Yo me lo busqué - (Capítulo 28)
La suite está a punto de cerrarse, pero la noche promete ser la última gran fiesta antes de la realidad. Julián sabe que debe poner fin a este juego, pero el aroma del deseo y las miradas cómplices de sus amigos le recuerdan que, por esta noche, la disciplina no es más que un recuerdo lejano.
Capítulo 28
A la mañana siguiente volví a levantarme temprano para hacer un poco de footing que falta me hacía, teníamos muchas comidas y demasiado descanso. Repasé en mi cabeza todo lo que ocurrió la tarde-noche anterior y no sabía qué camino tomar, lo único que sí tenía claro es que Carmen quería follarse a Jesús, que Raquel quería acostarse con mi novia y que yo recibiría el premio a la consolación, aunque eso de que nuestra amiga fuese bisexual ya no me cuadraba demasiado, porque en realidad ninguna de las mujeres con las que me acostaba hacían ascos a tener sexo con las demás, pero bueno, tirarse a una bisexual declarada tenía mucho morbo, tanto que mi rabo comenzó a reaccionar y tuve que centrarme en otras cosas para no dar el cante.
Cuando regresé al parador, Carmen ya estaba levantada y sin dejar que me duchara, me dio un fuerte abrazo rematado por un beso extraordinario.
-Deja que me duche primero, que debo oler peor que una mofeta. -Le dije en un receso de lenguas cruzadas.
Ella sonreía por lo que le acababa de decir y dándome una fuerte nalgada, dejó que me fuese al aseo. Cuando volví al dormitorio terminando de secarme con la toalla, Carmen estaba dándole de mamar a Belén.
-No he dejado de pensar en lo que pasó ayer, -me dijo-, y no veo nada de malo en que al ser un encuentro esporádico, podamos tener sexo con ellos, me gusta Jesús porque me recuerda mucho a Dani y sé que a ti te pone Raquel un montón.
-No hables de esas cosas con Belén delante, cariño, -le respondí con unas risas-, que es muy pequeña.
-Entonces... ¿Vía libre? -Quiso asegurarse.
-De acuerdo, solo por esta vez y en la suite de ellos que tiene dos estancias, que sabes que no me gusta que nuestra hija esté delante viendo lo puta que es su madre.
-Hoy te aseguro que lo voy a ser más que nunca, igual nos estaremos despidiendo de esta vida lujuriosa. -Respondió echándonos a reír los dos.
Era la primera vez que no nos encontramos con ellos en el desayuno y cuando subimos a la habitación pude convencer a Carmen para que esa mañana nos fuésemos a la playa y reserváramos otra paella en uno de los chiringuitos. La mañana era espléndida para solazarse en aquellas hamacas playeras, intercalando chapuzones en la playa con duchas para refrescarnos debidamente.
-Cuéntame lo que hicisteis anoche Raquel y tú, cabronazo, ¿Te la llegaste a follar?
-Sabes que no, vamos que ni siquiera hubo tiempo, lo que sí me dijo es que como era compensación a lo vuestro, que le cogiera las tetas, le diera algunos besos y que luego ella me bajara los pantalones y el bóxer para darme una mamada. Supongo que la compensación era justa y que vosotros también habíais llegado a algo parecido.
-Se la toqué, pero no se la mamé, cabrón, ahí te engañó, lo de las tetas sí estaba justificado. Y el culo, ¿Te dejó tocarle el culo? A mí me lo sobó Jesús bastante bien en la escalera y luego más, cuando Raquel estaba con nosotros.
-No, el culo no, pero espero que esta noche le pueda meter unos buenos puntazos. No es excesivo, pero me gusta ese culito.
-No sé si te dejará con esa tranca que tienes.
Dicen que la playa cansa y más si esa mañana me había dado un carrerón por el pueblo, así que cuando llegamos a nuestra habitación me dí otra ducha más y me tendí en la cama a ver si descansaba un poco, porque si no, a la noche no tendría fuerzas ni para follarme un mosquito.
-Jesús se ha ido a la piscina con su hija y Raquel dice que me espera en su habitación, que si quieres podemos ir los dos, bueno los tres, -me dijo con unas risas después de soltar su móvil en la mesita de noche-, ¿Le digo que no, que luego ya veremos?
Joder con las urgencias de estas dos, ganas no me faltaban para ir con ellas, pero mejor dejaba que Raquel pudiera dar rienda suelta a sus ansias por ¿Follarse a Carmen? No sé si esa sería la palabra correcta para definir lo que ella pretendía, pero mejor le concedía ese permiso para que se solazara Raquel, ¿Y Carmen también?
-Si tú quieres hacer eso con ella a solas, por mí está bien, pero no tardes mucho y si sube Jesús, te vienes conmigo ¿Vale?
-Vale, pero no creo que suba si ella así se lo ha pedido, de todos modos con no hacer nada con él... ¿No?
Le echó un vistazo a Belén que dormía plácidamente y se largó a ver a nuestra amiga y vete tú a saber si también al cabrón de su marido, pues creo que Carmen estaba en el momento cumbre de su puterío en nuestra relación.
Pegué una cabezada y enseguida me levanté a ver a mi hija que seguía dormida, hacer un pis y a asomarme a la terraza para asegurar el panorama y pronto advertí la ausencia de Jesús, miré si podría estar tras un árbol, pero no aprecié que hubiese nadie allí. Me lo tomé con tranquilidad y cierto raciocinio, pues el hecho de que no estuviese en la piscina no quería decir que estaría follándose a mi novia en la suite, también podría haber ido a la cafetería a tomarse una copa.
De todos modos cogí el móvil para enterarme de una vez y no andarme con suspicacias.
-¿Síii? -Contestaba Carmen al quinto tono de llamada-, hola mi amor, ¿Pasa algo?
-Pasa que no veo a Jesús en la piscina. -Reconozco que me salió algo seca mi respuesta.
-Está aquí bañando a su hija, con nosotras nada de nada, mi amor, nosotras ya hemos acabado y me voy para nuestra habitación, ahora te cuento, cielo. -Me respondió como más repuesta en su manera de expresarse y colgó de inmediato sin dejar que yo pudiera decir ni esta boca es mía.
Sabía que el cabrón de Jesús no se iba a resignar a perderse lo que estaban haciendo nuestras mujeres en su suite de los cojones y que no tardaría mucho en subir con cualquier excusa, pero no me dio tiempo a pensar más cuando Carmen ya entraba a la habitación.
-Ufff... no veas, cielo, joder con Raquel... -me dijo tirándose en la cama para quedar a horcajadas encima de mí-, ¡Fóllame, cabrón! Muy fuerte, nada de tonterías.
Seguía hablando mientras me sacaba la polla del bóxer y se la clavaba con solo echar a un lado su tanga, cubriendo nuestras intimidades con el vuelo del vestido playero que se había comprado en el pueblo. En un esfuerzo la parte de arriba de su vestido se lo bajó hasta la cintura, quedando expuestos sus melones claramente perjudicados con un par de chupetones recientes.
Sabía que al ritmo que ella había impuesto desde su puesto de amazonas, no iba a durar ni medio asalto, así que la hice girar para que fuese yo el que se la metiera desde mi puesto dominante, algo más sosegado que la batalla que me había planteado ella, pero sin dejar de darle bien con grandes estocadas largas y profundas. Los gritos de ella los debería estar oyendo nuestro matrimonio desde la jodida suite, pero ya todo me daba igual, quería que la follara fuerte, pues fuerte la estaba follando.
-¡Toma, puta! Nadie te va a follar nunca como yo te follo, toma cabrona... para qué coño quieres a ese cabrón si yo te follo cien veces mejor que él, ¡Toma, zorrón! Cada día estás más salida, pero el que mejor te folla soy yo, a la mierda el Jesús ese de los cojones, ¡Toma, putón verbenero! Toma...
Plash, plash, plash... le di tres nalgadas seguidas con muchas ganas, pero me pedía que le diera más y más fuerte, ¡Joder! La condenada no tenía límites, pero gracias a la excitación que traía de su visita a la suite, enseguida se le aproximó el orgasmo que tanto deseaba y necesitaba.
-Aaaggg... sigueeee... no puedo másss... ohhh... aaahhh... yaaa... me corroooo...
Sus gritos de ahora los escucharían seguramente en el chiringuito donde habíamos comido ese día y yo ya no pude más, pero no quería correrme dentro, necesitaba que ella viera mi eyaculación para que después la pudiera comparar con ese cabrón, si no es que ya lo habría visto antes de bajar.
La muy puta se recuperó antes de lo que yo pensaba y ya estaba refregando sus piernas sobre las mías, mientras se gustaba empapando la yema de sus dedos en el charco de leche que tenía a la altura del ombligo, llevándoselo a sus labios donde los chupeteaba hasta dejarlos limpios.
-¿Qué tal arriba con Raquel? -Quise saber.
-Ya te digo, -me respondía ahora manchando mi barbilla con esos dedos impregnados de lefa-, ha sido uhmmm... ¡Joder cielo!, es muy guarra ¿Sabes? Y me ha hecho de todo pero sin dejar que me corriera la muy cerda. Al final se ha corrido ella primero con la comida de coño que le he hecho. Pero ella seguía sin dejar que me corriera, haciendo que estuviese siempre a punto, hasta que al final me ha dado fuerte con su mano sin dejar de chuparme los pezones y ahí ya me ha hecho explotar en un gran orgasmo, ha sido muy intenso sobre todo por lo que ha tardado en provocarlo.
-Y el cabrón ese, ¿Cómo es que llegó antes de tiempo?
-Por lo visto le había dicho a su esposa que quería vernos y ella me pidió permiso para dejarle subir y le dije que sí pero sin tocarnos un pelo, ni a mí ni a ella, luego subió y se sentó un rato a vernos mientras se la cascaba muy despacio y luego cambió a su hija y se la llevó al baño, pero que yo sepa ni llegó a correrse.
-Carmen te dije que si subía te vinieses para acá, ya no sé ni como decirte las cosas, no me haces caso en nada de lo que te pido. -Le dije algo enfadado-, ya no me fío de lo que me dices y no creo que todo haya sido tal como lo cuentas, si te digo la verdad más bien creo que Jesús te ha follado.
-No lo ha hecho Julián y no veo porqué te voy a engañar si esta noche podría hacerlo tranquilamente con tu aprobación, por supuesto.
-Perdona, pero esta noche no vamos a hacer nada de nada, bastante has hecho con ellos el día de hoy, mañana ya veremos, Carmen.
-Como quieras, pero que sepas que arriba solo he estado con Raquel, su marido no nos ha tocado a ninguna de nosotras.
Yo mismo llamé a Jesús para pedirle explicaciones de porqué había subido a la suite.
-Julián no te enfades hombre, antes de subir me dieron permiso las dos, pero solo para mirar y eso es lo único que he hecho, bueno, aparte de cascármela un poco hasta que tuve que cambiar a Andrea y luego lavarla, ahí es cuando Carmen se marchó. Te juro que no me he pasado ni un pelo.
No sé porqué, pero tanto coincidían las versiones de los dos, que al final tuve que serenarme un poco y bajar la adrenalina que me enturbiaba los pensamientos. Durante la cena intentaron convencerme tanto Jesús como Raquel de que esa noche podríamos vernos como teníamos planeado, pero mi palabra estaba dada y seguro que pensaron que era mejor dejarme en paz que seguir insistiendo. Esa noche tampoco hubo copas y subimos a la habitación, pero luego salimos a dar un paseo hasta el centro del pueblo que estaba bastante animado. No hablamos mucho, pero al menos sirvió para darnos una tregua en nuestro trato después de lo ocurrido esa tarde.
El día siguiente era jueves, por lo que solo nos quedaban dos días y dos noches para abandonar el parador, cosa que no se escapaba a ninguno de los cuatro y durante el desayuno intentamos arreglar el problema poniendo cada uno un poco de su parte, yo restando protagonismo a mi cabreo y ellos procurando que me sintiera bien a pesar de la anulación de la noche anterior.
Tampoco pusieron ningún problema a estar con nosotros en la playa y ahí fue donde de verdad terminé animándome con ellos, pues Raquel estuvo todo el tiempo muy cariñosa conmigo y Jesús fue súper prudente con Carmen, nada de juegos imprudentes en el agua, ni carantoñas salidas de tono.
Nos dirigíamos de regreso hacia el ascensor cuando Jesús, delante de nuestras mujeres me propuso que ellas volvieran a repetir lo de estar juntas, si bien conmigo delante, que él se encargaría de cuidar de nuestras hijas.
-No es necesario hombre, ya las veré esta noche si todo discurre como hemos acordado, además si te digo la verdad yo no podría aguantarme con cascármela como hiciste tú, ya sabes.
-Por nosotros no hay problemas si prefieres intervenir, -intervino Raquel-, si nos quieres follar tienes el permiso de mi marido y aunque nosotras estemos un poco más a lo nuestro, sabes que siempre hay buenas oportunidades para hacerlo.
-¿En cual de la habitaciones? -Les cuestioné lo primero que se me vino a la cabeza, preocupado como estaba porque mi rabo no siguiera empujando el bañador.
-Carmen nos sube a Belén en una hora y luego nos bajamos las dos a vuestra habitación. -Respondió nuestra amiga con el asentimiento de su esposo.
-Tú no dices nada. -Me dirigí a mi novia.
-Si tú aceptas, por mí encantada. Ya me conoces.
Pues sí que la conocía y cada día más, menuda puta. Quedamos en lo propuesto por ellos y nos fuimos cada pareja a nuestro alojamiento. Primero nos aseamos con una buena ducha y luego dimos unos retoques a la habitación, por último Carmen le dio su toma a Belén y yo la cambié mientras ella se terminaba de vestir. Ya había pasado la hora acordada y Carmen se fue enseguida con nuestra hija. Me guardé varias advertencias que se me estaban ocurriendo, pero las consideré fuera de lugar de forma indebida, pues luego tardaron unos veinte minutos en bajar y ya me estaba subiendo la bilirrubina esa otra vez, además que algo tuvo que haber entre los tres porque Carmen venía algo despeinada.
Ese pelo no me fue ajeno y Carmen me pilló observándolo, dándome una explicación enseguida.
-Raquel me ha besado en el ascensor. -Me dijo mientras se atusaba el pelo con las manos delante del espejo del armario.
No quise darle más vueltas al asunto y dejé que ellas se fueran entonando para su momento de sexo. Raquel pasó los brazos por la cintura de mi novia, muy pegada a ella que seguía delante del espejo y lo primero que hizo fue darle unos besos en la nuca, el cuello y unos chupetones en los lóbulos, luego la hizo girarse para quedar frente a ella y le dio varios piquitos muy suaves en los labios. Poco a poco los piquitos pasaron a ser besos con las bocas cerradas con las manos sujetando sus culos y no tardaron en abrir esas bocas para saludarse las lenguas de forma pausada, muy tranquilas, mientras sus manos se iban ahora a sus pechos por encima de las camisetas que ambas llevaban puestas. Ahora los sobeos eran más osados y los besos más intensos y un momento después se separaron un poco para poder sacarse las camisetas y tirarlas al suelo, justo al lado de mis pies. Los melones de mi novia y los preciosos pechos de Raquel quedaron expuestos a mi lujuria y seguro que más a las de ellas que se las estrujaban y tiraban de los pezones que hasta parecía que se los querían quedar entre los dedos. Nuestra amiga abandonó voluntariamente los labios de mi novia y repartió un montón de besos por su cuello y pecho, hasta que se hizo con el pezón de su teta izquierda.
Ahí comenzaron los primeros gemidos de Carmen que se agarraba al pelo de su amiga y a veces le introducía los dedos en su melena intentando apretar la cabeza con más fuerza contra su pecho y yo ya me quitaba el bóxer que era lo único que portaba mi cuerpo y no tuve más remedio que darme unos primeros retoques en mi enhiesta polla.
Poco después estaban las dos totalmente desnudas desmadejadas en la cama, con unos momentos lamiendo sus cuerpos, con otros besándose y la intensidad con que se acariciaban iba subiendo en cada uno de esos momentos, hasta que por fin fue Carmen la que sin aguantar mucho más, hundió sus manos en la entrepierna de nuestra amiga, si bien, por mi posición un poco ladeada no podía apreciar si se los habría metido en su vagina o solo le daba unas buenas refriegas, lo cierto era que Raquel incrementó sus gemidos por encima de lo éticamente correcto, más que nada por lo que podrían estar oyendo nuestros vecinos.
Ocurrió cuando Raquel comenzó a comerle el coño a mi novia, como solía hacer según pude apreciar en ocasiones anteriores, primero lamió la cara interna de sus muslos, luego las ingles, hasta que por fin haciendo caso a los continuos alzamientos de pelvis de Carmen, le comió todo el coño de arriba abajo, sin dejarse atrás el ojete al que lo dejó lleno de babas, suficientes para que le entrara el dedo corazón hasta los nudillos. Pues eso, que ahí fue cuando se dignó echarme una breve miradita y una sonrisa con la que me estaba pidiendo que la invadiera con mi tranca y por supuesto que en menos que canta un gallo me subí a la cama para colocarme tras ella, pero no se la metí de inmediato pues hubiera resultado muy cutre ese acto, yo quería que fuera más libidinoso y sobre todo que lo pudiera ver y disfrutar porque pensaba que pocas veces le iban a meter algo tan gordo y extenso, así que alzándole un poco las caderas y abriéndole las nalgas con mis manos, le dejé caer mi lengua por todas sus intimidades hasta conseguir que parase un momento con Carmen y girase su cabeza para comprobar que aquello que le hacía no era la obra de un chapucero, sino más bien la culminación del proyecto definitivo de un experto en la materia.
Teniéndola al borde del orgasmo, no quise retrasar la penetración que antes me autorizaba, por lo que me incorporé quedando de rodillas con todo mi rabo tieso impregnado de preseminales, suficientes para ejercer de lubricante junto a los flujos que encharcaban su coño, dispuesto ya a invadirla en un instante.
-Mira lo que te va a entrar en tu chochito de guarra que tienes. -Le dije restregando mi glande por toda su raja.
-Despacio cabrón, no me vayas a desgraciar la vagina, que es la única que tengo. -Me respondió.
-De despacio nada de nada, lo que voy a hacer es darte fuerte como te mereces, -entonces centré mi glande en su entrada y arremetí sin problemas por la cantidad de fluidos que allí había-, tomaaa... ahí te lo mando zorra...
El alarido fue lo más escandaloso que se oyó en nuestra habitación hasta ese momento, pero ya no me importaba, que aullara lo que quisiera, que yo no pensaba parar hasta sacarle un buen orgasmo y aprovechar para liberar toda esa leche que se me había acumulado en los huevos. En un momento dado giró más su cuello y me zampó un morreo de órdago a la grande, dejándome un sabor muy familiar en mi boca, pues reconocí sin ningún género de duda el elixir que emanaba del coño de mi novia, sobre todo cuando éste se encontraba en estado de efervescencia.
Ella trataba de volver a las andadas con mi novia, pero al parecer su cuerpo no obedecía a su mente y la mitad de los lametazos los daba al aire y yo seguía con el mete-saca sin parar incrementando poco a poco el ritmo y Carmen que viendo la inoperatividad de Raquel, decidió reposicionarse para comerle las tetas y darle en el clítoris a todo trapo, hasta que con ese plus de ayuda no pudo resistir ni un segundo más y terminó por correrse entre gritos como la puta que era. Yo aproveché el momento para recular y salirme de ella y solo con unos pocos meneos descargué sobre ella y parte de mi novia que ya se alejaba del torso de su amiga, dejándola echa unos zorros que ella casi no comprendía.
-Esperad que voy a por una toalla de mano. -Les dije.
Pero cuando se la ofrecí a Raquel, la dejó a un lado del colchón y con unas risas comenzaron a repartirse todo ese esperma a base de chupetones y besos y yo solo me quedé sentado nuevamente frente a ellas esperando que acabaran su exhibición, como si fuese un coche eléctrico con las baterías totalmente descargadas. La verdad es que las recargué enseguida viendo lo que hacían aquellos zorrones, pero ya no intervine más ni tan siquiera para darme unos meneítos.
Después del enésimo orgasmo que disfrutaron aquellas dos, se fueron muy divertidas al aseo para darse una ducha y poco después salían para ir a la suite y Carmen volvió a tardar un buen rato en bajar con nuestra hija.
-¿Y ahora cual es la excusa? -Le solté cuando entraba empujando con el cochecito con Belén.
-Nada, cielo, tonterías y chorradas, ya sabes como es Jesús.
-¿Chorradas de más de media hora?
-No sé cuanto he tardado en volver, cariño. Ya te digo que no ha habido nada, solo se han enrollado un poco entre ellos y yo me he quedado un poco para verlos.
-¿No has participado?
-Solo unos besos de nada y tocarlos un poco a los dos, a mí él no me ha hecho nada que se pueda destacar. Te lo juro, cariño, si hubiese hecho algo más te lo diría ahora mismo.
-¿Desnudas las dos? -Quise saber.
-No te comas el coco, mi amor, ¿Cómo crees? Luego los he tocado a los dos, a Jesús lo he masturbado unos segundos nada más hasta que se la ha metido a su esposa, luego los he mirado follar durante unos minutos y ya me he venido para acá.
No quise profundizar más en el tema porque sabía que si lo hiciera, la noche podría acabar como la anterior, por lo que preferí aguantarme el mosqueo, tener la noche que todos deseábamos y tomarlo como lo último que consentiría hasta que decidiéramos comprometernos a parar todo esto.
Después de la cena y nuestra posterior copa en la cafetería, decidimos no retrasarnos más y subimos a nuestras habitaciones. Carmen cambió su vestido por un ligero camisón y sus bragas por el tanguita más pequeño y guarro que había traído de casa, después de preparar a Belén y ponerse mi novia un vestido vaporoso encima del camisón, nos encaminamos en busca de nuestros amigos que nos recibieron muy contentos.
No queríamos retrasar por más tiempo nuestra particular velada y después de que nuestras hijas quedaran bien acondicionadas en el salón, nos dirigimos al dormitorio donde Carmen se quitó el vestido, mostrándole a ellos sus hermosas tetas totalmente transparentadas en ese camisón que no escondía nada. Sus areolas y sobre todo los pezones estaban claramente expuestos, encabezando esos hermosos pechos que siempre estaban pidiendo guerra.
Jesús no perdió el tiempo en juegos insulsos y ya la tenía bien abrazada dándole unos buenos sobeos en esas desvergonzadas tetas, al tiempo que con la otra mano que le quedaba libre le agarraba el culo y le daba unas pequeñas nalgadas de vez en cuando. El primer beso que se dieron me provocó algo raro en la boca del estómago, pues allí había mucha intensidad y demasiada entrega y como yo estaba como estaba, hasta llegué a pensar que aquello lo hacían con una gran familiaridad para lo poco que nos conocíamos.
Pero Raquel no dejó que me distrajera con esas elucubraciones y ya la tenía pegada a mí mostrándome una lencería de lo más fina, que ni siquiera me había dado cuenta de cuando se había quitado la ropa para mostrármela así de provocativa.
-¡Joder, Raquel! Cómo estás, parece que te dedicas a ésto de ser una putita. -La provoqué, bueno su marido también me oyó, pero solo mostró una sonrisa por toda preocupación.
Ellas parecían que actuaban con movimientos sincronizados, pues ambas a la par nos estaban desnudando a los dos, sin miramientos por donde acababan arrojando nuestra ropa, eso parecía que no lo tenían ensayado. Ahora pude ver cómo Carmen tenía razón al calibrar las dos pollas como muy parecidas, desde luego que me refiero a las de Jesús y Dani, además que a la de éste último ya la conocía bastante bien y podía dar fe de esta semejanza. Mi amigo sí que se quedó impresionado al ver la tranca que gastaba y estuvo bastante atento a ella durante toda la velada.
Las dos al unísono se sentaron al borde del colchón y haciendo que nos colocásemos de pie frente a ellas, comenzaron a darnos una buena mamada en principio con falos fijos, pero luego nos intercambiaban de vez en cuando, seguramente para no caer en la rutina. Después se incorporaron y nos pidieron que las dejáramos solo con el tanga y eso hicimos, solo que las sonrisas de mi novia con Jesús me ponían un poco de los nervios.
Todos tenemos un sexto sentido que nos informa de actitudes entre otras personas y a eso le puedes hacer caso o no, pero en mi caso me parecía que los datos que me llegaban al cerebro se procesaban como muy fiables y esos datos tenían mucho que ver con la familiaridad con que estos dos se miraban y asentían ante los primeros besos, caricias y aceptación de gestos que seguro que ya conocían entre ellos. Pero tampoco era que lo pudiera aceptar como una sentencia judicial, entre otras cosas porque Raquel no dejaba que me distrajera con esas observaciones, ella quería que me dedicara en cuerpo y alma y sobre todo en polla, a darle el mayor placer posible esa noche.
La verdad es que verla allí todita entera para mi disfrute con ese escueto tanga, negro y transparente, no era como para perder el tiempo con otras distracciones y a partir de ahí decidí olvidarme de lo que hacían aquellos dos cabrones y dedicar el cien por cien de la atención a mi querida Raquel.
¡Qué putada! Carmen y Jesús cayeron en esos momentos sobre la cama, ella sin tanga frotando su pelvis con la polla de él, echándole los brazos al cuello mientras se daban un morreo sin parangón. Y yo que pensaba que los iba a olvidar el resto de la noche...
Mi pareja sexual de este encuentro noche hizo que me sentara para quedar de pie frente a mí, bien metida entre mis piernas, acercando su pelvis a mi cara insinuando que ya le estaba pesando el tanga y yo muy colaborativo se lo arranqué de dos tirones, ¡Joder! Es que estaba un poco mosca con la puta de mi novia y tenía que desahogarme de alguna manera, menos mal que ahora quedaban los dos a mi espalda, aunque un pie del capullo ese me estaba dando unos roces encima de mi muslo derecho, seguro que para no terminase por olvidarme de ellos.
A partir de ahí se sucedieron todo tipo de chupetones, mamadas, folladas con cualquiera de nuestras mujeres, sin olvidarnos de las apetencias de Raquel que se comía a mi novia a besos muy entregados, hechas unas cerdas con tantas salivas y tantos chillidos de putas y Jesús que le daba su tiempo a su mujer entreteniéndose mientras tanto en comerme el pollón. Vamos, como si que aquello fuese Sodoma y Gomorra.
Al final conseguí correrme dos veces y Jesús que yo sepa solo lo hizo una vez con una buena lechada en la boca de las dos, que sacaban sus lenguas para que se las inundara de lefa. Yo lo hice en las tetas de ambas en mi primera corrida y en el coño de Raquel en la segunda a petición de ella que me decía que si la sacaba me mataba.
Luego nos dimos una ducha y disculpándonos con ellos porque querían que durmiéramos los cuatro juntos, nos marchamos a nuestra habitación a disfrutar de un merecido descanso.
Al día siguiente llegamos al desayuno buffet casi a punto de cerrarse y por supuesto allí estaban nuestros amigos que nos recibieron muy contentos de volvernos a ver. Estábamos prácticamente solos en una mesa del fondo del salón, por lo que salvo pequeños acercamientos de algún camarero o camarera, no teníamos que guardar mucho recato para hablar de nuestras cosas.
-Qué pena que os vayáis mañana, ¿No podríais quedaros hasta el martes con nosotros? -Nos pedía Raquel.
-¡Ojalá! -Respondía mi novia-, pero Julián tiene que empezar a trabajar el mismo lunes.
-Bueno, pues habrá que aprovechar el día de hoy por eso de que es el último. -Solicitó Jesús.
-La verdad es que Carmen y yo tenemos pendiente de hablar sobre nuestro futuro, precisamente en estos temas sexuales, de cara a ser lo más parecido a una pareja normal. -Les volví a recalcar algo que ellos ya conocían.
La primera que protestó fue precisamente mi novia, alegando que también lo podíamos hacer en nuestro hogar, además de que Mari ya le había pedido que fuésemos a cenar a su casa el día siguiente por la noche, lo que suponía que nos volviésemos a ver otro sábado más y seguramente que en éste se desatarían las más perversas relaciones sexuales. Después de un poco de debate me convencieron entre los tres de aprovechar este último día.
-Esta tarde podríamos intercambiarnos en las dos habitaciones, si te parece yo me bajo contigo. -Se ofreció Raquel.
-A mí me parece bien, -aceptó mi novia el reto-, yo me voy arriba con Jesús.
-¿Estamos todos de acuerdo? -Casi me preguntó Jesús a mí-, eso no quita que a la noche nos despidamos como es debido.
-No sé, luego os doy mi respuesta durante la comida. -Les respondí y nadie dijo nada porque todos asumieron que aceptaría.
-Te quiero mucho, mi amor, -me dijo mi novia echándome los brazos al cuello para darme un beso en la boca-, eres el mejor novio del mundo.
Cuando volvimos a subir a la habitación después de desayunar, Carmen trató de sacarme la aceptación a la propuesta de intercambio de Raquel.
-¿De verdad que la propuesta ha sido solo de Raquel? -Le pregunté.
-Bueno, ella me lo comentó antes y yo la animé a que fuese ella la que lo propusiera, no tengo porqué engañarte, cielo. Si no quieres, nos vemos a la noche o no nos vemos, no te preocupes que lo que tú decidas yo lo acataré sin ninguna queja, mi vida.
Otra vez se me planteaba el dilema de si yo era el soso que se cargaba el disfrute de unos polvos, pero es que no sabía ya como plantearle a Carmen que yo lo único que quería era un poco de sosiego en los temas de sexo. Tampoco pasaba nada si echábamos unos polvos el último día que íbamos a estar juntos. Nunca más sabríamos de ellos y al menos en esta ocasión no quedaría como el soso, apelativo que me asignó mi esposa por no asistir con ella a la velada de los viernes y que al final sirvió para que ella me pusiera los cuernos con tres tíos.
-Está bien, pero en cuanto lleguemos a casa mañana y antes de irnos a casa de Mari, tenemos que aclarar este asunto pendiente. ¿De acuerdo? -Le cuestioné.
-Claro que sí, mi amor. Mañana lo hablamos. -Me respondió muy contenta abrazándose a mí con muchas ganas.
De todas formas tanta alegría por aceptar que esa tarde se iba a ir a follar con su nuevo amigo, me dejaba más preocupado si cabe y de veras que yo estaba necesitando parar todo eso. Pero también tenía muy claro que la decisión no era solo mía.
Como le prometí a mi novia, los encuentros se produjeron tal como teníamos previsto, tanto por la tarde con parejas intercambiadas, como el de la noche en el que casi podría decir que aquello fue una verdadera orgía, pues hubo dobles penetraciones para nuestras dos mujeres, mucha interacción entre ellas y algo también entre Jesús y yo, que no sé porqué pero siempre me gusta valorar las pollas que se mete mi novia y si hay algo de semen por medio, pues mucho mejor.
Terminamos bastante tarde esa noche y Carmen quería que nos quedásemos a dormir los cuatro en la suite de ellos, así que esta vez no me negué a su deseo, total era lo mismo que hacíamos en todas nuestras veladas de los viernes y curiosamente esa noche lo hicieron nuestros amigos de siempre.
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
Mi Vecino Superdotado [24]
El ascensor se detiene y la luz falla. En la oscuridad, el pánico de una vecina se transforma en curiosidad prohibida.
Comparte:Infidelidad consentidaOrgia grandeTrio mfm
- Hetero: Infidelidad
Como pasé del sexo virtual al real - 2
Robert le prometió un placer que nunca había imaginado. Pero cuando por fin cruza el umbral de su casa, descubre que la fantasía tiene tres…
Comparte:Orgia grandeTrio mfmInfidelidad consentida
- Hetero: Infidelidad
Vivo de las mujeres decentes (Capítulo 21)
Le dio permiso para que lo hiciera, creyendo que así evitaría el conflicto. Pero cuando la noche termina y las confesiones salen a la luz, la…
Comparte:Infidelidad consentidaTrio mfmPoder y control
- Hetero: Infidelidad
La isla 15/24
El calor de la isla no es solo físico; es una presión que derrite las barreras de la moral y la discreción.
Comparte:Infidelidad consentidaOrgia grandeDespertar y descubrimiento
- Hetero: Infidelidad
Congreso Empresarial 2: El Cristal
Jesús creía que su relación con Olga era sólida, pero el congreso le depara sorpresas. Mientras sus amigos Miguel y Raquel esconden su propia…
Comparte:Infidelidad consentidaTrio mfmOrgia grande
- Interracial
Mi diario de ninfómana, parte I
El hotel está vacío y el trabajo puede esperar. Cuando dos jóvenes camareros compiten por su atención, Ana decide que esta noche no será como las…
Comparte:Trio mfmIntercambio de parejasConexion inesperada