Paola y Emma 9
Paola tiene un secreto que no puede compartir: su cuerpo es una prisión que exige ser alimentada. Cuando Aldo le pide ayuda para destruir a un rival, ella no ofrece palabras, sino un acto de sumisión absoluta y control total. ¿Hasta dónde está dispuesta a llegar para mantener su secreto y su poder?
Todos se enteraron de que la ausencia de Emma ser extendería por algunos días más. La profesora disfrutaba su nuevo puesto. Paola fue conquistada por Aldo sin que ella hubiera utilizado su maldición con él, sin embargo, no se sentía cómoda ocultándole su secreto, durante algunos días se lo planteó y tomó medidas para que en caso de que la respuesta no fuera la esperada, ella pudiera revertir la situación, después Paola se sinceró con Aldo.
Aldo y Paola pasaban algo de su tiempo juntos después de clases, Aldo estaba sentado y Paola estaba acostada con la cabeza sobre las piernas de él, Aldo la miraba hacia abajo y mientras ella lo admiraba, sintió que era el momento para hablarle de su situación.
—Cariño, hay algo que debo decirte. —Dijo Paola, incorporándose al lado de Aldo.
—Adelante, cariño, habla, sabes que siempre tienes mi atención.
—Escucha, no quiero que reacciones hasta que termine de hablar, y sé que tal vez pueda ser algo extraño, pero intenta entender y procesarlo, ¿ok?
—Diciendo eso me asustas cariño. ¿Estás bien?
—Sí, más que bien y por eso quiero decírtelo.
Paola confesó todo a Aldo, sobre su maldición; cómo la usaba y cómo debía “alimentarse”, también hizo énfasis en que con él nunca había utilizado su maldición, por lo tanto, lo que con él tenía era cien por ciento real.
Aldo reflexionó por algún tiempo, al final pareció entender el proceder de Paola, aunque no le hacía muy feliz la forma en que debía alimentarse.
—Lo sé cariño, créeme que si hubiera alguna forma de quitarme esta maldición para ya no tener que alimentarme así, haría lo que fuera, de verdad. —Se lamentó Paola.
—Creo que necesito pensarlo un poco más, agradezco que seas sincera conmigo y… bueno avísame cuando estés próxima a alimentarte para ser más fuerte.
—Ay, cariño, te amo. —Celebró Paola, acercándose para besar a Aldo.
Aldo correspondió el beso, pero como siempre sus besos eran breves, aunque esta vez Paola pensó que era porque lo que le había dicho lo ponía en un predicamento.
Al día siguiente Aldo habló con Paola.
—Cariño, he reflexionado desde ayer cuando me contaste sobre tu situación. Yo te quiero mucho, me pareces una persona increíble, tu personalidad me es muy interesante, sin embargo, lo que me dices sobre tu maldición me parece inverosímil, pero estoy seguro de que no mentirías sobre un asunto tan delicado, así que mantengo mi postura igual que ayer, no lo acepto del todo, y por eso te propongo que hagamos algo.
—¿Qué cariño? —Preguntó Paola nerviosa.
—Yo, me comprometo a ayudarte en ese aspecto, investigaré y haré todo lo posible por liberarte de esa maldición y hasta que no estés libre no intimaremos, velo como una promesa, tanto me importas que estoy poniendo todo de mí para ayudarte.
—¿Es verdad lo que dices cariño?
—Sí, te lo prometo, juntos haremos hasta lo imposible para que puedas tener una vida normal y sigamos juntos y que nos vean como una pareja ejemplar.
—Eso me hace muy feliz cariño, pero, a menos que ya tengas la cura, me deberé alimentar dentro de algunos días.
—Aún me estoy haciendo a la idea. Creo que en este aspecto es un poco egoísta de mi parte lo que te diré, pero no quiero saber detalles de cuando te alimentes, solo menciona cuando ya lo hayas hecho o, si tenemos planes y está próxima tu fecha en que lo tengas que hacer, avísame.
—Si cariño, créeme que no lo haría si no fuera vital para mí, y solo lo hago para mantener en control mi maldición.
—Sí, eso es lo que quiero creer.
Durante ese día todo marchó extrañamente bien. La madre de Paola ya se comportaba casi de manera normal, ya no tenía lagunas al hablar y articulaba todas las palabras bien, eso alegraba a Paola que sentía que por fin comenzaba a tener el control de su vida nuevamente.
Al día siguiente todos sabían que regresaría Emma y no sabían que esperar, ni que medidas tomaría con respecto a los cambios que habían ocurrido en su ausencia.
El día comenzó normal, Paola, esforzándose por tener una buena actitud, se preparó para comportarse de la forma más sumisa que le complaciera a Emma. Paola se despidió de su madre, que se veía completamente recuperada, cosa que la animó a soportar casi cualquier cosa y se dirigió al instituto, al entrar de inmediato buscó con la mirada a Emma, mientras Paola se enfocaba en sus asuntos, saludando a todos amablemente, hizo uso de su maldición un poco como lo había hecho en días anteriores, también saludó a su novio antes de ir a clase. Cuando Paola entró al aula, ahí estaba Emma sentada en su lugar de siempre, con la cabeza agachada leyendo, apenas y notó que Paola entraba y la miraba, al momento Paola quiso acercarse, pero recordó que Emma le había advertido de mantener las apariencias así que sin acercarse saludó al resto de la clase y a sus amigas, después le dedicó unas palabras a Emma por su regreso.
—Emma, que bueno que ya estés de vuelta.
—Gracias. —Fue lo único que Emma contestó sin siquiera levantar la mirada.
A la mitad del día la profesora le pidió a Paola que la acompañara a su cubículo, Paola sabía lo que eso significaba, respiró profundamente y siguió a la profesora, mientras se preparaba mentalmente para los ásperos tratos de Emma.
Paola y la profesora entraron al cubículo, Emma estaba sentada en el lugar de la profesora mientras miraba unas hojas, eran el reporte de lo que había pasado en su ausencia. Cuando terminó de leer suspiró antes de hablar.
—Esto no me complace, para nada. —Dijo Emma decepcionada con un tono de voz más bien calmado.
—Mi señora, todos seguimos sus indicaciones. —Intentó replicar la profesora.
—Eso me queda claro y hasta aprovecharon para hacer más, sobre todo ustedes dos.
—Pero nos aseguramos de avanzar con cuidado… ama. —Dijo Paola con extrema sutileza.
—Si bueno, es obvio que no pensaron bien las cosas. Perrita, sé que no te interesa mi opinión, pero Aldo no te conviene y tu profesora, no estás lista para tu nuevo cargo.
—Mi señora, hasta el momento lo he desempeñado de manera eficiente.
—Ama, no es que no me interese su opinión, pero al igual que la profesora, nos sentimos bien con las acciones que hemos hecho, si cree que desatenderé mis obligaciones, ya he hablado con él y fue comprensivo y hasta… dijo que me ayudaría.
Emma desaprobó el hecho de que Paola revelara información a Aldo, sin embargo, aún no estaba completamente recuperada por haberle devuelto los recuerdos a la madre de Paola.
—En estos momentos no quiero resolver problemas, así que dejaré que ustedes lidien con las consecuencias de sus absurdas decisiones, esperaré a que rueguen por mi ayuda. Ahora iré a hablar con los otros.
Con sumo cuidado, Emma se incorporó y caminó hacia la puerta lentamente.
Paola y la profesora estando solas no podían creer que les hubiera ido tan bien.
—No me esperaba que pasara esto. —Celebró Paola.
—Sí, es raro, me pregunto si lo que dijo Emma puede ser verdad o solo lo hizo para hacernos dudar de nosotras mismas. —Dudó la profesora.
—Bueno, si trata de darnos una lección hay que hacerlo bien para que seamos nosotras las que le demostremos que podemos cuidarnos solas y deje de controlarnos.
—Esa es una buena idea, hagamos lo mejor por nuestra parte. —Animó la profesora.
Paola salió del cubículo y como casi se terminaba su descanso, se pospuso ver a Aldo al terminar las clases. Paola notó que Emma faltó no estuvo en el aula el resto del día. Al terminar las clases Paola se reunió con Aldo y le contó sobre lo que había pasado con Emma, Aldo la felicitó fugazmente, lo que le hizo sospechar a Paola que algo pasaba con Aldo.
—Cariño. ¿Estás así por la situación de nuestra relación?
—No es eso, es otra cosa, —Aldo se tomó un tiempo para ponerle palabras a sus ideas— alguien a quien consideraba un amigo ha mostrado su verdadera cara, eso me ha puesto mal y no lo puedo sacar de mi cabeza.
—Entiendo cariño, bueno, tú me ayudas, yo te ayudo, no sé en qué pueda ayudar, pero si lo puedo hacer, ten por seguro que lo haré por ti.
Una sonrisa maléfica se le dibujó a Aldo en ese momento.
—Podrías usar tu maldición en él para hacer que termine con su novia. No, olvídalo, eso no sería honesto. —Aldo se apresuró a rectificar.
—No me importaría cariño, teniendo las cosas claras, lo haría por ti, además igual debo usar diariamente mi maldición, así que la usaría para ayudarte.
—No cariño, solo hablé por hablar, ya veré como resolverlo, pero te agradezco que estés dispuesta a ayudarme de esa forma tan peculiar.
—Bueno, mi oferta sigue en pie por si cambias de opinión.
Ambos se rieron por la formalidad de las palabras, luego se besaron brevemente y se quedaron pasando el rato hasta que Aldo le dijo a Paola que debía irse.
Ya en su casa, Paola se puso a pensar sobre el asunto de Aldo, si bien le había dicho que no interviniera, Paola no veía nada de malo en hacerlo. Paola habló con Aldo y le preguntó si ya sabía como procedería con respecto a su asunto, la respuesta la desilusionó, pues Aldo había desistido de tomar algún tipo de acción en contra de su amigo, sin embargo, para Paola la conversación no había sido del todo inútil, Aldo había dicho el nombre de su supuesto amigo, lo que le facilitó las cosas, lo investigó y gracias a las redes sociales, no le llevó mucho tiempo saber lo que necesitaba del amigo de Aldo, una vez que tuvo fijo su objetivo se dijo a sí misma se vengaría en nombre de Aldo.
Paola orquestó una salida con algunas compañeras, asegurándose que en el lugar estaría el supuesto amigo de Aldo, pensó qué atuendo usar para que la hiciera destacar aún más. Eligió un pantalón ajustado negro y tacones rojos, una blusa de tirantes, escotada y sin mangas. Por primera vez desde que comenzó a usar su gargantilla, símbolo de su sumisión, se la quitó y la sustituyó por un collar más delgado. Cuando se miró al espejo apreció su imagen, giró su cuerpo para mirarse de perfil, su aspecto la complació, aunque algo que la hizo dudar por un instante fue el collar, que en conjunto con la blusa daba la impresión de que era algo opresivo, por su mente pasó la idea de dejar su cuello libre, pero un temor irracional la detuvo.
Las cosas se dieron tal como las había previsto Paola. Al llegar a la casa donde era la fiesta, Paola y sus compañeras llamaron la atención de la mayoría, incluidas algunas mujeres que al verlas las envidiaron. Cuando Paola ubicó al amigo de Aldo lo observó por un rato, primero de manera discreta y en cuanto se hizo notar, comenzó a coquetearle de lejos. Paola también observó qué en el grupo del amigo de Aldo había más hombres y algunas chicas, Paola se fijó en la que estaba casi todo el tiempo con el amigo de Aldo, asumió que era su novia. Ante los ojos de Paola, la chica parecía normal y hasta sin encanto, pero caprichosa, pensó que era de esas personas que le gustaban las cosas solo a su manera y de inmediato, Paola la aborreció, pero luego se sintió superior, pues la chica era una pecho plano.
Paola continuó su plan de llamar la atención del chico, su radiante apariencia y usando su maldición con el chico, este no tuvo opción. Mientras se cuidaba de la novia del chico, Paola buscó la mejor opción para llevar a cabo la venganza en nombre de Aldo, sabía que un disgusto no sería garantía para que el chico terminara con su novia, así que Paola siguió coqueteando con el chico a espaldas de su novia, cuando este ya estaba dispuesto a los deseos de Paola, lo llevó a un cuarto, el chico trató de hablar, pero Paola lo cayó con sus labios, mientras le aflojaba la ropa, lo tumbó sobre la cama, le abrió la camisa y pudo ver un cuerpo bien definido, Paola lo acarició un poco, el chico se incorporó y trató de oponerse, pero Paola usó su maldición y el chico quedó incapaz de protestar a lo que Paola le hacía.
Paola hincada en el piso bajó el pantalón del chico al igual que sus boxers, miró su polla flácida y la tomó con su mano, la movió un poco para hacer que comenzara a ponerse dura, el chico solo miraba con las manos apoyadas en la cama, Paola movía su mano firmemente por la verga del chico, pero sin llegar a los límites. Miró al chico y vio que este tenía la vista clavada en su escote, Paola sin demora se abrió su blusa y dejó a la vista sus tetas.
—Mejor que las de tu novia, ¿cierto? —Dijo Paola, orgullosa de sus tetas.
El chico solo atinó a decir: “sí”.
Paola jugó un poco con sus tetas, apretó sus pezones para terminar de ponerlos duros, pues los piercings hacían que estuvieran semi-erectos. El chico se interesó en las tetas de Paola, con una mano las comenzó a amasar, Paola regresó a la polla del chico, con una mano apretó la base de su verga y cuando esta reaccionó acercó su boca, solo metió la cabeza de la polla en su boca, la cerró alrededor y pasó su lengua dando círculos.
El chico gozaba de la lengua de Paola, con sus manos comenzó a jugar con las tetas de Paola, tomaba los piercings y los estiraba, luego pasaba sus dedos por todo alrededor.
Paola comenzó a meterse cada vez más la polla del chico, con su mano libre, le tomó sus testículos, los frotaba calmadamente a medida que se metía la polla en la boca, cuando la tuvo toda dentro, el chico se sorprendió y Paola apretó simultáneamente: ambas manos y su garganta, el chico tembló. Paola con la boca un poco apretada comenzó a liberar la polla del chico poco a poco, y una vez que estuvo solo la punta, abrió la boca, pero no despegó su lengua qué ahora lamía la punta de la polla del chico, Paola subía y bajaba, pero solo su lengua recorría la polla del chico, cada vez que lo hacía recorría una parte diferente de aquel falo, cuando lo lamió todo, Paola recorrió su mano de la base hacia la mitad y bajó su cabeza, abrió su otra mano y comenzó a chupar cada testículo del chico, ayudada por su mano al igual que con su verga los lamió por todos lados luego se metió uno a la boca y lo siguió lamiendo y chupando dentro de su boca, hizo lo mismo con el otro y luego trató de meterse ambos en la boca, lo intentó dos veces, pero no pudo, chupó ambos como mejor pudo, lo que hizo que el chico volviera a sobresaltarse, Paola notó como el trabajado abdomen del chico se tensaba lo que le indicaba que iba por buen camino.
Paola lamió el escroto del chico y siguió lamiendo hasta llegar al glande, volvió a engullir aquel falo bajando lentamente, haciéndolo sentir todo el recorrido, primero hacia abajo y luego hacia arriba, con cada ronda Paola aumentaba la intensidad. El chico se sorprendió de la habilidad de Paola y le puso su mano sobre la cabeza para indicarle el ritmo. Paola siguió subiendo y bajando al ritmo del chico, la lengua de Paola lamía por un lado al bajar y por otro al subir, eso puso más vigoroso al chico que balbuceaba que sí seguía así iba a hacerlo correrse. Paola fingió no escucharlo y continuó estimulando la polla del chico dentro de su boca con su lengua por un rato más hasta que el chico comenzó a agitarse un poco. Paola comenzó a sacarse la polla del chico de su boca, succionándola desde abajo hasta llegar arriba y liberándola.
—Ahora un pequeño regalo que estoy segura, tu insípida y plana novia no podrá hacer.
Paola se irguió lo suficiente para que sus tetas quedaran sobre las piernas del chico, con sus manos agarró sus tetas, rodeo la polla del chico dejándola en medio, luego las apretó, bajó su mentón hasta tocar su pecho y bajó sus tetas hasta que la punta de la polla del chico salió por encima y la chupó, luego subió sus tetas hasta ocultarla completamente. Paola repitió el movimiento varias veces, incluso intentó permanecer con la polla del chico en la boca mientras sus tetas la recorrían, pero la verga del chico no contaba con el suficiente tamaño para lograrlo. Paola sintió el tercer espasmo del chico que no pudo controlar, y comenzó a correrse, el primer chorro fue dentro de la boca de Paola, ella siguió moviéndose y los siguientes chorros salpicaron su cara y sus tetas. El chico después de arrojar el último chorro de lefa se dejó caer hacia la cama, Paola no esperó más tiempo, se acercó al debilitado chico usando su maldición y susurrándole le dijo que debía dejar a su novia y a cambio la tendría a ella, una mentira que también era parte del plan de Paola.
Paola se levantó, se limpió un poco la cara, cuando salió de la habitación, ahí estaba la novia del chico que al ver a Paola desaliñada y con restos de lefa en su escote iba a agredirla, pero Paola reaccionó rápidamente desviando toada la ira de la chica hacia el chico, con eso se aseguraba que definitivamente terminaran su relación.
Con una sonrisa, Paola se alejó hacia el baño más próximo, escuchando la chillante voz de la chica, increpando y amenazando al chico. Después de limpiarse y arreglarse, volvió con sus compañeras y dijo que debía marcharse.
Estando relajada, Paola reflexionó y se dio cuenta de que tuvo que utilizar de más su maldición, tanto en el amigo de Aldo como en su novia, lo que le acercaría su día de alimentación unos dos o tres días, sin embargo, Aldo lo valía.
Al día siguiente Aldo le contó lo que se hablaba de la fiesta y de su amigo, del escándalo que hizo su novia, sin duda esa relación no se repararía con nada. Después de hablar con Paola, Aldo “reconoció” el patrón de sucesos y le preguntó a Paola al respecto.
—¿Lo hiciste tú?
—Sí, no permitiré que nadie te haga sentir mal, y no será por mi culpa que te quieran hacer menos.
—Pero no fue correcto.
—Hace tiempo aprendí que: hacer lo correcto no siempre es la mejor opción, además tal como te lo dije, hacerlo no significó nada para mí, hice uso de mi maldición que si o si debo utilizar y te ayudé en el proceso, incluso lo disfruté, porque no lo hice para mi beneficio. —Paola pensó un poco—. Creo que viéndolo así, es posible que Emma tenga un poco de razón. Aunque sea una maldición, la puedo utilizar para ayudar a otras personas.
—Bueno, creo que ya no se puede revertir, aunque no estoy de acuerdo del todo contigo, lo tomaré como un incentivo para buscar más rápido la forma de liberarte de esa maldición… Porque si quieres liberarte de tu maldición, ¿verdad?
—Absolutamente. —Paola ocultó el detalle que por usar de más su maldición ahora debía alimentarse más pronto de lo que había planeado—. Aunque hablando de eso, debo prepararme para alimentarme, así que debemos acortar el tiempo que estamos juntos, al menos hasta que me haya alimentado.
—Te entiendo. —Dijo Aldo, no tan convencido.
Ambos acordaron como sería su relación a partir de ese momento y hasta que Paola se alimentara. Después de despedirse, Paola se dirigió a clase. En el aula Emma se veía mejor, ya no caminaba tan lento, pero su actitud seguía igual, no era controladora, parecía que ya ni lo intentaba. Por la profesora se enteró de que ya poco les ordenaba a ella y a los demás.
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