Historias del complejo. Segunda serie. (17)
Luis la miró con desprecio y apagó la luz. Esa noche, Florencia decidió que ya no pediría permiso para existir. Ahora, bajo la luz de la fiesta, alguien la está mirando de nuevo.
Prólogo
Una reserva por dos semanas en el mes de enero que tenía hecha hacía casi dos meses, fue cancelada faltando unos días, y por experiencia, sabía que cuando saliera publicada la unidad como disponible, sin dudas se volvería a ocupar.
Y así fue, al día siguiente, al revisar las reservas, ya se había ocupado y abonada la estadía a través de la plataforma, con una tarjeta de crédito.
La reserva era por dos semanas, la segunda quincena de enero y cuando llegaron, les indiqué la unidad y les di todas las indicaciones, tal cual lo hago con todos nuestros visitantes.
Varias conversaciones durante esas dos semanas, me permitieron poner en palabras la siguiente historia, la historia de una parte de la vida de Florencia.
La historia de Florencia
Capítulo 1
A meses de llegar a mis cuarenta y un años, nunca creí estar viviendo un momento así en mi vida, sentada en la arena mirando el mar, con lágrimas en los ojos, está amaneciendo y muero por unos mates.
No hay nadie en la playa, solo algún deportista qué pasó corriendo por la arena.
El sol empieza a asomar entre algunas nubes, seguramente será otro día de calor y sin dudas la playa se llenará de gente en tan solo un par de horas.
Está fresco, tengo puesta una campera de abrigo, de esas que son bastante largas, me llega casi hasta medio muslo, con un cierre por delante, y debajo… debajo no tengo nada, estoy desnuda.
En esa apacible soledad, hago un pequeño recuento de lo que estoy viviendo, en lo que ha ocurrido en mi vida, y que por supuesto nunca hubiera imaginado.
Me llamo Florencia Inés Bermúdez, nací, me crié y viví toda mi vida en la ciudad de La Plata.
Soy la mayor de tres hermanos, me sigue Victoria, y Franco es mi hermano más chico, hija de Amelia Perea, empleada administrativa y de Ernesto Bermúdez, socio de su amigo de siempre en una empresa inmobiliaria de la ciudad.
Tuve una infancia feliz, aunque con las típicas peleas con mis hermanos, no puedo decir que alguna vez me ha faltado algo, y creo que he sido una buena hija.
Siempre me preocupé por aprender y he sido buena alumna, tanto en la escuela primaria como en la secundaria.
Tuve mi primer novio a los quince años, un chico de mi edad, pero que estaba en otro turno de mi escuela.
Pero fue con mi segundo novio que a los casi diecisiete perdí mi virginidad una tarde en que sus padres no estaban en su casa.
No fue una experiencia para enmarcar, pero tampoco fue un desastre. Las veces posteriores fue mejorando, pero meses después nos terminamos peleando.
A los casi veinte años, cuando estaba cursando el segundo año de la carrera de administración de empresas, mi madre que trabajaba en el ministerio de salud, consiguió hacerme entrar a trabajar allí.
En ese momento estaba de novia con Luis, nos habíamos conocido en la facultad, estudiábamos la misma carrera, pero en diferentes comisiones, conversamos por primera vez en una fiesta de la facultad, y unos meses después ya éramos novios.
El tercer año de la carrera me resultó muy difícil, con el trabajo me costaba mucho seguir estudiando y abandoné los estudio, y ese mismo año, nos casamos con Luis, estando yo embarazada de tres meses.
Al año siguiente nació Santino, el trabajo y la crianza de mi hijo, sepultaron definitivamente mis intenciones de concluir mis estudios.
Los primeros tiempos con Luis, fueron muy buenos, creo que lo que cualquier mujer pretendería, un hombre trabajador, buen padre, y que me trataba bien.
El siguió estudiando y se recibió tres años después, tuvo un par de trabajos en la ciudad, y cuando Santino cumplió los cinco años, con pocas esperanzas se presentó en una empresa de Buenos Aires.
Para su sorpresa y creo que también para la mía, consiguió ese trabajo, lo que implicaba que tuviera que viajar a Buenos Aires todos los días de la semana.
A partir de ese momento me tuve que hacer cargo de todo lo que tenía que ver con Santino, Luis se iba en el tren hasta Buenos Aires muy temprano a la mañana, por lo que yo me quedaba con el auto para llevar a Santino a la escuela y de ahí me iba al trabajo.
Al mediodía un transporte escolar llevaba a Santino a casa de mi madre, y yo pasaba a buscarlo al salir del trabajo.
Luis trabajaba hasta las cinco, y llegaba por lo general pasadas las siete y media de la tarde a casa.
En esa época podría decir que mi vida social se retrajo, hasta casi ser nula, tan solo íbamos a los cumpleaños de algún familiar o de algún amigo.
Fueron años bastante duros para mí, con toda la responsabilidad de criar a Santino y hacer bien mi trabajo y las cosas de la casa.
Poco a poco fui tomando más responsabilidades en la oficina y actualmente soy la jefa del departamento de compras de las institución, trabajo en esa oficina desde los veintidós años, comencé como empleada administrativa, y rápidamente comprendí el trabajo, mi jefa durante muchos años, al llegar a la edad del retiro, se jubiló y quedé a cargo de la oficina, hasta que luego de unos años, fui nombrada como jefa.
Soy la responsable de todas las compras, las licitaciones y las contrataciones de la institución, en este momento, nueve personas tengo a cargo en la oficina, aunque a veces son diez u once. Son siete mujeres y dos varones, y como en casi todos lados, hay gente trabajadora y gente que no, gente con buen trato y otros con muy mala onda.
Para que todo se haga como debe hacerse, tengo que ser exigente, y sí, todos me tienen catalogada como la asquerosa, la amarga, la exigente y la vigilante.
Todos los días soy la primera en llegar y la última en irme, entro a las ocho menos diez de la mañana y me voy a las cuatro y media de la tarde.
Me gusta que las cosas se hagan bien, más que nada para ganar tiempo, cuándo se hacen mal, hay que volver a hacerlas.
Desde que estoy a cargo, por la oficina han pasado muchas personas, que luego de trabajar un tiempo, han querido irse, supuestamente porque yo no les permito un momento de descanso.
Pero el área es así, no hay momentos de descanso, de hecho yo no los tengo, trabajo desde que llego hasta que me voy, no solo haciendo lo mío, sino supervisando el trabajo de todos los demás.
Los primeros años con Luis fueron buenos, a pesar de que su trabajo en Buenos Aires, hacía que solo nos viéramos por las noches, y los fines de semana aprovechábamos para estar juntos, yo trataba de hacer las cosas de la casa durante la semana, para que los sábados y domingos pudiéramos descansar y pasear con Santino.
Luego de algunos años, más o menos para cuándo Santino comenzó la escuela secundaria, empezó a tener ciertas actitudes de control hacia mí, sobre todo lo empecé a notar en la ropa que me ponía. Qué si el pantalón me quedaba muy ajustado, que si se me marcaba mucho el culo, o si las remeras o camisas eran ajustada y me marcaban las tetas.
Cuándo nos conocimos mi figura estaba mucho mejor que la de ese momento, durante mi adolescencia jugué al hockey y al vóley, pero luego del embarazo, me habían quedado algunos kilos de más.
Nunca tuve mucha teta, tan solo me crecieron un poco durante el embarazo y la lactancia, pero cuando deje de amamantar a Santino, volvieron casi a su tamaño normal, en la media diría yo.
No entendía muy bien esa actitud de Luis, lo único que hacía era ir a trabajar, ocuparme de Santino y de la casa, tan solo salía a reuniones en casa de algún compañero de trabajo o a las fiestas de fin de año, a las que iba con Luis y por supuesto no iba vestida de forma llamativa, es más, tratando de ocultar esos kilos que sentía que tenía de más, me vestía con ropa más suelta.
Al principio, nuestra vida sexual diría que era normal, al menos lo que yo consideraba normal, hacíamos el amor una o dos veces por semana, siempre me considere una persona fogosa, y me gustaba disfrutar de nuestros encuentros, aunque nunca fueron muy prolongados, lo hacíamos hasta que Luis terminaba, y ahí quedaba todo.
Haciendo un recuento de mi vida sexual con Luis, tengo que decir que nunca tuve un orgasmo mientras me penetraba, y la mayoría de las veces lo conseguía con sus caricias luego de que el acabara.
Una vez por mes o cada dos meses más o menos, nos juntáramos algún viernes con las compañeras de la oficina, solo las chicas, salíamos temprano, a eso de las ocho de la noche, cenábamos y luego nos íbamos cada una a su casa, o las más jóvenes luego seguían la noche.
Por supuesto a esas salidas, iba vestida sin llamar la atención, ropa holgada, como para no tener que aguantarme los comentarios de Luis.
Algunas veces, también nos juntábamos en la casa de alguna de las chicas, y como en toda reunión de mujeres, se contaban anécdotas y experiencias con hombres.
Por supuesto yo no tenía demasiado que contar, solo había estado con un par de chicos antes que Luis, y tampoco habían sido relaciones demasiado intensas.
En alguna de esas reuniones, después de varias cervezas, algunas de las chicas, incluidas las que también estaban casadas, contaban sus experiencias sexuales, y en alguna vez que me preguntaron cómo iba mi vida de casada con Luis, en la intimidad por supuesto, yo decía que iba muy bien, aunque sin dar detalles, pero escuchando a otras mujeres, me daba cuenta que mi vida sexual con mi marido, tenía poco vuelo.
A Luis siempre le gustó la pesca, y a medida que fue creciendo, a Santino también, con lo que algunos fines de semana, Luis se iba a pescar con un amigos y Santino iba con ellos.
Quizás no suene bien, pero esos fines de semana que estaba sola en casa, disfrutaba de la soledad, me levantaba a la hora que quería, desayunaba o almorzaba a la hora que me venía en ganas, y me quedaba mirando películas o series hasta cualquier hora.
Cuando Santino empezó la escuela secundaria, volvía solo a casa, lo que me permitía algo más de independencia, y a medida que fue creciendo, cada vez dependía menos de mí, por lo que mis horarios eran un poco más holgados.
Luis seguía en esa tesitura de celarme y controlarme, qué no entendía muy bien por qué, nunca le di motivos para que tuviera esas actitudes, y varias veces, tuvimos discusiones por eso.
Poco a poco fui modificando mi vestuario, al punto de que dejé de usar la ropa interior que había utilizado siempre y la ropa que me gustaba tiempo atrás.
Muchas veces en casa, solía llegar del trabajo, y ponerme ropa de andar por casa, en verano algún short y una remera, y la mayoría de las veces sin corpiño debajo, pero eso también Luis los veía mal, me decía que no podía andar por la casa, marcando los pezones en la ropa.
El tiempo fue pasando y nuestra actividad sexual decayó considerablemente, un buen promedio, era hacer el amor un par de veces al mes, y me fui acostumbrando a eso.
Me considero sexualmente deseosa, en mis épocas de soledad, cuando he estado sin pareja, me complacía a mí misma, masturbándome bastante a menudo, incluso tuve época en que lo hacía más de una vez al día.
En esa época de escasez de sexo marital, intercalaba algunas sesiones de placer en solitario, aunque no era fácil encontrar el momento, y los mejores momentos, solían ser los fines de semana en qué Luis y Santino se iban a pescar.
Muchas veces me pregunté, si era yo la responsable de nuestra decaída vida sexual, y varias veces pensé, que quizás esos kilos de más que me habían quedado luego del embarazo, me restaban atractivo a los ojos de Luis.
Como primera medida, para tratar de volver a conseguir una figura deseable, volví a andar en bicicleta, la bicicleta que había utilizado en mi época de facultad estaba en casa de mis padres, y un día que fui a buscar a Santino me la traje.
Un par de meses después comencé a ir al gimnasio y a cuidarme un poco más en las comidas, no es que comiera mal, pero empecé a prestarle atención a las porciones y a las calorías.
No me sentía una mujer gorda, tenía una pequeña pancita, y creo que los kilos de más, se me habían ido al culo y a las piernas, por lo que en las rutinas del gimnasio, le prestaba más atención a esas zonas.
Cuatro meses después, había bajado tres kilos y en verdad me sentía mucho mejor.
Ilusa de mí, esperaba que Luis lo notara y me dijera algo, pero parecía no darse cuenta.
Para cuándo Santino cumplió sus quince años, había vuelto al peso que tenía antes del embarazo, aunque por supuesto nunca hubo un comentario de Luis hacia mi figura que poco a poco iba recuperándose.
Intentando que me prestara algo más de atención, y quizás recuperar la chispa, una tarde al salir del trabajo, fui a una casa de ropa interior femenina y me compré un conjunto bastante atrevido.
No se lo mostré ese día, el viernes por la noche Santino tenía el cumpleaños de quince de una compañera, luego de la fiesta se quedaría a dormir en casa de su amigo y volvería a casa el sábado.
Por la tarde le mandé un mensaje a Luis para preguntarle si quería que saliéramos a cenar, pero me dijo que lo dejemos para otro día, que llegaría cansado a casa a eso de las ocho de la noche.
Entonces decidí preparar algo rico de comer, compré un rico vino y preparé la cena antes de que él llegara.
Con todo listo me fui a dar un baño, me depilé prolijamente y me puse el conjunto de ropa interior nuevo. Sobre él, un vestido lindo aunque no muy paquete, no era la idea estar arreglada como para salir, pero sí, de manera diferente a todos los días.
Me puse unas sandalias de taco medio y me maquillé sutilmente.
Luis llegó a las ocho y media de la noche, y al entrar me saludó como cada día, dejó su mochila y me dijo que se iba a dar un baño.
Sentí cierta decepción de qué no me dijera nada de mi atuendo, normalmente no me encuentra con un vestido y sandalias, pero no pareció darse cuenta, o si se dio cuenta, no me dijo nada.
Lo escuché salir del baño e ir a nuestra habitación, mientras yo preparaba la mesa para sentarnos a cenar.
Cuando volvió al comedor, tenía puesto una remera y un short de andar por casa, le pedí que descorchara el vino, y nos sentamos a comer.
Durante la cena tampoco hizo ninguna mención a lo arreglada que estaba esa noche en diferencia a todos los días, y sumado a eso, a la mitad de la cena prendió el televisor y se puso a mirar las noticias.
Cuando terminamos de cenar, junté todo, ya lavaría los platos al día siguiente.
Volví al comedor y Luis se había sentado en el sillón a mirar televisión, me senté junto a él y apoyé mi cabeza en su hombro, el pasó su brazo por sobre mis hombros y me pegué más a él, acariciando su pierna, mientras seguía con la mirada en la pantalla.
Un momento después, le dije de irnos a la cama, me dijo que sí, apagó el televisor y nos fuimos para la habitación.
Pasó primero él por el baño, y luego lo hice yo.
Cuando volví a la habitación, me saqué las sandalias y el vestido, Luis se había metido en la cama, y cuando me vio solo en ropa interior, me preguntó:
-LUIS: ¿Y eso?
-FLORENCIA: Me lo compré para estrenarlo esta noche, por eso te había dicho de salir a cenar, para tener una noche distinta, aprovechando que Santino se quedaba en lo de Matías.
-LUIS: Está lindo, pero me parece que ya no tenés edad para eso, ya sos una mujer grande, casada y con un hijo!
Me sentó tan mal su comentario, me sentí la más pelotuda de todas, yo queriendo agradarle, y el haciendo un comentario que podría haber obviado, por supuesto se fue a la mierda la noche que había pensado, y ya ni ganas me quedaron de hacer nada.
Del cajón saqué una de las bombachas que utilizó siempre y el remerón qué uso para dormir.
-FLORENCIA: Tenés razón! Qué tarada!
Fui al baño a cambiarme y mirándome al espejo, viéndome con ese conjunto sexy, no pude evitar las lágrimas, en el reflejo veía a una mujer apetecible, ¿qué importa si soy grande y tengo un hijo? Sigo siendo una mujer con deseos, y mis deseos para esta noche habían sido totalmente diferentes a esto.
Me quité el conjunto, me puse la bombacha y el remerón, me desmaquillé y me quedé un rato en el baño.
Hubiera esperado que quizás viendo mi reacción, Luis hubiera entrado en el baño y me hubiera dicho algo, no sé, qué me pidiera disculpas, qué me llevara a la cama, que me quitara el conjunto y me hiciera el amor, pero nada de eso pasó, cuando volví a la habitación, Luis aún despierto me dijo.
-LUIS: Tampoco era para que te pongas así! Estoy cansado! Laburé todo el día!
-FLORENCIA: Yo también laburé todo el día! No importa! Buenas noches!
Y me di vuelta en la cama dándole la espalda, sin siquiera darle un beso.
En ese momento también creí que haría o diría algo, pero tan solo apagó la luz y se dio vuelta.
La noche no podría haber terminado peor, y las lágrimas volvieron a brotar.
Estaba enojada, dolida, decepcionada, casi diría despreciada por el hombre que había elegido para vivir mi vida.
Antes de dormirme, me propuse no volver a incitar, ni a buscar sexualmente a mi marido, y ya vería qué hacer, si fuera él el que me buscara.
Aunque no era mi costumbre, el sábado temprano en la mañana, me levanté, me cambié y con Luis aún durmiendo me fui al gimnasio en la bicicleta.
Luego de la hora y media de gimnasio, no volví directamente a casa, anduve en la bicicleta por más de una hora.
Ilusa de mí, creí que al volver a casa, habría algún comentario de la noche anterior, pero al verme entrar, tan solo me preguntó si había ido al gimnasio, y también que tenía pensado cocinar para el almuerzo.
No dije nada y me puse a preparar el almuerzo, antes del mediodía, me llamó Santino por teléfono para que lo fuera a buscar a la casa de su amigo, estaba con la comida a medio hacer, y cuando le dije a Luis que iba a buscar a Santino, ni siquiera me dijo que iba él para que yo terminara de cocinar.
No lograba entender que le estaba pasando a Luis, en ese momento decidí que teníamos que sentarnos a hablar, no sé él, pero yo no la estaba pasando nada bien en nuestro matrimonio.
El fin de semana pasó sin pena ni gloria, durante la semana no se dio el momento, y el fin de semana siguiente Luis y Santino se fueron a pescar, con el amigo de Luis y su hijo.
Se irían el viernes por la tarde y volverían el domingo por la tarde, antes de que se fuera, le dije a Luis que esa noche nos juntábamos con las compañeras de trabajo, en una cervecería del centro, por supuesto antes de irme me dejó sus recomendaciones, qué no volviera muy tarde que tuviera cuidado al volver, que no tomara alcohol, que dejara el auto afuera, y por supuesto qué me fijara cómo iba a ir vestida, claro esta vez no estaba para controlarme antes de salir.
Esa noche decidí vestirme como a mí se me ocurrió, tampoco nada raro, un jean que hacía tiempo que no usaba, porque no me entraba, pero al haber bajado esos kilos, cuando me lo probé me vi muy bien, me hacía un lindo culo, casi como antes.
Arriba me puse una camisa, y como un acto de rebeldía, me puse el conjunto de ropa interior que él no había querido estrenar.
Por supuesto que no tenía pensado que alguien más lo estrenara, pero me gustaba cómo me veía con ese conjunto, y decidí ponérmelo.
La cena estuvo muy divertida, antes de las doce de la noche Luis me mandó un mensaje, preguntándome si ya estaba en casa, le dije que no, que todavía estábamos en el bar, y pasándola muy bien.
Por supuesto él tenía que meter su frase controladora, "cuidado con lo que tomás y lo que haces", como si yo fuera una cualquiera que va a buscar un tipo cada vez que sale, a ese último comentario decidí no contestar.
Llegué a casa cerca de las dos de la mañana, y por supuesto no se lo diría a Luis.
Me saqué la ropa quedándome tan solo con el conjunto de ropa interior, qué me hacía ver muy bien.
Durante la cena había tomado tres cervezas, y estando sola en casa decidí tomarme otra más, y cuando terminé esa me tomé otra, sentada en el sillón tan solo con la ropa interior y viendo televisión.
Entonada por el alcohol cómo estaba, me fui a la cama, y me masturbé con el conjunto puesto, imaginando a alguien sin rostro, qué había conocido esa noche y con el que me había ido a un hotel.
Quizás por el alcohol, o quizás por el atraso sexual que tenía, esa noche me saqué dos orgasmos, hasta que agotada me quedé dormida.
Me desperté el sábado cerca del mediodía aún con el conjunto de ropa interior puesto, así vestida me fui a preparar el mate y unas tostadas.
Volví a la cama con el mate y con la notebook, mientras desayunaba miré un capítulo de una de las series que estoy siguiendo, y luego me puse a buscar alguna película.
Aprovechando que estaba sola, busqué una película romántica, son las que más me atraen.
Sí bien era una historia de amor, tenía varias escenas eróticas que me terminaron excitando y me volví a masturbar mirando una de esas escenas.
Pero la cosa no quedó ahí, seguí viendo la película, me saqué la ropa interior quedando desnuda, y en otra de las escenas picantes, me volví a masturbar, teniendo otro orgasmo más.
Luego de ese momento me quedé dormida sin siquiera terminar de ver la película.
Me desperté a eso de las tres de la tarde, y desnuda como estaba me fui a preparar algo para comer.
Me gustaba la sensación de andar desnuda por casa, sin estar pendiente de la mirada o el comentario de Luis, que supongo que de saberlo, me diría que soy una pervertida, pero en ese momento me gustaba estar desnuda.
Con una ensalada volví a la cama y terminé de ver la película.
Por supuesto hubo otras escenas eróticas, qué me volvieron a excitar, y luego de terminar de comer, me busque otra película erótica, lo tomé como una manera de satisfacer mi atrasada sexualidad.
Esta era un poco más picante, el argumento bastante más flojo, pero viendo las escenas, me volví a masturbar.
A eso de las seis de la tarde, decidí darme un baño, llené la bañera, le puse una espuma de baño que hacía tiempo no usaba y me metí al agua, ahora era el momento del relax.
Después del baño, me sequé el pelo y se me ocurrió probarme la ropa que hacía muchos años que no usaba. Dentro de una caja en el placard, tenía mucha ropa que usaba hace tiempo, incluso antes de conocer a Luis.
Me probé varias cosas, sin ropa interior por supuesto, unas remeritas ajustadas qué me marcaban bien las tetas, incluso una calza que Luis nunca me había permitido usar, porque decía que me marcaba mucho el culo. Es verdad, me lo marcaba, pero me gustaba cómo se veía, incluso al no tener bombachita, me marcaba también la conchita.
Toda la ropa que me probé me quedaba bien, incluso otros pantalones de jean, que también me hacían un buen culo.
No era habitual que Luis me llamara cuando se iban de pesca, muchas veces porque se alejaban a lugares sin señal de teléfono, y en ese momento se me ocurrió cambiarme y salir a cenar sola.
Decidí no salir con el auto, iría en un taxi o algún lugar cercano a casa al que pudiera ir y volver caminando.
Me sentía como una adolescente haciendo cosas a escondidas de sus padres, pero no me importó y decidí disfrutar esa noche también.
Me volví a poner el conjunto de ropa interior que me había comprado, me puse uno de los pantalones de jean que me había probado, y una de las remeritas ajustadas que tenía un poco de escote.
Me recogí el pelo, me maquillé, me puse unas sandalias de taco medio, accesorios y una pequeña cartera. Me miré al espejo y me veía bien, y en ese momento me pregunté porque no podía vestir así todo el tiempo, y la respuesta por supuesto fue, para no tener problemas con Luis.
No es que se me había ocurrido salir en plan soltera, pero en esta ocasión, yo podría elegir el lugar y que comer.
Me fui al centro en un taxi, entré en una de las cervecerías del diagonal setenta y cuatro, me senté en una mesa para dos personas y me pedí una cerveza.
Un rato después el lugar se empezó a llenar de gente, y sin buscarlo ni esperarlo, me sentí observada por varios hombres, un grupo de tres chicos que estaba sentado en la mesa a mi lado no dejaban de mirarme, también un par de hombres que estaban en la barra, lo único que esperaba era que no se acercara ninguno, ese no era el plan.
Después de esa primera cerveza, me pedí una porción de rabas y otra cerveza más.
Mientras esperaba que me trajeran la comida, entraron dos hombres, uno de ellos, Hugo, un compañero de trabajo, el jefe de la oficina de informática.
No me vio, y se sentaron ambos en una mesa algo alejada de la mía.
Conozco a Hugo desde hace muchos años, seguro más de diez, y tranquilamente podría decir qué es uno de los hombres más educados y amables con los que trabajo, siempre de muy buen humor, y predispuesto a ayudar a todo el mundo, creo que no debe haber persona en la institución, que no lo aprecie o que diga algo malo de él.
No sé mucho de su vida, no hemos hablado temas más allá de lo laboral, lo normal digamos, desearnos buen fin de semana, buenas vacaciones o felices fiestas.
Las chicas de la oficina lo adoran, siempre les resuelve sus problemas y siempre con buena onda, al contrario de los otros chicos que trabajan con él.
Después de unos años trabajando, quedó a cargo de su oficina, y el año pasado concurso el cargo, quedando como jefe, y bien merecido que lo tiene.
Es normal que seamos los últimos en irnos, creo que es tan dedicado al trabajo cómo lo soy yo.
Quedó sentado de espaldas a mí, por lo que era muy raro que me viera.
Pude ver que tomaron una cerveza con su amigo, y luego de una hora aproximadamente, se despidieron y ese hombre se fue, quedando solo Hugo en la mesa, con una cerveza a medio terminar.
Al verlo quedarse solo, no sabía qué hacer, si ir a saludarlo o esperar a que él me viera.
Eran cerca de las diez de la noche, y decidí ir a saludarlo, pedí la cuenta, y luego de pagarle al mozo, me levanté en dirección al baño, después de las cervezas necesitaba hacer pis.
Pasé frente a él sin mirarlo, pero al volver, sería imposible no vernos, pues volvería de frente a él.
Y así fue, cuando volvía del baño, lo vi con su cerveza en la mano y con la mirada perdida en algún lugar, no me miraba a mí, solo cuando estuve a unos pocos pasos de su mesa, me miró y me reconoció.
-HUGO: Flor! ¿Cómo andas? Qué casualidad!
-FLORENCIA: Hola Hugo! Me pareció que eras vos cuando iba para el baño! ¿Cómo estás?
-HUGO: Aquí, tomándome una cervecita!
-FLORENCIA: ¿Estás solo?
-HUGO: Ahora sí, vine con un amigo que anda con problemas con su novia, pero hace un rato lo llamó y fue a encontrarse con ella para hablar, y me quedé terminando cerveza!
-FLORENCIA: Yo vine a tomarme una cerveza y a comer algo!
-HUGO: ¿Estás con la familia?
-FLORENCIA: Hoy vine sola, mi marido y mi hijo se fueron a pescar todo el fin de semana, así que aproveché, y salí a tomar una cerveza!
-HUGO: Hiciste muy bien! Yo también estaba solo esta noche, mi esposa salía con sus amigas! Si te pinta, sentate y nos tomamos una cerveza!
No estaba en mis planes, pero bueno…, siendo él, le dije que sí.
-FLORENCIA: Bueno dale!
Me senté en su mesa, y haciéndole señas al mozo, Hugo pidió cerveza para los dos.
Era la primera vez que tenía una conversación con él fuera del trabajo y de temas que no eran laborales.
Estuvimos conversando poco más de una hora, le conté que los fines de semana que estaba sola, los aprovechaba para mí, y él me contó de su amigo, también que las cosas en su matrimonio no andaban muy bien.
No profundizamos demasiado, pero fue una linda conversación, Hugo tiene eso, nunca te hace sentir incómoda, ni con preguntas, ni con comentarios con doble sentido, ni nada por el estilo.
Por supuesto no me permitió pagar mi cerveza, y cuando salimos del bar me preguntó si estaba en auto, le dije que me tomaba un taxi, pero insistió en llevarme hasta casa, él estaba en su auto.
Nos despedimos con un beso antes de que me bajara, y me agradeció el buen momento que habíamos pasado.
Por supuesto no le contaría nada a Luis sobre la salida de esa noche, pero no me arrepentí de haberlo hecho, después de todo había sido una charla amena con Hugo, cerveza de por medio.
Aún me quedaba una noche más sola en casa y decidí continuar con mis planes de auto satisfacción.
Me quité la ropa y me volví a quedar con el conjunto de ropa interior, fui a buscar una cerveza más y volví a la habitación.
Encendí la notebook y busqué una película erótica mientras me tomaba la cerveza.
Por supuesto las escenas volvieron a excitarme, pero me contuve de tocarme hasta terminar la cerveza.
Dos orgasmos más me saqué esa noche viendo aquella película, y me dormí bastante satisfecha.
El domingo me desperté cerca del mediodía, me saqué la ropa interior, y desnuda, me preparé unos mates y algo para comer.
Luego me di un baño, y sin saber a qué hora volverían Luis y Santino, me cambié y volví a mi vida normal, no sin antes lavar el conjunto de ropa interior, y guardarlo luego de que se secara, no quería que Luis lo viera, había decidido ya no volver a usarlo delante de él.
Los días fueron pasando, y luego del último desplante, decidí no buscar más a Luis para tener relaciones, al menos por el momento, quería ver cuánto tiempo pasaría, hasta que él lo propusiera.
Los fines de semana que se iban a pescar, solían ser una vez por mes, y quizás no suene bien decirlo, pero estaba sintiendo, que esos fines de semana, cada vez me gustaban más.
La siguiente vez que se fueron a pescar, a pesar de que era invierno, el sábado en la noche volví a salir sola, tan solo a tomarme una cerveza y comer algo fuera de casa, sin ninguna otra intención, pero me gustaba vestirme como se me antojaba, sin tener que escuchar los comentarios de Luis.
Sabiendo que él solía revisar las cuentas del banco, esas noches que salía, pagaba todo en efectivo, no quería utilizar las tarjetas y tener luego que darle explicaciones.
Casi dos meses pasaron, hasta que un sábado en la noche Santino tenía un cumpleaños de quince, qué Luis me buscó esa noche, y a pesar de que hubiera tenido ganas de un encuentro sexual, recordando aquel desplante, le dije que otro día, qué esa noche no estaba con ganas.
Supongo que no le debe haber gustado mucho, porque después de mi sutil rechazo, apagó la lámpara de su mesa de noche y se dispuso a dormir.
Antes de dormirme, me quedé pensando... ¿como habíamos llegado a esta situación? Aún me siento una mujer atractiva, y no podía entender qué Luis no quisiera tener relaciones más seguido conmigo, aunque por supuesto, me seguía celando, supervisando siempre la ropa que me ponía.
En el mes de septiembre, en la plataforma de capacitación del ministerio, se presentó un curso de liderazgo, y con la función que estoy cumpliendo, me pareció atinado hacerlo. Eran seis encuentros de dos horas en una dependencia del ministerio, y tenía permiso de ausentarme para asistir.
El primer día del curso, al entrar al aula de la capacitación, me encontré con Hugo sentado en uno de los bancos, y en verdad me sorprendí, no sabía que él también haría el curso.
Por supuesto me senté a su lado, y compartimos todas las clases, incluso los trabajos que nos pedían, los hicimos juntos.
El día de la última clase, entregamos el trabajo final, que lo habíamos hecho entre los dos, y por supuesto lo aprobamos.
Cuando salimos del ministerio, Hugo me propuso tomar un café para festejarlo, y por supuesto acepté.
A partir de ese momento, nuestra relación fue cambiando poco a poco, por algunos temas laborales tuvimos que trabajar juntos, y por algunos problemas en mi computadora del trabajo, recurrí a él, que por supuesto me lo solucionó.
Tengo que decirlo, siempre fui una persona muy considerada en el trabajo, todo el mundo me tiene catalogada como una persona amarga y estricta, al punto de qué cuándo había algún empleado un poco descarriado, lo mandaban a trabajar a mi oficina, para que yo pudiera controlarlo y "hacerlo trabajar"
No me hacía gracia sentirme en esa posición, en verdad esa no es mi forma de ser, tan solo es la forma en que me comporto en el trabajo, para que todo funcione como es debido y las cosas se hagan como corresponde, rápido y bien.
Una mañana me llamó Inés, la directora, a su despacho, y me dijo que un empleado que estaba en otra dependencia, comenzaría a trabajar en mi oficina, yo por supuesto ya lo conocía, y no tenía buenas referencias de él, había tenido problemas en todas las oficinas en las que había trabajado, claramente porque no le gustaba trabajar, me quejé ante la directora por esta situación, pero no conseguí que cambiara de opinión, y el lunes siguiente se presentó Ariel en mi oficina.
Le indiqué su lugar de trabajo, y le expliqué una tarea que comenzaría a realizar, por supuesto no era nada complicado, le encargué a hacer el seguimiento de todos los expedientes que teníamos iniciados, para ver en qué situación se encontraba cada uno, algo sencillo que en general nos turnamos para hacer.
Sí ese trabajo lo tuviera que hacer yo, me llevaría aproximadamente una hora, pero cuando se cumplió su horario de trabajo, no había llegado ni a la mitad.
Cuándo se iba le dije que por favor terminara ese trabajo al día siguiente porque lo necesitaba, pero al día siguiente tampoco lo terminó, y ya bastante enojada, luego de que él se fuera, yo misma terminé el trabajo.
A partir de allí, comenzó mi calvario con Ariel, además de no querer trabajar, se hacía el boludo, y algunas cosas las hacía mal, estoy segura que a propósito.
Luego de un par de semanas de trabajo, lo empecé a presionar para que cumpliera con sus tareas, y además de no gustarle trabajar, tenía un carácter de mierda.
Pedí hablar con la directora, y le expliqué la situación, lejos de resolverlo sacándolo de mi oficina, me dijo que tenía que ser un poco más contemplativa, eso me hizo poner más nerviosa, le terminé diciendo que no era justo, qué me pusiera en el papel de policía para hacer que trabajara, y luego me dijera que tuviera contemplaciones, estaba tan enojada, qué me fui de su despacho dejándola con la palabra en la boca, lo que por supuesto no le cayó muy bien.
Tuve varios cruces de palabras con Ariel, que además de hacerme perder tiempo explicándole las cosas que luego no hacía, o las hacía mal, ponía mala cara o hacía gestos de desagrado, me sentía cada vez peor, al grado de tener que irme al baño, para no largarme a llorar delante de los chicos de la oficina.
Una tarde tuve una discusión con Ariel, porque no había terminado un trabajo que había pedido la directora, y que era tan fácil que se le había encargado a él.
Llegó la hora de irse, y no lo había terminado, cuando le dije que lo necesitaba para ese momento, se dio media vuelta y yéndose me dijo "si es tan urgente, hacelo vos"
Fue tal mi indignación y mi bronca, qué me fui al baño a llorar, por desgracia el baño estaba ocupado, para no llorar en los pasillos o en la oficina, me metí en el palier de la escalera que va al primer piso, justo frente a la puerta de la oficina de informática.
En ese momento salía Hugo de su oficina, y al verme llorando me preguntó:
-HUGO: Ey Flor! ¿Qué pasó?
-FLORENCIA: Estoy podrida Hugo!
-HUGO: Vení! Pasá!
Entramos a su oficina, y mis lágrimas se transformaron en una catarata, sin esperármelo, se acercó y me abrazó.
No suelo ser muy expresiva en el trabajo, al punto de que jamás me he abrazado con nadie, pero en ese momento, ese abrazo me hizo muy bien.
-HUGO: Tranquila! Sentate y Contame!
El se sentó en su escritorio y yo lo hice frente a él del otro lado.
-HUGO: ¿Un café?
-FLORENCIA: Dale!
Sirvió café para los dos, me entregó el mío y se volvió a sentar.
-HUGO: Contame qué pasó!
-FLORENCIA: Te juro que no doy más! Ariel me tiene podrida! No hace una mierda, y encima contesta para el culo!
-HUGO: ¿Lo hablaste con Inés?
-FLORENCIA: Sí! Lo puso en mi oficina para que lo hiciera trabajar, y cuando lo hago trabajar, como no terminar nada o hace todo mal, me dice que tenga contemplaciones, pero no me lo banco más, te juro que tengo ganas de irme a la mierda, si esto sigue así, le voy a decir a Inés que me voy de la oficina, que ya no quiero trabajar ahí! Encima le pedí un trabajo re fácil, qué me había pedido ella y que es para hoy, y el boludo no lo terminó en todo el día, y la otra hace una hora que me lo está pidiendo!
-HUGO: ¿Lo tenés que terminar ahora? Dale que te ayudo!
-FLORENCIA: ¿En serio?
-HUGO: Sí boluda, en serio!
Nunca nadie me había dicho boluda, pero siendo él, y en la forma en que me lo dijo, ofreciéndose a ayudarme, no lo tomé a mal.
Terminamos el café y fuimos para mi oficina, en menos de media hora terminamos el informe que me había pedido la directora y se lo envié por mail.
Ya eran como las cinco de la tarde, tanto él como yo estábamos solos en nuestras oficinas, y cuando terminamos el trabajo, salimos los dos y caminamos hasta nuestros autos.
-FLORENCIA: Gracias Hugo!
-HUGO: No hay nada que agradecer!
-FLORENCIA: Claro que sí! Por el café, por escucharme, por ayudarme con el informe y por el abrazo! Estaba tan mal me hizo muy bien!
-HUGO: Bueno! Y tengo más! Cuando necesites otro lo vas a buscar!
Nos despedimos con un beso y subimos cada uno a su coche.
De camino a casa, iba pensando en lo que era mi vida en ese momento, después de los problemas en el trabajo, lo único que quería era llegar a casa y sentirme contenida, pero nada de eso encontraba en casa, lo que a mí me pasaba, casi siempre quedaba en segundo plano, es una cagada pensar así, pero estaba deseando que llegara el fin de semana en que Luis y Santino se iban a pescar para quedarme sola y descansar, ocuparme solo de mi, y sobre todo de mi placer, me había acostumbrado a darme placer a mi misma estando sola, pero creo que aún faltaban un par de semanas.
Luis me dijo que la segunda semana de octubre, se irían a pescar con Santino, y el viernes de la primera semana, le dije que nos juntábamos con las chicas de la oficina, solo las chicas.
Por supuesto llegó el interrogatorio, si íbamos a comer a algún lado, o nos juntábamos en la casa de alguna de las chicas, cuando le dije que nos juntábamos en la casa de Ana, pareció dejarlo más tranquilo.
Es su costumbre, decirme que me lleve el auto cuando salgo con las chicas, y conociéndolo, supongo que lo hace para que no tome alcohol si tengo que manejar, y ese viernes no fue la excepción, él me dijo que no salía a ningún lado, qué se quedaba en casa y que me podía llevar el auto.
Esa noche Santino, iba a cenar a la casa de su amigo y se quedaba a dormir allí, en la casa de Matías jugaban a los videojuegos en línea durante toda la madrugada.
A eso de las ocho y media ya estaba cambiada y esperando a Santino, nos despedimos de Luis y salimos de casa.
Dejé a Santino en casa de su amigo, y me fui a la casa de mi compañera.
Esta vez habíamos comprado comida hecha, para que ninguna de nosotras tuviera que cocinar.
La casa de Ana tiene un quincho en el fondo, y allí nos juntábamos para no molestar a su marido y a sus hijos.
Era una noche de calor y la cerveza corrió rápidamente, y ya durante la cena, algunas chicas estaban bien picaditas.
Cuando terminamos de comer, la cerveza siguió corriendo, yo tan solo había tomado un par de vasos, pues tenía que volver manejando.
Cómo en tantas otras reuniones de chicas, salió el tema de los hombres, y comenzaron a hablar de los compañeros del trabajo.
Me fui enterando de varios comentarios de los que no estaba al tanto, como quién salía con quién, quién se había acostado con quién, y qué hombres eran bien vistos por las chicas.
Fueron nombrando a varios hombres, y algunas decían que ni loca tendrían algo con ellos, con algunos otros sí, pero me llamó la atención, cuándo nombraron a Hugo, éramos nueve chicas, y las ocho dijeron que tendrían algo con él, incluso las que estaban casadas o con novio, y eso me intrigó.
Marisa una de las chicas más tímidas, comentó que Leandro, un chico que trabajaba también con nosotros y que era algo más que amigo de ella, en alguna ocasión le había comentado, que luego de un partido de fútbol, mientras se bañaban en los vestuarios, habían hecho bromas, sobre la "herramienta" qué portaba Hugo, y luego de ese comentario, todas las chicas dijeron que mejor aún, con más razón tendrían algo con él, al menos algún encuentro casual, pero también coincidieron, en qué Hugo nunca se había insinuado a ninguna de ellas, ni había tenido ningún comentario en doble sentido.
En ese momento yo acoté, que seguramente sería porque estaba casado y enamorado de su esposa, pero varias chicas, dijeron que aún así, tendrían una aventura con él.
No entendía muy bien, si bien Hugo es muy caballero, respetuoso y considerado, no es un adonis, debe andar cerca de los cuarenta y dos o cuarenta y tres años, con un cuerpo normal, ni flaco ni gordo, el pelo ya con algunas canas, y no tiene una cara qué atraiga demasiado, creo que lo que más atrae de él, es su forma de ser.
Este nuevo dato, sobre su masculinidad, las dejó a todas encantadas, y a mí, con cierta sorpresa, nunca había imaginado esa arista de su persona.
Por supuesto el trato con él sigue siendo el mismo, aunque pude ver alguna risita de las chicas, cuando él estaba en la oficina.
Llegó el mes de diciembre y Luis me dijo que tenía la fiesta de fin de año en su empresa, qué sería el viernes trece de diciembre, qué coincidió con la fiesta de despedida de mi trabajo.
Y me dijo que ese viernes, se quedaría a dormir en la casa de un amigo en Buenos Aires, para no volver tarde, y sobre todo por si tomaba algo de alcohol, y además el día sábado después del mediodía, ayudaría en la mudanza a uno de sus amigos y que volvería a casa el sábado en la noche.
Por supuesto le dije que no tenía problemas que yo me quedaba con Santino, pero Santino me dijo que ese viernes se iba a lo de Matías y se quedaba a dormir es su casa.
Luis me dijo que no se iría en el auto, que iba con uno de su compañero que viven en La Plata, y que el sábado volvería en tren, que me quedara yo con el auto, sobre todo para llevar a Santino e ir a buscarlo.
Ese viernes Luis se fue a eso de las ocho de la noche, cuando el compañero lo pasó a buscar por casa, luego lo llevé a Santino a casa de su amigo, y volví a casa a cambiarme.
La fiesta del trabajo era en el camping del sindicato, bastante lejos por cierto, pero por suerte tenía el auto y no tenía que depender de nadie que me llevará y me trajera.
No sabía qué ponerme, si bien no tenía a Luis controlando mi vestimenta, no quería ir vestida como todos los días al trabajo.
Era una noche cálida, y no quería ir con un jean, me probé varias cosas, y me terminé decidiendo por un vestido negro.
La pollera me llegaba hasta las rodillas, era abotonado por delante, con muy poco escote, lo único que dejaba un poco de la espalda descubierta.
Me lo probé con el conjunto de ropa interior que me había comprado, y en verdad me vi muy bien.
Me recogí el pelo, me maquillé, me puse unas sandalias negras de taco alto, accesorios dorados y carterita negra haciendo juego.
Me subí al auto y me fui a la fiesta.
Al llegar ya había bastantes compañeros, los fui saludando de a uno con un beso, y me quedé conversando con las chicas de la oficina, que por supuesto ya estaban hablando de los hombres, quién estaba solo, de cómo venían vestidos, y fantaseaban de con quién se podrían ir esa noche.
A estas fiestas, se puede ir con sus parejas, y muchos de los que estaban casados, estaban con sus esposas, esposos, novios y novias.
Calcule que habría algo así como doscientas personas, y a lo lejos lo vi a Hugo conversando con los chicos de la oficina de personal, no sabía si había venido con su esposa, quería conocerla, un par de compañeros decían que era una mujer muy linda, y en verdad no me extrañaba.
Los mozos pasaban ofreciendo bebidas, y tomé una cerveza.
Un rato después nos fuimos ubicando en las mesas para empezar a comer, por supuesto me senté con las chicas de la oficina, era con quién más confianza tenía, con el resto de los compañeros, no tenía mucho trato, incluso con algunos nunca había hablado, salvo por supuesto, con Hugo.
Luego del primer plato, hubo una pausa, y muchas personas se levantaron de las mesas, para ir a buscar bebidas a la barra o algunos para salir al parque a fumar.
Luego vinieron los postres, el brindis, y luego fueron bajando las luces, y la música para bailar empezó a sonar más fuerte.
Mucha gente salió a bailar, incluso las chicas de mi mesa, la barra de tragos era libre, el alcohol ya empezaba a correr.
Ya se veían varias personas bien entonaditas, hombres y mujeres, y ya se podían ver algunos acercamientos.
Me había quedado sola en la mesa, y para no parecer una aburrida, me fui a la barra a buscar una cerveza.
Estaba esperando que me atendieran, cuándo de atrás escuché una voz.
-HUGO: Buenas noches señorita!
Continuará…
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