Xtories

La isla 15/24

El calor de la isla no es solo físico; es una presión que derrite las barreras de la moral y la discreción. Cuando el grupo queda atrapado por la tormenta y la soledad, las miradas se vuelven caricias y los silencios gritan deseos prohibidos. ¿Hasta dónde estás dispuesta a llegar cuando nadie te juzga?

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En cuanto terminaron de comer se pusieron en marcha y Elena se fue a acostar, estaba completamente agotada después de no haber podido dormir en toda la noche.

Cuando el grupo que había ido a por el colchón llegó hasta el campamento de la playa comprobó que efectivamente seguía empapado y encima estaba lleno de barro.

JOSÉ- Yo de momento lo dejaría puesto de lado aireándose, mientras tanto cogemos lo que nos interese y después rellenamos el hueco que nos quede en las mochilas con ostras y cocos.

Primero metieron en las mochilas lo que les pareció que podía serles útil del campamento, a José le hubiera gustado coger más cosas, pero considerando que desde que había salido el sol hacía un calor horrible mezclado con la humedad que se había quedado tras la tormenta, y que iban a tener que llevar el colchón cuesta arriba, aceptó que no se cargaran demasiado. Luego metieron unos cuantos cocos y finalmente fueron a recoger ostras. Lo malo es que la marea no estaba muy baja y era difícil acceder a ellas.

CRISTINA- Bufff, sienta fenomenal el fresquito del agua con este calor.

VIVIANA- Cuando terminemos podríamos darnos un bañito antes de subir con el colchón, así por lo menos empezaremos el camino fresquitos.

ISABEL- Tendríamos que habernos traído los bikinis, un buen chapuzón nos sentaría genial.

VIVIANA- Yo me voy a bañar igualmente, tenga bikini o no.

Isabel miró a José y pensó que si no estuviera él se metería en el mar sin dudarlo, pero con él delante de ninguna manera pensaba quitarse la ropa, temía que sus miradas la turbasen todavía más.

Cuando terminaron de llenar el poco hueco que había en las mochilas con las ostras, volvieron al campamento de la playa y según llegaron, todos se quedaron mirando como rompían mansamente las olas contra la playa, era una tentación enorme darse un buen chapuzón.

VIVIANA- No sé vosotros pero yo me voy a dar un remojón, este calor no hay quien lo aguante.

Sin pensárselo dos veces se quitó el vestido quedándose únicamente con sus bragas blancas y se fue corriendo a meterse en el agua. José sintió que su miembro se ponía en guardia en cuanto vio como botaban sus pechos de camino al mar aunque solo pudiera ver los laterales. Cristina estaba deseosa de quitarse el calor con un baño refrescante aunque le daba bastante cosa desnudarse delante de un hombre que no fuese su marido, pero al ver como José miraba a Viviana mientras se dirigía hacia el mar, pensó que solo tendría que aguantar esa mirada que la encendía entera el tiempo que tardase en llegar al agua, así que con algo de vergüenza se quitó el vestido y se fue corriendo al agua con sus braguitas como única vestimenta.

José se quedó mirándola hasta que entró en el agua, su polla no hacía más que crecer, echó una mirada a Isabel y descubrió que ella tenía los ojos fijos en como su miembro iba ganando tamaño. Pensó que podía quedarse asándose en la playa mientras pasaba vergüenza viendo como Isabel le miraba la entrepierna o podía aguantar un momento de bochorno desnudándose y corriendo hacia el mar donde estaría bien fresquito y con sus intimidades bien cubiertas por el agua. Con un rápido movimiento se quitó los pantalones cortos que llevaba y fue todo lo rápido que pudo a meterse en el agua confiando en que sus calzoncillos taparían todo lo necesario.

Isabel se quedó sola en la playa viendo como los demás disfrutaban saltando las olas y con la imagen del miembro de José completamente marcado en sus calzoncillos. Pensó que era mucho mejor meterse vestida y luego soportar tener la ropa empapada que quedarse ahí cociéndose de calor, así que decidió meterse con el vestido puesto en el mar.

Estaban todos en el agua jugando como niños pequeños pero José no conseguía relajarse, cada vez que saltaban una ola podía ver como las tetas de Viviana y Cristina salían a la superficie y no podía dejar de mirarlas. Cada vez se le estaba poniendo más dura y temía la vergüenza que iba a pasar cuando llegase el momento de salir del agua. A Viviana le estaba gustando que José la mirase, como siempre, así que se esforzaba por sacar todo lo posible sus pechos a la superficie en cada salto, pero a Cristina más que gustarle esas miradas, la encendían. Sus instintos la convencieron de que no pasaba nada por dejarse llevar un poco y divertirse con esos inocentes juegos, además de saltar más de lo necesario cuando llegaba alguna ola hasta ella, le hizo alguna ahogadilla a José a modo de broma, pero aprovechó para frotar disimuladamente su cuerpo contra esa erección que se negaba a desaparecer cada vez que él trataba de devolvérselas y ella hacía como que se resistía.

La primera en salir fue Viviana y se quedó de pie en la playa esperando a que el sol le secase la piel. José no podía dejar de mirarla, estaba espectacular con las tetas al aire y las gotitas de agua brillando, pero lo que acaparaba casi toda su atención era la manera tan descarada que tenía su vello púbico de transparentarse a través de la mojada tela blanca de sus bragas. La polla de José no tardó nada en alcanzar su máximo tamaño y pensó que lo mejor que podía hacer era salir ya del agua, que Viviana le viese ir hacia la playa totalmente empalmado no le traumatizaba en absoluto pero que lo hiciese Isabel sí, así que tenía que salir antes que ella y confiar en que se le fuese bajando durante el tiempo que Isabel tardase en decidirse a salir del agua.

José aún tuvo que aguantar una ahogadilla más de Cristina antes de salir del agua y además notó como el cuerpo de ella impactó de lleno contra su polla cuando intentó esquivarla, se le había puesto tan dura que incluso le dolió, pensó en devolvérsela pero no debía entretenerse, iba a necesitar todo el tiempo que pudiera conseguir para calmar a su miembro. Según se acercaba a donde estaba Viviana secándose al sol, ella iba pudiendo ver cada vez desde más cerca como su polla amenazaba con escaparse de los calzoncillos en cualquier momento.

VIVIANA- Puff, José, porque están estas dos aquí que sino te dejo seco aquí mismo.

JOSÉ- Si no llegan a estar aquí te la iba a meter hasta que no hubiese un solo animalito en la isla que no te hubiese oído gemir.

VIVIANA- No me digas esas cosas que me entran unas ganas tremendas de llevarte al interior de la isla y exprimirte hasta que no puedas ni moverte.

Después de haber notado como la polla de José se le clavaba en el vientre, Cristina veía desde el mar como él estaba mirando a Viviana y se le pasó toda la vergüenza, en ese momento lo que deseaba era ser ella el blanco de sus miradas, así que salió y se unió a la pareja para que el sol fuese secándola antes de vestirse. José comprendió rápidamente que no se le iba a bajar la erección, a Cristina también se le transparentaba perfectamente todo su sexo a través de las bragas mojadas, esos pelitos rubios y esas pequeñas tetitas coronadas por sus puntiagudos pezones le estaban volviendo loco, tendría suerte si conseguía mantener la polla dentro de sus calzoncillos.

Cristina veía como se le marcaba cada vena contra la tela de sus calzoncillos mojados mientras la miraba con esos ojos cargados de lujuria y no podía parar de imaginarse que José la forzaba delante de sus amigas, cada vez deseaba más que esa polla atravesase la tela de sus bragas y se le clavase hasta lo más profundo de su ser.

Isabel no tardó mucho en salir y se dio cuenta enseguida de que José tenía una erección monumental, pero ya que sus amigas hacían como que allí no pasaba nada decidió hacer como que no se daba cuenta aunque sus ojos se iban una y otra vez hacia el tremendo bulto de José. Para él la salida de Isabel del agua no hizo más que empeorar la situación, se percató bastante pronto de que Isabel echaba discretas miradas a su entrepierna, pero no había forma de disimular, así que trató de aparentar toda la normalidad que pudo. Pero eso no era lo peor, el vestido de Isabel, al estar empapado, se había pegado a su cuerpo como si fuera una segunda piel marcando cada curva de su rotunda figura y mostraba la forma de sus senos, además se le transparentaban los pezones como nunca antes los había visto hacerlo, para colmo los tenía totalmente endurecidos y parecía que le estaban invitando a devorarlos. Vamos que por mucho que tratase de mirar hacia otro lado siempre podía ver algo de la anatomía de sus compañeras que le turbaba.

VIVIANA- Bueno, pues yo creo que ya estoy seca.

Viviana se puso su vestido y después se quitó las bragas para dejarlas secar sobre su mochila. Poco después Cristina hizo lo mismo y José decidió que era su turno, se puso de espaldas a las mujeres, se quitó los calzoncillos y se puso los pantalones, era exagerada la tienda de campaña que se le formó una vez que su polla se liberó de la presión de los calzoncillos, pero no había nada que hacer, esperaba que Isabel entendiese lo complicado de su situación.

Decidieron que Cristina y José llevarían el colchón la primera parte del camino y luego se lo pasarían a Viviana e Isabel. José se puso detrás de Cristina y se colocaron el colchón sobre sus cabezas para transportarlo. Al estar mojado pesaba bastante y José pensó que Cristina se cansaría pronto, así que trató de soportar la mayor parte de la carga. Mientras andaban pendiente arriba no dejaba de pensar que debajo del vestido de Cristina no había nada y solo con imaginar que sus pelitos rubios estarían al aire ya se mantenía intranquilo, pero además, si miraba un poco más adelante podía ver que el corto vestido de Isabel, que seguía empapado y pegado a su cuerpo, se había subido lo suficiente como para dejar la mitad de sus nalgas a la vista, vamos que le resultaba imposible tranquilizarse. Cristina también estaba en tensión, sabía que a muy poca distancia detrás suya estaba José con una erección de escándalo, de vez en cuando levantaba ligeramente el colchón con sus manos y giraba la cabeza con la excusa de decirle algo para corroborar que la tienda de campaña que portaba seguía ahí. Además sentía cierto placer al notar como el aire le acariciaba su húmeda entrepierna, no hacía más que soltar fluidos porque no paraba de fantasear con ser poseída por José de todas las maneras posibles.

El cansancio se estaba apoderando de los músculos de José, ya habían hecho más de la mitad del trayecto pero quería dejar a Viviana y a Isabel algo menos de camino para que pudieran hacerlo sin problemas. Empezaba a pensar que su idea de tratar de cargar con el mayor peso posible del empapado colchón no había sido la más acertada cuando Cristina se paró.

CRISTINA- Yo no puedo más ¿Os importa llevarlo vosotras desde aquí?

ISABEL- Claro, sin problema, ya habéis hecho un buen trozo.

VIVIANA- Venga, pasádnoslo y seguimos nosotras.

JOSÉ- Si, por favor, que yo también estoy hecho polvo.

Apoyaron el colchón sobre las cabezas de Viviana e Isabel y ellas comenzaron a ascender por el camino.

CRISTINA- Yo necesito un descanso, me siento un rato y ahora voy.

JOSÉ- Yo me quedo contigo, tampoco me viene nada mal parar un rato.

José echó una última mirada para ver como el culo de Isabel iba desapareciendo pendiente arriba y luego volvió la vista hacia Cristina. Se quedó paralizado, efectivamente tenía que estar muy cansada para haberse sentado tan descuidadamente después de quitarse la mochila, desde su posición podía ver perfectamente su sexo decorado por esos maravillosos pelitos rubios que tanto le turbaban. Su polla, que había perdido algo de consistencia mientras era víctima del agotamiento, resurgió casi instantáneamente, estaba claro que deseaba meterse entre esa mata de vello para perderse en las profundidades. Cristina se dio cuenta de la forma en que la estaba mirando José y sintió como un calor que emanaba de su sexo y se apoderaba de todo su cuerpo.

CRISTINA- José, por favor, no me mires así.

Esas palabras sacaron a José de sus ensoñaciones, primero se sintió avergonzado por haber sido pillado mirándola tan descaradamente pero unos instantes después se dio cuenta de que ella ni cerraba las piernas ni se recolocaba el vestido.

JOSÉ- Pufff, Cris, es muy difícil no mirarte.

CRISTINA- Soy una mujer casada, no debes mirarme así.

Cristina sabía que podía ocultar su sexo a la vista de José pero algo superior a sus fuerzas se lo impedía, la desarmaba completamente el deseo que se reflejaba en sus ojos y la forma que tenía su polla de hincharse mientras la observaba.

Sin apartar la vista, José se llevó de forma instintiva la mano a su miembro para tratar de colocárselo provocando que este tuviera un gran espasmo que hizo que se marcara el glande de una forma exagerada contra los pantalones. Cristina sintió inmediatamente desbordarse de fluidos su sexo, todos las cavidades de su cuerpo deseaban sentir aquello dentro de ellas.

CRISTINA- No está bien que te pongas así mientras me miras, estamos solos en mitad del bosque ¿Qué pensaría marido si nos viese?

JOSÉ- Bufff, Cristina, me pones muchísimo.

CRISTINA- Por favor José, no me mires así, soy una mujer fiel pero cuando veo como se te pone...

José entendió que Cristina debía estar pasando por algo parecido a lo que le pasaba a él, solo tenía que hacer que venciese sus reparos a ponerle los cuernos a su marido. Decidió jugar fuerte, su libido desatada no le permitía usar la paciencia y la contención. Se sacó la polla fuera del pantalón y se la mostró orgullosa a Cristina.

JOSÉ- Es que mira como me pones Cris.

Ella vio aparecer ese descomunal miembro apuntando directamente a su cara y tuvo que hacer verdaderos esfuerzos para no abalanzarse a metérselo en la boca, eso sí, era incapaz de apartar la mirada de ese apetitoso manjar. José vio como involuntariamente Cristina abría más las piernas y no pudo resistirse, se arrodilló en el suelo dispuesto a saborear esos labios cada vez más empapados.

CRISTINA- Por favor José ¿Qué vas a hacerme? No podemos hacer eso.

José apoyo las manos sobre las desnudas rodillas de Cristina, le abrió otro poco la piernas y hundió la cabeza entre ellas.

CRISTINA- No José, por favor, soy débil, ummm, sabes que no puedo resistirme, ummm.

José había pasado la lengua por los labios de esa maravilla de la naturaleza para embriagarse con su sabor y se estaba dedicando a recoger con ella todo el néctar que manaba de su interior.

CRISTINA- Por favor para, todavía estamos a tiempo, ummm.

José se apoderó de su clítoris y lo succionó con ansia. Cristina se dejó caer de espaldas contra el suelo mientras sentía como corrientes de placer atravesaban su cuerpo sin darle descanso.

CRISTINA- Ahhh, dioooos, estoy casada José, ummm, no me hagas esto.

José la ignoró, no tenía ninguna intención de despegar sus labios de semejante preciosidad. Mientras Cristina sentía como el placer inundaba su cuerpo no podía dejar de pensar en que la polla de José tendría que estar a punto de explotar y sentía una necesidad imperiosa de metérsela en la boca, fantaseaba con volver a notar como eyaculaba en su garganta.

CRISTINA- José por favor, ummm, te la chupo si quieres, pero déjame, ummm.

José recordó al instante la prodigiosa boca de Cristina y no se lo pensó, se levantó, se arrodilló al lado de su cabeza con la polla apuntando directamente a su boca y se la agarró ofreciéndosela. Cristina miró al hinchado glande y notó como sus glándulas salivales se ponían a trabajar sin freno, dirigió la mirada a la cara de José que la observaba lleno de lujuria y se introdujo aquel portento en la boca. José sintió como se metía la polla hasta la campanilla y comenzaba a succionársela con verdadera pasión, miró hacia la entrepierna de Cristina, que seguía descubierta, y se lanzó a por ella quedando en la postura del sesenta y nueve. Ella sintió como José se apoderaba de nuevo de su sexo con los labios y, mientras la recorría un latigazo de placer, se clavó la polla hasta la garganta porque no consiguió que entrase más, su objetivo era metérsela hasta el esófago.

A José seguían sorprendiéndole las habilidades bucales de Cristina, era increíble el empeñó y la destreza que ponía en devorarle la polla, trató de dar lo mejor de sí mismo para no quedarse atrás y en un momento los dos estaban gozando sin medida.

José sabía que esa mujer era capaz de hacerle eyacular con su boca a poco que se lo propusiera, y podía dar fe de que se estaba esforzando mucho en conseguirlo, así que en cuanto notó, por el movimiento de sus caderas y por como le empujaba la cabeza contra su sexo, que ella estaba completamente entregada, decidió sacársela de entre sus labios para clavársela en su sexo, deseaba volver a ver como ese coñito rubio se dilataba para recibir a su miembro. Cristina sentía que su orgasmo era inminente, estaba gozando engullendo esa polla y ya había conseguido clavársela entera, notaba como le atravesaba la garganta al tiempo que fantaseaba con sentir como palpitaba antes de llenarle el esófago de esperma cuando José le sacó su caramelo de la boca y abandonó su entrepierna. Le miró sin entender nada, estaba a punto de llegar al éxtasis. Vio como José se levantaba y se volvía a arrodillar entre sus piernas con la polla completamente hinchada apuntando hacia su sexo.

CRISTINA- José, por favor, soy una mujer casada, no puedes metérmela, no está bien que tenga un orgasmo con tu polla clavada hasta el útero ¿No te parece suficiente que te deje correrte en mi boca?

A José le rebosaba la lujuria por los ojos mirando el sexo de Cristina decorado por esos preciosos pelitos rubios, se la iba a meter dijese lo que dijese, estaba seguro de que ella lo deseaba tanto como él. Cristina sentía como su sexo chorreaba ansioso por ser taladrado por aquella enormidad, no podía resistirse por mucho que lo intentase. José movió la cadera para que su miembro entrase en contacto con el sexo de Cristina y en cuanto la tuvo enfilada, hizo un movimiento brusco con el que consiguió meterle un buen trozo. En cuanto ella sintió como empezaba a profanar su vagina dándola de sí hasta hacerla dudar de que le cupiese, supo que iba a volver a gozar sin límite. Aunque solo fuera por guardar las formas, intentó un último amago de resistencia que ni ella misma se creía.

- ¡Ahhhhhh! No puedes hacerme esto ¡Ahhhhhhh! Vas a hacer que me corra ¡Ahhhhhhh! Soy una mujer casada ¡Ahhhhhhhh!

José estaba gozando notando como esa resbaladiza vagina le atrapaba la polla y no podía esperar para enterrársela hasta el fondo, comenzó a embestirla con fuerza mientras le abría las piernas todo lo posible.

- ¡Ahhhhh! Es enorme!Ahhhhhh! Me vas a reventar ¡Ahhhhhh!

- Siiii, te voy a destrozar ese coñito rubio que tienes.

- ¡Ahhhhhhh! ¡Ahhhhhhh! Me vas a partir ¡Ahhhhh!

José veía como se desencajaba de placer con cada embestida y no pudo contenerse, se la clavó hasta el fondo y siguió penetrándola salvajemente mientras le bajaba los tirantes del vestido para apretarle con fuerza sus tetitas.

Cristina se sintió rebosar de placer, notar como esa polla entraba hasta lo más profundo de su ser ensanchándole la vagina mientras veía a José, loco de lujuria, apoderarse de sus pechos, la llevó irremediablemente al orgasmo. José estaba fuera de sí, oía a Cristina gemir salvajemente mientras su sexo se contraía succionándole la polla al mismo tiempo que el cuerpo de ella era presa de múltiples espasmos, con ese espectáculo delante era imposible parar de empotrarla con todas sus fuerzas. Cristina sintió como un orgasmo se encadenaba detrás de otro sin darle tiempo a recuperarse ni siquiera durante un segundo y su mente abandonó su cuerpo haciéndola flotar en un embravecido océano de placer. No tuvo consciencia del tiempo que pasó sumida en semejante tsunami de orgasmos mientras José no paraba de embestirla totalmente fuera de sí. Él estaba gozando viéndola correrse sin parar, todo en ella era sumamente excitante para él, sus agudos gemidos, sus caras de placer, sus pequeñas tetas rebotando y como colofón, sus piernas completamente abiertas entre las que estaba ese maravilloso coñito rubio que parecía incapaz de tragarse su polla pero que se la absorbía con una fuerza inexplicable. Quiso aumentar todavía más su placer y su morbo, así que la agarró por los tobillos y los colocó a los lados de la cabeza de Cristina haciendo que su sexo quedase completamente abierto y perfectamente colocado para que él pudiera clavársela todavía más profundo. Cristina gimió de una forma exagerada cuando sintió como la polla de José se enterraba dentro de ella como nunca y José no aguantó mucho más, apenas un minuto después tuvo que sacar la polla de esa estrecha funda para empezar a eyacular. A pesar de lo mucho que la gustaba verlo, Cristina casi ni pudo mirar como José se masturbaba frenéticamente sobre su sexo cuando por fin se la sacó para llenar su vello púbico de semen, cayó en un estado semejante al nirvana y no salió de él ni cuando José trató de sacarla de su estado semi catatónico hablándole con cariño y dándole suaves golpecitos. Haciendo un esfuerzo descomunal consiguió levantarse y le siguió, agarrada a su mano, pendiente arriba, como si flotase sobre una alfombra mágica.

Cuando llegaron al campamento el resto de mujeres les miraron. Viendo el estado en el que se encontraba Cristina, casi todas tuvieron muy claro lo que había pasado.

FABIOLA- Si que habéis tardado, estábamos a punto de ir a buscaros, os habéis 'entretenido' mucho descansando ¿No?.

JOSÉ- Es que ha sido muy duro el camino.

VIVIANA- Ya me imagino lo 'duro' que ha sido, Cristina parece que no puede ni pensar.

JOSÉ- Si, está exhausta, me he planteado incluso traerla en brazos, pero no me daban las fuerzas.

LORENA- Vamos a meterla en la cama hasta que se recupere, la 'pobrecita' tiene que estar agotada.

FABIOLA- Tú también pareces cansado ¿No quieres tumbarte un rato hasta que hagamos la cena?

JOSÉ- Ahora hay que ocuparse del colchón ¿Qué habéis hecho con él?

ISABEL- Lo hemos lavado un poco para quitarle el barro y lo hemos dejado secándose.

JOSÉ- He pensado un sitio perfecto para que se seque lo más rápido posible. Hay un lugar en el que los árboles llegan casi hasta el borde del acantilado, lo podemos atar a uno. Hay mucho viento ahí y también da bastante el sol, con un poco de suerte mañana estará seco.

FABIOLA- Vale, pero no lo cargues tú, lo llevamos nosotras, es que tienes pinta de irte a caer al suelo en cualquier momento.

José sabía que Fabiola tenía razón, notaba que le estaban empezando a fallar los músculos, así que no se opuso.

JOSÉ- Vale, me limito a deciros dónde ponerlo.

Isabel pensó que efectivamente debían haberlo pasado bastante mal subiendo el final del camino, estaban los dos en un estado lamentable, cuando les dejaron descansando no había tenido la impresión de que estuvieran tan mal. Elena se sintió un poco responsable, por culpa de su cabezonería habían tenido que subir el colchón empapado y para colmo, mientras tanto, ella descansaba plácidamente en una cama. Llegó incluso a pensar que José no debía ser tan mal tipo si se había exprimido de esa forma para traerles el colchón y que pudieran dormir a gusto, ella lo habría dejado tirado por el camino mucho antes y que se apañaran.

Después de que dejaran el colchón en una posición óptima para que se secase, mandaron a José a la ducha y se quedaron preparando la cena. Cuando José volvió algo más despejado, cogieron a Cristina y se fueron todas a bañarse mientras él se encargaba de vigilar el horno y poner la mesa.

En cuanto Elena vio la ducha le pareció un lujo inimaginable en aquel lugar y le entraron unas ganas tremendas de probarla.

ELENA- Chicas ¿Os importa si uso yo la ducha?

LORENA- Sin problema pero te vas a perder todos los chismes.

ELENA- Con que esté un poco tibia el agua me compensa los chismes de un mes entero.

FABIOLA- Ten en cuenta que José se ha duchado antes y que el depósito da para dos duchas, vamos que como te recrees un poco se empezará a llenar con agua del río y te saldrá fría.

ELENA- Lo tendré en cuenta, gracias por dejármela a mí.

En cuanto se desnudaron, Isabel se fijó en que Cristina tenía algo blancuzco pegado por todo su vello púbico, inmediatamente entendió el estado en el que habían llegado al campamento y porque habían tardado tanto. Viendo que Elena estaba concentrada en su ducha todas se sintieron libres para empezar a cotillear sin tapujos al poco de meterse en la poza.

VIVIANA- Oye, vosotras dos, tenéis que explicarnos que habéis hecho esta mañana, no era ni medio normal el poco tiempo de silencio que había entre los gemidos de una y de otra.

BERTA- Jajaja ¿Os ha dado envidia, ehhh?

VIVIANA- La verdad es que sí, pero si José puede mover un músculo esta noche pienso desquitarme, jajaja.

Fabiola pensó que no había solución, algún día José iba caer exhausto al suelo, pero a ver quién era la guapa que convencía a Viviana para que le dejase descansar esa noche después de haber cedido su sitio el día anterior.

LORENA- Pues si tanta curiosidad te da, te diré que solo le hemos facilitado a José la labor, el resto lo dejo a vuestra imaginación.

VIVIANA- Que malditas ¿Para eso os dejo el cuarto? ¿Para que os andéis con secretitos? La próxima vez voy a espiaros por la ventana.

BERTA- Me parece que tienes tú más que perder que nosotras como empecemos así, jajaja.

VIVIANA- Yo con apagar las velas lo soluciono rápido.

Elena estaba disfrutando tranquilamente de su primera ducha caliente en mucho tiempo cuando se dio cuenta de que allí era extraordinariamente fácil que José las espiase. Mientras se limpiaba los pechos pensó que lo más probable era que ese salido estuviera oculto en la maleza pajeándose como un mono mientras la miraba, se sintió terriblemente expuesta, pero para su sorpresa eso solo hizo que excitarla, sintió la necesidad de comenzar a limpiar su sexo, frotándoselo, mientras se imaginaba a José espiándola con la enorme polla que había visto marcarse en sus pantalones en la mano. En unos instantes se estaba acariciando sutilmente el clítoris mientras hacía como que se limpiaba su entrepierna y se frotaba los pechos a la vez, estaba segura de que José eyacularía al ver aquello, notó como el hormigueo de su vientre crecía hasta hacerse insoportable en cuanto se imaginó esa tremenda polla escupiendo semen mientras José la observaba absorto.

Fabiola fue la única que se dio cuenta de los extraños movimientos de Elena y comprendió que por mucho que tratase de ocultarlo a ella también le estaba afectando aquella isla.

LORENA- Creo que se nos está pasando por alto una cosita ¿Tú no tienes nada que contarnos Cris?

A Cristina el agua fresca la había servido para espabilarse bastante y todas pudieron ver como sus mejillas cogían color en unos segundos.

BERTA- No seas vergonzosa, ya sabes que aquí nos lo contamos todo, como empecemos a esconder lo que hacemos con José nos vamos a volver locas pensando que en cuanto dejamos a alguna a solas con él aprovecha para tirárselo.

CRISTINA- Yo no quería, de verdad, pero es que llevaba un montón de rato empalmado y en cuanto me ha insistido un poco...

BERTA- Vamos que se te ha hecho el chirri agua y te lo has follado salvajemente ¿No?

CRISTINA- Yo diría más bien que he sido incapaz de pararle.

LORENA- Vamos que has gozado como una burra.

CRISTINA- Bufff, sí, no tengo ni idea de cuántos orgasmos he tenido, entre diez y cincuenta diría yo.

ISABEL- Anda ya, eso es imposible.

Fabiola se percató de que Isabel tenía una curiosidad extraña en el tema, no le parecería raro que fuese la siguiente en tirarse a José.

VIVIANA- Pues a mí no me parece algo demasiado exagerado, a ver, me lo dices hace un mes y te pongo en la lista de las flipadas, pero ahora... Vamos que con que le pilles un poco embrutecido te vale, además tal y como se ha puesto en la playa y que yo creo que Cris tiene algo que le atrae muchísimo... Me dice que la ha dejado inconsciente a pollazos y la creo sin levantar la ceja siquiera.

BERTA- Joder Cris, vamos a tener que usarte para ponerle palote, jajaja.

LORENA- Pufff, casi mejor que no se anime demasiado que todavía recuerdo el día que casi me deja imbécil para toda la vida, jajaja.

ELENA- ¡Ahhhhh! Joder, se está enfriando el agua.

FABIOLA- Venga, vamos a volver, que a este paso se nos va a enfriar la cena.

Al salir de la ducha Elena se planteó si ponerse el sujetador, llevaba ya algunos días con él y necesitaba un lavado urgente, tenía intención de poner la lavadora esa misma noche así que pensó que lo iba a meter a lavar y con un poco de suerte se lo podría poner al día siguiente. No le pareció muy grave ir una noche sin sujetador, total, allí nadie lo llevaba.

Cuando volvieron al campamento se encontraron a José en la hamaca medio dormido y la cena a punto de quemarse en el horno. Elena pensó que era un irresponsable como todos, no se le podía confiar nada, eso sí, podía descartar que la hubiese estado espiando en la ducha, por alguna extraña razón se sintió un poco decepcionada.

LORENA- Por los pelos, va a estar un poco crujiente todo pero no ha llegado a quemarse.

JOSÉ- Lo siento, me he tumbado un momentito a descansar y me he quedado traspuesto.

VIVIANA- No pasa nada, la cena va a estar perfecta y con el trasiego que llevas es normal que te hayas quedado sopa, anda, vamos a cenar.

José no tardó nada en darse cuenta de que Elena estaba sin sujetador, la camiseta de tirantes que llevaba hacía que se le marcasen maravillosamente sus grandes tetas contra la tela, incluso podía ver perfectamente la forma de sus pezones. Comprendió que debía evitar echar el más mínimo vistazo porque Elena le podía montar un buen escándalo como le pillase. A pesar de su determinación y por mucho que se lo propuso, le fue imposible no mirar esos tremendos senos y fantasear con ellos. Lo bueno es que, durante la cena, enseguida todas se pusieron a hablar sobre la distribución de las habitaciones esa noche y parecían estar muy concentradas en la conversación.

FABIOLA- Tenemos que pensar como vamos a dormir hoy, Isabel y Elena no tienen seco el colchón y tenemos que meterlas en nuestras camas.

Viviana lanzó una mirada muy dura a Fabiola y a ella le quedó muy claro que no iba a renunciar a pasar la noche a solas con José por nada del mundo.

FABIOLA- Yo había pensado que Isabel se puede quedar en el cuarto de las primas y Elena con nosotras.

Las primas se miraron pensando que esa noche no iban a tener la posibilidad de disfrutar de los sonidos de la isla sin impedimentos. Cristina pensó que ella estaba lo suficientemente relajada como para que no le afectase mucho lo que oyese esa noche pero que iba a ser curioso ver la reacción de Elena cuando Viviana se pusiera a gemir.

LORENA- Vamos a estar un poco apretadas, pero si es solo una noche...

JOSÉ- Si no llueve fijo que mañana está seco.

A Elena le estaban poniendo nerviosa las miradas de José hacia sus pechos, entendía que al ir sin sujetador fuesen más llamativos de lo habitual pero no podía evitar que esas miradas la estuviesen cabreando, lo que le sorprendió fue el motivo de su cabreo. En cuanto se dio cuenta de como la miraba José sintió que las cosquillas de su vientre, que no habían llegado a desaparecer del todo desde la ducha, cobraban nuevo impulso. Al poco tiempo empezaron a venirle imágenes mentales de como estaría creciendo su polla bajo la mesa y comenzó a pensar en lo que ese salido estaría imaginando hacer con sus pechos. El hormigueo no hacía más que crecer y sus pezones respondieron endureciéndose completamente, casi se asustó por la increíble cantidad de flujo que estaba soltando su sexo mientras pensaba lo dura que se le pondría a José si le dejaba verle las tetas, incluso le pareció posible que eyaculase si le dejaba comérselas. Por eso se enfadó, el cabreo era con ella misma, no podía entender que se excitase de esa manera solo con pensar que un gañan como aquel pusiera la boca sobre sus pechos, y no digamos lo que sintió removerse en sus adentros cuando se le ocurrió imaginar las ganas que tendría José de meter esa tremenda polla entre sus tetas y pajearse con ellas hasta llenárselas de lefa, podía ser incluso que le salpicase por toda la cara. En vez de sentir un asco infinito como era de esperar, notó un picor inaguantable hasta el punto de que le dieron ganas de poner cualquier excusa para irse a la habitación a tocarse antes de que las demás decidieran irse a dormir y ya no pudiese disfrutar de un poco de intimidad.

En cuanto José vio como se le endurecían los pezones le resultó imposible no lanzar discretas miradas cada vez que veía a Elena un poco despistada, y efectivamente, su miembro se puso a crecer solo con pensar en meterse semejantes tetas en la boca. Viviana estaba sentada a su lado y se estaba dando cuenta de lo mucho que le ponían las tetas de Elena, estaba impaciente por irse a la cama y comentarlo con José, seguro que acababa reventándola a pollazos. Fabiola estaba sentada al otro lado de José y para ella tampoco pasaron desapercibidas ni la erección ni las miradas de José, temió que en cualquier momento a Elena se le hinchasen las narices y montase un escándalo. Le pareció curioso que si estuviera mirando así a cualquier otra seguro que se sentiría halagada, incluso Isabel parecía estar buscando un poco de atención, se inclinaba continuamente a por cosas de la mesa dándole una buena panorámica de su escote a José, pero no tenía nada que hacer contra los tremendos pechos de su amiga. Para Fabiola estaba claro que la abstinencia después de su reciente divorcio estaba empezando a pasar factura a Isabel.

En cuanto terminaron de cenar, Elena sintió la imperiosa necesidad de salir de allí si no quería acabar dejando una mancha de humedad en la silla.

ELENA- Bueno chicas yo me voy a poner la lavadora, a ver si así mañana tengo algo de ropa limpia.

ISABEL- Te acompaño, recojo la ropa que está tendida y te enseño como se maneja, no es muy difícil.

VIVIANA- Nosotros podríamos ir recogiendo y así nos vamos pronto a dormir que por lo menos yo tengo muchas ganas de meterme en la cama.

JOSÉ- Bufff, yo también estoy bastante cansado.

Fabiola miró a Viviana intentando que comprendiera que no debía abusar mucho de José pero no le pareció que tuviese ninguna intención de hacerle caso.

Cuando Elena e Isabel volvieron de poner la lavadora y recoger la ropa tendida ya estaban todos en sus cabañas, rápidamente se pusieron los camisones y se metieron en la cama.

En cambio Viviana se lo estaba tomando con más calma, se quedó en bragas y se puso a colocar un poco la ropa, José no podía dejar de mirarla, así era imposible tranquilizarse y poder dormir.

VIVIANA- ¿Qué pasa? ¿Todavía no te acostumbras a verme así?

JOSÉ- Creo que no me voy a acostumbrar nunca.

Viviana se subió a la cama y gateo hacia José con cara de pícara mientras él se quedaba mirándole los pechos colgantes.

VIVIANA- ¿Te gustan mucho las tetas, no?

JOSÉ- Pufff, es algo superior a mí, me atraen sin remedio.

VIVIANA- ¿Y las de Elena?

JOSÉ- ¿Se me ha notado mucho?

VIVIANA- Te ha faltado babear.

JOSÉ- Joder, me tiene que estar cogiendo un asco...

VIVIANA- A mí me gustaría que me las mirases así, parecía que ibas a correrte solo con verlas ¿No quieres contarme qué estabas pensando hacerles?

JOSÉ- Eso te lo cuento luego que también me he quedado con ganas de hacerte a ti unas cuantas cosas, estabas para comerte entera cuando has salido del agua en la playa, no te imaginas como me has puesto con tus braguitas todo mojadas...

José le indicó con las manos que se tumbase y acto seguido se puso a cuatro patas entre sus piernas con la cabeza muy cerca de su sexo.

JOSÉ- Me ha costado mucho contenerme, estaba deseando probar tu sabor mezclado con el agua del mar.

José apartó las bragas de Viviana a un lado y se quedó mirando su entrepierna.

JOSÉ- Ummmm, tiene una pinta deliciosa.

Viviana sintió un escalofrío al notar como José se apoderaba de su sexo con la lengua.

VIVIANA- Buff, me has convencido, pero luego me cuentas lo que le harías a las tetas de Elena.

José estuvo disfrutando del sabor de Viviana casi tanto como ella de sus labios y lengua hasta que le detuvo.

VIVIANA- José, por favor, métemela ya, necesito sentirte dentro.

JOSÉ- Pero Elena nos va a oír.

VIVIANA- Mejor, quiero que sepa cuánto me haces disfrutar, quiero que se muera de envidia esa amargada, así se enterará de lo que se está perdiendo por reprimida.

José se incorporó, le quitó las bragas y comenzó a introducírsela poco a poco.

VIVIANA-¡Ahhhh! Dime lo que le harías a las tetas de Elena!Ahhhhh!

JOSÉ- Bufff, primero se las agarraría por encima de la camiseta y le estrujaría sus duros pezones.

VIVIANA-¡Ahhhhhh! Más fuerte ¡Ahhhhh! Dame más fuerte ¡Ahhhhh! Hazme chillar ¡Ahhhhh! Quiero que esa frígida me oiga ¡Ahhhhhhh!

José se la clavó hasta el fondo con una sola estocada y se puso a embestirla con fuerza mientras ella se ponía a gemir ruidosamente y él le seguía contando todo lo que le gustaría hacer con los tremendos pechos de Elena.

En la habitación que compartían Berta, Lorena e Isabel, las primas se miraron y Berta comenzó a tocarse disimuladamente, Lorena no tardó en seguirla a pesar de que al otro lado de su cuerpo tenía a Isabel. Se fueron animando hasta que Isabel empezó a notar ciertos movimientos extraños.

ISABEL- ¿Pero qué estáis haciendo?

BERTA- Déjanos, así es más divertido escucharles.

Isabel alucinó con la falta de recato de las primas pero llevaba demasiado tiempo sintiendo un hormigueo constante en su vientre como para desperdiciar esa ocasión, así que metió la mano dentro de sus bragas y comenzó a hacer exactamente lo mismo que estaban haciendo las primas.

En la habitación contigua la situación era muy distinta, cuando se empezaron a escuchar los gemidos, Elena se quedó perpleja, no se podía creer el nivel de falta de vergüenza de Viviana, estaba chillando sin importarle que todas las demás pudieran escucharla. Miró a ambos lados para ver la reacción de sus amigas y en ambas se encontró la misma expresión de indiferencia. Con cada gemido que escuchaba le venían a la mente imágenes de Viviana siendo penetrada por el tremendo rabo de José y las cosquillas de su sexo no hacían más que aumentar. Viendo que sus amigas se lo tomaban con total naturalidad, intentó mantenerse callada y esperar pacientemente a que terminasen los ruidos, pero parecía que no iban a acabar nunca, de hecho no hacían más que aumentar de intensidad hasta que llegaron a unos niveles tales que a Elena le quedó muy claro que Viviana se estaba corriendo como ella no lo había hecho nunca en la vida.

ELENA- ¿Pero a vosotras esto os parece normal?

FABIOLA- Shhhh, déjales que disfruten a gusto.

ELENA- Yo no estoy dispuesta a aguantar esto todas las noches.

CRISTINA- Pues vas a tener que irte bastante lejos.

ELENA- Ni de coña, ahora mismo voy a hablar con ellos para ponerles en su sitio.

FABIOLA- Estate quieta, aunque no te lo creas no han hecho más que empezar.

Casi inmediatamente después de que Fabiola terminara de pronunciar la última palabra volvieron a comenzar los gemidos. Elena no salía de su asombro, había sido un polvo mucho más largo que casi cualquiera que ella pudiese recordar y aún así Fabiola tenía muy claro que solo acababa de comenzar. No creyó que pudiera aguantar mucho más tiempo las demandas de su sexo reclamándole atención así que no se le ocurrió otra alternativa que levantarse a exigirles a los dos amantes que por lo menos estuviesen en silencio, pero en cuanto hizo el gesto de salir de la cama notó como Fabiola la agarraba con fuerza para impedírselo.

FABIOLA- Ya me imagino que te parecerá que en este campamento nos hemos pasado de liberales pero estamos perfectamente así, ni en broma voy a permitir que tu llegada cambie el buen rollo que tenemos, vamos que ahora mismo te quedas quietecita en la cama y si quieres mañana te buscas la vida para hacerte unos tapones de oídos.

ELENA- Pero esto es insoportable, prefiero volverme a la playa y aguantar la lluvia.

FABIOLA- Si quieres irte no te lo voy a impedir.

Elena se quedó en la cama pensando cual de las dos opciones era peor. Mientras seguía escuchando como gozaba Viviana y notaba que sus bragas se empapaban hasta ser incapaces de contener más flujo, llegó a la conclusión de que lo mejor sería irse a dormir al campamento de la playa los días que no lloviese, aunque tuviera que dormir directamente sobre la arena y los mosquitos la abrasasen a picaduras, así por lo menos podría masturbarse a gusto y volver más relajada.

En la habitación contigua Isabel había conseguido llegar al orgasmo la primera vez que Viviana se había corrido, pero entre que notaba que sus compañeras de cama cada vez se movían más y que los gemidos se habían reanudado con un volumen asombroso, había vuelto a ponerse a acariciar su clítoris con cariño. Berta estaba metiéndose con saña los dedos al mismo tiempo que con la otra mano se frotaba el clítoris frenéticamente, le hubiera encantado que su prima se ocupara de estrujarle un pezón, estaba segura de que así alcanzaría su ansiado orgasmo en cuestión de segundos. Lorena se castigaba el clítoris imaginando ser la afortunada receptora de las embestidas de José que ya se empezaban a escuchar, se estaba calentando tanto que estaba segura de que se iba a correr antes de que Viviana llegase a su segundo orgasmo.

Mientras tanto en la otra cabaña, José había agarrado a Viviana por los tobillos, le había abierto las piernas todo lo posible y le había bajado los pies hasta colocarlos a los lados de su cabeza, le había encantado hacer eso mismo con Cristina y quería repetirlo. En esa postura tenía un acceso privilegiado a su sexo, le permitía embestirla con una fuerza tremenda a la vez que se la clavaba hasta el fondo. Viviana estaba fuera de sí y gritaba como un animal en el matadero antes incluso de llegar al orgasmo. Cuando alcanzó el clímax fue apoteósico, José llegó a sospechar que lo hacía adrede para molestar a Elena pero en realidad ella no podía hacer nada más que entregarse al increíble placer que estaba sintiendo. Cuando Viviana terminó de correrse, José se detuvo por unos instantes para recuperar el aliento, y mientras tanto, valoró la posibilidad de que ella le permitiese sodomizarla, pero escuchó que empezaba a llover y dio un brinco para salir de la cama.

JOSÉ- ¡Mierda, el colchón! Se va a mojar de nuevo, voy corriendo a por él.

Viviana se quedó tirada en la cama sin poder moverse, casi ni se percató de que José se metía a toda prisa en sus pantalones, sin pararse a ponerse los calzoncillos primero, y salía corriendo de la cabaña.

Apenas estaban empezando a caer algunas pesadas gotas, pudo recoger el colchón y llevarlo hasta la cabaña de las mujeres antes de que se hubiera mojado mucho. No había tiempo para andarse con ceremonias así que entró con el colchón sin llamar a la puerta siquiera.

JOSÉ- Perdón chicas, es que sino se va a volver a mojar y vais a tener que dormir apretujadas otra noche más.

La puerta estaba frente a la cama donde descansaban Cristina, Fabiola y Elena que se llevaron un pequeño susto al verle aparecer tan de improviso.

FABIOLA- Joder José, casi me da un infarto.

JOSÉ- Es que en cuanto he oído que llovía he pensado que ya tenía que estar casi seco y como lo dejásemos ahí iba a volver a estar empapado por la mañana, lo dejo en la habitación que está vacía y me voy, no os molesto más.

Unos instantes después José estaba abandonando la cabaña para irse a la suya con la intención de volver a meterse entre las piernas de Viviana para terminar lo que había dejado a medias. En la cabaña de las mujeres, Elena se había quedado petrificada, a pesar de la falta de luz había podido vislumbrar la increíble tienda de campaña que portaba José y no podía aguantar por más tiempo el ansia que tenía por sentirlo entre sus piernas, si él hubiera querido le hubiera dejado follársela tal y como estaba en medio de sus dos amigas. A Fabiola también le había impactado la visión de semejante bulto justo después de que hubieran podido escuchar lo que era capaz de hacer con él, cada vez estaba más segura de que no iba a poder resistir las ganas de probarlo. Cristina estaba un poco más tranquila, la tremenda follada que había recibido esa misma tarde la había dejado completamente satisfecha, así que solo sentía cierta desazón en su interior.

CRISTINA- ¿Ves lo majo que es? Ha salido corriendo a por vuestro colchón para que mañana podáis dormir en él.

ELENA- Si, si, muy majo, se ha tenido que salir de muchos sitios para salvar nuestro colchón. Espero que ahora nos dejen dormir de una vez.

FABIOLA- No tenía mucha pinta de haber terminado lo que estaba haciendo.

ELENA- Si continúan me voy a dormir al bosque.

En la habitación contigua todas habían conseguido relajarse a tiempo, bueno, Isabel se había quedado un poquito intranquila pero estaba bastante mejor que cuando se metió en la cama.

Cuando José entró en su cabaña se encontró con que Viviana dormía como una niña y no le pareció bien despertarla, así que tuvo que quedarse con el calentón que llevaba y esperar pacientemente a que se le bajase para poder dormirse.