír eso. Ve y soluciona tu vida universitaria. Sabes que te quiero. Si ahora me quieres tú, soy feliz. Y te esperaré lo que sea necesario. Es como si te fueras tres meses a la mili.
- Este verano dejo Alemania. Voy a pedir mañana el cambio de matrícula y la convalidación de las asignaturas. Haré cuarto en España.
- No sabes lo feliz que me haces.
- Y yo me alegro un montón de que, en realidad, seas mucho más estrecha que puta, porque eso nos va a permitir ser muy felices juntos, porque los dos podemos divertirnos solos o con otros, pero con una mentalidad muy parecida y queriéndonos un montón.
Esa Semana Santa salimos todos los días juntos. Y fuimos felices haciendo bobadas, y teniendo sexo de todas las formas que nos apeteció, solos los dos. Me acompaño a la UPV a solicitar el traslado de matrícula. También me presentó a sus padres un día de los que fui a recogerla.
Antes de irme a Alemania aparecí un día con ella en casa de mis padres,
- Mamá, Papá, os presento a Pilar, mi novia – dije y vi la cara de asombro de ambos.
- Jorge, ¿y eso? ¿desde cuándo? ¿Y la….? – dijo mi padre, no atreviéndose a terminar la frase.
- Y esa, la que vas a nombrar, Karin, a la que Pilar conoce muy bien porque han estado juntas en Munich, ya no tiene ninguna relación conmigo. Seremos solo compañeros de piso durante los próximos tres meses, pero sin ninguna relación.
- Hija, - dijo mi madre – bienvenida, ven, siéntate aquí conmigo, ¿conocemos a tus padres?
Mi padre conocía al suyo y tenía buenas referencias de su familia. Mi madre estaba entusiasmada. Oficialmente se había convertido en mi novia y mi madre no tardó ni diez minutos en llamar a su hermana y cotillearle que su hijo Jorge tenía una novia española, valenciana y muy guapa.
Volví a Munich y hablé con Karin y le dije que lo dejábamos. No se lo esperaba y estuvo llorando mucho tiempo.
- Jorge, hay otra mujer, ¿verdad?
- Si, Karin
- Pili, ¿no?
- Si
- Lo sabía. Ya estaba enamorada de ti. Me di cuenta en verano, en las casas del lago. Te miraba de una forma especial. Me lo dijo también Steffy, porque se lo notaba, a pesar de acostarse con ellos, o, más bien, por cómo hablaba de ti cuando se acostaba con ellos.
Por coherencia con mis ideas, me trasladé al dormitorio del cuarto de estudio. Ella no modificó su forma de vida. Alguna vez, de forma muy esporádica me incorporaba a las fiestas y me cepillaba a un par de paisanas. Karin se metía en mi cama con más frecuencia de lo que yo quería, pero en mi corazón quedaban aún suficientes rescoldos de nuestro amor, que me impedían rechazarla y volvíamos a hacer el amor, entregándose ella con pasión y todo su saber hacer, para intentar doblegarme e intentar hacerme cambiar de idea. Así, pasaron los meses y termine tercero, aprobando todo.
El lunes 29 de julio de 1974, delante del apartamento de la Villa Olímpica, estaba terminando de cargar mi pelotero con todas mis cosas. Karin, apoyada en la puerta lloraba. Cuando tuve todo cargado, me acerqué y la abracé. Ella se abrazó a mí. Nos despedimos con un beso y con la promesa de seguir siendo amigos. Karin seguiría estudiando otro año más en Munich. En ese momento llegaron Heinz, Paula y Albert, con los que iba a compartir nuestro apartamento el año siguiente. Me despidieron y ya riéndose y dándose palmadas en el culo, se metieron en la casa.
Yo me subí en el coche y arranqué. Empecé a recordar que tres años antes había llegado siendo un niño y me volvía siendo un hombre. Como el libro de Neruda, tenía que reconocer que había vivido, y que había sido una etapa de mi vida que nunca olvidaría. Dejaba más amantes que amigos; y me esperaba justo lo contrario. Me esperaba mi país, mi gente, mis amigos y mi nueva novia.
A los quinientos metros tuve que parar en el arcén, junto a una parada del tranvía y estuve más de dos minutos llorando, y no fue ni por pena, ni por alegría, sino porque dejaba un pedacito de mi corazón en aquella tierra extraña. Luego continué viaje.
El 31 de Julio llegué a Valencia y me esperaban, en el portal, mis padres con mi novia y mis amigos.
Valencia, 31 de julio de 1974
Fin de la parte 3.
Fin de la parte alemana.
(Continuará como “Años 70: Estudiando en Valencia”)
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